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Libertad Robada

Libertad Robada

Autor: : Rocio_CE
Género: Romance
Ella amaba a un hombre, pensaba formar un futuro junto a él, pero su vida cambia cuando sus propios padres la venden, la venden a un rey. Su vida no era miserable, pero al llegar al palacio Darlene experimenta lo que es el odio, el rencor al conocer a un rey que se enaltece al humillarla, al robar su vida, su libertad. Un suceso inesperado convierte a Darlene en una mujer que buscará acabar con todos, adentrándola en un juego donde todo se reduce a la muerte de todos aquellos que le hicieron daño. ¿Te atreves a seguir esta sádica historia?

Capítulo 1 Prólogo

El viento soplaba con fuerza mientras la respiración de la chica se hacía cada vez más fuerte. No podía detenerse. No debía detenerse. Su cuerpo anhelaba un poco de descanso, pero Darlene sabía que no debía parar, ellos la encontrarían y la devolverían a ese lugar.

-Se fue por allá, que no escape-el grito de uno de sus perseguidores la hizo llorar en silencio. Las calientes lágrimas que viajaban por sus mejillas eran lo único que le daba calor en aquella fría noche.

Los rasguños por los árboles del bosque hacían que Darlene mordiera sus labios. Ella no debía dar a conocer su posición, ellos eran muy inteligentes. Detuvo su paso al escuchar pisadas y se escondió detrás de uno de los árboles.

La luna apenas era visible aquella noche, las nubes oscuras cubrían todo y eso le regalaba una pequeña ventaja en su plan de huida. Ella tenía control dentro del bosque, lo conocía como la palma de su mano, esa era la única ventaja que tenía sobre ellos.

La ropa que apenas cubría su cuerpo hizo que Darlene suspirara, tenía mucho frío, pero por nada del mundo debía volver a ese lugar, no al lado de ese maniático, no al lado de un hombre que detestaba y que definitivamente no amaba.

Cuando los pasos se hicieron lejanos ella salió de su escondite y evitando hacer ruido caminó en la oscuridad del bosque. Cerró los ojos para que su sentido auditivo se concentre y encuentre la posición de sus enemigos. No había movimiento, eso significaba que se alejaron.

Darlene dio un paso y un gemido de dolor cubrió todo el bosque. Las piernas de la chica fallaron y la hicieron caer. Sentía que su piel ardía, que su corazón dolía, que sus sentidos se encontraban entumecidos. Sentía que moría. Su mano fue a su cuello donde la marca que aquel desgraciado puso en su piel, esa marca era como una hoguera, era fuego, fuego que amenazaba con destruir su cuerpo.

-Así que aquí está-Darlene levantó la vista y miró a uno de los tantos hombres que servían a ese-así que la marca comenzó a funcionar, es una lástima. Si no te llevamos pronto el dolor te matará, espero que eso sea una lección que no debes huir de nuestro señor. Si el Señor Cayden es de poca paciencia la de su hermano menor es nula. Ahora eres de él, acéptalo de una vez por todas niña. No intentes escapar-Darlene vio aquella humillación tras sus ojos cansados por tanto dolor, vio cómo esposaban sus manos y como su corazón solo hacia odiar a ese hombre.

Darlene solo tenía ganas de matarlo, matarlo como el mató al hombre que ella amaba, destruirlo como lo hizo él con sus ilusiones y acabarlo como lo hizo con el amor que un día le tuvo a su padre. Maddox Halfenaked era para ella sinónimo de sufrimiento y dolor, pero también sinónimo de venganza por parte de ella. Darlene lo destruiría como él la había destruido a ella.

Capítulo 2 Siempre yo

Le encantaba ver el atardecer en esa parte escondida y alejada de todos. Escondida entre los árboles, con el sonido del río en su esplendor. Vio como la cascada adquiría el color del atardecer y sonrió con ganas. La naturaleza era algo que la hacía viva. Sintió la presencia de alguien, pero se tranquilizó, solo dos personas sabían de ese lugar, ella y él, el chico al cual amaba. El chico que hizo que su sonrisa incremente con solo estar cerca.

