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Leo, mi chico zanahoria

Leo, mi chico zanahoria

Autor: : SamCisneros19
Género: Urban romance
Mientras algunos hombres son expertos en ligar, Leo es todo lo contrario. Debido a las constantes burlas y rechazo por el color de su cabello, nunca ha tenido novia ni ningún tipo de contacto con las mujeres. Un día conoce a Maddie, una chica atrevida que coquetea con él e incluso lo ayuda a superar sus inseguridades. Sin embargo, ella guarda un secreto que no sólo afectará al chico pelirrojo, sino a otras personas a su alrededor, entre ellas, Claire, quien está enamorada del tímido "zanahoria".

Capítulo 1 Una chica vestida de azul

"¡Ey zanahoria! Dame tu almuerzo", "¡Qué asco! ¿Por qué eres tan anaranjado como una zanahoria?", "Zanahoria, pásame tu tarea"...

Leo sufría por el desprecio de sus compañeros debido a su cabello casi naranja y su piel pecosa, al punto de que las chicas lo miraban con desprecio y los varones lo molestaban a cada rato llamándolo "zanahoria".

Tan grande era el acoso que recibía en la escuela, que ni los maestros podían controlar las palabras despectivas con las que el pobre chico era señalado, de manera que el bullying que los alumnos ejercían contra él crecía exponencialmente.

Esta terrible situación lo llevó a creer en esas crueles palabras, al grado de percibirse así mismo como un personaje animado mal dibujado. Lo que más odiaba eran sus cejas y pestañas, las cuales eran más rojizas que su cabellera.

Cuando entró a la universidad fue más sencillo para él esconder su apariencia. Para asistir a las clases usaba todo tipo de gorras que ocultaran su cabello y vestía sudaderas holgadas de colores neutros que le ayudaban a pasar desapercibido. Incluso dejó crecer su barba, que para su fortuna era bastante tupida y no era tan rojiza, un detalle que lo ayudó a mimetizarse entre el resto de sus compañeros, quienes también vestían desaliñados.

Al graduarse de artes plásticas, Leo decidió trabajar en el taller de su padre, Jacob Brown. En un principio, dicho lugar era un espacio seguro que lo hacía olvidar del bullying que sufría en sus años escolares, donde también ahí fue donde descubrió su talento como tallador de madera.

Esta habilidad fue de gran utilidad para su progenitor, quien le encargaba a Leo que perfeccionara los trabajos que realizaban, lo cual impulsó en gran medida el negocio de su padre, provocando que este se volviera muy famoso en Ciudad M por la calidad de sus muebles.

Un día, el taller recibió un particular pedido desde la página web, de la cual se encargaba Leo, para ofrecer los productos que hacían. Dicho encargo consistía en una puerta de caoba rojiza, con un acabado rústico con detalles de flores y hojas. Este trabajo atrajo mucho la atención del chico pelirrojo, que, sin dudarlo, de inmediato se puso manos a la obra.

Era tal su gusto por esculpir y tallar objetos de madera, que no durmió durante tres noches seguidas, hasta el punto de que olvidó comer a sus horas con tal de perfeccionar su obra. Al cuarto día terminó, dejando que su padre se encargara del resto del proyecto.

Debido a su desvelo, Leo durmió como 12 horas, en las cuales soñó que se encontraba en la playa mirando el atardecer, tan rojizo como su cabello. Todo el ambiente era del mismo color y parecía que se perdía en él. La escena lucía demasiado onírica, que se sentía embelesado por la calma que emanaba la puesta del sol.

Luego de recorrer con la mirada aquel lugar, notó que una mujer de vestido azul marino caminaba por la orilla de la playa, resaltando en ese escenario de tonos rojizos. La chica tenía un sombrero que cubría su rostro, lo cual impedía que Leo pudiera ver cómo era.

Mientras observaba que esa mujer se acercaba, una parvada de gaviotas cruzó frente a él, haciendo que perdiera de vista a aquella joven. De repente, Leo sintió que unas delicadas manos tomaban su rostro, para después ser besado por esa misteriosa persona.

Cuando volvió en sí, vio que la joven le decía algo. Sin embargo, el ruido de las olas le impidió escuchar su mensaje. Entonces, la alarma de su teléfono móvil lo despertó.

