―¡Qué estás haciendo! ― le grito a Bea mientras rompe otro de los platos y escucho cómo los pedazos rebotan por el piso ― ¡Estás destruyendo todo!
Bea sigue tomando cosas y arrojándolas contra el piso, se supone que él molesto debería ser yo, no ella. Sé que tal vez le dije de muy mala manera que nuestra relación debía de terminarse pero no sabía como decírselo ¿le enseño las fotos de ella con el otro tipo con el que me engañó mientras yo hacia negocios en Latinoamérica? o ¿Debía llevarla a cenar e un restaurante lujoso para darle la noticia?
Ella sigue moviéndose por el piso tomando cosas, arrojándolas, y yo sólo he decidido quedarme parado a esperar que se tranquilice, aunque debo admitir que en este momento tengo ganas de tomara de las manos y sacarla de este lugar; estoy muy cansado y sólo quiero recostarme, cerrar los ojos y olvidarme de todo.
― ¡Que me ves imbécil! ― me grita provocándome pero estoy decidido a no caer en su juego ― No me puedes hacer esto ¿sabes? Tengo todo listo para casarme contigo, el vestido, las damas, el lugar, el menú, las flores.... y ahora vienes a decirme que no.
― Bea, las fotos son claras, eres tú saliendo de ese hotel con el tipillo ese que siempre te gustó ¿no era más fácil decirme que no querías nada conmigo?
Ella me ve con rabia. No sé qué le pesa más, que la hayan descubierto y las fotos hayan salido a la luz, o que yo le hubiera reclamado eso y muchas cosas más. Era obvio que nuestra relación iba de mal en peor, pero por un momento supuse que yo podría salvarla, que cuando regresara de hacer negocios y tuviera tiempo para ella, arreglaríamos las cosas y todo esto se evitaría, pero ya me di cuenta que no. Bea sigue de agresiva, grosera y tiene arranques que nunca pensé que vería.
― ¡Qué le diré a mis padres! ― Dice mientras saca una maleta y comienza a buscar sus cosas en el cajón ― ¡Qué les diré a mis amigas! ― exclama angustiada.
― No sé, Bea ― contesto frío, aunque en verdad me estoy muriendo por dentro. Ella se supone que era la mujer de mi vida, con la que compartiría todo, la que creció conmigo en este mundo tan difícil y a pesar de todo surfeó desde las olas buenas hasta las malas, nos casaríamos en Paris en el verano y ahora, no hay futuro para los dos de ninguna forma.
Me muevo a la cocina y comienzo a mover con el pie los pedazos de vidrio que hay sobre el piso aún no entiendo el porqué destruir una vajilla qué es lo que planea ¿dejarme sin nada con que pueda comer? Con el único vaso que hay sobre el lavavajillas tomo un poco de agua, tengo la boca seca de tanto gritar y quejarme, esta pelea ya va para las 3 horas y veo que no se terminará.
Bea molesta jala las cosas del armario y los echa sin doblar a otra maleta que ya ha sacado y recostado en la cama. Ahora que lo veo no sabía que ella tenía tantas cosas, la mayoría compradas por mí porque era mi placer y gusto consentirle. Le compré vestidos, zapatos, joyas, bolsas e incluso uno que otro viaje para ella y su hermana menor. Cuando le dije que se viniera a vivir conmigo, lo hice porque quería tenerla cerca, porque mi idea de verla al regresar de gira o después de un día pesado era lo ideal en una relación. El platicar, compartir todo juntos, despertar y dormir con ella, todo eso parece que fueron tonterías y el interés despertó y cubrió el amor. Porque sé que Bea me amaba, ahora no estoy seguro.
Dejo el vaso sobre la barra de la cocina y me siento en uno de los banquillos, ella sigue haciendo la maleta, la hace y la deshace, sé que quiere desesperarme y que yo me pare de inmediato para decirle que se apure, que estoy cansado, que ya no la quiero ver aquí. Tal vez piensa que le diré qué puede regresar cuando el piso esté solo para llevarse sus cosas pero no le daré ese placer. Si quiere vivir con el otro que lo haga, pero que me dejé en paz primero a mí.
― Javier ― me dice entre lágrimas ― Te juro que no pasó nada, todo es un vil malentendido, los medios me están haciendo quedar como la infiel, pero te juro que sólo íbamos pasando por ahí, él no me interesa, me interesas tú.
