Prólogo
Comienzo
A veces la tranquilidad que ocurre en mi mente me abruma, no la quiero la desechó. Prefiero sentir el ardiente latido de mi corazón luchando contra algo apetecible, pero, en cambio, se calma tanto que parezco muerto y se encoge bajo cualquier nuevo acontecimiento.
Cambio
Abrazaba el agua y creaba ondas a mi alrededor con cada nueva brazada, me sentía como si estuviera volando, me sentía tranquilo conmigo mismo, satisfecho.
Solo cuando estaba en el fondo podía sentir la vida, en el fondo oscuro admiraba mejor los pequeños destellos de luz considerándolos hermosos, en el fondo frío apreciaba mejor la calidez de la superficie, el ardor del sol en la piel, en el fondo mientras mis pulmones ardían sentía placer de tomar solo una pequeña bocanada de aire. Pensaba en cosas que normalmente en otras circunstancias nunca hubiera imaginado y lo apreciaba, pensaba mucho y eso me calmaba.
Y cuando me liberaba era expulsado a la superficie hasta sentir el límite del agua en mis dedos, en mi rostro y volver a mi realidad.
-Al fin llegas -exclama Darían con los pies sumergidos en el agua.
-¿Nuevo récord? -pregunto acercándome al borde para salir.
Mira el reloj y hace una mueca -casi, pero si te hace sentir mejor si yo estuviera este tiempo bajo el agua me hubiesen salido branquias -dice en tono burlón.
-Eso sería bastante bueno en mi caso -salgo del agua y me envuelvo en una toalla, me dejó caer a su lado.
-¿No se supone que estamos de vacaciones? -pregunta Darían por milésima vez.
-Estamos descansando -aseguro, aunque este no queda muy convencido de ello.
-Estamos entrenando, como hacemos todos los días -se queja mirándome mal-, y mañana empiezan las clases.
-Cierto, conoceremos a esa amiga tuya -recuerdo en parte porque no ha dejado de hablar de ella- ¿Britani verdad?
El rostro de Darian palidece -Si, mañana llega, aunque ella no sabe que estoy aquí. También te presentaré a Richard y a Bella -explica entrando al agua-, podrías salir con nosotros y abandonar tu aburrida vida sedentaria.
-Hemos salido juntos muchas veces -me defiendo, sin poder ocultar mi sonrisa.
-Si claro a la librería -se queja salpicando agua.
Que más podría desear, esta era mi vida. No tenía otra motivación que en no fuera nadar, todo fluía y me gustaba que fuera así. No tenía necesidad de buscar nada más, estaba completamente satisfecho, aunque a veces reconozco que me gustaría ser un poco más ambicioso y sentir algo nuevo, algo que me cambiara en el mejor de los sentidos.
Y lo encontré, a la mañana siguiente, mientras acompañaba a Darian y a Abel. Ese día Abel estaba especialmente emocionado y me sentí feliz por él, se veía enamorado, me pregunté cómo me sentiría yo si como él hubiese encontrado a alguien en un abrir y cerrar de ojos, pensaba que era ridículo, que solo el soñador de Abel podría creer en tales cosas.
-A penas la conoces y la estás enamorado -me burló en tono irónico.
Abel pone los ojos en blanco -Enamorado, es una palabra muy grande, me atrajo, es solo eso.
-¿Será otro fracasó sentimental? -pregunto haciendo ilusión a los muchos fracasos que ha tenido en el aspecto romántico.
-Yo nunca fracasé -menciona con seguridad-, yo experimento y mantengo el recuerdo. -hace una pausa-, Solo una persona me ha sido imposible de atrapar.
Terminó de recoger mis libros -No lo sabía, ¿quién es la afortunada?
Me mira mal y hace una mueca de fastidio -No te importa, ya sabrás cómo se siente poder encontrar el amor y, sin embargo, fingir que no existe.
Suspiró -Muy conmovedor.
-Abel, tenemos que irnos -grita Darian de manera exagerada.
-Ve, quizás encuentra a tu amor -menciono lo bastante fuerte para que me escuche mientras se aleja.
La vida me dio una bofetada en ese instante en qué la vi y supe que era en ella, en dónde quería vivir, que se convertiría en mi nuevo oxígeno, en mi vida, en mi deseo.
-Hola, mi nombre es Bella -me mira de manera segura, me sentía como si me estuviera estudiando con la mirada, me hacía sentir inferior.
Mire a mi alrededor buscando a mis amigos, pues había perdido el habla, esta vez estaba solo y me sentía aún más solo al ser observado por ella, mantenía una simple sonrisa de pie frente a mí. Esperaba una respuesta, aunque en estos momentos no podría obtenerla, quizás cuando saliera de mi sueño podría responder y actuar como un hombre normal. Ahora estaba enamorado, estaba seguro de ello, me enamoré en un abrir y cerrar de ojos, me enamoré de la manera que solo ocurre en las historias de niños o en la manera en la que Abel siempre lo imagino, solo me enamoré.
-Me llamo Noha -mi voz salió temblorosa, no quería verme inseguro, pero no podría conseguir algo mejor.
-Bonito nombre, me ayudas a buscar la cafetería. Soy nueva y me encontraré con mi amiga en ese lugar -explica ella golpeando suavemente la punta de su zapato con el suelo.
Muestras hablaba, yo plasmaba en mi mente cada pequeño rasgo de su rostro, labios finos, ojos dorados y cabello castaño. Era hermosa, sin duda alguna hermosa, cualquier hombre y mujer lo hubiesen notado. Lo supe con mucha seguridad, estaba enamorado de la chica de los ojos dorados. Mi vida había cambiado.
Deseo
Las cosas habían cambiado sin duda, lo habían hecho para todos desde la llegada de Bella. Su personalidad afectaba a más de uno de nosotros, siempre sabía qué decir o que hacer, aunque claro, nunca simpatizó con Abel o con Richard. Aunque el sentimiento de ellos hacia ella eran similares ambos tenían razones muy diferentes para no sentirse cómodos a su lado. Darian, en cambio, se mostraba desinteresado, ya que estaba enfocado en Britani y esta era como una madre para Bella, a pesar de tener la misma edad, Britani era más paciente y reservada.
Bella me abrió los ojos, decía lo que pensaba y como se sentía, hacía lo que le apetecía y eso para mí estaba bien. Éramos muy diferentes, pero yo ya la amaba e intenté demostrárselo en todo momento.
-¿No dirás nada? -pregunta al pie de las escaleras balanceando sus caderas.
Estaba con un hermoso vestido rojo que se ajustaba a su cuerpo, su cabello caía en gruesas ondas. Los labios rojos me llamaban para ser besados.
-Estás hermosa, como siempre -mi seguridad con Bella iba en aumento, ya no era tímido, ya no disfrutaba tanto de la soledad.
-Gracias -se acercó y dejo un suave beso en mis labios, lo cual me sorprendió mucho-, creo que ya es hora de que me beses, ¿no crees?
Habíamos salido juntos estos últimos meses, pero jamás me atreví a besar sus labios, quería esperar a que fuera el momento adecuado y aunque la deseaba mucho no veía nada romántico en besarla justo en la puerta de la residencia femenina, aun así la bese. Coloqué mis manos en sus caderas y la apreté a mi cuerpo, podía sentir cada detalle de su cuerpo junto al mío, la besé en los labios de manera calmada, quería disfrutar de este primer beso, en cambio, Bella me atrajo de la nuca y enredando sus dedos en mi cabello me atrajo aún más exigiendo todo de mí. Solo se escuchaba su respiración y la mía, el roce de mi mano con la tela de su vestido o algunos gemidos que soltaba de satisfacción mientras incrementaba el beso.
-Te deseo Noha, te deseo ahora mismo -jadea Bella separando a penas nuestros labios-. La cena puede esperar
¿Puede esperar? Claro que puede, pero no siento que yo pueda esperar mucho más, mi excitación ya era notable, la necesitaba y la deseaba tanto como ella a mí, aunque algo en el fondo me decía que no era correcto que debía esperar un poco más y conocerla, aun así acepte su mano y al seguir cambio a la habitación.
Entre beso y beso logramos llegar sin ser notados, Bella me despojo sobre la cama y tirando de la cremallera de su vestido lo dejo caer a sus pies, era hermosa, me tomé mi tiempo para admirar cada curva de su cuerpo, pero impaciente se tumbó sobre mí y se encargó ella misma de mi ropa.
-He deseado esto desde que te vi, ¿tu también verdad? -peguntaba mientras besaba mi cuello y tiraba de mi camisa.
Por supuesto que lo deseaba, pero era más que esto, yo sentí y siento mucho más que esto.
-Yo te amo -confieso escondiendo mi rostro en su cuello.
El cuerpo de Bella de tensa sobre el mío, se separa un poco y me mira con algo de sorpresa en su rostro. Me apresuré, no debí decirlo y menos en esta situación. Me relajo cuando sonríe y me besa, eso no podría significar nada malo o incluso podría significar que ella se siente igual.
-Eso es muy lindo, Noha -exclama aún agitada.
Sentí que había vuelto a nacer, no me había sentido más feliz en mi vida. La besé y acaricié sus caderas quería hacerlo más real, quería hacer la mía y conocer cada parte de su cuerpo. Besé sus pechos, su abdomen y el centro de su deseo, quería sentir el sabor de su piel, quería sentir la calidez, lo quería todo.
