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La última carta de Aike

La última carta de Aike

Autor: : Andrea_Pardo
Género: Romance
Alma dejará sus memorias, su historia de amor con Aike, cuando cartas van y vienen, y el mundo del amor se forma en un mágico suspiro. Un mundo de cartas y corazones latiendo acelerados el uno por el otro.

Capítulo 1 Prólogo

¿Habías visto la importancia de una carta? ¿O de simplemente escribir?

¿Habías visto esa importancia de expresar las cosas? Pues aquí está. Cartas van y cartas vienen. Muchas son de amor y belleza, otras de miedo y tristeza.

No puedo expresar lo que quiero decir con palabras, ningún sonido sale de mi boca cuando quiero felicitar a alguien o consolarlo. Simplemente escribo. Simplemente hago una carta.

No soy muy buena con las palabras, pero sí escribiendo.

Todo puede pasar hasta llegar a la última carta.

Aike, aquel chico de las cartas, aquel chico que inundó mi corazón de muchas formas. Esto es por él. Esto es por ti, Aike, aún no olvido la última carta que me diste. No tuve el valor de dejarla en el camino de la vida. La reescribí tantas veces que muchas de esas hojas se humedecieron con el cálido llanto al pensarte.

No puedo explicar nada. No puedo dejar de pensar ni de sentir. Tal vez solo soy una anciana que recuerda a aquel chico que la hizo sentir única y de manera diferente. Pero me tocó vivir una vida por ti.

Recordando la promesa que te hice aquella noche, Aike.

Y posiblemente al escribir todos nuestros recuerdos aún suelte una que otra lágrima. Pero te extraño.

Y nada podrá cambiarlo.

Aike, aún guardo tu última carta...

Capítulo 2 1

Me encuentro comprando verduras, en el mercadillo de la esquina, el que está al lado de la plaza en el lugar en el que vivo. No salgo mucho, pero sí me gusta caminar, ahora, ya con los años los huesos en mi cuerpo son más débiles, muchos dicen que soy perezosa para hacer algunas cosas, pero simplemente es la vejez.

Oigo a los pajaritos cantando en aquella plaza donde todos les dan comida, unos trozos de pan o simplemente migajas de galleta. Los pajaritos son bien queridos y cuidados aquí. Todos creen que ellos vienen por la comida, pero muchas veces supongo que es por la compañía que los ancianos de aquí les dan.

A pasos lentos, voy de camino a casa, no está muy lejos, a solo una cuadra y media, no es que tampoco sea lo más fácil del mundo. No puedo tratar de ir a paso rápido porque tengo la sensación de que me voy a caer.

He vivido aquí por años, muchos más de los que siquiera pudiese contar tal vez. Este barrio ha visto la manera en la que he estado creciendo y tratando de vivir la vida después de aquella época que marcó mi vida.

Este solo es un pequeño pueblo a las afueras de un país en desarrollo. El pueblo no es relativamente pequeño, pero tampoco se asemeja a una cuidad. Por eso los mercadillos solo son dos y las cosas aquí son bastante caras.

Hay solo una escuela donde los niños corretean y hacen renegar a sus maestros y maestras. Un director que es joven y jóvenes adolescentes llenos de hormonas por doquier fumando en una cancha de baloncesto por ese lado de la calle.

- Buenos días doña Alma.

Grita uno de los adultos, vestido de camisa y pantalón de tela formal, esperando en su despacho por alguien para llevar un caso.

Le devuelvo el saludo con una mano, pues en la otra tengo el bastón de metal y la bolsa de vegetales.

Casi nada pasa en este pueblo, pero todos me conocen, podrían decir que soy la persona más vieja que queda aquí, o tal vez una de las pocas. Muchos me han dicho que me salga de este pueblo, pero tengo tantos recuerdos aquí, tantas carcajadas en los quioscos de la esquina, tantos baches que desde hace años he visto como se quedan allí, las avenidas de cemento, que cuando el calor del verano llega se siente muy caliente, tan caliente como para freír un huevo en las mismas avenidas.

Soy una vieja con complejo de un adolescente, me gusta molestar a los jóvenes cuando pasan por el frente de mi casa mientras yo descanso sobre una hamaca para soportar el calor del sol. Con un libro en la mano y mil historias por contar.

Pero ya nadie quiere oírlas, nadie quiere oír las historias de una anciana que aún prepara su café por la mañana y otro por la tarde.

