Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Lo que llaman un amor desastroso [Libro II]
Lo que llaman un amor desastroso [Libro II]

Lo que llaman un amor desastroso [Libro II]

Autor: : AshleyLanCaster
Género: Romance
Dos mundos, dos caminos, y dos personas destinadas a estar juntas. Un pasado que no se olvida, una vida tan falsa, como la que parece la realidad, y una sola verdad. El reencuentro de dos almas perdidas, puede ser el despertar del diablo, y hasta el despertar de los más sucios pensamientos. Nada aquí puede ser igual, pero está escrito que no todos serán felices: el corazón llorará, las espinas se clavaran en la piel desatando el peor dolor, y el infierno les dará la bienvenida.

Capítulo 1 Ella ha vuelto

Lo que llaman un amor desastroso.

Capítulo 1: Ella ha vuelto.

-Betsy Blair-

-Sabía que mi corazón no me podía fallar -no tenía la menor idea de qué hacer al verla de nuevo. Mi corazón quiere salirse y por más que la tenga en mis brazos no siento que ella sienta la misma alegría y nostalgia de verme-. No podías estar muerta.

Me aparta con rapidez y me mira de pies a cabeza. Parece que no me reconoce.

-¿Quién eres? -me rio al pensar que es una broma, y me frena-. ¿Pregunté quién eres? ¿De dónde saliste? -ya no era gracioso que hiciera como que no me conoce. Ya sé que mi ropa está húmeda y mi cabello despeinado por el agua lluvia de hace un rato, pero tampoco estoy tan desastrosa como para que no me reconozca.

-¡Joder, Lía, ya no es chistoso! -La empujo por su brazo y ella me mira sin entender-. Soy Betsy, la chica loca que más quieres y no puedes estar sin ella -sonrío-. Venga, ya no hagas que no sabes quién soy. Yo sabía que estabas viva, que algo no estaba bien cuando tus papás dijeron que te habían desconectado.

Me mira como si tratara de recordar algo, y aprieta sus ojos negando con su cabeza. Tomo sus manos y solo las sostiene por segundos.

-No tengo idea quién eres, y menos de dónde saliste. No me gusta que tengas esas confianzas conmigo, yo apenas vengo llegando a esta ciudad -su petulancia me deja claro que ella no tiene idea quien soy. Quiero llorar aquí, pero no lo hago-. Te pediré que no me vuelvas hablar, y mucho menos a tocar. Mantén tu distancia.

Da la vuelta para irse y con un trozo en mi garganta le susurro.

-Dijiste que hasta en otra vida me ibas a amar.

Me mira sobre su hombro.

-¿Amarte? -camina hacia mí-. Aquí no tengo registro tuyo -con sus dedos me toca la cabeza-, y en mi corazón no hay indicios que alguna vez te amé. Las otras vidas no existen.

-Tú dijiste que sí existían.

-¡Y ahora digo que no! -Ataca-. No sé quién eres y ya bájale a tu plan ridículo de enamoradas. Yo no te conozco.

Abro mis ojos al sentir la primera gota de agua lluvia en mi cuerpo. Miro a Keisyth correr a mi lado para buscar dónde escondernos y recuerdo que cerca hay una enramada y ahí vamos. Los recuerdos de aquella vez donde vi a Lía en la editorial jamás se irán. No dejo de pensar que sea ella, nadie más puede parecerse a ella y tener esos ojos tan lindos que recuerdo todo el tiempo. Sentía doler hasta mi piel ese día cuando ella no me recordó, y aunque lloré como una bebé, ahí estuvo Keisyth. ¿Quién es ella? La misma chica que secó mis lágrimas aquel día en la editorial. La que me dijo que no llorara.

-Esos ojitos solo pueden estar así de triste por una sola persona -no me molesto en mirarla-. Lía.

-No puedo sacar de mi cabeza la imagen de ella -esta vez tampoco la miro-. Nadie puede parecerse tanto a Lía, pero lo que no entiendo es por qué no me reconoció, por qué parecía tan indiferente a mí.

