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Luz de luna.

Luz de luna.

Autor: : ElizaKmarena
Género: Hombre Lobo
Tras la muerte y desaparición de los últimos integrantes de su pequeña familia, Lydia termina en una familia de acogida, constituida por los nuevos del pueblo, todos del género masculino y con personalidades electrizantes. Lo que ella no sabe, es que ellos ocultan un oscuro secreto, el cual se relaciona con la causa de la muerte de los integrantes de su familia, y, en especial, con la luna llena y su luz. Nuevas amenazas aparecerán en la puerta de su vida, despertando con lentitud el lado sobrenatural que es parte de ella desde antes de nacer. Lado sobrenatural que muchos quieren, pero pocos son afortunados de poseer. ¿Alguna vez has escuchado hablar de los Vadook?

Capítulo 1 U N O

Chester Falle, 2017.

"Las calles están húmedas cuando corro por encima de ellas, llevo la vista sobre mi hombro con rapidez, ocasionando que mi cabello abofetee mi rostro, lo único que percibo son las manchas oscuras, grandes y borrosas que son mis perseguidores. Mis gafas se han caído en la carrera.

Aprieto el paso y llevo mi vista hacia el cielo, mis piernas se detienen de manera abrupta, así mi cerebro les ordene lo contrario, la luna está en lo alto y su luz maravilla a mis ojos, jadeo y caigo de rodillas sobre el asfalto, me falta el aliento, me siento eclipsada.

Es tan hermosa.

Grito cuando mis perseguidores me alcanzan y se abalanzan sobre mí, me debato debajo de ellos mientras mordiscos y rasguños mortales son esparcidos por mi cuerpo. Mi cabello obstruye mi visión cuando terminan conmigo, pero eso no impide que distinga un par de ojos sobrenaturales que me observan con desdén y ferocidad".

Abro los ojos de golpe, con la respiración agitada y el cuerpo tembloroso por la adrenalina que corre por mis venas, mi pijama, un sencillo camisón de algodón, regalo de mi madre de hace un año, se pega a mi cuerpo como si fuese una segunda piel gracias al sudor que emana de mis poros. Me incorporo con lentitud en la mullida cama y limpio las escasas lágrimas que escapan de mis ojos, empujo mechones de mi cabello detrás de mis orejas y enciendo mi lámpara en la mesita de noche, me pongo mis gafas y salgo de mi lecho.

La adrenalina recorre mi cuerpo, manteniéndome alerta a posibles, e inexistentes, peligros, por lo que voy hasta mi armario y saco un conjunto deportivo, lo coloco en mi cuerpo, ato mi cabello y las agujetas de mis tenis, y salgo de mi habitación, caminando de puntillas por el largo pasillo hasta salir de mi austero y solitario hogar, siendo recibida rápidamente por la tranquilidad del bosque y frescura que la noche ofrece.

Me adentro en el bosque, iluminando mi camino con la linterna que tomé de la mesa en mi hogar, y comienzo a estirar mis extremidades, y con ellas mis músculos, para evitar algún desgarre o esguince. Cinco minutos después mi coleta golpetea constantemente mis hombros y espalda al compás de mis pasos, siento mis mejillas comenzar a sonrojar ante el calor que de a poco va adoptando mi cuerpo conforme los minutos pasan mientras corro, la linterna sigue iluminando mis pasos, de manera intermitente, pero lo hace.

Cuando estoy cerca de llegar a la hora corriendo, eso equivaldría a estar cerca de Chester Lake, el lago del pueblo, el aletear repentino de una bandada de pájaros me hace mirar violentamente a mi derecha, encontrando a una sobra, masculina, corriendo a la par mía. Abro demasiado los ojos, alarmada, y miro hacia la izquierda, encontrando a otras dos sombras de la misma contextura, maldigo mentalmente y freno en seco, tropezando con mis propios pies y cayendo de bruces en el césped y lodo, gimo y escupo un poco de lo mismo, escucho a las sombras detenerse segundos después y pronto los tengo a mis costados, cierro los ojos, esperando lo peor, mientras tomo con dedos temblorosos una afilada roca.

