Linda Brown es una joven con una mente brillante, y un cuerpo voluptuoso, a sus 24 años se ha sabido ganar la vida en Nueva York, tanto con su inteligencia como con su cuerpo, vive el sueño de toda mujer independiente, tratando de vencer prejuicios, esos mismos que alagan al hombre por ser mujeriego, pero encasillan a la mujer de fácil si tiene una vida sexual muy activa, en su piso del 242 Broome valuado en 2.8 millones de dólares en el corazón de Manhattan, donde vive junto a su mejor amiga René.
¿Qué Como lo consiguió? fácil, fue el juguete de un hombre por un año, al mejor estilo Christian Grey, pero sin el final feliz de la protagonista, ella antes de conseguir ese trabajo y conocer al señor frío, como lo llamaba, había tenido una vida miserable, jamás besada por amor, solo la besaron para burlarse de ella en el colegio, blanco de todas las bromas por su sobre peso, siempre soñando con el amor, y el príncipe azul que el mundo les hace creer a las mujeres que necesitan y que algún día llegara, pero no fue así, hasta que decidió mudarse a Nueva York a los 18 años y aún sin tener estudios universitarios en su primer trabajo demostró lo capaz que era, ascendió rápidamente, hasta que conoció al señor frío y él le propuso un trato, no solo le dio su virginidad a ese hombre mayor y bien parecido, le entregó todo, creyendo que podría enamorarlo y así vivir feliz por siempre. Obviamente no sucedió, el trato termino, ella renunció y él como al fin y al cabo le había agarrado cariño, como el que le puedes llegar a tener a un perro fiel, le regalo la suma de 2 millones de dólares, con los que él creía que viviría bien, y el pedido de que nunca se volviera a cruzarse en su camino, el cual era más una amenaza que un pedido. Así de fácil, fue desechada.
Pero no era la única que sufría en un mundo de hombres, René también tenía su historia, a diferencia de Linda, ella si era perseguida por el sexo opuesto desde siempre, la joven rubia de ojos azules tenía un cuerpo de modelo, aunque la estatura no la ayudaba con su metro y medio y un poco más con tacones, pero su belleza era su condena, acosada por su padrastro decidió huir con Linda a Nueva York, tenía el sueño de ser una gran artista, pero también era buena con los números como su amiga, pero se enamoró joven, los hombres con tatuajes la enloquecían, creyó encontrar a su caballero de negra armadura, peligroso, pero amoroso, y por un tiempo fue así, hasta que casi la mata, Linda la rescató y volvieron a ser dos contra el mundo.
Linda se encargó de René, la ayudo a tratar de ser la misma de siempre, algo que quizás jamás sucedería, pero fue su bastón de apoyo, cuando Erick Mark o como ella lo llamaba el señor frío le quitó su apoyo decidió tomarse un tiempo, para surgir de las cenizas como un verdadero Fénix y lo hizo, luego de ser miserable por un año decidió que ya era suficiente y se dispuso a vivir la vida, tomo el dinero que el señor frío depósito en su cuenta y compró el piso que tanto le gustaba, con muebles a medida y una hermosa vista, dos habitaciones y con una iluminación única, dejo su currículum en la bolsa de empleo con indicaciones de lo que buscaba que al fin y al cabo era lo que merecía, el tiempo paso, fueron 6 meses más viviendo de lo que le quedaba de los ahorros, y disfrutando de la noche neoyorquina, si, ella se había convertido en una mujer fatal, la seguridad que había ganado sabía que no era mérito propio, eso se lo debía al señor frío que le mostro como lucir su cuerpo sin vergüenza alguna y como disfrutar del mejor sexo sin prejuicios. Pero aún debía trabajar, ya que debía 800 mil dólares para que su hogar fuera suyo definitivamente además de cubrir los gastos de ambas.
- Bien Linda, hora de comenzar a trabajar de nuevo, ¿cómo te sientes? - pregunto curiosa su amiga desde la cocina.
- Aunque no lo creas René estoy bien, ya superé absolutamente todo, el señor frío quedo en el pasado, ya ves año y medio y jamás nos cruzamos. - respondió con una sonrisa de puro alivio.
- Cambiaste de número, te mudaste y abriste otra cuenta bancaria luego de retirar el dinero.
- Es solo por precaución, Erick dejo en claro que jamás debíamos ni siquiera cruzarnos, ahora dime como me veo.
- Como una mujer independiente y fuerte.
- Perfecto, deséame suerte.
- No la necesitas, solo ve y demuestra lo capaz que eres.
René es la mejor amiga de Linda, viven juntas y se apoyan mutuamente, son dos almas libres, y es por eso por lo que pagan la renta de un pequeño departamento donde llevan sus conquistas de una noche, ya que Linda no quiere a ningún hombre en su casa, su refugio, ese era su lugar seguro, de todos, incluyendo su familia, de la cual hacía años no sabía nada.
Tomo un taxi y se dirigió a Rouge Grup. Una de las mejores empresas de cosmética del país, es ahí donde trabajaría de asistente de presidencia. Mientras el taxista la llevaba a su destino ella memorizo todo lo recibido por Email.
"Bien, Deivid Smith 25 años, Dios estos tatuajes lo hacen ver como un chico malo, espero que no sea así, y no me moleste, René pagaría lo que sea por dormir contigo" - pensó mientras veía su foto.
"Williams Jones 30 años, vaya que tienen estilo, me pregunto si tendré que asistir a ambos o solo a uno de ellos, por la paga creería que serán los dos"
Al llegar a la empresa se dirigió a recursos humanos para registrarse y así poder recibir las agendas de sus jefes.
Mientras, en una de las oficinas de presidencia esperaban ansiosos su llegada.
- ¿Y? ¿Todavía no llega? - pregunto ansioso el rubio, apenas ingreso en la oficina de su mejor amigo.
- A no ser que la tenga debajo de mi escritorio chupando mi pene... no, aquí todavía no hay nada. - respondió con una sonrisa socarrona el tatuado.
- Vamos Deivid, que Ariadna te allá dicho que te ama no te da por ganado el juego, hasta ahora vamos nueve a nueve.
- Te puedo asegurar que esta también llorará por mí, ya sabes el currículum, dice que tiene 24, va a querer sangre joven sobre ella.
- O quizás a alguien con más experiencia, que le muestre como moverse, aún me molesta el hecho que su currículum no tenga foto, así sería más fácil leer lo que necesita.
- Bueno dejemos que ella decida.
Los hombres seguían recordando viejas conquistas, desde hacía 3 años dirigen la compañía que sus padres fundaron, lo hacen bien, pero todavía les falta dar lo mejor de ellos, si prestaran más atención a sus obligaciones y no discutiendo en que pose hicieron gritar más a la asistente les iría mejor.
¿Como comenzó este cruel juego? se los contaré, el padre de Deivid y la madre de Will se dirigían a una reunión de trabajo en el avión de la empresa, lamentablemente tuvieron un accidente y murieron, hasta ahí, era una situación triste para ambas familias, pero cuando la asistente de presidencia filtró a la prensa que supuestamente tenían un amorío todo se fue por un caño, la madre de Deivid entro en depresión y el padre de Will se reusó a volver a la compañía, poniendo en sus lugares a sus únicos hijos, cuando la asistente fue confrontada negó sus dicho, alegando que todo fue un mal entendido, la muchacha que a estas alturas nadie recordaba su nombre era joven y hacía poco que ocupaba tal puesto, ella creyó que como sus jefes habían muerto ella quedaría sin trabajo, una completa idiotez, por lo que inventó esa historia y la vendió a una revista de chimentos, como no tenían pruebas para despedirla, los jóvenes planearon hacer que ella renuncie, la sedujeron y al final se rieron de ella en su cara, provocando que ella presentara su renuncia, desde ese entonces mantenían en discusión de quien se había enamorado la muchacha, por lo que decidieron hacer una apuesta, seducirían a cuanta asistente trabajara con ellos y el primero que lograra llegar a las 10 enamoradas ganaría, ¿el premio? nada, solo satisfacer sus enormes egos, nunca creyeron que irían cabeza a cabeza, algunas caían en la primera a los coqueteos de los ahora hombres, otras les tenían que hacer probar el dulce néctar de sus cuerpo hasta que se confesaban, pero algo era seguro, todas caían una vez que las llevaban a la cama, pero siempre existen las excepciones y ellos pronto lo sabrían.
Unos golpes en la puerta de la oficina de Deivid terminaron la discusión de los amigos.
- Adelante. - Ambos prepararon su mejor sonrisa, pero se quedaron de piedra cuando Linda entró.
La joven castaña, de piel bronceada y más de un metro setenta, no se veía como el prototipo de mujer a los que ellos estaban acostumbrados, era grande, muy grande.
- Buenos días, señores Smith y Jones, mi nombre es Linda Brown, y seré su asistente. - se presentó de forma educada y elocuente
- ¿Linda? - Deivid comenzó a reír de inmediato, la mujer frente a él lo miraba con total seriedad, enfundada en su vestido negro ajustado sin miedo a que se marque sus grandes curvas y zapatos del mismo color con sus brazos cubiertos con una chaqueta color crema.
- De Linda solo tienes el nombre, ¿verdad? - continuo con su burla cando la risa se lo permitió.
- Depende de sus gustos señor, además si nuestros nombres realmente describieran como somos, usted se llamaría idiota y no Deivid. - Concluyó la joven mientras esbozaba una sonrisa perfecta, mostrando unas lindas perlas blancas como dientes.
- ¿Me acabas de insultar? - El asombro tomó la cara del más joven de los empresarios.
- Para nada señor, solo daba mi punto de vista, que es lo que un asistente también hace, ahora si me disculpan iré a trabajar que es para lo que me pagan, por cierto, ya ingresé en el servidor de la empresa y vincule sus correos a el mío, también me agende en sus contactos por si me necesitan y no me encuentro fuera de sus oficinas. Ahora sí, me retiró.
