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Lady Star

Lady Star

Autor: : Lady Star
Género: Romance
Sofía es la hija oculta del secretario de defensa de Estados Unidos, este le pide al coronel Joshua que proteja a la chica, ya que corre grave peligro al ser su hija. Por esta razón Sofía debe entrar en el ejército Estadounidense. Joshua se compromete a mantener a Sofía a salvo, pero mientras cumple su misión las constantes riñas con la chica lo terminan atrayendo de una manera diferente. Joshua está caracterizado por ser un hombre imponente y dominante en todos los aspectos, le gusta que las cosas salgan tal y como él las planea, pero Sofía no para de desafiarlo y arruinar sus planes.

Capítulo 1 Prólogo

Mis ojos se pasean sobre el pequeño cuerpo semidesnudo de la pelirroja, no puedo parar de mirarla, a pesar de saber que está mal lo que hago. Esta es una parte de mí que desconocía totalmente, nunca me creí capaz de aprovecharme de la inconciencia de una mujer de esta manera, pero lo cierto es que su belleza hace que mi mente se nuble y no logre razonar correctamente.

Sus mejillas sonrojadas, su boca levemente abierta y el subir y bajar de su pecho hacen que deba usar toda mi fuerza de voluntad para no tocarla.

Veo los vendajes de sus heridas, realizados por mí, y maldigo internamente, al recordar que está en aquella situación solo por mi culpa. Si no la hubiese sometido a aquel castigo nada le hubiese pasado, pero al verla con el teniente la sangre me hirvió y no pude evitar sacar mi demonio.

Con sumo cuidado y cautela acerco mi mano hacia su cuerpo, su pequeño cuerpo maltratado y pálido. Acaricio la piel de su abdomen con suavidad, mientras admiro sus hermosos risos cobrizos, empiezo a subir de manera lenta pero constante, quizás me arrepienta luego de lo que estoy a punto de hacer...

Justo cuando mis dedos llegan a tocar la parte baja de su pecho, veo como sus ojos se abren de golpe e inmediatamente retiro mi mano, como si ahora su cuerpo me quemase. Trago en seco intentando no demostrar mi nerviosismo, sin saber si había notado mis descaradas intenciones.

- Coronel - la escuché susurrar.

Capítulo 2 Un pequeño favor

La puerta se abre y a través de ella aparece aquel hombre digno de mi admiración, mi modelo a seguir, el hombre al cual le debo todo lo que soy.

- Coronel - dice Gabriel luego de cerrar la puerta de mi oficina y saludarme.

- Tome asiento para que esté más cómodo - le ofrecí señalando el sillón frente a mi escritorio, mientras me sentaba - ¿Cuál era el asunto importante que tenía que hablar conmigo?

Me tomó la palabra y se sentó frente a mi - Me gustaría pedirte un favor muy personal, eres el único al que le pediría esto, ya que solo confío en ti.

Sus palabras hicieron eco en mi mente, escuchar aquello hizo que algo dentro de mi temblara, Gabriel había sido como un padre para mi desde aquel día en que me salvó, ese día que me atormenta cada noche apareciendo en mis pesadillas.

- Sabes que cuentas conmigo para lo que sea - respondí dándole una media sonrisa.

- Tengo una hija - suelta sin más.

- ¿Una hija? - repetí sin poder creerlo.

- Así es - continuó de manera tranquila - tengo una hija de la cual ahora, solo tú estás enterado,

Me incliné hacia atrás en el sillón con el entrecejo fruncido.

- ¿Te enredaste con una mujer del ejercito? - inquirí.

- No, hace cierto tiempo tuve una amante, la cual terminó embarazada - explicó - tuvo una niña, a la que no reconocí por obvias razones, además de que era una hija fuera de mi matrimonio lo mejor era mantenerla oculta, pues ya sabes que tengo muchos enemigos, solo mira lo que ocurrió con mi esposa.

