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Lo que una vez fui

Lo que una vez fui

Autor: : Sandra Ramos.
Género: Romance
Elía Thomas Borní, es el dueño de la empresa Borní de la ciudad de Ábsit, es reconocido por su pésimo carácter y porque cada una de las secretarias que han trabajado para él, han pasado por su cama, pues ninguna mujer se puede resistir ante los atributos de Elías, pero todo eso cambiará al momento en que contrata a Vanessa, una excelente secretaria la cual no caerá ante sus juegos, de quién quedará perdidamente enamorado como nunca antes, pero su mayor error fue contratar al ejecutivo Alexander quién se convertirá en su mayor contrincante dispuesto a todo para conquistarla, un caballero apuesto y lleno de virtudes. Su rivalidad por conquistar el corazón de Vanessa los llevará a hacer cosas extremas y traspasar límites. ¿Por quién decidirá Vanessa?

Capítulo 1 Mudanza

Vanessa después de cinco horrendos años de vivir en casa de su tía; Martha, ha decidido mudarse a la ciudad de Ábsit junto a su pequeña hermana; Sofía de tan solo 10 años de edad, desde la muerte de sus padres, a Vanessa le ha tocado cuidar de su hermana.

Le ha tocado trabajar para la odiosa de su tía como su sirvienta con tal de tener un techo en donde dormir y que vieran por su hermana, además de tener que trabajar por fuera para llevarle más dinero a su tía, después de ahorrar el dinero suficiente Vanessa, ha tomado el coraje de irse lejos en un viaje sin retorno, a casa de su amiga de infancia Paola, será un largo viaje para Vanessa y su hermana, pero cualquier lugar será mejor que aquel infierno en el que vivió.

Mientras Vanessa viajaba junto su hermana hacía su nueva vida, en la empresa Borní todo está de cabeza, más con un jefe que amanece de pésimo humor cada que una de sus secretarias deja el empleo sin explicación alguna y le toca buscar a una en la última hora.

―Me has conseguido una nueva secretaria, necesito una maldita nueva secretaria, las anteriores han sido de lo peor, no me han servido para nada, solamente para satisfacer mis necesidades, así que será mejor que me consigas una nueva empleada pronto o de lo contrario serás tú la despedida ―habló Elías molesto.

―He conseguido una, pero tardará una hora en estar aquí ya que como mi llamada ha sido a última hora estaba en otro sitio ―respondió Fátima dejando unos documentos sobre el escritorio, saliendo de ahí.

― ¡Elías! ¡Elías! Desde cuando te has vuelto así ―bufó Richard, mientras cerraba la puerta.

―Si has venido aquí a decirme tus estúpidos consejos vete por el mismo lugar por el que has venido Richard, no quiero ver ni escuchar tu patética vos ―soltó Elías.

―Lo haré me marcharé, pero te diré algo, aunque no quieras escucharlo, un día las mujeres se cansaran de tus atributos y de que te diviertas con ellas y aquí estaré yo, burlándome de tus estupideces que has hecho; como el mejor amigo que soy ―respondió cerrando la puerta de golpe.

Elías tomó su agenda de la mesa y la aventó contra la puerta, pues las palabras de su amigo le habían dado en ese punto que le dolía y le ardían las verdades de su amigo, después de todo eso eran, eran verdades de parte de su amigo Richard, para él que solamente quería una secretaria para satisfacer a su amigo que siempre estaba deseoso por ser tocado por alguna bella mujer.

―Señor Elías, su nueva secretaria ha llegado ―habló Fátima dos horas más tarde desde el otro lado de la puerta dando tres golpecitos.

―Está bien Fátima, déjala pasar ―respondió Elías mientras acomodaba su saco y corbata

― ¡Buenas tardes, señor Elías! Soy Paola Münch, he venido para la entrevista de trabajo ―habló.

Elías la miró de pies a cabeza, pues Paola era una joven bellísima, sus ojos azules, cabello rojizo y tez clara la hacían ver perfecta ante los ojos de Elías, más con esa ropa que a pesar de que no mostraba nada a diferencia de sus secretarias anteriores, remarcaba los atributos de la joven, que al ver que Elías no apartaba su mirada de ella empezó a sonrojarse.

―No se diga más ¡Estás contratada! ―sonrió de manera picara.

―Pero ¿si ni siquiera me ha preguntado nada y ya estoy contratada? Es una locura ―remarcó Paola lo último sin entender nada.

