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La venganza de Giselle

La venganza de Giselle

Autor: : Taylor Martin
Género: Romance
Para Giselle Anderson, no existe nada más importante que llevar a cabo su plan de venganza contra la familia Cromwell. Ella ha estudiado cada uno de sus movimientos y solo espera el momento oportuno para atacar. Cuando Rodrigo Cromwell le ofrece un matrimonio por conveniencia, Giselle aprovecha la oportunidad para acabar con cada uno de ellos sin levantar sospechas, infiltrándose dentro de la mansión. Es el plan perfecto, pero... ¿Convivir con el enemigo? ¿Dormir en su misma cama? ¿Aparentar ante todos, ser la esposa feliz de su peor pesadilla? A veces la recompensa merece el riesgo, pero es difícil planificar un futuro atada a los demonios del pasado. Poco a poco, Rodrigo le hace tambalear su determinación, haciéndola dudar de sus creencias, arrastrándola a un mundo nuevo lleno de deseo, odio y placer, y conduciéndola a una pasión desenfrenada de la que le es imposible deshacerse. ¿Será posible reemplazar el odio con amor?

Capítulo 1 Giselle Anderson. Capítulo 1

Lo veo a lo lejos.

Estoy refugiada de su visión, tras la columna de una de las casa en la calle del frente. Él está usando un pantalón vaquero de color negro, combinado con una camisa del mismo color. Rodea con su brazo los hombros de una chica con el cabello rojo, mientras le susurra palabras al oído para que esta se ría.

Hago un gesto de desagrado.

Siempre repite el mismo patrón. Viene a este bar cada viernes en la noche, junto a su amigo George; encuentra a una chica diferente y se la lleva al hotel. Resulta desagradable su estilo de vida. Es un mujeriego sin escrúpulos.

Desde mi posición, puedo ver cómo salen del bar tomados de la mano y él la acompaña hasta su auto. Como todo un galán seductor, primeramente la ayuda a entrar al auto, antes de rodearlo y sentarse tras el volante. Supongo que ahora viene la parte de la noche en la que la lleva a su casa.

Corro hacia mi auto, enciendo el motor, y salgo disparada tras él, aunque me mantengo a unos metros de distancia.

Lo vigilo día y noche. Sigo sus pasos como si de una asesina en serie se tratara. Gracias a ello, sé perfectamente sus gustos, sus costumbres, sus manías y sus miles de defectos. Rodrigo Cromwell es mi mayor enemigo. Lo odio desde hace casi un año. Él y su familia pagarán por todo lo que me han hecho. Me aseguraré de que así sea.

Arqueo mi ceja al ver cómo su auto sigue su rumbo por la autopista. ¿Hacia dónde se dirigen? Su casa no es en esta dirección. Aminoro un poco la velocidad al comprobar que me acerco demasiado. Unos minutos después, dobla hacia la derecha por la autopista. ¿Llevará a la chica a otro sitio? Me resulta raro que lo haga, ya que hasta ahora, siempre las lleva hacia su mansión.

Rodrigo detiene su auto a la orilla de la calle unos minutos después. Hago lo mismo, manteniendo una distancia prudente. Él se reúne con su compañera y entre risas, se dirigen hacia una de las casas del vecindario.

Guardo mi libreta de apuntes en la guantera, coloco mi celular en la pequeña bandolera, y trato de no perderlos de vista cuando salgo del auto y el aire fresco de la noche me recibe.

El ruido que proviene de la casa resulta ensordecedor. Cientos de jóvenes y adolescentes se encuentran en el jardín delantero fumando, bebiendo y riendo. Al parecer se trata de una fiesta de disfraces. Están usando máscaras y ropas de diferentes temáticas.

Para Rodrigo Cromwell la noche apenas comienza y gruño por ello. Debería dar media vuelta e ir a casa con Herick, pero hay algo que me impulsa hacia adelante. Supongo que por curiosidad. Tanto a él como a la chica los he perdido de vista, pero sé que se encuentran en el interior.

Camino entre las personas hasta llegar a la puerta, donde me tropiezo con un chico disfrazado de superhéroe.

- Lo siento – me disculpo al ver que su bebida se ha esparcido por su ropa por mi culpa.

- No te preocupes – me dice con una sonrisa, quitándole importancia. - ¿Te conozco?

¡Maldición! ¿Qué puedo decir al respecto? Me he colado en una fiesta, a la que no he sido invitada, a la dos de la mañana.

