Me encuentro frente al tocador, arreglándome para ir al casino. Ni siquiera me gusta, solo juego a la ruleta, donde siempre hay viejos alrededor con miradas lujuriosas y codiciosas, con hambre de apuestas y sed de sexo «Iuhg». Todo por mis amigos y sus estúpidas ideas de que debo salir más y dejar "mi cueva"; sí claro, como si algo fuera a cambiar por ir al casino. -¡Lina, se hace tarde! -me grita Sole. La quiero, lo juro, pero cuando me apura me dan ganas de sacarles los ojos con el rímel.
Ella es mi mejor amiga; es una hermosa pelirroja de ojos color miel, con una nariz llena de pecas que la hacen ver inocente, aunque no tenga un gramo de eso. Sole es de las contadas mujeres que les gustan sus pecas, dice que esa candidez que le conceden, son detonantes para los hombres. La conozco desde la secundaria; ni siquiera recuerdo bien como nos empezamos a hablar, pero nos hicimos muy buenas amigas y ya nunca nos separamos. -¡Estoy yendo! No me apures si me quieres sacar buena -le grito, saliendo del baño. -Al fin, nena -esboza Gaby con aburrimiento-. Vámonos -apura, haciéndole muecas graciosas a Lucas. Gaby y Lucas son muy amigos; trabajan juntos, son policías federales y se pasan mucho tiempo entrenando y en el polígono. Hacen prácticamente todo juntos. Gaby es de tés aceitunada, tiene el pelo negro azabache, un poco corto, con un rizo rebelde que siempre cae en su frente, amenazándolo con hacerlo rabiar; ojos negros como la noche, con pestañas negras y muy largas que siempre llaman la atención a donde vayamos, sin contar del cuerpo trabajado que mantiene gracias a las horas de entrenamiento. Lucas, en cambio, tiene piel bronceada «un color parecido a la miel», su pelo es rubio, un poco más corto en comparación a Gaby, y tiene ojos celestes como un cielo despejado; al igual que el otro, tiene un cuerpo bien trabajado. Los dos son muy altos e intimidantes, y aunque fuesen el día y la noche, son lo mejor que nos pudo pasar a Sole y a mí. Los conocimos en un grupo de Facebook; se portaron muy bien con nosotras desde el comienzo, y lo siguen haciendo hoy, así que, aquí están siempre para criticarnos, y además, tenemos nuestros propios guardaespaldas. Luego de 20 minutos llegamos al casino, y por Dios ya me quiero volver; mi único consuelo es que de aquí partimos a la discoteca... ¡Y rondas de tequilas! ¡¡Sí!! Es por lo único que estoy fuera de mi casa esta noche. Dos horas dijo Sole, y ya llevamos tres; no sale de las maquinitas, y creo que voy a tener que sacarla con una espátula de ahí. Me cansé de esperarla; a regañadientes, me siento a unas cuantas máquinas de donde se encuentra ella, de la que se había levantado una señora minutos atrás «también cansada de perder»; pongo un billete y empiezo a tocar los botones, sin entender mucho. La verdad es que a la mayoría de las maquinitas no las comprendo, así que juego adivinando. Después de media hora de hacer apuestas estúpidamente chicas y seguir con la misma cantidad de puntos, hago la mayor apuesta que me permite, así me largo de una puta vez de aquí. ¡¡Y por todos los bebés recién nacidos del planeta!! La máquina se volvió loca, empezó a chillar y a hacer un arco iris con todos los colores «hasta con los desconocidos». Me congelé, quedé estática en el lugar. -¡Qué mierda! -grita Lucas a mi espalda. Yo estoy muda, solo veo todos los números que arriba marcan en grande lo que había ganado. ¡Dios, no es posible! -Jódeme que esa cantidad que dice, es la que ganaste, Lina -chilla Sole, con los ojos desorbitados, y para peor casi está sobre mí. -No sé -alcanzo a musitar. -Lina