-Debes dejar ir ese recuerdo que solo te está haciendo daño -Keisyth me toma por el mentón para que la mire-. Ella ya no está, ha muerto, y debes dejar ir su recuerdo. A ti te duele recordarla, y a mí me duele ver que no puedes olvidarla.

-Le dije que no podría olvidarla, aunque no estuviéramos juntas, y nadie va a lograr que la olvide.

-¿Ni siquiera yo?

-Ni siquiera tú.

No estaba mintiendo cuando le decía que ella no podría cambiar mis sentimientos hacia Lía, y no es que sea cruel, simplemente la verdad duele menos que una cruda mentira. Hace meses Keisyth está conmigo, y nunca he tratado de ocultar lo que siento, no quiero que pase lo mismo que pasó con Mafe.

He querido dejar todo de un lado y hacer como si nada hubiera pasado, pero mi pasado me persigue a donde voy. Cuando pasó lo de la muerte de Lía, los señores Sellers se fueron de la ciudad, pero ellos nunca movieron un dedo para sacar a Berni del centro de rehabilitación. Y no es porque ellos no supieran que ella estaba allí, simplemente les daba vergüenza saber que tenían una hija que en algún momento tuvo problemas con el alcohol y algunas sustancias dañinas.

Parece extraño, pero es tan real que mis amigos y yo nos alejamos, hasta el punto de solo darnos una sonrisa al vernos por los pasillos de la universidad, o en el salón. «Nuestra amistad estaba quebrada». No les tengo rencor por el hecho de alejarnos, pero me duele que me hayan culpado de lo que pasó hace algunos meses. Tal vez hice mal en gritarle a Brian que era un cobarde por regresar a casa de sus papás, pero estaba enojada de saber que él por el dolor de la muerte de Carper y la falta de dinero regresara a su casa. Sí, haciendo como si le gustarán las niñas, y mandando al demonio al chico con que vivía.

No estaba de acuerdo que regresara con esos señores que le hicieron tanto daño, solo por ser homosexual. Hace menos de dos meses regresó mi padre a casa, y me enteré de que se alejó porque se enteró de que yo era lesbiana. Yo siempre lo extrañé, preguntaba por él, y mamá decía que por su trabajo no podía venir, y todo era mentira: papá no quería estar cerca de mí. Fue doloroso saber la verdad, pero no he permitido que papá se meta en mi vida, cuando fue él el que nos dejó a mamá y a mí.

-Hola -me saluda Evangelina cuando me ve llegar. Berni decidió dejar el centro, y no conozco sus razones, pero deben ser muy poderosas para que ella quiera irse de aquí-. Berni te está esperando, está en su habitación.

-Hola, Eva -le digo antes de irme directo a la habitación donde se queda mi amiga. A ella la venía a ver cada vez que tenía visita, no quería dejarla sola, así como un día ella y los chicos me dejaron.

Tiene en la cama sus maletas, y al verme me sonríe. La abrazo por unos segundos y ella hace lo mismo, hasta que nos alejamos.

Me mira dejando salir aire por su boca.

-¿Ya lo sabes? -juega con sus manos-. Mis papás vuelven a la ciudad esta tarde.

Tampoco es que me interese verlos.

-No lo sabía, ¿te quedarás con ellos? -hace silencio-. Berni, ¿sales de aquí porque ellos te lo han pedido o pasó algo?

-Ella ha vuelto.

-¿Quién es ella? No te entiendo nada.

-Mi hermana.

-Por Dios, Berni -me rio-. Tu hermana Judith volvió hace rato, ¿o ya se te olvidó que vino aquí a gritarte que le habías arrebatado el cariño de sus papás?

-No hablo de esa tipa -hace una pausa-, hablo de Lía.

Esto tenía que ser una broma de mal gusto. Yo la miré a ella llorar por la muerte de su hermana, y refugiarse en este maldito lugar. Siento mi corazón acelerarse, igual que mi pulso. Sin más las lágrimas salen por sí solas, y me siento en la cama, cubriendo mi cara con mis manos y dejando salir el llanto que llevo atascado en mi garganta. Siento unos brazos llevarme hasta su pecho, y por más que quiera ser fuerte no tengo idea qué decir o pensar. Me he tragado palabras que nunca pude decir, he ocultado mis miedos por estar sumergida en el dolor, y ahora ya no sé cómo controlarme.