-Sabía que estarías aquí Darlene-Aiden apareció y se sentó a su lado para admirar la vista que Darlene admiraba anteriormente.

-Amo este lugar-murmuró ella sin despegar la vista del paisaje que tenía frente a ella. Como el sol iba desapareciendo, era hermoso de ver.

-Lo sé, por eso vine a buscarte, sabía que estarías aquí-el viento sopló con más fuerza haciendo que aquel largo cabello azabache que poseía la chica, dance suavemente haciendo que Aiden quede idiotizado.

Desde los diez años ambos sabían que estaban enamorados, ese amor infantil que se comparte solo una vez. Sus madres eran amigas por lo que jugaban cada vez que podían, Darlene desde pequeña tuvo su flechazo por Aiden, uno que la acompañaba hasta ahora, el final de su adolescencia. En cambio, Aiden solo esperaba que el padre de Darlene les diera la bendición para poder consumar su amor para siempre.

-Tu padre te está buscando Darlene, ya no eres una niña, eres una mujer y sabes los peligros que eso significa-la joven mantuvo siempre su vista al frente ignorando las palabras de su enamorado.

-Conozco mejor que cualquiera toda la zona y lo sabes, me se defender-suspiró cansada regalándole una última mirada al frente antes de ponerse de pie y mirar a su acompañante-igual gracias por preocuparte por mí-suavemente Darlene se acercó y beso su mejilla haciendo que las mejillas de ambos se tornen rojizas debido a la vergüenza.

-Vamos-Aiden aprovechaba siempre esos pequeños momentos a solas que tenían para caminar con Darlene de la mano, era tan agradable escucharla hablar, porque Darlene era una chica bastante habladora. Con una sonrisa en su rostro Aiden miraba al frente escuchando esa voz suave y melodiosa que poseía su amada. Él ya deseaba el día en que pudiera desposarla como desde hace tiempo había querido, hacerla su esposa, hacerla su mujer.

Cuando estaban llegando ambos soltaron la mano de otro y de manera natural caminaron por mucho tiempo hasta que Darlene estuvo en su humilde casa. A pesar de que su padre no poseía un empleo en que se ganara mucho dinero, la casa era acogedora. Darlene solo tenía una hermana, bueno, si se le puede llamar hermana a su melliza que la detestaba. Debby siempre hacia algo para culparla, para ridiculizarla y lo peor, era la favorita de su padre, esa era la razón por la cual Darlene no la soportaba. Su padre mimaba de vez en cuando a Darlene, pero no como a Debby, ella era la luz de sus ojos.

Algo cansada Darlene se despidió de Aiden y caminó al interior de la casa esperando ver a su hermana con los vestidos más preciosos y una sonrisa de suficiencia demostrándole que ella nunca tendría lo que ella sí, cosa que a Darlene no le importó. Debby era fanática de que todo lo de Darlene termine en sus manos, lo único que no había podido lograr era ese chico Aiden al cual catalogaba como un gran idiota que no sabía lo que hacía al rechazarla.

Al estar dentro Darlene se llevó la sorpresa de que toda su familia estaba reunida. Su madre la miraba con una sonrisa que la puso tensa enseguida. Su padre solo la miraba con algo extraño en los ojos y su hermana victoriosa.

-Qué bueno que llegaste Darlene, esperábamos por ti-Darlene sintió que el aire se le iba del cuerpo, un presentimiento raro se apoderó de ella. Era consciente de que a ella no le iba gustar lo que iba a escuchar más adelante.

-¿Si, padre?-camino hasta sentarse en el único lugar vacío que había-¿pasa algo?-preguntó la azabache mirando a su padre que poseía la misma mirada de antes, como si un trofeo estuviese frente a él.

