Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Lascivia
Lascivia

Lascivia

Autor: : Azulsiber
Género: Romance
Stella le había ofrecido sexo a un demonio o lo que fuera que se apareciese a cambio de una vida mucho mejor. Es ahí cuando Constantine hace de presencia, un demonio que mantenía una vida fuera del Averno y tenía mucho dinero, entre los dos se unen lazos que Stella cree que empieza a enamorarse. No obstante, ella siente que él le esconde algo cuando desaparece. Las cosas tornan un giro de terror y sobrevivencia cuando en la vida de Stella aparece Cassiel, queriendo formar parte de la vida de ella y sobre todo protegerla, ¿por qué? Porque Constantine no es lo que dice ser y las coincidencias no existen.

Capítulo 1 1

STELLA

Ya había amanecido. Sentía el sol pegando fuertemente contra mi rostro, fastidiando mi sueño.

Aunque toda la noche no dormí tan bien. Desde la muerte de mi padre, es imposible que duerma bien. La cama perdió su comodidad, ahora son puros resortes que se clavan en mi espalda, mis costillas, haciendo que no duerma perfectamente.

Pero he aprendido a lidiar con ello.

Antes de abrir mis ojos, me estiro. Los huesos de mi cuerpo responden y bostezo. Aún tengo sueño. Restriego mis ojos con el dorso de mi mano, y los abro, llevándome un gran susto.

-¡Joder!-grito. Mi corazón empieza a latir como loco. Yo cierro mis ojos nuevamente, los restriego de nuevo, y vuelvo a abrirlos-. No, no, no. Mira, no tenemos dinero, aquí no encontrarás nada, yo...

El hombre, que está sentado en una pequeña silla incómoda, se ríe.

Me siento pálida, débil, asustada.

¿Qué está sucediendo? ¿Es un sueño? Si no lo es,¿cómo entró a mi casa?

-Tienes una boca muy sucia como para creer en Dios-farfulla y al escuchar su voz, un escalofrío me recorre.

Se escuchó real. Su voz rasposa,dura y gruesa sonó en toda la estancia de mi habitación.

-¿Có–cómo dices?

Aquél hombre se levanta. Me asusta aún más y me siento de golpe en la cama retrocediendo hasta que pego mi espalda del copete de la cama.

Esto no puede estar sucediendo. ¿Me violará?

-¿Dónde está mi familia? ¿Qué has hecho con ella? ¿Qué quieres? Dios, ésto no puede estar pasando, no...

Escucho reír al hombre mientras yo junto mis manos y empiezo a rezar internamente, pidiendo ayuda, pidiendo que mi familia esté...

-No hagas eso. No conmigo aquí-abro mis ojos. Tiene sus brazos cruzados y me observa expectante, molesto.

-¿Qué...?

-Rezar-lo ví tragar saliva y alzar una ceja.

No estoy entendiendo nada.

¿Por qué sigue ahí?

¿Qué quiere?

-Stella, ¿recuerdas qué pediste anoche? ¿Y a quién?

Frunzo el ceño.

Tomando un poco de valor, salgo de mi cama y tomo más distancia. El hombre se mueve hacia la izquierda, que es dónde está la puerta de mi habitación. Trago grueso cuando se ha percatado de mis intenciones.

-Ni siquiera lo intentes, Stella.

-¿Quién eres? ¡¿Qué haces aquí?! ¡Responde! ¿Dónde están mi madre y mis hermanos?-le grito, con las lágrimas en mis ojos.

Su rostro se vuelve rojo.

-Te acabo de hacer una pregunta, Stella.

-Has irrumpido mi casa, mi habitación, mi privacidad, nuestra privacidad,¡¿y eres incapaz de decirme quién carajos eres y qué haces aquí?!

El hombre sonríe de lado, de una manera malvada, frívola que me da miedo.

-Tienes agallas, y eso me gusta-es lo único que dice y hace que esté perdiendo el miedo, la paciencia y el temor-. Me llamo Constantine.

Frunzo el ceño.

-¿Constantine?

-Sí.

Mi boca se seca.

-¿Y qué haces aquí, Constantine? ¿Cómo es que... sabes mi nombre?-sigo preguntando.

El hombre llamado Constantine, se ríe.

-Te pregunté algo hace rato,Stella, no respondiste-vuelve a decir y trago saliva.

Mi corazón va latiendo cada vez más rápido.

Me fijo en su rostro. Observo cada detalle. Sus ojos azules, su nariz perfecta, sus cejas gruesas, su cabello lacio y bien peinado, su barba, lo limpio que está y que bien huele... incluso, el traje de marca que traía.

¿De dónde había salido?

-Stella-me llama de nuevo y fijo mi atención directamente a sus ojos, que parecen chispear estrés-. Responde.

-Yo... ¿q–qué habías dicho?

-¿Recuerdas algo de anoche? ¿Lo que pediste?

Hago memoria.

Antes de dormir no le recé a Dios.

Antes de dormir, no imploré un milagro a Dios, no le pedí ayuda a Él.