-Noha, por favor -suplicaba ella de tanto en tanto.
Yo me tomaba mi tiempo, disfrutaba de este tiempo, hasta que no pude más y me hundí en ella, el cuerpo de Bella se agitó y se adaptó a mí de una manera perfecta, se movía a mi ritmo, aún aprisionada bajo mi cuerpo y se arqueaba dispuesta a recibirme, hasta que ambos caímos exhaustos y más que satisfechos.
Evolución
La vida se trata de una constante evolución que se forma y deforma en nuestro interior.
La miraba desde la barra bailar, ya se había hecho habitual nuestras visitas a estos antros, tanto que extrañaba un poco la tranquilidad a la que estaba acostumbrado, pero Bella disfrutaba más de esto, no quería que se sintiera aburrida a mi lado, no querría discutir nuevamente con ella. Ya hacía unas semanas que todo andaba genial entre nosotros y así quería mantenerlo, más que nada porque la amo, solo estábamos evolucionando y adaptándonos a la relación.
Se acerca a mí sin dejar de moverse con una nueva copa en sus manos.
-Es un poco tarde, deberíamos volver a casa -solo lo sugerí, pero el rostro de Bella se deformó de la molestia.
-No seas aburrido, iremos a casa luego de quemar este puto lugar -grita llamando la atención de todos-. ¿Cuándo te volviste tan aburrido?
Toma mi rostro y lo aprieta de manera brusca para luego echarlo a un lado. Ya no puedo más, estoy agotado de sobrellevar a Bella, de los entrenamientos y de todo lo que está pasando.
Bella enciende un cigarro sin importarle su vea mal que fume estas cosas, se vuelve estúpida cada vez que consume. Toma una bocanada y me lanza todo el humo en la cara.
-Ya relájate amor, bebé un poco -aprieta él vaso de whisky en mis labios.
Lo tomo con rabia y lo lanzó aún lado causando que se rompa, los ojos de Bella se abren aún más, están rojos al igual que su rostro, su molestia es notable y yo estoy igual, tanto que no me importaría hacer otro espectáculo.
-¡Ya basta! Iremos a casa ahora mismo, estás ebria y drogada, ¿sabes lo peligroso que es? ¡Conduzco una moto, no puedo hacerlo con una loca en mis espaldas! -grito tan fuerte que la garganta me quema.
Bella no entra en razón con ninguno de mis métodos, no razona y no es parcial. Ninguno de mis intentos la hace cambiar de parecer, cuando discutimos tiende a lastimar y no importa si soy cariñoso, si me enfado o si la dejo, ella nunca cederá en nada.
-¡Pues vete! Abel me vendrá a buscar en su coche, él es mejor que tú en muchos aspectos -lo dice sin pensarlo y me gusta creer que hay mucho más en sus palabras.
-¿Qué carajos dijiste? -pregunto con rabia apretando los puños a cada lado de mi cuerpo.
Ella solo sonríe satisfecha, otra vez lo ha vuelto a hacer, me ha vuelto a lastimar y lo ha hecho a sabiendas. Abel es mi mejor amigo y no soporto que vea esos comentarios como una broma.
-Vete a la mierda Bella -la hago a un lado y me largo.
Después de una hora dando vueltas decido ir al apartamento de Richard, con suerte estará ahí.
No tarda mucho en recibirme, pero por su aspecto sé que estaba durmiendo. Me examina preocupado.
-¿Volvieron a discutir? -pregunta invitándome a pasar.
-Es inevitable -me lanzó en el sofá e intento tranquilizarme-, podrías pedirle a Darian o a Abel que pasen a por ella, se niega a regresar conmigo.
-Claro, quizás Britani la controle -menciona Richard enviando el mensaje.
Últimamente, ni siquiera Britani puede controlar a Bella.
-Has cambiado mucho, digo cuando te conocí, eras el chico perfecto de este lugar, no te soportaba..., ahora -se queda en silencio.
-¿Ahora qué? -pregunto exasperado.
-Ahora tienes cara de mierda, estás destruido, es ella -niego con la cabeza al escucharlo.
-Estamos intentando encajar, debemos acostumbrarnos -explico frotando mis ojos, me duele la cabeza.
-Solo veo que tú lo intentas. A veces para que funcione deben existir ciertos límites y normas, pero a Bella no parece gustarle -explica, yo solo hago silencio, tiene razón y no puedo defenderla esta vez-, quédate esta noche, mañana de seguro la perdonarás.
Yo siempre perdono, yo siempre cedo a todo, soy un maldito perro en este juego de Bella. Lo peor es que la amo..., ¿la amo? No puedo creer que esté dudando, hace mucho no se lo digo y ella nunca lo he dicho, ¿por qué la amaba? No sabría qué decir, me gustaba su personalidad, quizás no la intérprete bien, quizás ella es buena, pero no para mí.
Es para mí, claro que no es. Ya lo decidí y lo mantendré, solo tenemos que evolucionar.
Choque
Me despierto debido a las notificaciones que llegan a mi teléfono, miro la hora y son las doce del día. El apartamento se encuentra totalmente en silencio, Richard ya debió irse. Enderezó la espalda y revisó mis mensajes, todos de mi padre. En otro momento le respondería, solo que ahora no tengo tiempo de discutir con él.
Conduzco a casa planeando en mi mente la mejor manera de arreglar la situación con Bella, siempre lo arreglamos y ese tiempo de paz dura a penas una semana, luego vuelve la guerra, el cansancio y las dudas.
Extrañamente, el apartamento está muy limpio, la tormenta de Bella no ha pasado por aquí, naturalmente si estuviese enfadada hubiese lanzado todos mis libros fuera de los estantes; sin embargo, todo está en su lugar, la cama esa hecha, tal como lo deje todo. Bella no ha pisado este sitio.
Llamo a Britani, seguramente se quedó con ella.
-Hola Noha -responde a la llamada.
-Hola Zanahoria, ¿Bella está contigo? -pregunto sentándome en el suelo, estoy agotado.
Hace una pausa muy larga -Si está aquí -miente, lo sé porque si voz tiembla cuando miente.
-¿Dónde está? Te conozco Britani -aprieto el celular hasta que mis nudillos se ponen blancos.
Hace otra larga pausa -En un rato estará contigo.
Lanzó el celular enfadado, no me puede mentir, los conozco a todos. Todos me mienten, la única que no lo hizo fue Bella. El corazón se me aprieta, Bella no mintió, no estaba bromeando, soltó la verdad para lastimarme, fue la sinceridad de una chica borracha.
Sin pensar mucho más las cosas vuelvo a ponerme en marcha, esta vez me dirijo a apartamento de Abel, no muy lejos de aquí, subo las escaleras sintiendo que me ahogó con cada paso que doy hasta llegar a su puerta, suplico estar equivocado con todo.
-Tu no Abel, tú no podrías -tomo una bocanada de aire cuando golpeó a la puerta-, cualquier otro menos tú.
-¡Noha! -me detiene Darian llegando a mi lado.
No está solo, Britani lo acompaña y Richard está con ellos en el fondo, este mira al suelo decepcionado, podría decir que se siente avergonzado.
-Ven con nosotros, hablemos en casa -pide Britani.
Una lágrima rueda por mi mejilla, solo una lágrima. Me acaban de apuñalar, todos ellos lo han hecho, me han traicionado todos.
Tocó a la puerta con más fuera, y entonces lo supe, supe que estaba equivocado, que había sido un idiota soñador todo este tiempo. Mire a los ojos a mi amigo y a la mujer que a la que había prometido amar oculta en su espalda, ya no sentí amor por ninguno de ellos, los odiaba, me odiaba, quería morir y quería que ellos lo sintieran.
-Noha déjame explicar -pide Britani llorando.
-Tú no hiciste nada Brit, no expliques, ni siquiera hace falta -sueno más tranquilo de lo esperado.
Abel me va a decir algo, pero lo silencio con un puñetazo en la cara, cae al suelo y Bella lo sostiene.
-Te odio Bella.
Los dejo a todo y corro escaleras abajo, necesito huir de aquí, necesito volver al tiempo en que no la conocía y decirme a mí mismo que no voltearé a verla y así quizás nada de esto pase, necesito regresar.
-Noha detente, por favor, tenemos que hablar -pide Bella alcanzándome antes de que suba a la moto.
-¡No hablaré de nada contigo! Ahora mismo iremos a casa y recogerás todas tus cosas, no te quiero ver en mi vida -le paso el casco, pero lo lanza al suelo agrietando el cristal.
-¿Qué le diré a mis padres? Esto es una tontería, podemos arreglarlo -está llorando, aunque ya no creo nada de ella, todo me parece falso
-Le dirás qué Abel es mucho mejor que yo en todos los aspectos -repito lo que dijo y sus ojos se abren.
Se sube a la moto enfadada, intento concentrarme en el camino y evito escuchar todas sus súplicas, nada de lo que diga pude cambiar lo que siento ahora mismo.
-¡Detente de una jodida vez Noha! -me grita Bella asustada por la velocidad que vamos alcanzando sin saber que llevo intentando hacerlo desde hace dos minutos.
