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Libre por fin, inalcanzable ahora

Libre por fin, inalcanzable ahora

Autor: : Cora Wells
Género: Moderno
Durante tres años, Natalie se entregó en cuerpo y alma para ser una esposa y madre ejemplar, convencida de que su amor y entrega le harían un hueco en el corazón. Sin embargo, sus sacrificios se trocaron en la más honda traición de su marido y el desprecio glacial de su hijo. Para ellos, no era más que una calculadora que sacaba partido de su fragilidad para salirse con la suya. Su esposo le dio la espalda, su hijo no la comprendió, y ella nunca llegó a encajar. Con el corazón hecho pedazos pero resuelta, Natalie dejó atrás la vida que llevaba. Cuando al fin su familia le suplicó una segunda oportunidad, los miró y les soltó: "Llegan demasiado tarde".

Capítulo 1 Acabemos con esto

En el tercer aniversario de su boda, Natalie pasó horas en la cocina preparando un festín y luego, el resto del día esperando a que su esposo regresara a casa.

Revisó su celular varias veces y vio los mensajes sin respuesta que le había enviado a Lucas Thorpe esa tarde.

"La comida está lista. ¿Cuándo vuelves? ¿No tenías el día libre hoy?".

"¿Sigues atrapado en la oficina?".

"Si no puedes llegar al almuerzo, ¿vendrás a la cena?".

Todos seguían sin leer.

Natalie dejó escapar otro suspiro tranquilo. Justo cuando pensaba en volver a enviarle un mensaje, apareció su nombre con un mensaje nuevo.

"Iré a casa. Hay algo de lo que quiero hablarte".

Esa sola línea le produjo una oleada de emociones. Natalie se levantó rápidamente, sonriendo de oreja a oreja.

¿Iba a decir algo sobre su aniversario?

La sola idea de que Lucas pudiera recordarlo la llenó de una esperanza que no había sentido en años. Tal vez, por primera vez, le traería un regalo.

Aferrándose a esa posibilidad, volvió a calentar la comida, esta vez con mucho mejor ánimo.

Cuando el reloj dio las ocho, el sonido de la risa alegre de su hijo se escuchó por el pasillo.

Ella no pudo evitar sonreír mientras se apresuraba a abrir la puerta.

"¿Por qué llegas tan tarde, Colin?".

El chico no se molestó en mirarla. Pasó corriendo junto a su madre y subió las escaleras de dos en dos.

Sorprendida, ella extendió la mano para detenerlo. "Aún no has cenado. ¿Por qué tanta prisa?".

Fue entonces cuando el chico pareció darse cuenta de que ella lo esperaba junto a la puerta. Apenas se detuvo, apartando su mano con brusquedad.

"¡Mamá, solo déjame en paz! ¡Tengo algo urgente que hacer ahora mismo!".

La rudeza en su voz la hirió más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Intentando no mostrar su decepción, forzó una sonrisa. "Esta noche preparé todos tus platos favoritos. Incluso hay pastel de arándanos de postre".

"¡Dije que no tengo hambre!".

A mitad de las escaleras, el chico se detuvo en seco, volviéndose hacia su madre con una chispa de emoción en los ojos.

"No toques el pastel. Quiero llevárselo a Elina mañana. Los arándanos son sus favoritos".

¿Elina?

¿Sería Elina Wheeler, el primer amor de Lucas, la mujer a la que nunca había olvidado del todo?

Natalie sintió un nudo en el pecho ante la posibilidad. Se dirigió hacia las escaleras, dispuesta a preguntar más, pero Colin ya había desaparecido, subiendo a su habitación sin importarle las preguntas de su madre.

"¡Julissa!". Su voz vaciló mientras detenía a la empleada doméstica, que esperaba escabullirse en silencio. "Hace tiempo que lo sabes, ¿no? ¿Cuándo empezó Colin a pasar tiempo con Elina?".

Sabiendo que ya no podía ocultarlo, Julissa dejó escapar un suspiro cansado y confesó.

"Fue hace unos tres meses. La señorita Wheeler regresó al país y se encontró con el joven Colin un par de veces. Parece que conectaron de inmediato. Desde entonces, se han estado viendo a menudo".

La noticia cayó como un balde de agua fría sobre Natalie, quien cerró los ojos, tratando de serenarse mientras asimilaba la verdad. "Así que hoy no se quedó hasta tarde en la escuela. Estaba con Elina, ¿verdad?".

