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MILO BIANCHI

MILO BIANCHI

Autor: : Mary Álvarez
Género: Romance
Él es un italiano que toda su vida a querido formar una familia, por eso se casó joven y según él enamorado, pero nada a sido como esperaba, ya que la mujer con la que sé casó, le ha hecho la vida un infierno. Cuando siente que ya no puede más en su vida aparece Maddie, una joven dulce y hermosa que podrá su vida de cabeza y se dará cuenta lo que en realidad es el amor, y le hará ver que debe luchar para poder ser feliz al lado de ella.

Capítulo 1 Milo

-Te ves despreciable -Milo levantó la mirada y frunció el ceño al ver a su mejor amiga entrar sin tocar.

-¿Qué quieres Gianna? -su amiga puso los ojos en blanco.

-Verte, Milo, tienes días que no sales de aquí, debes ir a casa a descansar, tu maldita mujer te está acabando.

-No es así - trató de volver a defenderla, pero su amiga levantó la mano silenciandolo.

-Sí es así, - suspiró no tratando de ser tan dura con él - sé que acaban de perder un tercer bebé, pero para mí no es normal que cada vez que esté embarazada, pierda al bebé, según ella necesita gastar mucho dinero para no sentir dolor y tú te esclavizas trabajando para no sentir dolor y para cumplir sus caprichos, Milo, tienes 6 años casados, sabes que a mi nunca me gustó Sabira, y creo que no soy la única, pero como amiga te apoyé, ahora necesito que te vayas a casa, descanses y hables con esa bruja antes que termines en un hospital.

-No necesito ir a un hospital - fue lo único que dijo, al saber que su amiga tenía razón, haciendo que ella volviera a poner los ojos en blanco.

-No, claro que no, eres el dueño de las mejores farmacéuticas del país, estoy hablando enserio Milo - su amigo levantó las manos en señal de rendición.

-Tienes razón, pero me iré hasta las cinco, tengo cosas muy importantes que hacer, recuerda que Rosa se jubila, y se va en dos días, así que quiero que todo esté en orden cuando llegue su nieta.

-Bueno, pero a las 5 en punto y ni un minuto más.

- De acuerdo mamá - dijo divertido.

-¿Crees que la nieta de Rosa será tan buena haciendo su trabajo como ella?

-Eso espero, sé que como mi vieja Rosita, no van a ver dos, esa señora es un ángel a estado con nosotros 30 años, pero según me dijo su nieta, es mejor que ella, estudió y se esforzó mucho para sacar su carrera, además me dijo que necesitaba el trabajo con urgencia, yo no la contraté directamente, pero di la orden en recursos humanos, la verdad Rosa me dijo que su nieta era un ángel, y le preocupaba mucho su situación actual, así que le hice el favor de darle el empleo, pero le dije que tenía que ser muy eficiente, así que me dijo que no me iba arrepentir, y la verdad eso espero.

-Verás que todo va ir bien, ahora me voy a seguir trabajando, le voy a dar la orden a Rosa que me avise apenas te vas, porque si no cumples y vuelves amanecer aquí, vengo a sacarte yo misma, ¿está claro? - le habló mientras lo señalaba con el dedo.

-Clarísimo - Gianna sonrió a su amigo, le tiró y un beso y salió de ahí, Milo, se levantó de su asiento para dirigirse hacia la gran ventana, y observó el gran big ben, que se veía a lo largo, su familia había llegado de Italia, su padre quería ser un gran empresario, por lo que había construido una farmacéutica en Londres, una con mucho prestigio y que a lo largo de los años, se volvió una de las mejores, y no sólo tenía una sino varias en todo el reino unido, e incluso en Italia.

Era el mayor con 31 años y seguía su hermana Marena, que tenía 27 años, ambos trabajaban para la empresa familiar, sus padres les habían enseñado a ser personas humildes y trabajadores por más dinero que tuvieran, todo era perfecto, hasta que se enamoró, ya no sabía si amaba a la mujer con la que se había casado.