-¿Có... cómo que ella ha vuelvo? -balbuceo en medio del llanto, y la alejo de mí-. Te vi llorar por la muerte de tu hermana, vi su cuerpo tan pálido como los copos de nieve, y tú me sales con que ella ha vuelto -me levanto, pero en medio de mi llanto cubro mis ojos con mis antebrazos-. Dime que esto es real, ¡dímelo!

Solo la veo secarse las lágrimas.

-No lo sé -es todo lo que dice.

-Quiero saber la verdad -me arrodillo enfrente de ella-. Llevo meses sintiéndome culpable por la muerte de Lía, todos me señalaban, y ahora que me dices que ella ha regresado yo no tengo la menor idea qué pasó. Tu papá me dijo que ella había quedado en estado vegetal, yo miré cómo la desconectaron. ¡Mierda, Berni! ¡Dime qué demonios está pasando!

-De verdad no sé qué pasó, mis papás dijeron que ella murió, y yo les creí todo este tiempo. Hasta hace dos días que recibí una llamada de ella, diciendo que quería verme y aclarar muchas cosas -seca mis lágrimas-. Yo estaba segura de que era una broma de alguien estúpido con ganas de joder, pero no era así. Mi hermana era quien me estaba llamando, ella me dijo cosas que solo las dos sabemos, que nadie más pude saberlas.

-¿Sabes? Hace meses la vi en una editorial, y ella decía que no se acordaba de mí, incluso le dije algo que habíamos hablado solo las dos, y no lo recordó. Pensé que era una broma, pero de verdad esa no era la Lía que yo conocía -paso mi mano por mi nuca, tratando de asimilar esto-. Parecía tan indiferente a mí, que me dolió. Llegué a pensar que no era Lía, pero ahora con lo que dices confirmo que ella está viva.

-¿Por qué mis papás nos mintieron? ¿Por qué en casi un año Lía no me buscó? ¿Por qué no se acordó de ti? ¡Arg! Quiero saber qué diablos está pasando, estoy vuelta un lío.

-Mi cabeza es un caos.

Tantas preguntas sin respuestas me tienen al borde del colapso, ya no sé qué hacer o qué decir. Si Lía no apareció en todos estos meses, ¿dónde está? ¿Dónde estuvo metida?

-Llegó la hora de enfrentar a mis papás, ellos nos tienen que decir qué pasó con Lía, y por qué nos hicieron creer algo que no es cierto.

-Necesito respuestas, y tus papás me las van a dar, una a una.

No estaba dispuesta a soportar otra mentira, ya suficiente tengo con el dolor que tengo en mi pecho por enterarme de la verdad a medias. Tengo mil dudas dentro de mi cabeza, necesito saber dónde está Lía, y por qué no me reconoció aquella vez cuando hablamos.

-Mi vida será un completo caos desde hoy.

Capítulo 2 Quiero la verdad

Lo que llaman un amor desastroso.

Capítulo 2: Quiero la verdad.

-Lía Sellers-

Tener recuerdos de los que no tengo la menor idea por qué son, es la cosa más molesta. Tengo recuerdos de algunos chicos, y de una chica, en especial. Hace algún tiempo la llevo soñando y me asusté tanto cuando se acercó a mí que fui grosera con ella. Quería recordar algo sobre ella, y por más que la miraba no sabía quién era. Solo podía ver dentro de mí algunos recuerdos distorsionados, y no lograba aclararlos.

Ese día que la vi en la editorial, fue porque Alejandro me pidió que lo acompañara; ahí trabaja él. Le pregunté quién era la chica esa, y él negó haberla visto antes. Alejandro es mi esposo hace años, bueno, eso me han dicho desde que desperté de un accidente, y lo primero que miré fue su bonito rostro. Ha estado conmigo cada vez que lo necesito, pero por más esfuerzos no logro recordar nuestra boda. Solo sé que es mi esposo por la cantidad de fotografías que hay colgadas en la pared de nuestra casa. Él dice que fuimos novios desde preparatoria, y siento vergüenza de no recordar nada de lo que me cuenta que hemos pasado juntos.

