Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Fantasía > Maldición Alemana
Maldición Alemana

Maldición Alemana

Autor: : Sol Walton
Género: Fantasía
Los Schwarz ¿Alguna vez han escuchado sobre los Schwarz? Seguramente los han escuchado, todos en Deeplake hablan sobre ellos. He escuchado muchos mitos y leyendas sobre esa caótica familia. Seis hermanos, una hermana y unos padres extraños. Seguramente han escuchado que son cómplices y posibles asesinos. De hecho, se han librado de un caso solo por falta de pruebas. Hace años su familia se ha ido de Deeplake, pero, por una extraña razón han vuelto. Nadie sabe que hacen en el pequeño pueblo ubicado al sur de las montañas, nadie se esperaba volver a encontrarse con sus rostros. Hasta que la familia de nueve integrantes apareció en el lago. Se han dicho muchas cosas sobre el día que los Schwarz volvieron. Una de ellas, la más repetida, fue que lo primero que han hecho al llegar es ir al lago, dado que los encontraron parados en el lago mirando las profundidades con miradas inexpresivas y totalmente en silencio. Descalzos dejando mojarse sus pies durante horas. El rumor de que ellos habían vuelto tardo dos horas en expandirse por todo el pueblo. Se han oído más cosas de los que se han visto hacer, casi todos rumores que probablemente no sean ciertos. Pues los pueblerinos no podían estar muy tranquilos y se ponían paranoicos al pensar en aquella familia. Pero yo les traigo la verdad. Les contaré aún más sobre los misterios de los hermanos Schwarz. No por que haya escuchado rumores, si no, porque yo misma me involucre con la familia alemana. Y créanme, fue un caos. Podría empezar a contarles como fue mi vida desde que los Schwarz llegaron al pueblo. Porque créanme que realmente empezaron a suceder cosas extrañas. Podría decirles que me dio curiosidad. Podría decirles cada secreto de esa familia ya que nada ni nadie que se involucre con esa familia salía ileso. Déjenme contarles como los Schwarz lograron que mi vida cambiara. Y también, como hicieron que acabara.

Capítulo 1 Prólogo

Los Schwarz

¿Alguna vez han escuchado sobre los Schwarz?

Seguramente los han escuchado, todos en Deeplake hablan sobre ellos.

He escuchado muchos mitos y leyendas sobre esa caótica familia.

Seis hermanos, una hermana y unos padres extraños.

Seguramente han escuchado que son cómplices y posibles asesinos. De hecho, se han librado de un caso solo por falta de pruebas.

Hace años su familia se ha ido de Deeplake, pero, por una extraña razón han vuelto.

Nadie sabe que hacen en el pequeño pueblo ubicado al sur de las montañas, nadie se esperaba volver a encontrarse con sus rostros.

Hasta que la familia de nueve integrantes apareció en el lago.

Se han dicho muchas cosas sobre el día que los Schwarz volvieron.

Una de ellas, la más repetida, fue que lo primero que han hecho al llegar es ir al lago, dado que los encontraron parados en el lago mirando las profundidades con miradas inexpresivas y totalmente en silencio. Descalzos dejando mojarse sus pies durante horas.

El rumor de que ellos habían vuelto tardo dos horas en expandirse por todo el pueblo.

Se han oído más cosas de los que se han visto hacer, casi todos rumores que probablemente no sean ciertos. Pues los pueblerinos no podían estar muy tranquilos y se ponían paranoicos al pensar en aquella familia.

Pero yo les traigo la verdad.

Les contaré aún más sobre los misterios de los hermanos Schwarz.

No por que haya escuchado rumores

Si no, porque yo misma me involucre con la familia alemana.

Y créanme, fue un caos.

Podría empezar a contarles como fue mi vida desde que los Schwarz llegaron al pueblo. Porque créanme que realmente empezaron a suceder cosas extrañas.

Podría decirles que me dio curiosidad.

Podría decirles cada secreto de esa familia ya que nada ni nadie que se involucre con esa familia salía ileso.

Déjenme contarles como los Schwarz lograron que mi vida cambiara.

Y también, como hicieron que acabara.

Capítulo 2 01

Llegaron al pueblo buscando lo que siempre les perteneció: nuestro miedo.

CAPÍTULO 1

Miedos que paralizan el cuerpo.

ARZAYLEA BROWN

POV.

¿Jagger, tequila o, vino?

A pesar de que hacer las compras era lo mío, amaba hacerlo, no podía evitar sentirme un poco confusa frente a la gran variedad de licor en el autoservicio. Tuerzo mis labios no muy convencida mientras observo todo intentando no parecer más idiota de lo que normalmente soy.

