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Los chicos también se enamoran

Los chicos también se enamoran

Autor: : Nieves Gómez
Género: Romance
Leonardo Harrison es un joven guapo, divertido y sexi estudiante universitario, el más deseados de la institución. Él conoce a Anabel, la nueva y linda chica que acaba de ingresar en la universidad, cómo todo buen mujeriego, trata de seducirla, cosa que no da un buen resultado; sin embargo, esto dará paso a una profunda amistad entre ellos, en la que, es él quien termina enamorándose de ella. Sin embargo, Leonardo termina convirtiéndose en el mejor amigo de Anabel, además Anabel tiene un novio a quien ama con locura y Leonardo tiene miedo del rechazo de Anabel si confiesa sus sentimientos. Una historia de amor contada desde el punto de vista del chico, dónde nos presenta sus miedos e inseguridades y el crecimiento del personaje, así como quienes los rodea. ¿Conseguirá Leonardo el amor de Anabel?

Capítulo 1 Introducción

- ¡PORQUE TE AMO! ¡ESTOY ENAMORADO DE TI! ¡ESTOY LOCO POR TI! – Grité con todas mis fuerzas, exasperado y sin aliento.

Ella estaba parada frente a mí, a unos metros, sus ojos, que estaban cristalizados por las ganas de llorar que sofocaba, se abrieron como platos y se puso algo pálida; mientras que yo, no podía dejar de mirarla fijamente, con la respiración agitada. "¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡La cagué!" Solo eso pensaba, no sé por qué lo hice, solo brotó de mí en el momento, como vómito verbal, sin poder contenerlo, fue un momento de desesperación.

Jamás hubiera creído que me confesaría así. Al enamorarme de ella, al enterarme de que podría tener una oportunidad con ella, lo imaginé diferente. ¡Diablos! Si hasta lo planeé. Lo repetía cada vez todo en mi mente y de la forma más romántica. No es que hubiese supuesto que siendo romántico, la confesión de mis sentimientos funcionaria y que ella inmediatamente caería a mis pies, ella no es ese tipo de chicas.

Nada más quería ofrecerle algo diferente, algo nuevo; quisiera haber podido mostrarle con un bonito gesto, todo lo que le puedo ofrecer, que puedo ser lo que ella quiera, ¡Hasta romántico! Si es que a ella eso le gusta.

En fin... Seguíamos allí parados uno frente al otro, ella seguía sin decir palabra, sus expresiones cambiaban a cada segundo, parecía ¿Sorprendida? ¿Asustada? ¿Enojada? Aunque la conocía desde hacía tres años y me había dedicado en ese tiempo a observarla, analizarla y estudiarla, en este preciso momento no podía adivinar o imaginar lo que ella pensaba, no podía saber y eso me frustraba.

Había pasado un minuto, pero para mí, se sentía como una hora; mi respiración ya se había normalizado, pero podía ver cómo ella seguía agitada. De pronto la vi observar alrededor, lo que la hizo tensarse más y nuevamente me miró sonrojada, bajando la mirada. Su actitud me hizo notar, que a nuestro alrededor se agolpaban las personas, prácticamente toda la universidad estaba detenida en nuestra periferia observándonos y murmurando, "¿Es que no tienen nada que hacer?" reflexioné, "¡Mierda! ¡Si es el intermedio para el almuerzo! Todos están libres", lo había olvidado.

En ese momento, la ira se comenzó a apoderar nuevamente de mí, el ver todas esas personas chismosas descaradamente a nuestro alrededor. Debió ser muy visible mi rabia porque al volver la vista hacia ella, movió ligeramente la cabeza en negación; ella sabía lo que yo pensaba, sabía que empezaría a vociferar para todo el mundo insultos y ella, con un simple gesto, me detuvo.

Yo imaginaba lo que murmuraban a nuestro alrededor, "El playlover enamorado de su mejor amiga, ¡Qué cliché!", pero eso no me importaba. Volví a olvidar que toda esa gente estaba a nuestro alrededor, mi mente se concentró en algo más; el hecho de que ella me haya hecho un pequeño gesto para detenerme, de que por fin reaccionará de alguna forma hacia mí, me dio también una pequeña esperanza; así que di un paso hacia ella para acortar el espacio entre nosotros, solo tres metros nos separaban.

Ella vio mi intención y como un animalito asustado que está al acecho del cazador, dio un paso hacia atrás lentamente. Pude ver en sus labios un "No", con esa mirada determinada. Los murmullos a nuestro alrededor aumentaron, ella se ponía roja, se estaba enojando y estaba muy avergonzada, lo sé, la conozco y ¡Por fin podía entender su expresión!.