No se detiene, nunca lo hizo, ni siquiera cuando ese coche se atravesó en nuestro camino. Solo pude apretar su mano y recibir el impacto que me lanzó muy lejos de ella. Tenía miedo, sentí mucho miedo y dolor, me arrastre ignorando la sangre, ignorando los gritos, solo quería alcanzarla, pero no lo logré, todo se oscureció, apenas alcance un mechón de cabello castaño lleno de sangre antes de quedar inconsciente.
-Está muerta -repetí al ver a Richard entrar a la habitación de hospital fría y vacía.
No me podía mover, no lloraba. Yo también había muerto, al menos así me sentía.
-Lo sé -Richard se deja caer a mi lado, él tampoco puede decir nada.
Y me rompí -Él me culpa, todos me culpan -Richard me envuelve con sus brazos, no dejo de llorar, por mucho que me avergüence mostrarme tan desechó.
-No fue tu culpa -me consuela.
-Si no hubiese ido o quizá si me hubiese subido solo a la maldita moto, debí dejarla -me falta el aire, aprieto las sábanas con fuerza.
-Habría sucedido, hay cosas que son inevitables, que deben suceder y que nos ayudan a aprender.
A esas cosas a veces le llamamos destino, pero el destino es una mierda que la mayoría de las veces se olvida de nosotros y nos trata como juguetes, nos desecha, abandonados sin esperanza alguna, sin alcanzar a ver la luz en ese camino al que todos llaman destino.
Tres meses después
Un nuevo puñetazo, espero el segundo u el tercero. No puedo creer que este hombre ya esté cansado de luchar conmigo, respondo con toda la rabia que llevo contenida dentro hasta que cae.
-Noha el asesino vuelve a ganar -grita Leo, el dueño de este mugroso antro.
Esa frase llego muy lejos ese día, si antes ya me consideraba uno este día se hizo una realidad para todos, tome la tarjeta que me brinda Leo sin prestar mucha atención a lo sucedido en el medio de la lona y aspire todo el contenido sintiéndome aún más muerto, me gustaría que sucediera, busco la muerte día y noche, no parece llegar y soy un cobarde que no ha logrado terminar con su propia vida.
-¡Leo, no se levanta! -un chico se queda a un lado del cuerpo que acabo de hacer caer.
Las manos me tiemblan, las tengo llena de su sangre, Leo palidece y me mira desconcertado. Caigo a su lado y lo revuelvo en un desesperado intento de que despierte, pero no lo hace. Su cuerpo aún está cálido, pero no respira, se ha ido.
-¡Despierta maldición! -grito abrazándolo con fuerza-, despierta Bella, despierta.
Leo me empuja lejos del cadáver, hay un gran revuelo entre todos los asistentes y los trabajadores de este lugar intentan controlar la situación haciéndoles creer que todo está bien.
-Vete de aquí Noha, deja de hacer una escena, acabarás en la cárcel -me lleva a la puerta trasera y me empuja afuera-, piérdete por un tiempo, yo me encargo de todo.
Cierra la puerta y me deja en el callejón, camino sin rumbo a medio vestir, la oscuridad me cubre y evita que las pocas personas que pasen a mi lado vean las salpicaduras de sangre que cubren mis manos y pecho. Llego al campus y busco la piscina, entro con facilidad, si fuera descubierto ahora estaría en grandes problemas con mi padre, por suerte logro llegar. Me quedo en el borde y miro las pequeñas ondas en el agua, antes me traía paz estar en este sitio y quiero recuperar esa paz. Me dejó caer hasta golpear el fondo con la espalda, expulsó todo el aire de mis pulmones y cierro los ojos.
Unos brazos me levantan y me llevan a la superficie incluso antes de que pueda sentir la necesidad de tomar aire. Richard me arrastra por el suelo lejos de la piscina.
-¿Qué intentabas hacer? -me revuelve de manera brusca.
-¡Quiero morirme! Ya no puedo más, no puedo más.
-No seas idiota, vamos a casa.
Richard no menciona nada, pero sus ojos me dicen que sabe mucho más de lo que yo podría dar a entender. Me mira afligido, preocupado, podría decir que se siente incluso culpable, pero el único culpable de lo que ha pasado soy yo. Mi vida se ha desmoronado por mis malas decisiones.
Llegamos a casa y me dirijo a la ducha, él se queda pensativo en la puerta.
-¿Quieres que me quedé? -pregunta sin soltar la puerta.
-Quiero estar solo -confieso.
-Vale, vendré cuando amanezca. Me llamas si necesitas algo -se marcha y me deja tranquilo.
Me meto bajo la ducha aún con los pantalones puestos, golpeó mi piel causando nuevas heridas, no quiere tener más sangre sobre mí, no quiero tener la sangre de nadie. Soy culpable de todo.
Tomo una cuchilla con mis manos temblorosas y la paso de manera brusca y con rabia por mis muñecas, me doblo en el suelo por el insoportable dolor que siento y me quedo así mientras veo la sangre correr y mezclarse con el agua, ya es mi fin al fin.
-¡Maldición Noha! No te debí dejar lo lamento. Estarás bien. -me levanta en brazos mientras repite una y otra vez que estaré bien.
-Déjame morir de una puta vez, Richard.
Y sucedió todo se apagó.
Un año desde la muerte de Bella
Centro psiquiátrico Muller
-¿Te volviste a pelar Noha? -pregunta la doctora Muller limpiando las heridas en mi cara.
-Creo que es más que obvio -respondo sin mirarla a los ojos.
Un año a pasado y mis avances han sido muy pobres, supere las drogas aunque aún tengo el deseo de consumir nuevamente, no he bebido ni una sola gota. Me sigo metiendo en peleas con personas mucho más grandes que yo, pero teniendo en cuenta que aquí todo es de plástico, es la única manera que encuentre para terminar conmigo, solo que no funciona aún.
-No sé por qué estás aquí, le insistí a tus padres que tú no eras como el resto de mis pacientes, tú solo necesitas aprender a vivir -explica terminando de curar las heridas.
Me burló de su comentario -Quiero hacer lo contrario.
-¿A quién le haces luto? A Bella o al que eras antes que Bella -pregunta y la miro con rabia, ella sonríe-. Sabes considero que la vida se divide en cinco etapas, primero la tranquilidad se ve interrumpida por un deseo y ese deseo se convierte en una evolución que muchas veces termina en un choque con la realidad, luego llega el cambio, ya debes cambiar.
Limpio mis lágrimas con brusquedad y miro al suelo.
-¿Me enseñas tus dibujos? -pide y le muestro la carpeta que escondo bajo la cama.
Los revisa todos con algo de disgusto, todo es oscuro, malévolo y triste. Sus ojos se ilumina cuando llegan al último dibujo que hice. Es una chica, con el cabello largo muy rizado, los ojos grises muy expresivos, su nariz es fina y redondeada en la punta, sus labios son gruesos y carnosos, su rostro delicado. Me trasmite fuerza y confianza.
-¿Quién es? -pregunta los doctores con curiosidad.
-No es nadie, solo lo imaginé -menciono con la voz temblorosa.
Vuelve a sonreír -Mañana te podrás ir de este lugar, ya estás listo para ese cambio.
Cambio
Capítulo 1
Comienza la tormenta
"Nunca temas volver a empezar, solo pierde el que no lo intenta nuevamente"
Me levanto por tercera vez de la cama y camino de puntillas hasta el salón, la luz de la televisión es suficiente para comprobar que mamá aún está despierta, miro la pantalla de mi teléfono, otro mensaje de Erick y miles de Evelyn. Se supone que ya debería estar dormida, es media noche, se supone que ya estaría afuera.
-Nalla, ¿Qué haces? -pregunta mamá a mis espaldas.
Pegó un brinco al escucharla, se suponía que estaba en el salón. Me mira muy confundida, por suerte aún estoy en pijama.
-¿Y bien? -insiste.
-La tele me despertó, venía a decirte -miento.
-Lo siento, ya estaba acostada, solo la dejé encendida por error -explica mientras la apaga.
-No importa, iré a dormir ahora -miento otra vez.
-Bien, debes descansar mañana es la prueba -deja un beso en mi mejilla y se marcha a su habitación.
Subo las escaleras tan rápido como puedo una vez que la pierdo de vista, me saco el tonto pijama, y me coloco un ligero y cómodo vestidos, deportivas y listo. Tengo que ser rápida tanto como pueda para salir de la casa sin ser descubierta, lo más importante para volver sin ser descubierta, aunque es raro que mamá se levante a media noche sin motivo, no debo tentar a mi suerte. Mientras bajo las escaleras me recuerdo mentalmente golpear a Evelyn por esta ridícula idea, nunca más la escucharé, mucho menos me dejaré tentar por Erick.
-¡Nalla! -chillan muy cerca de mi oído.
Cubro la boca de Evelyn con mis manos y la hago agacharse -¿Qué hacen aquí? Les dije que ya estaba saliendo.
-Lo dijiste hace dos horas, nos estamos muriendo de aburrimiento aquí afuera -protesta Erick en voz baja.
Siento la lengua de Evelyn pegarse a mi palma.
-No seas puerca -sacudo mi mano exageradamente.
-Soy una puerca decente -se burla agitando su dorado cabello-. Ya vámonos.
