Camila Sáez.
Nos encontrábamos en nuestra graduación, el solo mencionarlo me causa nervios, hace solo algunos años era algo que se veía muy lejanos, sabía que algún día pasaría, pero no tan pronto y menos con las calificaciones con las que lo hice. Mis amigas y yo estábamos devastadas pensando que nunca más nos íbamos a encontrar nuevamente y eso era lo más probable, todas tomaríamos distintos caminos, en distintas universidades y con tanto tiempo que nos tomaría adaptarnos sería verdaderamente difícil mantener el mismo contacto que ahora tenemos.
Claramente, las que tenían más afinidad se pusieron de acuerdo para irse a estudiar juntas o por lo menos en la misma ciudad, y eso me parecía muy bien, pero yo tenía claro donde quería seguir mis especializaciones y, además, lo que tenía que esforzarme para lograr obtener la mentada beca que necesitaba para terminar todos mis estudios.
Si pudiera hacer todas las cosas que quisiera, lo haría, pero me toca esforzarme para lograr lo que quiera en la vida y poder ayudar a mis padres para tratar de devolverles todo lo que me han dado con tanto esfuerzo.
Mis padres estaban tristes, pero seguramente también se encontraban orgullosos de lo que había logrado o, al menos, eso esperaba pues, la responsabilidad de sacar a mi familia adelante era grande, y muchas veces me abrumaba demasiado, siento que todos veían en mi a la persona que podría ayudarles, mis padres están enfermos y trabajan como pueden, día a día, me a tocado ir con ellos y no es nada fácil o bonito, sobre todo en verano, con el sol pegando en la frente y en todo el cuerpo.
Por otra parte, siempre contaría con la ayuda de Adrián, mi mejor amigo, pero, especialmente hoy se encontraba más anormal que la mayoría de las veces, digo... desde hace algunos meses se ha comportado de una manera distinta conmigo, hay días que es más distantes y otros en los que se pone empalagoso y no tenía idea de por qué.
Él también quería optar a la misma beca que yo, pero nuestras carreras y facultades serían completamente distintas, por lo que estudiaríamos en la misma institución, pero sería muy poco lo que estaríamos juntos.
Nos encontrábamos en la asamblea, la típica donde todos terminaríamos llorándonos y despidiéndonos para que luego cada uno tome su lado, algunos recordando esta etapa, mientras que otros solo se dedicarían a olvidarla y descubrir cosas mejores.
_ Camila Sáez, pase al frente, por favor. – mencionó la profesora encargada de organizar toda la ceremonia que terminaría con esta hermosa etapa que me había tocado vivir y que también había compartido todos estos años junto a nosotros, por lo que nos había visto crecer.
Seguí el camino que anteriormente había quedado estipulado y ya una vez arriba del escenario donde se encontraban otros de mis compañeros a los que habían llamado previamente, incluyendo a Adrián, quien me miraba de una manera extraña, lo miré tratando de entender que era lo que pensaba, pero era imposible, ni que leyera la mente de las personas, así que sólo traté de no incomodarme con su mirada.
Mi teléfono comenzó a vibrar, seguramente se trataba de mi novio, Julián, que a estas horas se supone que debe estar trabajando y que, aunque suene muy extraño, no debería estar hablándome mucho... lo que digo es que, desde algunos meses nuestra relación no es la misma, no hablamos más que algunas cosas, aparte de decirnos los buenos días o buenas noches, es una relación que se ha apagado mucho y no es para menos, solo nos hemos visto una vez, nadie más que mis amigas y Adrián saben de su existencia, en fin, creo que esta relación, si es que se puede llamar de esa manera, llegará a su fin muy pronto.
Levanté la mirada y pude ver a mis padres, ellos, aunque son poco expresivos, tenían sus ojos llenos con lágrimas, los conocía, estaban contentos por mis logros y por ocupar siempre los primeros puestos, amaba a mis padres, así como ellos seguramente también me amaban, la mayoría de las veces, a su manera.
La ceremonia terminó luego de una hora, más o menos y después de la foto grupal, donde aparecíamos mis amigos y yo, fue el turno de que subieran los padres junto a nosotros, así que esperé mi turno, bajé y llegué a mi lugar, junto a mis padres, hasta que nos llamaron para subir nuevamente al escenario. Traté de revisar el móvil, pero no pude, tenía inspectores en cada uno de mis costados y no quería que alguno de mis últimos recuerdos aquí fuera un regaño, además sería visto como una horrible falta de respeto en una ceremonia tan importante.
