Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Las llamas de la venganza
Las llamas de la venganza

Las llamas de la venganza

Autor: : Yise_Uribe
Género: Romance
Greco Morelli, un hombre reservado con una mirada fría y desinteresada, un pasado oscuro y dueño de una empresa multinacional de minería, traicionado por las personas que en algún momento amó y en las cuales confió, se aventura a dejar su país tratando de cumplir una vieja promesa, vengar la muerte de su madre. Alexandra, una adorable chica, hija de unos padres conservadores, y con dolor en su corazón debido a una traición de su ex prometido, pasada de tragos amanece en la cama de un desconocido con el cual aparentemente había tenido relaciones. La lujuria y deseo comienza a florecer entre ambos. Los planes de Greco siguen adelante y es que encontró la oportunidad en aquella chica para completar su venganza, después de todo, era la promesa que no solo había hecho a su padre, sino también a su madre. Más pronto que tarde se da cuenta que todo lo que su madre alguna vez le enseñó se ve reflejado en la chica, poniéndolo en jaque consigo mismo, ¿Qué terminará haciendo? El amor es una fuerza poderosa, pero ¿Es capaz de extinguir la llama de la venganza en un oscuro corazón que se alimentó años de ella? Greco tendrá que decidir si perder el único anhelo esperanzador en su vida valía dejar ir todo aquello que aguantó por años, o al contrario, puede extinguirla él mismo y cumplir con su promesa.

Capítulo 1 ¿Qué pasó anoche

Alexandra Guzmán

Dolor de cabeza. Olor a licor por todo el lugar y unas ganas enormes de vomitar es lo que tenía en este momento, ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? Levanté mi mano que estaba colgando en el borde de la cama, la pared color rosa se me hacía conocida, ¿Raquel? ¿Dónde se encontraba mi mejor amiga?

Me di vuelta en la cama sintiendo dolor en mi entrepierna, al voltear sentí como todo mi centro giraba, creo que me pasé con el alcohol y definitivamente no iba a volver a pasar, considerando que mis padres no me asesinasen antes de volver a tener la oportunidad de salir a una fiesta, no debí hacerle caso a Raquel. Es mi mejor amiga de toda la vida, pero es muy alocada en ocasiones.

-Umm, quédate quieta, por favor. -mencionó una voz completamente desconocida para mí.

-¿Qui-quién eres? ¿Qué pasó aquí anoche? -pregunté rascando mi cabeza, me encontraba descolocada y fuera de mí misma, de hecho, aún me encontraba mareada.

-¿Enserio no te acuerdas de nada? -preguntó el chico frente a mí, parecía tener unos veinticinco años cuando mucho, yo me quedaba más atrás con mis tristes veinte-. Anoche tú y yo tuvimos el mejor polvo de tu vida. -mencionó jactándose de la respuesta.

-No me vengas a decir eso... ¡No puede ser! -mencioné aterrorizada sin acordarme de nada-. ¿Has visto a Raquel? ¿Dónde está mi amiga? -pregunté. Necesito ir a una farmacia, dios santo, ¡Dime que nos protegimos!

-¿Por qué te afecta tanto eso? Tú misma dijiste que estabas cuidándote. -¿Qué yo qué? No dije eso, ¿O sí? No era posible que aquellas palabras hayan salido de mi boca.

-Dios no, no puede ser, mi anticonceptivo dejó de hacer efecto hace tres meses, ¡Por eso el preservativo! ¡Estaba tomada! ¡No creíste que tal vez mentía! No sé, no debías tener sexo conmigo. -dije casi gritándole.

-¿Por qué no? -preguntó con su cara de idiota y su sonrisa satisfactoria que estaba aprendiendo a odiar.

-Porque no te conozco... dios, ¡Ah, mi cabeza! ¿Dónde está mi ropa? -pregunté mirándolo cuando de pronto me entregó mi calzón de encaje negro.

-Lindo. -murmuró-. Te vez aún más tierna enojada. -comentó nuevamente-. Quiero saber, porqué tomabas cómo loca cuando te vi en allá abajo.

-Cachos. -dije secamente.

-¿Cachos? -preguntó curioso. Sonreí épicamente, la verdad, desde hace un par de meses ni siquiera sé que pasa conmigo o por mi cabeza, estoy haciendo todo lo que antes me aterrorizaba hacer y me encanta la sensación.