―Sí, a como lo has escuchado, estás contratada empiezas desde ya, así que empieza a trabajar, debes de mantener al día todos y cada uno de estos papeles que están sobre mi escritorio, en orden alfabético y sin una pisca de suciedad ―señaló Elías la columna de documentos que estaban sobre su escritorio.

Paola empezaba a entender porque no le duraban mucho las secretarias a Elías, era un completo quisquilloso y pervertido jefe, trataría de resistir trabajar el tiempo que fuera necesario mientras conseguía un empleo mejor con un jefe que le diera su lugar, pero lo que más deseaba en esos momentos era tener la fuerza interior suficiente para no caer ante la belleza y coqueteo de aquel hombre, pues debía de recordar que era su jefe.

―Paola, ve a traerme una taza de café amargo ―habló Elías.

Elías no despegaba la mirada de Paola, pues en su mente solo estaba pensando en cómo hacerla suya, tenía muy en claro que ninguna mujer se resistía a sus encantos y ella no sería la excepción. Paola se levantó de su asiento caminando hacía la cafetería que si no mal recordaba la había visto en el segundo piso de la empresa, pues ese era el lugar de relajación de todos los trabajadores en su tiempo libre y le agradecían a Elías por haber hecho una cafetería.

― ¿Eres la nueva trabajadora de Elías? ―preguntó uno de los trabajadores.

―Sí, así es, soy Paola, la nueva secretaria del señor Elías ―respondió.

―Entonces ya debes de saber la fama que tienen sus secretarias ―comentó tomando un sorbo de café.

― ¿La fama? ―cuestiono confundida.

―Si, se dice que todas las secretarias que han trabajado para él han pasado por él, por cierto, soy Richard Black el mejor amigo de Elías―sonrió marchándose de ahí.

Las palabras de Richard habían sacado de lugar a Paola olvidándosele por completo que su jefe le había pedido un café amargo; echándole azúcar de más. Mientras iba de camino a la oficina de su jefe no podía sacarse de su cabeza lo que había dicho Richard, eso le dio un impulso más para no caer en la trampa de su jefe y recordar que era su jefe.

―Te has tardado demasiado, si sigues así de lenta no darás la talla en este trabajo, debes de ser rápida para todo ―remarcó Elías lo último ― ¿Qué mierda es esto? Te pedí un maldito café amargo y me has traído un café que me subirá aún más el azúcar ―gritó después de tomar un sorbo de café.

―Lo siento, no volverá a suceder, iré a traerle otro café ―se disculpó limpiando el escritorio de Elías.

―No, no me traigas nada se me ha quitado las ganas del café, saldré un momento, si alguien viene a buscarme atiéndelo ―ordenó Elías cerrando la puerta de golpe.

Aquel día de trabajo para Paola había sido un calvario, desde empresarios importantes hasta las que fueron las secretarias de Elías habían llegado a buscarlo esa tarde y él no aparecía por ningún sitio, Paola agradecía que al llegar a casa tendría con quien compartir esos pésimos días al igual que los buenos.

Mientras tanto Vanessa había llegado a su destino al momento en que un taxi se detuvo frente a una enorme casa.

―Creo que esta es la dirección que me ha dado Paola, aquí trataremos de ser felices Sofía, eso te lo aseguro ―sonrió Vanessa dándole abrazo a su hermana después de tan largo viaje.

"No me esperes temprano en casa, las llaves están en lo que más te gusta, hay comida para ti y Sofía, dale un beso de mi parte, acomódense y descansen "

Era la nota que estaba pegada en la entrada de la puerta de Paola, pues ella conocía muy bien los gustos de Vanessa y sabía lo inteligente que era su amiga como para averiguar donde había dejado las llaves pues no era nada del otro mundo, más si tenía una macetera de margaritas; sus flores favoritas, Vanessa puso ambas maletas en el suelo junto a su hermana, para mover con sumo cuidado aquella macetera y retirar las llaves de debajo, las tomó; colocó la macetera en su lugar introdujo la llave en el cerrojo y al abrir la puerta quedo boquiabierta, la sala de recibimiento era inmensa, Sofía fue la primera en entrar y luego Vanessa con las maletas, al entrar las recibió un exquisito aroma a lavanda y un pequeño cachorro que no dudo en lanzarse sobre los pies de Sofía, para ser acariciado, al cerrar la puerta y prender a luz Vanessa tuvo mejor visibilidad de aquel sitio, un pequeño espejo se encontraba al lado derecho, para que las personas que entraran se acomodaran el cabello debido a los fuertes vientos que habían por la época, Vanessa se sobre saltó un poco al verse lo desaliñada que lucía pues aquel viaje no había sido nada fácil, exactamente todo un día, había sido de vuelo y solamente como dos horas de descanso, Sofía y Vanessa venían muertas del cansancio, siguieron caminando hacía las escaleras donde estaba otra nota que había dejado Paola.