Había conocido a Sabira a los 24 años, era una italiana alegre, cariñosa, llena de vida, no podía negar, que esa actitud lo enamoró, a parte de ser preciosa, su cabello era rojo, y sus ojos eran de un verde precioso, su piel era tan blanca y suave, que lo volvía loco, todo marchaba bien, hasta que en menos de un año de estar juntos le dijo que sino se casaban se iría, porque eso demostraría que él no la amaba, por lo que decidió casarse, fue cuando su vida empezó hacer un infierno, su esposa, empezó a cambiar, pasaba de fiesta en fiesta, gastando dinero, su actitud alegre y risueña cambió, por una mandona e insoportable, tanto que ni su familia la soportaba, había tratado de dejarla, varias veces, pero siempre terminaba embaraza y a los dos meses después perdiendo al bebé, eso era lo que más le dolía, la vida de sus hijos que no nacieron, sabía que sería un gran padre, pero después de 6 años de matrimonio seguía sin serlo y con su esposa, tenía muy poca intimidad con ella y cuando lo hacían, era porque ella se lo exigía, no le era infiel, nunca lo había sido debía respetar a su mujer.

Gianna tenía razón no era normal lo que pasaba con Sabira, además que su aspecto no le gustaba, le parecía que bebía mucho, y eso que él estaba muy poco en casa, además que a veces la veía como pérdida en otra dimensión, frunció el ceño, cuando empezó a juntar muchas piezas, debía averiguar antes de decir o hacer.

Suspiró frustrado y cerró los ojos.

-Sólo quiero ser feliz, tener una familia y sentirme pleno - dijo en voz alta - ¿Tan difícil es?.

-No, no es difícil, sólo hay que tener paciencia - Milo se giró al escuchar la dulce voz de Rosa.

-Paciencia, eso se me acaba Rosita - dijo frustrado, no le daba vergüenza que ella lo hubiera escuchado, porque era como una segunda madre para él. - ya no sé si Sabira cambiará algún día

-Ay mi niño, perdón por lo que voy a decirle pero yo no creo que esa mujer sea para usted, siempre se lo he dicho, el amor es algo bueno, puro, cuando se está con la persona correcta, el tiempo se detiene, siempre hay respeto, hay emoción al ver a esa persona que amas, es querer ver feliz a esa persona sin importar nada más y Sabira no es para usted ni usted para ella.

-Pero es mi esposa y debo respetarla y tratar de reparar nuestro matrimonio - Rosa negó con la cabeza.

-Usted mi niño, es igual de terco que mi nieta, esa jovencita cree que estar enamorada es soportar humillaciones, maltratos, espero que ahora que empiece a trabajar, se haga independiente y vea lo capaz que es - Milo frunció el ceño al oír a Rosa hablar con tanto dolor y frustración.

-Tu nieta es maltratada - Rosa empezó a llorar en silencio y Milo la abrazó.

-Ella está acostumbrada a eso, su madre nunca la quiso, y su padre siempre la maltrató, hasta que ella quiso irse de casa, por lo que agarró a Tara su hermana menor por 3 años, se fueron a vivir conmigo, yo tenía tanto miedo de que algo malo les pasara que se volvieran inseguras, o tristes, pero por el contrario siempre fueron unas niñas muy alegres, ayudando a los demás hasta que Madi conoció al desgraciado con el que anda ahora, un tal Sander, hace poco llegó golpeada, nunca había pasado, dice que discutieron y no pensaba seguir más con él, pero hace dos días el maldito llegó a casa, a convencerla de que lo perdonara, no sé si está enamorada, o simplemente piensa que eso es lo que merece, solo espero que vea que es una gran mujer que merece todo lo mejor del mundo, al igual que usted mi niño, ahora, váyase a casa, yo dejo todo listo para mañana, quiero que descanse y mañana venga afeitado, y tranquilo - Milo miró con cariño a Rosa, le dio un beso en la cabeza y sonrió.

-Vas a ver como tu nieta es muy inteligente y lo deja, no se preocupe que me le puede hacer daño, mientras yo le prometo descansar y hacer todo de mí para arreglar mi situación y ser feliz.

-Eso espero mi niño, eso espero, ahora me voy a terminar mi trabajo y usted váyase a casa.

-Así será mi capitana - Rosa salió de ahí sonriendo, mientras que Milo empezó a recoger sus cosas, no pudo evitar pensar en la nieta de Rosa, esperaba que esa mujer reaccionara e hiciera lo correcto, porque ninguna mujer debía ser agredida de ninguna forma.

Él por su parte iría hablar con Sabira, debía hacer algo bueno por su vida, hasta que terminara odiando a su esposa.

Capítulo 2 Maddie

Madison preparaba la cena para su abuela y su hermana, como era posible que habiendo tenido una madre tan ejemplar, su propia madre no la hubiera querido, su abuela había sufrido mucho por la actitud de su hija.