- Anabel. - Susurré.

Estire mi mano hacia ella muy lentamente, con cuidado de no asustarla, "¡Qué estupidez! ¡¿Por qué con ella todo tiene que ser tan complicado?!". No funcionó, ella se sobresaltó y sin más, rápidamente dio media vuelta, salió corriendo, a toda la velocidad que podía, como yo nunca había visto correr a nadie y menos a ella, hacia la salida de la universidad, dejándome completamente perplejo, congelado, sin saber qué hacer.

Amigos, chicas, ¡Así fue mi primera confesión de amor! ¡Qué mierda!.

Mi nombre es Leonardo Harrison y les explico, soy el típico chico guapo, atlético, divertido, playlover o mujeriego, cómo deseen llamarlo... ¡El típico cliché!. Pero ojo, no soy tóxico, ni egocéntrico (bueno un poco), no tengo traumas infantiles o familiares, no me gusta andar humillando a nadie... En general, soy un buen muchacho al que solo le gusta mucho el sexo.

Cuando hablo de que es mi primera confesión, lo digo porque nunca me he enamorado, ¡Nunca! He salido con muchas chicas, con la mayoría exclusivamente tenía sexo por una noche, con algunas privilegiadas, llegué a tener noviazgos de uno, dos o hasta tres meses, pero únicamente porque eran superardientes en todos los sentidos; y luego, terminaba por aburrirme y las dejaba.

¡Claro! Siempre trato de ser todo un caballero con ellas, me educaron muy bien en mi casa, para ser un chico respetuoso; sea al día siguiente o después de algún tiempo, según sea el caso, nos separamos de la forma más amena y cordial. Seguramente, aun así, muchas me odian, aunque siempre sigo tratando con las chicas con la misma soltura, como si nada hubiese pasado. Sé que eso suena cruel, pero trato de ser lo más honesto que puedo, el sexo es todo lo que me interesa, no me gusta ser hipócrita, creo que, ¡Es peor engañar a las mujeres!. Y aunque suene falso de mi parte, para mí, son la mejor creación que Dios nos dio.

En fin, cómo les contaba, por primera vez en mi vida, estaba enamorado y no era algo reciente, llevaba mucho tiempo, un par de años; no sé a ciencia cierta cuando ocurrió, fue de pronto; en algún momento de nuestra amistad, me di cuenta, fue como un balde de agua fría y ya era muy tarde, ya la amaba. Pero era imposible intentar algo con ella, no porque no quisiera o porque fuera un cobarde, sino que... uff... es complicado.

Ella, al contrario de mí, no es un cliché, no es la típica chica supersexy que seduce con solo la mirada y un movimiento de sus labios, ni tampoco es el cliché más común, la niña virginal y tímida que no tiene más que un par de amigos y enamora con su mirada inocente.

Quizás por eso me enamore, ella es... Diferente.

En fin...

Amigos... Chicas... Para que entiendan mejor lo que sucedió aquí, voy a contarles mi historia de amor, lo mejor que pueda, como comenzó todo hace tres años... Sé que no es nada común que sea un chico el que cuente este tipo de historias, pero antes de juzgarme, sepan que... ¡Los chicos también se enamoran!.

Capítulo 2 . Primer encuentro

Me presenté en el salón de clases tarde, algo muy común en mí. Era mi segundo semestre en la universidad, para la carrera de psicología; no es precisamente la carrera que escogería, pero en mi familia, casi todos son médicos y mis padres son dueños de una clínica, ellos desean que yo trabajé en ella, pero antes que tener que vérmelas con inyecciones, sangre, órganos, ¡No! Prefiero mil veces sentarme a charlar con mis pacientes y escucharlos. Así pues... Heme aquí, en psicología.

Como les contaba... Llegaba tarde a clases, cómo siempre. ¡Ah sí! Olvidaba decirles que está era la segunda semana de clases, no me presenté a la primera semana, ¿El por qué? Por qué la primera semana siempre hacen esas tontas introducciones y presentaciones, en cada materia lo mismo, "Buen día, soy Leonardo Harrison, tengo diecinueve años, vivo en la zona este de la ciudad, me gusta la psicóloga porque permite el análisis del pensamiento humano". ¡Repetir está oración en cada materia! ¡Que va!.

Bueno, bueno, de nuevo me voy por las ramas.