Los que dicen ser mis papás vienen cuando tienen tiempo libre, estaban viviendo fuera del país. Yo estaba con ellos, pero después de un tiempo nos vinimos a esta ciudad. Hay algo que no se ha borrado de mi memoria, y es Berni: mi hermana melliza. Siempre quise verla, pero mis papás me decían que no era buena influencia para mí, y gracias a que Alejandro consiguió su número, pude hablar con ella, y nos veremos hoy a las seis, aquí en mi casa.

Hay días que me siento tan deprimida por no recordar nada más que a mi hermana y ese accidente donde estaba con alguien que no recuerdo. Alejo dice que es él, pero yo estoy casi segura que no. Estos días me he sentido tan triste, siento que esta no es mi vida, y que tengo tantos vacíos dentro de mí que nadie llena, ni siquiera Alejo con sus atenciones y sus bromas.

Se supone que cuando estamos con alguien y hacemos el amor, uno se siente bien. En cambio, para mí es incómodo dejarme tocar por mi esposo, no le digo nada, pero no me gusta tener intimidad con él: me siento expuesta. Tengo que fingir cada orgasmo, porque siento pena con él, y no quiero hacerlo sentir mal.

-Alejo -lo llamo logrando que aparte la mirada de su laptop. Me regala una sutil sonrisa-. ¿Cómo fue que me quedó esta cicatriz? -levanto mi blusa dejando ver la cicatriz que tengo en el abdomen-. No lo recuerdo.

Se rasca la cabeza con algo de desesperación.

-Te quedó del accidente, ¿lo recuerdas?

-No lo sé. ¿me cuentas cómo pasó todo? -me acerco, me siento en sus piernas y él me da un beso-. Es que yo tengo recuerdos muy vagos, y lo que me has contado no concuerda con lo que yo creo que pasó.

-Lía, tú no recuerdas nuestra boda y vas a recordar ese accidente -suelta sin darse cuenta de que sus palabras han sido tan crudas, y me levanto de sus piernas-. Ven, no quise hacerte sentir mal.

-Pero lo lograste.

Salgo de la habitación dando un portazo, no sé qué le pasó para que me respondiera de manera tan grosera. Yo solo quiero recordar quién soy, de dónde vengo y por qué parece que aquí nadie me conoce. Quiero saber todo de mí, y nadie me habla de cómo era o qué hacía. Ni siquiera sé si era una perra sin corazón, aquí nadie habla de mi vida antes del accidente.

Me miro en el espejo y no sé quién es ese reflejo, y me duele saber que mi memoria está tan mal, como yo. Me siento asfixiada en esta casa, me asfixia no saber nada de mi pasado. No cabe duda que necesito salir de aquí. Me arreglo un poco el cabello como me enseñó la terapeuta, y salgo sin hacer ruidos. El día está nublado, pero no pretendo llevar paraguas. Miro el cielo, y bajo mi mirada hasta el suelo, empezando a caminar.

No sé a dónde voy, pero quiero conocer más allá de esta pequeña ciudad que está matando mis ilusiones.

-¿Lía? -escucho una voz detrás de mí. Miro para ver quién es, y como lo esperaba no sé quién es. La chica es de piel blanca, nariz pequeña que lleva un arito, cabello largo y de la misma estatura que yo. Ella se mira sorprendida, y yo no sé cómo actuar, no la recuerdo-. Por todos los cielos, estás viva -me abraza de repente y la hago a un lado.

-¿Quién eres? -pregunto y ella retrocede-. Disculpa si soy grosera, pero no tengo idea quién eres -dejo salir risitas por lo nerviosa que estoy, ella se ríe-. Me recuerdas tu nombre, por favor.

