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Lágrimas de Traición, Fuego Interior

Lágrimas de Traición, Fuego Interior

Autor: : Quye Xiaofang
Género: Mafia
La llamada llegó a las tres de la mañana. Un número desconocido. Era un agente de Interpol, la voz fría como el hielo, anunciando la peor noticia: mis padres, Alejandro y Laura, héroes condecorados, estaban muertos. Asesinados en Tijuana. Pero al día siguiente, la tragedia se transformó en un infierno público. Los titulares gritaban "AGENTES DE INTERPOL VINCULADOS AL CÁRTEL" , manchando su nombre. Decían que mis padres eran traidores, que murieron en un ajuste de cuentas de narcos. Una mentira. ¡Lo sabía! Llamé a Ricardo, mi prometido y capitán de la policía federal, rogándole que limpiara su nombre. Él prometió ayudarme, ser mi roca. Pero una semana después, la verdad me abofeteó. No por él, sino por la portada de una revista de sociales. Ricardo sonreía, abrazando a Ximena, la supuesta "víctima" que había rescatado en el mismo operativo donde mis padres murieron. Se iban a casar. ¡Me había abandonado por ella! La prensa me acosaba, la gente me señalaba en la calle. El mundo me aplastaba. Subí a la azotea de un edificio, lista para saltar, para que mi sacrificio demostrara su inocencia. "Sofía." La voz de Emiliano, el serio hermano mayor de Ricardo, me detuvo. Me rescató de ese borde con una promesa: "Yo te ayudaré. Limpiaremos su nombre. Te lo juro." En mi desesperación, me aferré a él. Un mes después, me casé con él, ciegamente confiada. Cinco años de una vida tranquila, de un matrimonio supuestamente seguro. Hasta que, embarazada de seis meses, escuché a Emiliano hablar por teléfono una noche. "A los padres de Sofía los ejecutaron a sangre fría. Ximena les disparó. Ella es la culpable." "Tengo que protegerla. Hice lo que tenía que hacer con los informes forenses. Nadie puede saber la verdad. Especialmente Sofía." El mundo se derrumbó de nuevo. Mi esposo, el padre de mi hijo, me había mentido durante cinco años. Había encubierto a la asesina de mis padres. La traición fue tan profunda que el amor murió. Pero esta vez, no había desesperación, solo una certeza helada: iba a encontrar justicia, sin importar a quién tuviera que destruir en el camino.

Introducción

La llamada llegó a las tres de la mañana.

Un número desconocido.

Era un agente de Interpol, la voz fría como el hielo, anunciando la peor noticia: mis padres, Alejandro y Laura, héroes condecorados, estaban muertos.

Asesinados en Tijuana.

Pero al día siguiente, la tragedia se transformó en un infierno público.

Los titulares gritaban "AGENTES DE INTERPOL VINCULADOS AL CÁRTEL" , manchando su nombre.

Decían que mis padres eran traidores, que murieron en un ajuste de cuentas de narcos.

Una mentira. ¡Lo sabía!

Llamé a Ricardo, mi prometido y capitán de la policía federal, rogándole que limpiara su nombre.

Él prometió ayudarme, ser mi roca.

Pero una semana después, la verdad me abofeteó.

No por él, sino por la portada de una revista de sociales.

Ricardo sonreía, abrazando a Ximena, la supuesta "víctima" que había rescatado en el mismo operativo donde mis padres murieron.

Se iban a casar. ¡Me había abandonado por ella!

La prensa me acosaba, la gente me señalaba en la calle.

El mundo me aplastaba.

Subí a la azotea de un edificio, lista para saltar, para que mi sacrificio demostrara su inocencia.

"Sofía."

La voz de Emiliano, el serio hermano mayor de Ricardo, me detuvo.

Me rescató de ese borde con una promesa: "Yo te ayudaré. Limpiaremos su nombre. Te lo juro."

En mi desesperación, me aferré a él.

Un mes después, me casé con él, ciegamente confiada.

