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Liberada del infierno para reclamar mi imperio

Liberada del infierno para reclamar mi imperio

Autor: : Clara Voss
Género: Moderno
Hayley fue traicionada por aquellos que deberían haberla amado más que nadie. Para salvar a su preciosa hija adoptiva de un castigo que merecía, sus propios padres enviaron a Hayley directamente a un infierno en vida: una prisión infame donde la supervivencia exigía crueldad y la debilidad significaba muerte. Cuatro años después, la chica que había entrado por esas puertas de hierro ya no existía. Emergió con una única regla inquebrantable grabada en su alma: se cobraría cada traición multiplicada por diez. El día que caminó libre, el mundo se estremeció. Un convoy de autos de lujo estaba alineado en la carretera. Una legión de seguidores leales esperaba su triunfante regreso. Su padre intentó comprar su silencio con dinero. Pero el dinero hacía tiempo que había perdido su poder sobre ella. Su hermana adoptiva se escondía tras palabras dulces y una falsa amabilidad. Pero las sonrisas vacías ya no la engañaban. Recuperaría todo lo que le había sido robado. Cuando sus padres intentaron atarse al hombre más temido de la ciudad ofreciendo a su hija adoptiva, Hayley sonrió fríamente. "Eso no pasará mientras yo esté aquí". Respaldada por un hacker legendario, aliados en las sombras y toda una prisión dispuesta a quemar el mundo por ella, Hayley desmanteló a sus enemigos con una precisión aterradora. Entonces el tirano la notó. "Eres interesante", dijo. "Conviértete en mi mujer, y la ciudad será tuya". Hayley levantó una ceja, sin impresionarse. "¿Quieres poseerme? Primero tendrás que sobrevivirme". La alta sociedad se convirtió en su campo de batalla. El poder se enfrentó al deseo. La ambición se enfrentó a la obsesión. En este despiadado juego de dominio y tentación, solo uno se arrodillaría primero. La chica que una vez fue abandonada en el infierno se alzó de sus cenizas, coronada por llamas de venganza. Y al final, incluso el gobernante más temido de la ciudad se inclinaría, ofreciendo su imperio a la mujer que había conquistado tanto el infierno... como a él.

Capítulo 1 Primero tengo que casarme

La Prisión Unidad Uno era la cárcel más segura del país. La construyeron para mantener a los criminales más peligrosos encerrados y alejados del mundo. Esa mañana, la calle frente a la cárcel estaba llena de autos de lujo, cuyas carrocerías pulidas reflejaban el sol y proyectaban destellos sobre los altos muros.

Los goznes oxidados crujieron cuando la pesada puerta de hierro se abrió. Al instante, salió una mujer delgada, con un morral colgado de un hombro y caminando con paso decidido. Su pelo corto, bien recortado, le rozaba la mandíbula. Sus ojos agudos y vivaces escudriñaban el entorno; no habían perdido su brillo a pesar de tantos años detrás de rejas. Tenía puesta una camiseta blanca sencilla y unos jeans azules desgastados. Se veía demasiado fresca para estar saliendo de una prisión.

Los guardias apostados en la puerta intercambiaron miradas inquietas. ¿Esa era la persona importante que esperaba esa gente?

"Hayley Morgan, ya eres libre. Hazte un favor y no te metas en líos", le dijo el oficial encargado de acompañarla a la salida, con voz sorprendentemente suave.

Ella asintió, cerró los ojos y respiró hondo, llenando sus pulmones de libertad por primera vez en cuatro años. Después de todo ese tiempo, por fin estaba fuera de esos muros.

"¡Señorita Morgan!".

El grito la sacó de sus pensamientos, y frunció el ceño con fastidio. Cuando abrió los ojos, dos filas de guardaespaldas le bloqueaban el paso. "Muévanse", soltó ella con impaciencia.

"¡Señorita Morgan!". Un hombre flaco, Gavin Reid, se acercó apresurado, forzando una sonrisa nerviosa. "No vamos a ninguna parte. La señora Norris nos ordenó que la recogiéramos".

Hayley consideró darse la vuelta, pero el hombre se interpuso en su camino rápidamente, diciéndole: "Por favor, no se dé la vuelta. Traerá mala suerte".

"En el pasado, podría haber creído en cosas así", contestó ella lenta y claramente. "Pero ahora solo confío en mí misma".