-Keindy -dice sonriente-. ¿Cómo es que estás aquí? Todos han pensado este tiempo que estás muerta.

-¿Quiénes son todos, y cómo es eso que estoy muerta?

No entendía nada de lo que estaba hablando la chica de nombre raro, pero ella parecía conocerme.

-¡No seas payasa! -Explota en risas, y al ver mi cara de confusión se queda callada-. ¿De verdad no sabes de qué hablo? -niego-. ¿No te acuerdas de Betsy, Brian o Berni?

Niego con mi cabeza.

-Lo siento, tengo que regresar a casa.

Salgo casi huyendo de esa chica, no entiendo de qué está hablando, yo solo recuerdo a Berni. Por lo visto mi caminata ha fallado. Regreso a casa y cuando estoy por abrir la puerta siento a alguien detrás de mí. Miro por encima de mi hombro, y cuando veo que es mi hermana me le tiro encima. No había sentido tanta paz en meses.

Ella solo llora sin mencionar una sola palabra, y tal vez es de alegría por verme. Tengo lindos recuerdos con mi hermana. Se aleja un poco y me mira negando con su cabeza.

-No sabes cómo le pedía a Dios que esto pasara -rompe en llanto-. Me negaba a tu muerte, porque esa parte que uno siente lo que la otra, no lo sentí yo -me vuelve abrazar-. Te he extrañado como no alcanzas a imaginar, te he llorado y he luchado por no recaer en el alcohol desde tu partida, y ahora mírate a unos pasos de mí.

-¿Podemos ir a otro lado? -asiente y la tomo de su mano para alejarnos de mi casa. Ella se mira tan frágil, pero no la abrazo-. Tengo una sopa de letras en mi cabeza, no sé qué decirte, estoy en blanco. Tuve un accidente y no recuerdo nada.

-¿Qué hay de mí?

-No sé, pero nunca te has ido de los pocos recuerdos que hay en mí. Siempre recordaba tu sonrisa, y la de otra niña que no sé su nombre -aguanto las ganas de llorar, no quiero verme vulnerable-. Mi vida es como una película, casi parecida a un diluvio de vagos recuerdos. Mis papás dicen que debe ser por mi accidente que estoy confundida.

-Espera, ¿tú todo este tiempo has visto a nuestros papás?

-Sí. Ellos vienen cuando tienen tiempo a visitar a mi esposo y a mí.

-¿Esposo?

Berni se ríe, parece que le ha dado gracia lo que he dicho.

-¿De qué te ríes?

-No puedes tener esposo cuando eres homosexual -me quedo en silencio por lo que ha dicho-. Estás enamorada de una chica. La amas.

-Yo no soy eso que dices -me defiendo-. No me gustan las chicas, y no puedo estar enamorada de alguien más cuando estoy casada con un chico.

Está loca.

-Mira -saca un celular de su bolsillo, y me deja ver una foto donde estoy yo sonriendo con una chica que besa mi mejilla-. Ella es Betsy -pasa más fotos y me estoy besando con la chica-. No puedes estar casada, ¿qué demonios te hicieron?

-¡¿Quién es Betsy?! ¡¿Por qué tú y aquella chica la mencionan?! -Me altero y comienzo a gritar-. No sé quién soy y me sales con que yo soy homosexual, y que esa estúpida chica es como mi novia. ¡Qué está pasando!

Ya no podía seguir ocultando como me dolía este tema. Apenas y recuerdo mi nombre, y resulta que mi vida antes de esta, es un desastre. Quiero morirme.

-Tu nueva vida es una mentira.

-Quiero la verdad.

-La tendrás. Ven conmigo.

Capítulo 3 Por favor, sé sincera

Lo que llaman un amor desastroso.

Capítulo 3: Por favor, se sincera.

-Lía Sellers-

Espabilo varias veces buscando la silueta de Alejandro, y no está. Ayer me pidió disculpas por como me habló, y dijo que saldría temprano. Mi madre quedó de venir hablar conmigo. Le pediré que sea ella quien aclare mis dudas. Me arrepentí de escuchar a mi hermana, por miedo tal vez.