-No... imposible-camino más hacia atrás, pegando de la pared.

-¡Stella!-escucho a mi hermano menor Owen llamarme y algo dentro de mí se alivia. Están bien, ellos están bien-, ¡Stella, el desayuno!

Constantine me observa, esperando a que diga algo.

-Ya...¡ya voy, Owen, dame un momento!-grito de vuelta. Me quedo en silencio, con mi respiración agitada y mi corazón vuelto un loco, con el miedo volviendo a apoderarse de mí.

-No te haré daño, Stella-promete y frunzo el ceño.

-¿Cómo estaré yo tan segura de eso? Eres... eres un demonio, Dios, no puede... no puede estar pasando-murmuro nerviosa.

Constantine rueda sus ojos.

-Deja de nombrarlo, Stella, por favor-pide y luego de tragar saliva, asiento.

-¿Qué quieres, Constantine?

Vuelve a sonreír de esa manera que me causa temor.

-Te quiero a ti.

-¿A mí?

-Anoche ofreciste dos cosas, y te escuché. Te quiero a ti. Te daré el dinero, la comodidad, la estabilidad, la felicidad, si me das lo que quiero-explica serio. Como un hombre de negocios.

-No sé qué decir, yo...

-Volveré en la noche, Stella-me interrumpe-. Si aceptas, no te obligaré a hacerlo conmigo al instante. Te daré tu tiempo, me conocerás. No voy a hacerte daño.

-Eres... eres un demonio.

-No te haré daño-reitera.

Niego con la cabeza.

-¿De dónde sacarás el dinero?-le pregunto.

Esta vez, si sonríe de una manera normal.

-Tengo una vida fuera del Averno, Stella. Tengo trabajo, dinero, comodidad. Tengo cualidades, no vivo encerrado ahí abajo, tengo privilegios-y con eso, desaparece.

Caigo de rodillas al suelo, de la impresión.

Estoy en un estado de conmoción.

Me siento... ¿en un sueño?

Pero parecía real. Su voz la sentía real, el pavor que transmitía, su verdad... la tengo calada en mis huesos. Ellos existen, sí. Lo creía, sí.

Pero saberlo, ver lo real que es, trauma. Es impactante.

No...

No tengo otras palabras para describir qué siento justo ahora. ¿He encontrado una solución a mi familia? Quizá.

Pero, estaría vendiéndome...

Todo por una buena razón, ¿no?

Estaba cansada de escuchar a mi mamá quejarse y llorar por las noches.

Estaba cansada de no ver felices a mis hermanos.

Estaba cansada de la lástima.

¿Mi milagro?

Constantine.

***

Al terminar de asearme, bajé a la cocina apresurada. Tenía mi estómago pidiendo a gritos aunque sea un bocado de comida. Al llegar, observé a mi madre en la sala viendo las noticias y tejiendo.

-Buenos días mamá-la saludé con un beso en su cabello.

-Buenos días cariño-devuelve-, ¿con quién estabas hablando?

Pregunta cuando me doy la vuelta y paro en seco.

Joder, ¿nos escuchó?

-Con nadie mamá, estaba practicando mi papel en la obra-miento, pero no del todo. Sí tengo que practicar para una obra.

-¿Tan temprano? Juré escuchar una voz de hombre, Stella-suena convencida. Pero no digo más y voy a la cocina.

Me consigo con Owen y Mary jugando al Ludo.

-Buenos días mis pequeñines-les doy un beso a cada uno-, ¿qué tal durmieron?

Mary hizo una mueca.

-Ni tan bien, ni tan mal-contesta Mary.

-Yo como un bebé-musita Owen y luego suelta un quejido de derrota cuando Mary le gana-, eh, Stell, te ha llegado un correo, está junto a la puerta.

Frunzo el ceño, extrañada.

-¿Un correo?

-Sip-hace énfasis en la p.

Encojo un hombro y me doy vuelta. Abro el microondas y me encuentro con la mitad de un sándwich tibio. Bueno, es lo que hay el día de hoy.

Quizá ya nuestros desayunos, almuerzos y cenas no sean así.

Quizá...

Porque aún no estoy segura.

Tomo el sándwich y me lo como poco a poco. Es de pavo, y está delicioso. Mary y Owen aún siguen jugando y yo salgo de la cocina, para ir a la puerta y buscar el correo.

Es raro que me llegue un correo, podría ser de la Universidad, pero es muy pronto para que me entreguen las notas. Trago el último pedazo de sándwich y cojo el sobre que está en el piso, de un lado.

Para: Stella Moritz

De: C.

-¿C? ¿Quién carajos es C?

-¡Stella, esa boca!- me reprende mi madre.

-¡Lo siento!

Mi siguiente rumbo es subir a mi habitación corriendo. Me echo a la silla incómoda en la que estaba aquel demonio y siento un escalofrío recorrerme.

-Bien, veamos.

Cogí una tijera y corté el sobre. Lo que había dentro, me dejó sin habla.

