-¿Escuchaste lo que dijeron en las noticias esta mañana? ¡Esto realmente será una locura! ¡Confirmaron su existencia! Y, para colmo, ¿Ahora tendremos que aprender a vivir con ellos? Pero, ¿Cómo se supone que lo haremos?
Dos pilotos de la fuerza aérea de EE. UU. hablaban entre sí, sus ojos reflejaban angustia y suspenso por saber qué podría venir para la humanidad después de tan caótico día.
-Además, dicen que el presidente hablara esta noche en una transmisión en vivo que será transmitida por todos los canales regionales. No lo sé Frank, pero tengo miedo de esto. Por primera vez tengo miedo acerca de algo, y no soy un hombre que cualquier cosa le pueda asustar.
Pasando por el lado de aquellos pilotos primerizos, Mike Hamilton volteó los ojos, y se concentró en continuar su caminata hacia su camarote, estaba demasiado cansado como para tener que soportar las estupideces de sus demás compañeros que solían creer mucho acerca de las cosas que publica la gente en redes sociales.
Aunque el tema del que hablaban había sido hablado en el noticiero, Mike seguía sin creer en ello.
Toda su vida había sido un escéptico, ¿Cómo iba a ser capaz de traicionar su palabra y su razonamiento con puros cuentos de fantasía que la gente inventa para llamar la atención?
Aquel había sido un mal día de trabajo.
La mala suerte estuvo de su lado.
No consiguió derribar el avión negro enemigo del que tenía asignado como misión aquel día, solo por haber sido identificado como presunto invasor de un país vecino con el que EE.UU. estaban en desigualdades y discusiones.
El avión negro enemigo fue más astuto y veloz, y si no hubiera sido por el buen entrenamiento que recibió Mike en la escuela de aviación para ser piloto de la fuerza aérea, seguramente, estaría muerto.
Con suerte, Mike logró escapar de un espantoso final como la muerte en su jornada laboral.
Aunque amaba pilotear, Mike sabía que en sus planes, no estaba morir en los cielos, y tampoco estaba preparado para morir ahora.
Tenía 50 años, y una hermosa hija de 20 años que está a punto de graduarse de la universidad de Boston como ingeniera mecatrónica.
Su esposa había sido modelo de la famosa marca de Calvin Klein, y ya estaba retirada, esperando con ansias el retiro de su esposo para disfrutar de una vida a su lado antes de que llegue su final.
Lo que Mike no sabía era que el final pronto llegaría.
Pero no sería su final, sería el final de la humanidad, y hasta ahora, nadie lo sabía, solamente conocían las conspiraciones de los medios de comunicación.
Pero esta noche, con el anuncio del presidente, todo cambiaría para siempre.
Mike se acostó en su cama cuando se quitó sus zapatos. No le importó acostarse con el uniforme militar todavía puesto porque él no iba a quedarse dormido, no todavía, apenas eran las 4:34 de la tarde, aún faltaba cenar, ver las noticias, hacer una videollamada con su familia, y luego, darse un baño de burbujas para dormir plácidamente como bebé que no llora en toda la noche.
Pasaron las horas, Mike se quedó dormido con el pequeño televisor de 24 pulgadas que tenía en su habitación, justo frente a su cama, su camarote no era muy grande, ni muy pequeño, pero era el espacio que necesitaba para descansar cómodamente, sin necesidad de sentirse como en casa porque estaba en el trabajo.
El noticiero apenas comenzaba, pero tenía tan poco volumen que eso no despertó a Mike de inmediato. Sin embargo, lo que sí logró despertarlo rápidamente fue la alarma de emergencia contra catástrofes activada.
Desde hace más de diez años que trabajaba Mike para esta entidad gubernamental, desde que tiene memoria, la alarma jamás había sido encendida, de hecho, su jefe, el Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, el señor Reynolds, en cada reunión, les recuerda las reglas que deben cumplir al pie de la lera para mantener su trabajo dentro de la base, y claramente, una de ellas, era no activar esa alarma por nada del mundo, ni siquiera a modo de chiste, o el culpable, sufriría sus consecuencias.
