CAPITULO I La traición
Aurora Smith, una mujer de 44 años, hermosa, de una estatura de 1.70, una tez blanca, ojos verdes, y dedicada a su matrimonio, lleva 20 años, casada con Jonathan Smith, un hombre guapo de 45 años, de una estatura 1.80, moreno, ojo ámbar, muy atractivo, empresario dueño de una constructora.
Aurora, nacida en un pequeño pueblo rural de Bellingham, Washington, creció en una familia humilde. A pesar de sus raíces modestas, su infancia fue feliz. Sin embargo, su pasión por la cocina la llevó a mudarse a la ciudad para perseguir su sueño de convertirse en chef. Tras graduarse de un prestigioso instituto culinario, comenzó a trabajar en un restaurante importante de la ciudad. Fue allí donde su camino se cruzó con el apuesto Jonathan Smith, quien quedó cautivado por su talento culinario y su belleza.
Cuando sus miradas se cruzaron, el tiempo se detuvo. Jonathan, con palabras entrecortadas, le agradeció por la comida exquisita. En ese instante, nació una conexión profunda. No tardaron en enamorarse perdidamente.
Se casaron en los meses siguientes. Los años pasaron, y aunque el amor inicial se mantuvo, la ausencia de hijos comenzó a crear una brecha entre ellos. Jonathan viajaba constantemente por sus proyectos, y Aurora se sumía en la soledad.
Han pasado 20 años y Aurora está preocupada por su matrimonio. Jonathan ha cambiado mucho, se ha vuelto más frío y arrogante, su empresa ha crecido mucho, y Aurora se propone hacer todo lo posible para recuperar la pasión inicial de su matrimonio.
Decide darle una sorpresa a su esposo, preparándole su comida favorita y dirigiéndose a su oficina. Llega al imponente edificio de la constructora de Jonathan y sube en el ascensor. Al llegar al piso, le parece extraño que ahora en el área solo quede un escritorio al lado de la oficina de su esposo. (Qué extraño, aquí había varios cubículos y más personas trabajando y ahora está vacío, pensó Aurora.) (Qué extraño, Jonathan nunca le comentó de este cambio). Ve el escritorio vacío de la secretaria y decide entrar, pero lo que ve la paraliza: Jonathan teniendo relaciones sexuales con su joven secretaria.
Aurora, atónita y con el corazón roto, observa a Jonathan y a Estefanía, su joven secretaria, teniendo relaciones sexuales... La ira y la confusión la invaden.
Aurora: Jonathan...
Jonathan (balbuceando, tratando de justificarse): Aurora, yo... puedo explicarlo...
Aurora (interrumpiendo con voz temblorosa y llena de dolor): ¡No tienes que decir nada! Lo he visto todo.
Estefanía (con una mirada desafiante y un tono arrogante): ¡Ya era hora de que se enterara! Estamos enamorados y espero un hijo suyo, Jonathan. ¡Tienes que darle el divorcio!
Aurora (sintiendo que el mundo se derrumba a su alrededor): ¡No puedo creerlo! ¿Con otra mujer? ¿Y un hijo?
Aurora no puede soportar la escena más tiempo. Sale corriendo de la oficina, sintiendo que se ahoga en un mar de lágrimas y emociones.
Jonathan (tratando de detenerla): ¡Aurora, espera! ¡No te vayas así!
Estefanía lo detiene con firmeza.
Estefanía: Déjala ir, Jonathan. Ya no hay nada que puedas hacer.
Jonathan, derrotado y avergonzado, observa cómo Aurora se aleja.
Aurora corre sin rumbo fijo por las calles de la ciudad, buscando el refugio del dolor que la consume. Las lágrimas brotan sin cesar de sus ojos, mientras su mente se repite una y otra vez las palabras de Estefanía. De repente, se detiene en un parque y se sienta en un banco, completamente devastada.
Aurora (para sí misma, con la voz entrecortada): ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Después de 20 años juntos? Los recuerdos de su matrimonio feliz y de los sueños que compartieron inundan su mente.
Aurora (con un profundo dolor): No puedo creer que todo haya terminado. Se siente sola, traicionada y confundida. El futuro se presenta incierto y aterrador.