¿Freeze, cerveza o, whisky?

Solía ir de compras antes que mis mejores amigos -Catryn y John-, vinieran a casa. Sin embargo, al estar frente a la variedad mi mente se ponía en blanco. Lo mío definitivamente no era el licor pero a mis amigos les encantaba por lo cual llevar algo no debería ser malo.

¿Vodka, Ron o, ginebra?

Dios, que inútil era para decidirme.

Estaba por sacar mi móvil y llamar a Catryn para que me diga que llevar, sin embargo, alguien se coloca a mi lado, quedando frente a la estantería y habla, sin despegar la vista de los licores.

-¿Puedo hacer recomendaciones?

La voz dura con pronunciamiento extraño me hace tensarme al instante, al alzar la cabeza veo rápidamente a un hombre allí. Su cabello negro perfectamente peinado hacia atrás con gel contrastaba muy bien con su piel muy clara, sus ojos eran tan negros que me sorprendían y aterraban me miraban con detenimiento. Una sonrisa de boca cerrada en sus carnosos labios rosas lucia no cálida, ni sincera, sino que maliciosa.

-¿Qué?

Él vestía con una camiseta negra y pantalones del mismo color, podía ver como tenía todo su cuello completamente tatuado hasta su mandíbula y que sus brazos también estaban en mismo estado.

-Si puedo hacerte una recomendación. Te veo indecisa.

Sonaba divertido por dejarme boquiabierta, no pude evitar sentirme confundida ante él aunque ya hubiera explicado que sólo quería darme una sugerencia. Nunca lo había visto en el pueblo y eso era extraño, alguien tan atractivo como él tendría buena fama entre las mujeres de aquí.

-Claro. -Le di una sonrisa boca cerrada para luego ver la enorme estantería.

Él coloca las manos entrelazadas detrás de su espalda y ve la gran variación.

-Lástima que no tienen licor del que suelo tomar. Pero sugiero Jagger, aunque bourbon jamás será rechazado.

-Estoy cansada del Jagger, suele emborracharme rápido así que prefiero el bourbon. -Reí mientras extiendo mi mano y cojo una botella, me eche hacia atrás poniéndola en el carrito de compras lleno de idioteces. -Gracias... Mmh.

-Edwin. -Dijo rápidamente al ver mi duda. -Soy nuevo en el pueblo.

-Veo que la temporada ha traído a muchos nuevos -Comenté comenzando a caminar por las filas, él aún con las manos entrelazadas en espalda sigue mirándome atentamente, queriendo continuar la conversación.

-Extraño. ¿Hay muchos nuevos? Este pueblo es tan pequeño.

-Si. Pero ha venido otra familia según los rumores. Créeme que luego escucharás como hablan, los tienen como si fueran diablos. -Tuerzo mis labios -¿También has llegado con tu familia? Dos familias en un mes es mucho.

Él tarda en contestar, sin embargo, lo hace.

-Si. Una pequeña familia. -Suelta una risa nasal y yo sonrío deteniéndome frente a otra estantería, pero esta vez de mermeladas. Tenía una jodida adicción con ellas. -¿A qué se debe la tan mala reputación de la otra familia?

-Sin ofender, pero no soy la indicada para esta conversación. Jamás los he visto o hablado con ellos.

-Supongo que dicen cosas muy malas de ellos.

-Mmm...

Mi teléfono interrumpe en cuanto comienza a sonar, le regalo una mirada de disculpas a Edwin y atiendo al ver como era John, mi mejor amigo.

-¡Arzaylea, estamos fuera del autoservicio! -John exclamó apenas la llamada comenzó. -Apúrate que ya quiero llegar y emborracharme.

-Ya, ya, gracias por venir a recogerme. Ya iré

-Bien, apúrate porque realmente Catryn comienza a molestarme parece una babosa insoportable.

-¡Hey escuche eso! -Grita Catryn a lo lejos

-Bien, bien... Yo ya iré.

-¿Puedes traer algo de licor? -Su tono de voz sonó cómplice, quise reírme ante ello.

-Si, John, llevo bourbon.

-¡Bourbon! Mejor apúrate que ya quiero emborracharme.

Al colgar, alce mi cabeza a ver a Edwin sin embargo él ya no se encontraba. Fruncí mis cejas notoriamente y luego niego con la cabeza, quizá debía irse también. Tomó dos potes de mermelada y luego me dirijo a pagar todo.

