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MAS QUE UN MATRIMONIO POR CONTRATO CON EL CEO

MAS QUE UN MATRIMONIO POR CONTRATO CON EL CEO

Autor: : Eclipse soleil
Género: Aventura
Hace cinco años, Mía hizo todo lo posible para que Charles se casara con ella. Debido al poder de su familia, se casó con éxito con el único hombre que amó. Mia luchó durante años para ganarse el corazón de su esposo Charles, a pesar de su trato frío y distante. Después de soportar el rechazo de sus suegros y la ruina financiera de su familia, Mía finalmente renuncia a su matrimonio sin amor. Pero cuando un accidente deja a Charles sin memoria, todo cambia. Charles despierta sin recuerdos de su pasado, incluyendo el resentimiento que sentía hacia Mía. En cambio, se enamora profundamente de ella y juntos comienzan a vivir la vida matrimonial que Mia siempre anheló. Sin embargo, el destino tiene otros planes. A medida que Charles comienza a recuperar sus recuerdos perdidos, Mia se enfrenta a la incertidumbre de si su amor durará. ¿Seguirá cuidando a la mujer que ha llegado a amar o la dejará en el olvido una vez más después de recordar su pasado lleno de resentimiento? En medio de este torbellino emocional, Mía se encuentra con familiares excéntricos, un embarazo inesperado y los celos que amenazan con destruir su relación. ¿Podrá Mia superar los obstáculos y encontrar la felicidad duradera en su matrimonio, o será condenada a revivir el pasado lleno de resentimiento?

Capítulo 1 Prólogo-

Prólogo-

Mía golpeaba con ansiedad el suelo de madera y se mordía los labios, sus manos sudaban expresado su nerviosismo. Esperando escuchar su nombre. Había experimentado esto muchas veces antes durante estos dos últimos meses, pero parecía que nunca encontraba la fuerza para llevar adelante su decisión. Sin embargo, en esta ocasión, se había prometido a sí misma que finalmente presentaría los papeles de divorcio. Aunque su corazón no estaba de acuerdo con la idea de terminar su relación con Charles, su mente le decía que era la mejor decisión para ambos.

¿Qué esperanza tenía? Ya lo había dado todo, su dignidad, su orgullo de mujer, su autoestima, su todo, ¿pero que recibió a cambió? Ser humillada una y otra vez, ¿y por qué? Solo por un hombre.

Su único error fue amarlo.

Pero ya no más, se negaba a seguir así.

También tenía la certeza de que a Charles le encantaría la idea de separarse de una vez por todas, ya que él era la única que aún se aferraba a este matrimonio roto.

Justo en ese momento, una voz interrumpió sus pensamientos.

-Señora García. La abogada está lista para verla ahora.

Al escuchar esto, Mía se levantó y se limpió las manos sudorosas en sus jeans. Sabía que tal vez debería haber vestido algo más formal, pero había sido una decisión de último momento.

Cautelosamente, cruzó la puerta y se encontró con el interior familiar de la habitación. Reconoció la abogada sentada detrás de su escritorio.

-Buenos días, señora García. Es un gusto volver a verla. Por favor, tome asiento.

Mia se aclaró la garganta y se sentó en la dura e incómoda silla. -Buenos días, señora Surco. Es un gusto volver a verla también -respondió con educación.

La abogada miró Mía con una expresión sabia y asintió con la cabeza.

-Entonces, ¿tu razón para venir aquí hoy es la misma de siempre?

Mia asintió, sin necesidad de agregar palabras.

-¿Está segura esta vez, señora García? Ha querido presentar los papeles de divorcio desde el mes pasado, pero parece que nunca lo hace. ¿Está segura esta vez?

Mía respiró hondo y cerró los ojos. ¿Está realmente segura de que está lista para dejar al único hombre que ha amado durante estos últimos cinco años? Si fuera egoísta, probablemente habría dicho que no. Pero ahora esto no se trata sólo de ella. Podía sentir que Charles ya no la ama, eso si es que la amó en primer lugar.

Sin dudarlo, Mía asintió firmemente con la cabeza. -Sí, estoy segura de esta vez.