Aurora llega a su casa, aún conmocionada por lo que ha vivido. Las lágrimas han dejado marcas en su rostro y la tristeza se refleja en sus ojos. Entra en la casa. Su mente está en un torbellino de emociones. Se siente traicionada, humillada y con un dolor profundo en el corazón. No sabe qué hacer con su vida ni cómo afrontar el futuro.
Se dirige a su habitación y se encierra. Comienza a recoger sus cosas, metiendo ropa en una maleta con movimientos bruscos y lágrimas silenciosas. Ve algunas fotos familiares, recuerdos de un pasado feliz que ahora parece una ilusión.
En un cajón, encuentra su anillo de bodas. Lo mira con tristeza y lo deja caer sobre la cama. Siente que no puede seguir viviendo en esa casa, llena de recuerdos dolorosos. Toma la decisión de irse, de iniciar una nueva vida lejos de Jonathan y del dolor que le ha causado. Aurora, con la maleta en la mano, se despide de la casa que ha sido su hogar durante 20 años. Mira por última vez la habitación que compartió con Jonathan y los muebles que decoraron su vida juntos.
Siente una mezcla de tristeza y nostalgia, pero también una determinación inquebrantable. Sabe que esta es la decisión correcta, que necesita alejarse de ese lugar y empezar de nuevo. Sale de la casa en silencio, sin mirar atrás. Está segura del lugar donde puede reconstruir su vida: su pueblo.
Sus padres murieron hace 5 años, su madre primero y su padre un año después. Cuando ella nació, eran mayores y al morir le dejaron la granja. No es muy grande, pero ella la cerró. Un vecino le da un vistazo de vez en cuando.
Aurora, herida por la traición de Jonathan, abandona su hogar y su antigua vida. Se dirige a su pueblo natal de Bellingham, Washington. La imagen del lugar la invade con una mezcla de emociones: nostalgia, tristeza y una pizca de esperanza.
Recuerda con cariño sus primeros años, que pasaron rodeada de naturaleza y la calidez de la gente del pueblo. Sin embargo, también es consciente de que la casa de sus padres estará vacía. Hace años que ellos fallecieron y Aurora no ha tenido la oportunidad de regresar desde entonces. A pesar de la soledad que la espera, Aurora siente una profunda necesidad de volver a sus raíces, de reencontrarse con su pasado y buscar un refugio en la sencillez de la vida en el pueblo.
Llega a la casa familiar y la observa con detenimiento. La fachada está un poco descuidada, pero aún conserva el encanto de antaño. Abre la puerta con una llave que guarda como un tesoro y entra en la casa. Un aroma a recuerdos la invade. Muebles antiguos, fotografías familiares y objetos que pertenecieron a sus padres la rodean. Se siente abrumada por la nostalgia y las lágrimas brotan de sus ojos.
Se sienta en el sofá favorito de su padre y comienza a recordar momentos felices de su infancia. A pesar de la tristeza, Aurora siente una sensación de paz y tranquilidad que no ha experimentado en mucho tiempo. Sabe que este es el lugar donde puede empezar a sanar sus heridas y reconstruir su vida.
Autor:
Este capítulo marca un punto de inflexión en la vida de Aurora. Su matrimonio ha sido destruido por la infidelidad de Jonathan y la noticia de su embarazo con Estefanía la ha sumido en un profundo dolor y desolación.
¿Cómo podrá Aurora afrontar esta nueva realidad? ¿Encontrará la fuerza para seguir adelante y reconstruir su vida?
Aurora observa la casa con detenimiento. Cada rincón, cada mueble, cada objeto le trae un recuerdo vívido de su infancia y de sus padres.
Siente una mezcla de nostalgia y tristeza.
La casa parece estar congelada en el tiempo. Es como si sus padres aún estuvieran allí, presentes en cada detalle. Aurora decide empezar por arreglar su habitación. Es el lugar donde más tiempo pasaba cuando era niña y donde se siente más conectada con sus recuerdos. Comienza a sacar la ropa vieja, los muebles que ya no usa y los objetos que ya no le traen alegría.
Cada cosa que desecha la hace sentir un poco más libre del pasado. Al final del día, la habitación de Aurora está limpia y ordenada. Se siente más tranquila y en paz.
