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Las leyes del amor

Las leyes del amor

Autor: : giannaviterilibros
Género: Romance
Spin-off de Un contrato con el italiano "El odio consume hasta que el amor se presenta, y el más cobarde encuentra valentía en su luz." Blossom Vaughan es una abogada de renombre en la firma inglesa G.H. Vaughan. Inteligente, decidida y temida en su campo, es una mujer que no cree en el amor, hasta que Edrik Maxwell, un enigmático abogado recién llegado a Londres, despierta en ella una antipatía inmediata. Desde el primer encuentro, su rivalidad es palpable. Pero cuando el odio da paso al deseo, el corazón desafía la lógica y la razón. El amor, al igual que la ley, tiene reglas que siguen un código, sentencias que pueden cambiar el destino, y al final, exige un veredicto. Sin embargo, cuando Blossom se niega a aceptar que el hombre que tanto desprecia ha conquistado su corazón y se ha apoderado de sus pensamientos, surge una pregunta inevitable: ¿Pueden las leyes predecir el amor?

Capítulo 1 I

Blossom

La nueva jefa y la mujer que siempre llega tarde.

Esa soy yo. Blossom Vaughan.

Hija adoptiva de Grayson Vaughan y Hazel Gray. Durante años, fui una de las piezas clave del departamento de Instituciones Financieras, Insolvencia y Seguros en la firma de abogados que mi familia dirige. Y ahora, soy la desafortunada heredera del peso de esta institución, todo porque a mi querido padre se le ocurrió que debía hacerme cargo mientras él y mamá se iban de vacaciones prolongadas.

Tengo tres hermanos, aun así, mi padre se encargó de instruirme sobre las leyes desde muy pequeña de forma personal. Siempre me he preguntado qué le llevó a tener un trato "especial" conmigo, tal vez consideró el hecho de que era adoptada y solo buscaba darme más amor. Solo que ahora que soy una mujer adulta, soy en quien más confía para sacar adelante a su firma de abogados, o bueno, seguir con su maravilloso legado.

Vacaciones de cinco meses. Sí, cinco meses. A veces me pregunto cómo no se le ocurrió convertir la firma en un resort

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también.

Debí haber dicho que no. Debí haber insistido en que no podía con esto. Pero acepté.

Y ahora, estaba veinte minutos tarde para mi primera reunión como jefa.

El taconeo de mis zapatos resonaba con fuerza en el pasillo mientras avanzaba hacia la sala de juntas. Mi padre había insistido en detenerme antes de salir para hablarme de lo que él consideraba "algo crucial": un nuevo abogado se unía a la firma. ¿Podría haber elegido un peor momento? En este instante, lo que más importaba era salvar la reputación de esta empresa, no conocer a un desconocido que probablemente sólo añadiría más drama a mi ya caótica vida.

Cuando empujé la puerta de la sala de juntas, todas las miradas cayeron sobre mí. Por un instante, quise desaparecer. Mi padre siempre irradiaba autoridad cuando entraba a una habitación, pero yo solo podía ofrecer una sonrisa incómoda. Debo parecer un perrito asustado ahora mismo.

-Buenos días a todos -dije, intentando sonar firme mientras dejaba mi bolso sobre la mesa-. Lamento la demora.

Hice una pausa breve, notando cómo algunos intercambiaban miradas entre ellos. Debía recuperar el control.

-Mi nombre es Blossom Vaughan. Como muchos de ustedes saben, hasta ahora me he encargado del departamento de Instituciones Financieras, Insolvencia y Seguros. Sin embargo, a partir de hoy también asumiré el cargo de jefa de la firma mientras el señor Grayson disfruta de unas merecidas vacaciones.

Algunos asintieron, otros seguían mirándome, evaluándome. -Entiendo que estos últimos meses han sido complicados.

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Perdimos casos importantes, y nuestra reputación ha sufrido. Pero mi objetivo principal es revertir eso. Trabajaremos juntos para sacar adelante esta firma.

Un murmullo recorrió la sala antes de que Landon White, el abogado estrella de la firma y eterno amor imposible de mi hermana mayor, decidiera hablar.