Pero a estas alturas ya no le importaba nada, no sabía nada de su padre desde que huyó de casa, y desde muy pequeña había aprendido a vivir sin su madre, suspiró algo melancólica, no entendí porque nadie la quería, si era una joven buena, dulce, estudiosa, Tara también era muy estudiosa, una niña buena, a la que siempre había defendido de los maltratos de su padre, prefería mil veces que la lastimarla a ella con 7 años y no a su hermanita que tenía 4 en aquel entonces, pero al parecer nadie las quería excepto su abuela, ni su antiguo novio la quiso, el muy desgraciado le había pegado, y ella no pensaba aguantar eso a nadie.

Sander Mills, era un hombre guapo, de cabello castaño, alto, y ojos claros, pero tenía unos cambios de humor muy drásticos y aunque nunca le había levantado la mano en ese año que habían estado juntos, sí lo hizo unos días atrás y si lo hacía una vez, lo podía volver hacer.

Sabía que su abuela tenía miedo de volver con él, pero ella no pensaba volver con él, aunque al parecer Sander no se iba a dar por vencido, había enviado varios ramos de flores, tarjetas, miles de mensajes pidiéndole perdón.

Siguió con lo suyo, y para luego darse un baño de tina, su abuela, siempre trató de darle lo mejor a ella y Tara ahora que ella trabajaría haría lo mismo por ambas, con 22 años y su carrera ya terminada podía mantener a su abuela y hermana.

Madison se miró en el espejo, sus ojos celestes como el cielo, siempre le habían gustado mucho, a veces eran un celeste claro, otras veces azules, su cabello extremadamente rubio y lacio como el de su madre, según su abuela, era algo que también le gustaba, en realidad se creía hermosa, pero él físico no lo era todo, en especial cuando se parecía tanto a los seres que no la habían querido, sus ojos eran igual a los de su padre, y tanto su cabello, como su piel, eran como los de su madre, era una mezcla de ambos, por el contrario, a Tara, que tenía los ojos grises de su madre y el cabello castaño oscuro como su padre, además de tener su piel algo más bronceada y no tan blanca como la de ella.

Decidió hacerse una cola alta, ponerse un juego deportivo e ir a esperar a su abuela. Cuando llegó abajo, tocaron la puerta y fue abrir y se llevó una gran sorpresa al ver tres ramos de rosas blancas y rojas, eran más de una docena, detrás de él Sander.

-¿Qué hacer aquí? - dijo sorprendida, hace unos días habían hablado y ella le había dejado claro que no le interesaba volver con él.

-Vengo a suplicarte e implorarte que vuelvas conmigo, te juro que no lo voy a volver hacer, y que si lo hago, puedes irte y nunca más te buscaré, creeme cuando te digo que jamás va a volver a pasar. - Madison observó cómo se arrodillaba y empezaba a llorar, ella no quería ser una mujer agredida, no quería entrar en una relación tóxica, pero verlo en ese estado le removió el corazón, ella lo quería, pero tenía miedo.

-Tengo una idea - dijo suavemente, Sander levantó su rostro bañado en lágrimas y la miró a los ojos. - ¿Qué tal si empezamos de cero? Vayamos poco a poco y si veo un cambio volvemos, ¿te parece?

-¿Podré besarte? - preguntó poniéndose de pie. - Madison asintió, lo que hizo que él sonriera - Gracias Madi, verás que no te vas arrepentir, Te amo, princesa - Sander se acercó a ella y la besó, con cariño infinito, nunca la había besado así y a Madison le sorprendió.

-Que asco, ojalá no hubiera tenido que ver eso - la voz de su abuela llegó a oídos de ambos, por lo que se separaron inmediatamente.

-Abuela - dijo Madison sonriendo feliz de verla, por lo que fue abrazarla, su abuela la recibió con gusto, pero al joven le hizo mala cara.

-Señora O'Neill - dijo con educación, pero Rosa simplemente lo ignoró.

- Te veo adentro cariño - dijo antes de entrar y pasar al lado de Sander sin ni siquiera mirarlo.

-Creo que tu abuela me odia - Madison no dijo nada, porque tenía razón, el celular de él sonó, y de inmediato se tensó. -Debo irme, ¿Nos vemos mañana?

-Te avisaré, porque mañana entro a trabajar.

-¿No era hasta dentro de dos días?

-Sí, pero iré con ella mañana, me enseñará todo antes de que ella se marche.

-Bien, te llamaré por la tarde, para saber si podemos vernos.