Capítulo 2 Acertijo

"Toma la habitación que está al final del pasillo la he amueblado para ustedes dos, no te preocupes si es un poco grande a diferencia de las demás quiero que tengas la mejor vida que deseaste para Sofía y para ti, después de todo para eso somos amigas"

Vanessa, se alegró al leer aquella nota, unas lágrimas recorrieron su mejilla, pero las limpio rápidamente para que su hermana no las mirara.

―Esta casa es enorme, Vane ¿dónde dormiremos? ―preguntó Sofía con su voz dulce y tierna que alegraba el corazón de cualquiera.

―Ya lo veremos, según esta nota que nos ha dejado Paola, queda al final del pasillo, ayúdame con tu pequeño bolso mientras yo subo las maletas y por favor no corras mientras subes las escaleras, Sofía ―recordó Vanessa, a su hermana quién estaba muy emocionada.

― ¡Te gane, te gane! ―gritó Sofía haciendo pequeñas muecas que soltaron una carcajada a Vanessa.

―Está bien, ahora espérame ahí, subir las escaleras con dos maletas es lo más difícil ―resoplo.

Por fin había terminado Vanessa de subir con las maletas, Sofía, se encontraba sentada en el piso esperando por su hermana, pues las energías de aquella niña se iban apagando apenas pasaban los minutos. Colocó las maletas a un lado del ropero y le pidió a Sofía que tomara una ducha mientras desempacaba, Sofía llegó brincando hasta la puerta del baño, detrás de ella iba Vanessa quién llevaba la toalla y demás cosas que ocuparía Sofía luego de que terminara de tomar una ducha. sentía un poco de nostalgia al ver las fotos de sus padres que las acompañarían a donde fueran, limpió sus lágrimas y continuo en lo que estaba. Sofía había terminado de tomar una ducha y salió del lugar para que su hermana le hiciera aquel peinado de bellas trenzas que tanto le gustaba.

―Sofí, hoy no te haré trenzas dejare tu cabello suelto para que se seque bien aún lo tienes húmedo, luego te las haré ahora dime ¿tienes hambre? Si es así bajaré a buscar algo para que comamos ―sonrió Vanessa mientras cepillaba el cabello de su hermana.

―No tengo hambre, pero si mucho sueño ―respondió.

Sofía se subió a la cama que Vanessa le indico esperando a que su hermana le cantará aquella canción que tanto le gustaba. Vanessa terminó con su maleta dejando para después la de su hermana, caminó hasta la cama a cantarle la canción que tanto le gustaba, quedándose dormida profundamente junto a su hermana.

Mientras tanto Elías había regresado a la empresa horas más tarde del lugar al que había ido, pero no había regresado solo, una mujer que parecía modelo había venido con él.

―Paola, no dejes que nadie entre ni siquiera tú, a menos que yo te lo ordene ―habló Elías.

Paola hizo lo que Elías le había pedido, esas dos horas no dejó que nadie entrara a la oficina de su jefe, pues nadie se atrevía a entrar después de todo los quejidos que se escuchaban de parte de la mujer con la que estaba Elías, Paola se encontraba molesta ya que aquellos sonidos no la dejaban concentrarse en su trabajo, así que optó por tomar su celular y auriculares y colocarlos en sus oídos mientras aquella pesadilla para ella terminaba. Había pasado una hora más hasta que por fin aquella mujer había salido de la oficina y la paz regresaba a los rincones de la oficina en la que se encontraba Paola y a sus oídos.

―Paola, necesito un informe de todas las personas que vinieron a buscarme desde que salí de la oficina hasta ahora ―ordenó Elías.

―Aquí está el informe de todo lo que me ha pedido, está en orden alfabético a como a usted le gusta que le entreguen los documentos ―dijo de mala gana.

Elías tomó los documentos pidiéndole a Paola que saliera de ahí, leyó detalladamente hoja por hoja y letra por letra de aquel documento, al terminarlo de leer le entregó el resumen a Paola de lo que debía de aceptar y lo que no.

―Ah, Paola, se me olvidaba ¿tienes planes para esta noche? ―preguntó sin rodeo alguno.