Cinco años de una vida tranquila, de un matrimonio supuestamente seguro.

Hasta que, embarazada de seis meses, escuché a Emiliano hablar por teléfono una noche.

"A los padres de Sofía los ejecutaron a sangre fría. Ximena les disparó. Ella es la culpable."

"Tengo que protegerla. Hice lo que tenía que hacer con los informes forenses. Nadie puede saber la verdad. Especialmente Sofía."

El mundo se derrumbó de nuevo.

Mi esposo, el padre de mi hijo, me había mentido durante cinco años.

Había encubierto a la asesina de mis padres.

La traición fue tan profunda que el amor murió.

Pero esta vez, no había desesperación, solo una certeza helada: iba a encontrar justicia, sin importar a quién tuviera que destruir en el camino.

Capítulo 1

La llamada entró a las tres de la mañana, un sonido violento que rompió el silencio de mi departamento en la Ciudad de México. Era un número desconocido, de Tijuana. Contesté con el corazón en la garganta. La voz del otro lado era fría, oficial, un hombre de la Interpol que no dio su nombre.

"Señorita Sofía, lamento informarle..."

No recuerdo las palabras exactas, solo el impacto. Mis padres, Alejandro y Laura, agentes condecorados, leyendas en la agencia, habían muerto. Un tiroteo durante una misión. La voz dijo que lo sentía, una formalidad hueca que no significaba nada. Colgué el teléfono y el mundo se detuvo.

A la mañana siguiente, la tragedia se convirtió en una pesadilla pública. Los noticieros no hablaban de héroes caídos, sino de traidores. Las portadas de los periódicos gritaban con titulares enormes: "AGENTES DE INTERPOL VINCULADOS AL CÁRTEL" , "CORRUPCIÓN Y MUERTE EN TIJUANA" . Mostraban sus fotos, sonriendo en una vieja foto familiar, junto a acusaciones de que trabajaban para los mismos criminales que debían atrapar. La versión oficial era una puñalada: mis padres habían muerto en un ajuste de cuentas entre narcos, manchando el nombre de la agencia y el suyo propio para siempre.

Era una mentira. Lo sabía en cada fibra de mi ser. Mis padres eran las personas más honorables que conocía.

Desesperada, llamé a mi prometido, Ricardo. Era capitán de la policía federal, un hombre con poder y contactos. Le supliqué que me ayudara, que usara su posición para investigar, para limpiar sus nombres.

"Claro que sí, mi amor" , me dijo por teléfono. "Haré todo lo que pueda, te lo juro."

Confié en él. Era mi roca, el hombre con el que iba a casarme. Pero pasaron los días y sus llamadas se hicieron más cortas, sus excusas más frecuentes. "Estoy muy ocupado con el caso" , decía. "Es complicado, Sofía."

Una semana después, la verdad me abofeteó con la fuerza de un huracán. No la supe por él, sino por una revista de sociales que vi en un puesto de periódicos. En la portada, Ricardo sonreía, abrazando a una mujer hermosa de cabello negro. El titular era: "EL HÉROE Y LA REHÉN: UNA HISTORIA DE AMOR" . La mujer era Ximena, una supuesta víctima que Ricardo había rescatado en el mismo operativo donde mis padres murieron. El artículo hablaba de una conexión instantánea, de un amor surgido de la tragedia. Y al final de la página, el anuncio: una boda de ensueño en un rancho de lujo, en solo dos semanas.

Me abandonó. Me dejó sola con mi dolor y la infamia de mi familia para casarse con una mujer que apareció de la nada.

El acoso de la prensa se volvió insoportable. Cámaras fuera de mi edificio, reporteros gritando preguntas sobre la traición de mis padres. La gente me señalaba en la calle, susurraban a mis espaldas. "Es la hija de los corruptos." El peso del mundo cayó sobre mí.