Sabe que este es el primer paso para construir un nuevo hogar en la casa de sus padres. Aurora, después de su relajante baño, se asusta al escuchar un ruido en la planta baja. Con el corazón palpitando, se coloca un albornoz y baja las escaleras cautelosamente.
En la mano lleva un objeto que encontró en la habitación, listo para defenderse de un posible intruso. Al llegar al final de la escalera, ve a un hombre alto de espaldas. El susto la hace reaccionar instintivamente y lo golpea en la cabeza. El hombre cae aturdido.
Intruso (sobresaltándose): ¡¿Qué te pasa?! ¡Eres una loca!
Aurora (temblorosa): ¡Si te atreves a hacerme algo, te va a ir mal!
Intruso (soba su cabeza adolorida): ¡¿Cómo me golpeas así?! ¡ ¡Pudiste matarme!
Aurora (con firmeza): ¡Eso es por meterte en casas ajenas a ver qué robas!
Intruso (confuso): ¡No entré a robar! Tengo la llave. Mi abuelo cuida esta casa, y yo vengo a veces. Se detiene un momento y la mira fijamente. ¡¿Eres Aurora?!
Aurora (extrañada): Sí, ¿quién eres tú?
Intruso: ¡Soy Julián, el nieto de William! ¿No me recuerdas?
Aurora (intentando recordar): Julián, no lo recuerdo.
Pero después de un segundo, lo reconoce.
Aurora: ¡¿Tú eres el niño Julián?!
Julián (con una sonrisa): Bueno, no tan niño. Tengo 30 años.
Aurora (avergonzada): Disculpa. Quería pasar por donde tu abuelo; pensaba ir mañana.
Julián (sorprendido): ¿Vienes de visita?
Aurora:No vengo a quedarme.
Julián se levanta con la ayuda de Aurora, aun sobándose la cabeza. Aurora se asombra con su tamaño y atractivo.
Aurora (pensando en voz alta): ¡Este niño si creció!
Julián (escuchándola): ¡Aurora! No soy un niño, soy un hombre.
Aurora (sonrojada):En comparación con mi edad, te veo como un joven.
Julián (bromeando): ¡Hablas como si tuvieras 80 años!
Ambos se ríen, rompiendo la tensión del momento.
Aurora: A veces me siento de esa edad.
Julián: Yo te veo igual de hermosa.
Aurora: Gracias, Julián. Mañana pasaré hablar con tu abuelo.
Julián: Podemos salir a comer algún día.
Aurora: Julián no es el mejor momento, y vine aquí para meditar y estar sola.
Julián: ok nos vemos después. Y salió dejando la llave en la mesa de la entrada.
Aurora (para sí misma):Menos mal que no insisto. No estoy lista para salir con nadie en este momento. Y mucho menos con él.
El corazón de Jonathan latía con fuerza en su pecho mientras entraba a su casa. La imagen de Aurora, su esposa, mirándolo con desilusión en sus ojos, lo atormentaba sin cesar. La infidelidad con su secretaria había sido una locura, una debilidad y una curiosidad por lo novedoso, nada justifica, fue un acto vergonzoso, y ahora las consecuencias lo golpeaban con toda su crudeza. La había dejado embarazada, solo ha estado pocas veces con ella.
Al entrar, la casa estaba en un silencio sepulcral. Llamó a Aurora, pero no hubo respuesta. Recorrió cada habitación, cada rincón, con la esperanza de encontrarla, pero ella no estaba por ningún lado.
La ropa de Aurora, habitualmente ordenada en el armario, había desaparecido. Un escalofrío recorrió la espalda de Jonathan. La magnitud de la situación lo golpeó como un puñetazo en el estómago. Aurora se había ido. Intentó llamarla a su celular, pero el teléfono solo emitía un tono monótono.
Jonathan se encontraba en una encrucijada. Su vida había dado un vuelco inesperado en un abrir y cerrar de ojos. Su matrimonio con Aurora, alguna vez vibrante y lleno de amor, se había sumido en la monotonía, la rutina y la falta de pasión. La chispa que alguna vez los unió parecía haberse apagado, dejando tras de sí un vacío que crecía día a día.