Llegue al aula con mi mejor sonrisa, no sabía que esperar al llegar, ya saben, con que chicas quedaría en esta clase, "Ojalá esté esa Yesenia, ¡Le tenía unas ganas el semestre pasado! Y se me escapó" pensaba. Al entrar, la profesora que estaba allí, me observó de arriba a abajo con cierto reproche en la mirada.

- ¡Buen día!. – Le di una mirada dulce, en forma de disculpa.

- ¿Usted es?. – Me respondió algo irritada.

- ¡Leonardo Harrison!. – Observé al aula, estaban allí un par de mis amigos, otros más que conocía y trataba, un par de desconocidos (mejor dicho: desconocidas), específicamente unas lindas chicas. La docente revisó una lista.

- Bien, puede pasar. Pero le agradezco que no vuelva a llegar tarde a mi clase, bajo puntos por impuntualidad. – Su tono era algo regañón.

- Si, señora. – Le di una sonrisa pícara, que siempre me funcionaba para aturdir a las damas, pero al parecer, en ella no surtió el más mínimo efecto. Comencé a buscar con la mirada un asiento al final del aula.

- Puede tomar asiento junto a la señorita... - Remató la docente.

- ¡Anabel!. – Respondió una joven con bastante entusiasmo, estaba sentada al frente. Por cierto, ella era una de las dos lindas chicas que no había visto antes en la universidad.

- Ya puede ver que no hay más puestos en el aula. – Terminó la profesora.

Como buen muchacho que soy, asentí y me senté junto a la joven susurrando un "hola" al cual ella respondió, también suavemente; acomode mi bolso a mis pies, sacando un cuaderno y bolígrafo. Voltee la vista una vez más hacia la chica, quería observarla mejor ahora que la tenía a un lado, ella miraba con mucho interés a la profesora que continuaba con la clase, mientras que yo, no le prestaba atención.

La chica era bonita, bastante bonita, no llevaba maquillaje o quizás si, pero muy natural. Lo cual es extraño en una joven hoy en día; para mí, eso significa dos cosas, no se preocupa por su apariencia, quizás porque muchas ocupaciones o es muy segura de sí misma, sabe que es bonita y no lo necesita, eso me gusta.

Seguí detallándola, su piel es bastante blanca, contrasta con su cabello ondeado, castaño con reflejos claros que lleva suelto a la espalda. A cada momento tiraba la cabellera a un lado, para que no le molestara al momento de tomar nota; lo que significa que, usualmente no lo usa suelto, parecía molestarle. Su ropa era casual, cómoda, jean, tenis, camiseta... "Es una chica práctica", pensé.

Ella se dio cuenta de que la estaba observando y voltea hacia mí, me miró un instante a los ojos, "Son bonitos", los detallé: almendrados, color chocolate, con unas espesas pestañas negras.

Vi que la chica se sonroja, "Le va bien ese rubor en las mejillas", volteó rápidamente la mirada. Mientras yo, seguía observándola y noté en su perfil que esboza una sonrisa, lo cual hace que yo sonría satisfecho y voltee a simular que pongo atención a la clase mientras suponía "¡Jajaja listo! ¡Ya es mía!".

- ¡Bueno, chicos! Por favor reúnanse con su equipo de trabajo... - "¿Ah? ¿Equipos? ¡¿Es en serio?! ¡Ni en la universidad uno se salva de esto!" creí al escuchar a la profesora.

Todos se le levantaban y se movían a sus sitios. Yo me dirigía hacia el fondo del aula donde están mis amigos, cuando escuché a la profesora que me llamaba.

- ¡Sr. Harrison! Usted no asistió a la primera clase, así que no tiene un equipo... – Miraba unos papeles a través de los anteojos que acababa de ponerse.

- No hay problema, – La interrumpí, por lo que levantó la mirada molesta. – yo voy con mis ami... - Voltee y vi a Diego, uno de mis amigos, con un grupo de desconocidos al final del aula; Mientras Paul se dirigía a un grupo al frente del aula. Estaba algo confundido.

- En esta clase, ¡Yo asigno los equipos!. – Soltó la docente con cierta mueca de disgusto, "¡Esta mujer! Ella, ¿Asignar los equipos? ¡¿Estamos en la era de las cavernas acaso?!", "Si no pareciera enojada todo el tiempo, se vería más bonita", la verdad es que debajo de ese traje se le notaba una buena figura. "Quizás debería mostrarme más amable con ella, sonreírle más, yo podría mejorarle ese humor y esa mala actitud, así obtendría beneficios extra". – Se reunirá usted con Paul, Diana, Christian y Anabel, a quienes les falta un miembro.