-¡Qué mierda!-se quejó Mike al despertar abruptamente.
El sonido de la alarma era tan fuerte que los oídos de Mike zumbaban de dolor.
Mike tuvo que salir rápidamente de su camarote luego de guardar su celular en el bolsillo porque lo había dejado a un lado de la cama al dormirse, y, literalmente, no podía salir sin él. No es porque no quisiera despegarse del aparato, simplemente, el celular era su herramienta de trabajo, y cualquier novedad, él tenía que estar muy pendiente por si había alguien a quien llamar con urgencia, o por si alguien más lo necesitaba.
En el dado momento en que llegara a suceder una emergencia sin depender del tipo que fuera, todo el personal debía salir del lugar donde estuviera para encontrarse en el Rally Point, que es el sitio principal de la base donde se refugiarían para mantenerse a salvo de cualquier catástrofe.
Una vez todos estuvieron allí reunidos, el señor Reynolds, hablando con una voz fuerte y clara, rugió:
-Señores, todo fue una falsa alarma. Al parecer... Este idiota que tenemos aquí presente-señaló a un hombre de 30 años, era un experto en la computación y programación, lucía como uno: vestía una simple camiseta manga corta blanca, un pantalón de dril negro, y unos tenis blancos. Sus gafas cuadradas y grandes decían todo de él, además de su pésimo estilo de cabello peinado hacia atrás con gel.
-¡Ya vas a ver, maldito freak!-gritó Mike con ira, acercándose hacia él con decisión de querer matarlo a golpes por haberlo despertado de su profundo descanso por una estúpida broma de mal gusto.
Los demás pilotos y funcionarios de la entidad estuvieron de acuerdo, asintieron con la cabeza y se quedaron en sus lugares sin impedir que Mike hiciera algo porque, ellos estaban de acuerdo en una cosa: nadie soportaba a ese freak llamado Marvin Hawking.
Incluso, el señor Reynolds no impidió la pelea, al contrario, permitió que Mike se hiciera cargo del castigo del sujeto antes de verse en la obligación de pensar en un posible y buen castigo por su necedad.
-¡No, Mike, por favor, no lo hagas!-gritó el freak, pero fue demasiado tarde.
Mike le quitó la computadora que no soltaba de sus manos como si fuera un peluche del que no quería separarse, y luego, con mucha ira, lo lanzó al suelo, quebrándolo al instante en dos partes, y por si no hubiera sido suficiente, Mike pateó aquella computadora rota lo más fuerte que pudo para volverla casi que cenizas frente a los ojos del freak, de sus compañeros, y de su jefe.
El freak se quedó mirándolo, sus ojos estaban bien abiertos, como órganos que se iban a salir de sus cuencas. Estaba destrozado, que le hayan arruinado su computadora de trabajo, le había roto el corazón en mil pedazos porque aquel aparato era su más grande felicidad, y su única vida social.
-¡Juro que me las vas a pagar!-gritó con furia el muchacho, mirando a Mike con deseos de irse encima de él y matarlo a golpes.
Pero los presentes sabían que si eso sucedía, sería una perdida de tiempo, pues Mike mataría al freak de un solo golpe antes de que el freak pueda tan solo intentar querer defenderse.
A Mike ese juramento no le importó.
Simplemente, se quedó mirando al freak fijamente, el freak ha sido humillado por él, en más de una ocasión, Mike se lo advirtió, le advirtió que si seguía metiéndose con él, seguramente, iba a terminar matándolo a buenos golpes.
Y el señor Reynolds no iba a hacer nada para impedirlo.
Luego de que la discusión terminó en una pelea agresiva de la que el señor Reynolds, al final, sí tuvo que intervenir porque las cosas estaban poniéndose demasiado calientes para los demás.