Luego se apartó de ellos y se inclinó profundamente hacia la prisión. "Lorna, ya me voy".

Los recuerdos volvieron a su mente de golpe, la razón por la que terminó en prisión. Cuatro años atrás, sus propios padres la entregaron a las autoridades, obligándola a asumir la culpa de un crimen que había cometido la hija adoptiva de ellos. Alguien murió en el accidente, pero fue ella quien pagó el precio.

Recordaba lo pequeña e impotente que se sentía en ese entonces. Las demás reclusas la veían como una presa fácil, y sobrevivir habría sido imposible de no ser por Lorna Norris. La mujer que dirigía a las presas intervino. No solo la sacó de las fauces de la crueldad, sino que le enseñó a defenderse.

Con el tiempo, Lorna se convirtió en una especie de madre para ella, explicándole cosas que nunca podría haber aprendido en un salón de clases. Por supuesto, Hayley cambió. La chica tímida desapareció, y cualquiera que se cruzaba en su camino aprendía rápidamente una dolorosa lección.

Las palabras de su amiga se le quedaron grabadas en la mente: "Hayley, si quieres sobrevivir en este mundo cruel, tienes que ser más dura que los demás. Cuando eres despiadada, la gente se da cuenta. Te respetan. Saben que es mejor no buscar pelea".

Llevaba esas palabras como una armadura. Mirando a su alrededor, se dio cuenta de que las únicas personas que esperaban afuera eran del equipo de Gavin, y sonrió con frialdad. Ni un solo miembro de su familia se presentó para darle la bienvenida. El mensaje no podía ser más claro: sus padres probablemente pensaban que nunca saldría con vida.

Entonces Gavin se adelantó con silencioso respeto y le preguntó: "Señorita Morgan, ¿quiere comer algo primero o volver a casa?".

Ella se acercó a un auto y sonrió. "Ninguna de las dos cosas. Primero tengo que casarme".

Era plenamente consciente de su situación. La cárcel le había quitado todo: sus contactos, su seguridad, incluso su nombre. Lorna solo podía protegerla en las sombras; pero, para sobrevivir en el exterior, necesitaba poder, una alianza que le permitiera volver a la familia Morgan con la cabeza en alto.

Cuatro años antes, siempre había sido dócil. Lo único que quería era que su familia la aceptara, y ese anhelo fue lo que la llevó a la cárcel; sin embargo, esa chica ya no existía. Ahora estaba decidida a reclamar su lugar en la familia Morgan y a asegurarse de que todas las personas que la despreciaron o traicionaron se arrepintieran.

Ya acomodada en el asiento de atrás, miró perfiles de hombres en su celular y una leve sonrisa astuta se dibujó en sus labios.

"Kaden Evans, el hombre más influyente de Flanmery, es conocido por ser muy distante con las mujeres. Parece una buena elección", murmuró, rozando ligeramente la foto del hombre con el dedo.

No tenía sentido intentar acercarse a un hombre como Kaden de la forma habitual. Alguien con tanto poder y reputación no le prestaría ni un segundo de atención. Por suerte, recordó el contrato de compromiso que su familia había firmado con la familia Evans hacía mucho tiempo. Esa vieja promesa podría abrirle puertas ahora.

"Gavin, vamos al Club de Golf Link".

El hombre dudó, lanzándole una mirada nerviosa por el retrovisor. "¿Está segura, señorita Morgan? Dicen que el señor Evans reservó todo el club hoy".

"Solo sigue mis instrucciones y deja de interrogarme".

Él tragó saliva y siguió conduciendo en silencio, sintiendo cómo su corazón latía con violencia. Hayley había mencionado un matrimonio, y ahora quería ver a Kaden Evans. ¿De verdad pensaba casarse con ese hombre?

Capítulo 2 Pretendo casarme contigo

Ese día, despejaron el Club de Golf Link, el club más extravagante y prestigioso de todo Flanmery, para un único invitado: Kaden, el líder actual de la familia Evans.

En Flanmery, los Evans controlaban casi todas las industrias importantes, y su influencia ya se había extendido más allá de las fronteras nacionales. A medida que se expandían en el extranjero, su dominio solo se hacía más fuerte, sin dejar rivales de peso.