Había dinero. Parecía mucho.

Estaba...

Era imposible creerlo.

-C de Constantine-dije para mí misma.

Saqué el dinero del sobre, y los empecé a contar. Eran billetes grandes, de cien. Y en total, habían mil dólares.

-¿Qué es ésto? ¿Qué significa?-seguí hablando sola.

Dejé el dinero sobre la mesita que tenía en frente.

-No perdería nada con aceptar, tendría un buen futuro por delante, mi madre estaría bien con su ansiedad, mis hermanos también tendrían un buen futuro...

-Y estarías llena de felicidad, ¿no?

-¡Ah, joder!-pego el grito al cielo al volverlo a ver y escuchar-, ¿podrías no aparecerte así de la nada? Por favor-le pedí aún asustada.

-¡¿Stella estás bien?!-escucho que grita mi madre y observo enojada a Constantine ahora.

-¡Sí mamá, es sólo una cucaracha!

No escucho nada de su parte ahora.

-¿Qué quieres? Dijiste que pasarías en la noche-espeté cruzándome de brazos.

Constantine encogió sus hombros.

-Te estaba observando y escuchando. Sólo dije lo que es cierto.

Trago saliva. ¿Me observaba y escuchaba?

-¿Para qué apareciste? ¿Por qué ese dinero?

-Es un regalo, Stella. Deberías salir ahora a comprar de comer, ¿no quieres?

Vuelvo a tragar saliva. Mi corazón de va hundiendo un poco porque ha dado en lo que más quiero.

-Constantine...

-Compra comida, jabón de baño, lo que quieras, es un regalo, aún si no aceptes, es un regalo-me dice y lo veo rascar su barbilla. Sus ojos azules son atrayentes y muy brillantes, aunque, si te quedas observando un rato, te empiezan a causar miedo.

-Yo acepto. Pero bajo mis condiciones-suelto segura.

Constantine cruzó sus brazos y ladeó una sonrisa que al parecer fue conforme.

-Bajo tus propias condiciones serán, Stella-acepta y puedo soltar el aire que estaba reteniendo-. Ahora... te daré ésto.

Se acerca a mí y saca una billetera de su bolsillo trasero.

-Puedes hacer lo que quieras y gastar lo que quieras-me tiende tres tarjetas de créditos que al mi parecer, son ilimitadas-, lo son, Stella.

Abro la boca, sorprendida.

-Es mucho Constantine, no voy a aceptar tanto, tampoco es que yo sea mucho-rio nerviosa y desvío la mirada.

-Eres mucho, Stella-espeta y devuelvo mi vista a él. No entiendo por qué, pero mis mejillas se sonrojan. Constantine parece consternado y carraspea-, son tuyas ahora.

Me toma el brazo y luego la mano, dejando las tarjetas ahí.

-Yo solo quiero algo mensual, no...

-No lo rechaces Stella, no lo hagas, te lo estoy dando y ya está, ¿sí? No te preocupes-sigue diciendo pero me niego.

-¡Es mucho dinero!-susurro en un grito que ahogué.

Constantine rueda sus ojos.

-¿Y qué? Tengo más, en serio, Stella, déjalo así, me iré.

-¡Constan...!

Y desaparece, dejando un humo negro en el lugar que estaba. Unos segundos después, Owen abre la puerta de mi habitación en un tirón.

-¿Con quién hablabas, hermanita?

Frunzo el ceño e intento disimular con una sonrisa confusa.

-Con nadie, tontín-digo, pero él no parece creerme-, estaba ensayando. Oye Owen, ¿quieres acompañarme al centro comercial?

Sus ojos se iluminan.

-¿Me comprarás algo delicioso?

-¡Te compraré algo súper delicioso!-exclamo feliz y me acerco a mi hermano para darle un abrazo seguido de un beso-, algo muy delicioso.

Se fue corriendo a su cuarto a cambiarse y yo hice lo mismo. Aunque, nada más conseguí un sweater gris y un short negro limpio.

Tomé el efectivo y lo guardé en mi bolsillo trasero.

-¡Stell, ya estoy listo!-grita desde la planta baja.

Antes de salir de mi habitación, suelto un sonoro suspiro.

-Muchas gracias, Constantine-hablé lo suficientemente alto, quizá, para que me escuche.

Si es que lo hacía.

Capítulo 2 2

STELLA

Esa noche, después de pedirle un milagro a cualquier espectro del inframundo o al mismo Diablo, creí que me ignorarían, al igual que hizo Dios conmigo.

Quizá Dios pensó que no me lo merecía. O que mi familia no lo merecía. Pero ya da igual, olvidaré todo eso, ahora quería volver a comenzar una vida.

Sin más llanto. Sin más sufrimiento.

Owen se puso muy feliz al ver que pedí dos pedazos de pastel de chocolate, uno para mí y uno para él. Ya habíamos olvidado a qué sabía el chocolate. Ya habíamos olvidado lo que era un dulce, una azúcar.