Cuando el show concluyó por fin, me fui directamente al baño de la escuela y me cambié de ropa porque odiaba mi uniforme, sentía que no me quedaba bien, o al menos, eso pensaba yo, pero mis amigas e incluso Adrián, siempre trataban de que me viera bonita frente al espejo. Me despedí momentáneamente de mis padres y los dejé comprando las cosas que llevarían a casa, les avisé que me iría un momento con Adrián y con mis amigas a celebrar, de alguna manera, que me imagino se nos ocurriría, nuestra licenciatura.
Llegamos a la plaza principal de la ciudad en la que estudiaba, que no era muy grande, nos tomamos algunas fotos y luego conversamos de lo que sería de nosotras, en algunos minutos llegó Adrián, quien tuvo que acompañar rápidamente a su madre a la casa, se apareció con algunos de sus amigos, que en ocasiones también formaban parte de nuestro grupo, pero en lo personal, no me metía mucho con ellos, digamos que no congeniábamos mucho.
_ Camila, ¿Podemos hablar? – mencionó mi amigo corriéndose a un lado para que lo siguiera, dudé algunos segundos en hacerle caso, pero terminé accediendo.
_ Claro. – respondí mientras sonreía al resto de personas que nos estaban viendo, lo seguí hasta una esquina de la plaza, lo suficientemente alejada para que los demás no pudieran escucharnos.
_ Has hablado con tu... bueno, con ese novio tuyo. – preguntó él, aunque el tono que usó al final de la oración era un poco cargado con rabia, no entendía por qué se estaba expresando de esa manera.
_ No, bueno... en la mañana nos dimos los buenos días, cómo cada mañana. Ya lo sabes. – mencioné sonriendo de mala gana, supongo que en el fondo lo seguía queriendo, aunque fuera un poquito, pero ante los ojos de la sociedad, él y yo no éramos absolutamente nadie, porque no podíamos ser algo más que conocidos al solo vernos una vez.
_ Deberías terminar definitivamente con él. – mencionó Adrián sin ningún amparo. Enarqué una ceja por su comentario, esperando que se retractara o que quisiera explicarme porque lo había ducho, pero no fue así, él sabía perfectamente lo que estaba diciendo. – Estoy seguro de que hay muchos otros que se morirían por estar contigo. – agregó sonriendo y bajando su cabeza, como dudando en decir lo que seguía de esa oración. – En especial yo. – terminó de decir. Di un paso atrás producto de la sorpresa, no podía con toda esa información.
_ Adrián, tú y yo solo somos amigos... - comenté nerviosa, no me esperaba para nada esta información y más encima me llega de esta manera, de verdad me hubiera esperado cualquier cosa, excepto esto, es que no me cabía en la cabeza cómo había pasado o cuando empezó a sentirlo. – Nun-nunca me dijiste nada. – agregué con el mismo nerviosismo de hace algunos segundos.
_ No sabía cómo, pensé que ni siquiera me veías como a alguien que no fuera tu amigo. – mencionó y, efectivamente, no podía verlo de otra manera que no fuera esa, él era mi amigo, no podía considerarlo como hombre, si es que ese era el concepto que podía utilizar. – Y creo que ahora es esa la manera en la que me estás viendo, y no cómo el hombre que podría hacerte feliz, Camila, conozco todos tus miedos, tus comidas favoritas, por dios, sé que no soportas el aroma de la cerveza, aunque te mueres de ganas de probar un trago de alcohol. – mencionó, pero no tenía idea de cómo reaccionar a sus palabras.
De pronto vibró el teléfono, me hubiera atrevido a decir que fue la campana que me salvó de esta batalla, no tenía idea de quien se trataba porque, por lo general, a estas horas, Julián seguía muy ocupado. Decidí revisar el teléfono de todos modos, aunque me tocara dejar viendo monos a Adrián, pero me estaba sintiendo muy incómoda con toda esta situación.
Era un mensaje de un tal Leonardo, no tenía idea de quién se trataba, nunca lo había escuchado o hablado con él antes, además que en la sección de amigos comunes tampoco había ninguno, pero de todas formas decidí responderle, tenía curiosidad.
"Hola" – decía su mensaje y sentí que algo se calaba por mis huesos, solo esperaba que no fuera un resfriado.
"Hola, ¿Cómo estás? – pregunté yo, tenía curiosidad, su foto de perfil dejaba ver a un chico bastante atractivo, pero ni siquiera sabía si era real. Pensé que no volvería a responder... digo, a veces esas cosas pasan.
