Albert Punto de Vista
Me senté y me froté los ojos. Se me habían puesto vidriosos por todo el papeleo que había sobre mi mesa. Me entusiasmaba la idea de internacionalizar la empresa de calzado de la familia, pero la cantidad de trámites burocráticos y de obstáculos que había que superar eran suficientes para hacerme estallar.
Sacudiendo la cabeza para quitarme las telarañas, me centré en la tarea que tenía entre manos: conseguir un distribuidor europeo. Esperaba que la teleconferencia que estaba manteniendo con Amer Len cerrara el trato y pudiéramos seguir adelante con nuestra expansión.
Llamaron a la puerta y ésta se abrió. Mi hermano Perseo asomó la cabeza.
-La abuela quiere una reunión.
-Tengo una llamada en breve. -Se encogió de hombros.
-Dice que es importante.
Comprobé que tenía todas mis notas y datos para la llamada listos en mi escritorio para cuando volviera. Luego, seguí a Perseo a la sala de conferencias.
Mi abuela ya estaba en la cabecera de la mesa con su asistente de confianza, Andi, a su lado. Con casi rondando los setenta, mi abuela seguía teniendo la mente aguda y el ingenio rápido de una mujer con la mitad de años. Era una fuerza de la naturaleza a la que todos queríamos a muerte. Apreciamos la visión que tuvo de joven cuando desarrolló un negocio de sandalias desde su garaje que hoy en día es una empresa de mil millones de dólares. La había convertido de la nada en una empresa de calzado conocida y respetada a nivel nacional. Mi objetivo era internacionalizarla.
Me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla.
-Buenos días, abuela.
-Buenos días, Albert
-Espero que esto no sea muy largo -dije, tomando asiento en la mesa-. Tengo una llamada con Amer Len pronto. Es casi la hora de cierre en Francia, así que no quiero retenerlo.
-Esto será rápido -me aseguró.
Perseo ya estaba sentado frente a mí disfrutando de un panecillo. Carter, mi otro hermano, entró, y al igual que yo había hecho, le dio un beso a mi abuela y tomó asiento en la mesa. Todos mis hermanos y yo nos quedamos boquiabiertos cuando nuestro hermano menor, Mose, entró con su característica chaqueta de cuero y sus vaqueros. Estaba lo suficientemente entrenado como para besar a la abuela en la mejilla, pero no tanto como para mantener sus modales. Se sentó en una silla y puso los pies sobre la mesa. Fruncí el ceño. Mis otros hermanos negaron con la cabeza.
La abuela también frunció el ceño, pero ignoró el gesto. Seguramente sabía que el comportamiento de Mose era para molestarla y no era de las que se dejaban impresionar.
-Se acerca la hora, chicos.
-Son hombres, Margaret, bueno, excepto Mose. Ni siquiera estamos seguros de que sea humano -bromeó Andi. Era, más o menos, el ídolo de mi abuela, diciendo lo que mi abuela probablemente estaba pensando, pero nunca diría en voz alta.
Mose sonrió a Andi.
-El caso es que me voy a jubilar pronto y necesito saber que dejo la empresa en buenas manos -afirmó mi abuela.
Esto no era ninguna sorpresa y, sin embargo, nos tomó a todos de improviso. Sospecho que, en el fondo, pensaba que ella viviría y dirigiría Torrens Incorporated para siempre.
-¿Qué vas a hacer con tu tiempo libre? -pregunté, sin poder imaginarla tejiendo o dando paseos por la playa para recoger conchas. Era una mujer de negocios hasta la médula. Me parezco a ella en ese aspecto y no sé qué sería de mí si no tuviera este negocio.
-Todavía no lo sé, pero no me preocupa. Todo lo que sé es que estoy lista para seguir adelante. Sé que vosotros... Los hombres, podéis manejar el trabajo de sacar adelante la empresa. Así que hoy voy a pasar a anunciar vuestros nuevos puestos de trabajo. Están basados en vuestras fortalezas.