Pero ahora, volveríamos a tener esa felicidad de cuando niños.

Gracias a Constantine. Un demonio que...

Diablos, Stella, no pienses en ello ahora, susurró mi subconsciente.

Cerré los ojos y conté hasta tres.

Disfrutar, comprar. Hacer la compra de la casa, hacer la compra de vestimenta.

Era el punto de ésta tarde.

-Stella, ¿estás bien?-me preguntó Owen, con su carita arrugada en preocupación.

-Perfectamente campeón-sonrío, transmitiéndole felicidad. Aunque también, me sentía un poco mal-, no tienes de qué preocuparte.

El postre llegó unos cinco minutos después. Los ojos de Owen brillaron como nunca antes y empezó a devorar el pastel como si no hubiera un mañana. Mis mejillas dolían, por sonreír mucho en éste instante.

La felicidad de Owen era la mía.

Y se encontraba muy alegre y feliz.

Pero, luego paró, y me miró extrañado.

-¿Qué pasa?-farfullé, alcanzando su mano para acariciarle.

-¿Cómo... cómo pagarás ésto?-inquirió confuso.

Tragué saliva.

Inhalé mucho aire y luego lo solté.

-He conseguido un muy buen trabajo que nos ayudará con los gastos, Owen. No te preocupes, come-mentí y le di una sonrisa ladeada.

Sus ojitos marrones, se iluminan

-¡¿Un nuevo trabajo?! ¡Eso es increíble Stella, mamá se pondrá muy feliz!-grita muy alto, haciendo que algunas personas reparen en nosotros. Mis mejillas se sonrojan, de la vergüenza. Owen se da cuenta, e intenta parecer que no ha pegado un gran grito.

Yo me río internamente.

-Cálmate Owen-susurré.

Me mira apenado.

-Lo siento.

Le doy una mirada comprensiva.

Entiendo su emoción.

Yo también lo estoy. Pero hay algo de todo ésto que me hace pensar que no es real.

-Tranquilo-digo al cabo de unos segundos-, haremos una gran compra hoy, ¿te apuntas?

-¡Sí, claro que me apunto!

Rio de felicidad al verlo terminar de engullir su pastel.

Ésto era lo que tanto quería. Lo que tanto deseé volver a tener.

Éste tipo de felicidad, es único. Ver a tu hermanito, feliz de que las cosas cambiarán, es algo... que te da tranquilidad, alivio, porque sabes que ahora ya no faltará nada.

Ya no más.

Unas horas después de hacer toda la compra, tanto de comida y ropa, y algunos juguetes para mis hermanos, pedí un Uber. Ahora estábamos delante de mi destrozada casa con un mínimo de veinticinco bolsas. El chófer sin preguntar, nos ayudó a bajar las bolsas y colocarlas delante de la puerta.

Ya sacado todo, le pagué y le deseé buena suerte, fue gentil con nosotros.

Ahora venía la mejor y peor parte.

-¿Estás listo, cachorro?-musité, tomando las bolsas que podía y abriendo la puerta.

Owen me guiñó un ojo.

-Súper listo-contestó.

Yo reí entre dientes.

Abrí la puerta por completo, y grité:

-¡Mary, mamá, bajen por favor!

Lo siguiente que escuché fueron los pies de Mary correr a toda velocidad a la planta baja.

-¡Mary cuidado!-murmuré cuando la ví bajar corriendo las escaleras.

Al terminar de bajar, observó todas las bolsas, con comida y ropa.

-¿Y eso qué es? ¿Saquearon una tienda? ¡Mamá, Owen y Stell...!

-Calla, calla-tapé su boca con mi mano antes que terminara lo que iba a decir-. Primero,no hemos saqueado ninguna tienda, Mary. No seríamos capaces. Segundo, les tengo una buena noticia-susurré lo último en su oído.

Mary asintió.

-Vale, les creo-y se alejó de mí para ayudar a Owen con las bolsas de comida a la cocina.

Yo me devolví a la puerta y tomé las últimas que quedaban, cerré la puerta con seguro y al girarme, me encontré con la mirada inquisitiva y aterradora de mi madre.

-¿De dónde has sacado todo eso, Stella Aileen Moritz?-preguntó con desconfianza-, mínimo habrás gastado ahí más de trescientos dólares y nosotras no tenemos ni para gastar cincuenta, así que dime-exigió ahora, adoptando su postura amenazante.

Las bolsas que tenía en mis manos, las dejé a un lado. Solté un resoplido largo y abrí la boca para decir algo pero subió un dedo para que me callara antes de decir algo.

-Sin mentiras, Aileen. Te conozco muy bien-pidió.

Y me puse más nerviosa.

¿Qué coño le diría yo ahora?

-Mamá... he conseguido...

-¡Mami, mira, Stella compró cereales de todo tipo! ¡Y me trajo una muñeca Barbie, y unos lindos vestidos!-mi hermana corrió hacia mí y me abrazó fuertemente el estómago. Mary y Owen son mellizos y tienen trece años, ya casi están de mi altura-, gracias, Stell. Perdón por interrumpir, me voy-y salió corriendo devuelta a donde vino.