- ¿Te encuentras bien?-Mi cuerpo entra en tensión apenas escucho la voz masculina que claramente se dirige a mí. No respondo.

-Qué golpe te has dado.

-No te vamos a hacer daño. -Interviene una tercera voz al notarme temblar como la copa de un árbol ante un huracán despiadado.

Bufo y me doy la vuelta lentamente, ocultando sabiamente la roca, y la silueta de una mano es extendida en mi dirección, la aparto y me levanto sola, frunciendo el ceño cuando la luz de una linterna me apunta directamente a los ojos, me alejo un paso y parpadeo continuamente, quintado el encandilamiento que ese acto ha dejado en mí, observo con asombro disimulado a tres adolescentes ante mí, calmando ligeramente mi terror al percatarme de su edad, dos de ellos parecen ser de la mía mientras que el tercer sujeto bien podría tener la edad de mi hermano mayor.

- ¿Por qué me seguían?-Es lo primero que sale de mis labios, enarco una ceja y cruzo mis brazos, ignorando olímpicamente su atractivo y manteniendo mis sentidos alerta.

-No lo hacíamos. -Enarco la otra ceja, dándole una mirada de obviedad, suspira. -Solo... vamos tarde al toque de queda.

-Y nuestro padre tiende a ser algo aterrador si llegamos, bueno, como a estas horas.

-Cuatro horas tarde. -Culmina la primera voz, que pertenece a un chico rubio oscuro de ojos Hazel, los cuales parece compartir con los otros dos.

- ¿Sí? Genial, ¿podrían decirme el apellido de toda su familia? Porque juro que jamás los he visto por aquí, y llevo mi vida entera en este pueblo.

-Somos nuevos en él. -Aclara el mayor de todos nosotros y esboza una media sonrisa matadora. -Puede que dentro de poco escuches de nosotros, así que nos presento: soy Jagger y ellos son mis hermanos, Shane y Tanner Smeed.

-De acuerdo, no los entretengo más, hasta pronto. -Me despido y les doy la espalda, una mano áspera al tacto me toma por el brazo, a lo que respondo por instinto.

Me giro con rapidez, la punta afilada de la roca entre los dedos, y hago un buen corte del pómulo a la mitad de la mejilla de Jagger, quien retrocede con sobresalto y me mira sorprendido, salto en mi lugar cuando me parece escuchar a sus hermanos gruñir.

- ¿Acabas de...?-No logro escuchar el final de la oración, ya que corro a toda velocidad de regreso a mi hogar, durante el camino vuelvo la vista a mis espaldas, verificando que el trío Smeed no me siga, lo cual no llega a suceder.

Cerca del amanecer llego a mi casa, entro con sigilo y me quito los tenis, borro con mis calcetines las huellas de lodo que había dejado, me quito estos también, y camino a mi habitación, tomo una toalla y me encierro en el baño, abriendo la regadera e introduciéndome en ella al instante. El agua corre por mi cuerpo mientras mi respiración agitada por la carrera se normaliza.

Minutos después, vestida y con el cabello goteando por mi espalda, humedeciendo con lentitud mi mochila, camino por el pasillo de mi casa hasta llegar a la cocina, donde sin mediar palabra alguna mi tío, hermano menor de mi padre, me tiende de mala gana una bolsa de papel marrón, dentro hay dos emparedados, uno de mantequilla de maní y jalea de cereza, y otro de queso rancio y jamón; junto a los emparedados hay una diminuta botella de jugo de naranja. Lo de siempre.

Salgo de mi morada y entro en la destartalada camioneta, antes perteneciente a mi padre, ahora de Adán, mi nefasto hermano mayor, quien pone en marcha el vehículo antes de que si quiera cierre la puerta, me lanzo contra el salpicadero, evitando caer fuera de la camioneta, y lo maldigo mentalmente mientras empujo por el puente de mi nariz mis gafas de armazón negro.

