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MI LUNA.

MI LUNA.

Autor: : Bel.
Género: Hombre Lobo
Sam es un joven universitario que siempre ha sido sobreprotegido por su familia, nunca ha podido tener una vida "normal". Ni si quiera amigos tiene permitido,salvo Diego. De qué, o quién quieren protegerle? Todo comenzará a tener sentido cuando conozca a un apuesto y poderoso hombre. Será para bien, o mal?

Capítulo 1 PROHIBICIÓN.

En la mañana muy temprano Sam se levantó como todas los días de clase.

Sabía que si se tardaba de más tendría que escuchar los sermones de su madre Eva, cuando él vió al amor de su vida no pudo evitar exclamar.

-Dios qué belleza de hombre.

Sam estaba mirando en su televisor la noticia en la que salía James, nunca se cansaba de verle.

-Sam baja es hora del desayuno.

La mamá de Sam estaba hablando desde el pasillo del segundo piso ,osea el mismo piso en el que él estaba.

De lunes a viernes Sam se levantaba temprano preparándose para ir a la universidad, aunque la principal razón por la que lo hacía era porque así conseguía ver al amor de su vida, bueno su amor platónico ya que no le conocía en persona.

-Mamá ya bajo.

Sam cogió su mochila, puso todos sus materiales escolares dentro, su ordenador y cerró la puerta con prisas para no llegar tarde.

Luego se acordó que se le había olvidado que no había apagado la tele, volvió a su cuarto y esta vez sí lo hizo y salió.

Bajando por las escaleras percibió el olor de la comida de su mamá, olía rico pese a que casi todo era vegetal.

La madre de Sam estaba acostumbrada a preparar verduras, pescado y frutas, diciendo que era más sano, sólo comían carne, dulces o comida basura en ocaciones especiales.

Aunque Sam no tenía ningún problema en comerlo, su única pega era el pescado, lo detestaba porque no soportaba que le estuvieran pinchando sus escamas.

Al llegar saludó con indiferencia.

-Buenos días.

-Buenos días cariño.

Su mamá fue la única que respondió mientras que Damián dijo sólo.

-Mmmm.

Y su linda hermanita.

-Buenos días hermanito.

Como de costumbre su linda hermanita rubia de ojos verdes, de tes clara le mostró una gran sonrisa.

Si no fuese por la mamá de Sam que la estaba dando de comer en su sillita de bebé, ella estaría hecho un desastre.

Al ser todavía muy pequeña no podía comer sola sin ensuciarse, por eso su mamá siempre solía estar al pendiente de ella.

En la mesa estaba Eva la madre de la familia, tenía un lacio cabello oscuro azabache muy largo, ojos verdes, una gran altura de unos 1.80 aproximadamente.

Casi nunca hablaba y su rostro pese a ser hermoso, era duro y frío como si fuera un iceberg.

Luego estaba la mamá Laura, era rubia de ojos azules, con largas y abundantes pestañas, unos labios finos, de tes clara, una altura promedio de unos 1.60 aproximadamente.

Amabas mujeres se casaron desde muy jóvenes, tiempo después de haber acabado la universidad, y formaron una familia.

Fruto de esa relación nació primero Daniel el hermano mayor.

Tenía el aspecto físico de su madre Eva,cabello oscuro azabache, ojos verdes, pestañas largas y abundantes, con una gran altura de 1.90 aproximadamente.

Heredó la belleza de amabas mujeres, tenía un físico envidiable no sólo por su hermoso rostro, sino por su trabajado cuerpo.

Si se habla del carácter de parecía más a su mamá Laura, Daniel tenía el físico de su madre y su comportamiento y actitud eran parecidos a los de Laura.

El segundo miembro de la familia era Damián, el segundo hijo de la familia.

Físicamente se parecía a su mamá Laura,con ojos azules y largas pestañas, rubio de tes clara, una gran altura de 1.90 aproximadamente.

También tenía un físico envidiable al igual que su hermano, un cuerpo que había trabajado desde temprana edad en el gimnasio.

Blanca la única hija de la pareja, que a penas era una niñita de dos añitos, que pasaba la mayor parte del tiempo jugando.

Y por último estaba Sam, pese a no tener una gran altura como su familia ya que él medía 1.65 aproximadamente, sí estaba bien.

No tenía una gran belleza como el resto de su familia, pero tampoco era feo sólo común.