Aturdido, se dio cuenta de que todo había sido un sueño, por lo que luego de unos minutos, se levantó perezosamente y caminó hacia el baño para orinar. Cuando terminó, se lavó el rostro y comenzó a asearse, para posteriormente vestirse y bajar a desayunar.

Mientras comía los hot cakes que había preparado su padre, Leo trataba de recordar los detalles de ese peculiar sueño.

Al notar que su hijo estaba tan pensativo, Jacob sintió curiosidad por lo que le ocurría, así dejó de leer su periódico y se dirigió a él para preguntarle qué le pasaba.

-¿Dormiste bien?

-Mmmm, más o menos -murmuró sin mucho ánimo.

-¿Quieres descansar hoy? Puedo ir solo a entregar el pedido -sugirió Jacob con sumo interés en el bienestar de su hijo.

-No te preocupes, estaré bien -contestó el chico con voz ronca-, ¿me pasas la miel?

Jacob le entregó el frasco de miel y continuó hablando.

-Bueno, si tú lo dices. Por cierto, Abraham me marcó temprano para pedirme que lo ayude a instalar unas ventanas. Después de llevar la puerta, puedes acompañarme a su casa.

-Ok -contestó Leo de manera apática.

Al notar que Leo no tenía muchas ganas de hablar, Jacob suspiró de frustración para luego seguir leyendo el periódico mientras tomaba a sorbos su café.

Cuando terminaron de desayunar, ambos hombres se dirigieron al taller para cargar la puerta a la camioneta y partir a la casa del cliente a entregar el pedido.

Media hora después, llegaron a una casa de dos pisos, color azul brillante. El predio tenía un jardín completamente descuidado, cuyo el pasto estaba muy amarillo y las hojas secas de los árboles se encontraban en el piso formando un tapete anaranjado.

Jacob fue el primero en bajar y llamar a la puerta. Sin embargo, nadie respondió, por lo que decidió contactar por teléfono al comprador.

Mientras Leo esperaba en la camioneta, se percató que las casas del vecindario tenían un diseño similar, muy diferentes al domicilio del comprador, el cual rompía con la estética de la colonia. Ante esto, pensó: «Quien viva aquí es una persona con poco sentido de la belleza y buen gusto».

De repente, su vista notó que a lo lejos venía una mujer corriendo. Vestía una sudadera azul y pants negros que resaltaban su silueta, lo que provocaba que las personas que se encontraban en la calle volteaban verla cuando cruzaban a su lado.

Su atención también centró en el largo cabello negro de la mujer, el cual estaba sostenido con una coleta y se balanceaba graciosamente, lo que la hacía lucir como una modelo salida de un comercial de ropa deportiva.

Cada vez que esa chica se acercaba, Leo sentía que había algo en ella que le parecía bastante familiar. Luego de un rato, la joven se detuvo frente a la casa. Era la clienta que estaban esperando.

Capítulo 2 Choque eléctrico

Los ojos de Leo casi se salieron de su órbita al descubrir que la chica que acababa de llegar era idéntica a la que había visto en su sueño. De inmediato parpadeó para enfocar bien, pero no había duda de que era la misma persona.

-¡Buenos días! ¿Ya está lista mi puerta? -preguntó la joven un poco agitada, dirigiéndose a Jacob.

-Buen día, usted es Maddie Scott, ¿no? -contestó el padre de Leo con amabilidad.

-Sí, soy yo, mucho gusto -respondió la joven risueña, mientras ofrecía su mano derecha a Jacob.

-El gusto es mío, Jacob Brown, del taller de "Brown e hijo" -respondió el padre de Leo, mientras respondía al saludo de Maddie con una sonrisa-. Ya trajimos su puerta, ¿dónde quiere que la coloquemos?

-¡Excelente! Podrían instalarla en lugar de esa puerta -aplaudió emocionada Maddie, al tiempo que señalaba la vieja puerta blanca que estaba en la entrada del inmueble-. La verdad ya está muy desgastada y no me gusta mucho.