-Mose no tiene fortalezas -bromeó Carter, lanzando un trozo de papel enrollado a nuestro hermano menor.
-Es un flojo fuerte -dijo Andi.
Todos nos reímos. Mose se encogió de hombros. No le importaba. Yo admiraba eso de él, aunque lo hiciera molesto.
-Ronny, tú serás el Jefe de Operaciones -dijo mi abuela, ignorando las bromas que había a su alrededor.
-Eso es porque eres mandón -bromeó Mose.
Pensé en decir que estaba despedido, pero en realidad no trabajaba en Torrens Incorporated como yo y mis otros hermanos. Se parecía a mi padre en ese aspecto.
-Perseo, tú serás el director de Marketing -continuó la abuela. -Eso tenía sentido. Perseo era creativo y ya trabajaba en marketing-. Carter, tú serás el director Financiero. -Eso también tenía sentido. Era un genio de las matemáticas y probablemente podría haber trabajado en la NASA o algo así, pero prefirió quedarse en el negocio familiar-. Mose, tú serás el director de Tecnología.
En realidad, eso también tenía sentido. Mose era brillante como Carter, pero su problema era que era perezoso. Creó algunas aplicaciones, las vendió por una tonelada de dinero y se dedicó a viajar con su moto. Hacía algún trabajo para nosotros de vez en cuando, pero en realidad odiaba el trabajo corporativo.
-Yo no trabajo aquí -respondió Mose.
-Mose, es hora de que pongas más atención en tu vida más allá de tu moto. Este papel encaja contigo a la perfección -afirmó la abuela de una forma que para el resto de nosotros se habría tomado como que no teníamos elección.
-Abuela, sabes que te quiero, pero no me interesa. -Mose plantó sus botas en el suelo, se puso de pie y salió de la habitación. Puse los ojos en blanco.
-El hermanito tiene que ponerse las pilas -dijo Perseo.
-Ya hacemos estos trabajos, así que ¿qué diferencia hay en que tengamos esos títulos? -pregunté, dando también a entender que Mose era una causa perdida.
-Importan porque ahora estáis dirigiendo el espectáculo. Los cuatro -dijo.
Había un puesto notable que no había sido asignado.
-¿Y el de director general? -pregunté.
-No habrá un director general. Tienen que trabajar todos juntos para que la empresa crezca y siga teniendo éxito.
Sospecho que no había director general porque ese trabajo debería haber sido de mi padre. Al igual que Mose, se retiró de la vida corporativa cuando mi madre murió. Creo que la abuela esperaba que algún día volviera, pero nunca lo hizo.
Afortunadamente, salvo Mose, todos nos llevábamos bien, así que no preveía muchos problemas, aunque era posible que tuviéramos alguno si no estábamos de acuerdo en algo. Pero como me esperaba una llamada en breve, no tenía tiempo para preocuparme por ese tema ahora.
-No me iré hasta dentro de unos meses, así que hay tiempo para solucionar cualquier problema. Pero me alejaré de los negocios y os daré más responsabilidad. Aseguraros de no arruinar mi legado, muchachos. Haced que me sienta orgullosa. -Se puso en pie y, con aire regio, salió de la habitación.
Andi recogió sus notas e informes y la siguió hacia la puerta.
-¿Crees que va en serio? -preguntó Carter-. Esta empresa es su vida. ¿Qué va a hacer con su tiempo libre?
-Lo más probable es que lo pase en la playa con su nuevo novio surfista -dijo Andi mientras salía por la puerta.
Todos nos miramos boquiabiertos.
-Está bromeando, ¿verdad? -preguntó Perseo.
No lo sabía, pero no tenía tiempo para discutirlo. Tenía una llamada que hacer y algo que demostrar. Esta empresa era tan importante para mí como para mi abuela. Al igual que ella, pensaba dedicar mi vida a cultivarla y verla crecer.