-¿Has conseguido qué?

-Un...

El timbre suena y ruedo los ojos-¡Carajo!-exclamé perdiendo la paciencia.

-¡Esa sucia boca, Stella!

Me di vuelta y abrí la puerta de golpe.

Constantine estaba frente a mí, vistiendo ropa casual y no de traje, con una sonrisa arrogante.

Fruncí el ceño.

-¿Qué haces aquí?-solté, extrañada.

-¿Y usted quién es?-preguntó mi madre más atrás.

Constantine fijó su mirada en ella y sonrió amablemente.

-Señora Gabrielle, es un gusto conocerla al fin-mi madre y Constantine estrechan sus manos y él le da un beso en el dorso, como un caballero-. Mi nombre es Constantine Agatone. Stella y yo llevamos meses conociéndonos. He querido contratarla en mi famoso hotel de la ciudad y una cosa llevó a la otra-dijo y casi me caigo de culo al suelo.

El rostro de mi madre es un poema.

Creo que el mío lo es aún más peor.

Porque lo que ha dicho, me ha dejado sin habla y con molestia.

***

-¿Por qué has dicho eso?

Él se ríe entre dientes.

-¿Por qué mentir?

-¿Lo que dijiste no es una mentira?

-Tenemos una especie de relación ahora, ¿no?-dice a modo pregunta, arqueando una ceja. Sus ojos azules penetran cada parte de mí y me siento intimidada.

-Bajo mis condiciones, Constantine-refuté.

Él asiente.

-¿Qué querías hacer?

-¡Esperar algo de tiempo, carajo!

Su ceño se frunce.

-No me grites-su voz suena completamente áspera y me quedo quieta en mi lugar.

-Lo siento-me disculpo-, estoy estresada, ¿sí? Todo en un día, Constantine. Pudiste haber esperado no sé, ¿una semana? ¿Tres días? ¡Yo que sé! ¿Pero en un día? ¡Argh!

Me doy vuelta, dándole la espalda, y empiezo a oír sus carcajadas.

Con el ceño fruncido me volteo.

-¿Crees que estoy bromeando o qué?-digo, con molestia.

Constantine deja de reírse y me mira fijamente a los ojos.

-Vale, lo siento, solamente eres... ¿tierna? En ese estado, no soy bueno con los cumplidos.

Hago una mueca y niego con la cabeza.

-No quiero tus cumplidos-le digo.

Constantine suena su cuello y yo hago una mueca de horror.

-¿Y por qué no?

Me quedo en silencio, observándole.

Sin cumplidos, sin coqueteos, no hay enamoramiento, digo para mí misma.

-Habías dicho algo sobre que tienes un hotel famoso en la ciudad, ¿es así?-le cambio de conversación.

Me siento en mi incómoda cama,cruzó mis piernas y lo observo.

-Una cadena, mejor dicho-específica y alzo mis cejas-, también tengo un restaurante. Aquí.

Trago saliva.

-¿Eres muy conocido?

Constantine hace una mueca.

-Ehmmmm, sí-termina diciendo-, si me ven contigo, ya sabrías qué hacer o decir, ¿no?

Frunzo el ceño.

-Claro que no-espeto rápidamente-. Aún no me verán contigo-suelto.

-Ah, ¿no?

Su mirada me intimida.

-No, Constantine. Espérate un mes. Yo... quiero recuperarme de todo, y si quieres que ya salga en un periódico junto a ti, del cual hablan que ya sales con alguien, tendría que hacerme unos arreglos, ¿no?

Constantine niega con la cabeza y ladea una sonrisa.

-Si quieres podemos decir que somos amigos-propone y yo ruedo los ojos.

-¿Y estás seguro que es lo que justamente dirá la prensa?-adopto una mueca divertida, pero falsa.

Miro a Constantine morderse su labio inferior mientras se guarda una risita.

Tocan la puerta de mi cuarto y luego escucho la voz de mi madre:

-El almuerzo será servido en poco, bajen dentro de diez minutos-avisa y luego oigo cuando baja.

-No te quedarás a comer, ¿cierto?-le pregunto.

-Tengo cosas que atender en el Averno, ¿nos vemos mañana?

-Claro-acepto-, y por favor, no vuelvas a asustarme. Aprendiste a tocar la puerta.

Constantine ríe y asiente.

Juntos, bajamos y entramos a la cocina, Constantine quería despedirse de mi madre y mis hermanos. Tengo que decir que Gabrielle le dió el gusto bueno, pero aún no estoy segura si es por el dinero.

Lo observo despedirse de Mary y Owen y luego, irse en un Porsche azul. Los vecinos de aquí, se quedan atontados al ver salir de mi casa a un hombre tan guapo y en un auto tan carísimo. Tengo que apostar que ahorita mismo me están tachando de zorra y no sé cómo sentirme.

Cierro la puerta de mi casa e ingreso a la cocina, donde me están esperando para comer.