Una tarde gris, subí a la azotea de un edificio histórico en el centro. El viento frío me golpeaba la cara mientras miraba la ciudad extenderse bajo mis pies. El ruido del tráfico era un murmullo lejano. Solo quería silencio. Pensé que si saltaba, si mi muerte era lo suficientemente pública, tal vez alguien creería en la inocencia de mis padres. Tal vez mi sacrificio demostraría que su honor valía más que mi vida.

Me paré en el borde, con los ojos cerrados, lista para terminar con todo.

"Sofía."

Una voz me detuvo. Era calmada, firme. Abrí los ojos y me giré. Era Emiliano, el hermano mayor de Ricardo. Un forense de renombre, siempre serio, siempre a la sombra de su carismático hermano menor.

Se acercó lentamente, con las manos en alto, como si se acercara a un animal asustado.

"No lo hagas" , dijo. "Baja de ahí, por favor."

"¿Para qué?" , le grité, la voz rota por el llanto. "¡Todo está perdido! ¡Mis padres están muertos y deshonrados! ¡Tu hermano me abandonó!"

"Lo sé" , respondió, su mirada fija en la mía. "Ricardo es un imbécil. Pero tus padres no eran traidores, y tú no tienes que hacer esto."

Me ofreció consuelo, algo que nadie más me había dado. Me habló con una certeza que me ancló a la realidad. Me rescató de ese borde, no solo con sus manos, sino con una promesa.

"Yo te ayudaré" , dijo, mientras me abrazaba en la azotea fría. "Soy forense. Tengo acceso a cosas que otros no. Juntos, vamos a limpiar su nombre. Te lo juro."

En ese momento de absoluta desesperación, me aferré a él. Era mi única esperanza. Un mes después, en una ceremonia civil, pequeña y silenciosa, me casé con Emiliano. Le confié ciegamente la investigación, mi vida entera.

Pasaron cinco años. Cinco largos años sin ningún avance en el caso. Emiliano siempre tenía una excusa: "La burocracia es lenta" , "Faltan pruebas clave" , "Hay gente poderosa involucrada" . Y yo le creía. Vivíamos una vida tranquila, él era un esposo atento y yo intentaba reconstruirme. Ahora estaba embarazada de seis meses, una pequeña luz de esperanza en mi vida oscura.

Una noche, Emiliano estaba en su estudio hablando por teléfono. La puerta estaba entreabierta. Me acerqué para ofrecerle un té y escuché una frase que congeló la sangre en mis venas.

"No, no fue un accidente" , decía Emiliano a un colega. "A los padres de Sofía los ejecutaron a sangre fría. Ximena les disparó. Ella es la culpable."

Me quedé paralizada, escondida en el pasillo. Mi respiración se detuvo.

"Tengo que protegerla" , continuó Emiliano, su voz tensa. "Hice lo que tenía que hacer con los informes forenses. Nadie puede saber la verdad. Especialmente Sofía."

El mundo se derrumbó por segunda vez. El hombre que me rescató, mi esposo, el padre de mi hijo, me había estado mintiendo durante cinco años. Había encubierto a la verdadera asesina de mis padres, la misma mujer por la que su hermano me había dejado. La traición era tan profunda, tan monstruosa, que me ahogaba.

En ese instante, el amor murió. La confianza se hizo cenizas. Supe que mi matrimonio era una farsa y que estaba sola de nuevo. Pero esta vez, no había desesperación. Solo había una certeza fría y dura: iba a encontrar justicia, sin importar a quién tuviera que destruir en el camino.

Capítulo 2

La noche siguiente, Emiliano llegó tarde a casa. Dijo que tenía mucho trabajo. Yo fingí estar dormida, pero escuchaba cada uno de sus movimientos, el sonido de sus llaves sobre la mesa, el suspiro cansado mientras se quitaba los zapatos. Mi cuerpo estaba rígido, el bebé dentro de mí se movía inquieto, como si sintiera mi angustia.

Más tarde, cuando la casa estaba en completo silencio, sonó su teléfono de trabajo. Se levantó de la cama y fue a su estudio para contestar. Lo seguí en silencio, mis pies descalzos no hacían ruido sobre el piso de madera. Me pegué a la pared junto a la puerta, el corazón latiéndome con fuerza contra las costillas.