Al llegar, veo como Edwin compraba una botella de un licor que no reconozco. Camino hacia él con la intención de también hacer fila sin embargo al posicionarme a su lado llevo un mechón de mi cabello detrás de mi oreja y él ante el movimiento me observa de reojo

-Lo siento, había llamado mi mejor amigo y luego no te he visto.

Edwin frunce sus cejas notoriamente y me mira como si fuera un alienígena, completamente confundido y horrorizado.

-Disculpa, ¿Te conozco?

¿Qué? No había pasado ni cinco minutos de que me ha recomendado bourbon y ya se había olvidado

-Mm, hemos hablado recién.

-Te equivocas. -Negó, y le extendió un billete a la cajera.

-Si. Te llamas Edwin -Insistí.

Él suelta una risa y luego niega repetidas veces con la cabeza, acepta el vuelto y lo guarda antes de agarrar la botella y mirarme.

-No sé qué alucinación tendrás, guapa. Pero yo soy Derek.

Dicho eso, se gira sobre sus talones y sale del lugar. Confundida me quedé mirando por donde se iba y no pude evitar pensar en el cambio de personalidad tan repentino.

Niego con la cabeza y terminó de comprar para luego caminar hacia mis amigos. Al llegar noté como John tenía la mirada fija hacia el autoservicio escondiendo un poco su cuerpo detrás un faro de luz. Catryn estaba agachada y escondida detrás de un cesto de basura mirando todo con detenimiento, también mirando hacia la misma dirección.

-¿Qué hacen? -Pregunté detrás de ellos, haciendo que brincaran de sorpresa.

-¡Casi nos matas del susto, tonta! -Exclamó Catryn en un susurro llevándose una mano al pecho soltando un suspiro abrumado -Estamos espiando.

-¡Shh, tonta! -Chillo John -Intento leerles los labios.

Catryn rápidamente vuelve a girarse a ver donde veían y tira de mi brazo para me esconda detrás del poste de luz donde se encontraban cinco personas, aunque todas estaban de espaldas

-¿Quienes son? -Pregunté en un susurro

-Los cinco hermanos Schwarz. -Contestó John. -Deben ser ellos, tienen pinta de mafiosos y son nuevos.

Ah, la nueva familia.

Alce mi vista a verlos, todos llevaban abrigos que cubrían casi todos sus cuerpos y sus cuellos, sin embargo, uno que sostenía una botella de licor se la extendió a otro de ellos para que la sujetara y entonces se giro un poco a colocarse el abrigo ya que era el único con camiseta. Fruncí mis cejas notoriamente viéndolos y entonces reacciono ¡Era Edwin! ¡Derek! ¡Como sea!

Éste parece sentir nuestras miradas sobre él ya que levanta la mirada y observa para todos lados, en cuanto sus ojos caen sobre nuestros lugares rápidamente Catryn se hace para atrás escondiendo su cabeza tras el cesto de basura y John intentando también hacerse para atrás y esconderse se golpea su cabeza contra el poste causando un gran estruendo, suelta un gemido ahogado antes de finalmente esconderse junto a nosotras.

-¿Nos ha visto? -Preguntó John con miedo.

Se ha roto la cabeza, pobre.

-No lo se, pero con el golpe que te has dado es imposible que no te haya visto. -Susurre, escondiendo mi cuerpo.

Seguro nos ha visto, nadie puede no darse cuenta de las dos personas escondidas detrás de un diminuto cesto de basura y otra escondida detrás de un pequeño fino faro.

-¿Corremos? -Catryn parecía realmente asustada

-No somos niños, no vamos a correr. -Susurre con firmeza -Salgamos de aquí dignamente.

-No puedo -John contestó. - No me puedo mover, estoy asustado.

John y su estúpida parálisis cuando tiene miedo.

-¡No los hubieses espiado!

-¡Pero llaman mucho la atención!

Nos callamos cuando unos zapatos negros de cuero se posicionan frente a nosotros, siento que me tenso al completo viendo aquellos zapatos y luego, viendo como comienzan a aparecer más zapatos detrás. John y Catryn se aferran a mis brazos en cuanto también notan lo mismo.

Siento la bilis subir por mi garganta con prisa en cuanto mi vista viaja desde sus zapatos hasta sus pantalones, luego a su abrigo, subiendo hacia su cuello donde sus tatuajes se podían ver a pesar del abrigo, y su sonrisa maliciosa volvió a dirigirse hacia mí.

Mi mirada viaja en los cuatros chicos detrás de Edwin-Derek, quienes parecen haberse coordinado para estar detrás de ellos; dos de cada lado.

Todos nos miraban.

Y nosotros nos encogimos sentados en el suelo contra del farol y cesto de basura. Trague en seco rápidamente con miedo.

