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Las vueltas del destino

Las vueltas del destino

Autor: : Ornella Carey
Género: Romance
«Una casualidad, una gran mentira y un trato con el diablo». Dante Galli, el diávolo, es el más letal Caporegime de la Cosa Nostra, una de las mafias italianas más antiguas del mundo. Como hijo del difunto Don, se crio bajo la promesa de vengar la muerte de sus padres y reivindicar su apellido. Por ello se volvió un ser frío, cruel y sin escrúpulos, uno que no le tiembla el pulso para obtener lo que desea. Alissa Dane es una joven mujer que la vida ha tratado duro al crecer bajo el sistema de acogida y encontrarse con que era huérfana. Se ha superado día tras día y con un cerebro bendecido, y mucho esfuerzo, logró convertirse en médico y, ahora, recién graduada, decide ayudar a personas de escasos recursos, por lo que trabaja en una clínica popular auspiciada por donaciones. Ambos se cruzarán en una noche inesperada, chocarán y no imaginarán que las vueltas del destino les tenían preparada una trampa en el que sus caminos se volverían uno lleno de retos. No imaginaron que eran el sino del otro.

Capítulo 1 Dante

Ver la foto de mi madre era un recordatorio de cómo la vida cambia en un segundo.

Ser un capitán, un Caporegime, de la mafia no era lo que pensaba ser desde niño, según la tradición y lo que se me inculcó, mi futuro sería dirigir la Cosa Nostra en todo el territorio americano, pero un atentado destruyó todo lo que alguna vez imaginé para mí.

En un soplido que me dejó sin más.

Alguien ordenó atacar la caravana de autos en los que mi familia se trasladaba fuera de la ciudad para ir a una boda de uno de los capitanes de mi padre. Era apenas un niño de diez años, uno que había comido demasiados dulces en Halloween como para que le diese dolor de barriga, se sintiese terriblemente mal y se quedase en la cama al cuidado de su sorellina, su niñera, mientras sus padres se veían obligados a cumplir con los compromisos por el rol de Don, de capo, que tenía establecido el jefe de mi familia. Él tenía que avalar la unión sí o sí.

Esa noche me dejó huérfano y despertó el deseo de venganza.

Al diablo se fueron las implicaciones de mi futuro, lo único que quería era sangre, así que cuando mi tío, el sottocapo de mi padre, su mano derecha militar y el subjefe de la familia, tomó el poder y me metió en sus filas, decidí convertirme en una máquina de matar, en un artilugio capaz de hacer caer a cualquiera, en un asesino desalmado que todos debían temer.

Dejé la foto de la única mujer que me dio cariño sincero sobre la repisa de mi espacio sagrado y le di un trago hondo a la botella de bourbon que tenía en la otra mano. Suspiré cansado, harto de que se me limitase la información relacionada con lo que ocurrió ese día de la boda. Así que cerré la puerta del sótano de mi edificio, y fui directo a la parte superior en donde se encontraba mi espacio, uno que no pisaban los hombres a mi mando.

Lo que era lo más inteligente que podían hacer si no querían una bala entre ceja y ceja.

Fui directo a mi habitación y puse la botella sobre la mesita de noche, listo para intentar dormir en la comodidad de mi cama cuando mi teléfono seguro, ese que usaba para la comunicación esencial y confidencial, sonó.

Era mi capo desde Nueva York, y a esa hora, no era nada bueno.

-¿Qué sucede? -pregunté directo al punto.

-Tenemos un serio y grave problema, uno que necesito que resuelvas cuanto antes, Dante, el beso de la muerte llegará para uno de los nuestros -indicó con su voz más desesperada, una que muy poco le escuchaba, solo cuando estaba al borde de perdón su temperamento, lo que decía mucho de un hombre ecuánime como él-. Necesito tus habilidades de ejecutor, así como una búsqueda limpia de unos documentos incriminatorios. Tenemos un traidor...

La palabra retumbó con fuerza en mi cerebro, a tal punto que apreté los puños, listo para la acción. Me encantaba deshacerme de los que nos traicionaban.