Bea camina hacia mí con el rostro mojado y me toma del rostro obligándome a darle un beso en los labios, muevo la cara al lado y lo esquivo. Ella insiste, me forza a regresar a la posición normal y vuelve a besarme. Odio, odio que sus besos sean increíblemente buenos, después de tantos años, ella sabe muy bien cómo besarme y tocarme para hacerme sentir bien, amado, seguro. Nuestros labios comienzan a subir la intensidad y nuestras lenguas a coordinarse, me dejo llevar, no sé si porque quiero darle otra oportunidad o simplemente porque sé que esta puede ser la última vez que la bese de esta manera.
― No ― digo firme separando mi rostro del suyo ― No Bea, no me convencerás. Me engañaste mientras llevabas ese anillo, que con tanto amor te di, en el dedo, aprovechaste que yo estaba fuera del país para comportarte como se te dio la gana y en la primera oportunidad que tuviste me engañaste con no sé quién ― expreso con coraje lo último.
¿Cómo puedes ser tan cínica y cruel y pensar que con unos besos te perdonaré?
Ella se aleja y los ojos brillosos comienzan a derramar lágrimas, no sinceras, pero lágrimas que a cualquier personan mueven y convencen. Me pongo de pie y camino hacia atrás de la barra, ella se queda en su lugar sin decirme nada ¿qué más me puede decir? Nada, porque las pruebas están ahí y ella lo debe de admitir.
― Pero mi amor ― Dice rogando ― Te lo juro, este anillo que debo en mi dedo es todo para mí, lo sabes porque nunca me lo he quitado y lo muestro orgullosa.
― Sí, pero que nunca te lo quites no muestra fidelidad Bea. Hay gente que nunca se quita una cadena o unas argollas y son completamente infieles, hay otros que no llevan un anillo de compromiso y viven en unión libre y son fieles uno al otro, las joyas son simbólicas, no detallan el grado de fidelidad.
El drama continúa, y como niña chiquita se arrodilla en el suelo y comienza a llorar ― No me dejes Javier , tú eres todo lo que tengo. No tengo dónde ir, no sabría que hacer, no conozco a nadie más aquí―.
― Pues eso hubieras pensado cuando entraste feliz a ese hotel ¿te la pasaste bien Bea? ¡Lo disfrutaste? ¿El tipo de hace mejor el amor que yo o te coge simplemente? ― Este es mi tono de coraje hablando, este el es Javier lleno de ira que está surgiendo al ver que la mujer que ama ahora le arma un teatro para que no la deje ir.
― No, no, nadie me hace el amor como tú lo haces.
― ¡Mientes! ― grito de pronto.
Doy la vuela a la barra y camino hacia la habitación, en mi coraje comienzo a guardar la ropa que hace falta en su maleta y ella llega de pronto y comienza a sacarla y arrojarla al suelo ― ¡Basta Bea! ― le grito y ella me abraza.
― Te prometo que no volverá a pasar, te prometo que me cuidaré más, que no haré cosas que parezcan malas. Sabes que yo te amo, que respeto tu carrera, que soy toda tuya―.
Ella se recarga en mi brazo y comienza a mojar con lágrimas mi playera, presiona mi brazo tan fuerte que me empieza a incomodar. Trato de zafarme pero no me deja. No quiero actuar agresivo porque puede ser contraproducente, así que cierro los ojos y trato de pensar en lo que debo hacer.
Bea sigue llorando, no puede parar de llorar y sin que yo quiera admitirlo sus lágrimas comienzan a ganarme y mi corazón se empieza ablandar, pero rectifico y con la fuerza suficiente me muevo y me zafo de sus manos ― Apresúrate, te llamaré un taxi.― Hablo firme y ella se limpia las lágrimas.
― ¡Eres un patán! ― Me grita ― ¿Cómo dejas a una mujer a la mitad de la noche a su suerte? ―.
― Ni es la mitad de la noche, todavía es buena hora, y no soy ningún patán ¿así me llamas por haber descubierto tu engaño?
Bea se arrodilla y comienza a recoger la ropa que ha tirado al suelo, ya no llora, de pronto el llanto ha parado ― Es tu culpa ¿sabes? ― Murmura entre dientes.
― ¿Mi culpa? ― respondo repentinamente indignado.
― Sí, es tu culpa, porque me descuidaste, porque me abandonaste, todas esas ausencias pegan de alguna manera y en mí lo hicieron duro, porque pasaba semanas sola, esperándote mientras tu te divertías por ahí y conocías lugares nuevos.