Amelia Punto de Vista
Fruncí el ceño mientras pasaban los minutos y mi jefe aún no había vuelto a su despacho. Me había ido un momento a rellenar mi café y cuando volví, ya no estaba. Y todavía continuaba fuera cuando en pocos minutos tenía programada una videollamada con un distribuidor europeo. No era propio de él llegar tarde o hacer cosas de última hora. Albert Torrens era un hombre centrado y meticuloso con su trabajo. Entonces, ¿qué le había sacado de su oficina, especialmente justo antes de una reunión tan importante?
Andi, la asistente de la matriarca y jefa de Torrens Incorporated, Margaret Torrens, entró en mi área de trabajo.
-¿Qué ocurre? -preguntó.
-Tenemos una llamada importante en unos minutos y mi jefe está ausente. Tiene que cerrar este negocio hoy -dije, revisando mis archivos por enésima vez para que, cuando llegara, estuviera preparada para reunirme con él-. ¿Lo has visto?
-Margaret convocó una reunión de última hora, así que está en la sala de conferencias con sus hermanos. Al menos, los hermanos que trabajan. -Puso los ojos en blanco y supe que estaba pensando en Noé, el único hermano al que no parecía importarle el negocio-. Se está preparando para retirarse y quería contarles sus planes y expectativas.
-¿Albert será el director general? -Por lo que a mí respecta, él era el más adecuado para el papel. AunquePerseo y Carter eran grandes activos, en mi opinión Albert era más capaz de mantener la vista en el panorama general y de imponer el respeto y la atención de los demás dentro y fuera de la empresa.
-Director de operaciones. No quiere un director general. Tienen que gestionarlo juntos por igual. -Los hermanos parecían llevarse bien, pero seguía pareciendo que debía de haber alguien al mando-. Por cierto -añadió, posando su cadera en la esquina de mi escritorio-. Les dije que se retiraba para pasar más tiempo con su novio surfista.
Me reí.
-Es imposible que se lo hayan creído. -Se encogió de hombros.
-No lo descartaron.
Albert se apresuró hacia su oficina, moviendo la cabeza hacia ella al pasar por delante de mí.
-Creo que te reclaman -dijo Andi. Recogí los archivos.
-Es una llamada importante.
-¿Crees que alguna vez se relaja? Tengo la teoría de que necesita echar un polvo. -Andi se levantó para apartarse de mi camino.
-Crees que todo el mundo necesita echar un polvo
dije, cogiendo mi bolígrafo.
-Es cierto. Pero Albert en particular. Es un tipo guapo. Rico. Inteligente. Debería tener novias a patadas, pero en cambio trabaja como un loco. ¿Cuándo crees que fue la última vez que tuvo sexo?
-No lo sé. Y no me metas ideas así en la cabeza. No necesito entrar y estar pensando en mi jefe en la cama. Ella sonrió.
-No sé, podría ser una imagen agradable. -Di la vuelta a mi escritorio para meterme en el despacho de Albert.
-Te veo luego.
-Sí. -Andi se marchó a su despacho.
Entré en el despacho de Albert y me dirigí a su escritorio. Él ya tenía sus notas y archivos listos. Puse los míos al lado de los suyos, dispuesta a ofrecerle ayuda para proporcionarle los datos o la información que necesitara.
-¿Estamos preparados para la llamada? -preguntó mientras echaba un vistazo a los archivos que le había puesto delante.
-Sí, señor. -Consulté mi reloj-. Debería llamar en dos minutos más o menos.
-¿Tenemos los datos de la cuota de mercado de cada país de la UE? -preguntó.
-Sí, señor. Aquí mismo. Los tengo ordenados alfabéticamente por países o en esta lista, por ventas potenciales. -Le entregué los papeles y los escaneó rápido. También tengo información sobre nuestros competidores allí e hice quePerseo elaborara una lista de ventajas de nuestros productos sobre los de ellos. -Le entregué la información-. Si sabe que Torrens va a venir a Europa pase lo que pase y que va a dominar el mercado, puede que le influya. MAP y todo eso.