-Con mucho gusto, en un momento se la instalamos -dijo Jacob y luego se dirigió hacia el vehículo mientras le hacía señas a Leo para que bajara de la camioneta.

De inmediato, el chico pelirrojo descendió del vehículo para ayudar a su padre con la descarga de la puerta. Mientras lo hacía, pensaba: «Lástima por la puerta, no combina con el diseño de la casa».

Pronto sus pensamientos se vieron interrumpidos al sentir que esa joven tenía puesta su mirada en él. Sin embargo, el joven pensó que tal vez esto era producto de su imaginación y lo ignoró inmediatamente.

En tanto, Jacob no se percató de esta situación, así que continuó con su labor sacando la caja de herramientas del vehículo y disponiéndose a preparar todo para instalar la puerta.

Posteriormente, ambos hombres se dispusieron a retirar la vieja, en tanto que Maddie entró a su casa. Después de unos minutos, regresó para ofrecerles jugo de naranja.

-Mil disculpas si los hice esperar antes. En recompensa, les ofrezco un vaso de jugo -dijo con una dulce voz.

-No se hubiera molestado, no esperamos mucho -contestó Jacob con caballerosidad, mientras tomaba el vaso de jugo-, pero muchas gracias.

Después, Maddie se acercó a Leo con una enorme sonrisa para ofrecerle el jugo. El tímido muchacho no dijo nada y tomó el vaso con indiferencia. Mientras bebía el zumo, notó que ella se había quitado la sudadera y tenía puesta una blusa de tirantes color blanco de licra que hacía resaltar su busto.

Al ver esto, el chico pelirrojo desvió la mirada para enfocarse en el jugo. Cuando terminó, devolvió el vaso con un gesto de agradecimiento. Jacob hizo lo mismo y ambos continuaron trabajando. Luego de un rato, el padre de Leo exclamó con frustración:

-¡Rayos! Traje las brocas equivocadas, creo que voy a regresar al taller.

-No te preocupes, puedo ir por ellas rápido -propuso Leo con diligencia.

-No, quédate, yo iré. Regreso en unos minutos -ordenó Jacob, que de inmediato se retiró sin dar oportunidad a su hijo de protestar.

Cuando Maddie notó que el muchacho estaba solo, se acercó con la intención de hacerle plática.

-¿Se fue el señor Jacob? -preguntó con curiosidad.

-Ajá -contestó Leo con frialdad, sin voltear a ver a Maddie.

En realidad, el chico pelirrojo se sentía inseguro de estar solo con una mujer como Maddie, ya que le hacía recordar a aquellas chicas de sus años escolares que lo despreciaban solo por su color de piel.

Aunque Leo se mantenía distante, esta frialdad provocó que Maddie sintiera más interés por conocerlo. Era la primera vez que se topaba con un chico que la ignoraba de esa manera, pues siempre tenía la atención de los hombres.

En un principio pensó que su actitud era porque el chico pelirrojo era gay, luego se dio cuenta de que en realidad el joven carpintero solo era tímido, así que decidió continuar con su plan de hacerle plática.

-Veo que no hablas mucho -dijo de manera atrevida, mientras se acomodaba el cabello detrás de su oreja, revelando su largo y delgado cuello.

Ese movimiento hizo que Leo tragara saliva y su ritmo cardíaco aumentara, al grado de que sus orejas se pusieran rojas. Para mantener la calma, trató de enfocarse en su trabajo.

-Ah... lo siento, no soy muy bueno charlando -contestó, mientras estaba inclinado intentando sacar los tornillos de forma manual.

Maddie, quien era buena observadora, notó que Leo la evitaba porque estaba demasiado avergonzado. Entonces una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro y pensó: «Este chico es oro puro». Sin perder el ánimo, se agachó para estar al nivel de su objetivo para volver a atacar.

-¡Oh! Bueno, yo tampoco soy buena charlando. Si conozco a alguien que me inspire confianza, no paro de hablar -dijo con la intención de que Leo baje la guardia.

«¿Le inspiro confianza?», pensó Leo al escuchar esto, ya que siempre pensaba que su apariencia era desagradable para que alguna chica sintiera confianza de hablar con él.

-Si tú lo dices, supongo que parezco confiable -respondió Leo manteniendo su expresión estoica.

