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Más que amantes (eso éramos)

Más que amantes (eso éramos)

Autor: : ANKH
Género: Romance
Anne nunca imaginó que sentiría esa conexión tan fuerte con Angel. Aunque él era prohibido, su pasión desatará una turbulencia de emociones que los llevará a conocer sus más profundos secretos y perversos deseos.

Capítulo 1 13 de Junio

Es una noche de Junio. Estoy allí, sentada, en aquella pequeña, pero ostentosa reunión para Alejandra, la hija de Carlos y Alicia.

Recientemente los conozco. Soy la vecina, más nueva en aquella urbanización. Vivo a pocos metros de su casa. Es sólo caminar unos cien metros y estoy allí.

Hay pocas personas, creo que soy la primera en llegar, claro, habitualmente suelo ser muy puntual; si me han dicho, 7:00pm, allí estaré sin falta. No sé si virtud o defecto. Uno de mis colegas suele decir que es absurdo llegar siempre de primero, porque nunca habrá alguien que pueda apreciarlo.

Mas, es algo a lo que me acostumbré desde muy joven, ser puntual y responsable.

Mi hija, Katrina, es casi de la misma edad de Alejandra; ambas son adolescentes. Ellas, junto a Javier, el hermano mayor de Alejandra, se divierten conversando, como suelen hacerlo la mayoría de los adolescentes. Alicia entretanto termina dentro, en la cocina, detalles de la comida y los pasapalos. Quizás pudiera entrar y ayudarla. La verdad, es que soy un poco introvertida y como dije, recién estamos conociéndonos. Pocas veces hemos hablado, apenas algunas cuestiones de la urbanización. Pero eso, no es garantía de tener mucha confianza.

Finalmente llega una mujer bastante joven y menor que yo, viene con sus dos niños. Una niña de tal vez, unos 7 años y el niño no alcanza tener los 4 años.

Se sienta a mi lado. Alicia nos presenta. La saludo de forma cordial. A los pocos minutos, inicia una conversación trivial. Me limitó sólo a contestar de forma amable para no ser descortés.

Ella, Bianca es algo parlanchina. Tanto que acabando de conocerme me muestra una foto de su hermana mayor y me cuenta que, se ha puesto silicone 38. Pienso "como que me importase para algo".

Yo sólo la oigo como mostrando interés por su banal conversación. Ella es comadre de Alicia, así que todos los que llegan, la saludan y yo sigo siendo la nueva vecina.

–Hola Bian, ¿cómo estás? ¿Y Angel dónde anda? ¿Lo dejaste castigado en casa?– comenta uno de los invitados, mientras ríe con su jocosa pregunta.

–No jajaja– ríe– ya viene en camino. Estaba trabajando– agrega.

Me detengo a pensar, mientras sonrío, "acaso puede una mujer someter a un hombre a tal punto o sólo era un chiste de aquel hombre"

Transcurren lentamente las horas. Carlos se encarga de llevarme cada cierto tiempo, mejor dicho, cada corto tiempo, una cerveza. Con unas cervezas de más, ya el panorama se torna más agradable y desinhibido para mí.

Llega aquel hombre, de tez blanca, lentes, ojos verdes y gran sonrisa. Todos los saludan, todos, excepto yo, que no lo conozco.

Él entra camina hacia donde estamos sentada. Los dos niños de Bianca, Camila y Andrés, corren a su encuentro y lo abrazan con extrema confianza, por lo que deduzco debe ser su padre. Se acerca hasta donde estoy, saluda a Bianca. Ella me lo presenta:

–Ella es Anne, la vecina de Alicia y Carlos.

Él me observa fijamente. Mientras extiende su mano y estrecha la mía.

No sé si han oído algo sobre la electricidad entre dos personas, pero estoy segura que nunca antes sentí aquella sensación de estremecimiento en mi interior, como en aquel momento que su mano rozó la mía; sus dedos se deslizaron con tal suavidad, que sentí mi piel erizada completamente.

–Hola Anne, soy Ángel–dice mientras sonríe.

Su voz es grave y a la vez, suave.

–Hola–contesto risueña. Confirmo mi sospecha de que él, es el hombre que es "sometido" por su mujer.

Él se sienta del otro lado donde está Carlos, beben y ahora es él, el encargado de llevarnos las cervezas a su mujer y a mí.

Carlos, me invita a bailar. Adoro el ritmo de la bachata. Acepto la propuesta. Me levantó. Él me toma por la cintura y comenzamos a bailar. A cada giro que damos, mi mirada se encuentra con la de Ángel, quien no deja de mirarme. Termina la canción y regreso a mi asiento.