-Entonces, ¿todas las decisiones deben pasar por usted? - preguntó con una ceja levantada.

-Exacto -respondí sin dudar. Mi voz sonó más fuerte de lo que esperaba-. Si queremos recuperar nuestra posición, necesitamos trabajar como un equipo, y eso implica coordinar nuestras estrategias.

La reunión continuó sin mayores incidentes, aunque mi hermano mayor, Kasper, no dejaba de mirarme con una sonrisa burlona mientras los demás salían de la sala.

-¿Qué? -le espeté cuando quedamos solos.

-Nada, nada... Es solo que nunca te había visto tan nerviosa. Pareces un cervatillo en medio de una autopista.

-Gracias por el apoyo, hermano -bufé, guardando mis papeles en mi bolso-. Papá realmente se pasó esta vez. No entiendo que le hace creer que soy la persona indicada para esto. Quiero decir, me encanta mi trabajo, sin embargo, no sé cuánto me agrade la idea de ser jefa.

Kasper puso una mano sobre mi hombro y sonrió.

-Blossom, eres brillante. Siempre lo has sido. Papá no habría confiado en ti si no creyera que puedes hacerlo. Solo tienes que confiar en ti misma.

Suspiré. Quería creerle, pero la presión me estaba aplastando.

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-Tengo un almuerzo programado con el nuevo miembro de la firma -le informé, intentando cambiar de tema-. Apenas sé su nombre, pero papá parece estar emocionado con su llegada.

Por supuesto que sé su nombre, incluso sé mucho más de él de lo que me gustaría admitir, solo quería pretender que no lo conocía porque no permitiría que hiciera de mi vida un revoltijo.

-Buena suerte con eso. Intenta no llegar tarde esta vez.

El restaurante estaba lleno, aunque lo suficientemente tranquilo como para escuchar el leve murmullo de las conversaciones a mi alrededor. Estaba revisando mi teléfono cuando lo vi.

Un hombre de traje impecable, con cabello rubio y ojos azules tan intensos que podrían haber derretido hielo. Caminaba hacia mí con una seguridad que me hizo sentir diminuta.

Mi corazón se detuvo.

¿Por qué tenía que ser tan guapo?

Me obligué a mantener la compostura mientras él se detenía frente a mí.

-¿Blossom Vaughan? -preguntó, su tono cargado de una mezcla de arrogancia y encanto.

-¿Edrik Maxwell? -respondí, levantándome para estrechar su mano.

-El placer es mío -dijo mientras tomaba asiento frente a mí - . Debo admitir que trabajar en su firma será un reto interesante.

Su sonrisa era un arma letal, pero algo en su tono me puso en guardia.

Él está actuando como si no me conociera de nada, tal vez debería

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seguirle la corriente y pretender lo mismo.

-He escuchado grandes cosas sobre usted, señor Maxwell. Estoy ansiosa por verlo en acción -dije con diplomacia.

-Oh, no se preocupe. No la decepcionaré -respondió, su mirada clavada en la mía.

Sin embargo, no pasaron ni cinco minutos antes de que empezara a lanzar comentarios que parecían más pruebas que cumplidos.

-Ser la hija del jefe debe ser... cómodo. ¿Nunca pensó en trabajar en otro lugar para demostrar que puede lograrlo por sí misma?

Mi mandíbula se tensó. ¿Quién demonios se creía?

-Trabajo aquí porque creo en lo que mi familia ha construido -repliqué con calma contenida-. Y si mi padre confió en mí, es porque sabe que puedo hacerlo.

Él sonrió, como si mis palabras no lo convencieran del todo.

-Bueno, veremos cuánto dura. No todos tienen lo que se necesita para llevar este tipo de peso.

Casi tiré mi vaso de agua sobre él. Pero entonces, de repente, su rostro cambió.

-Tranquila, Blossom. Solo quería probarte. Quería ver cómo reaccionas bajo presión.

-¿Probarme? -repetí, incrédula.