Era su colega de nuevo, el mismo de la noche anterior. Su nombre era David.

"Emiliano, tienes que reconsiderarlo" , decía David, su voz sonaba preocupada. "Lo que hiciste con el informe de los agentes es un delito federal. Falsificar evidencia forense... te puede costar la carrera y la libertad."

"¡Ya te dije que no te metas!" , la voz de Emiliano era un susurro furioso, lleno de veneno. "Hice lo que tenía que hacer."

"¿Por ella? ¿Por Ximena?" , preguntó David, incrédulo. "Esa mujer te tiene completamente ciego. ¿No te das cuenta de que te está usando? ¡Es una asesina, Emiliano!"

Hubo un silencio tenso. Podía imaginar a Emiliano apretando la mandíbula, sus ojos oscureciéndose.

"Yo le prometí que la protegería" , dijo Emiliano, su voz cargada de una obsesión enfermiza. "Ella ha sufrido mucho. Era una víctima en todo eso, la obligaron. No dejaré que nadie le haga daño. Ni tú, ni la policía, ni nadie."

"¡Ella no es ninguna víctima!" , exclamó David. "¡Ella los mató a sangre fría! ¡Y tú culpaste a dos héroes! ¿Y Sofía? ¿Qué pasa con ella? Vive bajo tu techo, esperando un hijo tuyo, mientras tú proteges a la asesina de sus padres. ¿Eso no te carcome por dentro?"

"¡Cállate!" , gritó Emiliano, perdiendo el control. "¡Tú no sabes nada! ¡No sabes lo que es amarla! ¡Haría cualquier cosa por Ximena!"

Escuché un ruido sordo, como un puño golpeando un escritorio.

"No vuelvas a llamarme para hablar de esto" , siseó Emiliano. "El caso está cerrado. Los padres de Sofía eran corruptos. Ximena es una sobreviviente. Ese es el final de la historia."

Colgó con violencia.

Me quedé inmóvil en el pasillo oscuro. El frío no venía del suelo, sino de mi interior. Cada palabra que había dicho confirmaba la horrible verdad. No solo había encubierto el crimen, lo había hecho por amor a otra mujer. A la asesina. Mi matrimonio, mi vida, los últimos cinco años, todo era un elaborado teatro para protegerla. Yo era solo un daño colateral, un peón en su juego enfermo.

El bebé se movió de nuevo, una patada fuerte y repentina. Puse una mano sobre mi vientre, un gesto protector. El aire me faltaba. Tenía que salir de ahí.

Con el mayor cuidado posible, retrocedí paso a paso. No quería que me descubriera. No todavía. Necesitaba pensar, necesitaba un plan. Volví a la cama y me metí bajo las sábanas, pero el calor no llegaba. Tiritaba sin control, mi mente corriendo a mil por hora.

Escuché la puerta del estudio abrirse y luego sus pasos acercándose a nuestra habitación. Contuve la respiración, fingiendo un sueño profundo. Entró y se quedó parado junto a la cama por un momento. Sentí su mirada sobre mí en la oscuridad. Luego, se inclinó y me dio un beso suave en la frente.

El contacto de sus labios en mi piel me provocó náuseas. Era el beso de un traidor, el beso de un monstruo. Tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para no apartarme y gritarle en la cara.

Se volvió a acostar a mi lado, y en pocos minutos, su respiración se hizo profunda y regular. Estaba dormido. Pero para mí, el sueño era imposible. Me quedé con los ojos abiertos en la oscuridad, escuchando el tictac del reloj en la mesita de noche. Cada segundo era una tortura, cada tic-tac un recordatorio del tiempo que había perdido, de la vida que me habían robado. La mujer frágil que había subido a esa azotea cinco años atrás había muerto. En su lugar, había nacido una nueva Sofía, una endurecida por la traición, con un solo propósito: la venganza.

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