"Bien gracias y ¿Tú?" – respondió él después de algunos segundos. Adrián se me quedó viendo medio preocupado, supongo que era porque tanto él como yo, sabíamos que mi supuesto novio no me hablaba más que en la mañana y por la tarde casi noche, dice buenos días y se va.
"Bien también, ¿Qué haces?" – pregunté nuevamente, llena de curiosidad por qué, en primer lugar, no tenía idea de quién era y en segundo, tampoco entendía por qué me había hablado a mí.
_ ¿Con quién hablas? – preguntó Adrián sacándome de mis pensamientos. – Estabas sonriendo mirando la pantalla. – comentó nuevamente.
No sabía que responder, pues ni yo me había dado cuenta de que estaba sonriendo, pero ese no era el punto, no tenía por qué estar sonriendo con un completo extraño... ¿O sí?
Me quedé mirando a la nada, pensando en cualquier cosa, no entendía por qué se me hacía difícil responderle, será por la confesión que me había hecho, no tenía idea de qué podría ser, pero tampoco me importaba mucho.
_ Con una amiga. – respondí sin esperar a que me creyera, aunque tampoco importaba mucho.
_ Ah. – comentó él sonriendo cómo si de algo malo se tratara.
Lo miré, pero no dije nada al respecto. De pronto mi teléfono comenzó a vibrar nuevamente, seguramente era ese tal Leonardo, lo revisé y, efectivamente, se trataba de él.
No respondí a su mensaje, pero sí me quedé con la intriga de saber que es lo que quería, por otra parte, se acercaron mis amigas para que pudiéramos despedirnos, seguramente no nos volveríamos a ver o no tan seguido cómo hasta ahora.
Nuestra vida estaba a punto de cambiar y Adrián seguiría estando cerca de mí, no sé qué tan cómodo sería ahora que me había hecho esa confesión de que me veía cómo algo más que amigos. No dejaba de pensar en eso, pues lo que menos imaginaba en la vida.
Mis padres se acercaron a mí, aún tenían lágrimas en los ojos, no confiaba mucho en que fueran reales, pero de todas formas los abracé. Nuestras vidas darían un giro de ciento ochenta grados, pero no me importaba, creo, supongo que cuando los hijos crecen estas cosas pasan y a veces duele y otras, cómo esta, no importan.
Siempre he tenido que fingir ser la niña buena, la que no hace nada malo, dejando lo que en realidad me gusta de lado. Mi mente iba y venía, pero no quería que nadie lo notara. Me aparté un poco para intentar no pensar en que perdería a mis amigas y en todo, para ser exactos.
"¿Qué haces?" – decidí ver el mensaje de ese tal Leonardo, supongo que seguiría hablando con él, parecía interesarle hablar conmigo o algo así.
"En la universidad, ¿Y tú?". – respondió casi al instante. Supuse que eso era bueno.
"En mi licenciatura". – respondí. Seguía preguntándome si hacía bien en responder sus mensajes o no, debido a que era un hombre completamente desconocido para mí.
"Que bueno". – respondió. Miré al frente, pero no sabía que hacer o responder, dejé en mi bolsillo mi teléfono y traté de acercarme nuevamente a mi grupo de amigas, sonreí con ellas cómo si nada hubiera pasado, Adrián se había ido hace algún tiempo, esperaba que no estuviera enojado conmigo para siempre, pero le dije la verdad, siempre lo veré y lo querré como un amigo y deseaba que lo entendiera.
Luego de almorzar junto a ellas y de hablar de nuestras posibles vacaciones, emprendí mi rumbo al lugar donde me esperaban mis padres, sonreí de la nada cuando volví a checar mi teléfono, había otro mensaje de Leonardo, pero no entendía el por qué de mi sonrisa.
"¿Qué harás ahora?". – era la pregunta que me había hecho, decidí responder, no perdía y no me influía en nada si lo hacía.
"Supongo que sí es bueno, ahora voy de camino a donde mis padres, tengo que irme ya a mi casa". – respondí a sus mensajes, no sabía si iba a responder rápido o no, así que decidí volver a guardar mi móvil en mi bolsillo.
Caminé y me topé con varias compañeras por la calle, nos despedimos, después de todo nunca me llevé mal con nadie, solo que prefería estar con mis amigos, con las personas que tenía más afinidad y con las cuales me sentía dentro de mi "burbuja", por decirlo de alguna forma.