Era muy delgado, no importaba lo que comiese nunca conseguía subir de peso, tenía una piel pálida casi enfermiza, unos ojos enormes ojos azules, y un cabello plateado.

Sam se sentó en su asiento al lado de su hermanita Blanca, y se puso a tomar su taza de leche mientras comía la ensalada.

Todos estaban callados menos Blanca que comía y jugaba con la comida a la vez.

Sam siempre odiaba tener que compartir la mesa con su madre porque siempre le provocaba una indigestión.

-Sam no quiero que vayas a ningún sitio en los próximos días, de la escuela a la casa,entendido?

El tono que empleó Eva al hablar era de orden frío y de indiferencia al mismo tiempo.

Sam dejó de beberse su taza de leche que estaba a punto de derramar por el asombro en la mesa.

-Porqué tengo que hacerlo?

Sam se sentía sorprendido por la repentina orden de Eva.

A Eva no la importaba lo que pensara Sam, por lo que le respondió con tono frío e indiferente.

-Porque lo digo y punto.

Sam se mordió el labio inferior para controlar la rabia que sentía el tono y la actitud de Eva, aunque ya estaba acostumbrado a su frialdad, le sorprendió esa nueva prohibición.

Él miró unos segundos su plato de comida pensando en la respuesta que le iba a dar a su madre, hasta que se decidió.

-No lo voy a hacer.

Nunca Sam ha podido ir a fiestas ni estar fuera durante mucho tiempo, además debía ir acompañado de alguien hasta el día de hoy,pese a que ya tenía veinte años.

Sam estaba harto de esta dictadura.

Eva le miró a los ojos a punto de explotar de ira por atreverse a desobedecer sus órdenes, sin embargo Laura la sujetó el brazo sonriéndola.

-Ya ya, no arruinen el desayuno por favor, amor no tenéis que hablarle así a nuestro hijo debéis ser más considerada,de acuerdo?

Eva era una persona con el corazón de hierro, no obstante cuando se trataba de su mujer se ablandaba y se dejaba convencer por ella.

El rostro de Eva que se estaba endureciendo más que antes, volvió a su característica cara inexpresiva y seria a la vez.

Asintió a los mandatos de su mujer y prefirió disculparse con ella.

-Lo siento amor.

Eva la besó la mano y se quedó callada comiendo su desayuno.

Sam se asombró por la facilidad que tenía su mamá Laura para hacer cambiar de opinión a su madre Eva.

-Cariño haced caso por esta vez a vuestra madre, sí?

Esa respuesta sólo irritó más a Sam, no esperaba que ella se pusiera del lado de Eva, ya que normalmente siempre le defendía y estaba de su lado.

No obstante esta vez era diferente.

-Pero porqué?

Él frunció el ceño por ser obligado a aceptar esa nueva orden, pero más porque su mamá quien siempre le apoyaba seguía con la misma orden extraña.

Como Laura vió que a su hijo no le hacía ninguna gracia tal petición, decidió buscar una mejor excusa.

-No os lo quería decir pero es porque pronto tendréis veinti y un años y queríamos hacerte una fiesta, por eso queremos que no salgas, al menos por ahora.

Pese a los intentos de Laura por no levantar sospechas, Sam seguía dudando de la veracidad de sus palabras.

Nunca en toda la vida de Sam habían querido que se quedara en casa sólo por su cumpleaños.

Aunque Sam no quería seguir las órdenes de Eva, decidió acatarlas esta vez porque no quería discutir tan temprano. Además no tenía nada que hacer, por lo que no se perdería nada.

-Entiendo mamá, está bien.

Laura respiró aliviada y le sonrió diciendo.

-Gracias cariño.

-Hermanito ya tengo listo un regalo para tí.

Blanca se veía mucho más animada,la emocionaba hacerle un regalo a Sam, tenía una sonrisa que no se quitaba.

Cuando Sam la vió sonreír se sintió aliviado de que no se pareciera a Eva,sino a Laura que es mucho más cálida.

Sam la sonrió y la respondió con un.

-Estoy ansioso por verlo.

Daniel dejó de comer su desayuno, miró la hora en su reloj que tenía en la mano, abrió los ojos asombrado por lo tarde que era.

Se limpió los labios con una servilleta,se levantó y dijo con un tono tranquilo y frío a la vez.

-Ya es hora.

Todos se levantaron para salir, menos Laura y Blanca.