- Soy amiga de los dueños de la casa – miento con rapidez y rezo para que me crea.

- Qué raro. La casa es mía y no te conozco.

Siento mis mejillas arder. Tartamudeo sin saber qué decir, hasta que el chico comienza a reír de forma escandalosa.

- Me gustó ver tu cara de espanto – dice entre risas. – No soy el dueño. En realidad, lleva abandonada desde hace tiempo, por eso las fiestas las hacemos aquí, lejos de padres y vecinos latosos. Todos son bienvenidos.

Con disimulo, corro la vista por el local, buscando a Rodrigo, pero no lo veo por ningún lado.

- Toma – el chico llama mi atención y me ofrece un antifaz de color negro que cubre los ojos y el puente de la nariz. Es bastante bonito. – Tu vestido es hermoso. Si preguntan de qué vas disfrazada, puedes decir que eres una princesa – susurra en mi oído, mientras ata las cuerdas del antifaz en la parte posterior de mi cabeza. – Una princesa muy hermosa.

- Gracias – le digo. Es muy buena idea usar esto. Aun no es momento de que Rodrigo vea mi rostro. Tengo una mejor idea para cuando eso ocurra.

- Mi nombre es Félix. Sígueme, princesa.

Me toma de la mano y me lleva hacia lo que parece ser una cocina. Desde afuera la casa se ve hermosa, pero desde dentro, se aprecia la dejadez y falta de decoración. Félix me ofrece un trago en un vaso plástico. Observo el recipiente, dudosa. No creo que sea buena idea que beba. Tengo que mantener mi mente despejada, pero de igual forma le agradezco el gesto.

Todos deben tener alrededor de mi edad. Nunca asisto a fiestas y menos como estas, cuando todo se sale de control.

Toma mi mano nuevamente y me arrastra hacia el salón principal, donde muchos de los chicos se encuentran sentados en el suelo, en un círculo, jugando al famoso juego de ¨Verdad o reto¨.

Ruedo los ojos. Ahora comprendo por qué razón no asisto a este tipo de lugares. Se siguen comportando como niños. Intento marcharme, pero me detengo al ver a Rodrigo tomando entre sus manos la botella y haciéndola girar en el centro de todos. Por su entusiasmo, creo asegurar que le encanta este juego. ¿Cómo puede ser divertido un juego infantil?

- Espera. Faltamos nosotros – dice Félix, empujándome hacia adelante, haciendo que todos levanten la vista hacia nosotros, incluido mi enemigo, quien recorre con su mirada mi cuerpo.

¡Maldición!

- No. Yo no juego – digo, deteniéndome.

- Hay alguien aquí que muere de miedo – se burla uno de los chicos y todos los demás también se ríen, incluido Rodrigo. – ¿Acaso eres una virginal chica que nunca ha dado un beso?

- Entonces es mejor que no participe – interviene la chica de cabello rojizo. – No queremos que llore con el primer castigo.

Al escucharla todos comienzan a reír nuevamente. Ruedo los ojos.

- Mejor me marcho – le digo a Félix.

- No tienes que jugar si no quieres, pero no te marches. Puedes disfrutar de la fiesta de todos modos. Hay bebidas gratis – dice, señalándome el vaso que aún tengo entre las manos.

- Creo que no fue buena idea haber venido.

- Pienso lo mismo.

Detengo mis movimientos al escuchar su voz. Es él. Rodrigo Cromwell.

Me volteo para enfrentarlo.

- Estás haciendo que el juego se vea retrasado por una pataleta infantil – protesta Rodrigo, dando un largo trago a su vaso. Me pregunto cuánto habrá tomado hoy. Sus ojos están inyectados en sangre. – Si deseas marcharte, hazlo ya. Si te quedas, atente a las consecuencias.

- ¿Me estás amenazando? – le pregunto achicando mis ojos hacia él. Es la primera vez que hablamos y encima se burla de mí.

- Te estoy alertando, princesita.

- Si vuelves a llamarme de esa forma, haré que te tragues tus propios dientes – le digo y todos hacen un sonido de asombro seguido por sus risas descontroladas, pero mis ojos permanecen en los de él, quien me sonríe de una forma algo extraña, como si de alguna forma mis palabras le hubieran gustado.

- Me encantará ver como lo intentas – responde, señalando un espacio vacío casi frente a él.

¿Es un reto?

Trago saliva.

Lo odio. Odio a este hombre y tengo planes para él. Quizás esta noche puedo comenzar mi venganza y humillarlo frente a todos.