-Sí. Eres mejor de lo que pensabas. Pero debes creértelo. La confianza es lo que hará que los demás te sigan, no solo el apellido Vaughan.

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Me quedé callada, procesando sus palabras. Era irritante, arrogante... y, sin embargo, tenía razón.

-Será un placer trabajar contigo, Blossom -dijo al levantarse. Antes de que pudiera responder, añadió con una sonrisa traviesa-. Aunque cuidado con tropezarte. El destino parece estar conspirando para cruzarnos constantemente. A veces el destino juega a nuestro favor, y si ha vuelto a juntarnos, supongo es porque trae algo bueno para nosotros. Ha sido un encanto volver a verte luego de tanto tiempo.

Y con eso, me dejó sola, preguntándome qué clase de caos había traído este hombre a mi vida.

Capítulo 2 II

Blossom

-Gracias por invitarme a cenar, Karina. Hoy no tengo cabeza para nada -suspiré al abrazarla, sintiendo su calidez familiar. Karina, la esposa de mi hermano Kasper, siempre ha sido una presencia luminosa en mi vida. Era el tipo de persona que irradiaba fortaleza y ternura, alguien que sonreía incluso cuando la vida no le ofrecía motivos para hacerlo.

-¿Culpa de los asuntos de la firma? -preguntó mientras colocaba en la mesa una humeante fuente de pasta carbonara. La cena era para nosotras dos; Kasper seguía en la oficina preparando una presentación, y Hyacinth, la pequeña de cinco años que ambos habían traído al mundo, ya estaba profundamente dormida.

-Más bien, culpa de mi padre y sus locuras -admití, dejándome caer sobre la silla. Jugué con el tenedor sin probar bocado-. A veces me pregunto por qué se atrevió a dejar la empresa a mi cargo. Todos dicen que soy una excelente abogada, que confían en mí, pero...

-Pero nada -me interrumpió Karina con suavidad, aunque su tono firme dejaba poco espacio para réplicas-. Blossom, de una vez por todas, tienes que dejar de dudar de ti misma. Eres brillante en lo que haces, y no lo digo porque seas mi cuñada. Si alguien puede llevar la firma al siguiente nivel, esa eres tú. Ahora tienes la

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oportunidad de tomar decisiones que antes te parecían injustas. Hazlo a tu manera, pero confía en que estás a la altura.

Su convicción me arrancó una sonrisa. Siempre sabía qué decir para calmar las tormentas en mi interior.

-Tienes razón, como siempre -murmuré antes de probar la primera cucharada de aquella deliciosa pasta-. Por cierto, ¿cómo va tu trabajo?

-Lo disfruto tanto que ni siquiera lo siento como un trabajo - respondió, con esa serenidad que siempre la caracterizaba-. A veces me ayuda a desconectar de todo lo que implica estar en esta familia: la firma, las expectativas... Aunque no me malinterpretes. Los adoro a todos, sin embargo, vivir entre abogados puede ser mentalmente agotador.

Reí, sabiendo exactamente a lo que se refería.

-Te entiendo perfectamente. La firma puede ser un monstruo devorador de energía, pero tú siempre estás ahí, ayudándonos en todo lo que puedes, cuidando de Hyacinth, soportando a Kasper... Y digo soportando porque, bueno, ya sabes cómo es mi hermano.

Karina soltó una carcajada que iluminó la sala.

-Kasper es el amor de mi vida, aunque reconozco que a veces tiene sus momentos. Y Nathaniel... Bueno, él es como mi segundo hijo. Aunque ya esté en la universidad y sea todo un adulto, lo he visto crecer.

-Eres como una madre para él -le dije con sinceridad, admirando lo natural que le resultaba cuidar de todos.

Se quedó en silencio por un momento, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras.

-Blossom, ¿alguna vez te has planteado tener hijos? No ahora, claro, pero quizás en el futuro.

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El peso de su pregunta me tomó por sorpresa. Bajé la mirada hacia mi plato, dejando el tenedor de lado.

-Sí, quiero tener hijos, solo que no con Harding.