Eva trabajaba como fiscal, Daniel como abogado, queriendo seguir los pasos de su madre,y Damián era cirujano plástico.

Él prefirió la medicina por influencia de su madre Laura, que era una excelente doctora.

Laura se tomó un descanso de su trabajo desde que dió a luz a Blanca, y Blanca se la pasaba jugando todo el día.

Sam estudiaba diseño gráfico en la universidad.

Eva dió un beso en la boca a Laura como despedida,luego le dió uno en la frente a Blanca

Sam también le dió un beso a Laura pero en la mejilla y otro en la frente a su linda hermanita.

Damián y Daniel hicieron lo mismo, luego se pusieron en marcha.

Damián se subió en su mercedes AMG one rojo y se fue volando.

Lo mismo Daniel con su deportivo azul oscuro.

Económicamente la familia de Sam no estaban mal,pues sus madres siempre habían trabajado para darles lo mejor,y sus hermanos cobraban bien como para permitirse esos pequeños caprichos.

Además era una de las formas que tenían para conquistar a las mujeres, usando sus hermoso rostro también.

Ahora que los hermanos se habían ido tocaba a Sam, para su maldita desgracia tenía que ir con su encantadora madre, porque ella no le permitía conducir menos tener caros.

Sam no paraba de pensar en su mente cosas como:

Qué novedad verdad?, madre prohibiéndome cosas, luego el que está exagerando soy yo.

Se metió al carro de Eva en la parte trasera, ya de por sí era difícil estar en el mismo espacio que ella como para estar delante, él prefirió quedarse atrás así no la veía.

Capítulo 2 DISCOTECA.

Como de costumbre llegó a la universidad sin haber pronunciado palabra en todo el camino, siempre sufría un silencio incómodo y asfixiante.

Su salvación eran sus cascos, se los ponía en las orejas y empezaba a escuchar música, así el tenso y pesado aire no le asfixiaba más de la cuenta.

Al salir Sam del caro Eva se fue sin pronunciar ninguna palabra de despedida para su hijo, siempre la ha costado expresarse pero con Sam tendía a ser más dura con él por su bien.

Él entró a la universidad de inmediato para no llegar tarde, por suerte llegó a tiempo.

-Al fin llegas.

Diego estuvo esperando a Sam, era su mejor amigo, bueno el único que Eva le permitía tener ya que ella siempre ha sido muy cautelosa con los amigos que frecuentaban a Sam.

Diego tenía la misma edad que Sam pero a su lado parecía mucho más joven.

La única razón por la que Eva dejó que entablaran amistad, era porque se conocían desde que eran niños y fueron criados casi como hermanos.

Si no fuera por eso Eva nunca habría permitido que ningún hombre se le acercara a su hijo.

-Hola Diego.

Sam forzó una sonrisa al saludarle para que no notara su malestar.

Aunque Sam se esforzaba por no mostrar que estaba molesto por lo que pasó en el desayuno, Diego se dió cuenta que algo no estaba bien, sin embargo prefirió fingir no darse cuenta, así no haría sentir mal a Sam.

Pese a eso ya sospechaba que tenía que ver con Eva, pues siempre que fingía estar bien era porque había discutido con ella.

-Entremos ya.

Diego le agarró por la cintura para que se fueran ya de una vez a la universidad.

Más tarde terminaron todas clases y ya era hora de volver a casa. Cuando Sam estaba a punto de ir a la parada donde le iba a recoger Eva, Diego se abalanzó sobre él muy animado.

-A dónde vas tan temprano?.

-Tengo que volver pronto llegará mi madre a por mí.

Diego se puso a reír como si acabara de oír un chiste.

-Es en serio?, pronto cumplirás veinti y un años y todavía te tratan como si estuvieras en primaria.

Sam le miró con ganas de querer matarle, pese a que lo ama a veces le sacaba de quicio, como ahora que se burlaba.

De tanto reírse Diego comenzó a toser, tenía los ojos llorosos.

Cof Cof

-Eso te pasa por ser tan buen amigo-dijo con sarcasmo.

Como seguía tosiendo Sam le dió palmaditas en su espalda para que el ataque de tos cesara, luego sacó una botella de agua de su mochila y se la entregó para que bebiera.

Cuando terminó de beberse el agua Sam le preguntó un poco preocupado.

-Te sientes mejor?

-Sí, gracias.

Diego tragó saliva intentando tomar aire.

-Casi me ahogo por tu culpa.