Nos toma de la mano a ambos y sale corriendo por la calle, solo espero que ningún vecino curioso esté asomado en la ventana a estas horas. Estaría perdida si le cuentas a mamá que escape con Evelyn y con Erick.
Caminamos por treinta minutos aproximadamente hasta llegar al viejo huerto de manzanas, nuestro lugar de reunión desde que somos niños, caro que en esa época no salíamos de noche, nuestras mentes inocentes aún creían en monstruos siniestros come niños.
Maldición, tengo miedo ahora mismo, no debí pensar en eso.
La experta Evelyn cruza el huerto abriendo el oscuro camino con su linterna, no parece temerle a nada con su manera tan confiada de caminar.
-¿Tienes miedo, verdad? -susurra Erick en mi oído.
-Por supuesto que no -miento tomando su mano-, un poco.
La sonora risa de Erick hace eco a nuestro alrededor, lo golpeó suavemente en las costillas. Si seguimos así seremos descubiertos incluso antes de llegar.
-Es aquí -anuncia Evelyn meneando los hombros.
Apunta la linterna a un viejo manzano, en el centro del tronco nuestras iniciales están talladas, hicimos eso la primera vez que vinimos aquí, se suponía que solo teníamos permiso para ir a jugar en casa de Erick, pero como siempre Evelyn nos convenció de buscar una aventura. Aunque nacimos y crecimos en este pueblo, siempre había algo nuevo que descubrir y que hacer, sin duda mi niñez y mi adolescencia no fue para nada aburrida.
Evelyn tiende una manta en el suelo dónde nos sentamos cómodamente.
-¿Recuerdan cuando nos reuníamos aquí? -pregunta ella contemplando los alrededores.
-Sí, parecíamos una secta siniestra -se burla Erick.
-Así como ahora -lo animó.
Evelyn nos hace una mueca de indignación -Esta será la última vez.
Así es, dentro de unos meses estaremos en la universidad, al menos ellos están seguros de que Irán a la prestigiosa universidad Cullen a prepararse para convertirte en grandes deportistas, yo iniciaré mi prueba justamente mañana. Me siento ansioso, más que nada tengo mucho miedo de que no suceda tal como lo planeamos.
-Estás pensando en que algo horrible pasará y nos separará para siempre, ¿verdad? -pregunta Evelyn.
Me encojo de hombros, es muy común para mí imaginarme lo peor, aunque al final no suceda así, lo admito, le tengo miedo a la derrota.
-Nada cambiará -asegura Erick besando mi hombro-, estaremos juntos como siempre.
Evelyn se lanza sobre nosotros y nos envuelve en un gran abrazo.
-Los amo tanto estúpidos -grita apretándonos muy fuerte.
-Lo notamos -menciona Erick intentando quitársela de encima.
Limpio la pequeña lágrima que rodó por mi mejilla y sonrío, soy muy afortunada de tener a mis amigos, son mi familia.
-Toma la foto Evelyn, se hará tarde -pido colocándome entre ellos.
Evelyn toma la vieja cámara de su bolso, se coloca a mi lado y sonríe estirando su brazo.
-Digan todos, la secta del manzano -anima Erick abrazándome y riendo para la cámara.
-La secta del manzano -repetimos los tres.
-Listo -anuncia Evelyn tomando la foto y agitándola para ver el resultado-, salgo hermosa, anuncia mientras nos la muestra.
-No jodas, salgo con los ojos cerrados -se queja Erick.
-¿Quién anda ahí? -grita dios sabe quién y a mí ni me importa.
Nos levantamos y salimos corriendo como si hubiésemos visto un fantasma, nuestras caras actuales son dignas de una foto, pero estoy segura de que ninguno se detendrá a tomarla. Entre risas y gritos salimos del manzano y para asegurarnos bien corremos unas cuantas calles más hasta perder de vista el lugar.
-Eso fue muy peligroso -me quejo intentando recuperar la respiración.
-Míralo del lado positivo, estás entrenando para la carrera de mañana -menciona Evelyn aún agitada-, por cierto, gracias por traerme- señala su casa
Abro los ojos, sorprendida, sabía que habíamos corrido lejos, pero no como para llegar a casa de Evelyn, por suerte mi casa está a un par de calles más.
-Te acompaño -se ofrece Erick, aunque no me hace camino.
No voy a decir que no, me aterra la oscuridad y nunca me ha gustado salir de noche yo sola. Caminamos en silencio tomados de la mano, hace una noche muy agradable. Miro a mi novio y me contento con verlo sonreír, me encanta su sonrisa, me encanta en general. Me pareció muy lindo desde la primera vez que lo vi, aunque parecía ser bastante engreído, resultó ser todo lo contrario.
-Mañana cumpliremos cuatro años -anuncia él.
Abro los ojos, lo olvidé. Erick se ríe al verme y me abraza.
-Lo siento, lo volví a olvidar -escondo mi cara en su pecho.
-Estoy acostumbrado -me tranquiliza-, y me encanta ver tu cara cuando te das cuenta de que lo olvidaste.
No soy buena para las fechas, a veces olvidó por completo mi cumpleaños, por lo que despertar con mamá cantando con una tarta en las manos muchas veces me provocó un terrible susto mañanero.
Llegamos a casa. Erick me acompaña hasta la puerta trasera. Solo cuando reviso que aún está abierta me logro tranquilizar, estoy salvada.
-Nos vemos mañana -Erick deja un suave beso en mi mejilla.
-Nos vemos -lo atraigo para dejar un corto beso en sus labios.
Se queda muy cerca de mí con una pequeña sonrisa, no puedo evitar sonreír también cuando me atrapa nuevamente los labios y me besa con más intensidad, paso mis manos por su cuarto cabello castaño y me detengo en su nuca, lo acaricio y lo atraigo aún más a mí para aumentar el beso. Puedo sentir sus manos por todas partes, estás, se detienen debajo de mis rodillas y sube hasta mi muslo, me aprieta y me aprisiona con fuerza contra su cuerpo.
-Creo que debemos parar -pido al sentir su urgencia.
No es correcto, no aquí, no este día, no ahora.
Me mira con ojos suplicantes -¿debemos? -pregunta y yo asiento con la cabeza-, debemos si, lo siento.
Se separa de mi demasiado rápido y nervioso. Lo tomo de las manos y le doy un último beso.
-Será pronto, lo prometo -susurro en su oído.
-Tenemos toda la vida- besa mi cuello-, aunque no me hagas esperar toda la vida, por favor.
Me rio de él y lo empujo a la salida, se va de mala gana, pero eso es suficiente para mí.
La alarma ya ha sonado, pero estoy despierta desde hace un par de horas, froto mi rodilla sintiendo una pequeña molestia en ella. La puerta se abre y mamá se asoma ya preparada, está preciosa, lleva su cabello rubio recogido y un ligero maquillaje que resalta sus oscuros ojos y piel blanca.
-¿Te sucede algo? -pregunta mamá.
-Estoy bien, ansiosa -me levanto ignorando la molestia.
-Te irá genial -besa mi frente-. Tu padre estaría orgulloso de ti -Sonrío feliz al escuchar eso-, está listo el desayuno, prepare algo ligero para que no se sienta mal.
-Gracias mamá, ya bajo.
Camino al tocador y tomo la foto de papá, está con mamá y en su pecho lleva una brillante medalla, lo porta con orgullo. Era un hombre alto, de cabello cenizo y ojos grises como yo. Me gustaría conocerlo y que estuviera aquí, que me diera algún consejo o que simplemente me tranquilizara, estoy temblando de los nervios. Miro, la repisa ocupada por mis premios.
-Uno más, tú puedes Nalla -me animo a mí misma.
El tiempo pasa demasiado rápido en un abrir y cerrar de ojos, ya estoy en formación con más demás competidoras. Mis miedos se han disipado, una vez en la línea de salida solo tengo un objetivo y es llegar a la meta, no existen más opciones, no crearé ninguna más, eso es lo que tengo y eso es lo que haré.
Nunca me sentí agobiada por el futuro, pues para mí ya todo eso estaba planeado y en mi cabeza seguiría el rumbo que había deseado desde que era pequeña, el rumbo que siguió mi padre.
Hace calor, quizás más de lo que imaginé, aunque el uniforme es bastante fresco, no evita que esto me moleste.
El silbato sonó la primera vez, adoptamos la primera posición, otra vez más, nos preparamos para la salida. Cierro los ojos esperamos el último aviso..., ya.
Salimos a gran velocidad, olvide por completo al resto del mundo, al resto de las competidoras y de este modo concentrándome en el objetivo alcance la delantera. Los gritos de las tres personas a las que más amaba me animaban mucho, no los decepcionaría, no me quería decepcionar a mí misma.
Aunque los ánimos de mi familia me dan fuerza, no hacen que pase por alto la enorme fatiga de mis piernas y la molestia en mi rodilla. Sentía que mi cuerpo estaba a punto de colapsar, la meta estaba cerca, pero una parte de mí quería rendirse. Sentía como si todo el cansancio de los entrenamientos por los que pase días atrás hubiesen caído sobre mí en ese mismo instante.