La empleada dudó y luego asintió. "Se suponía que volvería a casa después de clase, pero la señorita Wheeler lo recogió directamente de la escuela. Iba a decírselo, pero...".

Sus palabras se desvanecieron y miró a Natalie con una expresión teñida de simpatía.

Una repentina sospecha cruzó por la mente de Natalie y habló antes de poder contenerse: "¿Fue Lucas? ¿Te pidió que me lo ocultaras?".

Tras una pausa, Julissa respondió con voz suave: "Solo no quería que usted se preocupara".

Natalie la apartó con un gesto cansado. Su voz era cansada, casi derrotada. "Está bien. Puedes irte".

Sin fuerzas, se dejó caer en el sofá y se hundió entre los cojines, sintiendo como si hasta la última gota de fuerza la hubiera abandonado.

Esa mujer no se habría cruzado con Colin por su cuenta. Él era solo un niño, sin forma de encontrarla a menos que alguien lo llevara.

No tenía ninguna duda: solo Lucas podía haber hecho que eso sucediera.

Una sensación incómoda de ironía la invadió. Durante tres meses, su hijo se había acercado al antiguo amor de Lucas mientras ella permanecía completamente a oscuras. Eso la hizo sentir tonta y desolada.

El tiempo pareció desdibujarse mientras permanecía perdida en sus pensamientos, hasta que el sonido familiar de la puerta principal rompió el silencio.

Lucas apareció, luciendo tan agotado como el día debía haberlo dejado. Dejó su maletín y se quitó el abrigo.

Normalmente, su esposa estaría a su lado, dispuesta a ayudarlo a acomodarse, pero esa noche no se movió del sofá.

Los ojos del hombre recorrieron la mesa, observando los platillos intactos. Luego se fijaron en ella, que permanecía en silencio, y frunció el ceño.

"¿Hay alguna razón para toda esta comida? ¿Olvidé algo?".

Como su esposa no se molestó en ayudarlo con el abrigo, él lo colgó y se aflojó la corbata.

"Ya cené", añadió.

Natalie no respondió. Quería preguntarle si había cenado con Elina, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Temía sonar mezquina.

Lucas y Elina se conocían desde niños, así que tenía sentido que cenara con ella.

"Hoy es...".

Justo cuando estaba a punto de mencionar su aniversario, Lucas colocó una carpeta sobre la mesa de centro.

"Adelante, fírmalo. Ya lo hemos pospuesto bastante".

Dos palabras duras en letra gruesa la miraron desde la portada: Acuerdo de divorcio.

A Natalie se le aceleró el corazón y un zumbido llenó sus oídos. El mundo pareció tambalearse mientras su visión se nublaba.

No era la primera vez que su esposo hablaba de poner fin a su matrimonio.

Tres años juntos, y cada vez que discutían, la respuesta de Lucas era siempre la misma: el divorcio. Soltaba la palabra como si no significara nada, y ella le suplicaba, esperando que le diera otra oportunidad por piedad.

Ese patrón se convirtió en su vida, alargándose una y otra vez. Ella se convenció de que si seguía amándolo lo suficiente, algún día él por fin la apreciaría y le devolvería el amor.

Esa noche, se dio cuenta de que había estado persiguiendo una fantasía.

Le tembló la mano cuando tomó el bolígrafo.

Los ojos del hombre brillaron con un atisbo de sorpresa, pero su voz se mantuvo tranquila y firme. "No te dejaré sin nada. El dinero que te di es tuyo. La Villa Bayshore, los autos, y te quedarás con el cinco por ciento de las acciones de la empresa".

Natalie vaciló, sus dedos se aflojaron alrededor del bolígrafo. Lo dejó sobre la mesa y levantó la vista.

"¿Y Colin?". Buscó en su rostro, desesperada por una señal de amabilidad. "¿Se quedará conmigo?".

Su pregunta borró cualquier atisbo de dulzura que quedara en los ojos del hombre. Se volvió frío y sus palabras fueron cortantes.

"¿Vuelves a utilizar a nuestro hijo para conseguir lo que quieres?".

Una oleada de terror recorrió a Natalie, que se quedó paralizada.

Un pesado silencio se instaló entre ellos antes de que ella consiguiera hablar, con voz débil y temblorosa: "¿De qué hablas?".

Lucas soltó una risa amarga, sus palabras impregnadas de desprecio. "¿Crees que puedes seguir jugando al mismo juego para siempre? Usaste a Colin para atraparme en este matrimonio, ¿y sigues en ello?".