"Abuelo, deja de mencionar ese acuerdo de matrimonio. Si sigues insistiendo, arruinaré a la familia Morgan".

La llamada terminó de forma abrupta. Kaden arrojó el celular a un lado, en dirección al asistente que, sin mirarlo, esperaba por ahí cerca. Tenía un palo de golf en la mano mientras se dirigía hacia el tee de salida. Sin embargo, en lugar de una pelota, había un hombre, acostado sobre el césped, rígido, con un tee apretado entre los dientes mientras el miedo inundaba sus ojos. Todo su cuerpo temblaba mientras luchaba contra el impulso de gritar.

"No te muevas, señor Holt", le indicó Kaden en voz baja mientras alineaba su swing, con un tono tranquilo pero amenazador. "Si arruinas mi tiro, ya sabes lo que pasará después".

El terror brilló en la mirada de Gerard Holt cuando el palo que el otro levantaba se sintió como una amenaza inminente sobre él. El palo cortó limpiamente el aire, y, con un agudo silbido, Kaden hizo volar la pelota con una fuerza brutal. La bola cortó el cielo, cayó limpiamente sobre el césped y continuó su camino hasta desaparecer en el hoyo sin vacilar.

En ese mismo instante, Hayley entró en el campo, sonriendo relajadamente. "Eso fue impresionante, señor Evans".

En cuanto los guardaespaldas de Kaden se dieron cuenta de que había una extraña, se acercaron rápidamente y formaron un círculo apretado alrededor de su jefe. Uno de ellos se abalanzó sobre la chica para agarrarla del brazo, pero ella se apartó con facilidad y lo hizo retroceder con una patada.

Una medio sonrisa cruzó su rostro mientras miraba directamente a Kaden. "¿Así es como tratas a tu futura prometida, señor Evans?".

¿Prometida? La sola palabra provocó una oleada de sorpresa entre todos los presentes. En Flanmery, ese hombre era famoso por mantener a las mujeres a distancia y no permitir que nadie se le acercara. Sin embargo, ahora esa chica estaba ahí, reclamando abiertamente ese título. ¿Acaso estaba buscando problemas?

Kaden soltó una carcajada mientras sus ojos se posaban en Hayley. La curiosidad brillaba bajo la burla. "Nunca había conocido a una mujer tan atrevida como para hablarme así", dijo despacio, bajando el tono mientras su mirada se endurecía. "Y también serás la última".

Con una burla desdeñosa, se apartó de ella, claramente no tenía interés en continuar el intercambio. Pero, sin previo aviso, un puñetazo se dirigió directamente hacia él. Kaden reaccionó por instinto, moviendo la cabeza lo suficiente para que el puño pasara rozando su rostro.

Su expresión se endureció en cuanto agarró la muñeca de la mujer y la jaló hacia sí, mirándola a los ojos. Algo salvaje y cruel se agitó detrás de la mirada de la joven, lo que hizo que el aire se sintiera cargado. Ante el peligro, Kaden la soltó y la empujó hacia atrás sin vacilar.

"Señor Evans, ¿estás listo para tener una conversación ahora?", preguntó Hayley con una sonrisa pícara.

La sospecha cruzó el rostro de él mientras la estudiaba. Después, desvió la mirada hacia los guardias que ya se adelantaban y les ordenó: "¡Retírense!".

Los guardaespaldas se quedaron paralizados por un momento y después retrocedieron de inmediato con cara de irritación.

"Manada de inútiles", murmuró Kaden, volviéndose hacia la joven. "Tienes un minuto".

"Me llamo Hayley Morgan. Soy la hija de la familia Morgan".

"Ellos solo tienen una hija. Emmalyn".

Dicho eso, Kaden entrecerró un poco los ojos y levantó una mano, indicándole a su asistente, Ian Clark, que se acercará, quien obedeció, diciendo: "Señor Evans, lo confirmé. Esta mujer es una Morgan. Su identidad nunca se hizo pública. Hace cuatro años la metieron a la cárcel y hoy mismo la liberaron".

Kaden puso cara de curiosidad mientras sonreía lentamente. "Así que en cuanto saliste de la cárcel, viniste directamente a mí, anunciándote como mi futura prometida. Esto se está poniendo muy interesante. Explícame qué estás haciendo aquí".

"Quiero casarme contigo".