- Espera.
- ¿Si, señor Williams?
- ¿Tú sola hiciste todo eso?, bueno por lo menos eres buena en informática. - el rubio parecía sorprendido, pero a la vez compartía la molestia con su amigo.
- Señor Williams, yo soy buena en todo, créame.
La forma en la que habló y el brillo que adquirieron los ojos de Linda, sumado a la pequeña sonrisa que dibujó en esos carnosos labios provocaron una erección inmediata en Will, quien la miraba casi con miedo, ella se dio cuenta, y le sonrió de costado más ampliamente, para darse la vuelta y salir de aquel lugar, moviendo su gran trasero, el cual era bastante tonificado.
"¡No puede ser!, como es posible que esa mujer me caliente de esta forma con solo unas palabras, ¡¿qué mierda me pasa?!"
Williams estaba asustado, jamás le había sucedido tal cosa.
- Estúpida gorda, ya rogara por mí y le haré recordar este momento. - Deivid estaba más que furioso por la audacia de la nueva asistente.
- ¿De qué hablas?
- ¿Como de que hablo? de la apuesta por supuesto.
- Olvídate de esa estupidez, acaso no tienes ojos ¡¿o te atreverías a follar con ella?!
- En su defensa tiene linda cara, en fin, solo sería un polvo y listo seré el campeón.
- No, no, yo no puedo ni imaginarme, olvídalo es demasiado gorda para mi gusto.
- ¡¿Entonces abandonas?! ¡Sí, soy el rey de Rouge Grup! - el tatuado comenzó a festejar como si de un crio se tratará.
- ¡Nunca dije que abandonaría! sabes, de acuerdo, quieres continuar será así, hasta que ella se confiese enamorada de mi o de ti, y este juego se termina, creo que ya nadie quiere trabajar para nosotros, el próximo puede ser un hombre y eso sí que no.
- Bien, ahora sal tengo que idear mi plan.
- Sí, lo que digas Deivid. - Williams salió de la oficina de su mejor amigo y agradeció que Linda estuviera ocupada en el computador, no estaba seguro de que cara tenía.
"¿Qué carajo paso en esa oficina, no puede ser falta de sexo, anoche estuve con una de las secretarias del segundo piso, ¿que está mal en mí?, algo me dice que me alejé de ella. Ya sé, ¡la asustare para que renuncie!"
Will tomo el teléfono y si, como ella dijo ahí está el número de su nueva asistente.
- Linda ven un momento.
"¿Me habrá escuchado? Debí esperar a que contestara."
La puerta se abrió en ese segundo. Mientras la castaña entraba con paso confiado.
"Valla que tiene confianza, ni siquiera toco la puerta."
- ¿Que se le ofrece?
- Mira, no sé cómo decir esto, toma asiento. - Ella hizo lo que le pedía. Mientras un nervioso Williams se paseaba de un lado al otro sin poder estar quieto.
- Debes renunciar. - dijo y espero un escándalo, en cambio obtuvo una mirada seria de la joven.
- ¿Por qué sería?
- Deivid y yo somos personas difíciles de manejar, a veces explotamos, pareces una buena chica, pero nosotros somos muy crueles, creo que tu apariencia te pondrá en un lugar difícil, no queremos que nos demandes por discriminación cuando salgas llorando por burlarnos de tu cuerpo...
- Disculpe, se refiere a que me dirán, gorda, señorita mantequilla, etc... Eso lo podemos solucionar, redactare un contrato donde se estipule que los apodos que me den no serán motivo de demanda alguna. - Ella no se veía alterada ni molesta, hablaba con una tranquilidad inquietante.
- ¿Tanto necesitas el trabajo? ¡¿Además de gorda eres pobre?! - dijo el rubio sin poder contenerse.
- Se podría decir, en fin, si solo era eso, estaré en mi escritorio.
Linda se dirigió a la salida y Will estaba con los nervios de punta, quería que ella renunciara, no quería tener que enamorar a esa mujer grande y gorda, algo en él le decía que eso no era buena idea.
Por lo que la tomo del brazo y la giro con brusquedad.
- Espera, maldita gorda. - Linda, lejos de asustarse avanzo sobre él, haciéndolo retroceder hasta acorralarlo entre ella y el escritorio, se aseguró de que sus grandes y redondos pechos chocarán con el fornido tórax de su nuevo jefe.
- Dígame señor Williams ¿qué quiere de mí? - Al sentir el dulce aliento de la joven sobre su rostro, Will sintió deseos de probar a que savia esa boca, y cuando sintió los pechos de ella aún sobre la ropa, la erección se hizo presente nuevamente, él estaba aún más duro que antes.
- Esto está mal. - dijo el hombre en un susurro.
- ¿El que señor? Que usted me insulte o que yo, alguien gorda ¿lo caliente de esa forma? - Williams no podía creer que ella se hubiera dado cuenta de eso. - No se preocupe señor, guardaré su secreto, y no se sienta afligido, a decir verdad, es mi culpa, muchos dejan volar su imaginación cuando me ven, pero suelo ser demasiado para ellos. - El que ella dijera eso sonriéndole de una forma condescendiente lo enfadó de sobre manera.
- Tú no provocas más que asco en mí. - trato de mentir, pero la castaña era una reina del engaño, por lo que se dio cuenta de inmediato.
- Claro, seguro, bien en ese caso, si no me va a necesitar para que lo ayude.... me retiró. - Linda giro sobre sus talones y cuando llego a la puerta antes de abrir lo volvió a mirar, para decirle con una voz sumamente sexi. - Un consejo, si se va a tocar en el baño y no tiene lubricante use jabón, de paso se ahora un paso para limpiarse luego. - Le guiño un ojo y salió, como si no hubiera dicho nada.
"¡Maldita gorda!"
Williams tenía ganas de arrojarle algo pero en lugar de eso, terminó en el baño, estrangulando a su pene, dándole sacudidas tras sacudidas, tratando en pensar en alguna de las infinidades de mujeres que pasaron por él, sin embargo solo pudo disfrutar de su acción cuando cerró los ojos y visualizo a esa mujer tan descarada como para darle consejos de cómo masturbarse y en ese momento que se imaginaba llenando la boca de Linda con su pene, él tuvo el mejor orgasmo de su historia, hasta tal punto que no pudo refrenar el grotesco gemido que salió de sus labios.
- ¡Que mierda hice! ¡¿Acaso me volví loco? como pude pensar en ella chupando mi pene!
Si, él estaba furioso. Mientras que Linda disfrutaba de su tiempo de descanso, bajo a la cafetería y se sentó sola, como era su costumbre, ella no confiaba en las personas, le aquejaba de cierta forma como todos la miraban, algunos con pena, otro con desagrado, ella sabía lo que pesaba cada uno a su alrededor gracias al entrenamiento del señor frío, nadie la veía como realmente era.
Una sonrisa surgió en sus labios al recordar a Williams Jones, en el momento que vio al hombre rubio con cara de inocente y bien vestido frente a ella, supo que era de los que les gustaba llevar el control, que lo más probable es que tuviera un carácter del diablo, y con mucha experiencia en la cama, si, su forma tan pulcra de vestir así lo mostraba, y eso provocó que ella atacara primero, se notaba que estaba acostumbrado a llevar las riendas de todo, pero ella le mostraría que era mejor dejarla tranquila, si quería que su pene siguiera siendo útil con otras mujeres.
"Maldición Erick, aprendí demasiado bien tus técnicas, ¡me arruinarte por completo!"
Ella se lamentaba que el señor frío había cambiado su esencia, pero no era así, Erick Mark, solo le había enseñado a liberarse, sin miedo ni culpa.
- Hola, eres la nueva asistente de presidencia ¿verdad? - Una joven de unos 25 años rubia de piernas largas estaba parada frente a ella.
- Hola, sí, soy Linda Brown. - se presentó mientras extendía su mano.
- Un gusto soy Clara. Soy la secretaria de Rodríguez, sector 4.
- El gusto es mío Clara.
- Quería pedirte un favor. No quiero que pienses que soy una descarada ni nada, pero ¿podrías hablarme antes si el señor Williams tiene pensado ir a mi sector?
- Claro, pero ¿por qué?
- Es que ya no sé qué hacer para que me mire, y estoy enamorada de él.
- Ah, qué bueno, ¿y cuándo hablaron y se conocieron lo suficiente como para que te enamores de él? - pregunto, aunque conocía muy bien la respuesta.
- Nunca hemos hablado, él ni siquiera sabe que existo.
- Y tú ¿cómo sabes que lo amas?
- Solo lo sé.
- Sí, bueno yo te avisaré, puedes estar segura, si me disculpas debo volver a presidencia.
"Esta mujer está loca, me imagino que yo era igual de ilusa, enamorada de un sueño, en fin, pobre de ella."
Linda siguió a su escritorio y comenzó a organizar las agendas de sus jefes, solo para descubrir que eran un desastre total.
"Qué carajo hacía la otra asistente, hay miles de reuniones mal agendadas o con el mismo horario."
Estaba teniendo problemas en reorganizar todo, cuando su teléfono sonó.
- Gorda ven a mi oficina. - ¿Gorda? ¿En verdad, es lo único que se les ocurre? Bien señor Deivid, es tú turno, voy a ver qué es lo que necesitas y te lo daré.
Linda golpeó muy suave la puerta dando la sensación de timidez y miedo, ella ya había visto su reacción cuando lo confrontó, eso sumado a sus tatuajes que eran visibles en cuello y manos, sabía que estaba ante un hombre que trataba de dar la sensación de chico malo y por lo tanto apostaría lo que fuera que todas las mujeres se comportaban tan malas con él como pensaban que quería, pero Linda estaba segura que este hombre caería ante ella si se mostraba dócil y débil una pobre mujer que necesitara un fuerte hombre que la protegiera.