Atónita, ella lo miró fijamente, luchando por articular las palabras. "Eso no es cierto. Nunca planeé nada de esto. Me tendieron una trampa...".

"Ahorrate las explicaciones". Lucas se acomodó en el sofá y encendió un cigarrillo, el rizo de humo suavizó su expresión hasta convertirla en algo ilegible. "Tres años viviendo en el lujo, ¿y aún no estás satisfecha?".

El humo flotó entre ellos, ocultando la ira en su rostro.

Las lágrimas ardían en los ojos de Natalie, que se obligó a hablar: "Está bien. Acabemos con esto. Espero que encuentres lo que buscas".

Capítulo 2 Ojalá Elina fuera mi mamá

Natalie escribió su nombre al final del acuerdo de divorcio. Sin atreverse a mirar por segunda vez al hombre que yacía recostado en el sofá, se levantó y subió rápidamente las escaleras hacia su dormitorio.

Solo cuando estuvo fuera de la vista de Lucas se apoyó débilmente en la puerta cerrada, sintiendo cómo su cuerpo y su espíritu se rendían por completo.

Su matrimonio se sentía como un sueño convertido en cenizas, y ya no sabía a quién culpar.

Tal vez no había nadie a quien echarle la culpa. El amor no podía forzarse.

Respirando entrecortadamente, Natalie abrió su armario en silencio y comenzó a meter sus prendas en una maleta.

Su matrimonio con Lucas había comenzado con un hijo inesperado. Después del nacimiento de su hijo, había dedicado todo su tiempo al hogar, descuidando su apariencia. Ir de compras se reducía a adquirir prendas sencillas que le permitieran cocinar, limpiar y atender tanto a su esposo como a su hijo.

Había pasado tres años en esa casa, pero cada rastro de su vida podía caber en una pequeña maleta.

Natalie arrastró la valija hacia la entrada, sus ojos barrieron el dormitorio que había sido su hogar durante tres años. Un destello de vacilación cruzó por su mente, pero lo apartó de inmediato y se marchó.

En la planta baja se encontró con Lucas y, frente a él, se quitó el anillo de bodas con frialdad.

"Te lo devuelvo", dijo, ofreciéndole el anillo en la palma abierta.

Lucas la miró fijamente, su atención se posó en la pálida marca que había dejado la sortija, y sus ojos se entrecerraron ligeramente.

Ella había perdido peso una vez solo para que el anillo le quedara bien, y nunca se lo había quitado en tres años.

Ver lo fácil que lo dejaba ir ahora despertó en Lucas una sensación que no supo nombrar.

Intentando ocultar cualquier reacción, desvió la mirada hacia la maleta y frunció el ceño. "No tienes que marcharte ahora mismo".

"¿A qué te refieres?". Natalie frunció el ceño, una chispa de esperanza brilló antes de poder detenerla.

Pero esa esperanza se desmoronó al instante cuando Lucas añadió: "El divorcio tomará aproximadamente un mes en formalizarse. Hay tiempo para que encuentres otro lugar y te mudes cuando estés lista".

Sus frías palabras la obligaron a esbozar una sonrisa frágil.

Ella negó con la cabeza y rechazó su sugerencia sin dudarlo un instante, su voz firme e inquebrantable. "No tiene sentido alargar las cosas. Mejor que sea un corte limpio".

De esta manera, no quedarían falsas esperanzas.

Lucas frunció los labios, dudando antes de girar el rostro. "Como quieras".

"Voy a ver cómo está nuestro hijo".

Natalie apenas se había dado la vuelta para subir las escaleras cuando la voz de Lucas resonó, plana e impasible.

"La salud de la abuela ha empeorado en los últimos meses. No soportará bien este tipo de noticias. No le cuentes a nadie sobre el divorcio".

Al oír mencionar a su abuela, Natalie recordó la sonrisa cálida y las palabras amables de Martha Thorpe.

De toda la familia Thorpe, la anciana había sido la única que le había mostrado amabilidad, incluso había regañado a Lucas más de una vez por tratarla con desdén.

Por esa razón, Natalie no tenía intención de que la noticia le llegara, con o sin la advertencia de Lucas.

"No diré nada".

Su prontitud tomó a Lucas por sorpresa. Había esperado que ella convirtiera el cariño de Martha en un arma e intentara luchar por su puesto en la familia.

Durante un largo momento, sus ojos se posaron en el rostro de ella, oscuros e indescifrables, como si la estuviera viendo de otra manera por primera vez.

