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Lazos de Sangre

Lazos de Sangre

Autor: : Daniela P. D.
Género: Fantasía
Luego de una centenaria guerra humanos y vampiros conviven en un mundo desolado, con cicatrices de los anteriores conflictos. Haddasah una joven representante del Consejo, la organización que representa a los huamanos, deberá abandonar su ciudad y embarcarse a la ciudad de los vampiros con la misión de encontrar al asesino que en los últimos días ha secuestrado jóvenes humanas. Su vida en la ciudad de los hijos de la noche no será sencilla, allí descubrirá secretos de su vida, su pasado, las oscuras verdades tras el Consejo. Pero sobre todo formará un poderoso vínculo con Darius De'Ath, un antiguo y poderoso vampiro que se convertirá en su compañero en la misión. Haddasah debe luchar contra las adversidades, el complicado misterio de los asesinatos, la pasión prohibida que siente por Darius y esconder su pasado como cazadora de vampiros, eso si quiere sobrevivir.

Capítulo 1 Sinopsis

Después de que una centenaria lucha entre especies, humanos y vampiros conviven en un mundo que apenas se recupera de las heridas del pasado. La paz se ha convertido en un delgado hilo que cada día amenaza por romperse. Así que para establecer el orden, ambas especies crearon un acuerdo, forjado por leyes a cumplir para mantener el orden. Dos organizaciones: una dirigida por humanos, la otra, dirigida por vampiros. Una lucha silenciosa disfrazada de concordia que amenaza el futuro de todo el mundo.

Hadassah es la más joven mujer y miembro dentro del Consejo Supremo Humano, siendo una de las más temerarias a cargo de la organización es encomendada siempre a las más difíciles labores, donde nunca ha tenido fallos.

Sin embargo una misión singular iría a parar a su cargo. Luego del hallazgo de decenas de jóvenes desangradas hasta morir, en las fronteras de los terroritorios vampiros, Hadassah deberá abandonar su zona de confort y partir a la tierra de los poderosos hijos de la noche, todo en su trabajo de encontrar al causante de dicho acto de terrorismo que pone en peligro el frágil convenio.

Darius De'Ath es un vampiro arrogante, con edad y poder desconocidos por todos, incluso su misma especie. Es desconfiado por naturaleza y se encuentra fuertemente atado a la Corte Real Vampírica. Su misión era simple: escoltar, dar hogar y apoyar en su tarea a la embajadora humana que arribaría a sus tierras. Mas las cosas no saldrían como lo planeado por ninguno de los dos.

Un humano y un vampiro no deben convivir más allá de lo necesario, así dictaminaba el primer decreto y pronto ellos descubrirían el motivo de dicha ley. Era más que atracción, que deseo, que pasión, eran un misterio el uno para el otro, eran prohibidos y cada día trataban de recordarlo. Sin embargo forjaron lazos, más allá de lo imaginable.

Capítulo 2 Primer Capítulo

-Y es así que poco más de cien años de innumerables luchas, conllevaron a lo que ahora llamamos «La Extinción del Viejo Mundo». La humanidad perdió cada uno de sus avances y dio inicio al Nuevo Mundo y el sistema de gobiernos que ahora nos dirige -terminé de explicar, mientras, camino hasta llegar tras el escrito -. ¿Alguna duda al respecto?

Miro a los pocos estudiantes que asisten a esta charla, la mayoría mira en cualquier dirección excepto la mía, otros simplemente duermen o mantienen sus cabezas gachas sobre sus pupitres. Como tema, este siempre ha sido muy infravalorado, nadie quiere saber sobre los inicios o simplemente las leyes.

-Bueno, doy por terminada esta sesión. En dos días tendremos otra, como saben esta cuenta como una actividad extracurricular, no es obligatoria, ni afecta en lo más mínimo sus notas, sin embargo es un tema sumamente importante.

Como si no me escucharan en lo absoluto, tomaron sus cosas y se marcharon despavoridos por la puerta, como una manada de animales en una estampida. Suspiré mientras negaba y acomodaba mi cabello hacia un lado, el día de hoy era particularmente caluroso.

