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Los Mellizos del CEO

Los Mellizos del CEO

Autor: : Hani
Género: Romance
Tras descubrir a su esposo Lucas con su amante y sufrir la humillación de su suegra, Paola huye y vive una noche con un desconocido que años después descubre que es Dereck Maxwell, el poderoso CEO de Maxcom... y el padre de sus mellizos. De regreso a la ciudad con sus hijos, consigue trabajo en Maxcom y se ve atrapada entre un jefe acosador, intrigas mediáticas y el peligroso magnetismo de Dereck. Un anillo de su madre hallado en la oficina del CEO sugiere que alguien movió los hilos para reunirlos. Paola deberá decidir entre revelar la verdad y arriesgarse a perderlo todo, o guardar el secreto y renunciar a su propio futuro.

Capítulo 1 La noche en el bar

Paola Fischer había llegado temprano a casa aquel día, algo que no era habitual. Era una tarde cálida, de esas en las que el sol se filtraba por las ventanas y daba al ambiente un toque dorado, casi mágico. Aquel brillo especial hacía que la casa pareciera más tranquila, más segura. Como si nada pudiera romper la paz de ese hogar, un espacio que ella y Lucas habían construido juntos durante los últimos tres años.

Subió las escaleras con una ligera sonrisa en el rostro, imaginando que sorprendería a Lucas trabajando en su despacho o preparándose para alguna reunión de última hora. Paola amaba esos pequeños momentos de complicidad y sorpresas entre ellos. Sin embargo, mientras se acercaba a la habitación, una extraña sensación comenzó a instalarse en su pecho, como un leve presagio que no lograba identificar del todo.

Al abrir la puerta, aquella sensación se transformó en algo que jamás había sentido. El aire en la habitación estaba cargado, y lo primero que vio fue a Lucas, quien la miró desde la cama al escuchar el ruido de la puerta abrirse, paralizado, con el rostro lleno de sorpresa. A su lado, enredada entre las sábanas, estaba Rose Evans, su secretaria, cuya mirada reflejaba burla y desafío.

Paola sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. Aquel lugar, que había sido su refugio, ahora se volvía en su contra, transformándose en una prisión que le recordaba la peor traición. No había gritos ni palabras; el silencio era desgarrador, más ruidoso que cualquier reclamo que pudiera hacer.

Paola sentía un frío inexplicable en su cuerpo mientras miraba a Lucas y a Rose, todavía enredados entre las sábanas de la cama matrimonial. El silencio de la habitación era denso, tanto que le pesaba en el pecho. Durante largos segundos, no encontró palabras, pero finalmente, con una voz que intentaba no quebrarse, soltó la pregunta que martillaba su mente.

-Lucas... ¿por qué?

Lucas suspiró y giró los ojos, casi como si la respuesta fuera evidente, como si su pregunta le pareciera una molestia. Se enderezó lentamente, lanzándole una mirada cargada de desdén.

-¿Por qué? -repitió con tono burlón, como si fuera una broma-. Estoy cansado de ti, Paola. Eres tan... tan frígida. Hasta tener relaciones contigo es aburrido, un esfuerzo inútil.

Las palabras cayeron sobre Paola como una bofetada, un golpe que jamás había anticipado recibir. Sentía su rostro arder, pero no era de ira, sino de humillación. Era como si Lucas se hubiera propuesto destruirla palabra por palabra. Lo miró, incrédula, intentando encontrar algo en sus ojos que desmintiera lo que acababa de escuchar, pero solo halló frialdad y desprecio.

Paola apenas podía sostenerse en pie. Nunca en su vida se había sentido tan indefensa, tan expuesta. Entonces miró a Rose, que seguía recostada en la cama, bajo las sábanas de su matrimonio, observándola con una sonrisa cargada de suficiencia. Paola notó el brillo de triunfo en su mirada; se estaba divirtiendo con su humillación.

-Creo que ya es hora de que aceptes la realidad, Paola -dijo Rose, acomodándose entre las sábanas, sin siquiera disimular la satisfacción que sentía-. He sido su amante por mucho tiempo, pero ya no quiero seguir escondiéndome. Tú solo eras un estorbo en su vida, una carga... y bueno, ya no lo eres.

Cada palabra de Rose era un veneno que se iba acumulando en su pecho. No tenía fuerzas para responder, ni siquiera para enfrentar a aquella mujer que estaba robándole lo que más había querido en el mundo. Sentía que algo se desgarraba dentro de ella, como si cada fibra de su ser estuviera rompiéndose en pedazos.