-¡Así es! -reiteró Maddie-, me pareces buena persona y creo que tienes cosas interesantes qué contar -recalcó la joven atrevida mientras trataba de pensar qué decir para mantener la plática-. Por cierto, ¿Tú hiciste la puerta?

-Ajá - contestó Leo, quien luchaba con un tornillo que estaba desgastado, complicación que lo ayudó a mantenerse concentrado.

-Ya veo, realmente te quedó hermosa -dijo Maddie, mientras se acercaba para observar a Leo trabajar, mostrando a propósito un poco su escote-. ¡Eres muy hábil! Supongo que tu padre te enseñó el oficio.

Maddie sabía que alabar las habilidades de Leo lo ayudaría a romper con su inseguridad y así conseguir acercarse a él. Su interés en ese chico era tal, que no quería descansar hasta que él cayera en sus redes.

Por su parte, el inocente Leo apenas podía mantener la calma con el elogio y sus orejas lo traicionaron de nuevo al teñirse de rojo intenso. «¿Acaso esta chica está coqueteando conmigo?», pensó un tanto contrariado.

Al ver que el joven pelirrojo estaba en aprietos y no hablaba, Maddie continuó con su ataque frontal.

-¡Vaya! Para ser carpintero, veo que tienes unas manos muy lindas -expresó, al mismo tiempo que agarró la mano derecha de Leo.

Justo en el momento en que sus manos se tocaron, una especie de descarga eléctrica los sorprendió.

Capítulo 3 Amiga

-¡Ay! -gritó Maddie sorprendida, apartándose inmediatamente.

-¿Estás bien? -preguntó Leo preocupado, que también había sentido el choque eléctrico, pero olvidó el malestar para enfocarse en su adolorida anfitriona.

-Sí, ¿qué fue eso? -contestó la joven aturdida, mientras observaba a su alrededor para descubrir la causa del choque eléctrico.

-Al parecer nos electrocutamos -respondió Leo, que también dirigió la mirada al piso para determinar lo que originó la descarga-. Pero, es extraño, ya que no hay algún cable o dispositivo que transmita la energía eléctrica.

Al no encontrar la causa, Maddie decidió irse a la sala para sentarse en el sofá con tal de tomar aliento, mientras Leo se quedó en la puerta mientras la miraba con preocupación.

En ese momento, Maddie volteó a verlo y notó que el chico lució demasiado afligido, así que sonrió para tratar de calmarlo.

-¡Ey! Tranquilo, ya pasó -respondió mientras extendía su mano para invitarlo a pasar-. Entra y toma asiento mientras esperamos a tu papá.

Esta proposición hizo que Leo se congelara, ya que era la primera vez que estaría solo en una misma habitación con una chica.

-¡Oye! No muerdo, acércate -insistió Maddie, que no aceptaba un "no" por respuesta.

-Estoy bien aquí, gracias -respondió Leo con timidez, evitando mirarla a los ojos.

-¡Ven! O quieres que vaya por ti -ordenó con malicia.

Esto provocó que las mejillas del chico pelirrojo ardieran de vergüenza, que por un momento dudó antes de hacer caso a la petición de Maddie.

Cuando al fin se decidió, sus nervios lo traicionaron, provocando que sus pies tropezaran con la alfombra y cayera frente a Maddie.

Al ver que Leo caía pesadamente, Maddie se sorprendió tanto, que se levantó rápidamente para ayudarlo.

-¡Oh por Dios! ¿Estás bien? -gritó asustada.

Esta situación avergonzó tanto a Leo, que en su desesperación trató de mantener su rostro escondido para evitar mirarla. Sin embargo, la hermosa anfitriona reaccionó rápido, tomándolo de los brazos, contacto que dejó en blanco su mente.

Por un momento, Leo se perdió en el hermoso rostro de Maddie, que era igual de precioso que el de la waifu de su videojuego favorito "Liga de Guerreros".

En cambio, Maddie estaba tan preocupada, que no se fijó que el chico pelirrojo estaba embelesado mirándola, y solo se enfocó en revisar que este no hubiera sufrido daño. Mientras hacía esto, comenzó a preguntarle con desesperación.