Todas esas ideas y sueños me fueron arrebatados al sentir el duro pavimento en mis manos y el golpe seco en mis rodillas. Fue insoportable el dolor que sentí, estaba algo lejos, pero aun así podía oír como todos gritaban. A pesar de lo doloroso que era lo intenté, me incorpore como pude, pero una y otra vez seguía cayendo al suelo provocando nuevas heridas. Mis manos ardían y mis rodillas sangraban cada vez más con cada nueva caída, sabía que estaba gravemente herida, quizás lo estaba desde antes de salir de casa, pero preferí ignorar la molestia, ahora se ha vuelto insoportable.
Levante la mirada hacia mi familia y pude ver el miedo en sus caras, varias competidoras que antes estaban atrás pasaron frente a mí a gran velocidad, me miraban con cierta pena y temor, pero ninguna podría detener, ellas también tenían un sueño que cumplir. Quiero lógralo es mi mayor deseo, apretando los dientes logré levantarme y con enorme esfuerzo comencé a cojear hacia la meta, la cual ahora veía muy lejos de mi alcance.
-Detente Nalla -gritaba mamá, se estaba acercando a mí.
Me desplomé una última vez en el suelo golpeando mi mentón, ha no podía mover su un músculo. Erick me levanto en brazos y salió corriendo junto a mi madre, no podía escucharlos a penas y podía verlos, estaba tan agotada que lo último que recuerdo es el azul del cielo y luego oscuridad.
Desperté en una aburrida habitación de hospital, mi pierna derecha estaba totalmente inmovilizada. Mire a mi alrededor buscando una cara conocida, pero solo encontré un ramo de hermosas margaritas, claramente traídas por Erick, él es el único que conoce mi gusto por esta flor y realmente lo agradezco, pues es lo único que le da un poco de vida a la blanca habitación, para empeorar las ventanas no permiten que salga este horrible olor a antiséptico.
-¿Podrá caminar nuevamente? -pregunta mamá, está afuera de la habitación.
La puerta está parcialmente abierta y puedo ver su cara de preocupación hablando con el doctor.
-Sí, pero tendrá que pasar por un par de cirugías y fisioterapia para devolverle la fuerza, no creo que después de esto ella pueda seguir corriendo de manera profesional, señora Sullivan -explica el doctor.
Intento incorporarme al escuchar esto, pero solo consigo hacerme aún más daño. Mi madre y el doctor entran a toda prisa, esta me abraza.
-Todo estará bien hija -me consuela mamá.
Lloro al escuchar tal mentira, nada estará bien si no logro volver a correr.
-Programaremos la cirugía para dentro de una semana -anuncia el doctor-, te recuperarás, confía en mí.
Paso los días después de la cirugía llorando e ignorando a todos, no quiero ver a nadie, así que pasó la mayor parte del tiempo en el que no estoy llorando mirando a la ventana o durmiendo.
-Toc toc -susurra Erick en mi oído.
Abro los ojos para verlo frente a mí.
-¿Qué haces aquí? -pregunto sin una gota de ánimo.
-Ya sé que no quieres verme ahora, pero es importante -hace una pausa esperando mi negativa, decido callar-, verás, pasaré un par de meses con mis abuelos, no pude decir que no, ya que luego iré a la universidad y no los veré por un largo tiempo.
-Vale -miro a la ventana.
-Nalla, ¿no te importa? -pregunta algo agobiado, solo niego con la cabeza-. Eso no significa que no te vea más, vendré los fines de semana aunque me tenga que comer tres horas de viaje.
Me encojo de hombros, y cierro nuevamente los ojos.
-Dime algo -me remueve suavemente-, no te agobies, estoy seguro de que una vez que te recuperes estaremos juntos.
Me rio -Eso no pasará Erick -apunto mi rodilla-, la ves, es una puta mierda, todo esto lo es. Nada funciona y nada funcionará, estoy arruinada.
-No sea así Nalla..., -intenta calmarme, pero lo interrumpo.
-¿Has visto tú a alguien recuperarse y volver a correr después de una lesión así? -se queda callado y eso me enfurece más-. No existe, yo no soy nadie para marcar la diferencia. Vete.
-No me iré así, estás alterada, hablemos -pide tomando mis manos.
Me suelto de su agarre -Vete de una vez, vete y cumple todos tus sueños, ¿por qué te quedarías más tiempo? Todo está acabado para mí -gritó tan fuerte como puedo, necesito creerlo, no vale la pena mantener esperanzas.
-Yo te amo Nalla -pronuncia él mirando al suelo.
-No me ames, largo -apunto a la puerta.
Erick me mira furiosos, se dirige a la puerta y la cierra de un portazo dejándome nuevamente sola. Escondo mi cara en mis manos y gritó dejando ir toda la rabia contenida.
-Erick -lo llamo, necesito que sepa que yo lo amo y que estoy arrepentida de haberlo tratado así.
Erick no regreso, no lo hizo esa noche ni las siguientes y después de un par de semanas recibí un mensaje de él, un breve mensaje.
Erick: «Aún te amo.»
No dude en responder: «Yo también, lo siento mucho.»
Erick: «Está olvidado, lo arreglamos todo cuando te visite, lo prometo.»
Un año después:
Estamos en la misma habitación blanca y algo deprimente en la que he pasado parte de este último año haciendo mis ejercicios en un intento de recuperarme. Camino de un lado a otro y hago todo tipo de ejercicios que me ayuden a recuperar la fuerza en mi pierna, poco a poco esto fue dando resultados, esta vez los hago todos sin ayuda y sin sentir dolor en absoluto. Sin embargo, no importa que no sienta dolor físico, pues me encuentro destrozada emocionalmente, he perdido demasiado durante este año y no veo razón por la cual seguir esforzándome en caminar.
-Nalla ya te encuentro muchísimo mejor, no hay dolor ni rigidez, el músculo está bastante bien -manifiesta el doctor mientras me invita tanto a mí como a mi madre a tomar asiento.
-¿Cree que pueda volver a correr? -pregunta mamá entusiasmada.
-Estoy seguro de que sí.
Mamá me agita y me abraza, está muy feliz por la noticia, pero a mí casi que no me importa que pueda volver a correr.
-Aunque te sientas bien, recuerda que fue un proceso delicado. La operación fue un éxito y como admiramos la recuperación también, pero aun así tienes que cuidarte nada de hacer demasiado ejercicio. Si sientes el más mínimo dolor al caminar o correr debes tomar un descanso, lo mejor sería que si ocurriera vinieras a verme -expresa rellenando unos papeles y pasándoselos a mi madre.
-Gracias por todo -pronunció antes de levantarme.
Salgo del hospital, es temprano, pero ya estoy casada de visitar este lugar una y otra vez, prefiero sinceramente pasar mis días en mi habitación.
Entro al coche y espero por unos minutos a mi madre, no tarde en llegar. Está más feliz que nunca y no para de expresarlos, ha comenzado a planear todo lo que haremos a continuación y a mí me duele la cabeza de imaginar todo, pero no tengo siquiera porque imaginarlo, no sucederá.
-Es fantástico que puedas volver a entrenar. Rellenaremos las solicitudes a todas las universidades, no importa cuál ya verás cómo te aceptarán, será magnífico -fórmula concentrándose en la carretera con una pequeña sonrisa en sus labios.
-¿Para qué? Para recibir más cartas que ponga que lamentan mucho mi accidente y esperan mi recuperación -me expreso indignada al recordar aquellas cartas vacías.
-Nunca escribieron que no te aceptaban y ya estás recuperada -se justifica mi madre.
-Por favor mamá, nadie quiere a una impedida -manifiesto con voz quebrada.
El coche se detiene, bajo hecha una furia y me dirijo a la casa, claro no puedo evitarla.
Cierra la puerta de casa y me mira molesta -No eres una impedida -aclara cruzándose de brazos.
La ignoro, no me apetece discutir lo mismo de todos los días. Subo a mi habitación y me lanzó a la cama, me hago un ovillo cubriéndome con mi manta amarilla. He pasado mucho tiempo así, el sol se esconde mostrando un bellísimo atardecer que sin duda antes hubiese disfrutado, pero ahora solo me quedo en la cama observando a lo lejos como desaparecen de mi ventana. Tomo mi teléfono con la esperanza de tener algún mensaje de Erick o de Evelyn, como es habitual no hay nada.
Antes era común despertar con un mensaje de Erick y de Evelyn, eso me mantenía muy animada, después de unos meses si me mandaban dos mensajes a la semana ya era bastante sorprendente, sin decir que nunca me han visitado en todo el año.
Cómo siempre decido escribirle yo a Erick: «Hoy fue mi última consulta, estuvo bastante bien. El doctor Russell cree que sería bueno que comenzara a entrenar, pero no me siento con ánimos.»
Espero unos largos minutos alguna respuesta por su parte, hasta que al final llega un breve mensaje.
Eric: «Me alegro.»
Gracias Erick por ser tan comunicativo y alegrarte por mi deprimente situación, dudo que allá leído el mensaje completo. Esas simples dos palabras me hieren, me hubiesen gustado unas palabras de ánimo o un simple te quiero
Sus llamadas y mensajes son cada vez más fríos y distantes, pero aun así no he dejado de quererle. Él y Evelyn son lo único que me queda y es triste estar lejos de ellos. Me quedo mirando al techo, pensando en mi desastrosa vida hasta quedarme dormida. Despierto como siempre con los rayos de sol en mi rostro sin saber con exactitud que hora es, eso nunca me importa y aunque sé que dormí bastante me siento como si no hubiera dormido nada. Miro al espejo y veo que estoy más delgada de lo normal, mi cara refleja el cansancio del día a día. Tengo el cabello tan enredado y espantoso que podría pasar fácilmente por un nido de pájaros, me lo recojo como puedo y luego de una ducha y de vestirme con lo primero que encontré decido bajar a la cocina.