Media hora más tarde, los demás pilotos y funcionarios del lugar se habían marchado a cenar a la cafetería comunal. Todos a excepción de dos.
El freak fue llevado a enfermería para que le curaran las heridas que Mike le había propinado sin piedad, como si este se tratara de un muñeco de trapo del cual no le dolía nada y soportaba todo.
-¿Te has vuelto loco? ¡Por tu culpa tuve que darle unos días libres a nuestro mejor ingeniero de la base! ¡En estos tiempos es imposible permitirnos que sucedan este tipo de situaciones para cuando más necesitamos a nuestros trabajadores al 100% pendientes del trabajo!-gritó con exigencia el señor Reynolds. Estaba furioso, pero Mike no sabía con certeza si aquel directivo estaba diciendo la verdad o no acerca de cómo se sentía frente a esa situación.
Mike no podía creer lo que escuchaba salir de la boca del señor Reynolds. Sí, puede que el freak haya sea un importante elemento de la base, sin embargo, no es como para que el señor Reynolds lo defendiera de dicha manera, como si lo viera casi como un ídolo.
Además, ¿De qué demonios estaba hablando?
¿Acaso todo el mundo sabía algo que ni siquiera Mike había sido informado del asunto?
¿Qué nadie confiaba en él como piloto profesional veterano para contarle los asuntos importantes de la base?
-No puedo dejar pasar este asunto, y, por tanto, estás suspendido por una semana. No podrás venir a la base, ni pilotear tu avión, tendrás que irte a casa y tampoco te llevarás tu celular de trabajo. Entrégamelo-ordenó el señor Reynolds, fingiendo rudeza frente a Mike, aunque en cierta medida, Mike confiaba de que el señor Reynolds únicamente haya perdido la cabeza, o se haya dejado llevar por los comentarios de los demás a causa de la pelea y su estupidez de cumplir con las normas.
Resignado, Mike entregó el celular a su jefe, y sin decir más, se marchó de su oficina hacia su camarote, dispuesto a empacar ropa para una semana de la que no era mala idea que él se tomara libre, puesto que las aprovecharía para irse de vacaciones a su casa, a disfrutar unos días al lado de su esposa e hija sin verse obligado a pensar en el trabajo.
Con su mochila de viaje colgando en su hombro, Mike salió del camarote, se despidió de unos cuantos otros pilotos que se encontró en el camino, sin dar explicaciones de nada, por suerte, los demás no le preguntaron acerca de lo que hacía, y entonces, se fue al parqueadero en donde estaba guardada su SUV azul eléctrico esperándolo afuera.
Pero mientras conducía de regreso a la ciudad, una situación extraña y poco usual se presentó. Todo marchaba bien, el camino estuvo bastante tranquilo, de hecho, él era el único presente en la carretera.
La radio venía encendida con música rock de los ochenta a buen volumen. Pero pronto, Mike tuvo que agarrar con fuerza el volante, y pisó fuertemente el freno del auto cuando vio un destello de luz blanca iluminar con intensidad el cielo.
La luz fue tan cegadora que casi lo dejó ciego, provocando que cerrara sus ojos, y perdiera el control del vehículo.
El vehículo se volcó hacia un lado donde había árboles en la carretera.
Por suerte, el accidente no pasó a mayores.
Segundos después, Mike despertó, había caído inconsciente cuando el vehículo se chocó contra el árbol en donde la parte de adelante de este, quedó totalmente arruinado, gracias al airbag, él no se había golpeado la cabeza, y solamente tenía una pequeña cortada hecha por un vidrio en una de sus mejillas.
Poco a poco, fue recuperando el conocimiento, y aun con la vista borrosa fue cuando lo vio.
Una figura humanoide que medía 2.00 metros de alto, y que era sumamente delgada hasta el punto de que se le veían muy fácilmente las costillas.