-Mi ex prometido me fue infiel con una de mis amigas, ¿Contento? Eso resume la escena de noche. -comenté sonriendo-. Ahora termina de darme toda mi ropa para irme de una vez. -agregue con algo de frustración y enojo.

-Espera, te acompaño. -dijo saliendo de la cama completamente desnudo, «Esos músculos mi amor...» mi mente estaba volando con la vista que ese chico me ofrecía-. Sabía que te había gustado la probada que te de anoche, pero no abuses. -mencionó, vaya arrogante.

Bajé las escaleras y encontré a Raquel casi en coma en el sillón, también estaba junto a un tipo solo con una sábana cubriendo su cuerpo, anoche habíamos roto todas las reglas y creo que me agradaba más esta nueva versión mía.

-¡Deja de seguirme! -dije apartándolo de mi lado.

-Déjame ir contigo, corresponde que yo sea quien pague la cuenta de la farmacia. -agregó provocando que mis mejillas enrojecieran.

-Qué caballerosidad. -mencioné sonriendo de lado, irónicamente. Dios, ¿Cómo pasó todo esto? -. ¿Cómo es que llegué a esto? -solté de pronto y no sé si él decidió hacerse el sordo o si en verdad no me oyó, el punto es que lo agradecí, pero que no estaba para más preguntas o para siquiera escuchar su voz.

Me quedé en silencio hasta que me hizo señales para que me subiera en su carro, llegamos a la farmacia más cercana y, sin bajarme del vehículo, esperé que ese extraño me comprase la pastilla del día después.

¡Bendita salvación! -pensé en ese momento. Supongo que tener un hijo con un completo desconocido no estaba en mis planes y tampoco en los de mis padres, aunque, pensándolo, tampoco estaba en sus planes la ruptura de mi compromiso con Dante.

El desconocido no se tardó mucho en volver, ingresó al auto con una sonrisa en el rostro, o la señorita de la farmacia estaba deseable o sigue pareciéndole graciosa la situación. Me cedió la pastilla e, incluida, una botella de agua desgasificada, por suerte. Sonreí mientras tomaba las mentadas cosas en mis manos y abría el sobre de la píldora. Bebí lo que más pude de agua y luego cerré el envase.

-Dime dónde está tu casa, te llevaré. -mencionó él con la vista fija en la carretera-. Vamos, dime.

-¡Ni loca te digo dónde vivo! -chillé en desaprobación, él llevó su mano a la cabeza igual que yo, parece que no era la única que había bebido después de todo.

-¿Por qué no? -preguntó de pronto, bajando un poco la velocidad y dirigiendo su mirada hasta la mía, provocando que todo mi cuerpo se estremeciera al caer en cuenta de que aquellos ojos color miel me observaban penetrantes, escurridizos, queriendo que bajase cada una de mis barreras, pero no, no lo conseguiría.

-¡Porque no te conozco! ¡Nunca en mi vida te he visto y tampoco sé si volveré a verte! No me arriesgaré a decirle a alguien donde vivo. -mencioné, pero él se lo tomó con mucha gracia, riéndose de mis palabras.

-Por favor, anoche tuvimos una noche llena de sexo, creo que nos conocemos bastante bien. -mencionó de pronto. «Es que no recuerdo ni mierda, me gustaría hacerlo, pero no recuerdo absolutamente nada».

-Te daré una dirección cercana a mi casa, pero ni sueñes que te diré exactamente el paradero. -agregué.

-Bien. -dijo volteando los ojos y viendo fijamente la carretera.

Cuando llegamos a la dirección que le había dado me dispuse a bajar del vehículo, pero no quería quitar el seguro, ¿Qué estaba pasando? ¿Era un asesino? ¿Tendría peor suerte que esa? La verdad, es que era bastante posible.

-Quiero que me mires y recuerdes mi rostro, Alexandra. -mencionó provocando que el solo hecho de que dijera mi nombre hiciera estremecer mi cuerpo a su antojo.

-¿Cómo sabes mi nombre? -pregunté curiosa.

Esperaba no recibir una respuesta estúpida o, al contrario, acertada.

-Me lo dijiste anoche, cuando nos presentamos, minutos antes de irnos a la cama y pasar aquella noche que seguramente no olvidaré. -mencionó en un tono ronco, sensual-. Alexandra, ese exnovio tuyo fue un imbécil en dejar ir a una mujer tan hermosa cómo tú, créeme, volverá arrepentido. -agregó.