Disfruto de mi desayuno, el primer emparedado, mientras observo el camino hacia el instituto, al cual llegamos luego de quince minutos, bajo de la camioneta y sin mediar palabra con Adán, echo a andar hacia la entrada, fijando la mirada en el piso a mis pies, sintiendo las ya acostumbradas miradas indiscretas de todo el instituto, profesores incluidos, sobre mí.

Todo este silencio y aislamiento de parte de mis compañeros hacia mí empezó cuando las muertes de mis familiares se supieron por el pueblo, cuando ocurrió la primera muerte, la de mi madre, todos me dieron sus condolencias, pero para la tercera, la de mi padre, todos comenzaron a alejarse hasta llegar a ignorarme y esquivarme. Este pueblo es extremadamente supersticioso, por lo que todos creen que mi familia, o por lo menos los que quedamos en ella, somos portadores de la muerte. Estamos malditos en pocas palabras.

Bufo y sigo mi camino, llegando a mi casillero, donde introduzco mi almuerzo embolsado junto a algunos de mis libros, cambiándolos por otros, mientras los demás siguen con su rutina, cierro el casillero y me giro, todos vuelven a guardar silencio y me observan. Siempre están observándome.

- ¡Mejor amiga!-Sonrío de manera involuntaria al escuchar la voz de mi mejor amigo, Jameson Mason, quien me conoce desde los pañales y es el único que aún sigue a mi lado a pesar de todo.

-Hola. -Murmuro, él entrelaza su brazo con el mío y tira de mí a través del pasillo, comenzando a darme el reporte de chismes de la mañana.

- ¡Hay una familia nueva en el pueblo!-Exclama, con los ojos chispeantes de la emoción, inmediatamente pienso en el trío de hermanos que conocí anoche y mi corazón comienza a latir frenético en mi caja torácica debido al nerviosismo que me invade.

- ¿Sí? Qué bien.

- ¡Y lo mejor es que los menores de la misma estarán en nuestro instituto!

- ¿Dónde si no, Jameson?-Me mofo, recordándole con ello que Chester High es el único instituto en el pueblo, él pone los ojos en blanco, fastidiado, suelto una risa queda, la cual se ve interrumpida abruptamente cuando diviso a uno de los hermanos Smeed, quien mira directamente en mi dirección, prestando atención a cada uno de mis movimientos.

Trago con fuerza y me obligo a desviar la mirada de él, centrándola en mi mejor amigo, quien parece haber sido silenciado, sigo el camino de su mirada y me petrifico al notar la llegada de otros cinco chicos, entre ellos los Smeed faltantes, quienes saludan a Tanner, intercambian unas palabras entre ellos y luego viran su mirada hasta mi persona, me quedo sin aliento al observar el rostro de Jagger.

Está sin un rasguño.

Capítulo 2 D O S

Tiro de mi mejor amigo con insistencia ante su renuencia de abandonar el pasillo donde se encuentran los nuevos, y los posibles chismes que su llegada conlleva, y nos encamino hacia las escaleras, subimos los tres pisos correspondientes y llegamos a la azotea, nuestro lugar secreto, y prohibido, desde que entramos al instituto.

- ¿Los has visto? ¡Sus padres sí que los hicieron con amor!-Bufo, poniendo los ojos en blanco, acostumbrada ya a sus comentarios bisexuales.

- ¿No tenías chismes que contarme?

- ¡Cierto!-Sus ojos adquieren un brillo de emoción mientras comienza a darme el informe de la mañana con lujo de detalles, finjo impresión, pasmo y desconcierto en algunas partes, aburrida.

Minutos después la campana suena y ambos bajamos corriendo hasta el segundo piso, correspondiente a los de segundo, donde nos despedimos con un guiño y entramos a nuestras respectivas aulas, ocupo mi lugar habitual, al fondo y al lado de la ventana que da hacia el bosque, y espero reclinada sobre mi silla, esperando la llegada del profesor, tío de Jameson, quien aparece instantes después.

-Capítulo 6, página 96. -Ordena dejando sus cosas en su respectivo lugar, mientras nosotros tomamos nuestro libro, él toma una tiza y comienza a escribir en la pizarra a su izquierda. - Jacobo, claro y de pie, por favor.

