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Luna de Sangre

Luna de Sangre

Autor: : DESIDERIA ORTEZ
Género: Romance
Sabrina es una adolescente como cualquier otra, tiene pocos amigos, va al colegio (y lo odia), tiene tres hermanos trillizos que matarían a quien se le acerque a su hermanita. Todo completamente normal, con la única diferencia que ella, y todos los que la rodean, son hombres lobo, vampiros, ángeles, gigantes, dragones, brujas... En fin, no son seres de este mundo. Ella, junto con su pareja y amigos, tendrán que reclutar aliados para la guerra que está por venir, pues, además de todo, descubre algo que le cambiará la vida entera. En la Luna de Sangre se decidirá el destino.

Capítulo 1 Dulces dieciséis

"¡Feliz cumpleaños, Sabrina! ¡Despierta ya mismo!", exclamó mi hermano Nicolás gritándome al oído, me quejé y cubrí mi cabeza con la almohada, intentando bloquearlos.

"¡Sal de aquí! ¡Estoy tratando de dormir!", grité a través de la almohada, aunque estoy segura de que no se escuchaba muy bien.

"Bueno, si no te levantas en este momento te vamos a obligar a hacerlo, ¿estás segura de que prefieres eso?", el mayor de los trillizos, Franco, preguntó en un tono de voz burlón. en lugar de contestarle, giré mi cabeza hacia otro lado.

"Bueno, Sabrina, no nos dejaste otra opción", dijo Martín, el menor, antes de que todo se quedara en silencio, haciéndome sospechar de sus intenciones. Justo cuando estaba por comprobar lo que estaban tramando, me encontré en el piso con tres tarados enormes encima de mí, al sentirme aplastada, me quejé.

"¿Por qué son tan idiotas?", grité cuando por fin se alejaron de mí. En realidad, no quería decir eso, jamás podría, a pesar de que son muy necios, son los mejores hermanos que alguien podría pedir.

"¡Es porque te amamos!", cantó Franco en voz alta, mientras descansaba sobre sus codos, observándome con una sonrisa burlona. Y sí, se supone que él es el más maduro. Pues, no parece.

"Levántate ya, tenemos clases en un rato y mamá te hizo un desayuno sorpresa por tu cumpleaños", dijo él. Los miré como si fueran tontos (aunque, realmente lo son), por creer que eso me haría levantar.

"¿No me puedo quedar aquí en casa? de igual forma es mi último día, así que, ¿cuál sería el problema?", pregunté, mientras mordía mi labio, intentando no reírme, los tres tenían sombreros de fiesta con muchos colores.

En algún momento me convencieron para que me levantara, costó mucho para que lo lograran, e incluyó un soborno que involucraba galletas oreos, me paré lentamente antes de ir al baño y bañarme con rapidez, una vez que terminé, salí y me vestí. Me dirigí hacia mi espejo para ver qué tal estaba mi atuendo, siempre me vestía con prendas sencillas, me coloqué una camisa negra, un jean, y unos zapatos deportivos de color azul oscuro. No era partidaria de disfrazarme para ir a la escuela, ¿para qué lo haría, cual era punto?

Recogí mi cabello en una cola alta, no me molesté en maquillarme, no uso nada de eso, a ciertas chicas les gusta usarlo, pero yo no soy una de ellas, no me gusta, siempre me ha desagradado la "sensación" del maquillaje en mi cara. Una vez que sentí que estaba conforme con mi apariencia, bajé las escaleras pero, en ese momento, sentí que alguien me detuvo y me aplastó contra su pecho, subí la mirada y vi que era Franco, luego fue el turno de Nico y, finalmente, el turno de Martu, cuando me soltaron, jadeaba para poder tomar aire.

Yo creo que ellos intentan acabar con mi vida.

Realmente los amo con toda mi alma y mi corazón, y estoy segura de que ellos también me aman pero, en algunos momentos, olvidan que son más fuertes que yo. Mi súper desayuno sorpresa fue panqueques con chispas de chocolate, qué rico. Martín trató de robar algo de mi plato, lo que casi me hizo apuñalar su mano, en dos oportunidades.

Nadie toca mi comida.

Después de terminar con mi delicioso desayuno, subí las escaleras para tomar mi mochila y la tarea que olvidé guardar, una vez que sabía que no me faltaba nada, bajé nuevamente, y me despedí de mis padres antes de subir al auto de mis hermanos. El recorrido fue silencioso, mientras yo leía uno de mis libros favoritos, Martín y Nico hacían algo en sus celulares, y Franco conducía.