Karina casi se atraganta con su bocado. Bebió un sorbo de agua rápidamente y me miró con incredulidad.

-¿Qué? ¿Hablas en serio?

-No sé si aún lo amo, Karina -confesé, sintiendo cómo las palabras pesaban en mi pecho-. Al principio todo era mágico, pero con el tiempo... todo se volvió rutina. Ya no hay citas los viernes, ni rosas en casa, ni siquiera nos besamos. Estoy cansada de su indiferencia, pero más que eso, creo que me cansé de fingir que todo está bien.

Karina tomó mi mano con fuerza.

-Blossom, si esa relación no te está haciendo feliz, debes dejarla. Qué más da lo que piensen tus padres o cualquier otra persona. No mereces conformarte. Mereces ser feliz, y si Harding no es el hombre para ello, entonces que se vaya.

Sus palabras tocaron algo profundo en mí.

-Siempre has sido mi mayor apoyo -dije con lágrimas en los ojos. Karina me abrazó con ternura, como si intentara transmitirme toda su fuerza.

-Lo único que quiero es que seas feliz -me dijo con determinación-. Harding no te llega ni a los talones, y si decides seguir adelante sin él, aquí estaré para apoyarte.

Pasamos el resto de la noche hablando, como solíamos hacer en los días más oscuros y también en los más brillantes. Cuando el reloj marcó la medianoche, me despedí y emprendí el camino a casa.

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Al llegar, encontré a Nathaniel en el comedor, con los ojos clavados en sus apuntes de anatomía.

-Buenas noches, Nate -le dije con cariño, acercándome para besar su mejilla-. ¿Aun estudiando?

-Tengo examen en dos días. Necesito estar listo -contestó sin levantar la vista-. No te preocupes por mí, Blossom. Estás cansada, deberías ir a dormir.

Antes de retirarme, quise compartir algo con él. -¿Sabías que papá me dejó la empresa a cargo? Si todo sale bien, me convertiré en la jefa.

Nathaniel levantó la vista y me dedicó una sonrisa.

-Lo sé, Isobel me lo contó. Y no me sorprende en absoluto. Nadie lo hace como tú, Blossom. Te mereces esto, en serio que nadie se lo merece más que tú.

Sus palabras, simples pero sinceras, fueron el último empujón que necesitaba para enfrentar lo que vendría. Subí a mi habitación, me quité los tacones y me dejé caer en la cama.

Volver a ver a Edrik Maxwell había removido algo en mí, algo que creí enterrado para siempre. Cuatro años después, su recuerdo aún era un remolino de emociones. Había intentado convencerme de que lo nuestro no fue más que un error, el resultado de un par de jóvenes ebrios que se dejaron llevar por un instante de debilidad. Pero era una mentira.

Lo que sucedió aquella noche no fue por el alcohol, y negarlo sería un insulto a lo que sentimos. Pero éramos jóvenes y cobardes, y dejamos que nuestro miedo destrozara algo que pudo ser eterno.

Ahora que estaba de vuelta en mi vida, temía lo que pudiera suceder. Temía que su presencia volviera a hacer añicos todo lo que con tanto esfuerzo había construido.

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Y lo que más me aterraba era la posibilidad de que él no me hubiera olvidado. Porque yo, por más que lo intenté, nunca pude olvidarlo.

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Capítulo 3 III

Karina

Mis dedos temblaban al sostener aquella fotografía, una ventana al pasado que podía llenar mi corazón de esperanza y, al mismo tiempo, romperme en mil pedazos. El rostro familiar en la imagen parecía mirarme con una mezcla de reproche y añoranza. Las lágrimas comenzaron a nublar mi visión, y aunque intenté detenerlas, el llanto escapó como un torrente imparable.

Me llevé las manos al rostro, tratando de contener los sollozos cuando escuché pasos en el pasillo. A Kasper no le gustaba verme llorar. Decía que le desgarraba el alma. Sabía que no lo hacía por egoísmo, sino porque cada lágrima mía era un recordatorio de las heridas que no podía curar.