-¿Pero el señor García estará de acuerdo con su decisión? Tal vez pueda hablar de sus problemas con él una vez más para no tener que recurrir al divorcio.

Mía miró al suelo y se rió entre dientes. -Estoy segura de que estará encantado con mi decisión.

La señora Surco frunció el ceño y miró el formulario de solicitud que sostenía.

-Bueno, si su decisión se mantiene firme, todavía tengo que hacerle un par de preguntas más antes de que podamos seguir adelante con la solicitud. ¿Por favor dígame por qué quiere disolver su matrimonio con el señor Charles García?

Mia dudó en responder y se limitó en mira hacia la mesa.

-Sé que este es un tema delicado para las parejas casadas, pero estas son las preguntas necesarias que deben responderse para que su solicitud sea válida. También odiaría hacer esta pregunta, pero no depende de mí, si no fuera por la ley que lo exige. Así que espero su total cooperación.

El "motivo del divorcio" en el formulario está en negrita y al lado estaba la palabra "obligatorio".

Mía leyó en silencio, apretó los labios y permaneció en silencio por un momento antes de decir:

-Él no me ama.

Los ojos de la abogada Surco se abrieron ligeramente mientras se ponía las gafas en la cara.

-Muchas parejas casadas también se han desenamorado, pero optan por no divorciarse debido a las ventajas socioeconómicas, usted entiende a qué me refiero -comentó la abogada-. ¿Quieres pensar en ello otra vez? -pregunto y la miró profundamente.

Mia jugueteo con sus dedos. Se sentía incómoda ante su atenta mirada, así que apartó la mirada.

-Puedo ver que todavía tiene sentimientos profundos por su esposo, Sra. García. Con solo leer su información y mirarla ahora mismo, puedo decir que no necesariamente quiere este divorcio. ¿Ha probado otras formas de salvar su matrimonio? -pregunto intrigada.

-Sí -respondió Mía con amargura. -Es repugnante cómo todavía estoy tratando de ganar su amor estos últimos años, a pesar de que probablemente me odia. No... él me desprecia.

En ese momento, Mía se sumergió en los recuerdos de su pasado, recordando cómo solía cocinarle todos los días y esperar su regreso, a pesar de todas las incertidumbres. Incluso había intentado gestos provocativos en un intento desesperado de revivir la pasión de su relación. Sin embargo, ahora veía esos intentos como monstruosidades y comprendía por qué él nunca la había amado y probablemente nunca lo haría.

Los ojos de la abogada Surco reflejaron lástima, pero Mía no deseaba recibir ese sentimiento de nadie.

-Si el señor García realmente no te ama, entonces creo que él mismo debería tomar la iniciativa de solicitar el divorcio. Ya que no está presente en este momento, ¿por qué no hablas con él primero? Tal vez solo parezca distante por naturaleza -sugirió.

Como abogada la señora Surco siempre intentaba encontró una solución aconsejable con sus clientes, más cuando se trataba de divorcio.

Mia sacudió la cabeza en desacuerdo.

-Regresará esta tarde. Él está en otro de sus viajes negocios, pero volverá hoy mismo -respondió con certeza-. Estoy segura de que firmará los papeles sin dudarlo. Incluso tomó la decisión antes de salir de viaje.

La señora Surco contempló su taza de café mientras daba un sorbo. -¿Podrías proporcionar más detalles, por favor?

Mía tosió ligeramente para aliviar el dolor de su garganta. -Desde que comenzó a trabajar en expandir su empresa, ha realizado varios viajes de negocios al año. Solían durar una semana, a veces incluso un mes. Sin embargo, este viaje es diferente, ya que tuvo que irse por dos meses. Pero...-hizo una pausa, recordando las palabras crueles que su esposo le había dicho antes de partir-, justo antes de irse, me dijo que empacara y preparara mis cosas para irme. No sé exactamente qué quiso decir con eso, pero supongo que quiere que me mude de la casa antes de que él regrese.

-Quizá eso no es lo que quiso decir con eso.