¿Cómo decirle que deseaba que me dijera su nombre, para no sentirme tan mal después de lo que pasó?

-Creo que debo... creo que debo irme. -susurré con apenas un hilo de voz. ¿Qué estaba provocando este hombre en mí? «Fácil, estragos» mencionó mi subconsciente.

-Aún no. Quiero detallar tu angelical rostro un poco más, no lo comprendes, ¿Verdad? El hecho de que no me he separado de ti toda esta mañana significa algo. -susurró acercándose a mi oreja y luego a mis labios, mi cuerpo se sentía distinto, complicado.

-¿Qué cosa? -pregunté con cierto temor en mis palabras. De pronto el contacto de su piel con la mía me hacía estremecer y que un calor intenso se formase en mi vientre, ¿Qué pasaba?

Mi cuerpo recordaba sus caricias, sus manos recorriendo cada parte de mí, pero yo no podía hacerlo, ni siquiera una laguna, nada.

Él se quedó viéndome, sonriendo, de pronto su teléfono vibró y tuvo que apresurarse para marcharse.

-¿Nos volveremos a encontrar, Alexandra? -preguntó con ese tono de voz gruesa, cómo si el solo pronunciar mi nombre lo obligase a entonar distinto.

Me bajé rápidamente del vehículo y no contesté, sentí pánico, era guapo, bastante guapo, todo un adonis, por decirlo bajo, pero no podía con esto, no podía dejarme influenciar por él, no después de todo lo que terminé viviendo al lado de mi ex prometido.

Capítulo 2 Mi ex

Llegué a casa solo para darme una ducha y para volver a acostarme, sonreí sin poder evitarlo tan solo de pensar en las miles de cosas que pude haber echo anoche, pero por más que intentaba mi mente se encontraba bloqueada, ¿Sería el alcohol? ¿La culpa? No lo sabía y eso, en cierto punto me frustraba por eso.

-¿Alexandra? -mencionó mi madre del otro lado de la puerta-. ¿A qué hora has llegado cariño? -preguntó nuevamente.

-Hola, si madre. Bueno... me ha venido a dejar Raquel en su carro, llegué temprano cómo dijiste que hoy era un día importante. -mencioné tratando de esconder el nerviosismo que sentía.

¿Será que se ha dado cuenta de la verdad?

-¿La pijamada estuvo bien? Te noto algo extraña. -comentó ella.

-Si madre, todo bien, es que nos hemos dormido un poco tarde y aún tengo algo de sueño. -respondí fingiendo un bostezo, salí del baño y ella comenzó a acercarse a mí, seguramente buscaba algún rastro de alcohol, mi ropa se encontraba en el baño toda mojada, así que no habría problema.

-Está bien. -mencionó ella enseñándome una sonrisa de esas que te dejan un sabor amargo, no sabes si conseguiste la victoria o si, al contrario, debes prepararte para enfrentar las consecuencias de mentir. Sin esperármelo besó mi frente-. Sabes que confiamos en ti, cariño, solo no nos decepciones. -agregó.

La culpa comenzó a invadirme lentamente, ¡Me había acostado con un desconocido! Y aunque eso sonase mal, ¡Tampoco recordaba lo que habíamos hecho! Que era el doble de peor que lo primero, si bien era culpable de los hechos, no los recordaba y no podría siquiera saber si lo había disfrutado.

Mi madre bajó hasta el comedor donde esperaba mi padre para que desayunásemos en familia, me vestí con un suéter y un jeans oscuro, nada llamativo, pero sí de mi gusto, al menos para estar en casa, dejé caer mi melena castaña y me miré en el espejo una vez más, los ojos color miel de ese hombre seguían frescos en mi mente, sonreí inconscientemente.

-¿Cómo te llamas, extraño? -susurré, aun mirando mi reflejo. Sentía su mirada sobre mí, cómo un lobo a punto de saltar sobre su presa.

Cerré los ojos por un instante y sentí un escalofrío recorrer mi espalda, tal vez mi cuerpo intentaba decirme lo que había pasado, el camino de sus manos recorriendo cada centímetro de piel, aquellos labios perfectos besando en mis zonas sensibles, pero no... no podía estar segura de ello.