Empujo el armazón de mis gafas sobre el puente de mi nariz y sigo la lectura nasal de Jacobo de manera distraída, entendiendo a medias lo que el texto quiere decir, es cuando menciona a hombres lobo que frunzo el ceño, me enderezo en el asiento y leo con confusión el título del capítulo "Folclor y mitología", enarco una ceja y me encojo de hombros, buscando el párrafo en el que Jacobo va.

-Se dice que esos seres, los licántropos, son hombres malditos, ya que en el momento en el que son sometidos al encanto de la luna llena pierden todo racionamiento y se vuelven bestias incontrolables, sedientas de carne fresca, humana. -Me estremezco ante eso y aparto la mirada de la lectura, ocultando mi rostro del señor Mason, odio sus amonestaciones, enfoco la mirada en el cristal de la ventana y mi reflejo me devuelve la mirada.

Una sombra entra en el campo de mi visión, por lo que dejo de enfocarme y miro a través del cristal, entrecierro los ojos y fijo mi mirada en la persona, o por lo menos su silueta, que está parada justo frente a los inicios del bosque, me sobresalto cuando alza la cabeza y un par de ojos azules, extremadamente brillantes, me devuelven la mirada inquisitiva, parpadeo de manera continua, intentando desprender la ligera alucinación que mi cerebro transmite a mi canal ocular, y aparto de manera definitiva la mirada cuando una voz interrumpe a mi compañero de clase.

-Esas son estupideces. -Todos miran con sorpresa al intruso, quien resulta ser uno de los nuevos, mientras el señor Mason lo mira con molestia.

-Está prohibido expresarse de esa manera, señor...

-Stone, Judhead Stone.

-Supongo que es uno de los nuevos, la falta será pasada por alto debido a ello. Ahora entre y tome asiento. -Señala al único asiento vacío en el aula, el cual está frente al escritorio del profesor, el nuevo asiente y obedece. -Jacobo, continúe, por favor.

Vuelvo mi mirada hacia la ventana ante esas palabras y me sorprendo al encontrar a un chico vestido de negro observarme desde la primera planta, me da una escalofriante sonrisa ladina y se va corriendo en dirección al bosque. Lo pierdo de vista después de eso y sigo escuchando la voz nasal de Jacobo.

.....

- ¡Tengo a los Smeed conmigo!-Exclama Jameson dando saltitos en su lugar con emoción mientras sacude mi brazo, asiento y comenzamos a seguir a la corriente de estudiantes escaleras abajo, mezclándonos con los de último, todos teníamos el mismo propósito: asaltar la cafetería. - ¿Y tú? ¿Tienes a Judhead contigo?

- ¿Cómo sabes que es solo él?

-Porque los demás van en último, duh. -Separo los labios para preguntar cómo es que sabe eso, pero vuelvo a juntarlos al instante, restándole importancia, es Jameson. -Espero que haya pastel de carne.

-Yo no, creo que ni siquiera es carne lo que nos dan. -Finjo un escalofrío y ambos tomamos lugar en la fila para recibir nuestro almuerzo, pero, al ser yo, todos se hacen a un lado y me dejan pasar, bajo la mirada, tomando mi bandeja, y la cocinera me sirve lo prometido con desconfianza y temor, empujo el armazón de mis gafas por el puente de mi nariz y camino hasta una mesa vacía al fondo de la cafetería.

Comienzo a comer con la vista fija en la comida mientras los demás recuperan el bullicio que mi presencia les había quitado, bufo para mis adentros mientras mastico con lentitud, en la espera de mi hermano y Jameson, pero, para mi sorpresa, la mesa se ve invadida por seis individuos nuevos, tanto en el pueblo como en el instituto. Levanto la mirada con lentitud y miro cada rostro alrededor de mí, con seis pares de ojos fijos en mi rostro. Incómodo.

- ¿Se les perdió algo?-Inquiero, desconfiada, mientras toda la cafetería queda en silencio sepulcral, hasta los profesores han guardado silencio mientras observan hacia acá.