-Buenos días, señorita -la chica del aseo me sonríe, y hago lo mismo. Ella es muy guapa, y tiene un buen trasero. «Mamá me daría un sermón si sabe que pienso esto». No le veo nada malo apreciar la belleza de una chica, y eso no me hace homosexual, como piensa mi hermana. Ella está demente-. ¿Desea que le traiga su desayuno? Hay banano con leche condensada y café. A usted le gusta.

-Eso del banano con leche condensada sonó a un pene con semen -no aguanta la risa y la deja salir-. Te juro lo pensé.

-Ay señorita, usted y sus ocurrencias -le pido que se siente en la cama, y lo hace-. Alejandro salió muy temprano, al parecer uno de los libros que salió a la venta lo están pidiendo y ya están agotados.

-Lo que llaman un amor prohibido. Lo leí con Alejo, pero no supe quién lo escribió -recuerdo-. Maite, ¿hace cuánto vivo aquí con Alejo?

Se levanta de la cama.

-Le diré a alguien que le traiga el desayuno. Que tenga un lindo día.

Y así como entró, desaparece. Se ha puesto muy extraña. Intento levantarme y siento un dolorcito en mi intimidad: Alejandro casi me destroza la vagina ayer. Me dolía tanto que le dije que se detuviera, porque de cierta manera, sentía como si en algún momento alguien me hubiera hecho tener sexo a la fuerza.

Escucho la voz de mamá y coloco mi mejor sonrisa para que no se le ocurra preguntar por qué mi cara de dolor. Segundos después entra a mi habitación, y como siempre está bien arreglada. Mamá nunca ha llegado a saludarme con un beso.

-Quiero que hablemos -hablo con firmeza-. Y por favor, sé sincera.

Se sienta en uno de mis muebles.

-Ayer hablé con mi hermana. Ya sé que no querías, pero debía hacerlo para despejar las dudas que hasta hora sigo teniendo -se remueve incómoda-. ¿Por qué me han dicho todo este tiempo que llevo meses viviendo con Alejandro?

-Porque así es -afirma.

-¡Claro que no! -Casi la grito, y mamá me mira-. Ya me dijo Berni que yo estoy enamorada de una chica llamada Betsy, me mostró fotos de ella y yo juntas, entonces, ¿por qué tú dices que llevo meses con Alejandro?

Se levanta, y con sus ojos cristalizados me dice;

-Llegó el momento de la verdad. Sí tuviste una relación con una chica llamada Betsy, pero tú te alejaste de ella porque te maltrataba, y estabas con ella por obligación. Tú misma llegaste a mí llorando antes del accidente, me decías que no te gustaban las chicas, y estabas con ella por sus amenazas -me le quedo viendo-. Cuando la dejaste, conociste a Alejo o Alejandro, como le digas, empezaron andar y un día te pidió casarte con él, y lo hiciste. Días después ocurrió el accidente, ese accidente donde por salvarlo a él casi pierdes la vida -se sopla nariz-. Los médicos nos dijeron que habías quedado en estado vegetal, y lloramos mucho, pero después llamamos otros médicos, y todos confirmaron que el doctor que te atendió se había equivocado de diagnóstico.

-¿Y por qué no recuerdo nada de lo que dices?

-Una contusión en tu cerebro es lo que evita que recuerdes todo lo que viviste antes. Tienes amnesia temporal, o puede que sea para siempre -saca una foto de su bolsa y ahí estoy yo con una cortada en mi cara-. Esa cortada que ves en tu mejilla, te la hizo Betsy cuanto la terminaste. Ella estaba obsesionada contigo, y no va a descansar hasta encontrarte y hacerte pagar que la hayas dejado.

¿Por qué no sentía que era la verdad? Veo a mamá llorar, y no siento lástima por ella. Betsy al parecer no es una chica buena, y no puedo dejar que se me acerque.

-Promete que digan lo que digan nunca vas a desconfiar de mí -aprieta mis manos-. Yo no quiero que nada empape mi amor por ti.