Albert me miró.
-¿MAP?
-¿Miedo a perder? -Me encogí de hombros-. El punto es atraerlo a aceptar el trato para que nadie más pueda ofrecérselo.
Me estudió por un momento con esos profundos ojos azules. Andi tenía razón. Era guapo. Tenía toda la pinta de ser un playboy multimillonario, pero no lo era. Estaba demasiado centrado en la empresa.
-Eres excelente en tu trabajo, señora Nichols.
Cómo me gustó que reconociera mi trabajo.
-Gracias, señor Torrens.
-Necesito cerrar este trato hoy. Haré casi cualquier cosa para que eso suceda. La ventana de oportunidades se está cerrando si queremos estar listos para la distribución en otoño.
Como su asistente, sentí la presión que tenía tanto como él. Sabía que hoy era, a todas luces, un día clave para el acuerdo.
-Haré todo lo que pueda para ayudar. -El ordenador de su mesa sonó.
-Hora del espectáculo -dijo, pulsando el ratón para responder a la videollamada.
El señor Amer Len apareció en la pantalla. No era mucho mayor que Albert y, al igual que este, trabajaba en el negocio de su familia, del que se hizo cargo cuando su padre se jubiló. A diferencia de Albert, parecía un hombre que disfrutaba de la vida. O tal vez era solo su aspecto europeo. Mientras que la corbata de Albert estaba bien ajustada, el señor Amer Len no se molestaba en llevar una y en su lugar llevaba la camisa con los primeros botones desabrochados. Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás, pero tenía un aspecto barrido por el viento, como si acabara de bajarse de un descapotable después de conducir por la Costa Azul.
-Señor Torrens, ¿cómo está? -El acento francés del señor Amer Len salió del ordenador.
-Por favor, llámame Albert. Me va bien. ¿Y a ti?
-Muy bien. Muy bien. Estoy deseando celebrar un trato con algo de vino y quizás un poco de amor con mi mujer esta noche.
Las mejillas de Albert se tiñeron de rosa. Esa era otra característica de los franceses, o tal vez era solo del señor.Amer Len, pero era bastante franco sobre los muchos aspectos sensuales de la vida, incluyendo el sexo. Me pregunté si alguna vez le habría preguntado a Albert si tenía sexo.
-Bueno, entonces, vayamos al grano -dijo Albert-. Creo que mi asistente te envió todos los detalles de nuestra última llamada. ¿Tuviste tiempo de revisarlos?
-Sí, sí. Y parecen bastante favorables.
-Entonces, ¿estás listo para firmar? -Albert extendió la mano y le pasé el contrato que habíamos redactado. Él tenía uno y el señorAmer Len otro.
-Tengo que ser sincero, señor Torrens... er... Albert. Mis preocupaciones no son sobre los términos del acuerdo.
-¿Hay algo que te preocupa? -Albert mantuvo su rostro impasible, pero pude ver cómo la tensión se acumulaba en sus anchos hombros.
-No sobre las condiciones, sino sobre Torrens Incorporated.
Albert apretó la mandíbula.
-Ya. Los beneficios de la empresa han aumentado un ocho por ciento este año. -Albert se lanzó a hablar de la solidez financiera de la empresa, pero al hacerlo, noté que los ojos del señor Amer Len empezaban a brillar. Tras haber hecho mi investigación sobreAmer Len, me pregunté si su preocupación era menos sobre la estabilidad de la empresa.Amer Len heredó el negocio de su padre, quien lo heredó del suyo, y así sucesivamente durante casi ciento cincuenta años. Era un hombre impregnado de historia familiar. También me enteré de que parecía preferir hacer negocios con otras empresas que tenían una larga tradición familiar.