Calzo mi bolso por sobre mi hombro y me encamino a la salida. Por el pasillo principal hay un gran ajetreo y supongo que se trata del calendario con las fechas de las venideras Elecciones de Intercambio. El hecho de que los estudiantes se animaran más por esto que por cualquier otra actividad con respecto a la universidad, significaba que estábamos perdiendo la batalla contra los vampiros. Tanto esfuerzo por mantener las razas alejadas, por que la humanidad olvidase lo que era convivir con ellos, sin embargo cada vez existía más curiosidad humana hacia ellos, olvidando lo mortíferos que llegaban a ser.

Y así era, como cada año un pequeño número de estudiantes eran seleccionados para un programa de intercambio, vampiros venían a la ciudad humana y humanos iban al territorio vampiro. ¿El objetivo? Era simplemente implementar el conocimientos de las razas sobre la contraria. Aquellos que fueran seleccionados para formar parte serían los que en un futuro formarían parte del Consejo Supremo Humano, personas que como yo trabajarían por mantener el frágil orden que hoy evita el estallido de una nueva guerra entre especies.

Todo debía salir bien, si no fuese porque la juventud -huamana mayormente- se sintiesen tan atraídas hacia lo prohibido que significan las relaciones y la convivencia entre distintas especies. Las chicas humanas se sentían particularmente atraídas hacia los vampiros, era compresible si comparabas la exorbitante belleza de aquellos seres. Sin embargo algo que aún no comprendían era que su belleza era su más letal arma, aquella que utilizaban para atraer a los incautos a su engaño y alimentarse de ellos. Como todo depredador tenían la táctica perfecta para atrapar a sus presas. Así eran ellos, tan bellos como letales, una rosa plagada en espinas.

-Señorita Sallow. -Detengo mi andar al escuchar el llamado de una joven a mis espaldas.

-¿Qué se le ofrece? -pregunté reconociendo que era una de las que en las charlas pasaba su tiempo en todo, menos en prestar atención.

-He escuchado que usted será la elegida para seleccionar a los que este año participarán en el Intercambio de Especies -dijo con cierto brillo de esperanza en los ojos, asentí y bajé mi mirada a su cuello donde lleva un grueso pañuelo de un color oscuro, algo raro tomando en cuenta la temperatura del día.

-Así es. Este año los participantes serán estudiantes universitarios ¿Tiene alguna duda al respecto?

-Verá, como sabe el programa de intercambio de vampiros ya acabó, la próxima semana los que residen aquí tendrán que regresar a Edevane, así que me gustaría que por favor me incluyera en el programa, realmente quiero ir allá.

-El afán supongo que se debe a que te relacionaste con uno de ellos, cierto -guardó silencio y esa fue mi respuesta -. Si prestaras más atención a mis charlas sabrías que está prohibido que existan ese tipo de relaciones entre especies, tú y él incumplieron la décima norma de los Acuerdos de Paz. ¿Sabes que si doy esta información él estaría en problemas? -dije y sus ojos se abrieron estrepitosamente mientras negaba con frenesí.

-¡No por favor! Escuche, él jamás me obligó a nada, lo nuestro es real, nos queremos -aseguró tomando mis manos con súplica.

-No, no lo es -llevé mi mano al borde de su pañuelo y lo bajé sutilmente, las marcas de colmillos aún enrojecidas demuestran lo reciente que son -. Y esto le costará la vida a él, por incumplir el mayor mandamiento de los de sus especie. Está altamente prohibido alimentarse de un humano.

-Le pido por favor que no lo reporte -sus ojos se cristalizaron -. Yo se lo permití, pero él me ama.

-Eres demasiado ingenua -negué acariciando su rostro -. No te ama, porque si lo hiciera no comprometería tu integridad física al alimentarse de tí, sabiendo que esto puede costarte la vida. Solo te estaba usando y lo siento pero jamás te permitiré ir a Edevane. Es mejor que te alejes de esa especie para siempre.