"Tendremos que seguir fingiendo que seguimos casados frente a ella".

"Eso no será un problema". Natalie asintió rápidamente. "Solo voy a verificar si Cole está dormido".

Aunque sabía que las probabilidades estaban en su contra, no podía renunciar a la idea de quedarse con la custodia de su hijo. Lucas podría negársela, pero si Cole le pedía quedarse con ella, tal vez su padre reconsideraría.

Natalie se dirigió a la habitación de su hijo y tocó suavemente la puerta. "Cole, ¿estás despierto? ¿Puedo entrar?".

No recibió respuesta. Sus hombros se hundieron, asumiendo que ya se había quedado dormido. Pero entonces una voz alegre y emocionada se escuchó a través de la puerta.

"¡Elina, tienes que venir temprano mañana! Quiero comprarte un pastel de arándanos, ¡tu favorito!".

El tono tierno y cariñoso del niño se filtró por la rendija, y el pecho de Natalie se oprimió.

Antes, había sido ella quien había recibido esa voz llena de cariño. En algún momento, las cosas habían cambiado, y ahora apenas le hablaba sin un tono distante.

Apretó las manos en puños y luego las soltó lentamente, como si se estuviera obligando a reunir valor antes de entrar.

"Cole, necesito hablar contigo de algo importante...".

Colin colgó rápidamente la llamada y le lanzó una mirada furiosa.

"Mamá, ¿no sabes que es de mala educación entrar así de repente?".

La irritación era evidente en su voz, sin dejar lugar a dudas sobre lo que sentía.

Natalie sintió como si sus palabras la hubieran abierto en canal, agudas y despiadadas. Titubeó y luego esbozó una pequeña sonrisa incómoda.

"Lamento haber entrado así, pero realmente necesito preguntarte algo, Cole. ¿Considerarías siquiera la posibilidad de...?".

"¡No!", espetó Colin antes de que ella pudiera terminar, con la voz cargada de irritación. "¿Por qué no puedes ser más como Elina?".

Natalie se quedó paralizada, desconcertada por el veneno en la voz de su hijo.

"No sabes nada. Lo único que haces es gastar el dinero de papá y estorbar. Me da vergüenza decirle a cualquiera que eres mi madre. ¡Ojalá Elina fuera mi mamá!".

La crueldad en su tono dejó a Natalie sin palabras. Abrió la boca para responder, pero él ya estaba pegado a su teléfono, ignorándola por completo.

El nombre de Elina brilló en su pantalla, los mensajes iban y venían, y Natalie sintió que su pecho se vaciaba de desesperación.

Le dedicó una última mirada a su hijo antes de salir en silencio de la habitación.

Solo tardó unos minutos en recoger sus pertenencias, pedir un taxi y salir, sin volver a mirar a Lucas.

El hombre se quedó sentado en el sofá, sus ojos la siguieron hasta que desapareció, una extraña irritación lo carcomía ahora que ella se había ido sin dudarlo.

Natalie se dirigió directamente a un modesto apartamento que había comprado por capricho dos años antes, un lugar que alguna vez había pensado usar para calmarse después de las peleas con Lucas. Ahora, era su único refugio.

El agotamiento la abrumaba y no le quedaban fuerzas para pensar. Se aseó rápidamente y se desplomó en la cama.

A la mañana siguiente, Natalie pidió un taxi directo al Grupo Thorpe. Estaba decidida a presentar su renuncia.

Antes, se había unido a la empresa solo para estar cerca de Lucas. El divorcio borraba esa razón.

"¿Sería posible tramitar mi renuncia hoy?", le preguntó a Jeffrey Tucker, el asistente de Lucas.

Una gota de sudor rodó por la frente del asistente, quien dudó antes de responder: "Déjeme consultarlo con el señor Thorpe. Por favor, deme un momento".

Como el asistente era uno de los pocos de la empresa que sabía de su matrimonio con Lucas, Natalie comprendió por qué parecía tan inquieto.

Haciendo una pausa por un momento, preguntó: "¿Es necesario informarle?".

La incertidumbre del asistente se reflejó en su rostro. "Fue el señor Thorpe quien firmó su contratación en su momento...".

Sin querer complicar las cosas, Natalie asintió en señal de comprensión. "Gracias por tu ayuda".

De vuelta en su escritorio, dudó entre ir a tomar un café, pero el sonido del ascensor le llamó la atención.