-Hola, creo que no nos conocemos, me llamo Artie Stone y él es mi hermano, Scott, a los demás ya los conoces. -Habla un rubio cobrizo de ojos mieles, sus hermanos y él son idénticos, a excepción de los ojos, Judhead los tiene verdes mientras que los del denominado Scott son castaños.

-Eh, sí. -Parpadeo, desconcertada, y enarco una ceja. -Lo que me pregunto es...

-Uff, demasiada fila para una cosa como esta. -Comenta mi mejor amigo, interrumpiéndome, haciendo referencia al almuerzo, hago una mueca cuando me empuja hacia la derecha, dejándome cerca de Jagger, mientras él se pega al costado de Scott, quien le sonríe de manera forzada.

-Hola, Artie. -Saluda mi hermano, dejándose caer entre él y Shane. -Jagger, Scott.

Ellos responden el saludo y yo sigo en silencio, observando el intercambio de palabras, también denominado como conversación, entre los nuevos y mis conocidos, suelto un suspiro silencioso y comienzo a comer, absorta del desarrollo de dicha conversación, consciente de las miradas de todos sobre nosotros. Termino mi almuerzo y me levanto en silencio, le doy una mirada a Jameson, quien asiente, y tomo mi bandeja, la dejo en su lugar correspondiente y salgo de la cafetería, bajo al primer piso, llego hasta mi casillero y saco de él la bolsa marrón con el emparedado restante, salgo de la institución y me adentro ligeramente en el bosque, encontrando en el lugar de siempre a una perra con sus cachorros, a la cual ayudé a dar a luz luego de que un auto la golpeara e hiciera que su fuente se rompiera.

-Hola, Darla. -Saludo, acariciando su cuello y lomo, ella lame mi mano que sostiene la bolsa marrón. -Traje algo. -Canturreo, sacando el emparedado, para luego dárselo, comienza a comer con lentitud mientras sus cachorros, cinco en total, comienzan a lloriquear, clamando por comida por igual. -Calma, pequeños, mamá está comiendo, después les tocará a ustedes. -Murmuro, acariciándolos a todos mientras la perra disfruta del emparedado. -Veamos, creo que su almuerzo está listo.

Ayudo a los cachorros a pegarse al costado de su madre, donde comienzan a comer de él por medio de los ductos mamarios, Darla me mira con agradecimiento mientras sus cachorros comen, me dedico a acariciar su pelaje en silencio, disfrutando de la calma que el bosque me proporciona. Diez minutos después estoy de regreso en el instituto, ocupado mi lugar habitual en el aula, con una sonrisa interior en mis labios.

.....

Los días pasan con la habitual neutralidad de mi vida, el revuelo en el pueblo, e instituto, por la llegada de los forasteros, ahora residentes, ha disminuido gradualmente hasta el punto en el que los residentes más antiguos han dejado de vigilar cada movimiento de la familia, cosa que parece tenerlos más relajados.

Luego de una larga jornada en el instituto mi hermano y yo regresamos a casa, Adán me deja en la entrada y mi tío sustituye mi lugar en el asiento del acompañante de la camioneta con dos hachas para cortar madera, cosa que es el oficio de ambos, los despido con un ademán de manos y una diminuta que no es correspondida por ninguno de los dos, y los observo adentrarse al bosque. En cuanto desaparecen de mi campo de visión un extraño presentimiento me envuelve.

Me adentro en mi solitario hogar y dejo mi mochila sobre un sofá, voy a mi habitación y cambio mi vestimenta por ropa deportiva y gastada, vuelvo a hacerme la coleta y voy a la habitación de lavado, donde tomo una escoba, cubo para agua y trapeador, junto a sus respectivos jabones y detergentes, dispuesta a hacer el aseo del lugar, hace semanas que no lo hago y la suciedad comienza a hacerse notar.