Los recuerdos de la esposa de Gabriel en la morgue me aturdieron, así que carraspeé y miré a otro lado para dejar de pensar en aquello.

- Entiendo, pero ¿Por qué me hablas de ella ahora? - pregunté interesado.

- A pesar de no haberle dado mi apellido, es mi hija, y aunque nunca compartí con ella, siempre me ocupé de que ni a ella ni a su madre le faltase nada - se recuesta en el respaldo del sillón - pero ahora su madre ha muerto, debido a una enfermedad terminal. Ella aún es menor de edad, le faltan algunos meses para cumplir la mayoría, yo no la puedo tener conmigo, es demasiado arriesgado, hay personas que sospechan de su existencia, si llegan a dar con ella lo más probable es que la usen en mi contra, por eso necesito que te hagas cargo de ella.

No pude evitar poner cara de confusión ante lo que estaba escuchando.

- ¿Yo? ¿Quieres que sea niñera? - pregunté estupefacto.

- No lo tomes de esa manera, solo necesito que la tengas cerca - intentó tranquilizarme - ya me estoy poniendo viejo, sé que no podré protegerla, en cambio tú sí.

- No sé si sea buena idea, ya ves que los adolescentes son muy problemáticos - pasé la mano por mi cabeza - y la paciencia no es una de mis virtudes como bien sabes.

Asintió - lo sé, pero también sé que puedo contar contigo cuando te necesito y esta es la ocasión.

Y tiene razón, no soy de esos que dan la espalda cuando los necesitan, así que, aunque ser niñero no estaba en mis planes, imagino que tampoco sería tan difícil, tomando en cuenta que es casi adulta.

- Vendrá mañana a realizar las pruebas pertinentes, tiene que ingresar al ejército si o si, es la única manera de que esté cerca de ti - dijo.

- Está bien, solo espero que comprendas que no tolero la rebeldía y que cualquier desobediencia, falta de respeto o acto irresponsable al igual que todos será disciplinada, no pienso darle privilegios - aclaré.

- Sabía que podía contar contigo - dijo sonriendo - ya me ocupé de todo lo de su proceso de admisión. Se llama Sofía.

...

Luego de hablar con Gabriel lo acompañé hasta al helicóptero en el que saldría de la base militar y allí nos despedimos, me contó que viajaría a Inglaterra junto con el presidente, lo que me hacía alegrarme por él, hacía poco tiempo fue nombrado secretario de defensa estadounidense, un lugar más que merecido indudablemente.

Al caer la noche y llegar la hora de dormir me pongo el pijama del ejército, el cual está basado en un pantalón de algodón gris y una franela blanca, me acuesto y apago las luces para luego cerrar los ojos.

Luego de cierto tiempo sin poder dormir suspiro y enciendo la luz nuevamente. Sintiéndome totalmente agobiado me levanto y tomo agua de la pequeña nevera que hay en mi habitación.

De un momento a otro un nombre me llega a la cabeza; "Sofía"

¿Cómo sería aquella chica?

Siendo hija de Gabriel seguro es un prodigio, lo más probable es que sea la mejor del grupo.

Dejé el vaso con agua sobre la mesita de noche y me reproché mentalmente el estar perdiendo el tiempo pensando estupideces en vez de dormir, así que volví a la cama y en poco tiempo la oscuridad se hacía presente.

Me encuentro escondido en el armario, puedo mirar a través de una pequeña brecha, pero todo es muy confuso, los gritos y ruidos de disparos me hacen sentir asustado y aturdido.

Escucho pasos acercarse y contengo la respiración.

Vienen por mí, ya vienen...

Abro los ojos exaltado y miro la hora.

4:00 a.m.

Me levanto de la cama y voy a las duchas donde me doy un baño de agua fría por algunos minutos, tomo mi uniforme militar y solo me coloco la parte de abajo y una franela gris para ir a calentar antes de que los aspirantes a soldados aparecieran.