Diego estaba aún medio agachado mirando a Sam directamente a los ojos, estirando su cuello para verle.

-Ya lo que sea,ahora que te sientes mejor me voy, hasta luego.

Sam tenía prisa por volver al lugar donde le iba a recoger su madre, no obstante Diego se lo impidió y le estiró el brazo susurrándole.

-Qué tal si vamos a dar una vuelta antes de que vuelva?

Sam miró a Diego como si estuviera viendo a un lunático.

-Cómo te atreves a decirme algo así, acaso no sabes quién es mi madre?

Sam estaba sorprendido por la actitud tan indiferente de Diego, él sabía la actitud de Eva y aún así no parecía tomarlo en serio.

Diego sabía mejor que nadie cómo era Eva, por eso quería que Sam dejara de pensar en eso y se lo pasara mejor.

Agarró a Sam por detrás con su gran fuerza forcejeando, ya que Sam insistía en no hacerle caso. Sin embargo Diego se salió con la suya y se lo llevó para que olvidara a Eva.

El lugar donde Diego obligó a Sam ir era una discoteca, había mucha gente pese a ser solo las 19:00 de la tarde, como era viernes había más gente.

La disco era enorme pero parecía pequeña por la cantidad de gente que había, el sonido de la música estaba alta, estaban bailando música electrónica, mientras gritaban y se movían.

No estaba muy iluminado, era oscuro, sólo se podía ver el rostro de la gente con las luces de diferentes colores que medio iluminaba el lugar.

Todos estaban eufóricos y sudados por la música muy alta, el alcohol y las drogas.

Casi todos los que estaban bailando eran estudiantes de la misma universidad de Sam, y otros eran jóvenes de otras partes que vinieron a pasárselo bien.

Antes de llegar al lugar Diego llevó a Sam a la casa de su novia, dejaron sus cosas ahí y se arreglaron un poco para estar presentables.

Como Sam no tenía ningún interés y no estaba mal vestido, sólo Diego se tardó un poco más.

Sam tenía puesto unas zapatillas blancas, vaqueros azul medio doblado en la parte de los pies, una camisa negra, y una chaqueta marrón encima.

Mientras que Diego estaba vestido con unas zapatillas grises, vaqueros roto azul claro, una camisa blanca y una chaqueta gris encima, que le hacía ver realmente sexy no sólo por su atuendo sino por esos músculos que había dedicado en el gimnasio.

A diferencia de Sam, Diego sí era alto con unos 1.93 aproximadamente, de tes clara, rubio de ojos miel, corpulento, y muy sexy.

Cuando llegaron a la barra, Sam se sentó y Diego se puso en pie junto a su rubia novia de ojos azules, con un cuerpo sexy.

-Qué quieres tomar?

Diego gritó para que yo le oyera, ya que el sonido de la disco estaba muy alta.

-No quiero nada sólo irme.

Sam seguía con la idea de querer volver a casa, sólo con imaginar en lo que le esperaba sentía un sudor frío recorrer su cuerpo.

-No seas aguafiestas, si acabamos de llegar.

Esta vez Diego le susurró al oído sonriéndole coquetamente, o si no, no le oiría.

Su novia le estiró la camisa, molesta por lo cercanos que estaban.

Él no le dió importancia a las molestias de su novia, y siguió igual de cercanos.

-Mi madre me va a matar cuando llegue, lo digo en serio.

Diego suspiró como si se estuviera rindiéndose y le dijo.

-Está bien te llevaré a casa.

Cuando Sam lo oyó se sintió aliviado,pero su cara cambió al oír lo que dijo después.

-Pero después de una hora.

Sam frunció el ceño y su rostro se volvió sombrío.

-Qué?, Diego lo digo en serio debo volver.

Ahora estaba más molesto e irritado, no paraba de quejarse gritando para que volvieran a casa.

Pese a las insistentes quejas de Sam Diego hizo oído sordos, ni si quiera escuchó lo último que dijo por la interrupción de su novia.

Ella se lo llevó a la pista y se pusieron a bailar como dos enamorados.

-Porqué tienes que ponerle tanta atención a tu amigo?

A su novia siempre la ha molestado la relación que Diego tenía con Sam, hasta ahora se había aguantado pero ya no podía callar más.

-Porque es mi amigo?

Diego respondió con otra pregunta.

Ella frunció el ceño por la indiferencia que tomaba todo esto, detestaba ser el segundo plato.