En medio de esta desolación emocional, una nueva figura apareció en su camino: Estefanía. Una joven belleza era cautivadora, su personalidad magnética y su conexión con Jonathan instantánea. Un torbellino de emociones lo invadió, despertando en él sentimientos que creía olvidados. La posibilidad de un nuevo amor, de una nueva familia, de un hijo que nunca pudo tener con Aurora, lo tentaba irresistiblemente.
Sin embargo, la culpa y el remordimiento lo atormentaban. No podía negar el amor que aún sentía por Aurora, un amor que había acompañado la mayor parte de su vida. La idea de lastimarla, de romper su matrimonio y de causar dolor a sus seres queridos lo llenaba de angustia.
Las noches se convertían en eternas batallas internas. Jonathan debatía consigo mismo, tratando de encontrar una salida a este laberinto de emociones. ¿Debía aferrarse a un matrimonio que parecía estar en sus últimas etapas, por un sentido de obligación y lealtad? ¿O debía arriesgarlo todo por una nueva oportunidad, por la posibilidad de una felicidad que creía perdida?
Las preguntas lo perseguían sin cesar. No había respuestas fáciles, solo decisiones difíciles que marcarían el rumbo de su futuro. Jonathan se encontraba en un punto crítico de su vida, obligado a enfrentar sus demonios internos y tomar una decisión que determinaría no solo su propio destino, sino también el de las personas que más amaba.
Jonathan toma una decisión, se divorcia de Aurora y se casará con la madre de su hijo, y por fin formar la familia que tanto soñó.
Aurora lleva una semana en su nuevo hogar y no ha sido fácil. Ha llorado mucho recordando su matrimonio feliz y sus sueños. Sin embargo, decide seguir adelante con su vida, aunque solo pensar que Jonathan ya tiene otra persona que están esperando un hijo le duele el corazón. Decide tratar de no pensar en ello, enciende el teléfono, solo ha recibido una llamada de Jonathan el día que lo descubrió con Estefanía, y después de eso no ha recibido ni un mensaje. Se le escapan algunas lágrimas.
Se dijo a sí misma: 'Basta, Aurora, tienes que ser fuerte'. Él comenzó su nueva vida, ahora te toca a ti comenzar la tuya, aunque no sea fácil.
Decidió ir a la granja vecina para buscar al Señor Williams, quien siempre se encargó de cuidar la casa de su padre. Quiero pedirle asesoramiento para arreglar la granja y ponerla en funcionamiento. El Sr. Williams fue amigo de sus padres desde que eran niños.
Se dirige a la granja en su carro. Llega, se estaciona. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve en ese lugar. Toca la puerta de la casa y le abre una señora mayor.
Aurora: Buenos días, busco al Sr. Williams.
Laura (La reconoce, es la niña Aurora): Mi niña Aurora, ¿cómo estás? Soy Laura, ¿me recuerdas?
Aurora: Claro, Laura. Se abrazan.
Laura: Estás preciosa, pareces una joven.
Aurora: No exageres. ¿Y el Sr. Williams?
Laura: Ay, mi niña. Él está en un hogar de cuidado para ancianos, tiene Alzheimer. Es triste, es como si no estuviera. No reconoce a nadie. El joven Julián no quería ingresarlo, pero necesita cuidados especiales y yo estoy muy vieja. Mi niño, Julián, solo lo tiene a él. ¿Te acuerdas cuando llegó Julián después de que sus padres murieron? Era tan solo un bebé.
Aurora: Claro que lo recuerdo, yo era una adolescente.
Laura: Él ahora se ha dedicado a la granja y le va excelente. También ha cuidado la granja de tus padres.
Aurora: No lo sabía.
Laura: Tardaste en venir, mi niña.
Aurora: Entre el trabajo y el matrimonio, no tuve tiempo para venir. (Pensó Aurora mi vida giraba alrededor de la vida de Jonathan, me anulé como persona y hasta ahora lo veo).
Laura: Y tu esposo vendrá de visita.
Aurora: Por ahora te diré que me quedaré un tiempo. Puedo hablar con Julián.
Laura: Claro, él está en el establo, te llevaré.