Decidí ayudar a Albert.
-No olvides que Torrens Incorporated fue fundada hace cincuenta años por Margaret Torrens, la abuela del señor Torrens. Incluso cuando ella se prepara para jubilarse, sus cuatro nietos ya están muy involucrados en el negocio y comprometidos con la continuación de su legado.
Albert no me miró, y me preocupó que tal vez me hubiera excedido. El señor Amer Len sonrió.
-Soy consciente de la historia de su empresa. Es una de las razones por las que estoy negociando con vosotros. Quizá debáis saber que preferimos trabajar con empresas familiares. Ofrecen estabilidad y un legado que cada generación quiere proteger. Sin embargo, ninguno de todos esos nietos de la señora Torrens está casado o comprometido. No tienen hijos que continúen con el negocio.
-Todavía son jóvenes -dije. Después de todo, Albert solo tenía veintiocho años y era el mayor.
-Me he centrado en el negocio de mi familia -añadió Albert.
-Sí, por supuesto. Sin embargo, cuando tu abuela se jubile, ¿qué va a impedir que los cuatro hermanos disuelvan la empresa o la vendan? Podrían ir cada uno por su lado y nos quedaríamos con un trato que no queremos -dijo el señor Amer Len.
En mi opinión, también podrían separarse o vender si estuvieran casados, pero supuse que estaba pensando que con esposas y familias los hermanos Torrens tendrían un mayor sentido del deber de transmitir el negocio a sus hijos.
Albert se enderezó en la silla. De pie junto a él, y observándolo, me pregunté qué estaría pasando por su cabeza. Ni él ni sus hermanos tenían perspectivas de matrimonio, que yo supiera. Su padre era viudo, pero hacía muchos años que no se relacionaba con la empresa. Desde mucho antes de que yo empezara, incluso.
-No tienes que preocuparte de que la propiedad familiar de la empresa termine con mi generación. Tengo toda la intención de que mis hijos participen en ella.
El señorAmer Len sonrió.
-Sí, pero no tienes hijos, a no ser que yo los desconozca.
-Todavía no los tengo -admitió Albert.
-Tampoco una esposa. De hecho, mi investigación sugiere que no sales mucho.
Investigar a los posibles socios comerciales era algo habitual, pero imaginé que para Albert seguía siendo espeluznante saber que el señor Amer Len había indagado en su vida. Volvió a tensársele la mandíbula.
-Yo trabajo. Estoy casado con mi empresa. Eso debería contar para algo.
La expresión del señorAmer Len sugería que no estaba convencido. Albert me miró. Sonreí, esperando animarlo. Volvió a mirar la pantalla.
-La verdad es que he estado viendo a alguien y bueno... nos hemos comprometido recientemente, pero lo hemos mantenido en secreto.
Era extraño la maraña de celos que sentía por eso. Lo sabía todo sobre este hombre, ¿cómo no sabía que estaba viendo a alguien? ¿Y que se había comprometido? ¿Por qué iba a ocultar eso a sus hermanos y a su abuela?
-Ah ¿sí? Cuéntamelo -dijo el señor Amer Len.
-Sé que es un poco cliché -comenzó Albert-. Supongo que fueron todas las largas horas que pasamos juntos.
Fruncí el ceño mientras intentaba averiguar con quién había estado trabajando muchas horas aparte de mí. La mirada del señor Amer Len se dirigió a mí y luego volvió a mirar a Albert.
-¿Estás diciendo que estás comprometido con tu asistente?
¿Qué?
La mano de Albert cubrió la mía sobre su escritorio.
-Sí. Estoy comprometido con la señora... Amelia y yo planeamos casarnos pronto.
Albert Punto de Vista
Había perdido la cabeza. Acababa de sugerir que me casaba con mi asistente para cerrar un negocio. La estaba tocando de manera personal. La señora Nichols seguro que me demandaba por acoso sexual.