Me lavé los dientes y bajé a desayunar junto a mis padres, mi cabeza aún dolía así que tomé algo para aliviar mi pesar, sonreí al encontrarme con mi padre, él era muy comprensivo cuando se trataba de ciertos temas. Hace tres meses que había dejado a mi exnovio, Dante, él me había sido infiel, pero bueno, no le tengo odio, gracias a él aprendí muchas cosas, entre ellas, a no confiar en cualquier persona y que merezco todo lo que doy, no debo conformarme con las migajas que me entregan.

Sin embargo, sabía lo importante que era para mis padres aquella unión y sin importar la confianza que nos tuviésemos, no encontraba la manera ni el lugar para comentarles la situación. Tampoco es que Dante anduviese por ahí fingiendo que aún somos novios, pero era complicado.

-¿Cómo estás, querida? -preguntó papá mirándome directamente, hoy todo se encontraba en perfecto orden y armonía.

-Bien, gracias, ¿Y usted? -pregunté con respeto y cordialidad, tal cómo me habían enseñado.

-Bien. Tú madre estaba por comentarme que era eso tan importante que ha planeado para hoy, de verdad ha sido un misterio para todos. -agregó mi padre, me senté en la mesa, en medio de una sonrisa-. Y bueno, mujer, cuéntanos, ¿Cuál era esa sorpresa que tenías preparada para nosotros? -preguntó mi padre.

-Bueno... últimamente veo a Alexandra muy alejada de Dante y pues... ellos están comprometidos en matrimonio, ahora deberían estar terminando los preparativos de la boda. -comentó ella provocando que casi me quedara sin oxígeno al tragar tan abruptamente el vaso de jugo que me habían servido.

-¿Los padres de Dante no les han mencionado nada? -pregunté de pronto tratando, de alguna manera, frenar la dirección en la que estaba yendo mi madre.

-¿Qué deberían decirnos? ¡Están igual de emocionados que nosotros de esta unión! Es lo que hemos soñado para ustedes toda una vida. -comentó mi madre. Mi padre se quedó algunos minutos en silencio, tal vez intuía algo-. Es por lo que Dante y sus padres vendrán hoy a casa, almorzarán y pasarán toda la tarde aquí. -agregó con emoción.

-¿Qué? ¡No puede ser verdad! -dije levantándome abruptamente de la mesa-. ¡Dante no me puede estar haciendo esto! -chillé y salí corriendo a mi habitación, necesitaba tranquilizarme, necesitaba pensar y, sobre todo, necesitaba que Dante apareciera y me dijese que es lo que estaba pasando y por qué no le había dicho nada a sus padres sobre el quiebre de nuestra relación y cancelación de nuestra boda.

Horas después.

Esperaba ansiosa la llegada de Dante, no porque lo extrañase o quisiese verlo, sino que quería ver las caras de sus padres cuando se enterasen de que nuestra boda había sido suspendida y cancelada por completo, porque no, él y yo no podríamos estar jamás juntos, todo el tiempo que estuve a su lado fue tiempo perdido.

-¡Alexandra! Llegaron tus futuros suegros, cariño. -mencionó mi madre con esa voz chillona que ponía cada vez que se emocionaba, ¿Será que me escucho igual? Dios, pobre de mis padres.

-Voy en un segundo. -mencioné cerrando la puerta de mi habitación, había cambiado mi ropa, opté por un vestido color perla con un cinturón en mi cintura y unas zapatillas altas para no verme tan formal, después de todo, ya no estábamos para formalidades.

-Te vez hermosa, cariño. -dijo la madre de Dante, sonreí tiernamente y la saludé, lo mismo con su padre-. Cuéntame, mi niña, ¿Han hablado con Dante de los hijos o se esperarán hasta que ambos hayan terminado la universidad? -preguntó su madre y, con el mismo efecto que tuve esta mañana, casi termino expulsando todo el jugo de mi boca, ¿Hijos? ¿En verdad? ¡Había tomado una maldita píldora para no quedar embarazada hace un par de horas nada más! -. Mira, ahí está Dante.

-Alexandra... yo... -mencionó él. Le di una mirada asesina y luego sonreí.

-Creo que Dante y yo tenemos que hablar sobre un asunto, en privado. -dije levantándome con la mejor de mis caras y tomando la mano del chico que se encontraba frente a mí salí corriendo de la habitación-. ¡Qué demonios te pasa! Dijiste que te encargarías de decirle a todos porqué nos separamos. -agregué.