Sé que debería marcharme, que me estoy metiendo en terreno pantanoso y que puedo poner en peligro mi plan, pero la mirada desafiante de Rodrigo me molesta. Se cree un ser superior. Me encantaría borrarle esa sonrisa de superioridad de un guantazo.

Bebo de mi vaso todo el contenido y lo arrojo a un lado. Camino con seguridad hasta sentarme en el lugar indicado. La garganta me arde por la bebida. Los ojos de Rodrigo no se apartan de mí en ningún momento, mientras hace girar la botella.

Para mi mala suerte, el pico de la botella cae en mi dirección, como si lo hubiera planificado de antemano.

- Rodrigo, debes besar a la chica en cinco lugares diferentes – dice una voz a mi lado que no sé de quién diablos proviene. No puedo apartar los ojos del chico que me sonríe de medio lado.

Niego con la cabeza. No puedo continuar con este juego absurdo, pero Rodrigo tiene otros planes, y gatea hacia mí con lentitud.

Tengo que marcharme, lo sé, pero cuando él llega a colocarse justo frente a mí, mi mente se me nubla y me paralizo.

Maldigo lo apuesto que luce. Y maldigo mi cuerpo por querer recibir esos cinco besos.

Capítulo 2 Giselle Anderson. Capítulo 2

La intensidad de la mirada de Rodrigo me hace querer desaparecer. Esto se me está yendo de las manos. Mi objetivo de esta noche solo era seguirlo, permaneciendo en la sombra, como acostumbro hacer desde hace un tiempo. Sin embargo, aquí me encuentro, sentada en el suelo, con cientos de ojos depositados en mí, el corazón acelerado y a la persona que más odio a punto de rozar mi piel por primera vez.

Tengo la boca seca. Estoy nerviosa, pero a la misma vez molesta conmigo misma por permitirme este tipo de error.

Rodrigo se coloca sobre sus rodillas y sin perder su sonrisa, se reclina sobre mí. Por instinto, me alejo hacia atrás, utilizando mis manos y mis pies para desplazarme por el suelo lejos de él, hasta que mi espalda choca contra una pared, impidiéndome avanzar.

¡Maldición!

- No sabes cuánto me gusta perseguir mujeres, Princesita – dice con voz varonil, avanzando hacia mí con paso lento, como si estuviera a punto de cazar a su presa. Y quizás, así es, me he convertido en su presa de esta noche.

- No quiero que me beses – susurro.

- Te creí más valiente. Accediste a jugar, ahora solo tienes que dejarte llevar.

- No quiero – le digo, negando con la cabeza e intentando que olvide este estúpido juego y que se aleje de mí.

- Sí que quieres, no mientas. Todas quieren – responde con aires de superioridad.

- Yo no soy como el resto.

- Puede que tengas razón, pero ahora mismo cumpliré con las normas del juego y luego volveremos al círculo con los demás – niego nuevamente con la cabeza. – Hagamos algo, si mis besos te desagradan, te daré la oportunidad de abofetearme con todas tus fuerzas. Si por el contrario, te gustan, me darás tu número y tendremos una cita. ¿Qué me dices? Sé que me deseas, no lo pienses demasiado.

No respondo. Me avergüenza admitir que tiene razón y que deseo que lo haga.

Al ver que no consigo decir ni una palabra, sonríe ampliamente antes de acercarse más. Cierro los ojos y giro mi rostro a un lado.

Él deposita un beso en el dorso de mi mano y suspiro, abriendo los ojos. ¿A quién quiero engañar? La verdad es que quiero verlo. Rodrigo continúa ascendiendo por todo mi brazo, rozando mi piel con sus labios y la punta de su nariz, antes de continuar el recorrido por mi hombro derecho, la cima de mis pechos y se detiene en mi cuello, donde muerde, chupa y besa en esa zona, haciendo que salga un jadeo desde el fondo de mi garganta.

- Es más que suficiente. Volvamos al juego – grita una voz femenina hacia nosotros, pero Rodrigo la ignora, volviendo a besar ese punto sensible detrás de mi oreja.

Cubro mi boca con una mano, antes de que pueda escuchar cuánto estoy disfrutándolo.

- Hueles delicioso, princesa – susurra y mi piel sensible se vuelve de gallina. – Me gusta tu olor y me gustas tú – saca la cabeza de mi cuello y me mira directamente a los ojos, con esa sonrisa suya lobuna en el rostro. – Me debes tu número telefónico – asume que me ha gustado y está en lo correcto, pero no pienso admitirlo. Se reclina hacia adelante, besa la comisura de mis labios de forma fugaz antes de alejarse por completo y regresar a su sitio junto al resto.