Mi vida siempre ha sido complicada, ¿Qué es lo que quiero? No lo sé, ¿Qué deseo? Ni idea, pero no puedo quedarme dormida, la vida me ha enseñado de una u otra forma que si te pilla volando bajo te golpea donde más te duele y no quiero seguir sufriendo por esas cosas, simplemente me gusta pensar que no soy débil, aunque en el fondo, siga siendo la misma niña chiquita.
Llegué con mis padres, suponía que se encontraban cerca del vehículo, así que entré al restaurante más cercano y pregunté por ellos, siempre comíamos ahí, así que era fácil que nos reconocieran, como ya lo sospechaba se encontraban ahí, ingresé al lugar para sentarme junto a ellos, no comí, pero sí bebí un jugo, tenía sed.
Revisé mi teléfono para ver si nuevamente aquel chico me había respondido, no sé porqué me intrigaba tanto Leonardo, no lo conozco, ni siquiera me lo he topado, pero me causa un extraño sentimiento que no lograba describir, no completamente.
"Entiendo, pero igual debe ser difícil dejar a tus amigos atrás, pero ahora deberías pensar en una universidad, ¿No?" – preguntó él.
"Sí, de hecho, ya lo tengo contemplado, solo estoy esperando que llegue la fecha de la matricula, supongo". – respondí. – "Y tú, ¿En qué curso vas?". – mencioné nuevamente.
"Me quedan tres semestres para terminar mi carrera universitaria, terminé estudiando marketing digital". – respondió. Me pareció interesante, aunque no era mi estilo, o eso suponía, de hecho, ni siquiera estaba muy segura de para qué soy buena o que me gustaría estudiar, después de todo, las carreras nunca son lo que esperamos.
"Interesante". – respondí. – "¿Es muy complicado?". – pregunté incrédulamente.
"No tanto, cómo en todas las carreras, existe una pillería, además me gusta, así que lo aprendo por pasión, supongo". – mencionó. Qué tipo, pensé, no sabía que decir, creo que me había dejado sin palabras.
"Tienes razón, pero a veces pasa que creemos ser buenos para algo, o qué, nos gusta alguna carrera, en este caso, pero cuando la ejercemos o la estudiamos, es todo lo contrario a lo que esperábamos". – contraargumenté, esperaba que se entendiera lo que quería dar a entender.
"Pues sí, pero existen las charlas y test vocacionales para aquello, así qué el que no elije bien es porque no investigó lo suficiente". – respondió, vaya que me sorprende.
"Tú ganas". – dije dando a entender que me rendía en esta conversación.
"No sabía que estábamos discutiendo". – mencionó adjuntando caritas sonrientes y el típico "Jajaja". Sonreí por su respuesta, no sabía que hacer con esto, creo que me sentía bien conversando con él, pero no tenía claro el porqué.
"Pues sí, ahora, ¿Qué estás haciendo?". – respondí sonriendo, mis padres me miraban, quien sabe que estaban pensando, pero si no me lo preguntaban no se los respondería.
Ellos se levantaron de la mesa y yo hice lo mismo dejando mi teléfono, nuevamente, en el bolsillo, caminamos en dirección al vehículo para poder irnos a nuestro hogar, donde me esperaban mi hermana pequeña y obvio, mi insoportable hermana mayor, ella ya había pasado por esto, pero a diferencia de mí, decidió solo sacar una carrera técnica, cosa que no tiene porque hacerse menos, pero ella lo veía de esa forma y por eso me odiaba y echaba la culpa de su decisión.
Leonardo Álvarez
Apenas vi aquella foto de perfil no pude resistir a enviarle un mensaje, no sabía si respondería, pero decidí arriesgarme y funcionó, quería saber más de ella, conocerla y hacerla sentir bien conmigo, supongo que sería la próxima víctima de este pecho, sí, tengo mi autoestima muy alta y sé que no importa cuan difícil sea el objetivo que me proponga, porque terminaré lográndolo.
Me encontraba en la universidad, pronto entraría nuevamente a clases y no sé si llevaría mi móvil encendido conmigo, tal vez lo dejaría en la mochila para evitar las interrupciones.
Caminé en dirección a la sala en la que comenzaría mi clase, para así no llegar retrasado, tengo que mantener mi rol de alumno intachable, así a los profesores y, en especial a mi padre, no le importará lo que haga en mi tiempo libre, alguien se cruzó en mi camino, no tenía idea de quién, porque no me había fijado en ello.