Sin embargo, un zumbido aturdió los oídos de Mike, y de nuevo, volvió a quedarse completamente dormido.
-¿Mike? ¿Estás bien? ¿Qué sucedió?-una voz familiar lo estaba llamando con desesperación.
Era una voz masculina, y aunque estaba aturdido por el zumbido que no salía de su cabeza, y Mike reaccionó.
El piloto abrió los ojos de golpe, y miró a su lado izquierdo, allí estaba el señor Reynolds, y otras dos personas más lo acompañaban, un médico y una enfermera que estaban atentos a su evolución. En la cabeza, le habían puesto a Mike una venda quirúrgica que cubría toda su frente. Estaba vestido con una bata de hospital, y encima, le cubría una cobija de su camilla, además de que en los brazos, le habían conectado los aparatos de hospital que medían sus signos vitales, y estos estaban funcionando de maravilla porque la máquina trabajaba sin novedad.
-Señor... Ellos... Lo que han dicho todos hoy, es cierto. ¡Ellos existen! ¡Están aquí!-Mike comenzó a gritar con euforia.
El médico, la enfermera y el señor Reynolds se miraron entre sí. Los profesionales de la salud parecían asombrados, y un tanto confundidos, puesto que ninguno entendía nada acerca de lo que el hombre en la camilla decía. Pero el señor Reynolds sí lo entendía, y ni siquiera se atrevió a decir que, quizás, Mike estuviera loco, y que por eso decía lo que decía, porque el señor Reynolds, en su trabajo, sabía muy bien que lo que su piloto decía, era totalmente real.
-Señores, por favor, déjenos a solas un momento-ordenó el señor Reynolds a los profesionales.
La enfermera y el médico no se opusieron, y asintieron.
-No dude en tocar el timbre de emergencias que está debajo de la camilla para llamarnos por si nos necesitan con urgencia-avisó la enfermera antes de salir junto al médico.
El señor Reynolds asintió.
Cuando finalmente quedaron solos, el señor Reynolds comenzó a hablar con la verdad.
Mike se había calmado un poco, y prestó atención a todo aquello que tenía por decirle su jefe.
-Mike, escúchame bien. Aunque los medios de comunicación han comenzado a hablar acerca de lo que se viene, lo que voy a confesarte es extremadamente confidencial, no podrás decirle nada a nadie, ni siquiera le dirás nada a tu familia hasta que empiece la transmisión en vivo desde la casa blanca esta noche. El presidente ya tiene toda la información, y no queremos ocasionar un caos con rumores falsos, ¿Entendiste?
El señor Reynolds habló en voz baja, casi que para que solamente Mike lo hubiera escuchado, y antes de haber hablado, se aseguró de que, a su alrededor, no hubiera cámaras de seguridad por ningún lado, porque algunas de estas, dejaban que se grabara el audio de fondo, y sería muy peligroso si alguien los escuchaba aunque estuvieran encerrados en aquella habitación de hospital.
Mike tragó saliva, sintió como los nervios recorrían cada extremo de su piel.
En sus años de piloto, trabajando en la base aérea de los Estados Unidos, Mike jamás se imaginó que una situación de tal magnitud pudiera presentarse y confirmarse como original y única en su especie. Si había llegado a ser testigo de muchas cosas extrañas, fuera de lo común, pero nada era parecido a esto.
-Pero señor... Lo que vi, ellos ya están aquí, ¿Cómo podrán evitar que se sepa la verdad si ya merodean por las calles como si fueran humanos comunes y corrientes? ¿Cómo evitarán que la gente los vea?-Mike insistió, preocupado por la gravedad del asunto.
El señor Reynolds lo miró con aquellos ojos fríos y serios de siempre.