-No puedo decirles a mis padres, necesito que tú rompas el matrimonio. Por favor, Alexandra, vivimos muy buenos momentos, ¿Podrías hacerlo? ¿Cómo un favor para mí? -mencionó haciéndome puchero. Lo miré varios minutos y luego comencé a flaquear.

-Está bien, yo terminaré con todo esto y guardaré tu secreto, pero Dante, me deberás una enorme. -mencioné sonriendo y abrazando al chico, no era malo, simplemente su relación conmigo era más teatro de nuestros padres que nuestro.

-Me alegra que podamos seguir siendo amigos, Alex, de verdad no quería que te sintieras incomoda con mi presencia. -mencionó de pronto.

-Amigos, amigos, no, Dante. No me siento para nada contenta de que mi rival haya sido un chico, ¿Qué pensaría la gente? Y no lo digo por tu preferencia sexual, simplemente lo digo por todos los años que pasamos juntos, ¡Desde los quince nuestros padres soñaban con nuestra boda!

-Lo sé y entiendo lo que me quieres decir, entiendo que nunca fui sincero contigo ni conmigo mismo, pero necesito que me apoyes ahora, Alexandra, mis padres jamás lo entenderán. -mencionó Dante, y tenía razón, sus padres son incluso más cerrados de mente que los míos.

Capítulo 3 En la universidad

Después de la intensa charla entre mis padres y los de Dante, quedamos en un acuerdo dónde Dante y yo nos dábamos unos meses para poder pensar las cosas, que quizás nos habíamos apresurado mucho con esto de la boda y, efectivamente, después de que pasasen esos meses si la decisión seguía siendo la misma, ellos lo respetarían.

-Buenos días, Alexandra. El sábado no pude encontrarte. -mencionó mi amiga Raquel, acercándose lentamente a mí.

-Pues yo sí que te encontré al salir de casa. -dije insinuando lo que había hecho, intenté sonreír de manera que se diese cuenta de que descubrí su acción y luego la miré de manera burlona-. ¿Qué estabas pensando cuando me dejaste ir con ese desconocido? -pregunté sonriendo y golpeándola despacio en su hombro.

-¿De qué desconocido hablas? -preguntó ella-. Todo el que estaba allí era conocido para ambas. -agregó esbozando una sonrisa y encogiéndose de hombros. Sí claro, cómo si no te conociese ya, querida amiga.

-No, Raquel. Había un chico... amanecí con él y ni siquiera recuerdo su nombre. -mencioné cambiando mi semblante a uno más serio, ella comprendió de inmediato.

-¿No recuerdas nada? -preguntó nuevamente algo impresionada-. No te creo. -dijo de manera burlona.

-No me atreví a preguntarle su nombre porque dijo que durante la noche se había presentado... -mencioné-. Era tan misterioso... me llevó a comprar la píldora y luego a mi casa, estuve todo el bendito día tratando de recordar lo que había pasado, pero no pude lograrlo. -agregué sin quitar mi semblante serio.

Ambas caminamos hacia nuestro salón y allí nos sentamos, tocaba clase de economía, la cual también compartía con Dante, las primeras semanas de nuestra ruptura fueron enserio tensas, el ambiente era capaz de sentirse dentro del aula y eso solo provocaba que todos nos encontrásemos incomodos.

Lo miré y él sonrió con dulzura, sabía que se encontraba en deuda conmigo luego de que yo tuviese que romper con el compromiso, al menos cómo pantalla frente a sus padres y los míos, no quería averiguar lo que pasaría si llegasen a enterarse del verdadero motivo de nuestra ruptura, pero es algo que Dante tarde o temprano tendrá que afrontar.

Salimos de economía solo para correr a la siguiente clase, gestión financiera, Raquel, Dante y yo estábamos estudiando administración de empresas, por lo que desde primer año asistíamos a todas las clases juntos, mi amiga y mi exnovio no se llevaban para nada bien desde que nos conocemos, pero habían hecho el intento de subsistir juntos por mí. Ahora que él y yo estábamos separados no se amedrentaban en demostrar lo mal que se llevaban el uno con el otro.

Mi mente se concentró en aquel chico con el que amanecí hace un par de días, ¿Quién eres? ¿Quién será ese misterioso extraño con el cual amanecí? ¿Recordaré todo lo que hicimos o simplemente me quedaré con su mirada grabada sobre mí?