_ Perdón. – mencioné mientras ayudaba al hombre a levantarse, pronto me di cuenta de quien se trataba, Agustín, el hombre al que evitaba a toda costa, pues arruinaría todo mi perfil de seductor.
_ No te preocupes, Leonardo, mi amigo. ¿Cómo has estado? – preguntó aquel chico, nunca pensé que terminaría haciéndome amigo del chico nerd, hermano de la chica linda, pero mi relación con ella había terminado, Ana se había conseguido a otro tipejo qué, según ella, le trataba como merecía.
_ Bien, no tengo nada que decir, y tú hermana, ¿Cómo está? – pregunté sonriendo.
_ Aún sigue odiándote, si eso es lo que querías escuchar, pero yo no soy rencoroso y lo que ustedes tuvieron no me interesa en lo absoluto. – mencionó él sonriendo, creo que este tipo no me dejará nunca, supongo que piensa que por estar a mi lado conseguirá ser igual de popular que yo, pero ese no sería su fuerte
_ Entiendo. Tengo que irme a mi clase. – respondí tratando de esquivarlo. A lo lejos divisé a mis amigos, los chicos con los cuales usualmente me juntaba en los recesos.
_ Yo también me dirigía allí, te parece si seguimos caminando juntos hasta la esquina. – mencionó y no me quedó otra de aceptar, sé que los chicos lo molestarían, pero tampoco iba a decirle que no, supongo que Agustín me daba pena y por eso no le había comentado que no me agrada en lo absoluto.
_ No hay problema. – mencioné sonriendo de mala gana, aunque no creo que él se diera cuenta de ello.
_ ¿Puedo preguntar algo? – preguntó, asentí en respuesta. - ¿Dónde haz estado estas últimas semanas? – mencionó, obviamente trataba de esquivarlo, pero esa no sería mi respuesta.
_ Estaba ocupado con algunos proyectos. – mencioné. – Mi padre a veces pide mi opinión y la de mi hermano. – mencioné nuevamente.
_ Vaya amigo... si no te conociera desde hace más de un año pensaría que te escondes de mí. – respondió, negué con la cabeza y seguimos caminando hasta que nos tocó separarnos, era muy incomodo que me vieran con uno de los chicos más nerd de la universidad, pero no quería herirle sus sentimientos.
Llegando a la clase me senté al lado de mis amigos y comenzamos a hablar de las chicas con las que habían pasado el fin de semana, nos encantaba conversar de estas cosas, mientras más detalles, mejor.
_ Yo estuve con una rubia... uf, tenía unas curvas. – mencionó Esteban, era hijo de uno de los socios de mi padre, así que nos conocíamos de toda la vida.
Comentarios así eran los que escuchábamos cada mañana con los chicos, supongo que era verdad lo de que éramos unos chicos promiscuos, que vivíamos el día a día sin importarnos que consecuencias pudiéramos obtener gracias a eso, pero no importaba, cada uno era precavido, a su modo.
Salimos de clase, estuvo más agotadora de lo normal y nos dirigimos a mi casa, teníamos que terminar un proyecto que teníamos más o menos casi terminado, pero de igual forma debíamos reunirnos.
Muchas veces hacíamos lo mismo, luego de eso volvíamos a comentar sobre nuestras nuevas conquistas, supongo que era un hobbie o queríamos demostrar cual de nosotros era el mejor conquistando corazones para luego terminar rompiéndolos, cosa que no era más ni menos para mí.
"Hola". – era un mensaje de aquella chica, Camila. Sonreí, seguramente también caería en mis manos.
"Hola, ¿Qué haces?". – respondí mientras trataba de poner atención a lo que decía Esteban
"Nada interesante". – respondió ella.
Ella causaba algo extraño en mí, no lograba descubrir qué, pero eso no me detendría, quería verla, si en sus fotos se ve así de excitante, me imagino cómo debe ser en persona, verla detenidamente, desnudarla y sentir su piel rozando la mía. Mi piel se erizó solo de pensar en aquello.
Nos quedamos viendo futbol en la tv y luego de eso cada quién para su casa, al fin mañana era fin de semana, eso significaba que descansaría un poco de todo el show de la universidad, pero entraría en el mundo en el que me quiere ver trabajando papá, sus empresas, desde pequeño me ha dicho que junto a mi hermano trabajaremos ahí y que llevaremos el negocio familiar mucho más alto de lo que él ha logrado.