-Cálmate y descansa, te dejarán hospitalizado por hoy, solo para descartar que realmente estés bien y no hayas sufrido una secuela por tu accidente. Tu auto quedó declarado en perdida total, ya me encargaré de que te asignen uno nuevo, mientras tanto, recuérdalo, nada de decir algo de esto a nadie antes de la última transmisión en vivo desde la casa blanca, ¿De acuerdo? Me retiro, mañana mandaré al chofer por ti para que regreses a la base, espero que hayas aprendido la lección, y que ahora si puedas convivir en armonía con el freak, porque necesitaré que trabajen juntos después del anuncio de esta noche.
Antes de que Mike pudiera hacer una pregunta más, el señor Reynolds casi que se fue huyendo de la habitación.
A las 7:00 de la noche, Mike cenó en la camilla del hospital, la comida estaba simple, sin sabor, y no era nada parecida a la que solía preparar su esposa en casa, pero al menos fue algo, y cuando la encargada de la cafetería apareció en la habitación, Mike le pidió que le alcanzará el control remoto para ver las noticias, y cuando se lo entregó y se marchó, Mike encendió la televisión.
Efectivamente, el presidente de EE. UU. estaba transmitiendo en vivo desde la casa blanca.
Transmisión en vivo desde la Casa Blanca (decía el título en pantalla antes de mostrar de frente al presidente en su tribunal)
El presidente apareció frente a las cámaras, con el rostro serio, y con la bandera de EE. UU. y la de la ONU detrás de él.
Presidente:
-Ciudadanos del mundo, esta noche me dirijo a ustedes no como presidente de los Estados Unidos, sino como un ser humano más.
Lo que muchos han sospechado, lo que hasta hace unos días era considerado un mito o una conspiración, o una noticia falsa de las redes sociales, hoy debo confirmarlo frente a toda la humanidad: no estamos solos en el universo.
Durante décadas se han ocultado pruebas, se han investigado fenómenos y se han guardado secretos para evitar el pánico. Pero ya no hay tiempo para secretos. Ellos están aquí. Nuestros cielos, nuestros mares y hasta nuestras ciudades han sido visitadas por entidades que no pertenecen a este mundo y que tampoco son humanas.
Y ahora debemos enfrentarlo: la humanidad está al borde de una invasión.
Nuestros expertos han confirmado que lo que hemos visto en las últimas horas no son accidentes ni ilusiones. Son sondas, exploradores, enviados de una fuerza mucho más grande que se aproxima con el único objetivo de colonizar nuestro planeta.
No voy a mentirles. El peligro es real. Pero también lo es nuestra fuerza. A lo largo de la historia, cuando la humanidad se ha visto acorralada, siempre hemos respondido con valentía y unidad.
Por eso, desde este mismo momento, he autorizado la mayor operación de reclutamiento de soldados, pilotos e ingenieros de toda nuestra historia. No importa si eres hombre o mujer, joven o veterano: tu planeta te necesita.
El destino de la Tierra está en nuestras manos. Unidos, no como naciones separadas, sino como una sola humanidad, resistiremos.
Que quede claro: no nos rendiremos, no retrocederemos. Este es nuestro hogar, y lo defenderemos... hasta el final.
Que Dios nos bendiga, y que Dios bendiga a la humanidad.
La transmisión se terminó, mostrando en pantalla el escudo de los Estados Unidos de América.
Mike apagó el televisor, de inmediato, su celular comenzó a sonar, estaba descansando sobre la mesita de centro de la habitación.
Aunque no podía ponerse de pie tan rápidamente, como pudo, consiguió hacerlo, y por suerte, la máquina lectora de signos vitales tenía ruedas en sus patas, así que se le hizo fácil moverse por la habitación hasta que se encontró con la mesita, tomó su celular, y vio que era una videollamada, era una videollamada de su esposa.
Mike estaba inseguro en querer contestar, sin embargo, tenía que hacerlo porque, era evidente que ya se había enterado de lo que sucedería, y él tenía que encargarse de dar explicaciones.