Pero necesitaba este trato y seguramente habría una manera de hacer feliz a Amer Len sin tener que casarme. Podía comprometerme, cerrar este trato, y como Amer Len experimentaría una gran relación comercial con Torrens Incorporated no importaría si estaba casado o no. En ese momento, la señora Nichols y yo podríamos cancelar tranquilamente la boda.
-¡Felicidades! -exclamó Amer Len-. Tengo algo más que celebrar con mi esposa esta noche. Somos unos románticos empedernidos.
Me pregunté si eso estaba en el ADN francés. Miré a la señora Nichols, que estaba a mi lado, con la esperanza de que estuviera de acuerdo. Tenía los ojos muy abiertos y estaba seguro de que iba a desenmascarar mi mentira. Dios, solo podía imaginar lo que Amer Len pensaría de mí entonces.
-No esperabas que compartiera esta noticia -le dijo Amer Len. -Ella me miró y luego a él.
-No. No lo esperaba.
-Todavía no se lo hemos dicho a nadie. -Apreté su mano esperando que me siguiera el juego.
-¿Hay alguna razón por la que tu familia no lo aprobaría? Mi experiencia con la señora Nichols ha sido bastante buena. Es inteligente y competente. Y por lo que puedo ver de ella, es bastante encantadora. ¿Qué más podría querer un hombre?
Dios, justo lo que necesitaba, estar exaltando los rasgos físicos de mi asistente. Realmente iba a conseguir que la empresa fuera demandada.
-Ella es todo eso y más -dije. No estaba mintiendo; era competente en su trabajo, a menudo capaz de anticiparse a mis necesidades. Y era guapa, suponía, aunque intentaba no mirarla así. Sus largos mechones castaños siempre estaban recogidos. Llevaba un atuendo de negocios que era profesional pero que no ocultaba su feminidad. Joder, no podía pensar en ella en esos términos.
-Entonces, ¿cuánto tiempo lleva sucediendo esto? preguntó Amer Len.
-Desde hace algún tiempo, pero lo hemos mantenido en secreto. No queríamos que nos acusaran de mezclar negocios y placer. Al fin y al cabo, soy su jefe. -Se me revolvió el estómago al preguntarme por cuánto dinero sería su demanda contra mí. Me pregunté si podría convencerla de que solo me demandase a mí y no a toda la empresa.
-Ah, sí, ustedes los americanos están tan preocupados por mezclar negocios y placer. -Sacudió la cabeza-. Es una pena. Los negocios son mucho mejores cuando hay placer de por medio. Entonces, ¿cuándo serán las nupcias?
Oh. La miré, esperando que me delatara en cualquier momento. No decía nada, lo cual era bueno, excepto que una novia ruborizada no estaría contenta. Parecía más aturdida que otra cosa.
Volví a centrar mi atención en Amer Len.
-En realidad, no habíamos fijado una fecha todavía. Los dos estamos bastante ocupados con el trabajo.
-He planteado fugarme -dijo ella, sorprendiéndome, además de darme una sensación de alivio.
-Las Vegas no está tan lejos -añadí-. Desde luego, vale la pena considerarlo.
-¿Sabes?, creo que haré este trato contigo, pero con una condición -dijo Amer Len.
No podía decidir si me alegraba que hiciéramos el trato o me aterraba la condición.
-¿Cuál es?
-Debes permitirme ser el anfitrión de tu boda. Mi esposa sabe cómo llevar a cabo estas cosas maravillosamente. Y a ella le encanta. Tengo una casa en la Toscana que es el lugar perfecto para la ceremonia.
Ah, pues, no.
-No podría permitirte hacer eso...
-Tonterías. Ambos deben aprender la importancia de celebrar la vida. ¿De qué sirve todo ese dinero cuando, simplemente, te escondes en tu oficina? El amor debe ser celebrado, no fusionado en una ceremonia improvisada por un imitador de Elvis. No hay mejor lugar para unir dos vidas que Italia... No tienes que hacer nada. Mi esposa y yo nos encargaremos de todos los detalles. No te decepcionará. Seguro que quieres darle a tu prometida una boda de cuento de hadas.