No quiere un novio que le da más atención a otro que a ella, no se lo merecía.

Le golpeó el pecho con un puño mientras seguían el ritmo de la música, luego le susurró.

-Estoy hablando en serio.

Diego detestaba a las mujeres pesadas, más aún las que se metían en su amistad con Sam por lo que no quería tocar el tema.

Así que la agarró el trasero y la dió un suave beso en los labios entre tanto seguían con el baile.

El beso era una de las mejores maneras que encontraba para hacer callar a las mujeres.

Sam se quedó sentado bebiendo la botella de agua que se trajo, no podía beber nada que no fuese lo que hubiera traído según las normas de Eva.

Si rompía esa regla tendría horribles consecuencias, ya aprendió en el pasado que por más que escondiera que hubiese bebido otra cosa que no fuera lo que dijo Eva, ella se enteraba por más que lo escondiera.

Él quería volver a casa pero no sabía exactamente dónde estaban ya que era su primera vez en el lugar, además vino en carro.

No tenía ningún efectivo ni tarjeta de crédito, gracias a la norma de Eva.

Eva quería tener el control absoluto de todo lo que hiciera Sam, con quién estaba o dónde estaba.

Sam no podía ni andar con dinero encima a no ser que fuese necesario, como para comprar algún material de la escuela, o pagar la excursión.

De tanto bailar Diego y su novia se agotaron y se fueron a un callejón, donde las parejas estaban coqueteando.

Se sentó en un sofá y su novia se sentó en su regazo, ambos comenzaron a besarse.

Sam tuvo que esperar varias horas sentado a causa de la ausencia de Diego, ya estaba oscureciendo y todavía no le había visto.

Se sentía incómodo sentado en la barra, viendo cómo la gente bailaba y se divertía.

No estaba muy acostumbrado a ese tipo de lugares, tapó su rostro con una capucha, y agachó la cabeza para dejar de sentirse tan incómodo.

Sam estaba maldiciendo a Diego en su corazón, no entendía para qué demonios le traía a un lugar así si luego le iba a dejar tirado.

Él estuvo esperando una hora más, pero el muy desgraciado no apareció.

Como Diego no aparecía, Sam se levantó y se unió a la multitud de la discoteca, se sentía asqueado cada vez que alguno de esos jóvenes que bailaban rozaban su piel con su sudor.

Todos estaban más sudados que antes, y eso hacía sentir sucio a Sam.

Adentrándose más Sam vió a Diego en una esquina oscura metiéndole mano a su novia.

Cuando Sam lo vió, no pudo evitar gritar molesto e irritado.

-Para eso me hiciste venir?

Diego apartó a su novia al oír a Sam, se sentía aturdido por el alcohol que había bebido, y por la sorpresa de ser visto por Sam en estas condiciones.

-Lo siento...ahora te llevo.

La voz de Diego estaba ronca y entrecortada, no sólo le costaba pronunciar palabra sino estar en pie.

Su novia le agarró la camisa, se levantó molesta, y le susurró a Diego para que Sam no les oyera.

-Porqué tienes que acompañarle, no ves que estás conmigo?

El alcohol no dejaba razonar bien a Diego, por lo que estaba algo confundido y no sabía qué decir, sólo se sentía culpable por haber dejado a Sam.

Ni si quiera le importaba las quejas de su novia, ella quedaba en segundo plano para él.

-Olvídalo ya no hace falta, mírate estás boracho cómo pretendes conducir así?

Sam realmente quería matarlo por hacerle venir para nada, pero no tenía tiempo para quejarse ya que le esperaba algo peor.

-Sólo dame dinero para el taxi ya me las apañaré solito.

Él sacó su mano y mostró su palma, indicándole que le diera el dinero.

Diego sacó el dinero de su bolsillo y se lo dió.

-Lo siento mucho.

Capítulo 3 HIJO BIOLÓGICO.

Realmente Diego se sentía culpable por lo sucedido, puso los ojos de cachorrito para que Sam le perdonara.

-No pasa nada, nos vemos luego.

Sam le mostró una sonrisa para que viera que ya no estaba molesto, era imposible para él enfadarse durante mucho tiempo con él.

Después de despedirse Sam llamó un taxi y media hora después llegó a casa.

Cuando llegó no entró de inmediato, estuvo esperando en la puerta unos minutos para calmar su corazón que no paraba de bombear, esta vez había metido la pata hasta el fondo.