Termino al anochecer, guardo todo y tomo mi mochila, me encamino a mi habitación y me tumbo sobre la cama, esparciendo libros y cuadernos en su superficie, dispuesta a terminar los deberes, pero la sensación de que algo está por ocurrir me lo impide, frunzo el ceño y corro hasta mi calendario, palidezco al percatarme del día, hoy hay luna llena.

El timbre retumba por las austeras paredes que conforman mi casa, haciéndome sobresaltar, el mal presentimiento se instala en mi cuerpo, formando un nudo en mi garganta que me imposibilita respirar con normalidad, y comienzo mi travesía a través del pasillo iluminado únicamente por la luz natural de la luna que entra por el amplio ventanal a mitad del pasillo, me detengo ante él, intentando tomar coraje, y levanto la mirada hacia la luz con los ojos cerrados, disfrutando de la energía que me transmite, abro con lentitud los ojos y los fijo en su figura en el cielo, el hechizo es instantáneo.

Mi boca se seca mientras que mi pulso se acelera, siento a mi corazón golpetear contra mi caja torácica con frenesí, al tiempo que mis ojos se nublan mientras un sentimiento contradictorio de calma se va acentuando en mi cuerpo, este se relaja y comienzo a caer hasta que mis rodillas impactan con fuerza contra el concreto, pero apenas siento el golpe.

Jadeo en busca de aire y caigo de espaldas, haciendo que el hechizo se rompa, un dolor punzante ataca mis sienes cuando el timbre vuelve a retumbar por mi hogar y me arrastro hasta la puerta, evitando mirar al ventanal, me levanto con ayuda de un sofá y abro la puerta, encontrando la mirada compasiva, pero desconfiada, del alguacil del pueblo, una que me ha dado anteriormente. Y, entonces, lo sé.

Sé que, mañana llegando al instituto, o el viernes, tendré el doble de atención que la habitual. Sé que las cosas van a complicarse aún más con los residentes supersticiosos del pueblo. Y sé que uno de los escasos sobrevivientes en mi familia ha muerto.

Lo que no sé es si solo fue una muerte, o si definitivamente mi familia ha quedado reducida a mi insignificante existencia.

Capítulo 3 T R E S

- ¿Estás sola, cariño?-Inquiere el alguacil con lentitud, asiento mordiéndome el labio inferior, él suspira. -Lo temía. -Vuelve a mirarme. -Tendrás que acompañarme.

- ¿P-para qué?-Murmuro, temiendo sus palabras.

-Tendrás que reconocer un cuerpo. -Sus palabras hacen estragos en mis nervios, por lo que pronto estoy en medio de un ataque de pánico que me cierra la tráquea, impidiéndome respirar, mientras puntos negros comienzan a invadir mi visión conforme el oxígeno escasea en mis pulmones, el alguacil se apresura a intentar hacerme reaccionar, pero no lo logra.

Golpeo mi propio pecho con un puño, desesperada, mientras siento mi cabeza pesar, al tiempo que mi cuerpo comienza a adormecerse, me estremezco y caigo en los brazos del alguacil, quien, luego de pedir ayuda, o consejo, por su radio, me da una bofetada con la fuerza suficiente para hacerme reaccionar, casi al instante mis pulmones vuelven a tener el material suficiente para hacer su trabajo, jadeo en brazos del hombre mientras él me sostiene contra su pecho, acariciando mi cabello en un intento de tranquilizarme, cosa que no está logrando en absoluto.

- ¿Estás mejor? -Inquiere con un dejo de preocupación, asiento con lentitud y él me ayuda a caminar hasta su auto, donde me deja en el asiento del acompañante antes de tomar su lugar y comenzar a conducir. -Iremos a la escena del crimen, pero antes te llevaré por algo dulce, estás demasiado pálida.

- ¿Por qué dulce? -Susurro, él me da una fugaz sonrisa.

-Porque el dulce hace mejor la vida. -Asiento ante esa respuesta y muerdo mi lengua cuando un comentario sarcástico y afilado pugna por ser pronunciado.