-¿Buscaban algo con la vista, jóvenes espías? -Cuestiona Derek-Edwin. Sin dejar de sonreír.

-En absoluto. -Respondió Catryn rápidamente -Solo se nos ha caído el anillo, y lo buscábamos.

-Anillo...-Murmuró pensativo. Se giro un poco hacia los otros jóvenes -¿Hermanos acaso han robado o visto el anillo de la joven espía? -todos negaron. Derek-Edwin acepta levemente con la cabeza girando a vernos de vuelta. -Si mis hermanos no han visto nada ¿Por qué nos observan a nosotros?

Catryn tartamudea.

-N-No los espiábamos.

-¿No? -Repitió, frunciendo sus cejas -Es que he escuchado que lo decías tú. Cito: "Casi nos matas del susto tonta, estábamos espiando" -Su mirada viaja hacia John y cae en él -Cito: "Shhh tonta, intento leerles los labios".

Entonces siento un líquido mojar mi trasero del lado izquierdo, frunciendo mis cejas miro como comenzaba a aparecer un líquido un tanto amarillento y salía de los pantalones de John quien también estaban mojados. John al darse cuenta de que lo había notado me mira con cara de pocos amigos.

¿¡Se ha hecho encima!?

-Eso es imposible que hayas escuchado. -Contraataca Catryn.

En estos momentos era nuestra heroína. La única que podía hablar.

-Jóvenes espías, créanme que nada es imposible para los Schwarz. -Derek-Edwin alza sus manos señalando su eje, donde sus hermanos se encontraban en silencio mirándonos.

Catryn ya no supo que decir, se quedó boquiabierta pensando en que hacer, la conocía y siempre tenía grandes contestaciones, pero solía ponerse en blanco a veces y eso era lo que le estaba sucediendo.

John se había hecho en sus pantalones -tan literal que duele-, y no creo que ni si quiera pueda moverse de su lugar. Estaba aferrado a mi brazo como sanguijuela. Y no lo culpaba, el ambiente era tenso y la oscuridad rodeaba nuestros cuerpos.

Los cinco hermanos acusados de homicidio desde hace años, liberados por falta de pruebas, se encontraban frente a nosotros rodeándonos. Ni siquiera si diera una buena patada en su entrepierna podría escapar, me sujetarían los demás.

¡Di algo estúpida!

Trago en seco sin saber que hacer, estaba temblando y no justamente por frío así que solté lo primero que venía a mi mente.

-Rarito de mierda.

John al instante gira su cabeza al estilo exorcista a verme con los ojos tan abiertos que debían dolerle, me miró como si dijera "¿Tú quieres morir o qué?".

-¿Qué? -Soltó una bocanada de aire, completamente desorientado.

Inhale profundamente para aceptar con la cabeza, no podía echarme para atrás ahora.

-Rarito de mierda. -Repetí.

Uno de los hermanos Schwarz hace dos pasos hacia mí, completamente cabreado. Tenía su cabello negro alborotado con ligeros rulos y un cigarro a casi terminar sobre sus labios, sus ojos eran negros también y su piel clara pero no tanto como Derek-Edwin. De hecho, parecía bronceado.

Es detenido por el de su izquierda quien alza su mano y lo detiene colocándola en su pecho. Sr. Violencia se detiene en seco, pero me miraba como si me dijera "estas muerta, niña".

Quien lo detenía era el que parecía ser más chico, tenía fracciones en su rostro de adolescente a pesar de que tenía la estatura alta como todos sus hermanos que si parecían adultos. Me sentí extraña al verlo, sus ojos contaban con heterocroma, la mitad de su ojo derecho era claro, como un celeste o quizá esmeralda.

-Déjala, Becker. -Dijo Derek-Edwin. -Es solo una cría

Así que Sr. Violento se llamaba Becker.

-¿Por qué crees que soy rarito? -Preguntó volviendo a centrarse en mi.

-Eres tú el que dice ser Edwin para luego decir ser Derek, y luego asegurar ser capaz de lo imposible junto a tu escuadrón de hermanos mientras asustan a tres chicos contra un cesto de basura y uno de ellos hasta se ha hecho encima.

Vómito verbal. Genial.

-Es que te has confundido, guapa. Edwin allí esta.

Y mi mirada viaja a su lado, donde noto que se encontraba Edwin allí parado. Las mismas expresiones, la misma ropa, los mismos tatuajes... ¡Gemelos! ¿¡Cómo no pude darme cuenta de que tenia otros tatuajes en el cuello!?