Él apareció en la puerta de la pequeña habitación que llamaba mi galería, un espacio que había creado como refugio para mis recuerdos. Se cruzó de brazos, su expresión era una mezcla de preocupación y reproche. La luz tenue dibujaba sombras sobre sus facciones.

-Otra vez, Karina... -Su voz era baja, pero no podía ocultar la angustia que llevaba por dentro.

-Lo siento -dije con un hilo de voz, apartando la fotografía de mi vista y dejando caer mis manos sobre mi regazo-. Lo intento,

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Kasper, lo intento de verdad, pero cada vez que entro aquí... es como si todo volviera a pasar.

Él se acercó lentamente y me envolvió en sus brazos. Su calidez me atrapó de inmediato, y me aferré a él como si fuera la única ancla que me mantenía a salvo del naufragio de mi mente.

-Deberías cerrar esta habitación con llave -murmuró, apoyando su barbilla sobre mi cabeza-. Sabes que lo digo por ti, no por mí. No puedo seguir viéndote romperte así, día tras día.

-¿Crees que no lo sé? -respondí con un nudo en la garganta- . ¿Crees que no me doy cuenta de que me estoy consumiendo? Pero no puedo soltarlo, Kasper. No puedo.

-Puedes, Karina. No tienes que hacerlo sola, ¿de acuerdo? - Su voz se suavizó mientras sus dedos recorrían mi cabello con ternura-. Déjame cargar con parte de ese peso.

Apoyé mi frente contra su pecho, cerrando los ojos mientras su aroma familiar me envolvía. En ese instante, el caos en mi interior pareció detenerse. Kasper era mi refugio, mi salvación, pero había un límite incluso para su paciencia.

-Lo siento tanto... -murmuré.

-No vuelvas a pedirme perdón. No por esto. No por lo que sientes. -Él me sostuvo más fuerte, como si quisiera asegurarse de que no desapareciera en mis propios pensamientos.

Levanté la mirada para encontrarme con sus ojos, esos que habían sido mi puerto seguro desde que nos conocimos. Había amor en ellos, sí, pero también cansancio. No por mí, sino por todo lo que nuestra vida había puesto en nuestro camino.

-¿Qué haríamos sin ti? -pregunté, más para mí misma que para él.

Él sonrió, esa sonrisa que parecía decirme que todo estaría bien

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incluso cuando no lo estaba.

-Yo diría lo mismo de ti. Karina, eres mi hogar. Lo has sido desde el día en que te conocí.

Su confesión me derritió, y por primera vez en días, sentí que podía respirar con algo de alivio. Lo abracé con más fuerza, hundiendo mi rostro en su cuello mientras sus labios dejaban un beso suave sobre mi cabello.

-Eres todo lo que necesito -susurré contra su piel. -Y tú eres todo para mí.

Por un momento, la habitación quedó en silencio, salvo por el sonido de nuestras respiraciones sincronizadas.

-Sabes que no estoy en contra de que quieras encontrar a Ellie -dijo finalmente-. Pero hazlo cuando estés lista. Cuando no sea un sacrificio para tu bienestar, sino un paso hacia tu propia paz.

Me quedé callada, reflexionando sobre sus palabras. Ellie. Mi hermana. Mi único vínculo con un pasado que prefería olvidar, pero que también anhelaba recuperar.

-Tienes razón -admití finalmente-. Pero sigo teniendo miedo.

Kasper asintió, como si entendiera perfectamente lo que no podía expresar con palabras.

-El miedo es normal, Karina. Solo no dejes que te detenga para siempre.

Me dio un beso en la frente y luego, como si todo el peso del momento hubiera desaparecido, cambió el tono de su voz:

-Ahora, ¿por qué no salimos de aquí? Es tarde, y estoy seguro

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de que nuestra hija nos está esperando para leerle su cuento de buenas noches.

Sonreí, sintiéndome más ligera, aunque sabía que el camino hacia la sanación sería largo. Pero con Kasper a mi lado, sentía que podía dar un paso más.

Salimos juntos de la habitación, dejando atrás las sombras del pasado, al menos por esa noche.

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