eres un jodido trébol de la suerte; desde hoy te quiero siempre cerca -exclama Gaby, tan emocionado como si él hubiera sido el que ganó. A partir de ese momento todo fue una completa locura, personas que se acercan a felicitarme, otros que maldicen por lo bajo. Y ahí está la señora que una hora atrás se había levantado de este mismo lugar. Pobre. No, me retracto, nada de pobre; me mira como si quisiera cortarme el cuello con el platito de la taza de café que sostiene, para leerme el futuro con mi tráquea. No está nada contenta. Después de estar un par de horas más en el casino, para arreglar cuando me entregarían ese dineral, nos dirigimos a tomar los tequilas como habíamos arreglado. -¡Por el barman! -grita Sole, alzando su tequila para brindar. -Todavía no lo puedo creer; y tú que no querías salir, y menos ir al casino -demanda Gaby, apuntándome con el dedo índice. -Yo tampoco lo puedo creer, pero no hables de eso ahora, mejor bebamos -lo insto, todavía sin creer lo que pasó; sinceramente, no quiero pensar en eso para no enloquecer. -Voy a pedir otra ronda -les aviso, y me encamino hacia la barra. Ahora sé por qué Sole brindó por el barman. Está muy bueno, y que brazos; ojos verdes, pelo castaño despeinado, y como hace volar las botellas. Estas calentándote Lina, es solo un chico; un muy lindo chico. -Cuatro tequilas, por favor -le pido, elevando la voz por encima de la música. Él me guiña un ojo después de asentir. Qué bueno que está...Colchón de baba. -Aquí tienes bonita -articula, tendiendo los tequilas sobre la barra, con una media sonrisa. ¡Hermosa sonrisa! -Gracias. -Le sonrío, mientras, le extiendo el dinero para pagarle. -No. -Agita su mano y se acerca a mí por encima de la barra-. Estos van de mi parte -susurra en mi oído. Es oficial, me mojé. -Gracias entonces -hablo, igualando su tono de voz. -De nada -corresponde. El chico se aleja a atender a uno que le gritaba desde la otra punta de la barra. Dios, qué espalda. -Estabas coqueteando con el barman -escucho la acusación masculina en mi oído y me doy la vuelta, con la cara roja por el subidón que me dio ese condenado barman. -¡Noooo! Nada que ver -me defiendo, fingiendo inocencia, y Lucas se sonríe. -¡Siiii! Lo estabas haciendo. Te vi, y vi cómo se acercó a hablarte en el oído -acusa con tono burlón, el muy desgraciado. Maldito Lucas. -No sé de qué estás hablando -lo ignoro-. Sirve para algo -le digo, dándole los tragos. -Como sea, espero que por ponerte así de roja te haya regalado los tragos -entona divertido. Él sabe que así fue. -Obvio. ¿Qué pensabas, que lo iba a dejar acercarse sin nada a cambio? -digo sonriendo. Abre los ojos casi de manera cómica y después larga una sonora carcajada mientras camina detrás de mí -. Definitivamente, por el barman más hot que he visto -chillo conforme levanto mi trago, cuando me acerqué a los demás. -Por el barman -me secunda Sole. Lucas niega con la cabeza, divertido por la situación. Está tomando gratis, que no se queje. -Y bien, ¿qué tienes pensado hacer con lo que ganaste? -pregunta Gaby. -Ehh... -pienso unos segundos-. La verdad, todavía no lo pensé, pero seguro lo primero será mudarme... Supongo -respondo, articulando la última palabra más bajo, bastante dudosa, ya que de verdad no lo había pensado. -Bien; entonces, eso es lo primero que debes hacer -interviene Sole, asintiendo con la cabeza para darle más énfasis a lo que decía. -No -habla Lucas, sorprendiéndonos-. Lo primero que debe hacer es ir a la barra y traer más tequilas gratis. Todos nos empezamos a reír. No iba a ir de nuevo hacia allá, tampoco