-Sabes que la situación en la familia está delicada-ella asintió-es por eso que tu madre y yo te seleccionamos un esposo para que nos pueda ayudar-Darlene se levantó deprisa al escuchar las palabras de su padre, su rostro estaba desencajado mirándolo como si hubiesen enloquecido y a ella no le consultaron eso.

-¿Qué?-preguntó la azabache con voz ronca gracias a la presión en su pecho y a las lágrimas que querían dejarla para ir lejos de sus ojos.

-La persona con la que te casarás es un hombre rico, uno de los dueños de las fábricas más ricas de todo el lugar, se comenta que sus fábricas están en el extranjero también. Ese hombre nos dio por ti una cantidad que nos servirá por diez años y viviremos no como apestosos, como lo hacemos ahora, viviremos más refinados, ¿lo entiendes verdad? Además, escuché que es hermano del príncipe del Oeste, siendo sincera no sé mucho del hombre-Darlene había visto esa mirada antes en las personas del pueblo que se dedicaban a apostar, era la mirada de la codicia la que veía en los ojos antes cálidos de su padre.

-Sabes que amo a Aiden, ¿cómo me puedes hacer esto?-preguntó sintiendo nuevamente una presión en el pecho, su padre solo la miraba.

-Ese muchacho no te dará nada, es un muerto de hambre, es imposible que lo deje casarse con mi hija-Darlene negó lentamente.

-¿Me hará infeliz solo por poder y riquezas?-suavemente limpió la traidora lágrima que se marchó para bajar por sus mejillas.

-El amor viene después cariño, ya está decidido. Mañana vienen a buscarte, no hay nada más que hablar-sentenció el padre de la chica.

-No me casaré con ese señor, no lo haré, amo a Aiden y...

-Y si no te casas se lo diré al señor ¿sabes para qué?-preguntó cerca del rostro de su hija-para que lo maten y así no tengas otra opción. Puedes retirarte hija-aborreciendo a su familia, Darlene se alejó de ese lugar, mirando a su hermana sonreírle de manera arrogante.

"Siempre yo, nunca ella, en esta familia me detestan".

Capítulo 3 Poder

No había podido dormir.

La chica pasó la noche odiando con cada gramo de su ser a su codiciosa familia, esa que ante sus ojos la habían vendido a un hombre desconocido para ella. ¿Y si era algún viejusho? Darlene estaba aterrada y veía de esa manera como subían sus pertenencias al carruaje, sus ojos estaban empañados, pero no le daría el gusto a su hermana de verla débil, se mantendría con la cabeza en alto mirando cómo le arrebataban su liberad de una manera tan egoísta.

La única razón por la que no había huido era porque no sabía de qué era capaz ese hombre desconocido para ella y si algo le pasaba a Aiden, ella moriría en vida. Aiden era la persona más importante para Darlene y ella lo protegería con su vida de ser necesario, además, si ese hombre no hacía algo, su padre sí. Ahora iba descubriendo hasta donde podía llegar la codiciosa familia que poseía.

-Hija, recuerda respetar a tu marido en todo, no lo desobedezcas, haz todo lo que él quiera, como siempre te enseñé-Darlene miró con asco a la mujer que le había dado la vida. Con una cálida sonrisa la miraba maravillada, hoy usaba el mejor vestido que su marido le había regalado y las mejores joyas, luego de ese día serían ricos.

-En conclusión ser una muñeca ¿no?-le respondió con desprecio-son despreciables-la sonrisa amable de la mujer murió y miró a su hija por primera vez como la había visto siempre; una bastarda.

-Niñita, será mejor que aprendas bien, si tu esposo no te pide hablar lo haces, si quiere hacerte el amor dejas que te lo haga, ahora le perteneces. Espero y no guardes rencor en tu corazón porque esa será tu nueva vida te guste o no, sabes muy bien lo que le pasará a ese muchacho si haces algo indebido-la madre de la joven apretó el brazo de la menor con fuerza hasta que uno de los guardias que la escoltarían la hizo soltarla.