Mia la miró con incredulidad, soltando una risa entre dientes. -Realmente no sé qué más puede querer decir con eso. ¿A dónde más iré?

Recordó todas las ocasiones en las que Charles la dejaba en casa mientras salía con sus amigos y familiares. Ni siquiera la llevaba a las cenas familiares, siempre se avergonzado de su presencia.

Decidió seguir hablando, intentando persuadir a la señora Surco, la abogada encargada de su solicitud de divorcio.

-Le agradecería mucho que aprobara mi solicitud. Mi esposo... No... El señor García tiene una mentalidad muy inquebrantable. Estoy segura de que firmará los papeles sin ningún problema.

El ceño fruncido de la señora Surco se hizo aún más pronunciado. -Parece que ya no puedo persuadirla. Pero también le agradecería que lo pensara nuevamente. He visto sus datos bancarios y tiene un saldo negativo y tampoco está pidiendo ninguna pensión en cuanto al divorcio ¿Sería prudente que se divorcie del Sr. García si tu situación es así? Sé que tú también estás pasando por un momento difícil, tu familia está en la quiebra y tu padre-

-Ya es suficiente -la interrumpió Mia-. Ya he tomado una decisión. No creo que mencionar el saldo de mi cuenta bancaria y el de mi familia sea necesario a este asunto.

La abogada suspiró y miró el formulario una vez más. -Entonces aprobaré tu solicitud por ahora, pero aún no tienes que firmar a menos que cambies de opinión. Sólo será efectiva una vez que ambas partes la hayan firmado, ¿de acuerdo?

Mía suspiró aliviada y asintió. -Sí. Gracias, una vez más, y por cada otra vez que me escuchaste.

La abogada esbozó una sonrisa amarga y le dio unas palmaditas en la espalda. -Estaba apoyando tu relación, y todavía lo estoy. Espero que puedas encontrar la felicidad, Mía.

-Gracias, señora Surco -respondió Mía, levantándose y sacudiendo sus pantalones-. Será mejor que me vaya ahora.

Salió lentamente de la oficina de su abogada, con la cabeza llena de pensamientos. Caminó por los pasillos sin rumbo, perdida en sus reflexiones. Sin embargo, su ensimismamiento se vio interrumpido por el sonido de su teléfono móvil que resonaba en su bolsillo.

Miró el identificador de llamadas y vio que era Morris, el asistente personal de Charles. Siempre era así, nunca entendió por qué él no la llamaba si tenía su número, ni una sola vez desde que se casaron la había llamado, siempre era su asistente Morris.

Mía contempló el teléfono durante un buen rato antes de decidirse a contestar la llamada. No se encontraba de humor para hablar con personas relacionadas con Charles, pero sentía que podría tratarse de una llamada importante o si no tampoco se hubiera molestado en llamar Morris.

-Hola -saludó.

-Oh, gracias a Dios que contestaste.

Su voz tenía una sensación de preocupación y urgencia, así que se enderezó.

-¿Qué pasó?

-El señor García tuvo un accidente.

Sin ninguna explicación, tomó un taxi y le dijo que fuera a la ubicación del hospital que Morris le había enviado por mensaje de texto. Se revolvió en su asiento y se mordió las uñas. Sintió que el taxi no se movía lo suficientemente rápido, pero no podía pedirle al conductor que pasara el límite de velocidad por temor a que alguien saliera lastimado.

En unos quince minutos llegó al Hospital Haven, sin aliento y con el pelo revuelto.

-705A -murmuró en voz baja mientras presionaba el botón "7" en el ascensor.

El ascensor se abrió en el séptimo piso y corrió a la quinta habitación. Pudo ver a algunos de los familiares de Charles afuera de la habitación mirándola con disgusto, pero no les prestó atención.

Charles era el único en su mente en este momento.

-Señora García -Morris se acercó a ella y la llevó a la habitación.

-¿Está bien? ¿La operación fue exitosa? -divagó mientras miraba a Morris con ojos frenéticos.

Él se rascó la nuca y miró hacia otro lado. -Él está bien... ¡incluso genial! Es solo que-

Dudó por un momento, así que ella se preocupó aún más.