Él se levanta y me lleva otra cerveza. Cada vez que la entrega, su mano roza la mía. Esta vez soy yo, quien desliza los dedos por los suyos. Necesito saber el porqué de esa extraña, pero a la vez excitante sensación se produce dentro de mí con su presencia.

Una y otra vez, persiste esa emoción y perturbación dentro de mí; me hace ir más allá de los límites de mi racionalidad. Sé que le atraigo, no deja de mirarme cada vez que puede. Mas, conversar es difícil, considerando que allí está Bianca.

Sólo hablan las miradas, algunas sonrisas picaras y los roces de nuestros dedos, cuando me entrega alguna cerveza. Como siempre ocurre, cuando más quieres disfrutar de algo o de alguien, el tiempo pasa como un ave en picada.

Pronto es más de media noche. La mayoría de los invitados se han ido. Sólo quedamos él y sus hijos, quienes ya están algo cansados, Bianca, Luis, mi hija y yo. Ella le sugiere que es hora de irse. Carlos siempre perspicaz, comenta:

–El compadre como que no quiere irse hoy.

–Mañana también hay que trabajar y los niños tienen escuela–responde ella.

–Pero vaya comadre, Luis, los lleva. Y el compadre se va luego– insiste Carlos.

–¿Te vas a quedar?–pregunta ella, algo molesta.

–Mejor, nos vemos mañana–contesta él.

Se levanta, se despiden. Suben al auto de Luis; se van.

Yo, sigo conversando con Carlos, mientras Katrina, ayuda a Alejandra a recoger algunas cosas y Alicia se da un descanso luego de todo el trajín de la noche.

Carlos insiste:

–El compadre, no se quería ir.

–Sí, pero ya sabes como es Bianca. Además es tarde– responde Alicia al comentario de Carlos.

Asumo que es hora de irnos. Llamo a Katrina y me levanto para despedirme. Al fin y al cabo, ya él se había ido; se notaba el cansancio y la tensión que había entre Carlos y Alicia.

–Vecina, tómese otra conmigo– me pide Carlos.

–Esta última, yo también debo trabajar mañana– respondo.

Carlos es buen conversador, siempre tiene un tema interesante de que hablar. Así que comienza a explicarme sobre los ciclos lunares y los estados emocionales y reproductivos de las mujeres. Puedo ver que Alicia, está un poco incómoda.

Nuevamente me despido y regreso a casa con mi hija. Mi mente no deja de pensar en Ángel. Siento aún la suavidad de sus manos y su voz resonando en mi cabeza como una de mis melodías preferidas, de Arjona. Me seduce, me perturba, me estremece.

–¿Quién eres Ángel? ¿Por qué vienes a estremecer mi mundo?– me pregunto a mí misma, mientras me desvisto e imagino sus dedos deslizarse por mi piel . Suspiro y una sonrisa invade mi rostro. Vaya emoción tan intensa. Nunca antes me sentí así.

Me quedo dormida. Suena el despertador. Katrina tiene el día libre. Yo en cambio, debo ir a trabajar.

Entro al baño, me miro al espejo. Hay algo diferente en mi rostro. Cierta belleza que antes no percibí. Me meto en la ducha, me doy un baño rápido, me seco con la toalla; abro el ropero y descuelgo un jeans y suéter marrón, me alisto. Voy hasta la cocina y preparo un café bien tinto para terminar de despertarme. Bebo una taza, recojo mi carpeta y cartera de la mesa. Entro a la habitación de Katrina, la beso, ella aún duerme y salgo al liceo.

Capítulo 2 El segundo encuentro

La mañana estuvo algo complicada. Nunca falta un inconveniente entre estudiantes; es común en estas fechas, creo que es por la proximidad a terminar el año escolar y se muestran incontrolables, exhaustos.

Un par de veces, se oyen en los pasillos, la algarabía de los chicos gritando por una nueva pelea en el patio central. Los profesores separan a los contrincantes. Los llevan a la dirección. Mientras, atenta, observó por la ventana de la sala, que da al patio.

–Gracias a Dios, es viernes–comenta Daniela, mi compañera de Biblioteca.

–Sí, menos mal, ya terminó la semana.

Los pocos momentos que tengo para pensar, son invadidos por la sonrisa de Ángel. Ya algo sobria, me interpelo a mí misma por ello:

–¿Qué rayos te ocurre con ese hombre Anne? ¡es casado!