Deivid pasó todo el día organizando su plan, quería ganarle a Will a como diera lugar y estaba confiado con que lo conseguiría.
"Que tenemos aquí, una gorda con aire de reina, sacando el grasiento cuerpo que tiene poder manejarla, gorda mala, chico malo, si nos complementamos y en menos de una semana, entre grito de desacuerdo me dirás que me amas rogaras para que te pida matrimonio y por fin Will aceptara que soy el mejor rompiendo corazones."
Si, Deivid estaba seguro de que su plan no fallaría, lástima que no sabía que Linda era mejor que él leyendo a las personas, ella ya se había dado cuenta que él solo quería mostrar una imagen de hombre malo y duro, pero esa no era su esencia.
- Gorda ven a mi oficina.
"¿Qué sucede? ¿que son esos golpes?, creí que entraría como todas las de carácter fuerte."
- Pasa gorda. - Si bien Linda entró destilando seguridad en cada paso que daba, sus ojos y rostro estaban con una máscara de indefensa ternura, lo que hizo que a Deivid le costara tragar.
- ¿Qué te sucede? El trabajo se te hace difícil. - Algo en el interior de él despertó, su parte amable al verla de esa forma salió a flote.
- No señor, el trabajo es fácil, solo que... no quise hablarle de esa manera, me sobré pase y tenía miedo de que este enojado. - Esa voz tan suave y quejumbrosa, le provocó querer abrazarla, pero se mantuvo en su lugar.
- No hay ningún problema gordita. - Fue lo único que él pudo decir.
"Maldición había visualizado otra escena, ¿ahora qué hago?"
- Señor Smith, aquí tengo algo para que firme.
- Bien dame, veamos que es. - Linda le dio el contrato donde se aclaraba que ella podría recibir cualquier tipo de sobre nombre de sus empleadores y que no reclamaría indemnización alguna ni denunciaría malos tratos.
- ¿Qué mierda es esto? - pregunto confundido el tatuado.
- Lo que hable con el señor Jones, yo... necesito este empleo, no importa cómo me traten, después de todo, no me dirán nada que no me hayan dicho antes, solo... no me despidan y les aseguro que si en algún momento renuncio no los demandare por nada de lo que pueda pasar. - Linda dejo caer una lágrima para darle más realismo a la situación, hacia tanto que no se comportaba como era ella hace tres años atrás que no estaba segura de estarlo haciendo bien. Pero sus dudas se disiparon cuando el joven que aparentaba ser un hombre duro la atrapó en un fuerte abrazo, como queriendo realmente protegerla.
- No llores, no te ves bien con lágrimas en el rostro.
- Yo no me veo bien sin ellas tampoco.
- ¿Qué dices?, en este mundo nadie es perfecto a los ojos de los demás.
- Y ¿a sus ojos señor? ¿Cómo soy realmente a sus ojos?
Deivid la soltó y se alejó un poco, para mirarla con detenimiento y descubrió con asombro que ella le parecía linda, no había reparado antes en mirarla realmente en ese sentido, pero ahora veía como eso que en un principio le molestó y desagrado, era lo mismo que le atraía, toda ella era grande, no solo su vientre, sus senos eran enormes, sus caderas anchas, y un trasero en el que se moría por morder.
- Eres hermosa.
Dijo en un susurró y ella supo que ya tenía a los dos donde los quería.
Apenas llegó a su edificio Linda corrió a hablar con René, necesitaba contarle con lujos de detalle lo que había sucedido en su primer día de trabajo.
La joven rubia pasaba gran parte del tiempo pintando, sus cuadros, que alguna vez fueron alegres y coloridos, desde que había sobrevivido al infierno de Terry, se habían vuelto tristes y grises, aun así, no perdía las esperanzas de volver a ser lo que era antes, de poder juntar esos pequeños pedazos de su alma y volver a armarse.
- Hasta que llegas, dime, me muero de curiosidad, ¿cómo son?, te juro que después que cortaste la llamada, me quedé con los nervios de punta, no puede ser que te quiera despedir, ¿te dio un por qué?
- Tranquila René, mi trabajo ya está asegurado, los tengo donde quiero. Que te digo, son dos bombones que no me molestaría comer, lástima que son mis jefes.
- ¡¿Y eso que?! ¡Mira lo que son! estas fotos que me enviaste, te juro ¡monje mi braga!, dime si no tienes curiosidad por contar cuantos tatuajes tiene este cuerpo y este rubio, Dios lo dejaría atarme y que me haga lo que quiera.
- Te puedo asegurar que ese es su estilo, pero yo no me dejaré atar por nadie. No lo sé, son lindos y te mentiría si te dijera que no provocan cierta humedad entre mis piernas, pero dormir con mis jefes esta fuera de discusión, prefiero buscar algún sustituto en las noches alocadas en los bares que cometer el mismo error dos veces.
- Aunque esta vez contaría doble. - rebatió con picardía la rubia.
- Eres una cerda, pero.... no, no lo haría.... creo.
- Pero dime cómo son realmente. - René la seguía por toda la casa mientras Linda se despojaba de su ropa, para colocarse algo más cómodo.
- Ambos te confunden a primera vista, si no sabes buscar las señales correctas, Deivid se ve como un hombre duro, con sus tatuajes y ese peinado, ¡Dios tiene tatuada hasta los lados de la cabeza!, pero tiene cierta luz en sus ojos que te dejan ver que en realidad es un ser sensible muy a su pesar, y te puedo asegurar que todas las mujeres con las que ha estado se han comportado como creen que a él le gusta, mujeres fuertes y descaradas, pero lo que él necesita es a alguien débil e inexperta, alguien que lo haga sentir necesitado y útil. - respondió mientras se sentaba en el cómodo sofá blanco.
- Williams es su opuesto, por fuera aparenta ser calmado, serio y centrado, pero es un animal enjaulado que se especializa en pobres chicas incautas, las mujeres débiles lo buscan pensando encontrar a un príncipe encantador, sin saber que es un lobo disfrazado de oveja, estoy segura de que ya está aburrido de las niñas inexpertas, por eso es que su pene reacciono de esa forma cuando lo provoque, te juro que se me hizo agua la boca cuando vi semejante bulto empujando por salir de ese pantalón. - dijo al tiempo que lamia sus labios.
- ¡Eres una perra!
- Sí, lo soy, y él se dio cuenta que soy de todo menos débil, mi intención fue atacar a Deivid a la primera, ya que vi su foto y me confundí, pero cuando lo hice, pude ver como mis palabras afectaban a Williams, y lo demás fue fácil. - se jacto orgullosa de sí misma.
- Quieres decir que lo sedujiste ¿cómo lo hacías con el hombre frío en el último tiempo que estuvieron juntos?
- No, claro que no, solo me mostré como soy.
- Puedes aparentar con todo el mundo, menos conmigo y lo sabes, eres una buena mujer Linda, solo que Erick te lastimó demasiado. - Rene se sintió mal por traer a flote el recuerdo de aquel hombre que tanto lastimo a su mejor amiga.
- No, él no me lastimó, fui yo, y la estúpida idea que él se enamoraría de mí, puedo leer a cualquier hombre, menos al único que robó mi corazón.
- Él no te lo robó, tú lo tienes encerrado, creo que debes parar, es hora de que busques un amor de verdad, no un sueño ni que tú cambies por esa persona, solo sé tú misma.
- No sé, soy buena para seducir, mientras más grande es el reto mejor, pero después, mis miedos regresan, no creo estar lista para una relación sería. ¿Qué tengo para ofrecer? - respondió con cara abatida la castaña.
- Dios, la mierda que tus padres te dijeron sí que se te metió en esa cabezota, ¿cómo no puedes verte realmente?, eres la puta ama, eres como un arma cargada jugando a la ruleta rusa, tú decides quien cae y quien no, además tienes una inteligencia única, vamos Linda, daría todo por estar en tu lugar un día.
- Si seguro.
Las jóvenes pasaron el resto de la noche tratando de saber si eran o no dignas de buscar un amor verdadero o a lo sumo un compañero de vida, hacía dos años que vivían la vida un día a la vez, y un hombre diferente casi todas las noches, pero al llegar la luz del día, ese anhelo de tener un compañero a tu lado, alguien que te apoye y sostenga sin importar que, se hacía presente, no querían admitirlo en voz alta, ellas habían jurado no necesitar nunca más un hombre, pero esa era la verdad, lo que sus corazones y almas pedían.
Deivid y Williams tomaban unos tragos en el apartamento de este últimos.
Williams vivía en un condominio de lujo, en el gran y espectacular 432 Park avenue de Manhattan en el piso 20, el cual poseía una piscina en su interior de 20 metros, el pequeño capricho le costó 14 millones de dólares, pero valía cada centavo, aunque este lugar siempre fue su refugio últimamente no le gustaba estar solo en su hogar, sentía que era demasiado grande para él , por lo que sus días variaban en dormir aquí e invitar a su buen amigo Deivid o ir al penhouse de este, que claro era igual de lujoso, a pesar que solo valía 12 millones el hogar de Deivid estaba ubicado en la torre 30E32 en la Skyline de Manhattan el piso 22 era todo suyo y lo que más le encantaba a Deivid era el estilo gótico de la fachada.
- No puedo creer que ella redactara el contrato, cuando lo menciono pensé que bromeaba. - dijo un poco indignado Will a no poder saber a qué jugaba su empleada.
- No tenías por qué pedirle que renuncié. - El castaño lo miraba con reproche.
- No quiero acostarme con ella Deivid, ¿qué es lo que no entiendes?