―No, no los tengo ¿Por qué pregunta? ―respondió

―Ven a cenar esta noche conmigo y no acepto un, no, por respuesta ―ordenó Elías.

Aquella idea no le gustaba del todo a Paola, pero no podía rechazarla en su primer día de trabajo. Llegó la hora de salida, todos se fueron quedando solamente Paola y Elías en aquella empresa, quien minutos después salió

―Sígueme ―ordenó Elías.

Paola iba detrás de él, aquella idea aun le seguía molestando, odiaba la hora en que había aceptado salir a cenar con su jefe en su primer día de trabajo, pues Elías no le había dejado otra opción más que ir con ella.

― ¿A dónde iremos? ―pregunto

―Al restaurante que queda a unas calles de aquí, por el dinero no debes de preocuparte, yo pago ―sonrió Elías de manera pícara.

Aquel acto de niño rico le había molestado aún más a Paola, odiando más aquella salida con su jefe. Llegaron al restaurante, y Elías había sacado su lado caballeroso, todos los empleados de aquel restaurante lo conocían y hasta sabían con exactitud lo que él ordenaba para su acompañante como también para él.

― ¿Un Risotto? En serio, has ordenado un Risotto para mí ―habló Paola de mala gana.

― ¿Acaso no te gustan? ―preguntó Elías.

―No, no me gusta este platillo, pero no lo rechazaré en cambio pediré algo que a mí me guste ―sonrió Paola de manera retadora haciendo una señal para que el mesero llegara.

―Si señorita ¿Qué ordenará? ―preguntó el mesero.

―Puedes traerme una botella del mejor licor que tengas, es para mejorar la expresión de este hombre ―respondió de manera burlona.

―En seguida señorita, el mejor licor que tenemos es uno nuevo que recién está llegando a esta ciudad es el tequila ―habló el mesero marchándose de ahí

― ¿Tequila? ―preguntó Elías fuera de lugar.

―Si, es un licor que al ponerlo en tu boca es suave, pero cuando pasa por tu garganta se vuelve caliente además es para celebrar mi empleo y la salida con mi jefe ―sonrió.

Elías no era bueno con el licor, pero seguiría el juego de Paola para ver por cuánto tiempo más resistía a sus encantos y coqueteo, aunque había empezado con el pie izquierdo por la elección del platillo. Habían terminado de comer, para empezar el brindis, Paola empezaba la ronda de bebidas, Elías apenas podía hacer que el trago pasara por la garganta haciendo miles de gestos, la botella de tequila iba a la mitad y todo porque Paola era la que estaba bebiendo, ya que su jefe no había resistido ni cinco tragos cuando ya estaba fuera del lugar, pidió la cuenta y terminó siendo ella la que pagó todo, porque su jefe había olvidado la billetera en la oficina.

―Señorita, antes de que se vaya esta es la dirección del señor Borní, le ayudaremos a llevarlo hasta su carro ―comentó uno de los empleados.

Capítulo 3 Feliz cumpleaños

Paola agradecía aquel gesto, lo subieron al asiento trasero del coche, sacó las llaves del bolsillo de Elías para conducir hasta la dirección que le habían dado, al llegar a la casa de Elías los portones fueron abiertos, sin saber si era él el que venía en el coche.

<> pensó Paola.

Estacionó el coche frente a la puerta y caminó hasta la entrada de la casa de la casa, saliendo Richard a recibirlo.

―Elías qué bueno que has llegado ―habló Richard ―Tú no eres Elías ―añadió con un gesto de disgusto.

―No Richard, tu amigo, Elías, está en el asiento trasero ebrio, vine a dejarlo y avisar para que alguien lo sacara de ahí, ahora si me disculpas debo de irme ―habló Paola marchándose de ahí.

Después de tomar un taxi había llegado a su casa, su pequeño cachorro había llegado a recibirla, lo cargó entre sus brazos, poniendo su bolso sobre la mesa, subió escaleras llevando los tacones en la mano, pues había sido un día cansado para ella, se dirigió a la habitación que había arreglado para Vanessa al ver la puerta un poco abierta, ahí estaba, su amiga de la infancia dormida con la pequeña Sofía en brazos, camino sin hacer ruido alguno para no despertarlas, las cubrió con una sábana y apagó las luces, salió de ahí con una sonrisa, aunque con el corazón partido al ver lo delgada y cansada que se miraba su amiga, pues tenía unas horribles ojeras que mataban toda su belleza, caminó con Ludy su perrito entre brazos hasta su habitación.