No hago caso a mis brotes de conciencia. Nunca había sentido aquello por ningún otro hombre. ¿Por qué debía poner barreras en algo que tal vez, ni siquiera era posible?

Hora de salida. Salgo camino hacia la parada. Allí, Jesús, uno de mis colegas, me ofrece llevarme a casa. Aprovecho su ofrecimiento. No es muy agradable tomar un bus en una hora tope y menos un viernes.

–¿Qué harás esta noche?– me pregunta él.

–Descansar un poco, creo. Anoche estuve en una reunión y me dormí algo tarde– le respondo– Pero... si cambio de plan te aviso.

–Me parece perfecto. Voy a reunirme con un primo para ir a tomar unas cervezas y cantar en un Kareoke

–OK. Estamos en contacto.

Me despido, él me da un beso en la mejilla. Yo me bajo del auto y entro a la urbanización.

Sé que le gusto. Aunque es mucho menor que yo. A los 40 años, toda mujer se vuelve más atractiva porque ya no tiene tanto que perder, ni menos que creer. Es sólo vivir a cuenta y riesgo.

Cuando voy entrando, Carlos va saliendo en su auto.

–Vecina, tengo un libro de Miguel Ruiz "La maestría del Amor", pasa esta noche por casa para prestárselo, ¡está buenísimo!

–Claro vecino, yo paso por allá.

Camino hasta mi casa, abro la puerta, entro a mi cuarto. Aún estoy con algo de resaca. Me recuesto para descansar un poco. Me quedo dormida. Oigo que me tocan el pie, es Katrina:

–Levántate mami, vamos a cenar.

–¿Cenar?– pregunto sorprendida, mientras busco mi teléfono y veo la hora 7:00pm.

–Luego de cenar, voy con Alejandra y Javier a casa de Diego. ¿Puedo?

–Sí mi amor, ve. Yo voy a estar donde Carlos que me va a prestar un libro. Y posiblemente vaya con Jesús a un Kareoke.

–OK mami, me envías un mensaje. Nosotros veremos algunas pelis.

Luego de la cena, Katri y yo, vamos donde Alicia. Están reunidos Carlos y tres personas más. Cuando me aproximo está él. Siento mi corazón agitarse con sólo oír su voz. Algo apenada, saludo de forma general.

Carlos me ofrece una cerveza. Dicen que es bueno, para la resaca, tomar una cerveza bien fría.

–Vecina, tómese una– dice extendiendo la mano para darme una cerveza.

La tomo y me siento. Evito mirar a Ángel, pero él me desviste con su mirada.

En ese instante, salen Alicia acompañada de Bianca. Ambas me saludan. Ella se sienta al lado de él. Como una estúpida, siento celos. Como si no supiese que él le pertenece.

Bebo la cerveza, tomo el libro de la mesa y me despido

–¿Ya te vas, vecina?– pregunta Carlos.

–Sí, vecino. Tengo una invitación de un colega para ir a un Kareoke– hice tanto énfasis y emoción que pude ver de reojos, la actitud de Ángel ante mis palabras.

No sería yo, la única en sentir celos.

–Bueno vecina, diviértase– comentó Carlos.

Me puse de pie, me despedí con un "buenas noches" y me fui. Caminé apresurada. Necesitaba tranquilizarme. Tomé la llave, abrí la puerta. Entré a mi cuarto. Tomé el libro e intenté comenzar a leer. No lograba concentrarme, me sentía absurdamente celosa y evidentemente había perdido el control de la realidad.

Intenté releer nuevamente el primer párrafo del libro, enfocar mi atención en ello.

"La vida no es que un sueño y si somos artistas, crearemos nuestra vida con amor", hermosa frase. Hermosa y difícil de entender, más aún cuando siempre el amor había sido un tema de poco interés para mí.

Mucho de los poemas que había escrito durante mi juventud, habían ido del amor a la soledad y viceversa. Pero confieso que más creía en la soledad que en el mismo amor. Tal vez algunas desilusiones del pasado, incluso el haber tenido una hija de un hombre que no me amaba con la misma intensidad que yo a él, me habían dado esa percepción.

Sin embargo, la atracción que sentía por Ángel no sólo era inusual sino poderosa.

Cerré el libro; era inevitable, todo me llevaba a él. Me levanté, fui hasta la cocina a buscar algo de comer. Me asomé por la ventana y vi el carro de Luis. Allí iba él de copiloto. Al mismo momento que lo vi, él volteo hacia mí casa. Nuestras miradas se entrecruzaron como se entrecruzan el pasado con el presente, sin poder evitarlo.