De pronto mi risa es incontenible, trato de no hacerlo pero me ha ganado ¿cómo una infidelidad puede ser justificada de esta manera? ― ¿Es en serio? Quieres decir, no espera, me estás diciendo que me fuiste infiel porque yo salí a trabajar. Bea, puede que pienses que me estoy divirtiendo, pero en verdad esto es lo que hago ¡para vivir! y tú lo sabías, desde el momento que me conociste, y no me digas que no, sabes que esta es mi vida.
― Pero ¿Y yo? ¿dónde estoy yo?― vuelve a repetir.
― En este momento, estás a punto de largarte de mi piso ― Respondo enojado.
Ahora soy yo quien camino hacia el armario y termino de tomar sus cosas dentro de la maleta, pensé que no caería en provocaciones pero ella lo ha logrado y de una manera olímpica. Voy al baño y tomo su shampoo, jabón, guardo en su cosmetiquera todo el maquillaje, que se compró con mi dinero, tomo una que otra cosa que le pertenece y salgo para ponerlo sobre la cama.
― Te ayudo ― le digo enojado ― Si tanto te cuesta empacar lo hago con todo gusto por ti.
Ella enojada comienza a echar las cosas a la maleta y a cerrarla con furia, después toma su bolsa de mano y va al tocador para abrir la pequeña caja donde guarda todas sus joyas y la vierte en la bolsa dejándola vacía ― Supongo que quieres esto ― afirma enojada y se quita el anillo de compromiso, se mete al baño y lo arroja dentro del WC para después jalar la palanca, desaparece rápidamente y el ruido del agua vuelve a correr ― Se fue con la mierda, ¡porque esto es una mierda! ― Grita enojada.
Cierra el otro bolso extra que sacó y lo mete forzado a la maleta, no cabe, así que comienza a abrir el maquillaje y lo esparce por mis sábanas manchándolas completamente, hace lo mismo con el shampoo y el acondicionador. Respiro, necesito respirar antes de hacer algo de lo que me arrepienta, no puedo creer lo que está pasando.
― Te vas a arrepentir Javier Montenegro, te vas a arrepentir porque nunca encontrarás a nadie como yo que te aguante todo lo que haces.
― La que se va a arrepentir es tú, porque no creo que el tipillo te dé lo que yo te di, ni en esta vida, ni en millones más ― digo enojado ― No quiero que regreses Bea ― y ella comienza a caminar fuera de la habitación jalando la maleta y cargando su bolsa y el bolso pequeño ― NO quiero que regreses a mi vida, grábatelo bien, porque te juro que te dejaré con las maletas en la puerta.
― ¡Hasta crees que lo haré! ― Grita orgullosa mientras abre la puerta del piso ― Que tengas una vida horrible Javier , todo esto se paga ― y azota la puerta dejándome dentro sin poder decir nada.
¡Mierda! ― grito dando un puntapié a la puerta y descargando todo mi coraje, todo esto fue mi culpa, debí haber notado todas las señales cuando estaban presentes, pero no, me cegó el amor, perdí el sentido común ¡Cómo es que no lo vi venir! ¿empezó todo esto hace cuánto?
Bea comenzó a salir hace meses atrás con chicos que decían ser sus amigos, y juro que yo no ví más que amistad. Confiaba completamente en ella, porque de eso se trata el amor ¿no? De confiar, de saber que si te vas a viajar por el mundo regresarás y seguirá todo igual.
Regreso a la habitación, está hecha un caos, Bea se encargó de dejarme la carga de arreglar todo. Hay maquillaje tirado sobre el suelo, las sábanas blancas están completamente manchadas de Shampoo, acondicionador y polvo azul de una de sus sombras para ojos. Esas sábanas definitivamente tendrán que irse a la basura porque no podré arreglarlas ¡Estúpidas sábanas! digo para mi mismo, mientras comienzo la labor de quitarlas esperando que no haya traspasado el colchón, afortunadamente éste quedo sin marcas.
―¡Qué mas da! Compro una cama nueva, unas sábanas nuevas, una casa nueva si se me ¡Pega la gana!
Me tiro al colchón hundiendo mi cara entre los cojines ― ¡Ahhhhhhhhhh! grito ahogando todo, no quiero que los vecinos sigan enterándose de la situación ― ¡Por qué Bea! ― Grito de nuevo y ahora soy yo el que comienza a derramar las lágrimas sin poder evitarlo. Yo sólo quería una relación normal y pensé que lo había logrado y ahora formo parte de ese porcentaje de hombres que son completamente engañados ― ¡Y todavía trata de negármelo! ― grito y doy un golpe sobre la cama.