-¿Pero, por qué? -preguntó con deje de molestia en su voz.

-Porque eres de mente débil -di la espalda para marcharme -. Y la gente sentimentalmente manipulable son las presas más fáciles.

Entonces retomé mi andar para salir de la universidad. Llegué a la calle, miré hacia el cielo mientras soltaba una larga exhalación. El día estaba soleado, una brisa cálida soplaba del sur batiendo con sutileza las hojas de los árboles, cuyas raíces se expandieron quebrando el asfalto de las calles y el concreto de las aceras. Era increíble lo incontrolable que llegaba a ser la naturaleza, bastaron unos años sin las contaminaciones de la humanidad para que, nuevamente, la naturaleza volviera a reclamar como suyo el mundo y abrazara con sus verdes brazos incluso las más impenetrables ciudades.

Dicen que antes, el mundo estaba plagado de personas, las calles por las que ahora transitamos a pie solían están bañadas en automóviles, que incluso podíamos volar en aquellos inventos llamados aviones, que existían teléfonos pequeños con los cuales podías cargar a todos lados. Ahora, cuando aquella centenaria guerra acabó con todo, solo nos queda una pequeña fracción de la humanidad que solíamos ser antes, no hay muchos autos, solo unos pocos rústicos que se utilizan como transportes públicos, no hay aviones, los teléfonos son escasos y solo los encuentras en cabinas, la electricidad existe meramente para brindarnos luz. Se acabaron los avances y más de la mitad de la población se extinguió, fuimos condenados a vivir en un mundo decadente y ser solamente la sombra de un pasado brillante que avanzaba hacia el futuro. Ahora, ahora solo somos un fragmento a la deriva que se quedó estancado en el tiempo, no avanzamos, posiblemente solo retrocedemos hacia una civilización ignorante y al borde de la extinción. Eso somos los seres humanos.

Capítulo 3 Segundo Capítulo

Continúo caminando por un largo par de minutos hasta llegar al edificio donde resido. Me adentro por las puertas principales y me dirijo hacia las escaleras. Luego de subir cuatro pisos llego a mi domicilio, es un amplio departamento con una bonita vista, en sus tiempos este pareció ser un gran edificio, quizás un Hotel bastante costoso, ahora era el lugar donde residían miembros del Consejo.

Abro la puerta y noto que se encuentra un sobre bajo ella. Al tomarlo en manos confirmo algo que me sorprendió, una citación urgente del Consejo. Rasgo el sobre y examino cuidadosamente el contenido, en pocas palabras había sido llamada nuevamente, luego de más de un año de inactividad mis servicios habían sido solicitados, eso solo significaba una cosa: Sucedía algo que ponía en peligro los acuerdos de paz.

Me dejé caer sentada en el sofá, los resortes emitieron un chirrido. Me pasé las manos por el cabello dejando mi cabeza descansar hacia atrás.

No quería regresar a ese trabajo, me había acostumbrado a mis rutinas, a mi vida tranquila y aburrida. No quería formar parte nuevamente de aquella vida, cargar con el peso de tantos secretos, misterios, muertes y suciedad. Porque aunque para muchos resultase algo sencillo, la organización ocultaba muchos secretos, muchas atrocidades que se llevaron a cabo para preservar el orden. Todo eso se encontraba oculto bajo el tapete y es mi temor que algún día salga a la luz e implique otra infinita guerra, porque a diferencia de hace más de ciento cincuenta años, el hombre ya no cuenta con la tecnología que nos ayudó a sobreponernos, ahora estamos indefensos y prácticamente a merced de la misericordia de los vampiros. Como enemigos ellos son más fuertes, aunque los superemos en número.

¿Por qué el destino me jugaba esta mala pasada?