Minutos después de estar parado en la puerta pensando en la excusa que iba a poner oyó gritos de Eva y Laura.

Estaban discutiendo.

-Lo dices porque Sam no es nuestro hijo biológico?

Laura estaba que echa humo de furia, y gritó esas palabras que golpearon en lo más profundo del ser de Sam.

Sam estaba con la boca abierta, pensando que lo que acababa de oír era una pesadilla o que había entendido mal.

Abrió la puerta que antes no se atrevía a traspasar y preguntó con confusión.

-Cómo es eso que...no soy vuestro hijo biológico... de qué estáis...hablando?

La voz de Sam estaba temblorosa como si quisiera llorar.

Eva y Laura dejaron de hablar cuando le vieron llegar, estaban sorprendidas y preocupadas.

Laura corrió a abrazar con fuerza a su hijo.

-Cariño dónde estabas?, me tenías muy preocupada.

Laura le besaba la frente, las mejillas, revisando de que estuviera bien y no le hubiera pasado nada malo.

-Quiero saber porqué habéis dicho que no soy vuestro hijo biológico.

A Sam ya no le importaba el estado de Laura, sólo quería saber porqué dijeron eso.

Sólo con pensar que Laura no era su mamá, y que sus hermanos no eran sus hermanos le aterraba.

-Escuchaste mal-dijo Eva con tono frío como de costumbre.

Laura se quedó en silencio, abrazando a su hijo.

-Crees que soy estúpido?, os oí perfectamente. Si no comparto genes con ustedes significaría que me habéis prohibido todo por esa razón?

Sam no pudo seguir gritando y las lágrimas empezaron a desbordarse, tenía la nariz moqueada y los ojos medio rojizos.

Pese al dolor que le causaba todo esto, siguió quejándose.

-Me habéis tratado de manera diferente desde que tengo memoria todo es por-

Poof.

Sam no pudo terminar de decir la oración, pues Eva se lo había impedido con una cachetada en la mejilla.

-Cállate!!!-ordenó Eva con furia.

La cara inexpresiva y fría que acostumbraba a mostrar había cambiado, por un rostro oscuro con venas en la cara, tenía sus ojos verdes muy abiertos.

Sam puso su mano derecha en su mejilla en la que le había golpeado y las lágrimas brotaron aún más, él quiso quejarse pero no se atrevía por miedo a la furia de Eva.

La cachetada hizo que Sam cayera al suelo y se puso a temblar, derramando lágrimas.

-Basta!!!-exclamó Laura.

Laura se puso en medio de Sam y Eva para que no se acercara más a su hijo, le dió un abrazo para consolarle, acariciándole la cabeza, secando sus lágrimas y moco con su propia ropa, luego fue a la cocina a por hielo para la enrojecida e hinchada mejilla de Sam.

Laura le puso el hielo que estaba cubierto con una tela limpia en la mejilla.

-No tenías porqué pegarle al niño.

-Él provocó esta situación por decir insensateces-respondió Eva, metiendo sus largos dedos en su lacio cabello negro.

-Quién te crees que eres para ponerle una mano encima a mi hijo?, que sea la última vez o el sofá te hará compañía todas las noches.

Pese a que la voz de Laura tenía el mismo tono tranquilo, era amenazante.

Eva frunció el ceño molesta por ser regañada por su mujer, odiaba tener que disculparse cuando sabía que había hecho lo correcto.

Sin embargo el pensar que tendría que pasar las largas noches en un sofá frío, en vez de en los brazos cálidos de su esposa la irritaba más.

Resopló rindiéndose, y decidió dar el brazo a torcer.

-Lo siento cariño, no volverá a pasar.

Sam seguía pensando en lo que había oído, quería saber más, la incertidumbre le estaba matando más que el dolor en su mejilla.

Dejó de ponerse el hielo, se secó las lágrimas y los mocos, miró fijamente a Laura porque sabía que era la única que le diría la verdad.

-Mamá es cierto que no soy vuestro hijo?

Sam todavía tenía la esperanza de que fuera mentira, de que todo había sido un malentendido.

Laura no dijo nada otra vez, sólo miraba al suelo evitando la mirada de Sam.

Y esa actitud de evasión sólo hizo que Sam pensara lo peor, y gritó insistiendo a punto de llorar.

-Mamá por favor habla.