-De acuerdo - Sander la besó antes de marcharse, en ese momento llegó Tara, quién venía empezando la universidad.

-Hola, - saludo alegre a su hermana quien estaba pensativa en la entrada - ¿volvieron? - preguntó al ver cómo el auto del hombre que había sido su cuñado se alejaba.

-Aún no lo sé.

-Vamos a dentro, tengo hambre. - dijo Tara, jalando del brazo a su hermana, las dos jóvenes entraron a la casa donde su abuela espera a Madison, con los brazos cruzados.

-Abu, no estés molesta, ha llorado, se arrodilló y me pidió perdón, le dije que fuéramos poco a poco, y si de verdad veía un cambio volvería con él de lo contrario no lo haría.

-Ay mi niña, ese hombre no es para ti, ¿cuando vas a comprenderlo?

-Abu, sé lo que hago, no te preocupes, ¿sirvo la cena ya?

-Claro, voy a lavarme las manos.

Las tres mujeres hablaron animadamente en la cena, mientras reían por cualquier cosa, ellas estaban muy unidas y eran felices juntas.

-Te quiero lista a las ocho en punto, y cuando digo lista es lista, que ya hayas desayunado, que estés maquillada, y muy bien vestida, serás la secretaria del presidente y tienes que estar hermosa.

-Sí Abu, eso me lo has dicho, desde que ayudaste a conseguir el trabajo, me has comprado cualquier cantidad de ropa.

-Te lo mereces cariño, además, el señor Bianchi es el hombre más bueno y gentil que conozco - Madison puso los ojos en blanco y su hermano se rió.

-Eso también lo has dicho toda la vida abuela. - dijo en tono gracioso - siempre hablas muy bien de él, pero recuerda que él te conoce de toda la vida según me has contado, te ve como una madre, una abuela, no lo sé, te puede ver parte de la familia, por eso es como es contigo, pero no puedes decir que será así conmigo. - fue el turno de su abuela poner los ojos en blanco.

-Cuando lo conozcas hablaremos, ahora iré a dormir - dijo mirando el reloj de la pared que marcaba las 9 de la noche. - te lo advierto Madison, ocho en punto.

-Así será mi capitana - las tres mujeres rieron, Madison y Tara limpiaron la cocina para luego cada uno irse a su habitación.

Madison llegó a su habitación y se acostó, mañana entraría a trabajar, y conocería al fin a su jefe uno que nunca había conocido, había ido a la empresa varias veces, pero nunca se lo había topado, su abuela nunca quiso ir a fiestas de la empresa así que nunca le había importado saber cómo era, ahora tampoco era que quería saber, lo único que pedía es que le tuviera paciencia y fuera una buena persona, solo eso.

Capítulo 3 Milo

Milo llegó a su gran casa, suspiró profundo, se bajó del auto y miró la gran fachada de su mansión, la miró con tristeza, tenía todo, dinero, salud, pero no tenía lo más importante amor y con quién compartirlo, porque aunque se había casado porque quería a su esposa, después de 6 años, nada era igual.

Decidió entrar y así poder hablar con su esposa de una vez por todas, todo en la casa estaba en silencio, lo que era normalmente aburrido, pero siguió sus pasos hasta llegar a dónde tenía el bar, su esposa, siempre estaba ahí, y está vez no fue la excepción, estaba sentada en un sillón, con el celular en la mano, una botella de whisky en la mesita de al lado. y al lado un vaso ya vacío pero que se veía usado -puso lo ojos en blanco - definitivamente su esposa se había vuelto una alcohólica.

-Deberías buscar algo más valioso en qué invertir tu tiempo -Sabira brincó del susto al oírlo, no se había dado cuenta que su esposo había llegado.

-Lo tendría, si mi esposo pasara más tiempo en casa - dijo levantándose del sofá - ¿ya te dejo libre tu amante? - ella sabía que comentarios como ese lo molestaban mucho.

-Bien sabes que nunca te he sido infiel Sabira.

-Claro por eso no apareces en tres días - Milo se acercó furioso a su esposa.

-Te recuerdo que hace cuatro malditos días recibí por tercera vez la noticia de que había perdido un hijo, me mato trabajando para que tú tengas lo que quieras, ir de compras, ir a clubs, restaurantes finos, pasas gastando muchísimo dinero por día, mientras yo me mato trabajando ¿Qué haces tú? Aparte de gastar dinero, claro está, porque si no estoy mal, ni una maldita llamada o un mensaje en estos tres días, para saber dónde o con quién estoy, o si es que no estoy muerto.