-¿Quién es?

-Es uno de los contadores que mi Consigliere usaba, un cassetto que tiene todos los datos sobre movimientos que, de salir a la luz, terminarían siendo una bomba de tiempo para la organización. En estos se habla de todos nuestros negocios, y cuando digo todo Dante, son todos los que tenemos en la costa Este, el territorio que dominamos -explicó y entendí de dónde venía el desquicio velado en su tono de voz: nada podía caer en malas malos ni por error.

Un hombre moriría esa noche, no cabía duda.

-Dame toda la información, me haré cargo de inmediato.

-Tienes que recuperar los documentos, Dante, son vitales, son muy importantes para todos nosotros... Y mantén la discreción, no seas tan gráfico -ordenó.

-Lo haré.

Colgué y fui directo a ponerme algo práctico y cómodo; para cuando me puse mis zapatos deportivos negros, mi capo había enviado toda la información sobre el hombre: fotografías, automóvil, edad, sitios que frecuentaba, así como la dirección, familiares con los que viví y distribución del sitio. Un resumen que me tomé unos minutos de analizar, grabar y desentrañar. Lo más notoria era que el traidor vivía en mi zona, en Nueva Jersey, lo que hacía que todo fuese un asunto mucho más ligado para que impartiese justicia con creces.

Cuando salí de mi área privada para caminar hacia el pasaje que me llevaba directo al centro de operaciones y casino en el que congregaba a mis hombres, fui directo para hablar con Dominico, mi soldato de confianza.

-Tengo que hacer algo -le dije y giró de verme inmediatamente, el hombre era un poco más alto que yo, con una gran cicatriz en la ceja y de aspecto intimidante, no obstante, era un perfecto soldato y capodecina que cualquiera en el submundo desearía tener-. Activa el protocolo de misiones, y encárgate por unas horas de todo.

-¿No necesita ayuda señor? -preguntó sin miedo.

-Es algo que tengo que resolver yo mismo, así que haz lo que te ordeno y si tienes que tirar las correas de alguien para que se comporten, hazlo. Eres mi ojos y oídos, así que tienes que estar pendiente de tu teléfono en caso de que algo pase -le indiqué y asintió con seriedad-. Tomaré tu moto.

No me gustaba perder el tiempo con nadie.

Por eso fui directo a la motocicleta que resultaba ser rápida, silenciosa y un método de escape rápido. La encendí, revisé que todo estuviese en marcha y miré la dirección que mi tío envió por mensaje. Quedaba en una zona residencial privada al norte de la ciudad. Me puse un pasamontaña debajo del casco, abrí las compuertas, luego salí con calma, enfocado en la misión que tenía por delante, así que no duré más de la media hora recorriendo las calles.

Llegué y estudié un poco la zona, había cinco vigilantes rodeando todo, tenían cámaras, sin embargo, había huecos en el paredón que podía soltar porque eran vista ciega. Así que dejé la moto cerca, me monté y me ubiqué mirando la facha de las casas, la del hombre debía estar en la siguiente calle, por lo que me acomodé para ir saltando de techo en techo. En menos de lo que pude ya estaba encima de la propiedad.

Sonreí porque mi suerte fue la mejor del mundo: había atrapado al hombre en su jardín trasero, hablaba por teléfono con mucha concentración.

Con ello, fue fácil colarme dentro, busqué cámaras en la zona, y al no sonar ninguna alarma, asumí que habían desactivado el sistema de seguridad. Caminé por las habitaciones, verifiqué que la esposa estaba dormida y los niños no se encontraban, por lo que supuse que estaban fuera de casa. Me cercioré dos veces antes de sacar mi arma, le coloqué un silenciador y caminé directo al jardín.

-No, te estoy diciendo que es algo grande, algo inesperado, algo que, si lo vendo al mejor postor, no solo tendría el dinero para huir lejos de aquí -dijo el hombre regordete con una calva graciosa.

Era un traidor de primera, uno que me daría placer matar con rapidez.