Aurora: No te preocupes, conozco el camino.
Aurora: camina hacia el establo cada paso le trae recuerdos. Recuerda las reuniones. Las comidas que sus padres solían hacer con la familia del Sr. Williams.
Aurora se acerca al establo. La imagen que la recibe la deja sin aliento: Julián está bañando un caballo con una camisa abierta que deja al descubierto su torso musculoso y bronceado. Sus gotas de sudor brillan como diamantes bajo la luz, y sus ojos verdes, como esmeraldas.
Es un Adonis rural, esculpido en carne y hueso. Sus piernas largas y musculosas se mueven con una gracia felina mientras frota el caballo con la esponja, y sus brazos tensos revelan una fuerza contenida. Aurora no puede evitar mirarlo, fascinada por su belleza salvaje y masculina
Es perfecto, piensa.
Un sonrojo le sube por las mejillas cuando Julián la ve, y sus ojos verdes brillan con un calor que la hace sentir como si la estuviera desnudando con la mirada.
Aurora se siente hipnotizada por él, incapaz de apartar la vista. Es como si el mundo se hubiera detenido a su alrededor, y solo existieran él y ella en ese establo bañado.
Aurora (por fin pudo emitir una palabra): necesito hablar contigo.
Julián (muy naturalmente le responde):Dime, Aurora, ¿de qué quieres hablar?
Aurora le dice:'mejor hablamos después'.
Julián, podemos hablar, ya casi termino?
Aurora no tuvo más remedio que decirle: 'no te preocupes, ve a mi casa cuando puedas' (ella no podía concentrarse viendo el pecho de Julián).
Aurora sale casi corriendo del establo. No puede quitarse la imagen de Julián de la cabeza, que es un hombre que ella conoce desde que era un bebé. Que locura
Aurora observa la casa con detenimiento. Cada rincón, cada mueble, cada objeto le trae un recuerdo vívido de su infancia y de sus padres.
Siente una mezcla de nostalgia y tristeza.
La casa parece estar congelada en el tiempo. Es como si sus padres aún estuvieran allí, presentes en cada detalle. Aurora decide empezar por arreglar su habitación. Es el lugar donde más tiempo pasaba cuando era niña y donde se siente más conectada con sus recuerdos. Comienza a sacar la ropa vieja, los muebles que ya no usa y los objetos que ya no le traen alegría.
Cada cosa que desecha la hace sentir un poco más libre del pasado. Al final del día, la habitación de Aurora está limpia y ordenada. Se siente más tranquila y en paz.
Sabe que este es el primer paso para construir un nuevo hogar en la casa de sus padres. Aurora, después de su relajante baño, se asusta al escuchar un ruido en la planta baja. Con el corazón palpitando, se coloca un albornoz y baja las escaleras cautelosamente.
En la mano lleva un objeto que encontró en la habitación, listo para defenderse de un posible intruso. Al llegar al final de la escalera, ve a un hombre alto de espaldas. El susto la hace reaccionar instintivamente y lo golpea en la cabeza. El hombre cae aturdido.
Intruso (sobresaltándose): ¡¿Qué te pasa?! ¡Eres una loca!
Aurora (temblorosa): ¡Si te atreves a hacerme algo, te va a ir mal!
Intruso (soba su cabeza adolorida): ¡¿Cómo me golpeas así?! ¡ ¡Pudiste matarme!
Aurora (con firmeza): ¡Eso es por meterte en casas ajenas a ver qué robas!
Intruso (confuso): ¡No entré a robar! Tengo la llave. Mi abuelo cuida esta casa, y yo vengo a veces. Se detiene un momento y la mira fijamente. ¡¿Eres Aurora?!
Aurora (extrañada): Sí, ¿quién eres tú?
Intruso: ¡Soy Julián, el nieto de William! ¿No me recuerdas?
Aurora (intentando recordar): Julián, no lo recuerdo.
Pero después de un segundo, lo reconoce.
Aurora: ¡¿Tú eres el niño Julián?!
Julián (con una sonrisa): Bueno, no tan niño. Tengo 30 años.
Aurora (avergonzada): Disculpa. Quería pasar por donde tu abuelo; pensaba ir mañana.