-Sufriendo, te recuerdo que también era mi hijo - dijo altanera y nada dolida por la muerte del niño, Milo asintió.

-Ya, perfecto, porque mañana iremos a un médico. - Sabira dio un paso hacia atrás.

-¿Qué? - dijo en un susurro.

-Lo que has escuchado, no es normal, que te embaraces y luego en menos de dos meses tengas un aborto - Sabira lo miró asustada por lo que supo que algo le ocultaba y frunció el ceño.

-No creo que sea necesario.

-Para mí sí, desde que me conociste sabes que amo a los niños, que deseo ser padre, me duele que no nazcan, me rompes el corazón cada vez que me llaman diciendo que has tenido un aborto, no creo que pueda soportar algo así otra vez. -Milo tenía lágrimas en sus ojos pero no lloró, mientras que Sabira, empezó a sacar la actriz que había en ella.

-Lo siento, lo siento, lo siento tanto - repitió varias veces mientras llegaba hasta su esposo y lo abrazaba fuerte - tal vez sea que algo en mí esté malo, no sirvo - empezó a llorar, y eso conmovió a Milo, por lo que le devolvió el abrazo.

-No estoy diciendo que nos sirvas Sabira, pero necesitamos ir al médico a ver qué pasa contigo.

-No quiero, no me puedes obligar - se soltó de él enojada y se fue directo hasta la botella que tenía, se sirvió un vaso lleno de whisky y se lo bebió como si fuera agua.

-Tienes razón, no puedo obligarte - Sabira se giró sonriendo pensando que había ganado. - Quiero el divorcio - al oírlo soltó el vaso de su mano cayendo este al piso haciéndose mil pedazos.

-¿Cómo? ¿No puedes estar hablando enserio?

-¿Por qué no? Este matrimonio no funciona, ya no eres la misma mujer de la que me enamoré, te has vuelto egoísta, una borracha, no te importa abortar mil veces, te da igual, he visto tu comportamiento, mientras yo sufro y lloro la muerte de ese ser que no pudo nacer, tú estás como si hubieras perdido una sirvienta, porque a tus uñas y tu cabello le pones más atención que a tu vida misma - las palabras tan sincera de Milo, la hirieron y por primera vez en mucho tiempo, lloró de verdad, de dolor, resentimiento y odio.

-No me puedes dejar, yo.. yo te amo - Milo frunció el ceño, su te amo era tan frío y tan falso. - dame una oportunidad, déjame demostrarte que la mujer que te enamoró sigue aquí qué puedo volver hacer la misma - se acercó lentamente a él y sacó a flote aquella mujer que había enamorado a su marido, ese papel de mujer estúpida que había tenido que hacer casi un año, y delante de Milo.

Lo besó, transmitiendo todo aquello que su esposo quería sentir, Milo le devolvió el beso, con fervor, con ganas de follarsela, porque hacía mucho que ya no hacían el amor, quería descargarse en alguien y tenía que ser con su esposa, él no era un hombre infiel.

Levantó a su esposa de un rápido movimiento y la llevó hasta la habitación que compartían, la acostó en la cama y la desnudo, luego hizo lo mismo con él, se desvistió y buscó en su billetera lo que había pasado a comprar, Sabira frunció el ceño al ver lo que sacaba.

-¿Qué haces?

-Abriendo un condón - dijo sarcástico.

-Lo sé, lo que quiero decir es ¿porque lo vamos a usar?

-Porque hasta que no sepa qué porque abortas, no quiero correr el riesgo de volver a dejarte embarazada, no quiero sufrir de nuevo. - a Sabira le molestó su comentario pero no dijo nada, por ahora, disfrutaría del grandioso cuerpo de Milo, y de esa manera tan deliciosa en la que follaba.

Tuvieron sexo por dos horas seguidas, Milo había descargado esa frustración que tenía, se dio un baño, y bajó a comer algo, cuando Sabira bajó fue directamente al bar.

-Recuerda lo que te dije Sabira iremos quieras o no a ver un doctor, con la salud de otro hijo mío no vas a jugar, y te recomiendo que dejes de tomar tanto porque ya te dije que si sigues así, nos vamos a divorciar. - Milo subió a descansar, porque mañana tenía que levantarse temprano para ir a trabajar, dejando a su esposa molesta en la planta baja.

Sabira sabía que no debía ir a un doctor, porque entonces su mina de oro se iría y eso no le convenía para absolutamente nada.

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