-¿Estás bien? ¿Te hiciste daño?

Las preguntas de la chica hicieron que Leo saliera de su ensoñación y volviera a avergonzarse por su actitud torpe.

-No -respondió desviando la mirada.

-¿No qué? ¿Estás herido? Vi que la caída fue muy fuerte -insistió Maddie.

-No te preocupes, no me pasó nada -reiteró nerviosamente.

-¡Uf! -suspiró de alivio la joven trigueña, para después comentar con fastidio-. Definitivamente esa alfombra es peligrosa, quienes me visitan por primera vez siempre tropiezan con ella. Es mejor que la cambie.

-¡No! No es necesario -exclamó Leo apenado, pero luego desvió la mirada para ocultar su cara de vergüenza.

Al ver que el chico que tenía enfrente se comportaba como un inocente niño, Maddie tuvo un sentimiento extraño. Aunque en un principio quería acercarse a él para convertirlo en su siguiente conquista, desde ese momento supo que él era completamente diferente a otros hombres con los que había estado. Entonces pensó que debía cambiar la estrategia y ser cautelosa con él.

-No te preocupes, no la cambiaré -sonrió para tranquilizarlo-. Bueno, veo que tu papá está tardando mucho, ¿qué te parece si platicamos en lo que esperamos?

-Oh... está bien -contestó el chico pelirrojo, que trataba de mantener la distancia con Maddie.

-Por cierto -señaló la chica risueña-, no me has dicho tu nombre. Tú sabes el mío, me gustaría saber cómo te llamas.

Sorprendido por la pregunta, Leo sintió que su corazón latía con emoción y los músculos de su garganta se atoraron. Entonces tosió para tratar de calmarse.

-Cof... cof... Me llamo Leonard.

-Leonard... -repitió Maddie pensativa-, es la primera vez que conozco a alguien con ese nombre. ¡Me gusta! Y creo que es perfecto para ti. Supongo que debajo de esa gorra hay una maravillosa melena rojiza... -señaló Maddie mientras tomaba por sorpresa a Leo al quitarle la gorra, revelando su melena pelirroja.

El chico quedó congelado ante tal movimiento, mientras que la atrevida joven quedó impactada al ver la cabellera rojiza que se perdía entre la barba tupida de Leo.

Luego de un instante, se dio cuenta de que los ojos tristes de Leo revelaban la razón por la que mantenía oculta su melena. En ese momento sintió un enorme deseo de ayudarlo a recuperar su autoestima destruida.

-¡Wow! Pareces un león, ¿alguien te lo había dicho antes? -trató de alabarlo con una sonrisa amigable.

Al escuchar esto, Leo no pudo articular alguna palabra y solo giró su rostro para señalar que su respuesta era no.

-¡Oh! Supongo que esta gorra era para ocultar tu hermoso cabello, pero creo que no es necesario. Incluso si vistieras con una camisa de cuadros roja con pantalones de mezclilla, podrías hacer el cosplay de un leñador -aseveró Maddie en un tono gracioso, mientras trataba de desviar la atención y relajar al temeroso chico que tenía enfrente.

Sin embargo, al ver que este no reaccionaba, intentó hacer un último movimiento para evitar que Leo volviera a su caparazón.

-¡Oye! ¿Y si brindamos por nuestro primer encuentro con una cerveza?

-Lo siento, no me gusta -respondió fríamente Leo, levantándose del sillón y acercándose a la puerta-. Continuaré con mi trabajo, no tarda y llega Jacob.

El repentino cambio de actitud de Leo sorprendió a Maddie, por lo que intentó disculparse y recuperar la atención de Leo.

-Perdón, no quería ofenderte. ¿Te parece si comenzamos de nuevo?

Esto último hizo que Leo se detuviera. Su mente estaba tan confundida, que luego de pasar por ese mal rato, solo pensaba en terminar el trabajo y no volver a saber más de esa mujer que parecía tener intenciones de burlarse de él.

Por su parte, Maddie se sentía avergonzada por haber actuado de esa manera, así que se dirigió a él para restablecer la relación que apenas comenzaba a nacer.

-Si me perdonas, ¿podríamos ser amigos?

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