-Hola -digo sin ánimos encontrándome a mamá preparando el desayuno.
-Hola cariño, ¿dormiste bien? -pregunta ella dando un repaso a mi imagen.
-Si -miento, no quiero que se preocupe, ya ha pasado bastante por mi culpa.
Siento que he arruinado su vida, debería salir y conocer a personas nuevas, enamorarse quizás. Desde que papá murió y supo que estaba embarazada se ha dedicado a cuidarme a mí, yo debería haber ido a la universidad y ella tendría que aprovechar el momento para ser feliz y conocer mundo, lo ha hecho genial como madre y yo solo soy una pésima hija.
Con una sonrisa en sus finos labios alisa mi cabello y acaricia mi mejilla con delicadeza.
-¿Puedes preparar la mesa? -pide con fingida calma.
La examinó con la mirada, por algún motivo está nerviosa.
Tomo los platos y cubiertos para llevarlos a la mesa, en el centro de la mesa se encuentra una carta, la tomo sin ningún tipo de interés hasta que reconozco de dónde viene, tiene el escudo de la universidad Cullen en una esquina. No comprendo que hace aquí fue la única que ni siquiera respondió mi solicitud y lo entiendo después de haber enviado mi penosa solicitud explicando mi lesión, tampoco me aceptaría, pero ya ha pasado un año porque llega la carta ahora, seguramente se ha retrasado..., un año. La vida quiere que caiga en depresión.
-Ha llegado esta mañana, quería esperar a que despertaras para leerla -se acerca mi madre.
-Ya sé lo que dice -digo fríamente dejando la carta en la mesa.
-No creo que hayan enviado una carta luego de un año para mencionarte que no te aceptan. Saben que eres buena en lo que haces, por favor hija solo lee la carta -súplica.
-¡No mama, yo era buena, ya no lo soy! -menciono cortante dando por terminada la conversación.
Se queda callada observándome con tristeza en su rostro, cualquiera pensaría que aquí termina esta pequeña discusión; sin embargo, mi mamá es una mujer muy insistente, de gran paciencia, a diferencia de mí ella no se rinde con facilidad.
-¿Ni siquiera piensas hablar con tus amigos? -se mortifica.
Eso me duele, ahora lo que más necesito son a Evelyn y Erick, pero ellos me ignoran. Reconozco que no fue la persona más animada al principio, los trate mal, pero intente solucionarlo, pedí perdón de manera incansable, los dejé ir y me preocupaba por ellos a diario, no creo que merezca esto.
-¡Basta ya! -digo enojada-. No quiero hablar de ellos.
Tomo la carta arrugándola y subo a mi habitación, caigo de rodillas frente a la cama y estiro la mano para alcanzar la caja que escondo debajo de esta.
Vuelco la caja en el suelo liberando el montón de cartas que enviaron negando mi solicitud. Mi respiración está asegurada y las lágrimas ruedan por mis mejillas.
-No necesitas una más.
Soy una masoquista, tomo la carta Nueva y la abro.
Señorita Nalla Sullivan, lamentamos la tardanza con la que hacemos llegar esta carta, y sentimos mucho lo sucedido, pero esperamos que ya esté recuperada de su lesión, sabemos que es una excelente estudiante y estaríamos encantados de recibirla en nuestro centro lo más pronto que le sea posible si está en su disposición.
Comuníquese con nuestro centro para coordinar su llegada.
Atentamente
William Cullen.
-Me aceptaron -dejó caer la carta- ¡Mamá!
Capítulo 2
Todos dicen que aman, es tan fácil decirlo, pero demostrarlo se vuelve a menudo una tarea difícil.
Color tormenta
Nalla
No podía creerlo lo que sostenía en mis manos, había esperado tanto este momento y, sin embargo, ahora me parecía falso, sin duda una mala broma, pero era una tontedad de mi parte pensar en algo así, era real, no podía ser lo contrario y estaba sucediendo ahora, me estaba sucediendo a mí.
-Nalla, ¿te encuentras bien? -mamá se acomoda a mi lado y toma alguna de las cartas tiradas en el suelo-, lo intentaremos otra vez Nalla, no puedes rendirte.
Pobre madre, piensa que nuevamente su hija ha recibido una mala noticia, aunque me encantaría corregirla, no puedo decir palabra alguna. Le pasó la carta con mis manos temblorosas, ella la toma aún entristecida y comienza a leerla, su rostro se va transformando al pasar cada línea y sus mejillas se comienzan a colorear. Me toma del brazo y me agita con mucho entusiasmo.
-Lo hiciste, hija, lo hiciste -me abraza y besa de manera incansable-. Mi bebé sabía que tus sueños se cumplirían.
-Mama...
-Como pudiste pensar que no te aceptarían, eres especial -dice mientras relee la carta, esta vez con admiración.
No puedo expresarme como ella, aunque me gustaría, no me puedo sentir feliz en este momento. Me siento insegura y muy asustada por todo esto. Un año atrás estaría pegando brincos por haber sido admitida en la mejor Universidad, estaría segura de mi triunfo y ansiosa de lo que vendría después, pero ahora siento que es un peso muy grande y me cuesta respirar.
-Mamá, no creo poder, aún no estoy lista, no me siento con la fuerza necesaria -intento expresarme con normalidad, pero mi agobio es algo imposible de ocultar.
-Si puedes cariño, yo confío en ti -me anima mi madre.
-Yo fallé -la voz se me quiebra al pronunciar estas palabras.
-A cualquiera le pasa, tu padre fue un gran deportista y al igual que tú él sufrió algunas lesiones, siempre se levantaba y seguía, tú eres igual que él. Tu padre siempre lo intento y ahora estás asustada, pero sé qué ansias volver al deporte -el rostro de mi madre se entristece, hablar de mi padre es difícil para ella, pero aun así desea apoyarme.
-En serio quisiera que estuvieras aquí -limpio mis lágrimas
Abrazo a mamá ocultando mi cara en el hueco de su cuello, ella me consuela como hacía tiempo atrás, diciendo palabras dulces y acariciando mi cabello. Durante toda la noche hablamos como en los viejos tiempos, sin mencionar ningún hecho que nos entristezca, solo madre e hija.
-¿Tuviste miedo cuando papá murió? -pregunto recostando mi cabeza en sus piernas.
-Tuve mucho miedo, solo éramos yo y tu padre y de la nada me encontraba sola -explica desenredando mi cabello con suavidad-, bueno, no tan sola al otro día me enteré de que estaba embarazada.
Me hago un ovillo -Eso me daría mucho más miedo.
Mamá ríe y limpia mis lágrimas -Para mí fue como una nueva esperanza, no estaría sola y me esforcé por hacerte feliz, aunque fuiste todo un reto.
-¿No era tranquila? -pregunto confundida.
-Por supuesto que no, cuando tenías tres años te rapaste la cabeza, justo el día de tu cumpleaños -se queja mamá como si estuviera viviendo ese momento-. Luego té interesaste mucho por conocer a tu padre y yo te mostré todo de él, cambiaste en ese mismo momento, querías hacer todo lo que él había hecho.
-Quiero que se sienta orgulloso o al menos pensar que lo sería -explico.
-Él estaría orgulloso de cualquier manera. Ahora iré a dormir, es muy tarde -deja un beso en mi mejilla.
-Vale, te amo.
Intente dormir, porque creí que el descanso me ayudaría a pensar, pero solo ocurrió todo lo contrario y me fue imposible dormir. Mi cabeza era una batalla que no podía controlar, aún no decidía que debía hacer.
Termine dando vuelvas por la habitación hasta aquel decidí que era hora de salir de aquí y no porque había decidido ir a la universidad sino porque en serio necesitaba salir de la casa por un rato.
Solo acomode mi cabello, tome un abrigo y me calce, sabía a dónde iría, pero no que hacer ahí, supongo que me ayudaría a reflexionar.
Camine durante minutos en la noche, fue fácil salir de casa, pues mamá ya había quedado dormida y sin apenas darme cuenta ya había llegado al huerto de manzanas. Últimamente, estaba en mejor estado, ya que sus nuevos propietarios se estaban encargando de él y aunque sabía esto, nunca me apeteció volver a entrar en la propiedad a escondidas, ni sería lo mismo sin Erick y Evelyn, además yo no era tan valiente sola.
Entre al lugar en busca del viejo árbol, pero el sitio había cambiado tanto que me fue muy difícil encontrarlo, en su lugar estaba un árbol mucho más joven y sano.
-Supongo que muchas cosas cambiaron.
Me sentía molesta y era ridículo sentirme así por el simple hecho de que el viejo manzano ya no se encontraba, pero en realidad más que un simple árbol era un lindo recuerdo de mis amigos y sentía que me lo habían arrebatado.
Algunos recuerdos no duran para siempre. Tome una piedra afilada y talle en el tronco mi inicial, a veces solo tienes que hacer nuevos recuerdos.