Lucas salió de él luciendo un traje a medida de ejecutivo, pero su expresión severa se suavizó cuando se giró hacia la mujer que lo acompañaba. La frialdad habitual en sus ojos parecía desvanecerse.

Por un instante, Natalie contuvo la respiración. No esperaba encontrarse con esa mujer.

Capítulo 3 No me rebajo a los niveles que imaginas

Era Elina.

La mujer a la que Lucas nunca dejó ir del todo.

¿Por qué aparecía con él en la empresa?

El primer instinto de Natalie fue huir sin ser vista. Pero antes de que pudiera moverse, Lucas la encontró con la mirada.

Verla esforzándose por evitarlo lo inquietó, y la pregunta salió de sus labios antes de que pudiera detenerse: "¿Qué haces en la empresa?".

Sorprendida, Natalie se quedó paralizada y luego lo enfrentó a regañadientes.

La expresión del hombre se tensó y entrecerró los ojos, como si la estuviera acusando en silencio de algo. Natalie casi se echó a reír al ver eso.

¿De verdad creía que ella se rebajaría a seguirlo? ¿Qué clase de mujer imaginaba que era?

Natalie soltó una risa fría antes de responder: "Porque sigo siendo empleada de este lugar".

La mirada de esta hizo que la sonrisa de Elina vacilara por un momento. Rápidamente recuperó la compostura, esbozó una sonrisa ensayada y dijo: "Lucas, Natalie y tú deberían hablar las cosas. Yo iré a la oficina sola".

Él extendió la mano, agarrándola por la muñeca antes de que pudiera dar un paso. "No hace falta. Ahora eres mi consultora especial".

¿Consultora especial?

Las palabras de Lucas la hirieron como un cuchillo y una profunda decepción la invadió.

Así que eso explicaba por qué él había incumplido su promesa.

Le había prometido que si conseguía el contrato del suburbio del oeste, la ascenderían a consultora.

Recordó cuántas noches pasó investigando y cuántas bebidas tuvo que tomarse para asegurar el proyecto. Pero cuando finalmente le dio la buena noticia, apenas levantó la mirada antes de decirle que el puesto ya se lo habían dado a otra persona.

Aunque en ese momento se sintió decepcionada, Natalie se convenció de que él solo estaba anteponiendo los intereses de la empresa a todo lo demás.

Ahora se dio cuenta de lo ingenua que había sido desde el principio.

Estaba claro lo mucho que Elina significaba para él, hasta el punto de romper sus propias reglas.

De pie a un lado, observando lo bien que se complementaban los dos, Natalie no pudo evitar sentir que había vivido perdida en una fantasía todos estos años.

Decidió contarle a Lucas sobre su renuncia, pero antes de que pudiera hacerlo, él escupió con impaciencia: "Firmaste el acuerdo de divorcio. No hay vuelta atrás".

Con un ligero ceño fruncido, Lucas fijó su mirada en ella, el disgusto parpadeando en sus rasgos, convencido de que estaba reconsiderando su decisión y había venido solo para crear más problemas.

Había creído que por fin ella había cambiado, pero se hizo obvio que esto era solo otro de sus trucos.

Al darse cuenta de eso, el desprecio y el desdén que Lucas sentía por ella aumentaron.

Natalie, con la mano hecha un puño a su lado, miró su fría expresión. Sus ojos saltaron entre él y Elina mientras respondía: "No te preocupes, no me interpondré entre tú y la señorita Wheeler".

"¿Qué clase de tonterías son esas?". Al oír el nombre de Elina, los ojos de Lucas se enfriaron y su voz se volvió cortante.

"Mi relación con Lucas no es así. Lo estás malinterpretando todo", dijo Elina con dulzura, en un tono cargado de inocencia.

Si Natalie no hubiera estado en medio de todo, podría haber creído la actuación de voz dulce de Elina.

"No sirve de nada que te expliques, Elina. Alguien que vive para intrigar siempre supone lo peor". Lucas se interpuso frente a Elina, mirando a Natalie como si no fuera más que una adversaria.

A pesar de no sentir más que decepción hacia él, presenciar esta escena aún le dolía a Natalie.

Él era tan atento con otra mujer, mientras que su esposa ni siquiera mereció una explicación de su parte.

Qué broma tan cruel podía jugar la vida.

"¡Apártate! Elina y yo tenemos cosas que hacer, a diferencia de ti, que te pasas el tiempo alimentando viejos rencores".

Al final, Lucas no creía que Natalie tuviera nada importante que decir.