-Al señor no le gustaría ver marcas en la piel de la señorita, así que absténgase de dañarla ¿bien?-la mujer solo sonrió de nuevo, recuperando esa falsa amabilidad.

Darlene miraba todo con desprecio, había vivido una falsa toda su vida, al menos debía agradecerle a Debby por siempre mostrar su verdadera naturaleza. Se daba cuenta de que su madre no la veía como algo más que una cosa molesta y para su padre era un objeto que vendería al mejor postor. Darlene se sentía abatida, tragándose las lágrimas y sin dar una sola mirada subió al carruaje. ¿Para qué sufrir una mentira? Eso era lo que su familia era para ella. Una jodida mentira de la cual estaba despertando ahora. Todo lo que había vivido era una triste mentira de la que hasta ahora era consiente.

Cuando el carruaje comenzó a moverse y alejarse de ese lugar que en algún momento llamó hogar, las lágrimas descendieron, por primera vez en su vida Darlene no sabía que debía hacer. Pero de algo estaba segura, lograría escapar y alejarse de ese hombre, de esa manera le quitarían todo a su familia y ella disfrutaría ver eso. Cerró los ojos cansada y se durmió.

En el palacio de aquel pueblo oculto la discusión entre ambos hermanos estaba muy acalorada. Ambos ojos dorados batallaban en una guerra de la cual ninguno quería ceder.

-Esa humana repugnante otra vez, ¿olvidaste lo que pasó la última vez?-Cayden miraba a su hermano menor molesto. Maddox solo rodó los ojos y suspiró.

-Es lo mismo, ella también es una humana y la tienes, sabes que las necesitamos para poder seguir existiendo-el aura de Cayden se tornaba más sombrío por la molestia. No estaba de acuerdo con que dos criaturas por encima de los humanos dependan de dos mujeres humanas, de una raza inferior a ellos-a pesar de que no son del todo humanas Cayden, debemos actuar con la cabeza fría, al menos esta vez ha sido menos molesto poder encontrarlas-en eso tenía razón.

-¿Cuándo llegan?-Maddox miró sobre su hombro a uno de sus fieles guardias que se acercó al él darle la señal.

-Ya la señorita Petrova viene en camino, llegará mañana, en cuanto a la otra señorita, ella posiblemente llegue esta noche-Cayden suspiró.

-Puedes retirarte-su voz fría hizo que el hombre deje el lugar en menos de un parpadeo.

-La espera se está haciendo molesta-comentó Maddox haciendo que su hermano lo mire.

-Espero que no comentas el mismo error que la última vez, no te enamores de la humana Maddox-el nombrado sonrió con arrogancia hacia su hermano mayor.

-No quiero nada qué lo que me interesa de esa raza de traidores-comentó haciendo al mayor enarcar una ceja-me retiro, necesito descansar-Cayden no dijo nada e Maddox avanzó hasta su alcoba.

La enorme habitación lo recibió, sin pensarlo se acostó respirando agitado. Necesitaba a la chica pronto en el palacio, si no le hacía la marca entonces todo estará perdido para él. El calor que salía de su cuerpo era impresionante, estaba otra vez en esa fase, la de desesperación. Maldita humana que tardaba tanto.

Maddox odiaba a los humanos, sin embargo, su existencia era gracias a los poderes que solo una mujer cada 200 años podía tener. Él ya había acabado con 3 vidas de esas humanas, su existencia llevaba 600 años. Pero esta vez era diferente, esa chica tenía más poder que las demás porque el aroma que desprendía aún en la lejanía, Maddox podía acapararlo.

Tal vez sentía un poco de lástima por esa chica pues su vida de ahora en adelante iría a ser un infierno, de eso él se encargaría.

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