Voltee y se estaban acomodando al frente, ¡Al frente! ¡¿Prácticamente a un lado del escritorio de la profesora?! Ellos me miraban con una sonrisa, como si quisieran burlarse de mí, pero se contenían, ¿Acaso tenía monos en la cara? O ¿Su burla se debía a la expresión de asombro que no me abandonaba?.

"Bueno, por lo menos estoy con Paul... Y está esa chica, Anabel, ya con esto, la tengo segura... Pero también están esos dos que casi no conozco, una emo y un... ¿Un que? ¿Rockero? ¿Metalero? ¡O lo que sea!". Me dirigí hacia mi nuevo equipo, sentándome en el mismo asiento que había abandonado, junto a Anabel, quién ya estaba conversando con la otra chica y parecía tener anotaciones hechas en un papel, me imagino que de la clase pasada.

Tome mi asiento muy seguro de mí mismo, haciendo bastante ruido, provocando que Anabel voltee hacia mí, aunque volvió a voltear rápidamente hacia otro lado, de nuevo enrojecida y con una sonrisa, eso me dio gusto.

Me gusta poder observar, el efecto que causo en las mujeres. Saludé a todos alrededor con un gesto, no podía charlar con Paul porque estaba al otro lado del escritorio, frente a mí, así que solo escuchaba sobre lo que hablaban los otros miembros en el equipo.

Se trataba de un proyecto, teníamos que hacer un proyecto comunitario en equipo para esta materia, seriamos el mismo equipo durante todo el semestre y no solamente tendríamos que trabajar en el aula, sino reunirnos constantemente fuera de ella. Ya odiaba esta materia. Hablaban sobre los posibles temas para el proyecto y donde podrían ser ejecutados.

- Disculpa, ¿Podrías ponerme al día?. – Me dirijo a Anabel por lo bajo.

Ella se mostraba muy amable y con una sonrisa me explicó todo lo que ya había escuchado en sus charlas. La chica me miraba intensamente mientras hablaba, volteando cada tanto, parecía detener su mirada con frecuencia en mis labios mientras se sonrojaba, "¡Por Dios! ¡Esto será más sencillo de lo que pensé!".

Capítulo 3 . Vergüenza

Paul parecía concentrado en una lectura, pero yo noto como me lanzaba miradas disimuladamente. Todos los demás, seguían discutiendo los posibles temas para el proyecto.

Le hice unas señas a Paul, dándole a entender que la chica era mía, sabía que entendería perfectamente, él sonríe con malicia. Anabel llamó mi atención con un pequeño golpecito de su codo en mi brazo.

- ¡Oye!. – Ella hablaba en un susurro. Yo volteo y noto como evita mirarme a la cara. -... Mmmm... Disculpa pero... – Parecía muy avergonzada, ¡Se ve roja! "¿Se va a confesar tan rápido? Dirá que le gustó o le parezco guapo, ¡Rompí mi propio récord!", Me engrandecí y sonreí internamente. – Tienes sucia la nariz. – Finalmente concluye.

Quede paralizado por un momento, pero está, no era una situación que me apenara fácilmente, mantuve la compostura, le di una pequeña sonrisa y comencé a frotarme la nariz. Así, lo di por arreglado.

- Gracias. – Le respondí muy serio, luego de mi vago intento de limpiarme. Ella mantenía los labios apretados, parecía contener la risa.

- No por fuera, por dentro y es muy grande. – Susurró mucho más bajo.

Esta vez, se me dificultó mantener la compostura, sentí como el rostro se me calentaba, seguramente lo tendría rojo, me puse algo nervioso, mi pulso se aceleró. Voltee rápidamente hacia mi mochila y saque el primer paño que encontré, allí agachado comencé a limpiar mi nariz, restregando sin parar, por dentro y por encima, ¡Por donde sea! Y cuando me sentí seguro de estar limpió, observé por encima el pañito, efectivamente, había un enorme moco pegado. Ya seguro de que el problema se había resuelto, me levanté nuevamente.

Suspiré algo aliviado, "Solo fue un pequeño momento vergonzoso", me tranquilicé un poco. Soy una persona bastante segura de sí misma, si dejara que estos pequeños malos momentos afectarán mi autoestima, hay sí que tendría problemas porque las chicas huelen el miedo.