- Renuncia y di que soy mejor que tú.
- Ni lo sueñes, ella quiere jugar y la haré arder tanto que se quemara. Gemirá con tanto ahínco mi nombre que se desarmará en mis brazos. - dijo con fuego en la mirada, Linda lo había provocado y pagaría por ello.
- ¿De qué hablas? es un pobre corderito asustado.
- ¿Que?... ¿Acaso tienes algún problema de percepción?, esa mujer sabe lo que hace, quiere seducirme y no sabe lo que le espera.
- ¿¡Ella seducirte a ti?! Vamos hombre si temblaba como una hoja en otoño hoy mientras se disculpaba por tratarme de idiota, te aseguro que debe ser virgen.
- ¿Cómo que se disculpó? Cuéntame más.
- Eso, se disculpó por su comportamiento y me entregó el contrato, sabes... incluso me dio pena, se notaba que ningún hombre jamás la había tocado, cuando la abracé incluso creo que mojo sus bragas. - Deivid estaba complacido con ese pensamiento. Nada más alejado de la realidad.
- Eso no te lo creo, ¡¿tu consolando a una mujer?!
- Que puedo decirte Will estaba llorando, sabes que la de ese tipo las manejas mejor tú. Pero aun así la conquistare y te ganaré. - Williams le daba vueltas a lo que su amigo le contaba y no lo lograba entender, era como si estuvieran hablando de dos personas diferentes, claro que él no estaba dispuesto a contarle lo que sucedió en su oficina, todavía se negaba a admitir que se masturbo pensando en esa mujer, pero el solo recuerdo de los pechos de ella arrinconándolo contra su escritorio produjo que su pene se endurezca.
"¿Que mierda provoca esta mujer en mí? Ni modo... tendré que comerla y así seguir adelante, cuando vea que es otra chica inexperta a quien enseñarle todo en la cama, este deseo estúpido se irá, y por fin le ganaré a Deivid. "
Por otro lado, Deivid se encontraba mirando la ciudad a sus pies y pensando en lo bien que se había sentido abrasar a la Linda gordita, con ese pensamiento cambió el nombre de contacto de LINDA, ASISTENTE, por LINDA GORDITA 🥰
"Si, es linda, suave, tiene un aroma dulce, nada provocador como el que usan las demás secretarias, ella quiere pasar desapercibida, ahora entiendo porque Williams ataca a las de bajo autoestima, se siente bien que alguien dependa de ti y busque tu protección, hasta ahora las mujeres con las que he estado se desviven por mostrarme todo lo que saben hacer, veamos qué tan bueno seré guiando a esta mujer a que disfrute del mejor sexo de su vida."
Esa noche, la pasaron entre risas y tragos, cuatro personas que iban por la vida teniendo sexo casual, algunos para divertirse, otro para coronarse como el ganador en romper corazones y ellas solo para olvidar a los hombres a los que les dieron su virginidad y su corazón.
Linda se le levanto temprano, trato de no despertar a René, pero era inútil, su mejor amiga, ya estaba en la cocina.
- Buenos días, tu desayuno ya está listo. - Dijo canturriando, mientras se movía de un lado al otro.
- Buen día Rene, ¿qué haces despierta tan temprano?
- Preparo tu desayuno, tú eres la abeja obrera de este panal.
- René ¿cuándo entenderás que esto no es necesario?
- No quiero ser una carga para ti, solo déjame ayudarte.
- No eres una carga, y lo sabes.
- Bien, lo que digas, aun así, ven y desayuna.
- Solo porque hoy será un día movidito.
Y esa era la verdad, ella tendría un día ajetreado hoy, primero debía asistir con Williams a un control de calidad con la empresa ULip que quedaba a 20 minutos de la compañía y rogar porque nada los haga perder tiempo y así poder asistir a Deivid en un almuerzo de inversionistas en el restaurante Jean Georges, ubicado en el Trump internacional hotel & Tower en Nueva York.
- Ya me voy, estos idiotas no contestan a mis emails. Por lo que deberé de ir a la empresa primero.
- Ten paciencia amiga.
- Tratare, pero cada vez me convenzo más que este par de ineptos van directo a la quiebra.
La asistente tomo un taxi mientras maldecía por lo bajo.
"¡¿Que tenía en la cabeza la anterior asistente?! ¡Como organiza una reunión en un lugar tan alejado!"
En realidad, lo que molestaba a la joven y la desestabilizaba era que ese restaurante era el favorito del señor frío, lo había acompañado decenas de veces a aquel sitio y no solamente por negocios.
Su mente comenzó a viajar a esos momentos.
"No, Linda, ¡no lo hagas, no te lastimes de esta forma!"
Pero ya era tarde, el recuerdo estaba en su mente, la última cena con Erick Mark o como ella lo llamaba el señor frío.
Flashback
- Lin (como él la llamaba), en unos momentos verás que hay dos millones de dólares depositados en tú cuenta bancaria, aparte de tus ahorros.
- ¿Que?
- Es mi regalo para ti, tómalos y vuelve a Arkansas.
- ¿Volver... a qué?
- Regresa con tus padres a el Dorado, no sé, compra una casa, es dinero suficiente para que vivas bien. Solo... no vuelvas a cruzarte en mi camino. No te quiero en New York.
- ¿Estas terminando conmigo?
- No podemos terminar nada... por qué no somos nada, es por tú bien, créeme, en una semana mi compromiso con Samara se hará público, muchas personas nos han visto juntos y por más que nuestro comportamiento en público es intachable, siempre están los que buscarán una noticia.
-... Lo entiendo, bien, me reuniré con el señor Dante Ricci mañana para que quede todo listo para la sociedad de sus empresas y... Dios, esto no puede ser. No puedes dejarme. - La voz de la joven se rompió en la última frase, su mundo se hacía pedazos y no había nada que pudiera hacer.
- No llores, controlarte, te entrené para ser mejor que esto.
Esa frase terminó por destruirla, él la entrenó, así era como la veía, como un animal de zoológico al que debía enseñarle cómo comportarse, como pararse, como vestirse y como follar.
Fin Flashback.
- ¡Señorita!
- He, disculpe. - Volvió a la realidad cuando el conductor perdió la paciencia y le gritó, en otras circunstancias lo hubiera mandado por un caño, pero no hoy, hoy solo rogaba no cruzar a Erick en ese maldito restaurante o no sabía cuáles serían las consecuencias.
Cuando llegó a su escritorio su mente, que era un poco masoquista, le seguía repitiendo esa escena en la que su mundo había cambiado por completo, una y otra vez, quizás como un recordatorio del póquer jugaba con los hombres, porque esa necesidad de tratarlos como animalitos que cuando crecían demasiado era necesario desecharlos.
Por eso no noto cuando Deivid y Williams llegaron y la saludaron, ambos con ganas de ganar su apuesta y enamorarla, pero no obtuvieron respuesta alguna, ella solo estaba sentada mirando fijo un punto, con cara de haber sido testigo de un crimen, y es que así era, ella fue testigo de cómo un hombre con pocas palabras mato sus ilusiones y sueños de amor, dejándola sin nada en su interior, más que con un rencor, que no la dejaba amar.
- ¡Señorita Brown!
- Señor Williams, Señor Smith.
Williams al verla tan perdida creyó que era su oportunidad para abordarla, él era un experto con mujeres navegando a la deriva, se presentaba como su Salvador, un timón al que aferrarse, para que luego se dieran cuenta que en realidad era el mismo iceberg que colisionó contra tu corazón haciéndolo naufragar en aguas heladas.
- Venga a mi oficina ahora. - Linda camino tras él, mientras Deivid, por primera vez sintió celos de su amigo.
"Maldición, Seguro y aprovecha para consolarla, maldición y mil veces maldición, Will me lleva ventaja con las mujeres débiles."
Mientras Williams se preparaba para atacar, ofrecería su ayuda a cualquier circunstancia que la hiciera sentirse mal, se presentaría como su salvador.
- Dígame Linda, ¿qué le sucede hoy? ¿acaso alguien la molestó? - dijo con voz suave y tratando con un falso respeto.
- Señor Williams debemos acudir en 20 minutos al control de calidad de los socios de ULip. No tengo tiempo para perder en fijarme si alguien me molesta o no.
- ¡¿Que?! ¡No sé le ocurrió decírmelo antes! - exploto el rubio al verse con tan poco tiempo para acudir a la reunión.
- Señor Williams, se lo envié por correo hoy a primera hora, pero descuide arreglare este inconveniente en un minuto. - Linda que había llevado su tableta, comenzó a mover sus dedos por la pantalla y acto seguido el teléfono de Will comenzó a vibrar y soñar sin parar.
- ¿Qué rayos es esto?
- Desde este momento cualquier mensaje que le envíe hará sonar su teléfono de esa forma hasta que lo vea, así no me culpara por su falta de atención en las cosas importantes. - Ella lo estaba regañando como si de un niño se tratara, no lo podía creer.
- Tú.... ¿acabas de hackear mi celular? - Dijo en un tono bajo y amenazador.
- Sí, ¿ahora puede apurarse?, debo volver antes del mediodía para asistir al señor Deivid.
- Estas deseosa de asistir a Deivid, ¿verdad? Sabes... si fueras mía te castigaría.... - La risa de Linda resonó en la oficina lejos de sonar burlesca, sonaba más como una dulce melodía, que dejó en silencio a Will a mitad de lo que fuera que quería decir.
- Vi tú mirada perversa cuando le contesté a Deivid ayer y créeme a mí... nadie me castiga, eso es algo que solo sucede cuando quiero y con quien quiero.