Honestamente, me sentía muy feliz por irme un año de acá, por algún motivo, en mi instituto estaban bastante atrasados, les gustaba molestar a los 'nerds', es decir, a las personas con mejores calificaciones, que prácticamente se trataba solo de mí. También están los 'geeks', esos que se visten con ropa de superhéroes, mayormente usan anteojos y les encanta todo lo que tiene que ver con la tecnología y videojuegos, ellos también suelen sacar buenas calificaciones. Sin embargo, todos me encasillaban como 'nerd', estúpidas etiquetas. Me molestaban con mucha frecuencia, pero bueno, ¿qué puedo hacer al respecto? ¿Quizás debería defenderme yo misma? Sí, pero hay un problema con eso.

Santiago Torres.

Es el idiota promedio, el atractivo jugador de fútbol, y también la gran razón por la que mi vida en la escuela era un infierno. Evidentemente, algunos días me gustaría poder borrar esa sonrisa presumida de su rostro, pero, luego recuerdo que él es el futuro Alfa, no puedo enfrentarme a ellos, aparentemente a la gente le gusta llamarme "Sabrina la Nerda".

¡Eso ni siquiera rima!

Aun así, seguí repitiéndome a mí misma que ese era mi último día en ese lugar por un largo periodo, por fin, me libraría de ellos.

Al estar a las afueras del colegio, observé mi alrededor y noté que todos estaban caminando y hablando con sus amigos, por lo menos sabía que tenía algunas personas esperando por mí allí, ellos hacían que estar en ese horrible lugar fuese menos doloroso para mí. Bajé del auto y mis hermanos también.

"¿Qué hacen?", pregunté cuando se pararon frente a mí, cruzando los brazos sobre sus pechos, intentando parecer intimidantes. Antes de prestarles atención, rodé mis ojos.

"Ya que tienes dieciséis años y puedes conseguir a tu pareja, queremos hablar ciertas cosas contigo. Primero, cuando lo encuentres no dejarás que te marque. Segundo, si empiezas a sentir dolor nos llamas inmediatamente. No pretendas hacerte la fuerte, simplemente nos llamas y llegaremos lo más rápido posible, por último, te recogeremos de aquí e iremos a la carretera inmediatamente después, ¿entendido?".

"Sí, papás. ¡Adiós!", les grité en respuesta, caminando hacia el frente de la escuela, vi cómo se marchaban y, en ese momento, me sentí un poco nerviosa, tragué saliva al sentir las miradas de las personas sobre mí. No podía concentrarme en esas miradas, ya que solo un pensamiento seguía rondando mi cabeza.

'Espero no encontrarme con mi pareja hoy'.

Capítulo 2 Pareja

Una vez que estuve en el patio, bajé la cabeza y comencé a caminar hacia el frente de la escuela, mi familia no sabía lo que pasaba cuando me dejaban en este lugar, no les pude decir, nunca, necesitaba lidiar con esto yo sola. Aunque, no es que estuviera completamente sola aquí.

Cuando estaba a punto de subir los escalones de la entrada, escuché que alguien gritaba mi nombre me paré al instante y miré a mi alrededor, buscando a la persona que me llamaba, sabía de quién se trataba, en realidad solo dos personas en esta escuela me llamaban por mi nombre verdadero.

Daniel.

Nos hicimos amigos desde que comenzamos la secundaria, aún recuerdo cuando nos conocimos, yo estaba almorzando, y como él es un bicho extraño, intentó robar mi almuerzo. Quizás, yo le di un golpe en la cara, lo que provocó que él me derribara y, de esa manera, ambos terminamos en detención. Estar ahí con Daniel fue interesante, jamás me imaginé que alguien pudiera disparar una bola de papel dentro de un sorbete así, era muy bueno en eso. Logró que esta entrara en el interior de la nariz de un profesor dormido, no imagino lo que podría pasar si lo llego a perder como mejor amigo.

"¡Feliz cumpleaños, Sabri!", gritó él mientras me tomaba para abrazarme con fuerza, por lo que yo sonreí, y pasé mis brazos alrededor de su cuello. Se echó hacia atrás antes de inclinarse dramáticamente, en ese momento sostenía una magdalena 'red velvet', con crema de oreo, una delicia.

"Gracias, Dan", le dije mientras lo abrazaba nuevamente, justo antes de darle un pequeño bocado a la rica magdalena.

"Y aquí tengo tu regalo", dijo él.

"Oye, te dije que no quería ningún regalo", respondí yo. Protesté haciéndole un puchero y crucé los brazos sobre mi pecho, aun sosteniendo la magdalena.