Con una mano temblorosa sobre el pecho, dio media vuelta, decidida a escapar de aquel lugar que antes llamaba su hogar. Solo quería desaparecer, dejar de sentir. Quería que el dolor se apagara de alguna forma, aunque solo fuera por un momento.

Pero al girar hacia la puerta, se detuvo de golpe. Allí, de pie en el umbral, estaba su suegra, observándola con una expresión que mezclaba sorpresa y desaprobación. La madre de Lucas, quien siempre había sido fría y reservada con ella, tenía ahora una mirada penetrante, como si supiera todo lo que acababa de suceder en esa habitación.

Capítulo 2 La traición

-Paola -dijo con voz seca-, ¿qué está pasando aquí?

Paola tragó saliva, sin poder decir una palabra. Sabía que cualquier intento de explicación sería inútil, que su suegra probablemente culparía a la "frialdad" que su hijo le había arrojado como si fuera una excusa para justificar su infidelidad. Sintió cómo el peso de todo aquello la aplastaba, como si la tierra misma quisiera tragarla entera.

Sin mirar atrás, Paola salió de la habitación, ignorando las miradas de Lucas y Rose, que aún parecían disfrutar su derrota. Caminó por el pasillo como si estuviera en un trance, como si su alma se hubiese quedado atrapada en ese cuarto.

Sin embargo, antes de llegar a las escaleras, sintió una mano firme en su brazo que la detuvo. Se giró lentamente, con los ojos empañados y la respiración temblorosa, y vio a Brenda, su suegra, que la miraba con una mezcla de desprecio y satisfacción.

Por un instante, Paola pensó que Brenda, la madre de Lucas, quien rara vez le había mostrado afecto, podría al menos tener un poco de empatía en ese momento. Pero la mirada de Brenda era dura, sin un atisbo de compasión. Paola intentó hablar, pedir una mínima comprensión, pero Brenda la interrumpió antes de que pudiera siquiera abrir la boca.

-Es lo menos que te mereces, Paola -dijo Brenda, con un tono cortante, casi venenoso-. Mi hijo no necesitaba una mujer como tú. ¿Qué clase de esposa no puede darle a su marido un heredero?

Paola sintió cómo las palabras de su suegra se clavaban en ella como puñales. La humillación que había experimentado hacía unos minutos en la habitación con Lucas y Rose ahora se multiplicaba. Sintió cómo sus defensas se desmoronaban, y aunque quería mantenerse fuerte, Brenda continuaba lanzándole reproches con frialdad.

-Eres la única responsable de esto. Lucas tuvo que buscar consuelo en otra mujer porque tú no fuiste suficiente, porque te empeñaste en hundirlo en la miseria de un matrimonio vacío, sin hijos, sin una familia de verdad. Una mujer que no puede cumplir con el deber de dar un heredero solo trae desgracia -continuó, cada palabra cargada de desprecio-. Y eso es lo que has hecho, Paola: arrastraste a mi hijo a tu propio fracaso.

Las palabras de Brenda se repetían en su mente como un eco, mientras Paola intentaba procesar la frialdad de cada acusación. Ella sabía que los problemas de fertilidad que habían tenido eran un tema delicado, un dolor silencioso que llevaba en el fondo de su alma y que Lucas siempre había tratado de ignorar o minimizar. Pero jamás pensó que aquel dolor se volvería un arma en su contra, en el momento en que más vulnerable se encontraba.

Por un instante, se sintió responsable, culpable de haber sido "insuficiente," de no haber cumplido con las expectativas de Brenda y Lucas. Durante años había sentido el peso de esa responsabilidad, y ahora, en medio de su dolor, comenzó a creerlo. Quizás era cierto, tal vez había sido ella quien había fallado, quien había arruinado todo desde el principio.

Brenda, viendo su silencio y la confusión en su rostro, esbozó una sonrisa cruel, como si el triunfo fuera suyo. Soltó su brazo, dejándola allí, destrozada y en completo silencio, sabiendo que había dejado una herida que sería difícil de sanar.

Paola apenas podía respirar. Con el corazón destrozado y la mente atormentada, salió de la casa sin mirar atrás. Sabía que había perdido todo: su matrimonio, su dignidad, y ahora, al parecer, hasta la certeza de quién era ella misma.

Paola subió a su auto con las manos temblorosas y el corazón destrozado. No tenía rumbo, pero sabía que necesitaba escapar, perderse en algún lugar donde pudiera dejar que el dolor fluyera, aunque solo fuera por unas horas. Manejando sin rumbo, terminó frente a un bar discreto y oscuro, el único lugar donde sabía que nadie la reconocería y donde podría ahogar sus penas sin ser molestada.