Esa era una declaración de guerra, y Williams no lo soportó, avanzo hasta donde estaba y la tomo en un movimiento violento, en el cual sumergió su lengua en la boca de Linda con una desesperación y decisión única, reclamando el dominio, mientas que su mano bajo y apretó un trozo de la falda con botones que la joven llevaba, tan fuerte y brusco que hizo salir volando uno de los botones, lo que provocó que gran parte del muslo de ella quedara al descubierto.
Pero Linda no se iba a quedar atrás, ella apoyo la mano en el pecho fuerte y duro de Williams, él pensó que lo trataría de apartar por lo que se pegó más a ella, pero las intenciones de Linda no eran esas, ella descendió lentamente su mano por el pecho y abdomen de Will y de repente tomo y apretó el pene erecto de él, mientras que con su boca atrapó la lengua del hombre y comenzó a succionar , rápido pero suave, y Will enloqueció, por lo que un gemido salió de sus labios y ella lo libreo riendo, mientras arreglaba su labial.
- Soy mejor que tú leyendo a las personas, no podrías conmigo, soy demasiado mujer para ti, mejor no lo intentes, te espero fuera, tienes 5 minutos para solucionar eso.
Dijo ella mientras apuntaba a su entrepierna, donde él sabía perfectamente como sobresalía el bulto de su pene, el cual estaba a punto de explotar, la miro con enfado y deseo, jamás nadie lo había tratado así, esa provocación constante y la pelea por ver quien tenía el poder era algo que nunca sintió. Y era completamente excitante.
"Bien mujer de grandes curvas, veremos quién pone a quien, de rodillas, y apuesta lo que quieras que no seré yo quien caiga."
Respiró repetidas veces y aunque su pene dolía por no haber conseguido lo que necesitaba, salió en busca de su asistente, segundos después.
"Mierda, mierda, ¡¿que hice?! tengo que deja de jugar en el trabajo, o no aguantare y deberé salir a algún bar en busca de algún hombre con quien descarga esta tensión sexual."
Linda se reprochaba su conducta poco profesional. Una vez que salió Will ella notó que su bulto era casi el mismo que recién.
"Eres muy fuerte o terco o... ¿Tienes a alguien esperando para que baje a tu amigo a la normalidad?"
- Si tienes todo vamos.
- Sí señor. - Esta aparente obediencia de ella no lo ayudaba en nada, el hombre rubio de ojos celestes se sentía cada vez más deseoso por tomar a Linda.
- ¿Tienes auto?
- No.
- Bien iremos en el mío, ven.
- ¿La empresa no tiene un vehículo destinado a esto?
- No, no es necesario. Ninguna asistente ha sido tan pobre como para no tener un vehículo. - Will quería indagar en la vida de Linda sin que ella se diera cuenta, por lo que decidió usas sus tácticas de molestarla sacar la historia de su vida a flote, pero no lo consiguió.
- Pues, que le digo, lo lamento, si desea puedo tomar un taxi, claro que no se si llegaré a tiempo, si mi jefe hubiera leído y contestado mi mensaje, me hubiera ido directo al lugar...
- ¿Puedes callarte? Me estás sacando de mis casillas. - Linda sonrió mirando al frente y Will que hasta ese momento estaba enojado, no pudo evitar quedar embelesado mirándola.
Ya habían llegado al garaje de la compañía, cuando Linda se detuvo y lo miró con un deje de tristeza en sus ojos, lo cual lo confundió.
- Dime que tú auto es el Lamborghini huracán. - Dijo con esperanza en la voz.
-Claro que no, el color negro es el favorito de Deivid, el mío es el Ferrari 498 GTB, vamos sube ten el honor de viajar en un auto de lujo. - Linda subió sin ningún problema, o duda, y él reparó en que su cara no demostró emoción alguna, sino que parecía aburrida.
Lo que él no sabía era que el señor frío también poseía un Ferrari.
Una vez que lo puso en marcha y aceleró no soporto el silencio y su falta de emoción.
- Bien di que sientes al estar sentada en una belleza como esta.
- La belleza es relativa según los gustos de cada uno, además he viajado en mejores.
- ¿Mejor que una Ferrari? Eso no lo creo.
- No, también era una Ferrari, pero era el 812 superpast.
- No puede ser, traté de conseguirlo y no pude solo hay dos en el país.
- Si eso también lo sabía. - Dijo con aburrimiento, casi bostezando.
- Y dime cómo es que tú subiste...
- Gira aquí ya llegamos. - Williams reparó en que ella no quería hablar, y el opto por no insistir.
La reunión pasó y Linda no quedó conforme en varias cosas, la principal es que Williams no tenía ni idea de cómo comparar si la materia que ofrecían era buena o no, por lo que ella se encargó de dar escusas y fijar una nueva reunión para ver si cerraban el trato o no.
Para cuando subieron nuevamente al auto Williams explotó.
- ¡¿Que mierda fue eso Linda, como me haces quedar como un idiota?!
- Acabo de salvarte de quedar como idiota, esa materia prima arruinará tu producto, lo bajará de nivel, ¡¿en qué rayos pensaba tu asistente?!
- En follar con Deivid o conmigo, no sé cuál de todas consigo el trato. - Sin darse cuenta Will había hablado de más, Linda entendió de inmediato que ellos estaban acostumbrados a dormir con sus asistentes.
"Son iguales que Erick y tú que no querías joderlo todo. Merecen que juegue con ellos."
- Bien fueron unas ineptas, pero ¿ustedes como no se dieron cuenta?
- Tienes razón, esa cosa todavía está en mi dedo, tienes algún pañuelo o algo para limpiarme. - Will le pidió de buena manera a Linda, eso sumado a que le dio la razón, ella pensó que necesitaba un premio, ella sería la domadora en este zoológico.
Cuando Williams frenó en el semáforo, ella le tomó la mano por lo que él se giró a mirarla sorprendido por el contacto tan natural, y de pronto, vio como ella hizo desaparecer su dedo en el interior de su boca, al mismo tiempo que sentía como su lengua se deslizaba lenta pero fuerte, y el tirón de su pantalón le avisaba que esta vez debería descargar manualmente esa erección, porque no había modo que en este mundo él pueda sacar de su mente semejante imagen, los ojos de Linda clavado en los suyos adquiriendo poco a poco un color más oscuro, pasando del color miel al canela casi llegando al chocolate.
- Mmm, por lo menos su sabor es rico, como chocolate blanco y coco, pero demasiado aceitoso, definitivamente no es una buena combinación par un labial. - Williams estaba mudo, estaba de piedra y no solo su pene, él sentía que se estaba quemando por dentro.
Linda sonó sus dedos delante del rostro aturdido del hombre.
- Reacciona, ¿estás bien? - pregunto con un poco de burla.
- Si vuelves hacer eso te follare. - La voz de Will dejaba ver el deseo que sentía en ese momento. A lo que Linda rio.
- ¿Es una advertencia o una invitación?
- Tómalo como quieras.
- Por ahora lo único que quiero es poder llegar a tiempo a asistir a tú amigo.
Y eso lo enfureció, ¿por qué sentía que ella hablaba en doble sentido?, o mejor aún ¿por qué le molestaba?, ya en una que otra ocasión ambos habían compartido una mujer sin problema alguno. Fuera lo que fuera que lo molestara lo único que hizo fue acelerar, sabía lo que ese auto podía correr y esperaba arrancarle un grito de miedo a la atrevida muchacha, pero lo único que consiguió fue escucharla reír, ella reía como solo la adrenalina te provoca hacerlo.
Cuando llegaron a la empresa los ojos de Linda brillaban de emoción.
- Eso estuvo muy bien señor Jones. - Y cuando se bajó agregó.
- Espero que no sea para todo tan rápido y fugaz. - Cerró la puerta y se marchó, dejando a Will golpeando su cabeza contra el respaldo de su Ferrari.
Para ese entonces Deivid ya estaba esperando a Linda, estaban con el tiempo justo.
- Linda gordita, por fin llegas.
- Lo siento señor, la reunión no fue bien. - Mientras ella explica lo que sucedió Deivid no pudo sacar sus ojos del muslo casi al descubierto de ella.
- ¿Qué le pasó a tú falda? - pregunto un poco molesto de que fuera su amigo el responsable de ese desorden.
- Perdón señor, creo que subí de peso y mi ropa no lo soporto, no tuve tiempo de ir a cambiarme...
- Está bien no te preocupes, además pareces sexy así.
- Señor Deivid, las cosas que dice, ¿sexy yo? - Trato de ruborizarse, pero no pudo, Linda ya estaba anestesiada a esos cumplidos, más los fines de semana, cuando salía de caza.
- Créeme, eres sexy. Ahora vamos antes que perdamos a estos inversionistas.
- Claro señor, ya pedí un taxi, espero que me permita llegar a tiempo.
- ¿De qué hablas gordita?, si no tienes auto irás conmigo.
- No quisiera causar problemas, señor.
- No me causaras ninguno y deja de decirme señor, llámame, Deivid, por lo menos cuando estemos sólo.
- Como digas Deivid. - Al escucharla pronunciar su nombre sintió como su corazón se aceleraba.
- Vamos gordita, oh...
- Oh ¿qué señor? - pregunto con falsa inocencia y Deivid le creyó.
"Mira esa cara es pura inocencia, definitivamente contigo me coronaré ganador."
- Llegaremos tarde.
Mientras bajan al estacionamiento, Deivid trató de concentrarse en que les ofrecería a los inversionistas para que acepten el trato, pero el perfume de Linda lo distraía.
- ¿Qué perfume usas?
- No creo que lo conozcas, no es de marca.
- Es delicioso, bueno Linda gordita, este es mi auto ¿qué te parece?
- ¡Esto! ¡¿No puede ser?! Creí que el auto del señor Jones era algo increíble, pero esto me deja sin palabras. - Si definitivamente ella sabía fingir.