"Sí, me lo dijiste, pero, ¿cuándo te he hecho caso?", replicó, y ese era un buen argumento. No importaba la cantidad de veces que yo le dijera que no quería regalos, él los compraba de igual forma, alcé mis manos en señal de rendición, mirándolo con travesura. Mi amigo sonreía antes de meter la mano en su mochila para sacar una pequeña caja negra, la abrió y no pude evitar dar un grito pequeño. Dentro, había una pulsera chiquita con medio corazón, decía: "Mejores...".

"Está preciosa, Daniel. ¡Gracias!", expresé colocándomela en la muñeca antes de abrazarlo fuertemente, otra vez. Me aparté y le pregunté por la otra mitad, me guiñó un ojo antes de sacar las llaves del auto y mostrármelas, sonreí al ver la otra mitad del corazón hecha llavero, se podía leer lo que decía: "Amigos".

Procedió a unir las dos partes, y se podía leer: "Mejores Amigos".

"Me encanta, muchísimas gracias, Dan".

De verdad, era uno de los mejores regalos que había recibido, él y yo siempre teníamos esta cosa de quién hacia el mejor obsequio, y ahora, el llevaba la delantera. Necesitaba llevar mis regalos a otro nivel.

"Si en algún momento te hago falta, puedes mirar la pulsera y recordar que aquí estaré esperándote cuando regreses", dijo sinceramente mientras guardaba las llaves.

"Jamás podría olvidarme de ti, Dan, lamentablemente, harás que nunca pueda olvidarte", le dije en tono burlón mientras escuchamos el timbre sonar. Antes de subir las escaleras nos miramos y nos dispusimos a entrar, fuimos hacia nuestros casilleros, tomamos nuestros libros y seguimos a nuestras clases por separado. Caminar sin compañía era un poco complicado, no es que sea una "debilucha", pero prefería no pelear contra alguien, aun así, se podría decir que la gente me empuja todo el tiempo, solo cuando Daniel no estaba cerca.

Al fin, llegué al salón de clases y vi que yo era la primera en llegar, rodé mis ojos, sabiendo que era de esperarse. Me senté en la parte delantera y esperé a que sonara el timbre nuevamente, giré la cabeza a mi izquierda y miré por la ventana, en ese momento vi un auto elegante deteniéndose, de este bajó un chico e inmediatamente lo reconocí. El Alfa Santiago Torres, o bueno, pronto lo será. Incluso yo soy incapaz de negar que es un chico atractivo pero, por desgracia, él también lo sabe, se acostaría con cualquier cosa que camine y tenga pechos, y esa es la realidad, no una opinión. Me aparté de ahí al escuchar la campana sonando.

Los alumnos empezaron a entrar a clases, seguidos del profesor, rasqué la parte de atrás de mi cuello cuando sentí que mi loba empezaba a saltar con emoción, sé que es extraño, puedo sentirla dentro de mí, aunque ella no ha dicho una palabra hasta el momento, ni siquiera sé su nombre. Sencillamente, encogí mis hombros, no quería lidiar con esa situación en este instante. El profesor convocó una reunión antes que el timbre del primer periodo sonara, agarré mis cosas antes de salir del salón para dirigirme a mi primera clase. Pasó un rato desde que un grupo de deportistas me hiciera tropezar dos veces, así que, simplemente ignoré a todos esos tontos para, después, entrar a mi primera clase.

Me senté y sorprendentemente mi puesto estaba en la parte trasera, entonces, esperé a que el profesor comenzara la lección. Mientras todos entraban al salón, me encogí de hombros ante los comentarios groseros que me decían, ya estaba adaptada a eso.

¿Cuándo van a madurar estas personas? ¿Es mucho pedir?

Por fin, el profesor entró al aula y empezó la lección, debatiendo algo que ya habíamos visto, no puedo entenderlo todavía, siempre avanzas a un nuevo grado pero, básicamente, te enseñan las mismas cosas una y otra vez. Claro, no todas las asignaturas son así, solo pasa en la gran mayoría. Me parece extremadamente pesado, ¿no pueden dictarnos una clase diferente en algún momento?

De inmediato, dejé de quejarme dentro de mi cabeza cuando sentí la fragancia más deliciosa de todas, era una combinación de menta y chocolate. Mis dos olores aromas preferidos mezclados. Entonces, mi loba dijo la única palabra que había estado temiendo desde que desperté esta mañana.

'Pareja'.

Capítulo 3 El rechazo

¡No! ¡No! ¡No! ¡Y mil veces no!