-Eso no implica en que tú y tu escuadrón de hermanos no nos estén molestando.

-¿Te asustamos, cariño? -El tal Becker preguntó cruzándose de brazos con una mirada divertida

-No. Intimidan. -Contesté alzando una ceja.

-Nadie aquí evita a que se vayan, guapa. -Derek arquea una ceja.

Tense mi mandíbula, sostuve las bolsas y luego jalé de mis amigos para ponernos de pie. Y con el orgullo un poco dañado, caminé lejos de ellos. Pero Becker y el de ojos heterocroma me detuvieron cerca de poder salir. Cerré mis ojos y meneé mi cabeza ligeramente con fastidio. Son unos bravucones.

-¿Saben quien es mi padre? -Chilló con fastidio Catryn, que sus baterías para discutir ya parecían haberse recargado. -¡El Alguacil!

-Bueno Joven espía, le darás trabajo contándole esto. -Derek la miro fijamente -¿No, guapa? -Y entonces me mira.

-Creo que tu amigo está muy callado. -Opino Becker mirando con detenimiento a mi mejor amigo -¿Sabes hablar?

-S-si.

-¡Déjenlo! -Volvió a chillar como ardilla Catryn. -¡Los denunciaré!

-Falta de pruebas, joven espía. -Le guiñó el ojo.

Un escalofrío me recorre al completo y miro el piso asustada, falta de pruebas como en el homicidio de Miranda Peraex. Mi cuerpo se tensa.

-¡T-Tenemos dos testigos! -Dijo John por fin

Becker le dio una sonrisa divertida.

-Ya, ustedes son tres contra el testigo de siete. Callado parecías más inteligente.

¿Siete? Por instinto, giro a ver donde antes los hermanos Schwarz se encontraban y efectivamente vi la silueta de dos personas paradas allí, la oscuridad no parecía ser aliada en estos momentos, pero por los faros de luz logré ver que eran mayores. Adultos. Sus semblantes estaban completamente serios y me miraban fijamente.

Deben ser los padres, mierda.

La señora, parece exclamar algo en nuestra dirección sin embargo era imposible que la llegáramos a escuchar dado la lejanía. Para mi sorpresa, los hermanos Schwarz parecen haberla escuchado perfectamente dado que rápidamente retroceden y comienzan a caminar de vuelta a donde estaban antes.

Derek, me mira.

-Gusto conocerlas...Ya tendremos tiempo para conocernos mejor, guapa. -Asiente con la cabeza en forma de saludo, mira a John. -Meón. -Vuelve a hacer el gesto con la cabeza y mira a Catryn -Joven espía.

Dicho eso, se gira y va caminando hacia los demás.

Edwin, se encontraba detrás. Lo reconocí porque tiene las cejas más finas que su gemelo.

-Disculpen la imprudencia de mis hermanos. Son... -Menea la cabeza sin encontrar palabras adecuadas al cual decir. -, imprevistos. Estoy seguro de que nos volveremos a encontrar -Esta vez, aquello lo dijo en mi dirección -Tengan una tranquila noche.

Entonces, se retira. Lo seguí con la vista frunciendo el ceño. Ellos se daban empujones entre ellos riendo y sonriendo, golpes realmente bruscos y fuertes, aunque eso no parecía molestarlos para devolver uno peor. Finalmente llegan hacia sus padres, quieres parecían regañarlos para luego subirse a una camioneta. Antes de subirse a la camioneta, Edwin y Derek me miran sobre sus hombros y luego entran.

-Los modales hacen al psicópata. -Dijo Catryn, atrayendo mi vista. Miré hacia ella con las cejas alzadas -Que susto, Dios.

Miré a John, preocupada dado que él era de los que se paralizaban tanto que ni siquiera podían hablar, y si hablaban decían incoherencias junto a tartamudeos.

-Yo...-John busca sus cuerdas vocales, se aclara la garganta -No he tenido miedo.

Y dicho eso, él cae al suelo en un desmayo.

Capítulo 3 Dragones y sus sobreproteciones.

CAPÍTULO 2

Dragones y sus sobreprotecciones.

Haber visto a los hermanos Schwarz de tan cercana distancia había sido una emoción bastante extraña, sentía miedo porque ellos eran peligrosos y adrenalina, como si ellos al acercarse alimentarán una llama que tengo dentro. Era extraño sin duda alguna.

John hasta se había desmayado de la tensión, aunque nos hemos reído todo el fin de semana de aquello también me preocupaba un poco, siempre tenia reacciones bastante conflictivas cuando experimentaba el miedo.