Julián (sorprendido): ¿Vienes de visita?
Aurora:No vengo a quedarme.
Julián se levanta con la ayuda de Aurora, aun sobándose la cabeza. Aurora se asombra con su tamaño y atractivo.
Aurora (pensando en voz alta): ¡Este niño si creció!
Julián (escuchándola): ¡Aurora! No soy un niño, soy un hombre.
Aurora (sonrojada):En comparación con mi edad, te veo como un joven.
Julián (bromeando): ¡Hablas como si tuvieras 80 años!
Ambos se ríen, rompiendo la tensión del momento.
Aurora: A veces me siento de esa edad.
Julián: Yo te veo igual de hermosa.
Aurora: Gracias, Julián. Mañana pasaré hablar con tu abuelo.
Julián: Podemos salir a comer algún día.
Aurora: Julián no es el mejor momento, y vine aquí para meditar y estar sola.
Julián: ok nos vemos después. Y salió dejando la llave en la mesa de la entrada.
Aurora (para sí misma):Menos mal que no insisto. No estoy lista para salir con nadie en este momento. Y mucho menos con él.
El corazón de Jonathan latía con fuerza en su pecho mientras entraba a su casa. La imagen de Aurora, su esposa, mirándolo con desilusión en sus ojos, lo atormentaba sin cesar. La infidelidad con su secretaria había sido una locura, una debilidad y una curiosidad por lo novedoso, nada justifica, fue un acto vergonzoso, y ahora las consecuencias lo golpeaban con toda su crudeza. La había dejado embarazada, solo ha estado pocas veces con ella.
Al entrar, la casa estaba en un silencio sepulcral. Llamó a Aurora, pero no hubo respuesta. Recorrió cada habitación, cada rincón, con la esperanza de encontrarla, pero ella no estaba por ningún lado.
La ropa de Aurora, habitualmente ordenada en el armario, había desaparecido. Un escalofrío recorrió la espalda de Jonathan. La magnitud de la situación lo golpeó como un puñetazo en el estómago. Aurora se había ido. Intentó llamarla a su celular, pero el teléfono solo emitía un tono monótono.
Jonathan se encontraba en una encrucijada. Su vida había dado un vuelco inesperado en un abrir y cerrar de ojos. Su matrimonio con Aurora, alguna vez vibrante y lleno de amor, se había sumido en la monotonía, la rutina y la falta de pasión. La chispa que alguna vez los unió parecía haberse apagado, dejando tras de sí un vacío que crecía día a día.
En medio de esta desolación emocional, una nueva figura apareció en su camino: Estefanía. Una joven belleza era cautivadora, su personalidad magnética y su conexión con Jonathan instantánea. Un torbellino de emociones lo invadió, despertando en él sentimientos que creía olvidados. La posibilidad de un nuevo amor, de una nueva familia, de un hijo que nunca pudo tener con Aurora, lo tentaba irresistiblemente.
Sin embargo, la culpa y el remordimiento lo atormentaban. No podía negar el amor que aún sentía por Aurora, un amor que había acompañado la mayor parte de su vida. La idea de lastimarla, de romper su matrimonio y de causar dolor a sus seres queridos lo llenaba de angustia.
Las noches se convertían en eternas batallas internas. Jonathan debatía consigo mismo, tratando de encontrar una salida a este laberinto de emociones. ¿Debía aferrarse a un matrimonio que parecía estar en sus últimas etapas, por un sentido de obligación y lealtad? ¿O debía arriesgarlo todo por una nueva oportunidad, por la posibilidad de una felicidad que creía perdida?
Las preguntas lo perseguían sin cesar. No había respuestas fáciles, solo decisiones difíciles que marcarían el rumbo de su futuro. Jonathan se encontraba en un punto crítico de su vida, obligado a enfrentar sus demonios internos y tomar una decisión que determinaría no solo su propio destino, sino también el de las personas que más amaba.
Jonathan toma una decisión, se divorcia de Aurora y se casará con la madre de su hijo, y por fin formar la familia que tanto soñó.