Tomo una botella de agua y empiezo a correr alrededor de la base militar, mientras mentalizo todo lo que haré este día. Luego de dos vueltas me detengo en el campo de entrenamiento y realizo una serie de pechadas y abdominales, hasta que faltan diez minutos para las cinco de la mañana. Entonces tomo mi camisa y me la pongo.

El primero en hacer presencia es el teniente Smith, a quien le había asignado la tarea evaluar a los aspirantes.

- Coronel - dice en voz alta, se detiene frente a mi y me hace el saludo.

- Teniente - digo y correspondo al saludo - le dije que se encargara de la evaluación, pero hubo un cambio de planes, yo personalmente me encargaré de esto. Lo necesito en la frontera, tenemos una situación la cual necesita atención de manera inmediata, tiene disponible un pelotón.

- Si coronel - respondió de inmediato.

- Es todo - hizo el saludo militar y luego se fue a cumplir mi orden.

Veo como se cruza con los aspirantes a soldado mientras se marcha, miro la hora en mi reloj y veo que solo faltan minutos para las cinco de la madrugada, la hora exacta en que inicia el entrenamiento.

Camino frente a la fila con las manos a mis espaldas, satisfecho con la puntualidad de los aspirantes, claro que, sin demostrarlo, pues lo mejor es mostrarse con un carácter firme y estricto, para influir respeto.

Mientras camino observo disimuladamente los nombres en cada placa, y a pesar de llegar hasta el ultimo aspirante ninguno tiene el nombre de Sofía. Fruncí mi entrecejo sutilmente al no encontrar a la chica, pero no podía demostrar interés, pues empezarían a sospechar que tengo algo que ver con ella.

- Firmes - dije y todos obedecieron al instante - este día inicia la sección de prueba para los aspirantes a soldados. Deben tener en claro que no todos lograrán ingresar al ejército, eso es seguro, solo los que logren resistir y entregar buenos resultados al final de la sección podrán ingresar al ejército. Para esto más que fuerza física se necesita fuerza de voluntad, no sirve de nada ser el más fuerte cuando te rindes ante la primera dificultad - todos y cada uno de los presentes se mantenían firmes y en silencio prestando atención a mis palabras - un oficial de la fuerza militar debe ser fuerte, valiente, inteligente, capaz, ingenioso y sobre todo disciplinado...

- Perdón - escuché una voz femenina hablar acompañada de un trote torpe - lamento la tardanza, no había uniformes de mi talla y...

Dejó de hablar cuando me giré para observar a la insolente que había cometido tal falta de respeto hacia mi autoridad. Al quedar frente a la pequeña pelirroja tuve que bajar la mirada para poder ver su rostro debido a su pequeña estatura.

Mis ojos se encontraron con una mirada tan azul como aquel cielo despejado en un día donde el sol brilla con intensidad, aquellos ojos no ocultaban ningún tipo de sentimiento; es como si fuera un libro abierto a quien quisiera leerlo.

Bajo mi mirada hasta el lado derecho en su pecho donde se encontraba la placa con su nombre y no logro evitar tensarme por completos es...

Sofía.

Capítulo 3 En problemas

Narrador: Sofía.

Miro a través de la ventana de mi habitación, respiro hondo y observo aquel lugar del jardín donde mi madre se sentaba todas las tardes, mientras cantaba aquellas canciones tan bonitas que ella misma componía.

Cierro mis ojos y una lágrima solitaria baja por mi mejilla, a pesar de que ya pasaron semanas de su muerte siento el mismo dolor del primer día. No sé si podré llegar a superarlo, pero lo seguro es que jamás dejaré de estar agradecida por lo buena madre que fue. A pesar de su enfermedad siempre sacaba una sonrisa para no preocuparme, siempre trataba de evitar que me preocupara por ella, pero es que era algo imposible, era mi madre y era lógico que me preocupase por su bienestar. Nunca tuve nada que reclamarle, más que solo mi madre, fue mi amiga, confidente y de paso también fue mi padre, ya que a ese señor nunca lo conocí, ni siquiera me hizo falta. Cuando era pequeña preguntaba a mi madre por mi padre, ella me decía que un día me visitaría, lo cierto es que ese día nunca llegó.