Catryn había decidido no contárselo a su padre dado que lógicamente no teníamos pruebas y ellos eran siete, por lo cual dudaba muchísimo que les crean la palabra a tres chicos contra siete personas negándola. Y aunque su padre le creería, no íbamos a ser muy convincentes dado que nos habrían acusado de estar alcohólicos e imaginarlo por la paranoia dado la botella de bourbon. Así que simplemente decidimos ignorar aquello.

Era lunes, y estaba alegre de volver a empezar mi rutina en el trabajo. Era la maestra de un preescolar, trabajaba junto a otras maestras en el único preescolar del pueblo, por lo cual, había muchos niños al cuales debía de cuidar.

Eran revoltosos generalmente, y aún más los días de lluvia donde no podían salir al jardín.

Por suerte hoy era un perfecto día soleado y mis pequeños podrían salir a descargar energías en los juegos.

Mientras miraba como los niños se colocaban sus delantales para comenzar a pintar, mire la planilla entre mis manos notando que hoy parecía que debía entrar una alumna nueva. Kerstin Schwarz.

Solía amar los nombres extranjeros sin embargo los nombres alemanes eran muy difíciles de pronunciar.

-Danna. Iré a buscar a una nueva niña - informo, mientras meto mis manos en el delantal azul con colores llamativos.

Danna acepta con una sonrisa y vigila a los niños en mi ausencia.

Salgo de la pequeña sala y comienzo a caminar por el pasillo escuchando el alboroto salir de otras salas, amaba mi trabajo y aún más amaba a los niños.

Al llegar a la puerta, miró como efectivamente la señora que había visto el viernes por la noche fuera del autoservicio se encontraba parada allí. Llevaba un perfecto y ajustado vestido pastel turquesa sin mangas con falda lápiz combinado con unos tacones bajos pero delicados. Mi vista viaja sobre la niña que parecía ser tímida, vestida con pantalones negros y una blusa floreada con su cabello ondulado y completamente negro.

Por un instante me tensó ver a un Schwarz allí, el pueblo solo había dicho que eran cinco hermanos y ahora al parecer había una hermana menor. Respire profundamente antes de acercarme y alejar los rumores, el miedo que me causaba su familia y mi vida personal de mi trabajo

-¡Hola! Deben ser los Schwarz. -Me acerco a ellas con una sonrisa amplia. -Soy Arzaylea Brown, seré la maestra de la niña.

-Es un gusto, soy Eckert Schwarz. La madre de Kerstin. -La señora parecía completamente alegre, no tan tenebrosa como los seis hombres que tenía de familia. -Estoy un poco nerviosa, a decir verdad.

-Tranquila. Mira, para las madres que están un poco inseguras de si estarán bien sus hijos pueden venir cuando sea, aleatoriamente, hasta sin avisar para observar la clase. Por supuesto está invitada hoy para que observe como es el ambiente donde estará su pequeña.

Ella, con sus duras y atractivas fracciones, hace un gesto de sorpresa y agrado al escucharme, por lo cual creo que había acertado aliviando su miedo.

-Debes ser Kerstin, es un buen nombre. Soy Arzaylea. -Mire a la pequeña pálida y pelinegra, ella suelta un poco el agarre de la mano de Eckert y me mira entre desconfiada e intrigada sin embargo no habla.

-Kerstin está aprendiendo español. Sabe tener conversaciones y es fluida. Pero la timidez y el miedo de equivocarse no parece ser bueno a la hora de hablar con desconocidos.

Acepte con la cabeza lentamente.

-¿Ha llenado las planillas informativas?

-Si, aquí tiene. -Saca de su bolso floreado la planilla y me la extiende con cuidado.

La abro y comienzo a leer el interior rápidamente. Solía ser buena generando confianza con los niños sin embargo en casos como los de ella era muy importante leer sus planillas para saber métodos al cuales ganar su confianza. Al observar que no tiene alergias a absolutamente nada, sonreí.

Me pongo de cuchillas frente a la adorable niña y saco de los bolsillos de mi delantal un caramelo. Se lo extiendo

-No seré una desconocida, ni tampoco tendré un trabajo de maestra mala. Seré tu amiga.

La niña duda, mira el caramelo en mi mano como si fuera veneno. Pero al verme a los ojos, ella se queda mirándome fijamente por unos largos segundos como si estuviera viendo más allá que mis pupilas. Luego, mira a su mamá y acepta en su dirección, para luego mirarme a mi y sonreírme abiertamente

-De acuerdo. -Contesta, aceptando el caramelo.

Me pongo de pie nuevamente.

-Las guiaré.

(...)

A decir verdad, había algo extraño en Kerstin.