No puedo creer que esto esté sucediendo, este no es el momento para encontrar a mi pareja, hoy es el día de largarme de aquí, eso quiere decir que no lo veré sino hasta dentro de un año. De todas formas, ¿qué pasa si me rechaza? No puedo quedarme en este lugar solo por eso, simplemente, no puedo.

Al escuchar a mi loba pronunciar aquella palabra con todas sus letras, comencé a entrar en pánico, mi mente creó miles de escenarios diferentes, pero, ninguno terminaba bien. Mis manos estaban completamente transpiradas y estaba hiperventilando.

Por otro lado, mi loba aullaba como loca de la alegría, mientras llamaba a su pareja una y otra vez. Ella quería que siguiera aquel olor, yo lo sabía muy bien. Y por la manera en que se estaba haciendo cada vez más fuerte, en cualquier momento él llegaría hasta nosotras. Pero, no me quedé para descubrir con quién estaba destinada a estar, de inmediato, empujé mi silla hacia atrás y salí corriendo lo más rápido que pude por la puerta trasera del salón de clases.

Definitivamente, no estaba preparada para eso, no quería una pareja.

Mientras tanto, mi loba no paraba de aullar y gruñirme por haberme alejado, pero no me importó, era un hecho que no podía encararlo, no lo haría. En lo único que podía pensar era en lo decepcionado que estaría él al descubrir que yo era su pareja y, sí, sé muy bien que probablemente haya exagerado, pero no pude evitarlo, es que, me acostumbré al hecho de que resulte ser una decepción para los demás.

Corrí a mi refugio, con todos esos pensamientos en mi cabeza; ese era el único sitio donde podía sentarme a pensar tranquilamente, y calmar mis corazón y mi mente.

Ese lugar era la biblioteca.

En realidad, la principal razón que tuve para ir allí fue la segunda persona que me trajo alegría en ese colegio: Cristina. Ella fue la única otra persona que me había tratado como a un ser humano real, si alguien podía notarlo, éramos casi la misma persona, aunque ella era mucho más hermosa. Sabía que la encontraría allí porque no tenía clases en ese momento, a diferencia de mí, ella era muy tímida con la gente, excepto conmigo y con Daniel.

Pude verla apenas entré en la biblioteca, estaba sentada en el piso en un rincón en el fondo, leyendo su libro favorito: 'Matar un ruiseñor', el cual nunca leí, pero ella me lo recomendó.

Cristina es realmente hermosa, con su cabello largo y rubio, y su increíble cuerpo; lo que era muy diferente entre nosotras. Ella seguía usando sus anteojos, pero ya no los necesitaría al cumplir los dieciséis, lo cual era pronto. Pensar en que no estaría allí para los cumpleaños de mis dos mejores amigos, me entristecía mucho.

Luego de llegar hacia ella, me senté también en el piso, al verme, cerró su libro y me dedicó una mirada de confusión.

"¿Pasó algo? Nunca vienes tan temprano", me dijo seriamente, pero con una suave sonrisa en su rostro. Suspiré, mientras apoyaba mi cabeza sobre el librero, ocasionando que su sonrisa se borrara y que una mirada de preocupación se apoderara de su rostro.

"Encontré a mi pareja", susurré, al tiempo que jugaba con mis dedos, sabía lo que Cristina pensaba acerca de las parejas. Ella siempre había querido una, por eso, estaba segura de que se molestaría conmigo por ser tan ridícula.

"¡Sabri, eso es increíble! ¿De quién se trata?", gritó con euforia, pero se tuvo que controlar en el momento en que la bibliotecaria la silenció.

"Yo no lo sé, no me quedé para averiguar quién era", respondí con nerviosismo, y mi cuerpo se estremeció al notar que su sonrisa se había esfumado. Sin embargo, me dedicó una mirada de simpatía, en lugar de fruncir el ceño, como pensé que lo haría.

"Y, ¿por qué no querrías saber quién es? ¿es porque te vas a mudar?", preguntó, mientras colocaba su mano sobre mi hombro y le daba un suave apretón.

"Sí, y no. No, porque, ¿qué pasa si me rechaza? Ninguno de los que asisten a este colegio querrían ser mi pareja, ¿qué dice que él sería diferente?", continué divagando, para luego gemir y meter mi cara entre mis manos.

Justo en ese momento, escuché el sonido de mi celular, indicando que tenía un nuevo mensaje, lo saqué suspirando, y abrí el mensaje. Al leer el nombre, pude ver que era Nicolás.

'Hola, Sabri. Mamá y papá dijeron que nos iremos temprano, así que, estamos afuera. Apúrate, es hora de irnos'.