Seco mi mejilla al recordar todas las veces que mi supuesto padre me enviaba cartas o me hacía llamadas diciendo que vendría verme, hasta que me cansé de esperar y me resigné a no conocerlo, nunca más quise contestarle las llamadas o siquiera recibir sus cartas. En el fondo tenía la esperanza de que si ya no quería hablar con él, se sentiría mal y vendría a verme para que lo perdonase, pero la verdad es que le importó una mierda, luego de intentar comunicarse varias veces conmigo sin tener éxito simplemente dejó de llamarme y escribirme, entonces, supe que realmente no le importaba en lo más mínimo.

Ahora que mi madre murió él se debe hacer cargo de mi por seis meses, la verdad es que estaba considerando seriamente la idea de escaparme, pero luego me dio curiosidad de saber quien es el hombre al cual en algún momento llamé padre.

Escucho como tocan la puerta - Sofía ya llegaron por ti - dice mi nana tras la puerta.

- Ya salgo - digo y me alejo de la ventana para ir a buscar mis maletas.

Bajo mis maletas de la cama y echo un ultimo vistazo a mi habitación, teniendo la esperanza de volver, lo cierto es que quería quedarme con mi nana, pero me ha dicho que no es posible a menos que ese hombre lo permita, así que, espero que no tenga ganas de ocuparse de mi y simplemente acepte que me regrese a mi casa, así todos seremos felices.

Abro la puerta y luego arrastro las maletas hasta la sala, donde había un hombre vestido de traje esperando con mi nana. Mi corazón empezó a latir fuerte al cruzar mirada con él, aunque ni se inmutó, así que mantuve mi cara seria para evitar que pudiera ver que me afectaba su presencia.

¿Mi "padre"?

- Buenos días - dije al llegar frente a ellos.

- Buenas - respondió simplemente.

- Él es el señor Darvis, te llevará con tu padre - dijo mi nana.

Solté el aire contenido en mis pulmones disimuladamente al enterarme de que este señor no era mi padre, así que sonreí más cómoda.

- Hola, mucho gusto - saludé extendiendo mi mano, la cual tomó.

- El gusto es mío - dijo amablemente - llevaré las maletas, las dejo para que se despidan.

Asentí y fui a abrazar a mi nana con todas mis fuerzas, mientras las lagrimas empezaban a salir sin poder detenerlas.

- No llores cariño, nos mantendremos en contacto y tal vez puedas visitarme luego - dijo al separarse de mí.

- ¿Por qué no puedes venir conmigo? - pregunté secándome las lágrimas.

- Sabes que no es posible, vas donde tu padre, yo a ese señor no lo conozco y él no ha pedido que vaya contigo - dijo y depositó un beso en mi frente - no te preocupes estarás bien, procura ser buena niña y no te metas en problemas.

- No te prometo nada - dije sonriendo y guiñándole un ojo - ya sabes que no soy tan fácil de manejar y es posible que me regresen para que me cuides porque no me soportan.

La nana me dio una mirada de complicidad y luego rio divertida - anda vete, no hagas esperar al señor Darvis.

- Adiós nana - dije y le di un ultimo abrazo, para luego girarme y alejarme en dirección a la puerta.

- Adiós, cariño - la escuché decir y no quise voltear, porque al igual que yo, sabía que estaba llorando.

Salgo de la casa y de inmediato subo a la camioneta que me esperaba afuera. Tomé el asiento trasero y me mantuve en silencio todo el camino, mientras trataba de no llorar frente a un extraño. Estaba a punto de romper en llanto, el nudo en mi garganta se hizo presente mientras siento que mi vida se cae a pedazos, es como si hubiera hecho algo malo y la vida me está pasando factura, pero no logro entender cual es mi pecado, a quien he lastimado o cual es la causa de que la vida se esté ensañando de tal manera conmigo.