Hace poco el doctor me diagnosticó demencia senil. Por lo que he decidido guardar mis memorias en un libro, eso antes de olvidar por completo.

Tengo tanto miedo de olvidar...

Siempre me ha gustado escribir, desde hace ya muchos años, cuando era pequeña y no sabía afrontar los problemas que se venían aquí. En este pedazo de pueblo.

Cuando escribía en un cuaderno viejo que encontré una vez en la calle junto al basurero.

Bueno, aquí va la historia, la historia que nunca le he contado a nadie, ni siquiera a mis hijos. Ellos que hace unos días vinieron para llevarme al doctor y a decirme que me llevarían a la cuidad para vivir con mi hijo mayor, Román. Él ya tiene su familia y sus hijos, por lo que seré solo una carga y un estorbo para esa familia. Imaginen que no hay cosa peor que sentirse así y ser una anciana inservible.

Por lo tanto, antes de que me lleven a una ciudad tan grande y olvidarme de estas calles que me vieron crecer, escribiré la historia de las cartas.

En cuanto llego a mi casa, voy directo a sacar de la estantería el cuaderno al que podía siquiera acaso llamarle «Mis memorias» o tal vez le cambie de nombre después.

Sin más vueltas, vamos a esto.

▬▬▬▬▬ஜ۩La primera noche۩ஜ▬▬▬▬▬

Oh, sí, la noche en la que empezó todo. recuerdo muy bien esa noche.

Un muchacho se acercó, justo a mi lado, muy pegado a mí, yo salía de la panadería en la que trabajaba por las tardes y salía alrededor de las siete de la noche, y justo esa noche me tocó cerrar la tienda, por lo que salí media hora más tarde.

Yo, en mi tontería de pensamiento, había decidió quedarme un rato al frente de la panadería admirando la belleza de lo solitaria de las calles. porque eso era algo que me encantaba, la soledad, el silencio. Pero que no se malinterprete, porque también amaba la belleza y gracia de una buena compañía. es solo que... muchas veces, toca admirar la soledad y disfrutarla.

- ¿Necesitas algo? pregunté.

Eso, que te note fuerte y atrevida para que sepa que no tienes miedo.

Entonces volteé y esos ojos azules me miraron, me observaron con tanto sentimiento que me quedé helada. No sabía cómo reaccionar. El chico no respondía. porque sí, era un chico, era uno que traía una chaqueta negra de cuero y unos pantalones Jean azules desgastados. aquel chico solo me observaba. Entonces decidí volver a preguntar, porque no voy a negar que me estaba muriendo de miedo.

- ¿Necesitas algo? -esta vez mi voz sonó algo temblorosa.

Pero él seguía sin responder, sin siquiera soltar un quejido o hacer una mueca. nada. como si se hubiera quedado pasmado al verme o al notar algo en mí. Él sacó algo de su bolsillo, el de la chaqueta negra, con tanta calma que me abrumaba, mis señales de alarma se encendieron rápidamente. Era solo un trozo de papel. Nada más. Me lo ofreció, dudosa lo acepté y caminé lo más rápido que pude. Aquel chico solo se quedó ahí, parado sin hacer ni un movimiento, incluso daba miedo. El trozo de papel blanco estaba en mi bolsillo del pantalón, no lo saqué hasta llegar a casa.

Qué momento más extraño -había pensado yo.

---

En cuanto llegué a casa, mamá, me dijo que hiciera una jarra de café, mamá se fue a su habitación a descansar mientras yo ponía a hervir el agua para el café.

Mamá era una mujer de sesenta años, con dolores en las piernas y molestias en la espalda, mamá era de ese tipo de personas que se comportaba muy amable y era un amor de persona, porque lo era, porque le nacía hacerlo. Cada día, mamá saludaba a casi todo el pueblo con sus caminatas matutinas, mamá era una persona trabajadora, pero los años le sentaban encima, ella decía que, para mal, porque ya no podía trabajar bien. Pero sus canas que adornaban su cabello rubio se me hacían muy lindas.