-Te lo prometo, mamá -me le quedo viendo y en sus ojos no hay algo que me indique que es una mentira lo que dice-. Quiero que sepas que no me alejaré de mi hermana.

-No te estoy diciendo que te alejes, solo tienes que saber que ella ha estado metida en un centro de rehabilitación, por alcohólica.

-Es mi hermana, y no me interesa si estuvo internada.

-Como quieras. Nos vemos luego, iré a hacer unos pendientes.

Se despide agitado sus manos, y me dejo caer en mi cama. -¡Arg!-, gruño al saber que pude estar con alguien que me causó tanto daño. Cómo pudo cortarme la cara, esa chica no debe ser normal.

(.....)

-Iré a la sección de golosinas -le informo a Alejandro. Estamos haciendo mercado, ya no tenemos nada para cocinar. Tomo una caja de cereal y al quedar el espacio puedo observar a la chica de cabello negro, y piel morena. Ella está sonriendo por algo que le ha dicho la chica con que está. «Betsy». Su sonrisa no parece de alguien que haya hecho tanto daño: se mira tan sincera. Mi mirada se encuentra con la de ella, y me hago a un lado para no verla.

Sigo tomando mis cosas, y puedo sentir el peso de una mirada sobre mí. Me volteo a mirar y casi choco con ella que está enfrente de mí. Me detalla con una sonrisa, y sus ojos cristalizados por las lágrimas. Debería sentir miedo por todo el daño que me hizo, pero no es así. Solo la miro y me puedo dar cuenta lo bonita que es. «No pareces alguien que haga daño».

-¿Me puedes dar un permiso? -le digo, su carrito no deja pasar el mío.

-No.

-¿Por qué no?

-Porque quiero seguir viendo a la única chica que hace que mi corazón quiera salirse, y porque estás muy sexy con ese cabello rubio -se pasa la lengua por los labios, y eso me parece tan... ¡Por Dios! ¡Tengo dueño!

-Déjame pasar -le digo con simpleza-. Y deja de molestar con tus cosas.

-Lía, debemos hablar.

-No tengo nada que hablar contigo, y dame un permiso o empiezo a gritar.

Ya sé que eso es lo más pendejo que he dicho, pero tengo miedo de hacer alguna locura. Mi mamá me ha contado el daño que ella me hizo, y si ya una vez me hizo daño, una vez más le dará igual. La veo soltar el carrito y caminar hacia mí, retrocedo a medida que ella lo hace, y ya no puedo hacerlo más, mi espalda ha pegado a uno de los estantes.

Quiero salir corriendo cuando la tengo tan cerca de mí que puedo mirar lo profundo de sus ojos negros. No había sentido esta sensación de nervios ante alguien, y menos ante Alejandro. Siento mi pulso tan acelerado que temo que vaya a quedar tirada aquí mismo. Ella tiene su mirada clavada en la mía, y siento mis manos sudar.

-Ándale, grita -susurra, tomando un mechón de mi cabello-. Puedes gritar y te aseguro que vendrán a buscarte.

-No quiero que me hagas daño -aprieto mis ojos con fuerza, y los abro cuando Betsy acaricia mi mejilla-. Déjame ir.

-Jamás te haría daño. Necesitamos hablar, y no me iré de aquí si no vienes conmigo.

-No pienso ir contigo a ningún lado, vine con Alejandro y de aquí me voy con él. Tú no eres nadie para obligarme a ir contigo, ni siquiera sé quién eres -me enderezo, no quiero demostrarle miedo-. No eres más que una chica con locuras en esa cabezota.

-Esta chica es la única que has amado, y que te ha causado los mejores orgasmos que nunca nadie pudo causar -aprieta mi brazo-. Quise hablar por las buenas, pero me estás obligando a que te lleve a la fuerza.

-Pruébalo.

Y sin más me lleva a empujones del supermercado. Empiezo a gritar y ella muy sonriente le dice a todos que soy la hermana y que tengo serios problemas mentales. Por más gritos que doy, ella no me suelta y temo de lo que pueda pasar, o me pueda decir.

«Ay Dios, mis nervios».

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022