-¿Qué? ¿Pasó algo?

-Creo que es mejor que lo veas por ti misma.

Entró rápidamente a la habitación y vio a su apuesto esposo con una banda para el cuello, sentado en su cama y leyendo tranquilamente un libro. Parecía estar bien, lo que la hizo suspirar de alivio.

Sin embargo, lo que dijo a continuación la hizo creer que en realidad no estaba bien.

-¡Hola amor! ¿Me extrañaste?

Capítulo 2 No digna de su prestigiosa familia.

UNOS MESES ANTES-

Mía se sentó a la mesa del comedor y esperó el regreso de su marido. Hoy era su cumpleaños y quería celebrarlo con él. Había cocinado toda su comida favorita e incluso había viajado durante una hora a su panadería favorita solo para comprar el pastel de chocolate que tanto le encanta.

-Señora, el Sr. García se encuentra actualmente en una reunión de negocios con los Ledger y definitivamente no regresará a casa esta noche. Le aconsejaría que regrese a su habitación y no lo espere más para que pueda limpiar la mesa -informó Gertrude, la criada de la familia García.

Mía había estado esperando aproximadamente una hora cuando Gertrude, la criada de la familia García, entró para convencerla de que no lo esperara más.

Por alguna razón, Mía, siempre sentía que Gertrude no la quería demasiado. Aunque no había dicho ni hecho nada inapropiado, su tono tenía un sentido de superioridad. Y a veces podía verla mirándola con un toque de disgusto.

Desde que se había mudado a la mansión García, casi todos en la casa le lanzaban miradas de desprecio. En cambio, siempre recibían con gusto a Alison Ledger, la hija de los socios comerciales de la familia.

-Está bien, Gertrude. Lo esperaré. Me dijo esta mañana que regresaría más temprano de lo habitual -susurró en voz baja.

Gertrude pareció golpear intencionalmente el vaso de agua frente a ella, asustandola y haciéndola saltar de su asiento. Le miró sorprendida, pero Gertrude seguía sonriendo como si no hubiera hecho nada en absoluto.

Se sentó sola una vez más y recordó el momento en que la gente de esa casa empezó a menospreciarla.

Siempre habían sido indiferentes a su presencia. Probablemente porque Charles nunca mostró realmente su afecto por ella, los demás miembros de su familia nunca la consideraron su esposa. Todo eso cambió abruptamente cuando la empresa de su familia se declaró en quiebra. Como si lo único que respetaban de ella hubiera desaparecido en un instante. Se convirtió en un miembro no digna de su prestigiosa familia.

Suspiró al no tener el coraje de desafiar su injusto trato hacia ella. A pesar de que sus sentimientos resultaban heridos la mayor parte del tiempo, no quería iniciar conflictos porque eran las personas con las que Charles había crecido. Temía que, si peleaba con ellos, los sentimientos de su esposo solo se distanciarían más.

Permaneció sentada allí por un tiempo hasta que sus ojos se volvieron cada vez más pesados. Intentó luchar contra el cansancio, pero finalmente se quedó dormida en la mesa.

Los excitados murmullos de los sirvientes la despertaron, así que se frotó los cansados ojos y se acercó a la puerta. Charles debía haber regresado a casa, ya que todos estaban ocupados preparándose para recibirlo.

Se colocó detrás de los sirvientes y esperó con entusiasmo el regreso de su marido. Sin embargo, cuando la puerta se abrió, no fue Charles quien entró a la casa, sino su hermana mayor, Jasmine.

Esta venía con las muñecas y el cuello cubiertos de joyas de oro. Bajó las persianas y observó a su alrededor. Su rostro se distorsionó en una mueca de disgusto al ver a Mía parada detrás de las criadas.

-¿Qué está haciendo ella aquí? -preguntó Jasmine en voz baja, pero aun así Mia escuchó.

-No debe haberlo sabido ya que estuvo en el extranjero por un tiempo -respondió Gertrude-. La señora García ahora vive con nosotros desde que su padre murió debido a la quiebra de su empresa.