El resto del camino Deivid paso presumiendo su auto, sin saber que esta mujer había paseado hasta en jet privado, aun así, Linda era una maestra para fingir.
Pero cuando llegaron al restaurante Jean-Georges Linda estaba sumamente nerviosa, su corazón latía de una forma rara ante la posibilidad de encontrarse con Erick.
- Tranquila Linda gordita, todo saldrá bien, tengo todo planeado, hoy cerraremos este trato cueste lo que cueste. - Y eso fue todo lo que necesito para volver a la realidad, su joven jefe creía que sus nervios eran por el dichoso trato.
"¡Controlarte mujer! Este par de idiotas no saben hacer negocios, demuestra lo que vales, muéstrale que te necesitan más que tú a ellos."
- Sí, Deivid, todo saldrá bien. - Linda paso un tiempo anoche revisando la propuesta y con todo el aturdimiento que tenía se olvidó de ponerlo sobre aviso.
- Deivid, hay algo que debes saber antes que entremos.
- ¿Que?
- Mira estuve revisando y estos puntos son muy confuso, a simple vista parece estar todo bien, pero estos puntos y comas mal acomodados, ellos quieren sacar provecho.
- ¡¿Dices que esto es adrede, que tratan de estafarme?!
- Sí. - respondió totalmente confiada.
Deivid leyó una vez más los documentos y reparó en que ella tenía razón, él pensó que era un error de impresión o a lo sumo de redacción, pero ellos igual lo enviaron firmado, Linda tenía razón, ellos querían embaucarlos.
- Eres muy lista gordita.
- Gracias.
Entraron al lugar y Deivid se sorprendió cuando al pedir el almuerzo el camarero le sonrió a Linda y le preguntó si quería lo mismo de siempre.
- No, solo será gazpacho.
El almuerzo pasó y luego de un Deivid audaz y confiado, los inversores se retiraron pidiendo disculpas por el supuesto malentendido y fijando una nueva reunión.
- Los aniquilamos Linda gordita.
- Sí, lo hicimos. - Linda no pudo evitar sonreír, ya se había acostumbrado al apodo que Deivid le había otorgado, pero también noto que ya no lo decía con sarcasmo, sino que, de una forma suave y tierna, lo decía con cariño.
- Bien es hora de volver a la oficina y hablar con Will.
- Claro. - Pero antes que eso sucediera, el camarero reapareció.
- Señorita Brown, permítame el atrevimiento, la última vez no le pude agradecer como era debido, pedí su postre favorito, muchas gracias por lo que hizo aquella vez por mí. - Deivid miraba intrigado al hombre que tendría unos cuarenta y algo o cincuenta y pocos.
- No tiene nada que agradecer, era lo correcto. - respondió su asistente con una sonrisa tensa.
- Aun así, muchas gracias. - El hombre dejó el postre y se retiró. Y Linda no sabía qué hacer.
- ¿Gustas un poco?
- No, no soy amante a las cosas dulces, ya sabes te hace perder la silueta.
- Sabes Deivid, la vida es muy corta para preocuparse por pequeñeces, unos kilos de más a cambio de probar una delicia, es un precio justo para pagar.
- De acuerdo me convenció, señorita Brown.
Linda sabía muy bien porque la llamo así, él quería saber la historia que había detrás de las palabras del camarero, pero ella estaba decidida a jugar a hacerse la tonta, tomo un bocado del postre y él se perdió en su boca envolviendo la cuchara en ese momento, pero volvió a la normalidad.
- ¿Me dirás que fue eso? - Pregunto impaciente. Y Linda se dio por vencida.
- Creo que en mi currículum está especificado lo eficiente que soy, hace un tiempo atrás vine a este lugar con el que era mi jefe, él estaba de mal humor, y se desquitó con el camarero, pidió que lo despidan y no me pareció justo, por lo que intervine, eso es todo.
- ¿Tu jefe quién era? - Esa era una pregunta que ella no quería contestar. Por lo que utilizo el coqueteo como arma.
- Disculpa, ¿dijiste algo? Por un momento tus tatuajes me abrumaron. - Y por fin logró un leve sonrojo en sus mejillas. El cual le debía más al miedo que a otra cosa.
- ¿Y eso cómo qué?
- No sé, tienes tantos, digo los que son visibles, ¿cuán tatuado tienes tu cuerpo? - pregunto con cara de cachorro abandonado.
- Eso solo lo saben quiénes me ven desnudo. - respondió el hombre al tiempo que le giñaba un ojo.
- Ah. - Puso su mejor cara de desilusión, sabiendo que el querría consolarla.
- Si quieres me podría desnudar para ti. - Linda fingió mirarlo con sorpresa e incredulidad, cuando por dentro se moría de risa.
"Eres lerdo Deivid, pero mejor así."
- Pero mira quién está aquí, Deivid Smith, tan apuesto como siempre a pesar de esos tatuajes. - La espalda de Linda se puso tiesa, ¡estaba perdida! Todo había acabado.
- Samara Canón, tan rubia como siempre.
Cuando la mujer saludó a Deivid, se fijó en quien lo acompañaba, claro ella no sabía que eran jefe y empleada por lo que se acercó apropósito a la mesa cuando lo vio acompañado y más con alguien con esa figura, pero cuando reconoció de quien se traba su cara cambio de inmediato, igual que su tono de voz dejó de ser simpático, para pasar a ser ácido y burlón.
- ¿Señorita mantequilla? Mira cómo has cambiado, si hasta pareces una persona.
Linda podía domar a cualquiera, pero había dos personas a las que nunca podría enfrentar, Erick Mark y Samara Canon, ella moría por gritarle a esa rubia de plástico cuantas veces su prometido la había follado, de ciento de formas diferentes, cuantas veces habían alcanzado el máximo placer hasta caer rendidos, pero no podía, el día que ella hiciera eso Erick sería capaz de matarla de ser preciso. Por lo que bajo la cabeza sin decir nada.
- Samara, ¿acaso tienes algún problema con mi asistente? - El tono de Deivid dejaba ver lo molesto que estaba con por sus palabras.
- Mira hasta tienes un nuevo defensor, las cosas no cambiaron tanto, ¿sabes Deivid? te daré un consejo, por la amistad que tiene nuestros padres, despide a esta vaca, es una completa incompetente. - En el terreno laboral Linda si se podía defender, ella sabía lo brillante que era.
- ¡Eso no es verdad! - rebatió sin importarle levantar la voz.
- ¿Que no es verdad?, echaste a perder el mejor negocio que se había conseguido con Dante Ricci, tu idiotez nos costó 2 millones, menos mal que mi prometido te hecho antes de la reunión de la junta o te hubiera destrozado con mis manos. Me imagino que no colocaste nuestra empresa como referencia....
Samara continuó hablando, pero Linda ya no la escuchaba, estaba acostumbrada a sus continuos ataques, siempre le decía que si no fuera porque se parecía más a una cerda que a una mujer ella no dudaría en que Erick y ella tuvieran un amorío, pero gracias a su apariencia nunca sospecho nada, lo que saco de jugada a Linda fue el hecho que la culparan por el fallido de una fusión con el italiano Dante, eso era imposible, ella dejó todo listo, solo faltaba la firma de Erick.
El día después de que Erick la mandó por un tubo ella se reunió con Dante, firmaron todo y entre una cosa y otra, terminaron en la cama de un hotel de lujo, fue así como ella se dio cuenta que podía seducir a cualquier hombre.
- Te estoy hablando jamón con patas.
- ¿Que? - La voz de Linda era apenas un murmullo.
- Que como se te ocurrió poner una cláusula que si no se concretaba el trato pagaríamos dos millones de dólares.
- No... - Las lágrimas de Linda caían a la vez que el subconsciente le gritaba.
"¡Estúpida te pago con dinero de la compañía y te culpo por ello! ¡Ahora además de puta eres una ladrona!"
- ¡¿Acaso no piensas contestar vaca?!
- ¡Oye Samara ya es suficiente, porque no te largas a arruinar el almuerzo de alguien más! - Linda miro de inmediato a Deivid, él la estaba defendiendo, y ella no estaba fingiendo.
No quería estar en ese lugar, en cualquier momento podría aparecer Erick y todo se iría al carajo.
Por lo que se levantó y salió sin decir nada, Deivid salió detrás de ella.
- Linda, espera, ¡Hey detente! - Al momento que Deivid la detuvo la abrazó y ella se quebró por completo.
- No fue así, no sé qué paso, pero lo averiguare, yo sé lo que hago, mi trabajo es lo único que tengo, es lo único para lo que soy buena ¡jamás aceptaría algo así! - Decía entre lágrimas más para sí misma que para él.
- Te creo Linda, no tienes nada que explícame, me acabas de salvar de perder mucho dinero, sé que eres buena en lo que haces. - Deivid acariciaba la espalda de ella, y ese contacto lo empezó a acalorar.
"¡Por favor, si solo la estoy acariciando! ¿Qué sucede conmigo, porque me atrae tanto? Ella se ve tan débil, está sensacional de que alguien te necesite es tan fuerte y linda, Linda como ella, debí mandar al carajo a Samara apenas llegó."
- Ya estoy bien señor Smith, puede soltarme. - dijo la joven, pero él no quería hacerlo, sin embargo ¿qué podría decirle? Y entonces le dijo la verdad.
- Pero yo quiero abrazarte un poco más. Además, ya te dije no me digas señor. - Le dijo con voz suave junto a su oído.
- Está bien Deivid, ¿podemos volver a la oficina? Todavía tenemos trabajo.
- Eres muy responsable Linda. - Ella lo miró sorprendida, no era gordita Linda, ni otro apodo él la llamo por su nombre.
En la empresa, Williams realmente parecía un animal, nunca en su vida se había sentido tan desesperado.