No socializaba más de lo necesario, solo tenía modales. En casi cuatro horas de actividades solo la había escuchado decir "por favor" "gracias" "permiso" "disculpa" lo cual era un poco extraño, los niños de tres años generalmente no eran tan estrictos con sus modales, solo les importaba jugar. Eso decía mucho sobre la educación que recibía en casa.

Por otro lado, cada vez que alguien se le acercaba ella lo quedaba mirando por largos segundos fijamente a los ojos, incluso hizo eso con Danna. Para luego mirar a su madre quien estaba sentada con otras madres del otro lado de la sala.

Era extraño.

Parecía que los analizaba, y luego le pedía permiso con miradas a su madre para hablar.

-Niños, ¡Hora de cantar! -Exclamó Danna con alegría. Todos comenzaron a exclamar felices y correr a hacer una ronda con Danna.

Antes de irse siempre cantaban, eso les entretenía y era divertido, pero lo hacíamos más que nada para que la adrenalina de estar jugando con otros cuarenta niños no sea tanta al llegar a sus casas. Debían relajarse y salir del lugar como si estuvieran saliendo del spa.

Al instante noto como Kerstin no se pone de pie y va a la ronda, al contrario, solo retrocede y mira su alrededor con cierta incomodidad.

Me acerqué y me arrodillé frente a ella quien parece aliviarse al verme.

-¿No te gusta cantar? -Pregunté, ella negó frenéticamente con la cabeza -Bien, podríamos hacer otra cosa nosotras entonces. ¿Qué te parece contarnos un cuento?

-¿Historias?

-¡Claro! Tengo una historia que te encantará, ven.

Ella acepta con la cabeza y ambas vamos hacia las mesas minis que había, me senté junto a ella ignorando la incomodidad de la silla.

-Había una vez una hermosa princesa que estaba escondida en una torre de un castillo, que vigilaba un dragón rojo que escupía fuego. -Imite una voz de miedo, ella me miró intrigada -Con el tiempo, ella estaba cansada de estar encerrada y se aburría mucho pero el dragón se negaba a irse.

» hasta que un día un joven apuesto con brillante armadura, la escuchó cantar. No se sabe bien como venció al dragón, algunos dicen que el amor que sintió por la joven y la melodía de su voz fue más fuerte del dragón y lo venció. Rescató a la princesa y se fueron lejos de allí.

-¿Por qué? -Pregunta ella, frunciendo sus pequeñas cejas. Me desconcerté y ella lo notó -¿Por qué venció al dragón? Quizá era vital para la vida de la princesa y él lo venció sin importarle. O quizá su mascota favorita.

Vital otra palabra extraña que la niña conocía.

-Pero no lo era. El dragón sólo era el malo.

-¿Y porqué la cuidaba si era malo? -Cruzó sus brazos indignada.

¿Qué?

-Porque a veces, las personas creen que hacen algo bueno y con el tiempo no se dan cuenta que la sobreprotección es mala. -Tuerzo mis labios en una sonrisa -El dragón no debía protegerla, quizá si estaba cuidándola, pero debía escuchar lo que quería hacer la princesa, nunca alguien puede obligarte a quedarte en un solo sitio o ignorar tus pedidos.

Ella deshace el nudo en sus brazos y me miró relajada, casi sorprendida diría.

-Me agradas.

Parece que la pequeña Kerstin le gustaba no sólo mirar escalofriantemente a las personas, sino que también le gustaba las respuestas que podía llegar a tener a sus preguntas extrañas. ¿En serio esta niña tiene solo tres años?

-Yo también tengo dragones. -Dice, de pronto. -No le digas a mamá, pero te lo contaré, mis hermanos son mis dragones.

-¿Esta sucediendo algo malo, Kerstin? -Rápidamente me alerté.

Ella parece querer decir algo sin embargo se retracta rápidamente y cierra su boca, arrepentida.

-Mm no. Pero me han advertido que si tengo Mmg... Mmg... No recuerdo como se dice... Bräutigam , ellos no me dejarán salir de casa. -Rodea sus ojos despreocupada.

-¿Bräutigam?

No sé nada de Alemán.

-Si. Esos que se dan besitos antes de despedirse y después pueden tener hijitos.

Suelto un suspiro de alivio, solo era la típica amenaza cariñosa de los hermanos sobre protectores que deben querer que su única hermana no tenga novio jamás. Entendía.

-Mi padre tampoco me lo permitía. -Le di una sonrisa divertida-Que amargado ¿No?

Ella acepta

-Sí , pero mis hermanos... - Duda -Mis hermanos son distintos.