Cuando justamente comenzaba a olvidar mi pasado como H. Sallow, este regresaba para volverse por segunda vez mi presente, uno tan negro que me impedía ver a través de sí una esperanza futura. Esa era mi vida, de la que huí para convertirme en una profesora. Yo no era solo una de las miembros de la organización que dirigía a nuestra especie, tampoco era meramente una investigadora, esas eran apariencias. Porque solo ellos y yo sabemos todas las atrocidades que cometí siguiendo sus mandatos, sus órdenes. Soy, bajo la promesa de proteger a los míos, el terror de toda criatura nocturna, la única cazadora de vampiros de todo el Nuevo Mundo.

Camino de un lado a otro con impaciencia, la carta que sostengo en mis manos está estrujada dentro de mi puño que se cierra con una fuerza que ni yo misma reconozco. Mi mandíbula rígida y cada músculo de mi cuerpo tenso. Podía declinar a la oferta de la organización, no era algo imposible. Aunque no me extrañaría recibir una no muy grata advertencia. Para mí no había un oportunidad de declinar. No tenía chance de huir de ello, mi alma y mi voluntad eran suyas desde el primer momento en que acepté aquella misión que nadie más habría aceptado. Había hecho un juramento con mi sangre y la marca en forma de cruz en mi nuca me recordaba día a día que no tenía una vida a la cual llamar propia. Era un arma, el arma despiadada que años atrás cobró vidas tanto humanas como vampiras, todo por mantener firmes los pilares ensangrentados sobre los que se levanta la organización.

Inconscientemente llegué a la habitación, moví a un lado el escritorio de madera y la alfombra, bajo ella abrí la pequeña compuerta de madera que se camuflajeaba con el suelo, saqué del interior la caja de metal y la coloqué a mi lado. Mis manos temblaron al abrirla pero lo hice, miré el contenido en su interior y como flashes todas aquellas escenas que día a día lucho por olvidar, regresaron a mí, oprimiendo mi pecho y mi garganta. Acaricio la superficie de aquella máscara negra con su diseño de flores rojas, las dos armas plateadas, quizás unas de las pocas armas de fuego que quedan aún en el mundo, y luego, aquella daga, de un impoluto color plateado cuyo elegante y delgado cabo en la parte inferior se abría como si se tratase de pétalos en los que brillaba una hermosa piedra roja. Su diseño era único en el mundo, quizás era una de las pocas cosas que me caracterizaba, había sido puesta en mis manos, se volvió mi más letal arma y la cruz con la que cargaría el resto de mi vida, aunque ahora se encontraba totalmente limpia, yo seguía viéndola bañada en sangre. La inscripción en su hoja: «Morior Invictus», se había vuelto mi lema en los viejos tiempos. La muerte antes que la derrota, aquellas insensibles palabras que alguna vez tuvieron importancia para mí.

Cerré con fuerza la caja y la devolví a su lugar, escondida junto a mi pasado. Me negaba profundamente a volver a esa vida, prefería antes morir y si ese era mi destino lo aceptaría sin dudar ni un instante. Yo ya no me consideraba humana, me di cuenta que era un monstruo cuando matar ya era parte de mi rutina, cuando la sangre ya no me causó repulsión, cuando comencé a decir sí antes de pensar si era lo que realmente quería. Eso no era de humanos, porque comencé a vivir mi vida sin miedo, sin temerle a absolutamente nada, creyéndome indestructible y llena de soberbia.

Hadassah, aquella huérfana que alguna vez juró haría del mundo un lugar de paz, falló en su misión. Tomó por apellido Sallow y no trajo paz, sino caos. Me siento decepcionada grandemente de mí misma. Pero ya no tengo tiempo de llorar por los errores del pasado, ahora solo me queda marcar un nuevo futuro, uno donde no empuñaré nuevamente estas armas y mi rostro no llevará una máscara.

Me pongo de pie, miro por el amplio ventanal de cristal al lado opuesto de la habitación. La tarde se tiñó de naranja, los rayos del ocaso salpicaron el cielo y poco a poco comenzaba a asomarse el anochecer. Una noche sin luna y un cielo empedrado anunciando la llegada de futuras tormentas. Los días pacíficos habían acabado y al parecer no solo para mí.

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