Miro por la ventanilla para distraerme de mis pensamientos, las personas caminando a lo lejos hacen que los envidie, al verse tan relajados caminando con sus parejas y mascotas, quizás algún día podré ser feliz nuevamente y de paso tener una mascota.

El sueño empieza a invadirme y me es imposible luchar en contra, así que tratando de escapar de mi realidad decido dejarme envolver por los brazos de Morfeo.

...

Escucho una voz que me llama y refunfuño intentando dejar de escucharla para seguir con mi placentera siesta.

- Señorita Sofía - escuché la voz de Darvis.

Bufé molesta, no me gusta que me despierten.

- ¿Qué quieres? - pregunté levantándome del asiento en el que estaba recostada.

- Hemos llegado ¬- dice y miro a todos lados exaltada.

- ¿Pero qué es esto? - pregunté sin entender el extraño lugar.

- Una base militar, aquí la espera su padre - respondió ofreciéndome su mano para ayudarme a bajar del vehículo.

Fruncí mi entrecejo confundida, sin entender del todo la situación, pero igual tomé su mano y bajé con su ayuda.

- Sígame, la llevaré con el señor Gabriel - dijo cargando mis maletas.

Lo seguí sin rechistar a paso rápido, a medida que avanzábamos más militares se cruzaban en nuestro camino haciéndome sentir intimidada por lo imponentes que lucían todos a mi alrededor.

Pasamos en medio de lo que parecían ser casas pero tenían una forma bastante extraña a mi parecer, luego entramos en una especie de fortaleza militar donde caminamos por un gran pasillo hasta una puerta de color negra, allí Darvis tocó dos veces y luego abrió la puerta invitándome a pasar.

Al entrar Darvis dejó las maletas a un lado y se marchó pidiéndome que esperase en aquella oficina. Me acerco al gran escritorio y no puedo evitar sentirme nerviosa, no sabía por qué en realidad, quizás por el lugar o tal vez porque vería a ese hombre por primera vez.

Trato de calmarme respirando profundo para evitar que me vea nerviosa, no merece saber que mueve alguna simple emoción en mí, no pienso hacer que se sienta importante para mí.

Escucho el chirrido de la puerta y siento que me quedo sin aire al ver a un hombre de unos cincuenta años más o menos. Camina en mi dirección y se para frente a mí.

- Buenas tardes, Sofía - dice mirándome a los ojos con cierta intensidad - soy tu padre, espero me recuerdes.

Sin poder evitarlo una pequeña risa se escapa de mí, haciendo que el hombre frente a mi se tense por completo - ¿Cómo recordar a alguien que nunca estuvo presente? - pregunté desafiándolo con la mirada - me parece bastante gracioso su comentario señor.

Se mantiene en silencio por unos segundos mientras me mira desde su altura ¬ - Te preguntarás por qué estás aquí - dice cambiando de tema descaradamente - pues te he mandado a traer porque vas a ingresar al ejército.

- ¿Qué? - pregunto estupefacta.

- Así es, inicias mañana, ya me encargué del papeleo y varios requisitos, solo debes completar bien la fase de prueba y estarás dentro - explica como si nada.

- Ni sueñe que voy a entrar a ningún ejército - le respondo enojada - si lo que quiere es deshacerse de mí, déjeme decirle que tengo la solución perfecta; me devuelve con mi nana y todos felices.

- Te recuerdo que estas bajo mi custodia por lo menos hasta que cumplas la mayoría de edad, por tanto, harás lo que me parezca más adecuado - argumentó.

- Exacto, se supone que estoy bajo su custodia y usted me quiere entrar en el ejército, en pocas palabras quiere deshacerse de mi - me cruzo de brazos - pero me parece que se le ha olvidado que hay que ser mayor de edad para entrar en el ejército militar, si no me equivoco.