Ante su fría indiferencia, la mujer respiró hondo y la calma que la envolvía se desvaneció, dando paso a algo mucho más tormentoso.

No movió ni un músculo. En cambio, se mantuvo en su sitio, lo que solo hizo que Lucas se impacientara aún más. Antes de que pudiera gritarle, Jeffrey se acercó.

Al ver a Natalie de pie frente a Lucas y Elina, Jeffrey se detuvo, la sorpresa brilló en su rostro por un instante antes de recuperar su profesionalismo habitual.

"Señora, ¿ya habló con el señor Thorpe sobre dejar la empresa?".

Con una carta de renuncia recién impresa, le entregó el documento a Lucas.

"¿Renuncia?".

Por un segundo, la incertidumbre se reflejó en el rostro de Lucas mientras miraba a Natalie. Claramente, no esperaba que ella llegara tan lejos. La idea de que utilizaría su renuncia para detener el divorcio cruzó por su mente.

"¿Y ahora qué pretendes? ¿Planeas irte y luego correr con mi abuela en busca de compasión?".

Con los ojos entrecerrados, Lucas la observó, buscando alguna intención oculta.

Si perdía su empleo, dudaba que pudiera siquiera salir adelante.

"No me rebajo a los niveles que imaginas", respondió ella con firmeza, sin ningún rastro de deferencia, mientras le sostenía la mirada.

El hombre se sintió ofendido por su respuesta, y la irritación brotó en su interior sin razón aparente.

"Será mejor que te atengas a tu decisión". Tomó el bolígrafo de Jeffrey y estampó su firma en la hoja, sin el menor atisbo de vacilación en sus movimientos. "Solo no vengas arrastrándote".

"No hace falta que te preocupes por eso". Natalie tomó el documento de sus manos antes de alejarse, con pasos ligeros, como si no cargara con el peso de los años que había pasado allí.

Sin decir palabra, Lucas entornó los ojos y la vio marcharse.

Ya no se parecía en nada a la mujer que había sido antes de la noche anterior. En el pasado, habría suplicado otra oportunidad. Ahora, se marchaba sin mirar atrás.

"Lucas, ¿estás bien?", preguntó Elina con preocupación al ver su expresión sombría.

Su gentil pregunta sacó a Lucas de la bruma en su mente, devolviéndolo al presente.

Todo lo relacionado con Natalie debía estar en el pasado ahora. Sus lazos habían sido cortados y sus problemas ya no le concernían.

Mientras tanto, Natalie salió del edificio de la empresa, sintiendo que por fin se hubiera levantado un pesado velo. La luz del sol la inundó, brillante y cálida, barriendo las sombras que se habían aferrado a ella.

Respiró hondo, prometiéndose a sí misma en silencio que nunca volvería a dejar que nadie la hiciera sentir humillada.

Hubo un tiempo en el que había amado tan profundamente que perdió de vista su propio valor, pero ya no más.

En ese momento, su celular zumbó, sacándola de sus pensamientos.

Lo sacó y al ver la pantalla, su corazón se aceleró inesperadamente.

Era una llamada de Ruby White, su amiga más cercana y compañera de cuarto en la universidad, pero después de casarse con Lucas, el vínculo se había reducido a saludos festivos y poco más.

Tragando saliva, Natalie contestó.

La voz familiar de su amiga decía: "¡Natty, estoy en problemas! ¡Necesito tu ayuda ahora mismo!".

La voz de pánico de Ruby hizo que Natalie frunciera el ceño, la preocupación brillando en sus ojos. "¿Qué pasó?".

"Acepté un trabajo de restauración de un cuadro de Jonathan Moss. Pero el daño es peor de lo que pensaba. Nadie en el estudio, ni en ningún otro sitio donde he preguntado, puede repararlo. No sería tan terrible si fuera cualquier otro cliente. Pero el negocio de este hombre está vinculado con mi familia, y si lo estropeo, mi padre perderá la cabeza. Probablemente me congele la tarjeta de crédito y todo mi estudio podría irse a pique".

Ruby parecía al borde de las lágrimas. "Sé que dejaste de aceptar encargos después de casarte, pero estoy desesperada. Eres mi última esperanza. ¿Puedes ayudarme esta vez?".

Hubo un silencio en la línea. Ruby recordó cómo Natalie había dejado atrás una vez su próspera carrera por Lucas, y su esperanza empezó a desvanecerse.

"Lo siento. No debería ponerte en esta situación. Encontraré otra solución...".

"Yo me encargo".

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