Por eso me acerqué con sigilo, con mucho cuidado, y le coloqué el arma en la cabeza, lo que hizo que se girase para verme. Dejó la conversación a la mitad, no gritó, se volvió pálido, tanto como para quitarle con facilidad el móvil y guardarlo dentro de uno de los bolsillos escondidos de mi chaqueta de cuero.

-¿Qué pensaba vender uno de los cassettos de la Cosa Nostra? -pregunté con mordacidad.

Su respiración se hizo rápida con facilidad y vi cómo el muy miserable mojaba los pantalones ante mí. Sería tan fácil romperlo, que sonreí detrás del casco.

-Nada... -dijo temblando.

-Nuestra omertá no es en vano, y el código de silencio tampoco, entonces dime, ¿qué pensabas hacer cassetto? ¿Venderías todo para huir de algo que aceptaste para toda la vida? explícame porque nuestro Capo di tutti capi te ha dado el beso de la muerte...

-No puede ser -se arrodilló y comenzó a llorar-, yo no he traicionado a nadie, no...

Negué.

-No soy sordo, mucho menos estúpido, dame los papeles que le robaste al Consigliere, demuéstrame que no le hiciste copias, que no hay más evidencia... Si despiertas a tu mujer o haces un paso en falso, me lo voy a tomar como una vendetta -le dije y eso lo hizo controlarse lo suficiente como para levantarse.

Caminamos hasta su estudio, ahí, quitó un cuadro de la pared del fondo que ocultaba la caja fuerte, sacó unas carpetas las cuales revisé y en efecto, tenían información de balances de los negocios, cuentas en el extranjero, billeteras digitales para lavar a través de criptoactivos y más.

Esas carpetas, las que parecían ser originales, las coloqué dentro del doble fondo de la chaqueta, luego lo hice revisar el espacio, colocar todos los papeles dentro de un envase de metal que tenía como papelera, así como su computadora luego de destruirla sin problemas con todos los dispositivos USB que encontré. Con una botella de whisky, encendí eso y antes de que se lo viera venir, le prendí fuego, luego le disparé tres veces en la cabeza.

Todas ellas con una precisión impresionante.

Cuando me giré para seguir revisando e irme, la llama de la papelera se hizo más fuerte y desconecté el sistema de alarma contra incendios. No preví que la esposa entrase y me viese, le disparé en la cabeza de inmediato. De todas formas, no pensaba dejarla viva, mi intención era hacer pasar todo como un robo, uno que salió mal, pero ya en ese punto me daba igual. Tomé las fotos del cadáver para hacerlas un ejemplo en la organización y me cercioré de que no quedase rastro de mí.

Salí directo a montarme en la motocicleta cuando vi un auto que estaba cerca. Me pareció extraño, como otro que se acercó sigilosamente por el frente. Me subí en mi transporte, y cuando arranqué, ambos comenzaron a seguirme, por lo que tomé una ruta alterna, me interné en una calle estrecha, y ellos dispararon sin cesar. Sentí como el ardor me atravesó el hombro de una forma que me sacó de foco, seguí corriendo por la tensión, por la adrenalina hasta que uno de los autos me interceptó y me golpeó desde atrás, haciendo que me lanzase hacia un camino cerrado.

El impacto fue tal que solté la moto y me estrellé contra el pavimiento.

Por un segundo todo me desorientó, luego, tal vez debido a la misma sensación de querer huir de ahí, caminé, así como pude, con el ardor a fuego lento. Tuve que ser inteligente, me saqué el casco y lancé hacia un contenedor de basura para distraerlos, luego me oculté como pude en un callejón unas calles más abajo. Ahí me senté un momento para respiras, me quité el pasamontaña porque me ahogaba y luego intenté comprobar mi teléfono para pedir refuerzos, pero quedó hecho un desastre cuando caí sobre la acera, así que lo último que hice fue apretar el botón de emergencias para que Dominico lo resolviera.

Maldije con fuerza cuando sentí que mis fuerzas se iban.