A la mañana siguiente Paola había despertado gracias a un exquisito aroma de huevos con tocino frito que invadía toda la casa, se levantó de la cama, tomó una ducha, cepillo su cabello y sus dientes para luego salir en busca de donde provenía aquel aroma, al llegar a la cocina se encontró con Sofía sentada en una de las sillas esperando a que Vanessa hiciera el desayuno, corrió hasta donde estaba Sofía y la abrazó, llorando de la emoción, caminó hasta donde estaba Vanessa quién no podía creer que estuviera frente a ella, se sentía llena de emociones al ver a su amiga, dejó a Sofía en la silla y corrió a abrazar a Vane, estaban tan emocionada que se olvidaron por completo de la comida que estaba en la cocina echándola a perder.

―No te preocupes por la comida Vane, yo la voy a preparar toma asiento a la par de Sofia, ustedes son mis invitadas ―sonrió dirigiéndose hacia el refrigerador.

―No, yo lo haré Paola, después de todo debo de agradecerte lo que has hecho por mi ―comentó Vanessa.

― ¡Ah! Vamos Vane, me agradecerás después ahora, debo de ser yo quién te atienda a ti y a la bella Sofía ―sonrió Paola ―Y dime ¿Sofía estudiaba allá donde vivían? ―preguntó

―No, no pude hacer que ella estudiara allá, todo el dinero que obtenía pasaba a manos de mi tía solo ahorraba una cuarta parte, tuve que buscar varios empleos para ahorrar dinero suficiente para poder viajar hasta aquí y traer dinero para ayudarte con los gastos ―respondió Vanessa.

―Entonces Sofía, no sabe ni leer, ni escribir ―habló Paola.

―Si sabe, ya que en los días libres le enseñe lo básico, no sabe muchas cosas, pero si lo suficiente ―sonrió apenada.

Mientras Paola y Vanessa se ponían al día de las cosas que pudieran en el poco tiempo que le quedaba antes de irse a trabajar, Elías recién despertaba con una horrible migraña, no recordaba mucho de lo sucedido en la salida con Paola.

―Elías que bajo has caído ¿una mujer viniéndote a dejar? No lo puedo creer ―reía a carcajadas Richard al contarle a Elías lo sucedido

― ¿Paola vino a dejarme? ―cuestionó de manera incrédula.

―Si, así fue, venías dormido en el asiento trasero, ella dejo las llaves y se miraba molesta, no tardo nada aquí, solo medio las llaves y se marchó ―respondió ―Ahora pensándolo mejor la hubiese acompañado a tomar un taxi, soy un idiota ―dijo en voz alta Richard.

― ¿Acaso te gusta mi secretaria? ―preguntó con curiosidad.

―No, no es mi tipo ―mintió Richard.

Paola lo había cautivado desde la vez que se toparon en la cafetería, era la mujer con la que había estado soñando, pero gracias a la maldita reputación que su mejor amigo les había dado a las secretarias no podía salir con ella.

―Hey, te estoy hablando ―soltó molesto.

― ¿Qué decías? ―preguntó.

―Decía que si quieres puedo invitarla a cenar este fin de semana que invite a una amiga o a alguien que ella quiera y yo te invitaré a ti, más que todo será una disculpa por la mala noche que la hice pasar, no sé cómo la veré el día de hoy ―habló Elías sonrojado.

―La miraras normal y me parece buena la idea de la cena, verá realmente cómo se comporta un caballero y un patán como lo que eres, mi querido amigo ―sonrió Richard marchándose de ahí.

Richard mejor que nadie sabía cómo le molestaba a Elías que le dijeran sus verdades en la cara, más si venían de Richard quien siempre había sido todo lo que Elías alguna vez soñó.

Paola agradecía que las horas de trabajar para Elías habían pasado rápidas y así mismo pasó la primer semana de trabajo de Paola, quién al llegar del trabajo le contó a Vanessa acerca del plan que tenía su jefe de una cena doble, le rogó a su amiga para que la acompañara ya que no podía decirle que no a su jefe, Vanessa terminó aceptando aunque no sabía qué hacer con Sofía no quería dejarla sola en casa, aunque sabía lo independiente que era Sofía.

―No puedo dejar a Sofía sola, Paola, ella es muy pequeña aun para dejarla sola aquí ―habló Vanessa.

―Podemos llevarla ―respondió Paola.