Regresé a mi cuarto. Un mensaje en el chat.

Jesús: ¿paso por ti?

Preferí no responder. No quería salir. Estaba agotada y en cierta forma, me sentía atrapada entre las redes de Ángel. En sus ojos verdes, en su melómana voz y en su sonrisa.

Llamé a Katrina. Como siempre, nunca respondía; le dejé entonces un audio:

"Estoy en casa, no saldré. Te espero. No se vengan muy tarde de casa de Diego"

No podía conciliar el sueño. Ya había dormido mucho durante la tarde. Di varias vueltas en la cama, mis pensamientos parecían rotar con mis movimientos pero siempre caían en el mismo lugar, ¿su nombre tendría que ver con ello? ¿Era un ángel y por ello me perseguía a todos lados? Sonreí con sarcasmo al recordar que Lucifer también era un ángel y por lo contradictorio e inmoral de mis pensamientos, debía ser algo más infernal que celestial.

Capítulo 3 Conectados

El fin de semana terminó en un abrir y cerrar de ojos. Todas las tardes, luego de llegar a casa y preparar la cena, me ponía a leer el libro, Carlos suele ser bastante celoso con sus libros; él trabajaba por guardias. Este fin de semana regresaría. Yo debía haber terminado el libro para ese entonces. Sin desmerecer que era un portal de conocimiento que estaba abriendo en mí, nuevas perspectivas sobre el amor. Eso, me mantenía en constante reflexión y a la vez, en un estado de confrontación con mis emociones.

Llegó el fin de semana, como un abrir y cerrar de ojos. Tocaron la puerta, era Alejandra.

–Sra. Anne, ¿Katrina se encuentra?

–Katrina–dije en voz alta–Alej te busca.

Aproveche mientras mi hija venía, preguntar a Alejandra, si Carlos estaba em su casa:

–Sí, llegó esta tarde.

–Dile que al rato, le llevo el libro que me presto, por favor.

–Mami, voy donde Alej.

–OK mi amor. Yo voy en un rato. Me doy un baño y salgo para allá.

Se acerca, me da un beso y sale. Yo regreso a mi cuarto. Me quito el uniforme del trabajo. Me meto en la ducha. Dejo que el agua se deslice por mi cuerpo y mis pezones. Mojo mis cabellos, me enjabono, acaricio mis senos, mi vientre, mi pelvis, se desatan mis manos por todo mi cuerpo, siento mi vagina contraerse y mi respiración agitarse. Me toco como pocas veces. Siento esa necesidad de hacerlo, para relajarme.

Me coloco algo de crema perfumada, peino mi cabello. Y me visto. Un leggin, una blusa de tela suave. Camino hasta la casa de Alicia. Afuera veo que están Carlos y Luis. Me acerco, veo una tercera persona. Tal vez sea él. Me pongo nerviosa.

–Hola Anne, ¿cómo estás?– me pregunta Carlos.

–Bien– contestó, intentando reconocer a esa otra persona.

–Hola, Luis– saludo cordialmente.

No es él. No está allí.

–Bien vecina. Acompáñanos un rato.

–Tómate una, vecina– agrega Carlos.

Luis destapa una cerveza y me la da.

Me siento. Carlos me presenta a su otro colega de trabajo.

–David, está es la vecina.

El hombre se levanta, me saluda con una sonrisa.

Tal vez han hablado de mí, digo por la referencia, de ésta y no de una vecina.

Me siento oigo su platica, hablan de cosas poco comunes, de vida en otros planetas, de dioses perversos. En algunos momentos doy mi opinión. En otras, prefiero no decir nada. Lo cierto es que estoy un poco dispersa. Me había hecho tanta ilusión de que esa otra persona fuese él. Mas no fue así. Esperaré algunos minutos y me iré a dormir. Cuando ya estaba por despedirme, Luis hizo un comentario que aceleró mi corazón bruscamente:

–¡Carajo! Esto si es un milagro, mira quien viene ahí y sin la tropa.

Todos voltearon a ver, yo quise ser menos indiscreta. Y aunque no quería ver, sentía en mi corazón, que era él. Mejor dicho, ese era mi más grande deseo.

–¡Buenas noches!– dijo con su voz grave y seductora

–Epale compadre, eso sí es una cosa bien sorprendente, verte aquí y sólo.

El rió como si fuese un gran cchiste. Alzé la mirada para verlo, él ya me miraba, como esperando para que lo viese.

–¡Hola vecina!– dijo mientras estrechaba mi mano con delicadeza.

–¡Hola!– contesté sonriendo, trataba de evitar que notase mis nervios.