A mamá le gustaba arreglarse siempre, con un poco de maquillaje y un collar sin importar el dije, mamá era de esas señoras antiguas a las que le gustaba cotillear por las tardes con sus amigas de la misma edad. Claro, siempre cotilleaban de los chismes del pueblo, con solo un poco de pudor y buen semblante, además de hablar severamente de la crianza de los hijos de otras personas y lo guapos que se habían puesto sus hijos en poco tiempo. Mamá tenía tres amigas, Mina, Sara y Pilar, mi madre se llamaba Perla.

Las cuatro cada día se juntaban a tomar su café y con unos bizcochos a conversar, hasta de su juventud. Porque mamá y sus amigas, eran amigas desde la infancia.

Me gustaba eso.

Yo, por ejemplo, tengo a mis amigas, que son hijas justamente de esas cuatro señoras, María, Luisa, Marta y yo, Alma.

Somos inseparables y ansiamos tener una amistad como aquellas cuatro mujeres que se juntan en el patio de mi casa para conversar y revivir recuerdos de antaño.

Sin embargo, cada día, nosotros nos juntamos en la escuela, para hacer deberes o conversar de cualquier cosa, lo bueno es que nunca nos quedamos calladas como para ver la noción del tiempo.

Con mi madre en su habitación, yo me puse a revisar mi chaqueta, pues estaba el papel de aquel chico de ojos azules que se me había acercado fuera de la panadería.

La abrí con cuidado, y me dispuse a leerla:

«No sé cómo explicarte que tengo la certeza de quererte, pero no la misma en que te quedarás.»

¿Perdona? Estoy confundida.

- ¡Almaǃ-me llama mi madre- ¿Ya está el café?

Guardo el papel en mi chaqueta de nuevo. Hago el café y se lo llevo a mi madre para que cene con un pancito que traje de la panadería.

Salgo al patio y me siento en la hamaca, me recuesto sobre ella y cuando miro hacia el lado de la calle, hay alguien ahí.

Esos ojos azules...

Es él, madre mía, reacciona ya-me decía a mí misma.

Me levanto rápidamente y salgo a la calle para buscar a aquel chico.

Cuando salgo, él está en la esquina, ¿debería ir?

No, definitivamente.

Pero claro, uno es joven y no se da cuenta del peligro.

Cuando llego hasta la esquina que estaba un poco sin luz, él se acerca y me sujeta la mano. Sin decir ni una sola palabra. Escribe algo y se acerca a mi oído haciendo que se me erice la piel.

- Velo cuando estés en tu casa...

Su voz, dios, es ronca y muy sexy.

Se acerca peligrosamente a mi boca y me dedica una sonrisa pícara.

Se aleja hábilmente. Enojada me voy a mi casa de nuevo, con una mueca de fastidio plasmada en mi rostro. Cuando paso la puerta de mi casa, mamá me llama.

- Alma, ¿Dónde estás?

Pues, señora, ahí, con un desconocido que me regaló una carta hace pocas horas y ahora casi me ha besado, sí, casual.

- Solo fui a la tienda por unos dulces mamá-alcé la voz para que me escuchara.

- Bien-respondió-apagas todas las luces, voy a dormir.

Le di las buenas noches y me entré a mi habitación.

Entonces recordé que había escrito algo con un lapicero en mi muñeca.

«Aike»

En una letra sumamente bonita como para borrarla de allí. Pero si mi madre ve que me he pintado el nombre de un chico me come viva, gracias, prefiero vivir.

Con alcohol y un poco de algodón, remuevo la tinta del lapicero. Me voy a dormir.

---

¿Dónde estás chico? ¿Dónde estás Aike?

Capítulo 3 2

Hace mucho tiempo que no me siento tan aliviada, supongo que el escribir de nuevo me está ayudando bastante con eso, no es que sea la mejor de las escritoras, pero algo es algo, estoy dejando todos mis sentimientos y dulzura en esas palabras. Muchas personas pensaban que yo escribía solo porque no tenía nada mejor que hacer, pero me gustaba, me apasionaba tanto dejar mi corazón entre palabras plasmadas en un cuaderno, me emocionaba el hecho en que alguien algún día podría verlos.

- ¿Doña alma? ¿Cómo está? -me pregunta uno de los jóvenes que está ahí, fuera de la cerca de la casa.

No recuerdo quien es, pero si él me debe conocer yo también, por lo que le devuelvo el saludo.

- Bien, bien-hago lo posible para recordar su nombre, pero no es así, no lo logro- ¿cómo estás?

- Declan-me recuerda- me llamo Declan-sonríe- le traje algunas cosas.