- Es cierto, pero eso ya está resuelto, solo necesito que pongas de tu parte - concluye - y es una decisión que ya está tomada, sin importar tus berrinches entrarás de igual manera.

...

La discusión con Gabriel no sirvió de nada, pues el hombre se empeña en deshacerse de mí, por lo que he creado un plan B; si logro reprobar fase de prueba no me aceptarán y Gabriel tendrá que regresarme con mi nana.

Lo que restó del día una mujer militar estuvo mostrándome el área, ciertas normas que debía seguir y los horarios.

Llegamos frente a una casita pequeña que parecía una tienda de campaña militar - aquí te quedarás durante el periodo de prueba, mañana a las cinco de la madrugada inicia el entrenamiento, es muy importante la puntualidad - dijo la mujer - y, por cierto, los uniformes llegarán esta noche, por lo que debes pasar antes de ir al entrenamiento, te recomiendo que vayas lo más temprano posible para que puedas encontrar algo de tu taya - me miró de arriba abajo - lo veo difícil.

Asiento algo incómoda por su comentario y luego entro en la tienda, la frustración se hace presente, lo único que me permitieron traer es mi ropa interior y una toalla, ni siquiera puedo tener mi celular.

Soltando un bufido observo todo a mi alrededor y doy con ropa sobre la cama, un pantalón de algodón gris y una franela blanca, los tomé y como era de esperarse, a leguas se veía que me quedaban grandes.

Suelto un suspiro frustrado y decido darme un baño sin haber ido al comedor, pues no tenía hambre y solo quería dormir y despertar lejos de este lugar. Y es así como me baño por unos minutos, me sentí aliviada al ver que las duchas estaban bacías y pude asearme con toda comodidad.

A la hora de vestirme agradecí profundamente que el pantalón tuviese un cordón para apretarlo. Terminando de vestirme me voy a la cama y sin mucho esfuerzo quedo rendida por el cansancio.

...

Abro los ojos con pesadez y me doy la vuelta para seguir durmiendo, escucho ruido fuera y entonces caigo en cuenta. Me levanto sobresaltada de la cama y me asomo por la pequeña ventanilla.

Mierda

Salgo de la cama a toda prisa al ver una fila de soldados caminar por el lugar. Miré el reloj y efectivamente iba a llegar tarde si no me apresuraba, así que de inmediato fui a buscar el uniforme, pero al llegar solo había dos uniformes disponibles, puesto que al parecer ya todos habían tomado el suyo. Mi estrés se hace presente al ver que solo quedan dos uniformes espectacularmente grandes, suspiro sin saber que hacer, este tipo de situaciones solo me pasan a mí.

Tomo el más pequeño y me lo llevo, me dirijo a las duchas y otra vez están bacías, me ducho lo más rápido que puedo y empiezo a vestirme; el polo me queda como un vestido, el pantalón se me cae y el cinturón también me queda enorme. Me siento en una esquina sintiéndome derrotada, me quedé mirando un punto fijo durante varios minutos y entonces una idea llegó a mi cabeza.

Me levanté y busqué el pantalón de pijama que me había quitado, tomo el cordón y lo saco del pantalón para luego usarlo como correa, dejé el polo por fuera para que no se vea y por último me puse las potas que gracias al cielo si había de mi talla.

Corro por todo el establecimiento hasta ver el campo de entrenamiento, logro divisar a los demás formando una línea horizontal, me acerco y veo a un hombre de espaldas a mi y de frente a los soldados.

- Perdón - dije al llegar disculpándome - lamento la tardanza, no había uniformes de mi talla y ...

Guardé silencio cuando aquel hombre se giró hacia mí, fulminándome con la mirada. Sus ojos eran tan grises como el cielo abarrotado de nubes en un día de tormenta, estos no mostraban más que frialdad y un muro que impedía ver una pizca de emoción en ellos. Su imponente altura hizo que me sintiera intimidada, su cara seria y casi enojada me dio a entender que no le agradó que lo interrumpiese.

Me parece que estoy en problemas.

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