Llegué a casa justo al amanecer y no me tomé las molestias de entrar por la puerta trasera, en el salón estaba mamá con una tasa de café, sus ojos se ampliaron mucho al verme.
-¿No estabas en la cama? -pregunta mientras se acerca a mí con preocupación.
-No, estuve pensando -hago una pausa y tomo aire-, y creo que deberíamos empezar a planificar el viaje.
Pase el resto del día preparando mis cosas, aunque mamá insistió mucho en ayudarme, realmente era algo que quería hacer sola. No me llevaría mucho de mi habitación, aunque quisiera no podría trasladar mi habitación.
Termine de guardar la fotografía de mamá y papá, ya todo estaba listo para el día de mañana. Estaba muy nerviosa, tanto que había olvidado avisar a Erick y a Evelyn, al final solo decidí enviarle un mensaje a esta, ya que me gustaría sorprender a Erick y sin duda necesitaré su ayuda, por el hecho de que no conozco nada del lugar.
Me miré en el espejo una última vez, estaba muy delgada y demacrada, la falta de sueño no me hizo nada bien. Aunque mamá había hecho un increíble esfuerzo por desenredar mi cabello, este aún se veía muy descuidado y no es para menos. Tome las tijeras y tomando un grueso mechón comencé a cortar, en mis pies caían decís mechones de cabello descolorido y sin vida. Me miré una vez que acabe y aunque no era un cambio fenomenal, me sentía satisfecha y cómoda con el resultado.
-Nalla -grita mamá desde la puerta.
-¿Está mal? -acaricia mi cabello del largo de mi mentón y lo escondo detrás de la oreja.
-Oh cielo, me has traído tantos recuerdos -se ríe mamá-, pero tengo que admitir que esta vez te ves mejor.
Tomo su mano y le doy un pequeño apretón -Te voy a extrañar.
Mamá sonríe -Yo más.
A la mañana siguiente me desperté tan temprano que no lo podía creer, a penas había descansado la noche anterior y aun así me sentía llena de energía, pero triste. Me senté en el columpio del jardín mientras mamá preparaba el coche, quería irme, pero sentía una enorme presión en mi pecho que me impedía levantarme y ponerle fin a este capítulo de mi vida, tenía miedo de volver a fallar.
-¿Nos vamos? -pregunta mamá acercándose a mí-, ¿o prefieres fundirte en ese columpio?
-Suena tentador -sonríe mirando al suelo. Me levanto y tomo mi maleta-. Estoy lista.
Recuerdo cuando era una niña y me asustaba la oscuridad, siempre me refugiaba en sus brazos hasta que mi miedo pasara y me quedaba completamente dormida, ya es hora de superar mis miedos sola y de darle un poco de tranquilidad.
Subimos al coche listas para marcharnos, miro afuera comenzando a echar de menos el lugar donde nací y crecí. En cada rincón existe un recuerdo muy preciado, extrañaré, despertar con los rayos de sol entrando por mi ventana, arroparme en mi cama y dormir unos treinta minutos más de lo debido, entrañaré los besos de mamá en la mañana y compartir el desayuno con ella, extrañaré al huerto de manzanas, al hospital, la escuela, el campo, el cielo estrellado, a todas las personas que me conocen en este sitio.
En las largas horas de viaje, las casas victorianas fueron sustituidas por grandes edificios, la tranquilidad por el bullicio de la ciudad y las mariposas por personas. Supe cuando llegamos por lo majestuosa que era la universidad un poco más apartada de todo aquello y hermosa gracias a sus edificaciones modernas y amplios jardines, la más hermosa está rodeada por un enorme jardín con algunas estatuas, es el edificio principal.
Bajamos del coche, ya me sentía un como perdida e insegura en este nuevo lugar, ¿cómo le abra ido a Evelyn y a Erick la primera vez?
-Hola -saluda una chica pelirroja al pie de las escaleras que llevan a la entrada del edificio principal-, ¿eres Nalla Sullivan?
-Si soy yo.
-Mi nombre es Britani, el señor Cullen me pidió que las recibiera, este sitio puede llegar a ser un poco agobiante -explica Britani con mucho entusiasmo.
Se ve bastante agradable y tiene un estilo muy colorido, lleva un suéter naranja y pantalones verdes, una combinación a la que yo le tendría miedo, pero a ella le queda genial y hace que sus amplios ojos verdes resalten.
-Gracias Britani, soy Susan, su madre - se presenta mamá.
-Son muy lindas -expresa Britani con una sonrisa-, vamos William las está esperando.
Atravesamos el lugar hasta llegar a la oficina del señor Cullen.
-Britani, ¿tramando algo nuevo? -pregunta una señora con un aspecto muy formal.
-Señora Margaret, ¿Que pensaran de mí? -bromea Britani actuando dramáticamente-. Ella es Susan y Nalla Sullivan.
-Oh, lo lamento mucho, soy Margaret, la secretaria del señor Cullen -se presenta estrechando nuestras manos-, pueden sentarse, el señor Cullen está en una reunión, pero enseguida estará con ustedes.
-Muchas gracias Margaret -menciona mamá acompañándome a los asientos.
-Nos vemos luego -se despide Britani
Me acomodo cerca de la ventana y sigo mirando el ajetreado pasar de tiempo en los estudiantes, no muy lejos en el jardín puedo ver a Britani sentada con un grupo de chicos, conversan y ríen animadamente. Aunque intento distraerme esa espera hace que mis nervios aumenten, ideas locas pasan por mi mente, como imaginarme el terrible accidente de que me enviaran la carta por equivocación o que hayan cambiado de opinión, pero si eso es si, ¿por qué me estarían esperando?
Estoy muy inquieta y me cuesta estar sentada, decido levantarme y caminar por la pequeña sala de espera, me detengo frente a un cuadro, solo son un montón de manchas azules con un aspecto desgastado que le da cierta belleza a la pintura.
Las puertas se abren de manera brusca y sale de la oficina un chico, llega el cabello medio recogido, es muy negro, lo que hace que su piel pálida resalte al igual que los tatuajes que lleva en la muñeca, solo son dos gruesas bandas negras de las que salen tallos con espinas el resto queda escondido en su camisa, me parece que es bastante extenso.
-¿Cómo estás, queridísima Margaret? -pregunta el chico con gracia.
-¿Qué quieres Noha? Estoy ocupada -menciona la señora mirándolo por encima de sus lentes.
-Estoy siendo educado -murmura fastidioso.
-Ya puede pasar señorita Sullivan -me informa la secretaria.
Quedo completamente embobada cuando me mira, no me había percatado en sus rasgos, sus ojos son de un color inolvidable que en mi vida había visto, son una especie de azul o podría decir te son verdes, quizás con un toque de gris, son color tormenta. Eso es, es como si se estuviera formando una tormenta en esos ojos, la oscuridad y la luz se mezclan dándolo como resultado.
-Ya me tengo que ir Margaret, excelente conversación -menciona el chico aun mirándome.
Pasa a mi lado y entonces puedo verlo más de cerca, sin duda la terminación de su tatuaje es en su cuello y sus rasgos son más rudos de lo que parece a simple vista.
-Nalla, ¿se te perdió algo? -pregunta mamá mirándome con una enorme sonrisa.
Maldición, ¿durante cuánto tiempo estuve mirándolo?
-Lo siento -digo entrando a la oficina con ella.
La secretaria me mira con una sonrisa sosteniéndonos la puerta, estoy totalmente avergonzada y no tengo que mirarme en un espejo para saber que también debo estar sonrojada. Me he quedado mirándolo como una boba, seguramente debe estar burlándose de mí, dejo de pensar en él y entro a la oficina fulminando a mi madre con la mirada por no dejar de burlarse de mí y mantener su pícara sonrisa, a veces pienso que es una quinceañera, seguramente el chico la ha escuchado. Me quiero morir nada más llegar.
La oficina es bastante grande y acogedora. En un escritorio cerca de la enorme ventana con vista al jardín se encuentra un hombre de cabello blanco debido a la edad, tiene un aspecto saludable y para mi sorpresa los ojos del mismo color tormenta, al parecer no son un color tan extraño como creía.
-Buenos días, tú debes ser Nalla Sullivan -dice alargando la mano a modo de saludo, lo cual acepto cortésmente
Nos invita a sentarnos frente a él, mi madre parece tranquila y cómoda, en cambio, yo estoy muriendo de miedo
-Me sorprendió bastante que vinieras -menciona el decano Cullen.
-Yo también estoy sorprendida, señor Cullen -lo cierto es que aún no me creo que allá tomado esta decisión.
-Puedes llamarme Will y me alegra que estés aquí tienes un gran potencial -dice mostrando su perfecta dentadura.
-No opino igual -confieso algo apenada en este último año, no he demostrado ni la fuerza ni la decisión que debería de tener.
Mi madre me mira sorprendida, no esperaba esa respuesta de mí, pero aun de esta forma se mantiene ajena a la conversación y solo escucha pacientemente
El señor Cullen toma una carpeta en sus manos y ojea algunos papeles, reconozco mi solicitud entre ellos.
-Yo si lo pienso, aquí declara que sufriste una lesión y aquí estás, ¿no? Todo el mundo lo logra -explica con admiración en su voz.