Algo no estaba bien.

Lo que no preví, fue que abrirían la puerta en la que me había recostado en ese callejón.

-¡Dios! ¿Estás bien? -preguntó con una dulce voz de una mujer.

Al levantar la cabeza me di cuenta de que parecía un mismísimo ángel bajado del cielo.

Era una diosa, con su piel de porcelana, el cabello castaño rojizo y los ojos azules más impactantes que hubiese visto en mi vida. Su rostro me dejó un poco aturdido, tan aturdido que cuando quedé inconsciente por la pérdida de sangre, solo pensé en ella.

Capítulo 2 Dante

Desperté de lo que pareció ser el sueño más largo de mi maldita vida, uno en el que un par de ojos azules me habían hipnotizado por completo, a un punto en el que ni yo mismo podía comprenderlo. No obstante, lo que sí podía admitir es que no supe cómo terminé sobre una cama de lo que parecía una clínica, en nada más que mis pantalones.

Parecía un mal chiste, pero cuando mi cuerpo comenzó a avivarse del todo, me di cuenta de que tenía una sensación de malestar tremenda en el hombro, así como una especie de aturdimiento del que iba despertando poco a poco y fue cuando todo lo que había ocurrido vino a mí con rapidez.

Me intentaron matar luego de que yo matase al maldito cassetto, lo que no era nada nuevo, sin embargo, sí era algo de gran sospecha para mí por la maldita y sencilla razón de que era una operación limpia, una que pocos debían saber, lo que indicaba que no podía estar viciada.

Me negaba a que así lo fuese, por lo que tenía que resolver el maldito asunto.

Sin más, me intenté levantar para darme cuenta de que tenía el hombro y pecho vendado, lo que me hizo gruñir de rabia porque alguien sí me había lastimado al final de cuentas, a esas heridas le sumaba una vía en mi mano, y unos cables pegados a mi cuerpo, de forma tal que enviaban señales a aparatos de médicos para monitoreo del corazón.

Eran mi maldita pesadilla hecha carne.

-Vaya, estás despierto...

La voz me hizo girar la cabeza y me di cuenta de que mi visión de ensueño era real, tan real que tuve una especie de shock ante semejante ejemplar de mujer. Tenía un magnetismo que poco se veía, además de que su voz era muy vivaz y hermosa.

¿de dónde demonios había salido ella?

Al hacer una pausa, y recomponer la calma, me di cuenta de que se veía cansada, pero aun así era una delicia a la vista, una que no solo me tenía contra las cuerdas, sino que me hizo desearla por completo.

Era como si un maldito calor abrasador me estuviese consumiendo y yo jamás había reaccionado así a una mujer. Las putas con las que me acostaban no me generaban ese nivel de interés que ella.

Era interesante...

-Lamento molestarte, sé que debes estar aturdido -dijo con una sonrisa trémula que la hizo ver muchísimo más hermosa de lo que ya era-. Soy Alissa, trabajo como médico de guardia en el nuevo centro integral comunitario Weston, en donde nos encontramos. Te quedaste en una de las puertas laterales, te encontrabas herido, quedaste inconsciente y como pude te traje aquí, te atendí y cuidé de tus heridas. Perdiste mucha sangre, pero estarás bien si descansas. Tienes que reponerte...

Sus palabras, su información, fue pasado directamente al olvido, solo estaba la visión dulce de ella debajo de ese uniforme vinotinto que resaltaba su cuerpo formado, con curvas en los lugares correcto. Ella se veía impecable, como una ninfa capaz de adueñarse de los corazones mortales, ahí me di cuenta de algo que no pasaría por nada del mundo.

Ella tenía que ser mía, solo mía.

Capítulo 3 Alissa

La vida te dará una gran sorpresa y conocerás al amor de tu vida de formas insospechadas.

Sonreí por esa frase tan específicamente espeluznante del horóscopo al que mi mejor amiga, Beck, me había inscrito. Era un juego que ambas teníamos para reírnos cuando no nos sucediese alguna situación, y esa, era por demás absurda en más de un sentido, así que apagué la pantalla de mi celular y terminé de llenar el papeleo mientras transcurría mi tiempo en el centro clínico popular Weston.