"¿Que mierda pasa? ¿porque estoy así? No importa si Deivid la está fallando, ella no soltará un te amo, así como así, no, ella es una mujer audaz. Además, no se iría a follar con él a la primera ¿verdad?¡Te apretó las bolas y chupo tu dedo como si de tu pene se tratara, sin contar lo que hizo con tu lengua, claro que se podría ir a follar con Deivid!"
El subconsciente le gritaba, que Linda hacía lo que quería sin remordimiento alguno.
"¡Maldición!"
Si, Will estaba enloqueciendo, estaba a punto de llamar a Deivid cuando este abrió la puerta.
- ¿Qué te sucede? - Deivid se sorprendió del mal aspecto que su amigo reflejaba.
- ¿La follaste?
- ¡¿Que?! Fuimos de negocios no a follar ¿recuerdas? ¿Qué te pasa?
- Olvídalo, mejor dime, ¿te contó cómo nos salvó de cagar nuestra calidad en la nueva línea de labiales?
- Si hombre, pero eso no es nada en comparación a como nos salvó de perder nuestro dinero.
Mientras los hombres se ponían al día. Linda estaba buscando en su teléfono en la sección de lista negra, hasta que encontró el nombre que buscaba, vio el número y llamó desde el teléfono de la empresa.
Una voz en italiano atendió al tercer pitido.
- ¿Diga?
- ¿Dante Ricci?
- Si.
- Soy Linda Brown.
- No lo creo, ¿en verdad eres tú o acaso Erick Mark quiere seguir molestando?
- ¿Que?
- Mira lo diré por última vez, solo dormimos juntos y no voy a mentir lo disfruté como nunca, ella es realmente exquisita, valió cada centavo que perdí en ese contrato que tu jefe cancelo y no me arrepiento, ahora deja de molestar.
"¡Cortó!, no puede ser ¿a qué se refería como que Erick cancelo el trato? no tiene sentido, ¿porque lo haría?"
Linda se quedó sin aire en ese momento, ¿podría ser que el señor frío, por fin sintiera el fuego de los celos recorrer su cuerpo?
"Erick sabe que dormimos juntos, acaso.... no, eso es estúpido, él lo dijo siempre y lo repitió aquel día, nosotros nunca fuimos nada, deja de pensar, solo olvídalo, ¡destiérralo de tu mente de una maldita vez!"
Linda llamo a René para contarle lo sucedido, mientras los hombres seguían reunidos en una de las oficinas.
- Hay algo que no concuerda con lo que Samara dijo, recursos humanos llamó a su antiguo trabajo y dieron excelentes referencias, es más, aseguraron que renunció, no que la hayan despedido.
- Eso no importa Will, lo que más me molesta fue ver como Samara la intimidaba y ella no decía nada, solo bajo la cabeza mientras sus lágrimas caían, recuerda que ella dijo que no podríamos llamarla de ninguna manera que no la hayan llamado antes y ahora entiendo el porqué.
Will no podía creer lo que escuchaba, era imposible he irrisorio que ella se comportara de esa forma, pero estaba dispuesto a averiguarlo, solo debía esperar una oportunidad.
Apenas Linda puso un pie en su hogar, fue abordada por una René completamente manchada en pintura.
- ¿¡Que rayos pasó con esa zorra de plástico?!
- René, ¡¿qué rayos te pasó a ti?!
- Ya sabes, tuve un brote de inspiración, morirás cuando veas lo que pinté, pero ahora dime... ¿qué paso?
- Por lo que pude averiguar, Erick canceló el contrato con Dante, no sé porque, me gustaría pensar... quizás... él sabe que me acosté con Dante.
- No lo hagas Linda, Erick solo te utilizo, no te permito pensar que él sienta celos.
- ¿Pero si es así?
- Bien si fuera así, ¿qué cambiaría? Digo, supongamos que un día llega y te pide ser su novia, algo que no hizo durante el tiempo que te follo, ¿qué harás? Olvidaras todo lo que te hizo y ¡¿lo aceptarías?!
-... ¡Dios, que está mal conmigo! - dijo en un lamento al darse cuenta de que aun albergaba ilusiones y sueños sin sentidos.
- No puedes culparte, es él quien te lavó el cerebro. - Así terminó aquella charla. Estas mujeres entregaron su virginidad e inocencia a dos hombres sin escrúpulos que las habían marcado, para siempre.
La semana pasó, René tenía días maravillosos donde su arte fluía, mientras mejor estaba Linda, mejor estaba René, ellas se alimentaban mutuamente el alma.
En la oficina todo transcurría entre coqueteos inocentes y trabajó, la nueva asistente era brillante, pero también muy excitante.
Will estaba seguro de que Deivid decía la verdad, con respecto a lo que sucedió en el restaurante con Samara, desde ese día Linda estaba como ida, si bien les seguía el juego a ambos hombres, era como si le faltará algo, una chispa que mostró los primeros días ya no estaba.
El viernes llego, Williams le había pedido que dejara libre en la agenda de ambos el horario de almuerzo, con la excusa de que vería a un nuevo proveedor, pero tenía otra idea en mente.
- Linda ya es hora vamos. - Ella se levantó y caminó.
A Williams esa obediencia le gustó hasta que cuando llegaron al estacionamiento ella hablo.
- Tú trasero se ve muy bien de este ángulo. - Eso lo enfureció, ella estaba tomándole el pelo, cayó en el truco más viejo, hacer caminar a la mujer adelante para mirar su trasero.
- Linda, Linda, ¿tanto deseas que te azote que buscas provocarme?
- Tú no sabes lo que quiero, porque ni siquiera sabes lo que tú quieres. - Dio la vuelta y subió a la Ferrari sin que él dijera nada, si, ella era la puta ama.
Pero Will tendría su venganza o eso creyó, le sacaría la máscara y vería quien era en realidad.
"Tengo que saber quién es realmente esta mujer, o Deivid está loco, o ella es bipolar o tiene personalidades múltiples."
En el momento que estacionó y ella vio ese edificio enorme y completamente negro, comenzó a sentir taquicardia.
- ¿Sucede algo Linda? - El hombre la vio tensarse al ver el restaurante.
- Nada. - Dijo mientras trataba de respirar con normalidad.
- Bien entremos. - Bajaron y en ese momento ella calló en cuenta de algo.
- ¿Me dirás quiénes son los inversores?
- Son unos orientales.
- Y porque los traes aquí, hay restaurante de comida oriental cerca, ¿sabes? debes dejarme estas cosas, en verdad no sé com-
Linda quedo clavada al piso en el momento que pasaron por esas puerta y ella dirigió su vista al interior, donde toda la decoración era blanco, crema y más blanco, con aire de riqueza, las ventanas bien ubicadas ayudaban a que el brillo sea aún mejor, pero en medio de aquel lugar, sumamente lujoso, como si de un funeral se tratara estaban totalmente de negro Samara y Erick, a pesar del estilo de sus prendas hechas a medida, de diseñador exclusivo, eran como que no encajaban, ella observo como sin poder creer lo que veía, hasta que entendió el por qué fue lo primero que vio, era una gran mesa preparada, era un ensayo de boda.
Sus piernas temblaron y su corazón parecía querer detenerse. Ni en sus peores pesadillas Linda imagino aquella escena que bailaba frente a ella en este momento. Y al tiempo que una traicionera lágrima cayó recordó.
"Nunca vuelvas a cruzarte en mi camino."
"Vete de New York."
"No llores te entrené mejor que esto."
Fue como escuchar una explosión en sus oídos, ella giro y salió corriendo de aquel lugar, pasó de largo la Ferrari y siguió.
Mientras que un confundido Williams no entendía que había pasado, él no veía nada fuera de lugar, porque no sabía que buscar, no vio a Samara, porque entonces hubiera relacionado todo, solo salió también de aquel lugar y la siguió, no corrió tras ella gritando como Deivid lo había hecho a principio de semana, no, él solo la siguió a una distancia prudente.
Los zapatos y la minifalda que Linda llevaba ese día no ayudaba a apurar el paso, en un momento se sintió mareada y se dio cuenta que no estaba respirando, ella contuvo la respiración desde que salió del restaurante y durante las casi 4 cuadras que había recorrido, apoyo las manos en una pared, buscando un sustento para no caer, soltó el aire y comenzó a guiarse de esta hasta un callejón, iba a colapsar, eso era seguro, solo era cuestión de tiempo, cuando una mano la sujetó del hombro y la dio vuelta ella dio un pequeño grito.
- Tranquila, soy yo.
Williams la miró directo a los ojos, pero ella no podía leer su mente, estaba en blanco, ella no podía procesar nada, estaba en shock. Una cosa era saber que el amor de su vida se había comprometido y otra era verlo en su ensayo de boda.
Will aprovecho el aturdimiento la tomó con fuerza de la mano y la hizo cruzar la calle.
Para cuando Linda empezó a recuperarse estaba dentro de un ascensor, no había perdido el conocimiento, pero aun así su cerebro la había abandonado unos minutos, antes que pudiera preguntar dónde estaban vio el pequeño y lujos cartel en el elevador.
Mandarín oriental. El lujoso hotel quedaba solo a cuatro cuadras del restaurante.
- ¿Qué rayos hacemos en un hotel, donde la habitación por una noche cuesta lo mismo que mi sueldo?
Y mientras lo decía reparo en que Will la tenía tomada de la mano, trató de soltarse, pero él no solo no contestó a su pregunta, sino que apenas se abrieron las puertas del ascensor la saco casi a la rastra, para luego abrir la puerta de la suite.
- ¡¿Qué rayos hacemos aquí?! - Él simplemente la metió dentro y cerró con llave, metiendo está dentro de su pantalón y de su ropa interior, mientras la miraba con suficiencia.