Eva se hartó de la actitud caprichosa y mimada de Sam, así que decidió desviar el tema para que dejara de preguntar cosas del pasado.

-No tienes ningún derecho de estar preguntando nada cuando te dije expresamente que no salieras en los próximos días, y lo primero que haces es desobedecer.

Pese a los gritos de Eva, Sam hizo como si no la escuchara porque lo que más le interesaba en este momento era saber la verdad.

Eva estaba a punto de explotar ante la indiferencia de su mimado hijo, y le exigió.

-Te estoy hablando, no me ignores.

Sam dejó de mirar a Laura con ojos de cachorrito, dió la vuelta hacia donde estaba parada Eva y se quejó con ella.

-Quieres que no te ignore, pero cuando pregunto por lo que estabais hablando pasas de lo que digo al igual que mamá.

Eva se sacó la mano que tenía en su bolsillo, y comenzó a caminar en la dirección donde estaba Sam, con ojos que estaban que echan fuego de ira.

Quería darle otra cachetada a Sam por atreverse a hablarle con ese tono tan altanero, pero cuando vió la fulminante mirada que Laura la echaba, recordó lo que la dijo respecto al sofá.

Dió un paso atrás rindiéndose de mala gana, no quería discutir con su mujer tan tarde menos por una tontería.

-Mami?

Apareció Blanca, somnolienta frotándose los ojos, cargando consigo su peluche de unicornio rosa que hacía juego con su pijama.

Su pijama tenía el mismo diseño de unicornio, era como ver una linda unicornio rubia.

Eva cambió su rostro, no quería asustar a su hija con sus gritos y su rostro sombrío. Fue hacia ella en las escaleras.

Como Blanca a penas tenía dos años, a veces dormía con sus madres y hoy era uno de esos casos.

La habitación estaba en el segundo piso, por lo que tenía que pasar por las peligrosas escaleras para llegar al salón, que se encontraba en el primer piso.

Blanca estaba parada en las escaleras, a punto de llegar al primer piso.

Eva cargó a su hija en brazos y la habló con una voz suave y amorosa, pero tranquila a la vez.

-Has tenido una pesadilla pequeña?

La pequeña no dijo nada, su madre la llevó hasta donde estaban Laura y Sam, cuando la pequeña vió su estado quiso ir a donde estaba.

-Quiero ir con hermanito.

Eva la dejó al suelo y Blanca vino donde estaba Sam con Laura, le miró fijamente y cuando vió su rostro se puso a llorar.

-Qué pasa princesa, te duele algo?

La limpiaba sus ojos azules con su propia ropa.

-Hermanito triste?-preguntó Blanca con los ojos aún húmedos.

Infló sus mofletes queriendo llorar más, Sam la dió un beso en la mejilla, en la frente, luego forzó una sonrisa para no preocuparla.

Ver a su hermanito herido la dolía, Sam era su hermano favorito ya que era el que más jugaba con ella.

El resto de sus hermanos se la pasaban ocupados con sus trabajos, y Sam era el único que tenía tiempo para ella por lo que le tomó más cariño.

-Estoy bien Blanca, no es nada.

Esa respuesta no convencía a la pequeña Blanca, le miraba como intentando asegurarse de que realmente estaba bien.

Puso su mano en la mejilla enrojecida de Sam y le preguntó a punto de llorar otra vez.

-Seguro?

Sam agarró su manita, la sonrió y dijo.

-Estoy bien.

Sam se puso en pie cargándola, moviéndose para mostrarla que estaba bien.

-Vez?, estoy bien.

Eva estaba cansada de mirarles, Blanca tenía que estar en su cama ahora y no hablando con Sam.

-Pequeña es mejor ir a la cama es tarde.

-Vaaaale.

Aunque Blanca aceptó, su voz mostraba desánimo.

Eva cargó a Blanca y luego se paró delante de Sam como si olvidara algo y soltó irritada.

-Después tú y yo seguiremos hablando.

-Mejor en otro momento es tarde debemos ir a la cama-explicó Laura.

A pesar de que Sam quería seguir hablando del asunto, decidió no continuar para no provocar una pelea entre sus madres.

Laura acompañó a Sam hasta su cuarto que estaba en el segundo piso, le dió un beso de buenas noches en la frente y se fue a su cuarto que estaba en el primer piso.

Sam se desnudó y se dió una ducha para sacarse todo el olor de la discoteca, y despejar su mente un poco.

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