Me quedo durante unos minutos en el mismo lugar, con mi pecho subiendo y bajando con cada una de mis respiraciones y mi corazón destrozado. ¿Cómo es posible que me deje llevar por el momento y no por la razón?

- ¿Vienes? Aún hay más, nena – grita él hacia mí y toda razón queda olvidada.

Vuelvo a mi sitio, con mis mejillas ardiendo y evitando su mirada.

El pico de la botella apunta hacia otra chica y vemos cómo se besa con la que tiene a su lado.

Gracias a Dios por darme un poco de tregua.

Transcurren varias rondas en este juego estúpido, en las que me toca besar a Feliz y cantar un fragmento de una canción. En cambio, Rodrigo ha tenido que besar a dos chicas y lamer el vientre de otra de ellas de forma sensual. Al parecer, él es muy popular aquí y todas mueren por una pizca de él. A medida que avanza la noche, los castigos van subiendo de nivel y comienzo a sentirme incómoda. Estos chicos sudan feromonas.

Él hace girar la botella y para mi desgracia, el pico apunta hacia mí.

- Tienes que besar sus labios durante dos minutos enteros – dice la chica de mi lado derecho, apuntando hacia Rodrigo, luego que digo la palabra ¨reto¨.

Él arquea una ceja y sonríe de medio lado.

No pienso hacerlo. Entre todos los presentes, él es el único con el que jamás me atrevería a besar. Lo odio demasiado. Ya ha invadido mi espacio personal en una ocasión.

- No.

La palabra sale de mi boca con rotundidad.

- No puedes negarte. Son las reglas del juego.

- No jugaré más – me encojo de hombros y me pongo de pie.

Él hace lo mismo. Intento alejarme, pero me detiene por el brazo.

- Lo siento, princesita, pero tienes que cumplir tu castigo – murmura, rodeando mi cintura con su brazo. El contacto de su piel quema la mía, a pesar de la tela de mi vestido.

Sé defenderme perfectamente. Usaré la violencia contra él si es necesario. Justo cuando levanto mi mano para apartarlo de mí, alguien entra corriendo con cara de espanto.

- ¡La policía! – el grito hace que todos comiencen a correr como locos.

¿Qué ocurre?

Me mantengo en el lugar, viendo como todos salen disparados hacia diferentes lugares como si de repente hubieran perdido la cabeza. No sé qué hacer.

- ¿Qué ocurre contigo? ¡Corre! – gruñe Rodrigo, apareciendo entre las personas que escapan por las ventanas y puertas. Toma mi mano y me hace correr hacia la puerta de salida, pero se detiene abruptamente al ver dos policías entrando con sus armas en alto. - ¡Maldición!

Me hace retroceder, subimos las escaleras de dos en dos hasta el piso superior y nos encerramos en una de las habitaciones desoladas.

Se gira hacia mí furioso.

- Si me detienen por tu culpa, te mataré – me acusa con su dedo índice.

- Yo no te pedí que me rescataras – le digo cruzándome de brazos. – Además, no le temo a la policía. No he hecho nada malo.

- ¿Ah no? Estás en una casa deshabitada, llena de drogas, alcohol y adolescentes. ¿Te menciono los delitos? Allanamiento de morada, posesión de drogas, desorden público...

Su forma de hablar me recuerda que es abogado. ¿Qué tipo de abogados permite esto? ¿También se drogó?

Abre la ventana de cristal y cuela su cabeza por ella.

- Tenemos que salir por aquí.

- ¿Qué? ¡Ni hablar! – me niego.

- Subirán en cualquier momento. No tenemos otra opción.

- Prefiero la cárcel.

- Créeme que no. Vamos – extiende su mano hacia mí.

Escucho ruido en el pasillo. No me conviene tampoco que me apresen. ¡Demonios! ¿Cómo se me ocurre venir aquí?

Me acerco a la ventana y miro hacia abajo. Trago saliva con fuerza y retrocedo.

- ¿Te has vuelto loco? No pienso salir por ahí.

Él gruñe y rueda sus ojos.

- Como quieras. Al menos lo intenté – se encoge de hombros y sale por la ventana con cuidado.

Me acerco para ver cómo coloca sus pies en el borde de un pequeño muro. Es un segundo piso, pero de igual forma es mucho el daño que se haría si cayera.