Quiero llorar como niño pequeño pero a la vez no. No se merece mis lágrimas, pero quiero llorar todas. Después de 7 años de relación esto se acaba de la peor manera. Bea, la chica bonita que me robó el corazón años atrás cuando regresé a la casa de campo de mis padres. Las cosas se habían dado también, tan natural, que ahora veo eso como una señal de alarma ¿Me habrá seducido a propósito? Supo desde el principio en lo que me convertiría y me hizo morder el anzuelo más rápido que un tiburón atacando a su presa. Tal vez supo de mi herencia, de todo lo que valía mi vida ¡Qué idiota! ¡Cómo pudo engañarme así!
Estoy harto de lamentarme a mí mismo, pero también cansado de ver cómo la vida y sobre todo el amor me volvió a dar una mala jugada. No quiero hacer nada, sólo quiero dormir y pensar en lo que haré mañana ¿Saldré al mundo a dar la cara? o ¿Me hundiré en este piso?
Parece ser que la segunda opción es la escogida por el Millonario Javier Montenegro, porque aquí estoy, una semana después caminando descalzo por todo mi piso y comiendo una que otra chuchería que es evidente está fuera de mi dieta. Ni siquiera me ha importado ir al gimnasio, ni hablar con mis amigos, hasta ahora hemos sido mi depresión y yo ¡patético!
Mi familia sabe que mi relación con Bea a terminado y aún así me han dado un espacio para que reflexione lo que esté está por venir. Ella me ha estado llamado al móvil, que ahora está apagado, para echarme en cara que tendrá que regresar los regalos de boda y pagar algunas multas por cancelación, quiero suponer que piensa que las pagaré yo ― ¡Qué las pague tu amiguito! ― le grité la última vez que contesté y desde ahí, no he vuelto a ver nada, ni saber nada.
Me siento solo, muy solo, tengo ansiedad, quiero correr pero a la vez no quiero salir, es una combinación entre estar y no, y nunca me había sentido así. Afortunadamente aún no he caído en el alcohol y sé que me he resistido a abrir las botellas de vino que tengo en la cava de mi piso o las de whisky que hay en el bar, la he abierto una y otra vez pero este no soy yo, jamás he sido así a pesar de todo.
En verdad soy un desastre, barba sin arreglar, cabello de la misma forma. Mi ropa sólo tiene dos "conjuntos" puesta una vez y puesta dos veces, puedo asegurar que si salgo a la calle olería a rayos y ninguna mujer se acercaría a mí. Me he descuidado y no me importa, en este momento renuncio a lo que le mundo pueda ofrecerme y sólo me iré a dormir como termino haciéndolo después de comer.
Camino hacia la nevera y cojo el litro de helado de chocolate que religiosamente compro cada vez que me quedo en Madrid, lo abro y tomo una cuchara ― Vamos nene, serás mi única compañía en la cama hoy ― digo patéticamente. Tomo una que otra galleta y antes de poder irme a mi cuarto tocan la puerta del piso.
― ¡Genial! Visitas ― digo en voz alta y dejando todo sobre la isla, en medio de la cocina, camino a la puerta, me asomo por la mira para ver si no es ese ser desagradable al que llamo "Bea".
― ¡Oye abre! ― grita Manuel y me enseña una bolsa ― Traje víveres y cerveza.
Me quede un momento viéndolo y sé que no puedo fingir que no estoy en casa porque él me conoce a la perfección ― ¡Venga Montenegro! Abre la puerta, esto está pesado ― reclama.
Hago lo que dice y su cara es un poema al verme por primera vez ― En tu baño hay algo que se llama ducha ― dice bromeando ― y en el baño tienes algo llamado rastrillo, desodorante y peine, deberías de usarlos ―.
― Pasa o vete, decide ― le digo sin ganas y él entra sin responderme nada.
Manuel observa el piso y al ver algunos de los estantes vacíos, donde tenía varias figurillas que Bea rompió antes de irse, se ríe ― ¿re-decorando eh? ¿Minimalista?―.
― No estoy para bromas, dime a qué vienes o vete porque mi helado se derrite ― y me siento en la sala de mala gana mientras él busca desesperado unos vasos.
― La vajilla se fue, no tengo vasos y el único que hay esta sucio ― y el ruido cesa en la cocina. Después él se acerca con dos cervezas una en cada mano y me da una ― No tomo ― digo rechazando.
― Pero ha como comes, que es lo mismo. Venga, no vine desde lejos para que me rechaces todo Javier ―.