Levanta una bolsa, no sé lo que contiene, pero supongo que debe ser algo bueno. Lo dejo pasar y me disculpo con él por no recordar su nombre, pero él me responde que no le importa.

Tengo el cuaderno en el que he estado plasmando mis memorias encima de la mesa pequeña, lo he repasado un par de veces, recordando ese pequeño primer encuentro con Aike.

Es difícil no recordarlo cada día, aquello fue tan intenso, tan bueno, tan disparejo. Y el volver a leerlo, a recordarlo, a escribir cada detalle de lo que pasó en ese tiempo, hace querer que esté aquí, a mi lado, conmigo.

- ¿Usted escribe doña Alma? -pregunta Declan, con una sonrisilla en su rostro y sus manos nerviosas.

- Sí, estoy escribiendo una historia de amor, como en los viejos tiempos-expliqué, pero no especifiqué que fuera mía.

- Me sorprende, ¿Puedo ver de qué se trata? -me pregunta.

- Claro... -dudo un poco, pero al final le alcanzo el cuaderno.

Él lee con atención y seriedad, como si nadie más hubiera estado allí, con él, se metió tanto en la lectura, que empezó a hacer gestos graciosos.

- No puedo esperar a leer la siguiente parte-me dice.

- ¿Siguiente parte?

- El capítulo dos, doña Alma, está interesante, que manera tan misteriosa con el primer encuentro con Aike, es increíble-alzó las manos- mañana vendré por el segundo capítulo, no me puedo perder esto... traeré a mi novia, se llama Sara, ella estará encantada en leer una historia de amor, ¿Le gustaría?

No sabía que decir...

- Doña alma, ¿Está bien?

- Si...si-titubeo un poco- ¿Quieres un café? -le pregunto.

El asiente y con la dificultad de los años, pero toda la valentía, me dedico a levantarme y ponerme de pie, estas piernas ya cumplieron su propósito en esta vida, están tan cansadas como el resto de mi cuerpo y necesitan un periodo largo en la hamaca.

Culmino el café, se lo llevo y el responde agradecido, Declan es un joven de unos veintisiete años de edad, es un empresario de aquí cerca, no sé muy bien en que trabaja, pero sé que es muy exitoso y gana mucho dinero. No sabía que tenía una novia, pero cualquier compañía para esta anciana... me caería bien...

- ¿Le puedo preguntar algo doña alma? -yo asiento al instante- usted, usted es aquella Alma de la historia?

- No querido-sonrío- créeme, si hubiese tenido la oportunidad, hubiese tenido a alguien como Aike por mucho tiempo, pero solo es una historia que se me ocurrió...

El entiende, no hace más preguntas, conversamos mucho, me ha contado muchas cosas sobre su novia, Sara, dice que ella es encantadora.

Hacía mucho tiempo no tenía una conversación así, con alguien, que me escuchara y que yo lo escuchara... que sea una buena conversación y riéramos porque entendemos lo que el otro dice.

Hace mucho no hago esto con mis hijos, por lo general vienen para las fiestas o cuando les aviso que me siento mal, con dolores por el paso de los años.

Aunque muchas veces no les quiero decir nada, porque simplemente se enojan, siento que soy una carga, es por eso que no me negué a la petición de Declan, porque la compañía de una persona, es una de las pocas cosas que no se puede comprar.

Declan es un muchacho encantador, sin duda es uno de los mejores jóvenes que he conocido, por lo general los niños, jóvenes o incluso los adultos, prefieren pasar todo el día en esos juegos electrónicos, o charlando con sus amigos.

Nadie pasa el tiempo con una anciana...

▬▬▬▬▬ஜ۩ Los cotilleos ۩ஜ▬▬▬▬▬

Sí, los días de escuela, esperábamos todos los lunes porque eran los días en que había mucho de qué hablar. Cada una traía noticias nuevas, por lo general eran Luisa y Marta quienes empezaban el cotilleo en el receso.

En cuanto entramos a la escuela, los maestros se ponían a hablar y hablar sin parar, por lo general muchos no se preocupaban por enseñar, solo de cumplir con sus horarios y darnos tareas que muchas veces ni entendíamos. Por lo que el maestro, mientras habla, sus alumnos deben estar en completo silencio, no se debía ni escuchar el sonido de una mosca, por lo que no podíamos conversar ni hacer preguntas hasta el final de la clase.