Los ojos de Mia se abrieron mientras escuchaba la conversación. Nunca esperó que cayeran tan bajo y hablarán de la muerte de su padre delante de ella. Pensó que Jasmine regañaría a Gertrude por decir esas palabras, pero ella simplemente se rió al escuchar la noticia.

-¡Eso apesta! Y no la llames señora García. Es repugnante escuchar que la asocien con nuestra familia. Llámala Mía o algo así.

-Sí señorita -Gertrude respondió alegremente y miró a Mia con una sonrisa victoriosa, quien apretó los puños con ira, pero decidió no responder.

Ella no quería discutir y hacer un enredó más grande en esa situación. Regresó a la mesa del comedor y decidió esperar el regreso de su esposo. Sin embargo, Jasmine entró en la habitación y miró la mesa llena de manera burlona.

-¿Cocinaste todo esto?

Mia simplemente miró hacia otro lado e ignoró sus comentarios.

Jasmine se rió entre dientes. -Oh, qué lástima. Mi hermano probablemente no vendrá a casa esta noche ya que está en una reunión de negocios con los Ledger. Él y Alison probablemente también cenarán juntos, así que todos tus esfuerzos serán en vano y tirado a la basura, asi como tu querida -dijo con arrogancia.

Mia la miró cuando mencionó a Alison y todavía tenía una expresión arrogante en su rostro.

-¡Pero no te preocupes por la comida! Siempre podemos dárselos a los perros callejeros fuera de la mansión. Estoy seguro de que estarán muy felices comiendo comida para perros tan deliciosa -dijo mientras salía de la cocina.

Mía suspiró con frustración y se cepilló el cabello hacia atrás con las manos. Quería decir algo una vez más, pero sabía que sus palabras podrían ser utilizadas en su contra. Ya eran las once de la noche, pero Charles aún no había regresado.

Quizás realmente haya salido a cenar con Alison. Miró toda la comida que había preparado y se sintió decepcionada. En realidad, había mentido cuando le dijo a Gertrude que Charles volvería a casa antes de lo habitual. Realmente nunca le había dicho algo así por la mañana. Le envió muchos mensajes de texto preguntándole si vendría a cenar con ella, aunque sabía que era muy probable que no recibiera respuesta, pero se alegró mucho al ver que le había enviado un emoji de aprobación.

Pensó que tenía un significado ya que Charles nunca le respondía.

Charles siempre había sido un hombre de pocas palabras. Desde que lo conoció en la universidad, rara vez le hablaba durante su largo período de tiempo. Sonrió al recordar la primera vez que lo vio.

Capítulo 3 Se hizo demasiadas ilusiones.

Flashback-

Mía estaba en una cafetería, estudiando para sus exámenes finales mientras disfrutaba de un café caliente. Fue entonces cuando notó a un chico sentado en una esquina, mirando su computadora con total concentración.

La curiosidad de Mía la llevó a acercarse y sentarse en la mesa vacía al lado de él. No pudo evitar notar lo guapo que era, con su cabello oscuro y sus ojos penetrantes.

Sin embargo, él no pareció notarla en absoluto. Estaba completamente absorto en su trabajo, escribiendo rápidamente en su computadora y tomando notas en un cuaderno.

Después de unos minutos de observar su intensidad, finalmente decidió romper el hielo.

-Hola, soy Mía. ¿Estás estudiando para los exámenes finales también?

Él levantó la mirada y la miró por un momento, como si estuviera evaluando si hablar con ella valía la pena. Finalmente, asintió: -Charles. Sí, estoy intentando sobrevivir a estos exámenes. ¿Tú también eres estudiante?

Ella asintió emocionada de haber logrado llamar su atención. Comenzaron a hablar y descubrió que tenían varias clases en común. Finalmente, un día, tomó el valor y lo invitó a salir a tomar un café después de la clase. Fue un momento emocionante para ella, ya que sintió que realmente había logrado romper su caparazón.

A pesar de su naturaleza reservada, Charles se mostraba amable. Estar con él la hacía feliz.

.....