Tomo la cerveza y le doy un trago, debo admitir que la sensación del frío corriendo por mi garganta me aliviana en todos los sentidos. El calor empieza a formarse en en la ciudad y pronto necesitaré más de una cerveza fría para refrescarme.
― Te diría que no llores por una mujer, pero todos lo hemos hecho ― Me dice mientras se lleva una fritura a la boca ― Pero tú te haz pasado tío ― agrega.
― Me engañaron ¿sabes? ¿Cómo haces tú para que tu esposa no te engañe? ― le pregunto y él sube los hombros en señal de no saber.
― Supongo que no todos piensan igual que Bea. Mira, no quiero hablar mal de ella pero la frase "te lo dije" está muy de moda, últimamente.
― ¡Basta Manuel! No necesito que le eches limón a la herida―.
― Lo siento, pero lo tenía que decir, ahora mi alma está tranquila ― y se ríe.
Nos quedamos en silencio un momento y sólo puedo escuchar el ruido de la bolsa de frituras, doy otro sorbo a mi cerveza y vuelvo a sentir esa sensación de alivio ― La quiero de regreso ¿sabes? ― digo sin importarme qué tan patético suena.
― No, lo que necesitas es salir, despejarte, conocer gente, otra chica ― .
― ¿Qué no me ves? ¿De qué manera voy a conocer chicas si soy un caos? ― pregunto enojado ― Además, no quiero salir, quiero quedarme aquí, quiero estar cuando Bea regrese.
― Entonces va enserio eso de que regrese ― y me ve a los ojos.
― No, no va enserio, quiero que regrese, pero quiero que no vuelva, sé que me hace mal pero no sé como... lidiarlo.
Manuel se levanta de la silla y se sienta al lado de mi en el sofá, toma su cerveza y la choca ligeramente con la mía, el ruido que hace me provoca un poco de dolor de cabeza ― Lo que tú necesitas tío, es una mujer.
― Sí claro ― contesto sarcástico.
― Pero espera, espera, no cualquier mujer. Una que te ayude a sacar toda esa depresión y esas ansias que tienes sin ningún compromiso. Sin ataduras, sin ni siquiera tenerla que llevar a desayunar al siguiente día. Ella llega sola y se va de la misma manera.
Paso el sorbo de cerveza afortunadamente sin escupirlo, la propuesta de Manuel no es una que me esperaba ― ¿Quieres que contrate a una prostituta? ― pregunto incrédulo.
― No una prostituta, una Escort.
―¿Escort? ― sigo con mi cara de incredibilidad que se ha de ver estúpida.
― Sí, una Escort, para gente como tú, como yo, como un actor. Secreta, discreta, limpia, guapa, educada y sobre todo puede pasar por todo, novia, esposa, enfermera... ― y levanta la ceja de forma pícara.
― ¿Tú lo haz hecho? ―.
― En mi época de soltería sí, varias veces, paré cuando encontré a mi mujer, pero te juro que todo el mundo lo hace ―.
― No todo el mundo lo hace Manuel ― respondo de inmediato.
― Pero no tiene nada de malo si lo haces. Confieso que son bastante guapas ¿eh? algunas hasta estudiadas, te hablan de temas que ni siquiera tu Bea sabe. Les pagas la cantidad que te piden, son tuyas por el tiempo que pagues y después se van, no las vuelves a ver y ellas no dicen nada está bajo su contrato que por cierto, ellas traen en su bolso y deben firmar antes de que todo empiece.
Me paro del sofá porque en verdad estoy harto de escuchar tonterías y él me ve extrañado ― ¿sabes qué pasará si la gente se entera que contraté una escort? ¿qué dirían mis fans? ¿mis padres?―.
― Es más normal de lo que parece ¿eh? Recuerdas a Juan, el chico que te presente y su novia voluptuosa ―.
― Sí ― respondo.
― Escort ― dice señalándome ― La llevó a la fiesta de sus padres para tapar su homosexualidad, funciona como guante cada vez que va a reuniones familiares. Todos piensan que es un Don Juan.
― No me vas a convencer ― y voy hacia la cocina. Manuel me sigue y se siente en uno de los banquillos.
― Tal vez no te convenza yo, pero alguna de ellas si ― y saca un papel con y apunta un número. Lo observo desde lejos mientras tomo los últimos sorbos de cerveza ― Este es el número, marcas, no tienes que dar tu nombre, pides el número de chicas que desees, das la dirección donde quieres que vaya y llega, te diviertes un rato y después se va. Si tienes algún fetiche en especial lo dices antes de que lleguen y mira que ellas traen todo para complacerte.