Para muchos, es un alivio escuchar la campana que indicaba el fin de aquella clase y para nosotras cuatro, era la media hora del cotilleo.

- Viste que Amelia, la chica del último año, ¿está embarazada? -Marta, era la mayor del grupo, ella con su simpatía e inteligencia dominaba cualquier cosa que ella quisiese.

- ¿Qué? -respondió María- me imagino que será duro para ella.

María, era la que tiene la misma edad que Marta, pero en inteligencia, la otra la supera. En esta escuela no era difícil ver a señoritas embarazadas, pero sí era aún, un buen chisme.

- ¿Y pueden creer que no se sabe quién es el padre de esa criatura? -intensifica la charla nuestra querida, Luisa.

La madre de luisa era conocida como la costurera del pueblo, ella hacía trajes hermosos y vestidos de fiesta más bonitos de los que podías ver, en cualquier caso, la señora Sara, era muy conocida, por lo tanto, era muy cotizada.

- Mi madre se muere si le doy una noticia de esas-murmura la hija de la costurera.

- Pues cualquiera de nuestras madres sufriría mínimo un ataque de ira si llegamos con un paquete de esos-maría se vuelve a unir a la charla.

- Supongo que no debemos comentar hasta que sepamos más cosas, todo aquí tiene oídos-argumenté-además, hay que saber si es que está embarazada primero, no podemos especular de esa forma.

- Mira nada más, ya se le nota la barriguita, ¿será hombre? -pregunta la mini costurera, dirigiendo la mirada hacia donde estaba aquella chica de cabello castaño de la que estábamos hablando.

Le decimos la mini costurera, porque Luisa heredará todo de su madre cuando se vaya al más allá, ella pasará a ser la costurera del pueblo, es como su legado, nunca la he visto entusiasmada con las telas, no como su madre al menos.

- Señoritas-nos dice una señora, algo mayor, que limpia la escuela cuando todos los alumnos se van, también vive aquí mismo, en un cuartucho en uno de los rincones de la escuela- recuerden que todo aquí tiene oídos...

Al instante nos quedamos calladas.

- Pero guardaré el secreto si me ayudan a levantar esta mesa-explica la señora y sonríe.

Las cuatro nos bajamos de aquel asiento de las gradas y nos apresuramos a ayudarla.

- ¿Que hay para contar de nuevo alma? -Luisa anda muy preguntona hoy, enarca una ceja y se cruza de brazos.

¿Sabes algo mini costurera? Yo creo que sí. Pero espero que no.

Y por gracia de algún ser divino, la campana sonó alegremente indicando que debíamos volver al salón.

Sí, salvada por la campana.

Todas caminamos hacia el mismo salón, bueno, excepto María, ella iba a uno diferente, pero en el mismo grado que nosotras.

En cuanto volví a mi asiento, una pequeña hoja salía de mi cuaderno, pero no era del mismo porque me percaté que estaba doblada unas dos o tres veces.

Entonces decidí esconderla porque dos de mis mejores amigas ya venían. Entonces ellas se posaron sobre sus asientos respectivos y el maestro llegó a dar la clase.

En un descuido del maestro, abrí la carta.

«Cuando ni el paso de los días soleados, ni noches estrelladas superen que aún no te tenga entre mis brazos, entonces creeré que nada podrá superarlo, y cuando la tierra deje de girar al rededor del sol, entonces podrás olvidarte de mi existencia.

Mientras, ni sueñes que podrás olvidarte de mí tan fácil.

Aike.»

- Señorita Alma-el profesor me hace dar un respingo con su presencia tan repentina.

Trago saliva.

- A la dirección-me indica.

Sé que ha visto que no he estado atenta a su clase.

Me levanto y tengo la carta en mis manos. La doblo rápidamente sin que se dé cuenta bajo la mesa y me la llevo, porque los profesores aquí son capaces de todo, en especial él, que necesita que todos estemos atentos mirando al pizarrón mientras escribe formulas y ecuaciones que no entiendo.

Dirigiéndome a la dirección, alguien me jala de la mano y me lleva hacia el baño, entiendo cuando veo sus tremendos ojos azules que es aquel chico de las cartas, Aike.

- ¿Pero qué te pasa? -espeté molesta.

¿Qué le pasaba? ¿Estaba loco?