estoy tan desesperada por sexo... Pero por los Dioses del Olimpo, qué bueno está el barman. Justo, en ese momento, él se gira a mirarme y me guiña un ojo... La tentación, uno de mis peores pecados, el que más uso, y el que esté mirándome con ojos de depredador hambriento no ayuda. -No voy a ir de nuevo a la barra, ve y búscate tus propios tragos gratis -le contesto, sin quitarle los ojos de encima al cantinero. -Si claro, como si no quisieras ir de nuevo para allí -esboza, seguro y con supremacía. -No quiero ir de nuevo hasta allí -entono, firmemente. Vamos, así se habla Lina. -Al menos, disimula y mírame a mí cuando me hablas, y no al barman -exclama con tono irónico. Entonces miro a Lucas más roja de lo que estaba, mientras, los otros desprolijos se ríen sin miramientos. Maldito mi cuerpo traicionero, malditos mis amigos; malditos todos. -Te estoy mirando -le digo, perdiendo la poca paciencia que tengo. -No lo hacías Lina, lo mirabas como si le estuvieras haciendo sexo salvaje -afirma, mientras ríe. -Es verdad -secunda Gaby. -Y él también te miraba de la misma forma -acota Sole. Buenísimo, ahora los tres están señalándome. -Voy al baño -les anuncio, levantándome-. Y más vale que tenga un tequila en mi lugar para cuando vuelva. Camino haciéndome lugar entre la multitud para llegar al baño, y una vez ahí, entro a uno de los cubículos. Cuando salgo, me miro al espejo y retoco mi maquillaje; en ese momento escucho que The Weeknd con su canción "The hills", comienza a hacer presencia en el bar. Me encanta esa canción, por lo tanto me apresuro para salir a volver con los demás. Cuando salgo del baño me colisiono contra un enorme pecho, entonces levanto la mirada. Oh, bendito sea el creador del hombre. El barman me observa con una media sonrisa. -Disculpa -me las arreglo para decir. ¿Qué me pasa? -¿Me pides disculpas por chocar contra mí o por estar, todavía, pegada a mi cuerpo? -curiosea, arqueando una ceja. Oh mierda, sí, todavía seguía pegada a él, y unas de mis manos en su cadera. ¡Qué calor! -Eh... ¿Por las dos cosas? -Le sonrío y trato de alejarme, pero él me retiene en el lugar. -¿Cómo te llamas? -indaga, sonriendo. -Lina. Su mirada es muy fuerte, pero se la voy a sostener. No pienso bajar mis ojos como una nena de quince años. Empezó a acercarse. Mierda. -Lindo nombre -susurra en mi oído, pegando sus labios-. Lindos ojos también -murmura, mientras sus labios rozan mi mejilla. ¿Lindos ojos? Son horribles mis ojos. Ok, bien, son grises; pero no un gris fuerte, es un gris muy claro, un color muy frio, y la verdad nada lindo. Mis amigos me dicen "Ice-woman", burlándose de mí color, y creo que también por mi carácter; qué saben ellos. -Gracias... Pero creo que ya debería irme -largo las palabras queriéndome zafar de su brazo, pero él no me deja, nuevamente. -Creo que ellos no te necesitan, todavía -señala a mis amigos. Los miro, están bailando. Cuando Lucas me ve, el muy desgraciado se sonríe y se da la vuelta, ni siquiera le dio importancia a mi mirada de S.O.S; me las va a pagar querido amigo. -¿No deberías estar en la barra? -curioseo, volviéndole a prestar aten-ción. -En realidad, no es necesario que me quede toda la noche detrás de la barra; puedo salir para ir al baño y... bueno, ya sabes; todo eso -responde, gesticulando con la mano libre, ya que con la otra seguía agarrando mi cintura. -Bueno, entonces dejo que vayas al baño -manifiesto, queriendo sol-tarme, sin llegar a ningún lado, otra vez. -No tengo ganas de ir al baño -murmura, con esa media sonrisa. -¿Y de qué tienes ganas? -No, Lina, no tenías que