Sonreí, pero me preocupó que pareciera una mueca. No pensaba casarme de verdad. Solo podía pensar en lo que estaría pasando por la cabeza de la señora Nichols. Al mismo tiempo, ¿cómo podía decir que no? No solo porque necesitaba este trato, sino porque estaba siendo extremadamente generoso.
-No sé qué decir. -Fue todo lo que pude decir.
-Di que sí. Mi mujer estará muy emocionada. Trae el papeleo cuando vengas, ¿de acuerdo? -Amer giró la cabeza, mirando a su derecha, como si alguien le estuviera hablando. Cuando volvió a mirarme a través de la pantalla del ordenador, dijo-: Hablando de mi mujer, está deseando que vuelva a casa. Estoy muy emocionado por este acuerdo. Estaré en contacto con los detalles de la boda. Buen día,Albert.
Desapareció de la pantalla antes de que pudiera responder. Tentativamente miré a la señora Nichols. Me di cuenta de que mi mano seguía sobre la suya. La aparté.
-Esperaba, simplemente, decir que estábamos casados sin tener que casarnos de verdad. Quería que ella conociese mis intenciones.
-Nunca pensé que podrías llegar a mentir -dijo ella, haciéndome sentir aún peor. La había puesto en una situación incómoda y ahora la estaba decepcionando al no ser el mejor hombre que podía ser. Me estremecí.
-Este acuerdo es importante para mí. Todavía podemos llevarlo a cabo si no solicitamos la licencia.
Se quedó boquiabierta.
-¿Estás pensando en hacer esto? ¿Ir a Italia para casarnos? -Asentí con la cabeza.
-Si estás dispuesta a ayudar. Podemos pasar por los trámites y luego seguir nuestros propios caminos cuando el trato esté hecho. Estaré encantado de ofrecerte una bonificación. Y piénsalo de esta manera, tienes un viaje a Italia gratis.
-Me parece poco ético. -No podía estar en desacuerdo con ella en eso.
-Quizá sea un poco engañoso, pero somos una empresa familiar, esté yo casado o no. Algún día podría estarlo...
-¿Podrías? ¿No estás seguro?
Tiré de mi corbata, ya que la sentía como una soga alrededor de mi cuello.
-No lo sé. Tengo que conocer a alguien para casarme y eso no es un objetivo para mí ahora mismo. Pero algún día podría serlo y, cuando lo sea, puede que conozca a alguien y me case y tenga algunos hijos que, entonces, también formarán parte del negocio.
-¿Y si no quieren?
-¿Qué? -Sentía que había caído en una dimensión desconocida.
-¿Y si tus hijos no quieren estar en el negocio?
-No lo sé. Seguro que uno de ellos quiere. Eso no es una preocupación en este momento. -No podía dejar que me desviara de nuestro tema actual.
-Estás pidiendo mucho.
Tragué saliva; sabía que tenía razón. Tuve suerte de que no llamase a un abogado ahora mismo.
-Lo sé. Está claro que estoy dispuesto a mentirle aAmer Len, pero soy consciente de que estoy actuando de forma inapropiada contigo ahora mismo. Lo siento por eso. Pero esta empresa es mi vida. La vida de mi abuela. Estoy dispuesto a hacer lo que sea para mantenerla viva para las futuras generaciones, ya sean mis hijos o los de mis hermanos.
Puso los ojos en blanco.
-Lo pones un poco difícil, ¿no? -Exhaló un suspiro-. ¿Puedo pensar en ello?
Eso fue más de lo que esperaba o merecía.
-Por supuesto, señora Nichols. -Se rió.
-Tal vez, dadas las circunstancias, deberías llamarme Amelia.