Mia sintió una oleada de felicidad cuando pensó en la primera vez que conoció a Charles. Pensando en esto, se despertó de un sobresalto y esperó el regreso de su esposo.

Finalmente, a la una de la madrugada, Charles finalmente regresó.

Llevaba un traje negro, pero ya se había quitado la chaqueta y se la había puesto sobre el hombro. También tenía las mangas arremangadas y los primeros tres botones de su camisa de vestir desabrochados. En general, parecía desaliñado y cansado, pero seguía tan guapo como siempre.

-¡Estás de vuelta! -exclamó emocionada y corrió hacia donde estaba. Ya se había olvidado de cuánto tiempo lo había esperado y estaba rodeada de felicidad.

Charles, sin embargo, permaneció en silencio y solo miró la mesa de comida.

-¿Ya comiste? ¿Quieres que te caliente algo de comida? También compré tu pastel de chocolate favorito en la panadería de al lado. ¿Quieres que vaya a buscarte un trozo? Podemos comer juntos y hablar sobre tu día.

-Estoy cansado.

Su sonrisa cayó un poco, pero lo entendió. Debía estar cansado por la reunión de negocios.

-Oh, entonces tal vez podamos comerlos como desayuno mañana-

Antes de que pudiera terminar su frase, él ya había pasado a su lado y había subido las escaleras.

Su voz emocionada flotaba en el aire y se sintió un poco avergonzada. Quizás se hizo demasiadas ilusiones.

Pero en ese momento, mientras observaba la mesa llena de comida preparada para una cena romántica que nunca iba a ocurrir, se dio cuenta de que había sido ingenua al pensar que algo había cambiado entre ellos.

Las palabras hirientes de Jasmine y su arrogancia le recordaron la realidad de su situación. Aunque vivía bajo el mismo techo que Charles, no eran más que extraños. Su conexión con él no era más que una ilusión creada por su deseo de que las cosas fueran diferentes.

Sintió un nudo en la garganta y un dolor profundo en el pecho. Simplemente se tragó el nudo que tenía en la garganta y colocó toda la comida en el refrigerador. Escuchó su estómago retumbar ya que aún no había cenado, pero no le prestó atención.

Tampoco tenía más apetito.

Regresó a su habitación, abatida. Pasó por su oficina y vio que la luz todavía estaba encendida.

-Probablemente hoy volverá a dormir allí -murmuró con nostalgia. Parecía que volverá a dormir sola esta noche.

Aunque no pudo dormir bien anoche, todavía quería levantarse temprano para poder ver a Charles desayunando.

Salió de su habitación y se sorprendió al ver a Charles saliendo de su oficina.

Mia le sonrió. -¡Buenos días! -días.

Charles frunció el ceño. Pero todavía Mia se sintió feliz porque él asintió cuando lo saludó.

Bajaron juntos las escaleras, él delante y ella detrás de él. Se sentaron a la mesa, pero frunció el ceño al ver que la comida en la mesa no era la que preparó anoche, sino la que prepararon las criadas.

Lo miró mientras comía. Sus cejas se fruncieron mientras se concentraba en comer. Quería extender su mano y suavizar su ceño porque se veía mejor cuando sonreía.

Era muy temprano en la mañana, pero se sentía muy feliz de ver a su apuesto esposo frente a ella.

-¿No vas a comer? -preguntó, su voz ronca y profunda.

Se sonrojó y agarró su cuchara. -Sí, comamos juntos.

Sin embargo, justo cuando estaba a punto de llevarse la papilla a la boca, Charles dejó sus cubiertos y se levantó de su asiento.

También dejó su cuchara y lo siguió. Lo agarró del brazo. -Hoy voy a ir a ver a mi mamá al hospital -dijo y suspiro-. ¿Quieres venir conmigo?

Charles sé pellizcó el puente de la nariz y suspiró. -Envíale mis saludos. Tengo un viaje de negocios. Regresaré en dos meses para ese entonces quiero que empaques y arregla tus cosas para que te marches de aquí.

Lentamente soltó su brazo y asintió entendiendo el significado de sus palabras.

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