― Suena genial, pero no gracias. Prefiero hundirme en mi miseria y encontrar mi propia manera de superarlo ― y tiro la botella a bote de basura ― ahora si me disculpas, tengo una cita con mi helado de chocolate.
Manuel se para y toma otra cerveza y una bolsa de frituras ― No tomes a saco roto lo que te digo, te juro que te vas a divertir, y luego me lo agradecerás. No vayas a perder el número porque si lo haces no se te volverá a dar y no todos lo tienen. Memorízalo y luego deshazte de él.
― ¡Uy! ― contesto bromeando ― Cuánto misterio ―.
― Más misterio de lo que crees, un secreto a voces pero sólo algunos afortunados merecen saberlo, y tú querido, has sido elegido para el salón de los afortunados.
― Vale, vale, tío. Acaba de irte que el helado se me derrite ― y cierro la puerta inmediatamente.
Vuelvo a la cocina y tomo el helado, la cuchara y al ver el papel sobre la mesa me río ― ¡Qué tonto eres Manuel! ― digo entre pequeñas risas, lo tomo, lo arrojo al bote de basura y me meto a mi habitación.
Tercera semana después de que Bea se fue de mi vida y yo aún no logro recuperarme al 100%, al menos ya me bañé, rasuré, arreglé y salí del piso, el último paso es volver a la rutina de ejercicio de antes para bajar los evidentes kilos de más que me llegaron con la glotonería de helado de chocolate, galletas, palomitas y una que otra pizza.
En verdad nunca pensé que llegaría a ser todo un desastre y que el amor de una mujer me pegaría a tal grado de descuidarme a mí mismo. Antes solía criticar a las mujeres que caían en depresión y luego se cortaban en cabello para "cerrar ciclos", estuve a nada de hacer lo mismo y juro que me detuvo el hecho de saber que soy una figura pública y que no puedo tener esto cambios de imagen tan radicales; ahora entiendo a Britney Spears en el 2007.
He dejado que la chica de la limpieza haga mi piso y ahora me encuentro sentado en un café con el móvil en las manos viendo redes sociales y dando "likes" intensos a las fotos de mis amigos que en este momento se encuentran cerrando contratos y a punto de salir de vacaciones mientras yo ya no tengo planes para nada. Hasta el día de ayer le comenté a mi madre que Bea y yo habíamos terminado y me dijo que ya sabía porque los padres de ella le habían llamado para pedirles la mitad de las cuotas de cancelación ― ¡Qué estupidez! ― pensé mientras escuchaba su voz ― Me engaña y debo ayudar a cancelar―. Afortunadamente mi madre hizo caso omiso y parece que las aguas en el mar del rompimiento de Javier Montenegro y Bea se han tranquilizado por completo, ahora sólo queda esperar.
Pido el tercer café del día y ahora me sumerjo en un libro que en realidad no tengo ni idea de qué se trata porque no puedo leer, no comprendo, mi mente no está en Bea y su engaño, si no en la última plática que tuve con Manuel ¿en verdad uno de mis mejores amigos me está recomendando que contrate a una escort? No debería decirme, no sé, que lo olvide y nos vayamos de fiesta los dos a olvidar. Cierro el libro de nuevo, no pongo separador porque no he pasado de la página uno y sé exactamente donde abrirlo cuando quiera volver a retomarlo.
― Hablar o no hablar, esa es la cuestión ― murmuro. La chica que se encuentra al lado de mí sonríe cuando mi mirada se junta con la suya. No sé si es una fan o simplemente una chica sentada en el mismo café donde yo estoy. Levanto mi vaso de café como saludo y ella esquiva la mirada y pone una cara extraña, volteo al otro lado y veo que le está sonriendo al mesero que justo está dejando una orden dos mesas después de la mía ― ¿qué tan mal debo estar para que la chica prefiera al mesero? ― digo en voz baja y me pongo de pie, tomo mi libro y el café a medio tomar y me salgo de ahí. Estoy molesto, no sé porqué, será que el hecho de que la chica no me haya respondido el saludo me está afectado al autoestima.
Camino por la calle vistiendo gafas de sol y una gorra, y cuando paso en frente de un espejo me veo ― ¡Joder estoy gordo! ― pienso de inmediato, y acaricio con mi mano lo que yo siento es una barriga descomunal pero que sé muchos dirán que no es para tanto ― Definitivamente mañana empezamos a hacer deporte ― y vuelvo a dar otra vista rápida a mi cuerpo ― Ahora entiendo porque la chica le sonrió al mesero y no a mí― los pensamientos negativos me ganan cada vez más pero ¡Hey! ¿quién no pensaría que es de lo peor cuando al mujer con la que se iba a casar lo engañó con otro? ― Ni siquiera estaba guapo ― digo en voz alta. Sí, ahora hablo solo.