-Me tengo que ir más temprano, Alexandra. -mencionó Raquel, asentí y enseguida supe cuál era su emergencia. A veces la envidio, pero de buena fe, me gustaría sentirme tan libre de hacer con mi vida lo que me plazca, pero me atemoriza también.

-Está bien, te paso los apuntes luego. -comenté esbozando una tenue sonrisa que fue correspondida.

-Nos vemos, querida. -dijo ella despidiéndose con un beso en la mejilla. La seguí con la mirada hasta la salida, pude percatarme que alguien la esperaba en una moto, seguramente se trataba del mismo chico del sábado, me imaginé las locuras que mi amiga estaba por cometer y quizás, deseando también poder hacerlas en algún momento.

Solo quedaba una clase, tres horas agotadoras en las que no hacíamos más que escuchar y tratar de tomar apuntes de lo que fuese que el maestro dijese. Al salir me encontré con Dante y con Ignacio en un rincón, mi vista se intentó nublar apenas los vi besándose, sí, aún me afectaba verlos juntos.

-¡Alexandra, espera! -gritó Dante detrás de mí, pero no hice caso, solo traté de escapar lo más rápido posible de la facultad.

¿Me encontraba un poco más tranquila? No, definitivamente no. Mi mundo se venía en pedazos, Dante había arruinado mi estabilidad emocional con aquel maldito juego de nunca decirme la verdad, aun así, no era capaz de odiarlo.

A lo lejos lo vi, el desconocido estaba allí, en una moto, él también me vio y caminó unos pasos al frente, ¿Me estaba buscando? Caminé más rápido en su dirección, cuando estaba a una distancia prudente intenté hablar, pero el nudo en mi garganta no me dejó hacerlo, por su mirada sobre mis ojos comprendí que se había dado cuenta de que algo estaba afectándome.

-¿Qué sucedió, Alexandra? -dijo con aquel tono de voz cargado en sensualidad-. ¿Alguien te lastimó? ¡Dime, Alexandra! ¡Dime si alguien intentó lastimarte y barreré todas las calles de aquí hasta encontrarlo! -agregó con un tono de voz bruto, enojado, esta vez no estaba intentando acercárseme, estaba tratando de cuidar de mí.

Solo lo abracé y esperé... esperé a que él también decidiese abrazarme, pero no lo hizo, simplemente esperó a que yo me encontrase lo suficientemente calmada para sacarme de aquel sitio.

-Sácame de aquí, por favor. -susurré aún con el nudo en mi garganta y con estas ganas de llorar que no podía controlar.

-¿Dónde quieres que te lleve? -preguntó mirándome directamente a los ojos, su ceño fruncido lo hacía ver más guapo y varonil que la primera vez que lo conocí.

-A mi ca... -no terminé la frase, ¿En realidad quería ir a mi casa? ¿Dónde seguramente me tocaría hablar de Dante y porqué había decidido suspender el maldito compromiso que a final de cuentas siempre fue una farsa, pero que ellos no tenían ni idea? No, no lo quería-. Quiero desaparecer por algunas horas al menos. -terminé de decir.

El cielo despejado se había mantenido durante todo el día, pero ahora, las nubes negras habían tomado su lugar en él, ¿Llovería? ¿Será que el clima sabe cómo me siento y trata de que todas las personas se sientan melancólicas en un intento de decirme que todo estará bien, que los días malos son parte de la vida? Me gustaría, pero es algo que solamente a mí se me podría ocurrir.

Iba sujeta a la cintura de ese desconocido del cual no recuerdo el nombre, supongo que se quedaría así, hasta que decidiese decírmelo de nuevo, sonreí por ese pensamiento, una sonrisa leve, con ojos de pena y mirada lejana, ¡Cómo no recuerdo el nombre de una persona con la que tuve intimidad! Estoy mal de la cabeza y no me afectaba para nada admitirlo.

El frío de la carretera de pronto se hacía cálido, es cómo si este hombre que estaba pegado a mí se encargase de reponer todo el calor que perdía con el choque del aire directamente en mi cuerpo.

Aparcamos en un callejón extraño y de muy mala pinta, miré extrañada a mi acompañante y él solo sonrió de manera burlona y miró al frente, vaya... un motel. Enarqué una ceja y él se puso a carcajear con mi gesto.

-Tranquila, no te llevaría a un sitio cualquiera cómo ese. -mencionó, esta vez con un tono de voz serio.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022