Mike tragó saliva antes de deslizar el dedo por la pantalla para aceptar la videollamada, él sabía lo que estaba a punto de suceder al responder.
El rostro de Amanda apareció, iluminado por la tenue luz de la sala de su casa, ella estaba en su habitación, vestía pijamada con una bata de estar en casa encima, su cabello recogido le daba la impresión a Mike de que ella se la había permanecido todo el día dormida y descansando en cama mientas que él trabajaba sin parar.
Pero él vio sus ojos que estaban rojos, quizá de llorar, y su expresión era una mezcla de miedo y furia contenida que desató en cuanto vio a su esposo.
-¡¿Mike?! -exclamó, apenas lo vio-. ¡Dime que no es verdad! ¡Dime que todo eso que dijo el presidente no es cierto!
Al parecer, la ex modelo no había captado nada de lo que sucedía detrás de la pantalla de Mike, y él no la culpaba, había asuntos más importantes para tratar en ese momento que un maldito accidente que no trajo graves consecuencias para él.
Mike bajó la mirada, incapaz de sostenerla por mucho tiempo.
-Amanda... no puedo explicarte todo ahora mismo. Solo quiero que sepas que estoy bien, que estoy en el hospital, pero nada grave salvo la hospitalización de un día.
-¡¿Nada grave?! -ella lo interrumpió, alzando la voz, de verdad estaba furiosa y tenía mucho miedo-. ¡Acabo de escuchar al presidente de los Estados Unidos decir que estamos al borde de una invasión alienígena! ¡Y tú, mi propio esposo, nunca me dijiste nada! ¡Me dejaste como una estúpida mientras tú ya sabías lo que estaba pasando!
Mike cerró los ojos con fuerza. Cada palabra de Amanda se le clavaba como un cuchillo.
-No podía decírtelo -dijo con voz tensa-. Reynolds me lo prohibió. ¡Entiende, Amanda! Esto es confidencial, ni siquiera nosotros, los pilotos, podíamos hablarlo con nuestras familias hasta que el presidente se encargara de confirmarlo con sus propias palabras.
Amanda negó con la cabeza, con lágrimas, cayendo ahora sin disimulo.
-¿Confidencial? ¡Soy tu esposa, Mike! ¡La mujer con la que compartes tu vida, la madre de tus hijos! ¿Y prefieres obedecer órdenes militares antes que decirme la verdad para poder proteger a nuestra familia?
Mike golpeó la baranda metálica de la camilla con rabia contenida cuando se acercó a ella, dispuesto a acostarse nuevamente para descansar, aunque sabía muy bien que sería imposible hacerlo.
-¡No lo entiendes! Si hubiera abierto la boca, no solo me habría arriesgado yo. Nos habrían puesto a todos bajo vigilancia. Podrían habernos desaparecido, Amanda. No es tan simple como crees. Mi trabajo no se trata únicamente de volar un avión de guerra. ¿Lo puedes entender?
El silencio entre ambos duró unos segundos, rotos solo por el pitido constante de la máquina que registraba sus signos vitales.
Finalmente, Amanda susurró:
-Yo... yo ya no sé si puedo confiar en ti.
El corazón de Mike se encogió.
-Amanda, por favor... -su voz se quebró, ella al parecer no comprendía nada, y no solamente estaba furiosa con él porque no le contó la verdad de lo que pasaría, sino porque sintió que ya no había confianza entre ambos. Mike sintió miedo de que su matrimonio fuera a derrumbarse por esa situación-. Todo lo que hago, lo hago para mantenerlos a salvo. Juro que después de esta noche, nada volverá a ser igual. Pero necesito que confíes en mí, aunque sea una última vez.
Amanda lo miró, con el rostro endurecido por la mezcla de miedo y traición.
-Tendrás que demostrarlo, Mike. Porque ya no somos solo nosotros... ahora es toda la humanidad la que está en juego.