Sé que tal vez he exagerado al situación, pero también creo que era mi momento para tirarme al drama ¿si no cuándo?, además eso me ayudó a reflexionar sobre lo que haré en los años por venir. Primero, definitivamente debo sacar el helado de chocolate de la nevera porque no tengo auto control, segundo, pensar dos veces antes de enamorarme de cualquier chica y tercero, divertirme más, definitivamente la tercera será la primera opción que haré ¿Qué tal un viaje a Ibiza?, obviamente después de que baje la barriga.
Sigo caminando y a los 10 minutos recibo un mensaje de la persona que limpia mi piso anunciando que todo está listo y que puedo llegar cuando desee. Me alegro, no quisiera que ninguna fan me encontrara en estas condiciones caminando por la calle. Apresuro el paso y pronto me encuentro frente a mi edificio, subo en el elevador y cuando abro la puerta de mi piso veo 3 bolsas de basura en frente de mí.
― ¿Tuvo fiesta señor? ― me pregunta y yo sólo quiero desparecer, no sabía el montón de basura que tenía de tanta semanas encerrado.
― Sí ― contesto dándole la razón ― Ahora ayudo a bajar las bolsas.
― Sí, de favor ― y vuelve a meterse a mi habitación.
Dejo el libro sobre la barra de la cocina y luego tomo dos bolsas y las acerco al elevador, vuelvo por la otra y hago lo mismo. Espero que éste abra y me meto con ellas, sé que tal vez debería bajarlas por las escaleras pero en este momento no me apetece. Vuelvo a salir del edificio y las dejo en el basurero correspondiente, ahí yace la evidencia de mi miseria y mi depresión, todo dentro de tres bolsas de basura ― Supongo que pudo ser peor ― digo en voz alta y vuelvo al edificio.
Entro al piso y la chica de la limpieza me espera impaciente cerca de la puerta, al verme arquea las cejas ― ¿Ha subido de peso señor? ― pregunta curiosa.
― Es el corte de cabello ― respondo defendiéndome y saco el dinero de mi cartera.
― ¡Ah! pues se le ve, no sé... ¿Raro?―.
― Gracias, espero puedas venir la en dos días ― y le doy el dinero.
― Aquí estaré, hasta luego ― y abandona el piso dejándome solo.
Todo huele a limpio. En verdad no puedo imaginar la cara que puso al ver todo tirado y desparramado por el piso y los pocos trastes sucios en el lavavajillas. Sé que tal vez ha visto peores lugares, pero no me enorgullece haberle dejado el piso de tal manera. Me acerco por el libro y en el frutero que está en medio de la barra veo el papel que Manuel me dejó con el número, tal vez lo vio en la basura y pensó que era importante.
"Llama ya" ― me escribió arriba de los números y sonrió porque me lo imagino con su voz ¿el servicio será a todas horas o debo esperar a algún horario? ― digo en voz alta como si considerara llamar, me le quedo viendo un rato y ahora no sé si en verdad lo estoy considerando ― No, espera ¿en verdad lo estamos haciendo? ― hablo de nuevo solo y me alegro estar dentro de mi piso porque si no la gente me tiraría a loco ― ¿No que querías divertirte? ― vuelvo a decir. Vuelvo a dejar el número sobre el frutero y tomo el libro, en verdad no puedo creer que haya considerado por un momento llamar a una escort para "divertirme".
Entro a mi limpia habitación y me recuesto sobre la cama, empiezo mi rutina habitual, Netflix y más al rato palomitas, después de nuevo Netflix y así hasta quedarme dormido y despertar en un día nuevo, sin que nada me sorprenda ya y con la desilusión a tope. Prendo la TV y recargo sobre la almohada, segundos después caigo dormido y me olvido del mundo.
Abro los ojos y me siento agitado, supongo que tuve una pesadilla y el mismo sofocamiento me despertó. Veo mi móvil de inmediato y un mensaje de Bea está esperando por mí, lo leo "Te extraño" dice y lo único que logra es que el coraje vuelva a hervirme la sangre ― Pues yo no ― digo en voz alta y tiro el móvil al otro lado de la cama ¿qué es lo que tiene Bea que me hace ser tan débil ante sus maneras? ¿Podré algún día superarla y seguir con mi vida?