Veinte minutos después estamos de regreso en el bosque, en mi regazo descansa una caja de tamaño mediano con cuatro rosquillas de diferentes sabores de glaseados en su interior, dos son mías y las demás del alguacil; aparca detrás de la camioneta del forense y ambos bajamos, termino mi rosquilla de glaseado de vainilla y le paso la caja al alguacil, quien la toma y saca de su interior una de glaseado de fresa, camino detrás de él mientras se hace paso a través del mar que sus empleados, y compañeros, conforman hasta llegar a la escena final del crimen, siento mi estómago comenzar a agitarse antes de tener la rosquilla subiendo por mi garganta, pronto estoy doblada sobre mí misma mientras vomito sobre la maleza del bosque.

La desvencijada camioneta de mi padre se encuentra destrozada, parabrisas y ventanas rotas, los neumáticos parecen haber estallado, la puerta metálica del acompañante se encuentra colgando de las bisagras que la unen a la camioneta. Y lo peor, hay sangre por todas partes, dentro y fuera de ella.

Mis ojos se llenan de lágrimas al reconocer las gafas protectoras de mi tío destrozadas en el asiento del acompañante, rodeadas de sangre y parte del asiento, ya que este se encuentra desgarrado, sollozo e intento acercarme, pero dos oficiales me detienen mirándome con reprobación y desdén, no hay nada de compasión en sus miradas.

- ¿Qué ocurrió?-Inquiero entre sollozos, dirigiéndome a nadie en particular, el forense se acerca a mí con seriedad y cautela. Genial, este imbécil también teme de la maldición que acecha a mi familia, o lo que sea que quede de ella.

-Parece ser un ataque animal, tal vez un oso o dos lobos, no lo sabemos con exactitud.

- ¿Cómo? Imposible, no hay tales animales en este lado del país.

-El ADN que se ha encontrado en el cadáver dice lo contrario. Ahora, debe reconocer dicho cadáver.

-Está jodiéndome. -Suelto sin pensar, limpiando las lágrimas que corren por mis mejillas, me mira con desagrado, no me retracto. -N-no puedo hacerlo.

-Tendrás que hacerlo, es necesario para continuar con la investigación. -Hace una seña a los oficiales que aún me sostienen y ellos me arrastran en contra de mi voluntad hacia una esquina detrás de la destrozada camioneta de mi padre, donde una bolsa negra en forma de cuerpo nos espera.

Me dejan ante ella y el forense se inclina para abrirla, inmediatamente llevo la mirada al cielo, esperando ser recibida por el manto estrellado o la luz de la luna, llena, pero el cielo se encuentra extrañamente nublado, suspiro y bajo la mirada con los ojos cerrados, aterrada de lo que estoy por presenciar. Abro lentamente los ojos y fijo mi mirada en el cadáver dentro de la bolsa, siento una arcada, pero contengo al líquido que lucha por salir despedido en mi boca, sin embargo, no logro evitar que las lágrimas vuelvan a hacer acto de aparición, por lo que pronto estoy llorando de manera patética ante tres adultos inexpresivos y sin corazón.

-Es mi tío. -Lloriqueo, abrazándome a mí misma, el hombre asiente y vuelve a cerrar la bolsa, quitando de nuestra vista el cuerpo ensangrentado y desmembrado de mi tío, una alarma se enciende en mi cabeza. - ¿Y mi hermano?

- ¿Tu hermano?-Repite con confusión el forense, me levanto de un salto y miro a los oficiales, quienes niegan, desconcertados, con la cabeza.

-Adán McCoffin. -Intento, vuelen a negar, corro hacia el alguacil. - ¿Dónde está mi hermano?

- ¿Estaba con tu tío?-Asiento, nerviosa y con otro mal presentimiento invadiendo mi cuerpo. -Solo encontramos un cadáver, y la camioneta, además, no hay sangre de otra persona aquí.

-P-pero...

-Servicios sociales está aquí. -Informa una oficial, él asiente y me obliga a caminar junto a él hasta llegar a un auto con dos personas, la madre de Jameson y otro hombre, esperando fuera de él.