La llamada terminó abruptamente. La pantalla se volvió negra.
Mike se quedó con el celular temblando en su mano, sintiendo cómo el peso del mundo caía sobre sus hombros.
El celular cayó encima de la cama, a un lado de Mike, cuando el piloto se acostó sobre ella. Tenía que descansar para recuperarse y que al día siguiente, el médico no le obligara a quedarse una noche más en el hospital, aunque él se sintiera perfectamente bien.
Esa noche, Mike despertó a la 1:23 de la madrugada.
El fuerte sonido de un objeto metálico muy grande lo despertó abruptamente.
No había estado soñando nada, pero había sido el mejor sueño de todas las noches, porque había sido uno de los más tranquilos para él, hasta ese día.
Un resplandor blanco cegador, como aquel que Mike había visto en el momento antes de su accidente al regresar a casa, fue lo que lo había despertado también además del estruendo.
Afuera de la habitación había movimiento.
Sin pensarlo, Mike se quitó los cables de las máquinas que le rodeaban los brazos, por suerte, ninguna había sido inyectada en sus venas, así que no terminó chorreando sangre por doquier y tampoco fue doloroso.
Su ropa estaba guardada en el armario, era una sencilla sudadera negra de ADIDAS, una camiseta azul claro, y unas zapatillas negras de salir a correr. Con prisa, él se vistió, tomó su billetera que la guardó en el bolsillo de su sudadera y así mismo hizo con su celular y salió de la habitación.
Sus expectativas de lo que pasaba afuera habían sido muy bajas para lo que realmente estaba pasando.
El presidente de su país tenía razón acerca de toda la información que había proporcionado esa noche en su última transmisión.
Desgraciadamente, debido al poderoso poder de pistolas láser, figuras humanoides como la que Mike había alcanzado a ver antes de quedarse dormido después de chocar su auto en su accidente, habían invadido el hospital, y estaban asesinando a la gente, sin dejar un solo rastro de ellos. Al lanzar el poder de sus pistolas alienígenas contra un humano, una luz verde esmeralda salía de su interior con potencia, y al golpear contra el cuerpo humano, este se evaporizaba inmediatamente, sin dejar siquiera rastro de sangre donde haya estado antes.
Horrorizado, Mike vio como uno de esos alienígenas asesinaba a una enfermera que cargaba un bebé recién nacido en brazos con su pistola. Antes de desaparecer, la enfermera miró a Mike con ojos tristes, al parecer, lamentándose de que ella no hubiera podido hacer nada para sobrevivir.
Antes de verla morir, Mike se lamentó así mismo no haber podido hacer nada para salvarlos, porque aquel pequeño bebé, no tenía la culpa de lo que estaba sucediendo, solamente había sido un inocente que nació justo para cuando su mundo, la vida que iba a conocer, estaba volviéndose una mierda.
Mike salió corriendo del hospital, tuvo que bajar cuatro pisos por escaleras porque el ascensor no funcionaba, y debía darse prisa si quería sobrevivir. Pero cuando tuvo tiempo de huir, el alienígena se apuró para perseguirlo.
Los alienígenas habían llegado a la tierra con dos propósitos: primero, dar credibilidad a su existencia, darle a entender a la humanidad que de aquello que tanto habían estado especulando acerca de su existencia si era real, y lo segundo, buscaban a personas como Mike, que tuvieran muy buena genética para recrear una nueva raza mezclada con ADN entre alienígenas y humanos.
Mike corrió con la poca fuerza que tenía en ese momento, aunque había descansado lo suficiente, de todas formas, había tenido un accidente reciente, y sentía que su cuerpo estaba más adolorido que nunca, quizás el impacto del choque fue tan fuerte que apenas ahora iba a sentir las consecuencias.
En este momento, lo único importante para Mike, era estar vivo y en perfectas condiciones para salvar a su familia.