- ¿Estoy en el baño de los hombres? ¿Qué te pasa animal? Me van a echar de la escuela-estoy molesta, muy molesta, y espero que se dé cuenta porque no suelta su agarre, mientras intento zafarme, es increíble que no me suelte aún.

- Hey, tranquila fiera, que puedo ser un animal cuando quieras-y pone una mueca de picardía.

No puede ser, estoy con un depravado y pervertido, además de estar en un baño a solas, que es lo peor.

- ¿Qué quieres? -necesito irme- voy a gritar si no me dejas ir...

- ¿Quieres gritar? ¿De qué forma?

Pero qué hijo de su...

- No soy tonta, entiendo tu doble sentido, y déjame decirte que no me interesa seguir en lo más mínimo con esta conversación.

- Vale, solo necesito algo-me miró con picardía de nuevo- un beso.

Mierda.

¿Un beso? ¿Y este tipo estaba loco? ¿Qué le pasaba?

- No te voy a dar un beso-balbuceé.

Se sujetó la barbilla y acarició suavemente la misma.

- Entonces, si no te doy un beso, no te olvidarás de mi ni yo te ti-afirmó.

- Pues si necesito que esto se termine, ven aquí-le planto un beso en la comisura de sus labios.

Si de algo estaba segura, era que iba a dejar de molestar, porque no me gusta para nada, pero definitivamente ese beso fue un error.

- ¿Crees que eso es un beso?

Me sujetó de la cintura, me jaló hacia él, estando muy cerca de su boca, de su cuerpo, de su aliento, y con toda la crueldad del mundo besó suavemente mis labios, pero algo que no debía pasar, pasó, un gemido se escapó de mi boca.

Mierda. Sí que eso fue un buen beso.

- ¿Y crees que olvidarse de mi es tan fácil? -garantizó con un tono de superioridad- y créeme, no vas a dejar de recibir mis cartas.

Dicho esto, salió, dejándome exaltada, con muchas dudas en la cabeza y el creer que Aike se iría de mi vida era un error.

Me entré a uno de los cubículos, poco después un par de chicas habían ingresaron al mismo, entonces me di cuenta que estaba en el baño de chicas.

Agradecí a cualquier ser divino que estuviera despierto en esos momentos.

---

En cuanto llegué a casa, mamá estaba sentada en el patio, conversando con la señora Sara, conocía su historia, ellas eran amigas desde que una mujer llamada Carla, que era la madre de Sara, llegó a este pueblo, casada con una de las personas más ricas de aquel entonces-según me contaba mi madre- y un día, en un parque, donde todos iban los fines de semana, se encontraron ambas, vestidas casi iguales, dicen que se rieron mucho con eso, tanto que se hicieron amigas al instante.

Mamá y la señora Sara, siempre han sido unidas, ellas dicen que fue el destino, aquel que les jugó una buena pasada para encontrarse, y vaya que el destino se las jugó bien, porque ambas afirman que no tenían amigos.

Después de eso, se fueron conociendo con las otras dos señoras, Pilar y Mina, pues ambas son primas y simplemente se juntaron siempre para tomar un café cuando el sol se escondía.

La historia con mis amigas no es tan así, pues ellas simplemente son las hijas de las mejores amigas de mamá, es por eso que nos criamos prácticamente juntas. Nada raro ni extravagante la verdad.

- Hola mamá-le digo, con un beso en la frente y dejando la mochila en una de las sillas, me siento a su lado- ¿cómo estás?

- Sabes que te quiero, ¿verdad? -su pregunta me dejó descolocada por un momento.

Mamá no solía ser de las personas más cariñosas del mundo, tampoco una de las pocas que eran tan frías como el hielo, pero el hecho en que ella me dijera que me quería mucho, era simplemente tierno, ella no daba muestras de afecto tan seguidas.

- Lo sé, mamá.

- ¿Qué pasaría contigo si muriera? -expresó muy a su pesar, con una lagrima rodando por su mejilla y un sollozo proveniente de su garganta- no te quedarías sola, pero apuesto a que te sentirías sola...

- No te preocupes de eso mamá, estamos juntas ahora, eso es lo que importa.

▬▬▬▬▬ஜ۩--------۩ஜ▬▬▬▬▬

- Buenas noches doña Alma, ¿ya ha cenado? Le hemos traído algo, ¿podemos pasar?