Aurora lleva una semana en su nuevo hogar y no ha sido fácil. Ha llorado mucho recordando su matrimonio feliz y sus sueños. Sin embargo, decide seguir adelante con su vida, aunque solo pensar que Jonathan ya tiene otra persona que están esperando un hijo le duele el corazón. Decide tratar de no pensar en ello, enciende el teléfono, solo ha recibido una llamada de Jonathan el día que lo descubrió con Estefanía, y después de eso no ha recibido ni un mensaje. Se le escapan algunas lágrimas.
Se dijo a sí misma: 'Basta, Aurora, tienes que ser fuerte'. Él comenzó su nueva vida, ahora te toca a ti comenzar la tuya, aunque no sea fácil.
Decidió ir a la granja vecina para buscar al Señor Williams, quien siempre se encargó de cuidar la casa de su padre. Quiero pedirle asesoramiento para arreglar la granja y ponerla en funcionamiento. El Sr. Williams fue amigo de sus padres desde que eran niños.
Se dirige a la granja en su carro. Llega, se estaciona. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve en ese lugar. Toca la puerta de la casa y le abre una señora mayor.
Aurora: Buenos días, busco al Sr. Williams.
Laura (La reconoce, es la niña Aurora): Mi niña Aurora, ¿cómo estás? Soy Laura, ¿me recuerdas?
Aurora: Claro, Laura. Se abrazan.
Laura: Estás preciosa, pareces una joven.
Aurora: No exageres. ¿Y el Sr. Williams?
Laura: Ay, mi niña. Él está en un hogar de cuidado para ancianos, tiene Alzheimer. Es triste, es como si no estuviera. No reconoce a nadie. El joven Julián no quería ingresarlo, pero necesita cuidados especiales y yo estoy muy vieja. Mi niño, Julián, solo lo tiene a él. ¿Te acuerdas cuando llegó Julián después de que sus padres murieron? Era tan solo un bebé.
Aurora: Claro que lo recuerdo, yo era una adolescente.
Laura: Él ahora se ha dedicado a la granja y le va excelente. También ha cuidado la granja de tus padres.
Aurora: No lo sabía.
Laura: Tardaste en venir, mi niña.
Aurora: Entre el trabajo y el matrimonio, no tuve tiempo para venir. (Pensó Aurora mi vida giraba alrededor de la vida de Jonathan, me anulé como persona y hasta ahora lo veo).
Laura: Y tu esposo vendrá de visita.
Aurora: Por ahora te diré que me quedaré un tiempo. Puedo hablar con Julián.
Laura: Claro, él está en el establo, te llevaré.
Aurora: No te preocupes, conozco el camino.
Aurora: camina hacia el establo cada paso le trae recuerdos. Recuerda las reuniones. Las comidas que sus padres solían hacer con la familia del Sr. Williams.
Aurora se acerca al establo. La imagen que la recibe la deja sin aliento: Julián está bañando un caballo con una camisa abierta que deja al descubierto su torso musculoso y bronceado. Sus gotas de sudor brillan como diamantes bajo la luz, y sus ojos verdes, como esmeraldas.
Es un Adonis rural, esculpido en carne y hueso. Sus piernas largas y musculosas se mueven con una gracia felina mientras frota el caballo con la esponja, y sus brazos tensos revelan una fuerza contenida. Aurora no puede evitar mirarlo, fascinada por su belleza salvaje y masculina
Es perfecto, piensa.
Un sonrojo le sube por las mejillas cuando Julián la ve, y sus ojos verdes brillan con un calor que la hace sentir como si la estuviera desnudando con la mirada.
Aurora se siente hipnotizada por él, incapaz de apartar la vista. Es como si el mundo se hubiera detenido a su alrededor, y solo existieran él y ella en ese establo bañado.
Aurora (por fin pudo emitir una palabra): necesito hablar contigo.
Julián (muy naturalmente le responde):Dime, Aurora, ¿de qué quieres hablar?
Aurora le dice:'mejor hablamos después'.
Julián, podemos hablar, ya casi termino?
Aurora no tuvo más remedio que decirle: 'no te preocupes, ve a mi casa cuando puedas' (ella no podía concentrarse viendo el pecho de Julián).
Aurora sale casi corriendo del establo. No puede quitarse la imagen de Julián de la cabeza, que es un hombre que ella conoce desde que era un bebé. Que locura