El timbre suena y todos corren en busca de sacarse sus delantales, ponerse sus zapatos y sus mochilas. Kerstin también copio la acción de los niños y yo la ayude a la mayoría a realizar los nudos sobre sus zapatos y acomodarles adecuadamente sus mochilas. Todos hacen una fila y simulan ser un trencito para luego salir de la sala siguiendo a Danna quien fingía ruidos de un tren.

Ella siempre los sacaba del edificio y repartía para cada padre mientras que yo hablaba con los padres que habían quedado observando la clase. Hoy solo era la señora Eckert y dos señoras más, sin embargo, las otras dos se fueron sin querer hablar. Por supuesto Kerstin me acompañaba a mi.

-¡Casi lloro de la emoción! -Exclamó feliz. -No socializa, pero ha dibujado un pato hermoso

-Los dibujos solemos colgarlos en las paredes. -Le sonreí compartiendo un poco de su ilusión.

-¡Mi niña hermosa! -Lleva dramáticamente una mano a su pecho -Es que me quedaría horas mirándola dibujar... Es tan adorable.

-Puede venir cuando desee Sra. Schwarz.

Ella no dice nada, pero abraza a su hija mientras la sube a su cuerpo alzándola. Su pequeña solo esconde su carita en su cuello.

-He estado pensando que de algún lugar te había visto y recordé verte el viernes junto a mis hijos. -Comentó. -No me han dicho que sucedió ese día, pero creo que ha sido algo malo.

-Descuide, Sra. Schwarz no ha sucedido nada, solo un malentendido.

-Oh. -Suelta una risa simpática. -No es que no te crea, pero conozco a mis hijos, no creo que solo haya sido un malentendido. Noté que te llevas bien con mi hija y pensé en recompensar ese mal rato que has tenido con mis hijos en una cena.

-Disculpe Sra. Schwarz, pero creo que eso no sería muy profesional de mi parte...

-¡Tonterías! -Exclamó haciendo un desdén con su mano libre, mientras que con la otra sujetaba a Kerstin. -Te espero esta noche, mi marido cocinará un delicioso Pfälzer Saumagen

-¿Un qué? -Pregunté desconcertada.

-Comida típica de donde vivíamos. -Con su alegre sonrisa soltó una risa cómplice -Te esperaremos. Nuestra ubicación está escrita en la planilla

-No creo que sea adecua...

-¡Te esperamos! Puedes venir con tus amigos si eso deseas. Después de todo ellos también merecen unas disculpas. -Cantó interrumpiéndome para luego comenzar a caminar hacia la salida.

¿Qué?

-Señora Schwarz. -La llamo alzando un poco la voz. Ella se detiene, pero no gira, solo me mira sobre su hombro. -Me encantaría, pero no puedo aceptarlo. No mezclo trabajo con vida personal, y mi relación con ustedes es estrictamente laboral.

No gira. Ni tampoco se mueve. Sin embargo, habla.

-Nos tienes miedo ¿No? -Preguntó, su tono de voz no fue alegre sino suave. Cauteloso.

No contesté.

-Lo que tiene este pueblo es que pasarán décadas y sus habitantes seguirán igual que siempre... Tan miedosos.

Se gira un poco, solo lo suficiente para que pueda mirarla fijamente a los ojos. Ella me da una sonrisa, no supe descifrar si era sincera, maliciosa o divertida.

-Por más miedo que nos tengan, no pueden evitar el hecho que hemos vuelto. Y créeme, Arzaylea, que no nos iremos tan fácilmente esta vez, ni por que nos vuelvan a culpar por otro homicidio.

Homicidio. La palabra vuelve a tensarme.

¿Está insinuando que habrá otro?

-No quise ofenderla, señora Schwarz. -Aclare, nerviosa.

Ella menea levemente la cabeza.

-Eres hermosa y puedo notar que eres inteligente y amable, Arzaylea. Mis hijos son únicos y sobre todo especiales, distintos. Si deseas que todo este en orden con tu vida no debes esquivarme a mi. Sino a ellos.

- ¿Insinúa que sus hijos son una amenaza? -Cuestione logrando que empiece a reírse.

-Nunca podrás huir de uno de los hermanos Schwarz, pero mucho menos de todos ellos, Arzaylea.

Confundida por sus palabras no soy capaz de replicar o decir que no la entiendo o que sea más explícita. Decido mantener el silencio mientras que ella, sujeta más firme de su hija y se van del lugar con el mentón en alto.

La verdadera pregunta era:

¿Por qué yo habría de huir o intentar huir de los hermanos Schwarz?

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022