Levanté la mirada con total seguridad, pero al revisar a mi alrededor, Paul me observaba mientras reía abiertamente, mientras los demás miembros del equipo mantenían sus risas de una forma discreta. Mentiría si dijera que solo Anabel mantuvo la compostura, aunque por lo menos trataba de ser más discreta que los demás.

- Creo que necesitas ayuda. – Ella volteó hacia su mochila y sacó un pequeño espejo que puso frente a mi cara.

Ciertamente, no estaba el enorme moco que acababa de sacar. Pero tenía ¡Toda la nariz negra! ¡Con manchas de grasa! Voltee para observar la mochila y hay estaba, tirado encima de ella, el paño que acababa de usar, el mismo paño con que me limpié las manos cuando me había accidentado con el carro, "¡Mierda!". Anabel se volvió hacia su mochila y luego de revisar unos segundos, sacó una toallita húmeda.

- ¿Puedo?. – Preguntó mientras señala mi nariz.

Asentí y acerqué mi rostro al de ella. Vi como se sorprendió, se tensó y retrocedió un poco. Mientras yo asimilo la situación unos segundos y me doy cuenta de mi error. Ella me ofrecía la toallita para que ¡Yo mismo me limpiará! Y yo simplemente asumí que ella me limpiaría. Volví a enrojecer, podía sentir como mi pulso enloqueció, "Que humillante". Quede allí estático con los ojos muy abiertos.

¡Hacía años! ¡Años! Que no pasaba una vergüenza, siendo siempre alguien muy seguro y audaz. ¡Claro! He tenido mis tropiezos, pero siempre había salido airoso, con la cabeza en alto.

Aunque antes se había sorprendido, ahora Anabel me sonreía, vi como se le formó una pequeña arruga en la nariz, lo cual me pareció tierno, cómo la mueca de una pequeña niña. Efectivamente, ella en un principio se había sorprendido de mi acción, pero luego, pareció darle gracia la situación y sin decir más, comenzó a limpiar suavemente mi nariz.

Al terminar la limpieza, me estiré hacia un lado, acercándome mucho a ella, acerqué mis labios a su oído y en un susurro solo audible para ella, le agradecí. Necesitaba recuperar algo de terreno con ella, podía sentirme humillado, pero no derrotado.

Anabel se irguió un poco, alejándose de mí, no parecía afectada por tenerme cerca o por el roce de un chico apuesto a su lado, solo se veía... Incómoda. Luego, como si nada, hecho el pañito a un lado y continuó con el tema del que estaban tratando en el grupo.

Los demás simulaban concentrarse en la materia, pero yo notaba como me lanzaban miradas entre risas y disimulaban. Mientras mi amigo Paúl, bueno pues, él no necesitaba disimular.

Finalmente, al poco tiempo para terminar la clase, mis compañeros de equipo presentaron tres títulos o posibles temas para nuestro proyecto a la docente, ¿De qué se trataba? Ni idea, ni me interesaba saberlo; aunque en todo momento yo trate de simular interés, sin aportar realmente nada.

En el fondo, únicamente pensaba en la vergüenza que acababa de pasar. Ahora entendía la actitud de Anabel, cómo sé enrojecida y sonreía, ¡Mientras yo! ¡Como todo un idiota! ¡Creyendo que gustaba de mí! ¡Si ella lo supiera! ¡Qué humillante!.

Aunque, luego de pensarlo un rato, comencé a pensar que probablemente si le gustaba, después de todo soy uno de los chicos más guapos de la universidad, solo que se interpuso un mal momento, una mal día, un accidente... Dejaría que pasaran unos días, olvidaremos este primer encuentro; mientras tanto, me podía entretener con otras chicas y luego, volvería a tirar mi anzuelo hacia ella.

Luego de toda esa incómoda situación, mi mente se centró en ella. "Anabel", no estaba mal, una chica bonita, con un lindo nombre, aparentemente amable... Observándola mientras recogía sus cosas, pues la clase había terminado, me dio la sensación de que, quizás, debería conocerla más. Decidí para la próxima ocasión, además de asegurarme de estar impecable, trataría de charlar más con ella.

Salí del aula con mí ahora no tan querido amigo Paul, que aprovechaba para burlarse abiertamente de mí, a todo pulmón, mientras yo refunfuñaba. Observé a Anabel alejarse por el pasillo, algo apurada, "Es algo pequeña, pero se le marca una buena figura y hasta tiene un bonito andar".

"Para la próxima..." Con este pensamiento, me fui a mi siguiente clase.

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