-Pueden llevársela, nosotros tenemos trabajo que hacer. -Se limita a decir el alguacil, prácticamente empujándome hacia ambos, lo miro con incredulidad y hostilidad, me ignora y se va.

-Lydia, tienes que venir con nosotros. -Me informa la señora Mason, asiento y entro en el auto, me imitan y pronto estamos regresando al pueblo, miro hacia la izquierda y me sobresalto al encontrar a Artie Stone mirando en dirección al auto con el ceño fruncido, cuando su mirada conecta con la mía da media vuelta y se pierde en el resguardo que el bosque proporciona.

.....

-Nadie quiere acogerte. -Musita con fastidio Amalia Mason en mi dirección, dos días después del asesinato, en los cuales estuve durmiendo en el frío piso del departamento de servicios sociales.

- ¿Y usted...?

-No. -Frunzo el ceño, desconcertada, aparta la mirada. -No te quiero cerca de mi familia, ni siquiera de Jameson, suficiente tengo con estar arriesgándome en estos momentos estando cerca de ti.

- ¿Qué carajos, Amalia?-Gruño, herida, parpadeo continuamente para ahuyentar las lágrimas. -Me conoces desde que estaba en pañales, ¡eras amiga de mis padres! ¿Cómo puedes decirme eso?

-Lo lamento, Lydia, pero primero está mi familia antes que amigos.

- ¿Qué va a ocurrir conmigo, entonces?

-Si nadie te acepta en su hogar en las próximas 48 horas te irás a la ciudad y vivirás en un orfanato.

-Pero... mi hermano...

-Está desaparecido, y no hay forma humana de que te vayas con un familiar cuando todos están muertos. -Se levanta de su lugar frente a mí y comienza a andar hacia la salida de la helada habitación. -Lo lamento, de nuevo.

Enloquezco apenas cierra la puerta tras de sí, maldigo a viva voz mientras lanzo los escasos objetos que hay en la habitación mientras lágrimas de frustración corren por mis mejillas, mis ojos se sienten hinchados de tanto llorar, pero no me importa, ya nada de lo que tenga que ver conmigo me importa.

-Quiero a mi hermano. -Lloro y pronuncio una y otra vez, estando más calmada, mientras abrazo mis piernas y mezo mi cuerpo en un rincón. Pareciera que la cordura ha abandonado mi cuerpo. -Quiero a mi hermano.

.....

-Buenas noticias, Lydia. -Aparto la mirada de mi insípida cena y la centro en Amalia, quien parece aliviada por alguna extraña razón. -La familia nueva en el pueblo se ha ofrecido para acogerte, así que sé buena niña y recoge tus pertenencias.

- ¿Qué?-Espeto y me levanto de mi lugar. - ¿Van a dejar que me vaya con los nuevos? ¡Son extraños!

-Ellos u Oregón, tú decide. -Aprieto los labios en una fina línea, hastiada. -Eso creí. Ahora, apresúrate, están esperándote fuera.

Blasfemo mentalmente y salgo de la habitación con las manos vacías, ya que no he traído nada conmigo a este lugar, todo se encuentra en mi casa; salgo del edificio y dos pares de ojos recaen en mi persona, detengo mis pasos y observo, incómoda, a los dos especímenes masculinos ante mí.

-Hola, Lydia. -Me estremezco de manera imperceptible al escuchar al hombre hablar, todo él es de color negro, incluyendo su piel. -Soy Kristoff Sheridan, y parece que soy tu padre de acogida.

- ¿Qué hay, Lydia?-Saluda en tono inexpresivo Jagger. - ¿Estás lista?

-Algo así, pero... ¿podemos hacer una parada en mi casa? Necesito ropa y... todas mis cosas.

-Por supuesto, sube. -Kristoff abre la puerta que da a los asientos traseros de su enorme camioneta y no tardo en subir, sintiendo la mirada de todos sobre nosotros y el acto osado de los nuevos en el pueblo.

-Esto les restará puntos. -Murmuro a ambos cuando emprendemos camino, me dan una mirada curiosa.

- ¿Con quién?

-Con el pueblo entero.

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