Mi madre me sonríe orgullosa y el señor Cullen continúa
-Créeme niña, este lugar le perteneció a mi familia durante años, sé dé lo que hablo y aparte de ti solo conozco a una persona con el mismo valor y perseverancia, ¿conoces a Edgar Sullivan? -el señor Cullen sonríe al pronunciar su nombre.
Mi cara y la de mi madre lo declara todo, estamos ambas sorprendidas de escuchar el nombre de mi padre.
-¿Conoció a mi padre? -pregunto removiéndome en la silla. Claro que sí, pero, ¿cómo?
-Oh claro, William Cullen, usted estudió con mi esposo. Me hablo mucho de usted, qué vergüenza no reconocerlo -expresa mi madre con un tono de voz muy sorprendida y apenada a la vez.
Con un ademán le resta importancia y tranquiliza a mi madre -Es una lástima que nunca nos conociéramos, Edgar me hablo mucho de usted, lamento no poder haber asistido a la boda ni al funeral -la voz de William parece quebrarse al final.
Mi madre aligera la situación con una sonrisa forzada.
-Tu padre fue el mejor amigo que pude tener, en cuanto contemplé tu apellido en la solicitud no podía creer que eras tú, espere a que te recuperaras, he pasado por lesiones parecidas y sé cómo son. En cuanto creí que ya había pasado un buen tiempo me puse en contacto con ustedes, tú mereces estar aquí, no lo pienses más, eres bienvenida a la Universidad Cullen -manifiesta el señor Cullen.
-Señor, en verdad le agradezco, pero no me gustaría ser aceptada por ser la hija de mi padre -me sincero.
El señor Cullen se ríe -No es por eso, somos una universidad prestigiosa por albergar buenos estudiantes y convertirlos en grandes deportistas sin importar de donde vengan, no te elegimos por ser hija de Edgar, te elegimos porque tienes un gran potencial y a pesar del accidente confiamos en qué podemos pulirte al punto de que eso se convierta en solo una experiencia insignificante comparado con tu futuro.
-Si usted lo cree -me encojo de hombros un poco avergonzados.
-Estarás bien aquí Nalla -asegura-. Margaret, ¿llamé a la señorita Miranda?
-Si William.
-Britani es una de nuestras mejores estudiantes femeninas de natación, será tu compañera de habitación y también quiero que entres con ella y su equipo en el agua, te ayudará a recuperar la fuerza -explica.
-Nunca lo he hecho, pero me encantaría practicar -menciono bastante entusiasmada con la idea.
Me agrado mucho esa chica.
-Estoy aquí -se anuncia Britani.
-Nalla está lista para conocer su habitación. Señora Sullivan, la dejaré despedirse y si gusta puedo acompañarla a la salida y a por un café, hace mucho que no hablo de mi queridísimo amigo -pide William.
-Sería muy agradable -acepta mamá.
Ambos nos dejan en la oficina a solas y antes de que pueda decir algo, mamá comienza.
-Es una gran oportunidad.
-Mama...
-Te adaptarás bien y esa chica es muy agradable.
-Mama espera...
-Estarás con Erick y con Evelyn.
La abrazo para que se calle -Te voy a extrañar mucha mamá, ¿estarás bien sin mí?
-Estaré bien bebé, te visitaré y tú también puedes hacerlo siempre que quieras.
-Lo haré.
Nos reunimos con el señor William y con Britani en la salida, luego de unos minutos más de despedidas dejo marchar a mi madre y me uno a Britani, está decidida a enseñarme este lugar, pero antes me ayudara a desempacar por lo que tendremos que conocer el lugar que compartiremos.
-Es aquí -separa nuestra puerta-. Antes de que entres tengo que decir que no me avisaron con tiempo de que vendrías, hubiese arreglado mejor el lugar.
Abre la puerta para mí y me ayuda a pasar con mis maletas, es una habitación pequeña, pero cómoda, lo mejor tiene un baño y eso ya le da muchos puntos, la parte de Britani está algo desordenado, en la cama hay montones de vestidos tendidos y un par de zapatos en el suelo, hay una librería con algunos libros, dos escritorios, dos armarios y un tocador repleto de cosas de ella.
-Te ayudaré a acomodar tus cosas -se ofrece.
Un par de horas después ya estamos logrando que la habitación se vea más ordenada, Britani deja mis pocos libros junto a los de ella en la librería y acomoda mi mesa de escritorio de una manera muy bonita que siguen, ella me ayudara a estudiar de manera más cómoda y organizada, terminó con mi ropa y la cama para luego guardar algunas cosas esenciales en el baño, que si, también tiene el rastro colorido de Britani por todos lados.
-Estaba preparándome para una fiesta esta noche -señala su ropa en la cama-, podrías venir y conocer a mis amigos, mañana te mostraremos la universidad.
-Me gustaría, pero quiero encontrarme con mi novio -explico.
-Genial, no sabía que tu novio estudiaba aquí también -expresa Britani.
-Hace un año, él aún no sabe que llegue, así que quiero sorprenderlo -le hago saber sintiendo nerviosa.
-Qué lindo, ¿necesitas que te ayude a encontrarlo? -se ofrece Britani.
-Me podrías decir que habitación es está -le muestro el mensaje que me envió Evelyn-, Estará con mi mejor amiga, ella me ayudara a sorprenderlo.
-Oh, es justo en la residencia de al lado -me explica-. Igual si necesitas algo me llamas.
-Muchas gracias, Britani.
-Llámame Brit así me llaman mis amigos, ya quiero que los conozcas están algo locos, pero son agradables.
Seguramente serán tan agradables como ellas, no me imagino a Britani relacionándose con alguien aburrido o desagradable.
Después de un rato, Britani se prepara para su fiesta y yo para encontraba Erick, me visto con un sencillo vestido azul claro de tirantes y uso muy poco maquillaje y Britani me ayuda a peinar mi corto cabello, necesito acostumbrarme.
Ella también está lista, lleva un ajustado vestido dentro sin tirantes y tacones altos, además de un brillante maquillaje, está hermosa. Me quedo observando sus tatuajes, los cuales no imaginé que tendría, son sencillos, solo una pequeña frase en el brazo, una estrella en el antebrazo, un corazón en llamas en el hombro y la letra D en la muñeca, todo es colorido y quedan bien con su personalidad.
-Ya me están esperando afuera, suerte Nalla, nos vemos mañana -se despide.
No mucho tiempo después yo también dejo la habitación y me pongo en marcha para encontrarme con Evelyn y con Erick. Ni siquiera le avise que ya estaba aquí, pero ya ayer le había hecho saber que llegaría y que me encontraría con ella a esta hora para sorprender a Erick, así que no veo problema o necesidad de avisarle nuevamente. Estoy muy nerviosa y a medida que avanzó me siento aún más nerviosa, pero feliz, estoy muy feliz y no puedo ocultar mi sonrisa.
Llego a la puerta correcta y me doy cuenta de que está entreabierta, Evelyn ya debe estar esperándome con Erick. Tomo aire, sonrío y empujo la puerta entrando en la habitación.
-¡Sorpresa! -grito llevándome la sorpresa yo
Erick y Evelyn están juntos en la cama, ella con un vestido completamente estrujado y con el cabello revuelto, él sin camisa. Erick se separa de manera tan brusca que caer sentado en el suelo, ninguno puede decir nada y yo estoy tratando de organizar todo lo que me gustaría decir.
-¿Evelyn? -la voz se me quiebra-, ¿Qué mierda hacían?
-¿Nalla que haces aquí? -pregunta Erick muy sorprendido.
-No sé qué carajos hago aquí -le gritó aventando lo primero que vi, un libro.
Erick se levanta e intenta acercarse -Puedo explicarte, no pienses raro si antes escucharme.
Lo empujo -No me toques, eres un cabrón, y tú -señalo a Evelyn-, sabías que vendría y montas esto Evelyn, te odio.
Ella solo se mantiene en silencio, no intenta pedir perdón, para nada se muestra arrepentida, solo me mira con rencor, pero, ¿Por qué?
Erick nos mira confundido como su no entendiera nada y si de algo es inocente es de que no sabía que vendría, pero eso no lo hace ser menos culpable.
-Nalla ven conmigo -me intenta tomar, pero lo vuelvo a empujar.
-Vete a la mierda y no me toques -salgo de la habitación corriendo.
Lo escucho gritar y correr tras de mí, no sé muy buen hacia donde ir y esconderme, no querido que me moleste, así que solo corro sin parar.
Después de unos minutos corriendo entro en lo que parece ser el área de la piscina, ya casi todas las luces están apagadas, pero parece un buen lugar para esconderse. Limpio mis lágrimas y tomo mi teléfono para llamar a Britani, necesito que me ayude a salir de aquí, Erick me encontrará, él conoce mejor este lugar que yo.
Me paro en el borde de la piscina cuando veo a alguien sumergido en el agua, aunque al principio me sorprendió no quise alarmarse, lo más probable es que esté practicando.
Intento llamar a Britani, no contesta.
Miro nuevamente a la persona en el agua, está completamente en el fondo, totalmente inmóvil.
-Mierda -me saco los zapatos y lanzó mi bolso lejos del agua.
A continuación, salte al agua..., si eso hice.