-¿Por qué se ha ido, cariño? He preparado lasaña.

La miro luego de suspirar.

-Tenía cosas que hacer, mamá-musito y me siento en la mesa.

La lasaña huele exquisito. Mi paladar se hace agua y mi estómago me pide rápidamente comerme todo y disfrutar.

-Entiendo-dice-, ¿y dónde se conocieron?

Aquí venían las típicas preguntas, pero las cuales, no sabía qué responder. Así que diría lo primero que cruzara por mi cabeza.

-La plaza.

Mi madre frunce el ceño.

-¿La plaza? ¿Qué hombre rico se la pasa en esa plaza?-me mira desconfiada, de nuevo.

-Mamá, él va a trotar ahí-me empiezo a poner nerviosa.

De reojo miro a mis hermanos quiénes están escuchando todo en silencio y con atención.

-Sí, claro-bufa-. Estás mintiendo.

-Quizá-suelto lo diferente al "no" para que se confunda.

Y es exactamente lo que hace, confundirse.

-¿Podríamos empezar a comer ya? Tengo hambre y esto se ve delicioso-exclama Mary-. Y ya mamá, se ve que Constantine es un buen hombre, por darle trabajo a Stella.

Le sonrío a mi hermanita y acaricio su cabello.

-Comamos. Provecho-digo.

Me senté en la cama y comencé a doblar la ropa nueva que me había comprado. Hace unas horas empecé a empacar la vieja, para donarla, y ahora estaba llenando mi armario viejo de ropa nueva.

Me sentía llena y feliz al ver que podré ponerme algo decente, sin huecos o decolorado.

Desde mi habitación podía escuchar los gritos de Mary y Owen jugar con sus nuevos muñecos.

Y no había nada que me hiciera más feliz.

-¿Piensas cambiar tu cama?

-¡AAHH!

Mi respiración se vuelve agitada por el gran susto que me pegó. Respiro hondo y luego suelto todo el aire, repito ésto varias veces.

-¿Qué tienes con pegarme sustos? Me has pegado tres o cuatro sustos en un solo día, Constantine.

Lo veo reírse.

-Lo lamento, Stella. Quería verte.

Poso mis manos en mis caderas.

-¿Para?

Constantine encoge sus hombros.

-Verte.

Frunzo el ceño.

-¿Verme y ya?-repito, confusa.

Constantine gira su cabeza a un lado y lo veo ladear una sonrisa.

-¿Te ayudo?-cambia de tema.

Hago una mueca, e ignoro lo que me ha esquivado.

-¿A qué?-cuestiono mientras me doy la vuelta para guardar la ropa.

-A pedirte una cama-dice-, o una casa...

Capítulo 3 3

Una semana después

STELLA

Constantine venda mis ojos con una cinta negra,para que no logre ver nada.

-¿Por qué vendas mis ojos?

-Ya te lo dije, Stella. Es una sorpresa.

Frunzo el ceño.

Es incómodo tener una venda que no me deje ver nada, estando a prácticamente a su merced, porque estoy segura que viajó más de una hora para traerme a este lugar y aún no sé dónde estoy.

No puedo evitar sentirme desconfiada.

-No me gustan las sorpresas. -refuto.

Escucho a Constantine soltar un sonoro resoplido.

-Tendrás que acostumbrarte a ellas entonces.

Mi ceño se frunce aún más.

-¿Estás lista?-me pregunta y solo asiento-, dame tu mano. Te guiaré, camina con sumo cuidado Stella, no te apresures.

Ruedo los ojos cuando dice lo último. Estoy desesperada, angustiada y un poco ansiosa por saber qué es.

Ha pasado una semana y sinceramente ir conociendo a un demonio no ha sido nada fácil, no ha dejado de aparecerse así por así, y simplemente, creo que tendría que acostumbrarme.

Carajo.

Me he dado cuenta que Constantine es un demonio muy interesante, inteligente, perspicaz y muy molesto. Estar junto a él e ir conociendo como es, me causa cosquillas en todo mi cuerpo y estómago.

-Vienen unas pequeñas escaleras, baja con cuidado, eso...

Su agarre es firme,cuidadoso e inquieto. No sé porqué, pero me parece que Constantine está algo nervioso por mantener una de sus manos en mi cadera y la otra agarrando firmemente mi mano izquierda.

Constantine se detiene y yo le sigo.

-Llegamos.

-¿En dónde estamos, Constantine?-me escucho desesperada y fastidiada.

Constantine se ríe por ello y yo solamente ruedo mis ojos.

Definitivamente detrás de estas venda no logro ver absolutamente nada.

-Ya verás, preciosa-Escucharlo decirme «preciosa» hace que me sonroje sin poder evitarlo.

Constantine se mueve y se posa detrás de mi espalda, para desatar la venda, y solamente justo en este momento, es cuando me desespero más por saber donde carajos estoy.

Siento el nudo deshacerse pero Constantine aún no ha sacado la venda por completo de mi rostro y mantiene una fuerza justa para no hacerme daño.