-¿Estarás bien de guardia sola esta noche? Es extraño que el doctor no pudiese quedarse a hacerle compañía-indicó Preston, uno de los enfermeros que hacía turnos en el centro.

-Sí, ve, cerraré todo, Costa tuvo un contratiempo, por lo que no hay problema. Yo me quedaré pendiente de alguna emergencia, así que tú tranquilo, estaré bien sola, no creo que venga nadie ahora, no hasta la inauguración -le contesté con una sonrisa y me miró preocupado.

-Si algo he aprendido, es que no podemos decir eso, así que solo avisa si te encuentras saturada... No puedo creer que los representantes todavía no definan los nuevos puestos y rotaciones, de ser así, estaremos trabajando con los dientes -espetó y su teléfono sonó.

Seguramente debía ser su esposa, así que lo insté a que se marchase.

-Ve, estaré bien, somos nuevos en la zona y la gente todavía no entiende cómo funciona esto, ve, no es la primera noche que quedo sola aquí, o bueno, con el vigilante externo -le dije para que se relajase.

Eso lo hizo fruncir más el ceño, luego contestó el teléfono y siguió su camino, lo que me hizo suspirar con calma.

Terminar en el centro clínico popular para ofrecer consultas a personas de escasos recursos, atender alguna que otra emergencia médica relevante que no fuese extremadamente crítica, de cuidados intensivos o fatal -ya que todavía faltaba por acondicionar el centro-, no era el sueño que tenía de salvar vidas como me la salvaron a mí.

Sin embargo, estaba contenta con el hecho de que estaba haciendo algo bueno, algo que de algún modo me llenaba y de lo que estaba muy orgullosa. Sería uno de los médicos que lo inaugurarían, lo que era especial para mí.

Había nacido en el sistema de acogida luego de que me dejaran abandonada frente a las escaleras del orfanato donde crecí cuando apenas tenía días de nacida. Los médicos me salvaron la vida al detectar una falla cardiaca, y así fue como me convertí en una niña más que se convirtió en una huérfana de la vida. En ese hospicio en el que crecí, conocí a la única persona en el mundo en la que confiaba, la que me alentó a aceptar las becas que me dieron la oportunidad de titularme como médico por lo que no me sorprendió que me escribiera.

Beck:

Según eso, te vas a enamorar, tontita, así que cuando te llegue el príncipe azul, avísame para hacerte el vestido de novia más fabuloso del mundo.

Ella desde que salió de la preparatoria comenzó a trabajar en un taller de diseño y costura, uno en el que creaban vestidos de ensueño. Siempre hablaba con ella sobre mis gustos, sobre las cosas que quería usar, lo que deseaba vestir. Por lo que sonreí al imaginarme en un vestido de princesa, caminando el pasillo con una sonrisa y un hombre que me ame esperándome de otro lado.

Era lindo, pero no era realista.

La vida me había enseñado a no confiar, a no creer en las ilusiones porque la burbuja explotaba de forma tal que el mundo hacía las cosas mucho más difíciles. Por eso, me sacudí los pensamientos, y decidí estirar un poco las piernas, dar un recorrido antes de sentarme con el papeleo.

Nunca, ni en mis sueños más locos preví que al cruzar hacia el lado oeste que daba a un callejón, viese a un hombre recostado en una de las puertas de vidrio que estaban selladas. Algo me pareció llamativo, y pensé que podía ser una persona sin hogar, alguien que necesitase ayuda, cuando me acerqué, me di cuenta de que era un hombre joven y que la sangre manchaba el vidrio.

Por eso no dudé en abrir la puerta, cuando lo hice, el hombre levantó la cabeza y me di cuenta de que estaba mal, tenía una herida en el hombro y podía estar en shock.

-¡Dios! ¿Estás bien? -pregunté con preocupación para ver si me podía alguna información.