Camila Sáez
Estaba en mi habitación, descansando, pensando, tratando de entender que era todo lo que había pasado hoy, tratando de entender porque Leonardo se había comunicado conmigo, y mayor aún, que había pasado con Adrián, seguramente hice algo que lo pudo confundir, pero no recuerdo que pudo ser.
Revisé mi teléfono y tenía mensajes de él y también de Leonardo, pero no respondería, no hoy, porque no quiero dormirme con aquella sensación si es que algo sale mal con respecto a mi relación con mi amigo, Julián, por su parte, ni siquiera se ha dignado a hablarme, supongo que, en ese punto, Adrián tenía razón, no tengo para que seguir con una relación que no me lleva a ningún lado.
Tampoco quise hablarle ahora, porque Adrián probablemente se daría cuenta de ello, así que decidí que mejor me enfrentaría mañana a aquellos tres hombres que me traían algo histérica y paranoica...
Al día siguiente, me levanté como es de costumbre, me preparé mi desayuno y luego me senté a leer un poco, me encantaba leer, sobre todo esas novelas en las que el amor siempre es más fuerte y duradero que las piedras que se ponen en el camino de aquellas parejas. Supongo que algún día encontraré un amor así, o eso esperaba... tenía la ilusión de que todos nacimos con la posibilidad de conseguir un amor así.
Tomé mi teléfono y me dispuse a contestar los mensajes que había dejado pendientes la noche anterior, primero comencé con Julián.
"Buenos días, ya me voy al trabajo". – mencionó él, sabía que debía acabar con todo esto.
"Tenemos que hablar, sabes que esto no está funcionando, esta relación no nos llevará a ninguna parte". – mencioné.
"¿Por qué lo dices?". – preguntó.
"Míranos, Julián, no nos vemos hace más de dos meses y con suerte me respondes los mensajes, con suerte me dices buenos días o buenas noches, no podemos llamar esto una relación, ni siquiera de amigos". – mencioné, no pude evitar que una lágrima cayera por mis ojos, aunque mis palabras sonaban frías como el hielo, la verdad es que igual me costaba decirlas, supongo que al final, yo si le quería.
"Como quieras". – respondió. – "Adiós". – agregó.
No alcanzaron a pasar diez segundos para que me bloqueara en aquella red social, luego de eso traté de responderle a Adrián, tenía cómo diez mensajes suyos, pero solo me enfoqué en el último.
"Entiendo que estés molesta o no comprendas lo que te revelé ayer, pero si lo deseas y si quieres, podrías olvidarlo y pensar que nuestra relación siga siendo la misma, de amigos, espero que veas este mensaje pronto". – había dicho, esperaba que todo lo que decía fuera de verdad.
"Entonces, cómo amigo, te digo que acabo de terminar mi relación con Julián, pero no quiero que de igual forma las cosas entre nosotros se confundan, yo te quiero como un amigo o hermano y eso no va a cambiar". – respondí, esperaba que lo tomara de la mejor manera posible.
"Está bien. Camila, me alegra saber que terminaste con ese imbécil que nunca supo apreciarte cómo la buena mujer que eres". – mencionó rápidamente, seguro estaba feliz de la noticia que acababa de decirle.
"Bueno, gracias por las palabras emotivas". – respondí.
"Es la verdad, cualquier hombre tendría suerte si se topa con una mujer la mitad de buena que tú". – mencionó nuevamente.
"Está bien, tengo que ir a hacer algunas cosas". – terminé de decir, esta conversación no debía salirme de las manos.
Dejé mi teléfono un rato en la mesa mientras iba a buscar algo para comer, amanecí con una ansiedad horrible, y no me gustaba sentirme así. El móvil vibró y revisé de que se trataba y era Leonardo, respondí casi de inmediato.
"Hola, haz estado un poco ocupada, al parecer". – escribió. Sabía que debía responderle antes, pero lo había pospuesto por alguna razón, no entiendo cual, pero bueno, ahora sí le escribiría.
"Hola, sí, un poco ocupada, pero ya solucionando algunos asuntos, solo espero que todo siga el rumbo que quiero". – escribí.
"¿Y que quieres?" – preguntó, ¿Qué debía responderle? ¿Se confundiría?
"Que las cosas no se salgan de mis manos". – respondí sonriendo a la pantalla.
"¿Eso que quiere decir?" – mencionó nuevamente, no sabía si explicarle el porqué o solo dejarlo con la duda, no quería ventilar mis problemas con alguien más y que no conocía.
"No te preocupes, yo sola me entiendo". – respondí.