Capítulo 3 El engaño

Entró, pidiendo una copa casi sin mirar al barman, y se sentó en una esquina aislada. Las luces tenues del lugar y el murmullo de las voces la envolvieron, dándole una efímera sensación de anonimato y soledad. A medida que el alcohol comenzaba a hacer efecto, Paola dejaba que los recuerdos y las palabras hirientes de Lucas se diluyeran, aunque el efecto era efímero. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Lucas y Rose en su cama reaparecía, como una pesadilla de la que no podía despertar.

-¿Cómo pude ser tan ingenua? -se dijo en voz baja, con una mezcla de furia y tristeza.

Pensó en los tres años de su vida entregados a un hombre que, al final, la había traicionado de la forma más cruel. Lucas había sido su refugio, su compañero... o al menos eso había creído. Recordó las veces que intentaron formar una familia, los silencios incómodos que surgían cuando se hablaba del tema y las promesas de que todo estaría bien. Ella había hecho lo imposible por complacerlo, por ser la esposa que él esperaba, mientras él le ocultaba a su amante a plena vista.

El licor empezaba a entumecerle el cuerpo, pero su mente seguía atrapada en el tormento de las imágenes de esa tarde. La imagen de Lucas y Rose, entrelazados en la cama que compartían, aparecía en su mente con cruel nitidez. Podía escuchar la voz fría de Lucas, diciéndole que era frígida, que estar con ella era un tedio. ¿Cómo había podido soportar algo así? ¿Cómo había permitido que su amor se transformara en una cadena que la arrastraba hacia el sufrimiento?

Mientras bebía y las horas pasaban, el rostro de Rose se burlaba de ella en su mente, aquella expresión de satisfacción mientras la observaba sufrir. Rose siempre había estado allí, en la oficina de Lucas, ocupando un lugar en su vida que ahora sabía había sido mucho más importante del que ella había imaginado. Cada sorbo de su bebida parecía alimentar esa imagen, y Paola se sentía incapaz de alejarla de su cabeza.

-¿Por qué... por qué me hiciste esto, Lucas? -susurró al aire, como si de alguna manera él pudiera escucharla y darle una respuesta.

Estaba en ese punto, donde el dolor y la rabia se mezclaban en un cóctel que la hacía sentir vulnerable y agotada.

El tiempo se deslizó entre sus dedos como el hielo en su vaso. Paola había estado sentada en aquel lugar mientras las horas se acumulaban y el dolor en su pecho comenzaba a sentirse más ligero. Pero la noche no duraría para siempre, y cuando el reloj marcó la una de la madrugada, el barman se acercó con una expresión seria.

-Señorita, creo que debería irse a casa. He llamado a un Uber para usted.

Ella frunció el ceño, sintiendo que la realidad la golpeaba nuevamente. No quería irse, no quería enfrentar la soledad de su hogar ni recordar lo que había perdido. Quería seguir bebiendo, perderse por completo en el olvido.

-No, por favor... -murmuró, intentando aferrarse a la barra mientras el mundo a su alrededor se movía un poco más de lo habitual.

Pero el barman era firme, y con la ayuda de uno de los guardias del bar, la tomaron por el brazo y la llevaron hacia la salida. Sus protestas eran poco más que un murmullo incoherente mientras intentaba resistirse, pero era inútil. El guardia no dijo nada, solo la condujo hasta la acera, donde la dejó plantada, tambaleándose y perdida en sus pensamientos.

La brisa fresca de la noche le dio un soplo de claridad, pero aún así no podía sacudirse la sensación de angustia. ¿A dónde iría? No quería regresar a casa de Lucas. Mientras trataba de orientarse, un auto negro se detuvo frente a ella. Paola, con la mente nublada por el alcohol, pensó que era el Uber que había llamado el barman. Sin pensarlo dos veces, abrió la puerta y se deslizó hacia el asiento trasero, ignorando cualquier precaución.

Cuando se acomodó, se dio cuenta de que no estaba sola. Un hombre, de cabello oscuro y mirada intensa, la observaba con curiosidad desde el mismo asiento. La sorpresa se dibujó en su rostro al verla.

-Ups, creo que este no es mi Uber -su tono revelando una mezcla de preocupación y confusión.

Paola parpadeó, aún tratando de entender lo que estaba sucediendo. Se sentía mareada, como si el mundo girara a su alrededor. Apenas recordaba cómo había llegado hasta allí, pero algo en la mirada de aquel desconocido le daba una sensación de escalofrió.

Paola trató de decir algo más cuando su mirada se nubló y calló sobre los brazos de ese hombre, inconsciente, había llegado a su límite.

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