- Ahora sí, grita todo lo que quieras, puedes desmayarte si lo deseas o llorar si quieres, no me interesa, pero no saldremos de aquí hasta que no me expliques que mierda pasó allí. - La voz de Will era muy suave casi hipnótica, pero guardaba una amenaza y ella era consciente de eso.
Pasó de él, y fue hasta el minibar, se sirvió un whisky doble sin hielo, y él la miro sorprendido, aún en silencio avanzo hasta la gran ventana y quedo parada allí bebiendo su trago, perdida en sus pensamientos.
Por lo que Will decidió abrir una botella de vino tinto, se acercó a donde estaba ella y se la ofreció.
- ¿Quieres que te sirva una copa de vino?
- No reina del misterio, quiero que me des ese whisky, y bebas conmigo este delicioso vino.
- ¿Así de la botella?
- Es lo mejor para ahogar las penas. Créeme. - Linda lo miro en busca de algún truco o artilugio, pero solo vio sinceridad.
- ¿Y qué penas ahogaría alguien como tú? - Dijo mientras sujetaba la botella sin ningún rastro de duda y le entregaba el vaso con whisky.
- La misma pena que tiene un rey en su trono y un campesino en su choza.
- ¿Amor?, eso es difícil de creer.
- Personas como tú y yo, nos volvemos así por algo ¿no? Linda. - Linda se dio vuelta para mirarlo en lugar de mirar ese edificio negro donde su señor frío estaba practicando sus votos.
- Tú y yo no somos iguales.
"Tú eres un depredador igual que Erik, y yo soy cazadora de depredadores, no me compares, no voy dañando a personas buenas."
Linda quería justificar su forma de ser y así marcar una diferencia con Williams, Erik y Deivid.
- A ¿no? Tu boca me hizo pensar otra cosa. - Y cuando termino de hablar le quito la botella de vino para tomar un gran trago, lo necesitaba al recordar la audacia de su asistente cuando la había besado a principio de semana.
Linda observo como una gota de vino cayó de sus labios y recorrió el camino que había entre ellos y el pecho de Will. No pudo retener su dolor y decidió lidiar con ello de la única forma que sabía, fue sobre él hombre que todavía estaba con su cuello levantado bebiendo de la botella y paso su lengua por el camino que había dejado la caprichosa gota, este al sentir la humedad y calidez de la lengua de la joven, cerró sus ojos mientras libreaba su boca de la botella y así cuando ella llegó hasta sus labios lo besó.
Un beso suave que se intensificó de inmediato, eran besos que dolían, donde él quería dejar una marca y ella borrar la que tenía, pero aun así sin lograrlo, se dieron cuenta que era tanta la desesperación que tenían, él por estar de una vez con ella y así olvidarla y ella por querer olvidar todo solo por un momento, que no llegaron a la cama, la alfombra bajo sus pies era más que suficiente.
Williams fue botón por botón deleitándose a medida que sus grandes pechos quedaban al descubierto y se maravilló cuando vio el hermoso brasier de encaje blanco, que dejaba ver entre su trasparencia los pezones duros de ella.
Pero para Linda eso era entregarle demasiado control, por lo que de pronto se levantó dejando a un Williams confundido a punto de gritar, tomo la botella de vino y bebió un poco mientras lo miraba desde su altura, él por otra parte olvidó su desesperación cuando quedó mirando de abajo hacia arriba esas piernas redondas y tonificadas, con un color que invitaba a comerlas, su pene palpitaba ante tanta demora y cuando estaba por ponerse de pie ella habló.
- ¿Quién dijo que podías levantarte? - Will jamás había escuchado una voz tan sensual como aquella.
- En verdad Linda, no quieres hacer eso. - Sus ojos se oscurecen aún más, su pene dolía de tan duro que estaba, ya no quería jugar, él quería hundirse en ella de una buena vez.
- Te diré algo... o es como yo quiero o no es nada.
Williams se sentía perdido, él siempre ponía las reglas y era el experto, no entendía que pasaba por la cabeza de esta mujer, pero lo peor era que en este punto, él la obedecería en todo, haría cualquier cosa con tal de probar su esencia.
Linda sonrió cuando vio que quedó allí tirado en el suelo, esperando su próxima orden como un buen cachorro.
"Tan lindo, si solo le falta ladrar."
- Desabrocha tu camisa para mí. - Dijo mientras llevaba su pulgar a la boca y lo mordía, ante la excitación que esto le causaba.
- ¿Por qué no lo haces tú?
- Porque estoy pensado como haré que te vengas como nunca. - La sonrisa que puso al final de la frase demostraba que era una promesa que cumpliría. Por lo que él obedeció, se sentía un poco humillado, pero algo en su interior le decía que hiciera todo con tal de estar con ella.
Linda tomo un poco más de vino y se arrodilló a su lado, cuando sus labios se tocaron ella dejó pasar el vino que aún tenía en su boca mientras que su uña trazaba una línea roja por el pecho y abdomen de hombre hasta llegar a su pantalón, y cuando Will sintió que con una sola mano lo desabrochaba perdió nuevamente el control y tomó uno de los pecho de Linda, mostrado de esta manera que él también podía ser ágil con una mano, lo liberó de la copa de brasier y presionó el pezón, haciendo que ella le muerda el labio inferior y que pasara su uña por la cabeza de su pene que aún estaba atrapado por su bóxer.
Esta vez ambos gimieron, Linda libero sus labios y lo miró directo a los ojos.
- Aún puedes arrepentirte, estas a tiempo. - Una sonrisa se dibujó en los labios de él.
- Eso es lo que estaba a punto de decirte. - Dijo con una voz aún más ronca que la habitual.
- Bien, pero ten algo en cuenta, una vez que salgamos por esa puerta, esto nunca pasó, serás mi jefe y yo tu asistente, nada más, sin compromisos, ataduras o reclamos. - Williams la miraba sorprendido, jamás ninguna mujer diría eso. Pero, aun así, por más que estaba seguro de que ella jamás diría que lo ama, aún si esto fuera cierto, él estaba dispuesto a todo con tal de hundirse en ella.
- Será como tú quieras Linda. - Lo dijo casi suplicando, y es que realmente él le estaba rogando, que acabara con aquella tortura.
- Así me gusta, eres un buen chico y mereces un premio. - Él estaba agonizando con cada palabra, su pene dolía y ella lo sabía, fue gateando hasta aquel lugar y por fin lo liberó del bóxer, Linda miraba con satisfacción lo que encontró.
- Pero mira que bien que estás. - Eso casi lo hizo ruborizarse, ¡¿por favor esta mujer acaso lo quería humillar aún más?!
- Dime que tienes protección.
- En el bolsillo derecho. - La voz de William no podía ser más ronca eso sería imposible, él destilaba deseo por cada poro de su cuerpo y eso a ella la encendía, necesitaba sentirse deseada ya que no era amada.
Tomo el condón apretando la punta para sacar el aire y colocó el sombrero sobre la punta de ese enorme pene, acto seguido sin quitarle la vista a Will, llevo su boca hasta allí y comenzó a descender mientras se ayudaba con las manos a acomodarlo bien en su sitio.
Will comenzó a gemir, un gemido lleno de placer y por más que no quisiera perderse esa imagen sus ojos se cerraron de la misma lujuria que sentía.
Linda lo disfrutaba, sus bragas estaban cada vez más húmedas con cada gemido de Will, ponerlo así la hacía sentirse poderosa, sentía que lo tenía en sus manos y podría a ser con él lo que le venga en gana.
- Basta....detén-te, no quiero... terminar sin hundirme en ti... por favor detén--te.
Sí, eso la enloqueció. Le encantaba que le suplicarán y lo admitió.
- Me encanta que supliques.
Y para Williams esa fue la gota que colmó el vaso. La tomo de los brazos y la hizo recostarse, él no se molestó en tomarse su tiempo como ella hizo, él la necesitaba con urgencia o realmente enloquecería, por lo que tomo el borde de la mini falda y la subió, deleitándose metiendo la mano en esa braga que estaba completamente húmeda, y cuando sus dedos comenzaron a trazar círculos por fin ella gimió, y eso fue como escuchar la más hermosa melodía para él, la volvió a besar quería escuchar esos gemido amortiguados por su boca mientras con su otra mano liberó el otro pecho del sostén, se deleitó tocando, y pellizcando ese pezón tan perfecto.
- Eres maravillosa. - Ella giró, no quería sus cumplidos, no los necesitaba y Will quedó otra vez a su merced.
Se levantó mientras él la miraba embobado, y se quitó la ropa, sin ninguna prisa, mostrando su cuerpo por completo, desnudo, sin ningún prejuicio o vergüenza, y el deseo de Williams llevo a sus ojos de un celeste cielo al azul más oscuro, cuando ella se colocó sobre él de una forma sensual, su pene latía y martillaba pidiendo por Linda, poco a poco fue dejándose penetrar, mientras pensaba que no solo era grande, si no también grueso, ambos dejaron caer sus párpados buscaron ese punto sensorial donde los cuerpo sienten todo.
Linda comenzó a moverse hasta alcanzar un ritmo frenético, sus pechos danzaban libres y Williams sentía no solo que estuviera en otro mundo, él se sentía en otra galaxia.
Los gemidos aumentaron, las paredes vaginales comenzaron a apretar más y más el pene de Will y este se dejó ir, mientras que cuándo Linda sintió ese calor retenido en el condón supo que era su turno y convulsionó sobre él, pero apenas terminó se levantó, aún con piernas temblorosas tomo sus cosas y fue directo a ducharse. Dejando a un Williams con un sabor agridulce, por un lado, no podía negar que esta follada fue algo fuera de serie y por otro él sentía que faltaba ese te amo o te quiero al final, o aun que sea un beso, él se sentía satisfecho, pero a la vez usado. Se sentía como una mujer usada y desechada.