El alivio se apoderó de mí cuando leí ese mensaje, ya no tendía que preocuparme por toparme con mi pareja hoy. Me giré hacia mi amiga y le expliqué lo que decía el mensaje, de inmediato, me abrazó con fuerza y me deseó suerte. Luego, salí de la biblioteca en busca de Daniel.

Resultó muy fácil encontrarlo, lo vi en su clase y él me vio parada en la puerta del salón, al instante, pidió permiso para salir. Le conté que era hora de irme y, en respuesta, me abrazó. Una sonrisa apareció en mi rostro cuando me abrazó con tanta fuerza y me decía cuánto me extrañaría. Me aparté para despedirme y alejarme de él, después, corrí hacia mi casillero y saqué todas las cosas que necesitaba.

Fue ahí cuando lo olí.

Su olor inundó mis fosas nasales, justo cuando iba a cerrar la puerta, quería correr, pero ya era demasiado tarde cuando alguien me sostuvo contra los casilleros.

El olor me hizo silbar, pero lo ignoré cuando sentí las chispas recorrer todo mi cuerpo, ya sabía la identidad de mi pareja, por ello, no quería levantar la mirada. Mi cuerpo me desafió y lo hizo contra mi voluntad, al mirar a los ojos de él, lo único que pude sentir fue impresión.

El futuro Alfa, Santiago Torres.

"¿Me estás jodiendo? ¡Tú! ¿Por qué tenías que ser tú mi pareja? ¡No! ¡De todas las personas, eres tú!". No podía negar que cada palabra que él escupía, me dolía. Estaba consciente de cómo terminaría esto, y fue tal como lo pensé.

"Yo, Santiago Torres, te rechazo a ti, Sabrina Mendoza, como mi pareja", dijo, riéndose en mi cara. Entonces, mi celular comenzó a vibrar, sabía que eran mis hermano, y eso me ponía nerviosa. Nadie debería hacerlos esperar, sabía que si lo hacía, entrarían a buscarme, por eso, intenté apartarlo de mí y dije lo primero que me vino a la mente.

"¡No me importa nada! ¡Ahora, suéltame!". Sabía que aquel arrebato lo había tomado por sorpresa y, por un segundo, pude ver una ráfaga de dolor atravesar sus ojos pero, de inmediato, desapareció y, en su lugar, me empujó de nuevo mientras me miraba.

"¿Cómo que no te importa? ¡Ah! ¡Te acabo de decir que te rechazo! ¿Cómo es que no estás molesta? ¡Dime!", gritó, comenzando a aplastar mi hombro, debido a la fuerza que estaba ejerciendo sobre este.

"¡Te dije que me sueltes! ¡Sabía que lo más seguro era que me rechazaras! ¡Déjame ir ya, te veré dentro de un año!", grité, para luego apartarlo de mí. No puedo explicar de dónde salía toda esa confianza, supongo que, simplemente, ya había tenido suficiente de él, de todo su tormento hacia mí, sus palabras, sus acciones y, ahora, esto. Yo solo rompí.

Estaba impactada por completo por haber apartado a un Alfa de mí, aunque, lo más probable era que lo había tomado por sorpresa. Comencé a alejarme de él, pero grité cuando me tomó por la muñeca y tiró de mí, entonces, pude ver la confusión en su rostro.

"¿Qué significa que me verás dentro de un año?", preguntó, con evidente preocupación. ¿Por qué tendría que estar preocupado? ¿Acaso yo le importaba?

"Pregúntale a tu papá, ¡ahora, suéltame!", cuando le dije eso, fue soltando mi muñeca poco a poco, era obvio que estaba distraído, y me aproveché de ello, me aparté y lo deje allí. Al abrir las puertas delanteras, pude ver el auto de mis hermanos.

Finalmente, era libre. Por fin, podía dejar ese infierno, dejando atrás a la persona que había convertido mi vida en eso, sin embargo, no estaba feliz del todo.

Cuando subí al auto, me preguntaron por qué estaba tan callada, pero no respondí, solo podía enfocarme en el dolor que mi loba y yo estábamos atravesando debido a aquel rechazo. Siempre supe que pasaría, pero no pensé que dolería tanto, aun así, no podía permitir que ellos lo notaran. Me rehusaba.

Intenté hablar con mi loba, pero todo lo que hacía era gemir de dolor, le prometí que jamás permitiría que alguien nos lastimara así de nuevo. El camino a casa fue rápido y, antes de darme cuenta, ya estábamos en la vía hacia nuestro nuevo hogar.

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