El ruido del exterior de la puerta se intensifica. Alguien está llamando. Mis ojos se encuentran con los de Rodrigo, quien me extiende una de sus manos.

- ¿Confías en mí?

- No – respondo a su pregunta y es la verdad. Nunca podría confiar en él.

Se ríe.

- Me alegra que no lo hagas.

Suspiro y acepto su mano. Con cuidado, salgo por la ventana, colocando los pies el estrecho muro.

- Voltéate – exige él y hago lo que me dice. – No mires hacia abajo. Mira mis ojos. Solo mis ojos.

Estamos cerca. Demasiado cerca. Sus ojos color café se encuentran fijos en mí, con sus pupilas dilatadas.

Mi corazón late a gran velocidad. Una de sus manos viaja a mi boca, obligándome a callar. Su proximidad me molesta y me perturba a partes iguales.

Escucho a alguien en la habitación. Supongo que sea uno de los policías. Cierro los ojos e intento relajarme.

- Me debes un beso de dos minutos – susurra Rodrigo e inmediatamente abro los ojos para encontrarme con su sonrisa de medio lado.

- Ni en tus sueños – respondo en el mismo tono de voz.

- Si salimos ilesos de esta, tendrás que dármelo, al igual que tu número.

Cuando voy a responder, alguien desde abajo nos grita, proyectando sobre nosotros la luz de una linterna.

- ¡Bajen de ahí ahora mismo!

- ¡Maldición!

Estamos en problemas.

Capítulo 3 Giselle Anderson. Capítulo 3

Estamos rodeados. No creo que podamos salir impunes de este lugar.

Miro hacia todos lados. Debemos salir de aquí antes de que caigamos al suelo y seamos arrestados. Solo tengo que pensar la mejor manera de conseguirlo y me es imposible hacerlo, teniendo a Rodrigo Cromwell tan cerca de mí.

Cierro mis ojos por unos instantes, intentando concentrarme en lo que realmente es importante y cuando los abro, hay algo que llama mi atención.

- Hay una escalera ahí. Tendremos que saltar a la casa de al lado – le digo, señalando con el mentón.

- Buena idea. Camina despacio.

Sosteniéndome a la pared, avanzamos hacia donde dije. Rodrigo se lanza al suelo, cayendo de rodillas.

- ¡Salta! ¡Date prisa!

- ¡No mires debajo del vestido!

- Lo siento, nena, pero es imposible no hacerlo. Me pasa siempre con las chicas tan sexy como tú.

Ruedo los ojos y salto.

El entrenamiento que he hecho en estos últimos meses me sirve para caer en perfecta forma en el suelo.

De inmediato, nos lanzamos a correr con rapidez por el jardín hacia la casa de al lado.

- Debemos seguir. Este es el primer lugar en el que buscarán.

Asiento. Él tiene razón.

Continuamos corriendo hacia la casa siguiente. Entramos por el jardín trasero, mirando a todos lados, asegurándome que no haya ningún policía en la zona.

- Eso estuvo cerca – le digo, doblándome y colocando mis manos en las rodillas para coger aire debido a la carrera que hemos tenido.

- No cantemos victoria todavía. ¿Dónde vives? ¿Tienes tu auto por aquí o viniste en taxi?

No puedo darle mi dirección. De hecho, según mis planes, no debería estar hablando con él ahora mismo. Lo he estropeado todo.

- No te preocupes por mí. Sé cómo llegar a casa.

- Puedo llevarte si quieres. Vine en mi auto – se ofrece, caminando por el borde de la piscina.

- No, gracias.

Rueda los ojos, exasperado.

- Me gusta esta piscina, aunque es más pequeña que la de mi casa.

Camino hacia él. También me gusta la piscina. El agua cristalina brilla por las pocas luces que adornan el jardín.

Me giro para enfrentarlo, pero de repente me empuja hacia el agua. Aguanto la respiración en el último segundo antes de sumergirme. Siento cómo él también entra al agua.

¿Se ha vuelto loco?

Salgo a la superficie con miles de improperios formulados en mi mente, pero luego veo cómo una luz en la casa se enciende.

¡Maldición! ¡Seremos descubiertos!

Vuelvo a sumergirme y le hago señales para que se mantenga en el lugar. No podemos llamar la atención.

Cuando siento que no puedo aguantar más la respiración, emerjo a la superficie y él me sigue, aprisionándome al borde de la piscina.