Capítulo 3 Hablar con ellos sobre el compromiso

Hayley habló antes de que Kaden pudiera decir algo. "Señor Evans, tu abuelo te ha estado presionando con el matrimonio últimamente, ¿verdad?".

Ignorando la intimidante presencia del hombre, se dirigió con determinación a un sillón cercano y se acomodó. "Tu abuelo es todo para ti. Puede que le digas que no a la cara, pero en el fondo temes que disgustarlo pueda afectar su estado de salud, ¿no es así?".

"¿Cuál es tu punto exactamente?", preguntó él, frunciendo el ceño mientras su aguda mirada se fijaba en ella.

Su actitud no revelaba la menor preocupación; de hecho, se comportaba como si dominara por completo la situación.

"Podríamos casarnos por conveniencia". Hayley hizo rodar sus gafas de sol entre los dedos y habló como si estuviera charlando del clima. "Eso calmaría a tu abuelo y te liberaría de la presión constante. Además, así mantendrías a raya a todas las mujeres que intentan conquistarte".

"¿De verdad crees que eso me importa?", soltó Kaden con una risa contenida, intensificando su tono frío. "Señorita Morgan, no estás en posición de utilizarme".

"Desde luego no propondría un matrimonio solo basándome en eso", respondió Hayley, sonando despreocupada, mientras cruzaba sus largas piernas antes de mirar hacia Gerard, quien seguía acostado en el césped. Después de una breve pausa, continuó: "¿Por qué no hacemos esto más interesante y apostamos algo?".

Con cara de curiosidad, él le preguntó: "¿De qué tipo de apuesta estamos hablando?".

Levantándose, la joven tomó un palo de golf del estante y lo probó con un breve swing. "El proyecto Utopia del Grupo Evans perdió cien millones de dólares por los errores del señor Holt. Ahora que él ya no puede gestionar el proyecto, necesitas un sustituto".

Kaden frunció aún más el ceño. "¿Entonces vas tras de ese proyecto?".

Sin siquiera mirar la cara de desesperación de Gerard, Hayley se preparó para golpear. "Si hago un hoyo en uno, me entregarás Utopia. ¿Qué te parece?".

Eso no era lo que él se esperaba. Supuso que esa mujer le pediría que aceptara su propuesta de matrimonio, pero su exigencia lo tomó por sorpresa.

"Trato hecho".

"Señor Evans, tu determinación es impresionante".

Hayley entrecerró los ojos, concentrándose, mientras golpeaba la pelota con todas sus fuerzas, la cual pasó zumbando junto a Gerard, dejándolo clavado en el sitio, como si el swing le hubiera quitado el aire.

La pelota se elevó y dibujó un arco perfecto en el cielo. Todas las miradas de la multitud siguieron su trayectoria, con la respiración contenida, esperando lo que ocurriría a continuación. Con un chasquido seco, la bola cayó con precisión en el hoyo.

Los espectadores soltaron jadeos y murmullos. ¿De verdad eso lo podía hacer una principiante? Ni siquiera los expertos más avezados conseguían siempre un golpe tan perfecto.

Kaden aplaudió lentamente, y su expresión cambió cuando un destello de respeto asomó en sus ojos. "Señorita Morgan, tengo que admitir que tus habilidades para el golf son excepcionales. El proyecto es tuyo".

"Gracias, señor Evans. Pasemos al asunto principal".

Con expresión sombría, él respondió con frialdad: "No cabe duda de que eres una caja de sorpresas. Pero, en cuanto al compromiso, mi respuesta es no. No necesito una esposa solo para calmar a mi abuelo".

La negativa no provocó ninguna reacción en Hayley. Por el contrario, con calma, ella sacó una carpeta y se la entregó. "Revisa primero este documento".

Sin esperar respuesta, se alejó con paso firme y declaró: "Estaré esperándote en casa".

Kaden quiso responderle que estaba delirando. Sin embargo, cuando sus ojos recorrieron los documentos que estaban en la carpeta, se puso rígido y todo su semblante cambió en un instante. ¿De dónde diablos había obtenido esa información? ¿Quién era esa mujer en realidad?

"¿Señor Evans?", lo llamó Ian al verlo tan inmóvil.

"Prepara el auto. Vamos a visitar a la familia Morgan".

"¿Para qué?".

"Para hablar con ellos sobre el compromiso".

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