No hubo nada, solo me vio de una manera en la que sentí que mi cuerpo tembló, de una forma que me aceleró el corazón antes de caer inconsciente. Eso me puso en modo emergencia, en piloto automático, corrí a busca una de las camas que bajaban, con algo de astucia lo subí a ella, ya que era un hombre pesado, alto y bien constituido. Una vez subido, corrí directo al área de quirófano ambulatorio, en donde me coloqué guantes, dispuse de todo, puse las luces y me di a la tarea de acomodarlo.

Ahí lo desvestí como pude, le saqué la chaqueta, así como rompí su camiseta y los dejé a un lado, me di cuenta enseguida que tenía un impacto de bala con orificio de salida, pero había tocado algunos vasos sanguíneos que lo hicieron perder sangre suficiente como para perder suficiente sangre.

Tenía que cerrar de inmediato.

Podía hacer un trabajo con lo que tenía, pero lo ideal era enviarlo a una sala de emergencia, que era seguro que lo metiese en más problemas. Revisé y con ayuda del equipo de rayos X me cercioré de que no hubiese daño óseo en alguna otra zona, lo conecté para tener una idea de su ritmo cardiaco, revisé su saturación, así como todos sus signos vitales.

Coloqué anestesia local y esperé a que el desmayo fuese lo suficientemente grande como para que no sintiese un dolor inmenso. Se lo cocí, cuidando de revisar los vasos dañados, los reparé dentro de lo posible, lo que hizo que se estabilizase. Luego suministré solución Ringer para reponer el volumen de líquidos perdidos. Cuando pasó una hora, y vi que estaba estable, que lo que necesitaba era descanso, pude suspirar con fuerza.

No me había detenido a reparar en quien era, la verdad, el trabajo médico hacía que actuásemos de inmediato, lo suficientemente rápido como para que obviásemos los detalles hasta después de atenderlos, pero mi deber era que debía reportar al hombre de inmediato. Sin embargo, una parte de mí no quiso lidiar con todo lo que eso implicaba administrativamente, solo me quedé ahí, sin revisar sus cosas hasta que fuese consciente como para que se marchase.

Si algo había aprendido de estar en un hospicio, de pasar tiempo en la calle, era a no hacer preguntar y la finalidad del centro comunitario, era ayudar, no informar de cosas cuando no sabía todo el contexto. A veces, era bueno esperar para no juzgar, cuestionar o criticar a alguien cuando no sabíamos qué lo había llevado hasta cuál o tal punto.

Lo único que hice luego de ver que podría estar bien, era detallarlo: era un hombre guapo, alto, musculoso que denotaba que se ejercitaba, así como tenía tatuajes por doquier, tintas con un lenguaje que yo desconocía, pero que me sonaban al italiano. No sabía nada de lo que esos símbolos podían significar, así que miré su rostro, uno de facciones angulosas, unos labios que eran gruesos y un cabello castaño que parecía sedoso.

«Tal vez es lo que mencionó el horóscopo» dijo una voz en el fondo de mi mente.

Sacudí mi cabeza de inmediato, tenía que sacarme ideas tontas de la cabeza, tal vez lo que necesitaba era dormir. No era la primera vez que atendía a un hombre guapo, pero sí a un hombre que parecía ser problemático, eso no estaba en mi menú de opciones para elegir.

Los hombres como él, con heridas de bala en el hombre, no solo eran un caso, sino que resultaban ser un desastre que lastimaban corazones.

Busqué mi Kindle para leer algo mientras lo controlaba, así pasaron las horas hasta que dormité un rato y cuando me di cuenta, lo vi intentar levantarse desorientado.

Su expresión fue confusión pura.

-Vaya, estás despierto...

Giró a verme y su mirada fue como si me hubiesen paralizado, tuve que decirme que era su médico tratante, así que tenía que ser suave, tanto como podía dada la situación. Me acerqué poco a poco y no pasé desapercibido que sus intensos ojos claros me miraban como un depredador a su presa.

Algo dentro de mí se removió.

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