- La casa está iluminada. No te muevas – susurra en mi oído y asiento, tragando saliva. Él rodea mi cuerpo con sus brazos y cuela su cara en el hueco entre mi cuello y mi hombro. Intento apartarme, pero me sostiene con más fuerza. – Debes permanecer tranquila o nos descubrirán.

Su aliento baña mi piel y mi corazón amenaza con salirse del pecho. Odio a este hombre, sin embargo, mi cuerpo responde a él de forma diferente.

Huele muy bien. Sus hombros son anchos y musculosos. Su respiración hace cosquillas en mi piel. Lo aparto un poco, pero me arrepiento de ello. Sus ojos se encuentran con los míos.

- ¡Suéltame! – murmuro con la voz entrecortada.

- ¿Estás segura que es eso lo que quieres? – asiento ante su pregunta. – Mentirosa. Tu respiración me dice que estás nerviosa. Tus mejillas están sonrojadas y tus ojos no se apartan de mis labios. Me debes un reto. ¿Deseas cumplirlo ahora?

- Ni aunque fueras el último hombre sobre la faz de la tierra – gruño, aunque la verdad es que en estos momentos, mi cabeza ha abandonado mi cuerpo, liberándome de todo tipo de pensamientos y haciéndome dueña de todas las sensaciones que asaltan mi sistema.

- Vuelves a mentir – susurra, llevando sus grandes manos a mis glúteos por encima de mis bragas.

- Saca tus manos de ahí – intento sonar convincente, pero no lo consigo. Si realmente lo quisiera, lo apartaría yo misma.

¿Qué me pasa?

Él las aparta durante un par de segundos, pero luego vuelve a colocarlas en el mismo lugar, presionando con más fuerza.

- No – gruñe en voz baja y suelto un jadeo involuntario.

Sin que yo sea consciente de lo que hago, mis piernas rodean su cintura por debajo del agua.

- Voy a hacer que cumplas el reto y vas a dejar que lo haga – me avisa acercándose ligeramente.

- No.

- Sí.

Pierdo la batalla. Colisiono nuestros labios en un beso fuerte y apasionado, dejando de lado todo tipo de pensamiento lógico y haciendo que mi cuerpo actúe con libertad. Él gruñe en mis labios y utiliza su lengua para explorar cada rincón de mi boca. Sabe lo que hace. Besa muy bien. Rodeo su cuello con mis manos y lo acerco más a mí, profundizando aún más nuestro beso.

¡Dios! Nunca antes había sentido algo como esto.

Estoy que ardo. Me urge tocarlo y besarlo, sin embargo, finaliza el beso, dejándome con ganas de más.

Intento controlar mi respiración acelerada.

- Besas increíble, nena – susurra con su media sonrisa de pícaro. – ¿Qué te parece si vamos a mi casa? Podríamos prologar esto más de dos minutos.

¿Me está proponiendo sexo?

De golpe, mi cerebro vuelve a hacerse cargo de mi cuerpo. Lo empujo lejos de mí. Con rapidez, salgo furiosa de la piscina. El frío me invade, pero no me importa. Solo deseo salir de aquí.

- Espera, no te vayas así. Lo siento. No quise ofenderte. Déjame llevarte a casa – escucho sus palabras, pero estoy decidida a marcharme. Me da igual que la policía me detenga o los dueños de esta casa.

Él continúa llamándome, pero salgo del jardín y corro en dirección a mi auto que se encuentra a casi una cuadra de distancia. Apenas estoy sentada en el auto, lo pongo en marcha, dejando a un Rodrigo en la acera, aturdido y con su ropa mojada por la piscina.

Esto ha sido un error. Todo ha sido un error. He besado a una de las personas que más daño que ha hecho en esta vida.

Llevo una mano a mis labios y los restriego con fuerza, intentando deshacer sin sentido ese beso. Sus palabras se repiten una y otra vez en mi cabeza. Me ha comparado con el resto de las mujeres con las que se acuesta. No sé si me siento ofendida por ese hecho o enojada conmigo misma por ser tan ilusa y haberme dejado convencer.

Estaciono el auto a un lado de la carretera, cuando las lágrimas inundan tanto mis ojos que me dificultan la visión. Alargo una mano hacia la guantera y tomo entre mis manos la libreta de apuntes. La sostengo contra mi pecho. Me da igual que se pueda humedecer por mi ropa. Necesito volver a sentir que mi venganza se mantiene en pie. No puedo tener distracciones.

Hice una promesa y debo cumplirla. Pase lo que pase. Nada ni nadie me lo impedirá.

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