-¿Estás lista?-me pregunta.

-¡Si, carajo, sí!

-Eres muy inquieta, Stella-me susurra en el oído antes de soltar la venda.

Lo que se muestra ante mis ojos es imposible de creer. Parecía un sueño, una alucinación, un delirio, pero no lo creía cierto. Por otra parte quería descuartizar a un demonio que seguramente en 0.1 segundos cortaría mi garganta. Justo enfrente de mí, había una gigantesca casa de tres pisos, de color azul cielo, blanco y beige, con ventanales en el segundo piso, donde se veía una bonita sala de estar quizá, una biblioteca...

-Joder-murmuro.

Estaba impactada.

Y molesta.

Constantine estaba a mi lado y me volteé enseguida, para observar esos ojos azules enigmáticos con mis ojos avellanas enfurecidos.

-No abandonaré mi casa. Mi hogar, por ésto, Constantine, es muy lindo de tu parte, pero...

Constantine sostiene mi rostro con sus grandes manos, acunando mis cachetes para que lo observe más de cerca. Mi pulso se acelera y me pongo roja como un tomate. Con esta cercanía a sus ojos... carajo, era imposible no ponerme nerviosa.

-Viven en una pocilga, discúlpame que te lo diga de esa manera tan cruda, pero te sale más caro renovar que comprar, así que lo hice por ti-espeta con su voz suave y gruesa. Hace que mi corazón se estruje pero la cruda verdad-, es un regalo preciosa, para ti y tu familia.

Inhalo fuertemente aire, para no soltar las lágrimas que quieren caer. Me siento... ¿Agradecida? ¿Feliz? ¿Indignada?

¿Indignada por qué, eres estúpida?

Maldito problema con la voz en mi cabeza.

Seguía respirando fuertemente para controlar mis emociones. Constantine sigue esperando una respuesta de mi parte, algo, pero yo realmente no sé qué decirle a un demonio que está siendo amable conmigo por lo que le daré devuelta.

-Es una casa muy grande para cuatro personas-musito, soltando una carcajada nerviosa y forzada.

-Es perfecta para ustedes-dice para convencerme-. Perfecta para Mary y Owen, diseñé sus cuartos, tiene una piscina, un gran patio para...

-¿Qué tú diseñaste qué?

-Sus cuartos, de lo que les gusta.

Entre abro mis labios de la conmoción.

-¿Por qué haces todo ésto?

Constantine encoge sus hombros y desvía la mirada.

-No lo sé, Stella-susurra.

-¿Puedo ver... la casa?

-Es tuya-toma mi mano y posa las llaves de la casa en mi palma.

Trago saliva.

-Constantine... joder-me doy por vencida, aceptando la llave que tengo entre mi mano.

Mi corazón palpita rápido, con entusiasmo y algo de rechazo.

-¿A cuántas horas está del pueblo, Constantine?

-A diez minutos, Stella-farfulla, caminando hacia la casa, y él espera que lo siga.

-¡¿Qué?! ¡Juré haber contado más de una hora! Carajo.

Escucho a Constantine reírse y le sigo la risilla.

Bueno, al parecer exageré, pero fue lo que sentí estando en ese auto al lado de Constantine, sin saber a dónde carajos iba.

-Seguro ibas dormida, Stella-musita y puede que tenga razón.

-Quizá. Me despertaste muy temprano. Quizá son las diez o nueve de la mañana todavía, a lo mejor mi madre se pregunta a donde me metí sin haber avisado-lo último lo digo con algo de molestia. Me espera una riña en casa.

-Ay Stella, tranquilizate, y observa tu nuevo hogar-me sonríe. Constantine me sonríe y se me es imposible no derretirme ante esa sonrisa tan dulce que me da.

-¿Yo sola? ¿Por qué no pasas conmigo?-invito, ladeando una sonrisa tímida.

-¿Quieres que pase contigo?

-¿Por qué no?

-Porque desde que ví esta casa y la habitación principal me imaginé cosas indebidas, para serte sincero, Stella, mejor me quedo afuera-su confesión repentina ha hecho que mis mejillas y todo mi rostro exploten de la vergüenza.

Esta vez mi corazón parece querer salirse de mi tórax.

Maldita sea.

Esa fue una insinuación, una confesión, que ha decir verdad, me causó vergüenza e intriga. Quizá, me dejó con ganas de averiguar qué pensamientos impuros pasaron por su cabeza, y quizá... Carajo. Constantine me encendía a toda costa, debía aceptarlo, él es ardiente, guapo, y con unos malditos ojazos de infarto que o dejaban de intimidarme e intentar engatusarme.

Constantine era un jodido peligro.

Muerdo mi mejilla interna.

Quería decirle algo indebido, morboso. Pero no sabía qué.

No quería arruinar un momento en el que sentía que había una fuerte tensión sexual en el aire.

-¿Por qué no me explicas en la habitación qué cosas indebidas eran esas?