Declan, está aquí, junto con una muchacha, ella parada justo a su lado, no voy a negarlo, estéticamente se ven como una bonita pareja. Están pasando la cerca de casa, fuera de ella.

- Claro queridos, pasen.

Ellos pasan, con una sonrisa ensanchada en su rostro.

- ¿Estaba escribiendo? -pregunta Declan, su novia observa muy tímida y callada desde su lado- ¿la hemos interrumpido?

- ¿Qué tal querida? -le digo, olvidándome de lo que me ha dicho Declan- es un gusto conocerte.

- Igualmente, doña Alma, tenía muchas ganas de conocerla.

Se ve que es amable, y tiene una gracia en su semblante, que parece que sonríe siempre. A vista simple, se ve delicada y sencilla.

- ¿Quieren un café? -les digo.

Ambos asienten.

- Declan, querido, puedes ayudarme? -le pregunto.

Él un poco confundido, se levanta y deja a su novia allí, sentada, en una de las sillas de madera frente a la mesa que tiene un mantel de flores, en medio, un cucharero de madera.

- Ven, Declan, pon agua en aquella tetera, y lo enciendes.

- Creo que sé cómo preparar café, doña Alma, es algo sencillo.

- Sí, también es muy sencillo que presentes a tu novia cuando vas a alguna parte con ella, eso deberías saberlo, incluso antes de halagar a otras personas o preguntar algo, siempre presenta a tu novia primero, y si en algún caso remoto, te preguntas un por qué, pues es simple, tu novia es tu compañera, es tu prioridad, incluso antes que tú mismo, olvídate de halagar los trajes de las personas, de sus joyas o maquillajes, olvídate incluso de si hay personas importantes a tu alrededor, ella es tu compañera, es tu deber hacerla sentir cómoda cuando no ha ido a algún lugar y lo esté haciendo por primera vez.

- Disculpe doña alma...-dice un poco apenado. Termina de dejar la tetera sobre la hornilla y le alcanzo el fosforo.

- No te disculpes conmigo, yo no soy a quien hiciste sentir mal allí afuera, hay una chica ahí, y si no te has dado cuenta, viene por primera vez a este lugar, discúlpate con ella...

- ¿Cómo sabe todo eso?

- Las experiencias querido, las experiencias.

Lo dejo en la cocina, voy a sentarme con Sara, me doy cuenta de lo amable y amigable que es, además de ser alguien quien demuestra su amor con palabras, siempre tiene algo bueno que decir, y aunque se ve tímida, soltó la lengua poco después de que empezáramos a conocernos mejor.

Declan vuelve con el café, y tres tazas, les invito bizcochuelos y empezamos a hablar. Veo que Declan le susurra algo a su novia y ella le murmura un «No te preocupes, cariño»

Lo hiciste bien, muchacho.

- ¿Puede leernos otro capítulo? -pregunta ella.

- Querida, no has escuchado el primero, ¿verdad? - ella niega- entonces prepárate.

Les leo los dos capítulos, Declan se asombra de la intensidad del segundo, y ella se echa a reír, en especial cuando llega la escena del baño de hombres.

Entre risas y risas, me doy cuenta que uno en realidad, está sola porque quiere, no necesito una pareja para sentirme acompañada, puedo tener jóvenes que escuchan mis historias, muchos a quienes les interesa conocer una intensa historia de amor.

¿Pero sabrán ellos lo que depara la última carta de Aike?

No, lo dudo muchísimo.

Terminamos el café, y comemos aquella sopa de verduras que me han traído.

Una persona me dijo una vez, que no siempre puedo esperar a ver que hay a la vuelta de la esquina, pero si puedo caminar paso a paso para llegar a ella y descubrir si aquello, era algo bueno, malo, desesperante o triste.

En este caso, la esquina vino a mí, porque Declan fue quien llegó a mi casa, posteriormente Sara, quien sabe después cuantos más.

Aike, esto se está haciendo realidad, ¿lo recuerdas? -pienso un momento, mirando al cielo, a las estrellas, porque sé que una de ellas es Aike- te prometí vivir esta vida por ti.

- Aike, te extraño...

Un colibrí se acerca y me rodea, lo observo hasta que se posa sobre una ramita en el árbol que está frente a mí, ladea la cabeza y se va. Sonrío.

- Sigues presente, aún sin estarlo...

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