― Claro que puedes ― digo para mí mismo ― Y sabes como puedes superarla ― y sin pensarlo dos veces me levanto de la cama y camino hacia la cocina, voy al frutero, tomo el papel y regreso a mi habitación para después tomar el móvil. Marco una vez y cuelgo de inmediato ― ¡Qué locura! ― digo en voz alta y arrojo de nuevo el móvil al mismo lugar de dónde lo recogí.
― Sólo es por una noche ― pienso y estiro mi mano para volver a tomarlo y volver a marcar ― Sólo una noche, sólo una noche ― repito en voz baja mientras escucho el tono de marcado. Quiero colgar, voy a colgar...
― ¿Diga? ― escucho una voz algo aguda al otro lado del teléfono.
― Hola soy Ja..
― Sin nombres, sólo diga la cantidad de chicas o chicos que desee.
―¿Chicos? ― repito, supongo que el término escort involucra todos los gustos.
― ¿Cuántos chicos quiere? ― pregunta seca.
― ¡Ah! no, no, busco chica, una por favor ― y de pronto me siento pidiendo una hamburguesa en la comida rápida. Sólo me faltó decir "Sin pepinillos".
― ¿Dirección a dónde debe ir? ― escucho de nuevo.
― Bueno, supongo que a mi piso ― contesto idiotamente y puedo sentir la cara de pocos amigos de la persona al otro lado del teléfono ― Lo siento, en seguida se la doy ― corrijo.
Ella escucha atentamente la dirección que le doy y la repite para estar segura de que no hay falla. Después me hace algunas preguntas que dan por respuesta un "no" de mi parte, aunque después lo pienso y pudieron ser sí.
― Muy bien, en 30 minutos alguien llegará a su puerta. El mínimo de tiempo requerido es 5 horas con ella, si quiere más tiempo puede ser hasta 2 semanas. Ella lleva el contrato de confidencialidad y debe firmarlo, en caso de no hacerlo ella se retirará. La paga es al principio de la cita y debe ser una transferencia electrónica, la chica lleva los datos.
―Vale ― alcanzo a decir pero sólo para mí mismo porque la persona que me contestó del otro lado ya ha colgado.
Veo la hora, son las 9:00 pm, la chica llegará 9:30 pm y afortunadamente mi piso está limpio. No sé si debí darle la dirección de un hotel ¿qué pasa si ella la revela? ¿qué pasará si luego tengo miles de fans tocando a mi puerta? La paranoia me está matando y el tiempo va pasando y yo no sé qué ponerme ¿me quedo con la misma ropa? ¿me pongo más formal? No, espera, no es una cita, ella sólo viene a... ¿A qué viene?
Camino hacia mi habitación y abro el armario, saco unos pantalones de mezclilla negros y una camisa blanca, me visto, me veo en el espejo y hasta yo hago una horrible cara al no aprobar mi conjunto. Me quito la camisa blanca me pongo una color negro que se me ve mejor ― Bien, me veo bien ― murmuro frente al espejo. Entro al baño y después de cepillarme los dientes, peino mi cabello lo mejor que puedo, ahora lo tengo más largo y mis rizos son más evidentes y por ahora no tengo tiempo para resolver eso.
Estoy nervioso, me siento un crío esperando a la chica que le gusta para tener una cita ― ¡Qué no es una cita! ― me repito ― Esta chica sólo viene a... ― y de nuevo vuelvo a detenerme ahí, supongo que sobre la marcha veré para que vino aquí.
Planteo en mi mente varios escenarios de cómo recibirla. Tal vez le abro la puerta y digo ― Hola, te esperaba ― y solo comienzo a reírme por los pensamientos que tengo. Es mejor si sólo abro la puerta y le digo ― Entra ― no demasiado simple. Bueno, en ambos escenarios coincide eso de abrir la puerta.
Sin esperarlo escucho el interfón sonando en la sala, veo la hora y son las 9:30 pm exactas, regreso a la sala y contesto para escuchar la voz del portero diciéndome que hay una chica que dio el número de mi piso. No sé si el portero reconozca que es una escort, pero ruego que no lo haga ya que me daría vergüenza verle cada vez que me lo topara en el lobby ― Muy bien, la dejo subir ―. Cuelgo el interfón y me quedo esperándola como idiota delante de la puerta, esto no estaba imaginado en imaginado en ninguno de mis escenarios. Tocan a la puerta y abro en un acto reflejo, ella sonríe.