***

-Gracias, por traerme devuelta-digo, dejando un beso sobre su barba.

-Tenía qué. No podía dejarte sola allá-Constantine rueda sus ojos-, dentro de dos días el camión de mudanza vendrá, empaca lo más importante, Stella, nos veremos pronto.

Se da la vuelta pero lo detengo, sujetándolo del brazo.

-¿No quieres pasar y comer algo?-ofrezco, tímida.

Aunque no debería sentir timidez después de lo que sucedió.

-No tengo apetito ahora, Stella, pero gracias-se zafa de mi agarre y frunzo el ceño-. Nos vemos, llámame cualquier cosa, ¿sí? Saludame a tu madre y a los niños.

Y así, se termina por dar la vuelta, subirse a su auto e irse.

No sé, pero Constantine de un momento a otro se puso raro. ¿Habría pasado algo? ¿Habría hecho algo mal o algo que lo pusiera incómodo? Bueno, no creo. Constantine era sincero y directo. No creo que haya sido por mí.

Sin más, me doy vuelta y entro a mi hogar desde los cinco años. El hogar que dejaría dentro de dos días. Un cambio no vendría nada mal, dejar las malas vibras de acá, la envidia, los malos momentos que pasamos aquí... sería muy bueno mudarnos y comenzar de nuevo realmente.

Dos pequeños traviesos llegan a mí abrazándome fuerte, y preguntándome qué tal me ha ido con Constantine. Estos dos chiquillos son muy inteligentes, traviesos y chismosos.

-Me ha dado una sorpresa a mi y para ustedes,¿dónde está mamá?-pregunto.

-¡Está horneando pastel de pollo!-chilla Mary feliz y corre hacia su habitación.

Owen quizá debe estar jugando con el Nintendo Switch que le regaló Constantine en su cuarto. Desde que lo tiene, sale de su cuarto a comer, bañarse, comer de nuevo y casi que a ver cómo está su hermana gemela, el Nintendo para él se ha vuelto un vicio o quizá su amor en videojuego. En fin, me alegro de que esté feliz.

-¡Mami, ya llegué! Uhmmm, huele delicioso-exclamo entrando a la cocina. La veo tararear una canción y picar verduras.

-¿En dónde estabas, Stella?

Su manera de ser a veces me asusta, por ejemplo, preguntar e ir al grano de golpe.

-Estaba con Constantine, mamá-dije, sentándome en un taburete frente a la mesa. Ella se da la vuelta y arquea una ceja de manera pícara. No puedo evitar ponerme roja-. Él...

Carraspeo al ver a Mary escuchando.

-Mary, ¿podrías subir a tu habitación? Tu hermana y yo hablaremos de algo privado-pide mi madre y Mary asiente con educación y se retira de la cocina.

Es demasiado callada. No había escuchado siquiera cuando bajó de su habitación, ni sus pasos dirigirse aquí.

En fin.

Estaba por decirle a mi mamá de la nueva casa.

-¿Él qué, cariño?

Mi madre se da la vuelta y sigue picando verduras.

Saco las llaves de la casa de mi abrigo y las golpeo, para que suenen, así, las dejo en la mesa, obteniendo la atención de mi madre. Inmediatamente su vista vuela a esas llaves.

-¿Qué es eso, Stella?

Y se acerca, para tomarlas y examinarlas con sus ojos.

-Una casa, mamá-suelto de golpe, así como ella hace.

De la impresión, deja las llaves caer en la mesa y su rostro es un total poema.

-¿Cómo que una casa? ¡No podemos aceptar una casa, Stella!

Frunzo el ceño.

-No puedo, querrás decir-corrijo-. Y sí puedo. Es... es un regalo mamá, nos iremos de aquí el miércoles por el mediodía.

-No pienso abandonar nuestro hogar, Stella-se niega y muerdo mis labios.

-¡Vivimos entre cucarachas e insectos, madre! La casa lleva años sucia, sin mantenimiento, las tuberías están malas, ¡todo está mal aquí!-vocifero alto, para que entre en razón-. La casa necesita una remodelación, pero por estos momentos no puedo pagarlo y Constantine la compró para nosotros-termino por decir.

Sus ojos están hechos agua.

Me da la espalda, para observar el pastel de pollo en el horno y lo saca, mi tripa ruge en hambre.

-Tienes razón, yo... lo siento.

-No tienes porqué disculparte mamá.

-Ese hombre está siendo amable contigo, y un amor con nosotros, pero es mucho y... se me es imposible aceptarlo también-murmura y arrugo mi cara un poco.

Está siendo amable por lo que tendremos. No porque le nazca.

O eso es lo que yo pienso.

-Sí, te entiendo, mamá-me acerco a ella y empiezo a ayudarla con la comida-. Hay que empacar lo más importante,¿si? Y mañana saldremos de compras, tú y yo, como en los viejos tiempos.

La hago sonreír y me contagia su hermosa sonrisa llena en felicidad. No dudo en darle un abrazo cargado en paz y felicidad.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022