–¿Me brindas una cerveza compa?– pidió señalando la cava con las cervezas, a Luis.

Este miró las botellas de todos. Y destapó las 5 cervezas. Ya habían puesto a hacer la carne asada. Luis se encargaba, Carlos buscaba las verduras; David, Ángel y yo, hablábamos de política. Discutíamos en realidad. A pesar de ser ingeniero, él defendía el gobierno socialista, en tanto David y yo vapuleábamos el sistema.

Cuando David se retiró al baño, sentí su mirada fija, sobre mí. No quería encontrarme con su mirada. Si lo veía, se daría cuenta de lo perturbada que me sentía frente a él, de lo vulnerable que era.

En un instante, no pude evitar más y me volví a verle.

–¿Y que tal el libro?– me preguntó.

Me puse tan nerviosa, que casi lo dejo caer, él maniobró para evitar que cayera al piso. Lo tomó y colocó sobre mis manos y sentí las suyas brevemente quemando las mías.

–Muy bueno– contesté parcamente–Realmente develador– añadí.

Él sonrió. Mas tanto él como yo, estábamos algo torpes en él hablar. El reía por todo y yo, movía incesantemente mi pierna.

Mientras servían la comida, él se levantó y fue al baño, oportunidad que aprovechó David para sentarse a mi lado. Me entregó el plato con la comida, destapó dos cervezas y comenzó a platicar. Yo no recuerdo que decía, sólo asentía con mi cabeza y aprovechaba cada bocado para no hablar.

Ángel regresó, noté su desconcierto al ver a David a mi lado. Se sentó un poco más distante. Cuando Luis llamó a David, este se levantó; hábilmente él ocupo su puesto. Ambos comimos en silencio aunque sentía su mirada clavada en mí.

Voltié para sonreír y él me mostró su teléfono. En la pantalla, había un número. Apenas pude verlo. Aún así, lo anoté en mi celular. Carlos se acercaba y decidí aprovechar para levantarme, botar en el cesto de basura el plato desechable e ir al baño para lavar mis manos.

Cuando entre al baño, verifique que estuviesen los números completos y lo guardé en mis contactos. Al regresar todos estaban sentados y me veían como una manada de leones ven a un venado acercarse. Me sentí acechada. Tal vez sería bueno irme. No era muy cómodo estar rodeada de tantos hombres, menos de uno de ellos, quien tenía la habilidad de trastornarme de esa manera.

Me senté y vi que Katrina, se aproximaba con Alejandra. Esa sería una excelente excusa para irme.

Las chicas llegaron. Mi hija se colocó detrás de mi silla, me abrazó, y susurró al oído: "tengo hambre"

–Bueno, yo me tengo que retirar, el deber de madre me llama. Como dicen por ahí, ¡mujer con hijo no puede luchar por la justicia!

–La del estribo vecina– dijo Carlos con el destapador en la mano y una cerveza en la otra.

Realmente no me quería ir. Había sido demasiado casual que él, a quien no esperaban, estuviera allí esa noche, y más aún sin su familia.

Tomé un par de cervezas. Alejandra sirvió comida para ella y Katrina. Se sentaron en el computador como todo adolescente, mientras cenaban.

Ya era cerca de las once de la noche. Llamé a Katrina para irnos. Me despedí de cada uno de ellos, le entregué el libro a Carlos y me vine a casa. Mientras caminaba sentía como sus miradas me seguían hasta que entré a mi casa.

Estaba tan feliz, lo había visto por un rato, había conversado con él y ahora podría contactarlo.

Me senté en mi cama, comencé a desvestirme, me recosté y decidí enviar un mensaje:

–¿Eres tú?– pregunté. Aún me sonrió con ese recuerdo. ¿Y si había anotado el número mal? Alguien tal vez respondería que estaba equivocada o loca tal vez.

Tardó en responder por lo que asumí que debía haber copiado mal el número.

Me sentí consternada. Tomé la cobija y me arropé, coloqué el teléfono sobre la mesita de noche. Ya estaba casi dormida, cuando oi la vibración del teléfono en la mesa. Como pude tomé el móvil. Un mensaje.

–Sí, soy yo, vecina. Espero que descanses. Me encantó verla esta noche.

Mis latidos se hicieron más galopantes. Sonreí de emoción. Suspiré y le respondí:

–Gracias, igualmente Ángel. Feliz noche para ti.

Esa noche fue emocionante de principio a fin. Estábamos sintiendo lo mismo. Vibrábamos en la misma frecuencia. No había duda de ello.

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