―No crees que será mala idea, iremos a un lugar en el que solo estarán personas adultas, creo que Sofía no se sentiría del todo cómoda en un lugar así ―comentó Vanessa.

―Tienes razón, pero yo se lo inteligente que es Sofía, ella no hará ninguna travesura estando aquí sola, además tengo sistema anti incendio, no debes de preocuparse por eso ―sonrió Paola.

Vanessa terminó aceptando la propuesta de su amiga de mala gana, aunque sabía que Sofía no era una niña inquieta, podía pasar viendo un mismo programa de televisión que la entretuviera toda la noche si era posible.

―Está bien iré, pero no sé qué llevar, no tengo la ropa adecuada para eso, además no me gustaría gastar dinero en un vestido que solo ocuparé una noche y luego terminará en el ropero guardado por quién sabe cuánto tiempo ―habló Vanessa.

―Por el vestido es lo de menos, puedo prestarte alguno de los míos o no, iremos a comprar un vestido para la ocasión, sí, eso será lo mejor, no debes de preocuparte por el dinero, ese será tu regalo de cumpleaños, que recordándolo bien es el mismo día de la cena ―sonrió Paola.

Era viernes por la noche y Paola a pesar de haber llegado del trabajo no se encontraba cansada si se trataba de pasar el tiempo pensando en que se pondrían el día siguiente por la noche, a Vanessa le estaba ganando el sueño, pues anduvo varias horas dejando sus papeles en las diferentes empresas que habían en Ábsit, al igual que pasó por el colegio que quedaban a tres calles de donde estaba viviendo, pues creía que era tiempo de que Sofía estudiara e hiciera amistades.

―Paola, no podríamos hablar de eso mañana ya estás hablando dormida, ve a dormir mañana nos levantaremos temprano e iremos por la mañana a comprar ahora vamos a dormir ―sonrió Vanessa mientras trataba de ocultar un bostezo.

―Está bien, vayamos a dormir, déjame ayudarte con Sofía, yo la llevaré ―habló Paola poniéndose de pie para cargar a Sofía y llevarla a la habitación.

Paola se sentía feliz de estar en aquella enorme casa ya no tan sola a como lo estaba antes, que su única compañía era Ludy, a pesar de que sus padres eran las personas más ricas de Éire, Paola decidió dejar las riquezas de sus padres por seguir sus sueños de ser secretaría y tener una vida más alejada del bullicio de las personas de la clase alta como lo eran sus padres, Vanessa jamás entendió porque su amiga renunció a tan gran prestigio para tener una vida como la que llevaba, pero aceptaba a Paola a pesar de todas las cosas, después de todo fue gracias a esa decisión que tomo Paola que la amistad de ellas aún seguía en pie.

Era 27 de agosto, lo que significaba que era el cumpleaños de Vanessa y la cena doble planeada por Elías el jefe de Paola. Eran las 7 de la mañana y Vanessa aun no despertaba, mucho menos Sofía, en cambio, Paola no había podido dormir del todo bien, se encontraba ansiosa por la cena de esa noche, pero más que todo por saber quién sería él o la acompañante de su jefe, Paola caminó hasta la habitación de Vanessa tirándose sobre la cama para despertar a su amiga, Ludy venía detrás de ella emocionado al igual que Paola, pero su amiga estaba despierta, al igual que Paola, Vanessa tampoco había podido dormir en cambio Sofía estaba profundamente dormida, Vanessa se levantó de la cama sin hacer ruido alguno, tomo una ducha rápidamente, cepillo su cabello y lavo sus dientes, pues quería que el agua le quitara todo aquellos pensamientos que tenía en su mente y la relajaran un poco más.

―Paola ¿Qué haces aquí? ―preguntó Sofía mientras se acomodaba en la cama para quedarse dormida nuevamente, lo que la hizo reír.

―No te preocupes por Sofia, es así, al principio me asustó cuando hizo eso la primera vez, pero después ya no ―menciono Vanessa saliendo del baño.

― ¿Desde cuándo empezó eso en Sofía? ―preguntó Paola preocupada.

―Empezó desde que yo salí de casa de mi tía para ir a trabajar, me di cuenta que Mary, la hija mayor de mi tía ocupaba a Sofía como su empleada, además de que si no hacía las cosas bien la golpeaba ―habló Vanessa ―Cuando me di cuenta de eso me enfade mucho con Mary y la golpee, mi tía ese día dejo de cuidar a Sofía y me toco llevarla al trabajo conmigo ―añadió.

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