preguntar eso. Estúpida Lina, mordiste el anzuelo. -De esto... Sin darme tiempo a nada se acercó y me besó. Su boca irrumpió en la mía, dándose paso con su lengua e instando a la mía a una lucha entre ellas; ni lugar a retrucar me dio, él solo me besó y me arrinconó contra la pared. Bien, Lina, caíste. Cómo besa; la verdad es que no está mal estar contra la pared de esta forma, con sus manos en mis caderas empujándome hacía él. ¿Conocen dicho "entre la espada y la pared"? Bueno, esto es más o menos parecido: estoy entre el barman y la pared, totalmente acorralada. Su cuerpo está pegado al mío; o mejor dicho, tiene mi cuerpo pegado al suyo. Puedo sentir el calor que emana de este. Tengo que marcharme de aquí o quizás después; todavía no quiero salir de esta bendita pared y estos grandes brazos. Sus manos aprietan mis caderas contra la suya y puedo sentir su erección. Su beso se hace más profundo, su lengua es indulgente y extrovertida, saborea toda mi boca sin miedo alguno. Yo, como de las más estúpidas, tengo mis manos en puños agarrando su camiseta sin mangas; lentamente me dispongo a subirlas para tomarlo del cuello. -¡Seba! -gritan a lo lejos. El barman me suelta y se da la vuelta, le toma unos segundos recuperar la normalidad de su respiración; a mí me toma un poco más, pero gracias al inoportuno es que puedo respirar. Había un chico acercándose a nosotros, mirándolo con curiosidad. Ahora, al menos sé su nombre: Sebastián. -Hey, man, ¿qué pasa? -Te están buscando en la barra -le informa el recién llegado, ya a su lado, y me mira curioso. Buenísimo, seguro que no soy la primera con la que se estampa contra la pared. -Ok, ya voy -le avisa, y luego posa sus ojos en mí-. Debo irme, muñeca; pero puedes llamarme en otro momento -dice en voz baja, colo-cándome un papel en la mano; me besa y se va. Yo me quedé ahí, agitada, estupefacta contra la pared como si fuera un póster. Regreso con los chicos, todos dándome sus miradas de "chica, estás caliente como una olla a presión"... Si supieran. Lo bueno es que está mi tequila. Luego de este pequeño incidente, la noche continuó sin ningún otro altercado; gracias a Dios y a todos los santos, y por supuesto, no volví a ir al baño. Volviendo a casa, en el auto, les hice jurar a los tres un millón de veces, que no le contaran nada a nadie; ni a sus familiares, ni amigos, a nadie. Con mi pasado, era mejor no levantar vuelo y seguir pasando desapercibida. -¿Ni siquiera después de que lo cobres? -interroga Lucas. -Ni siquiera después de que lo cobre -repito-. Nunca se lo digan a nadie -les advierto. -No entiendo, ¿por qué no quieres que nadie se entere? -cuestiona Gaby. -Porque no; porque es peligroso y yo vivo sola con mi hija, y no quiero que nada le pase -explico con el ceño fruncido. -¿Te olvidas que hay dos federales acá? -aclara con arrogancia. -Gaby -advierto, para que no digas bobadas. Él solo me sonríe con ternura.
Luego de un par de meses de aquella noche del casino; me encuentro mirando televisión con mi hija cuando se me ocurre algo que quería hacer hace mucho tiempo, y que mejor hacerlo ahora que puedo y que tengo la oportunidad. Busco mi teléfono y marco.
-Hola, hija. -Atiende al tercer repique mi madre.
-Hola, ma. -Lo mío no es hablar por teléfono, que quede claro.
- ¿Cómo estás? ¿Cómo está Ayelen? -quiere saber. Mis ojos se dirigen hacia mi hija, que se encontraba muy concentrada mirando los dibujitos animados.
-Bien, estamos acá, viendo tele. -Sí, definitivamente esto no es lo mío, me quedo con el WhatsApp.
-¿Estás cómoda en tu nueva casa? ¿Cuándo voy a ir a conocerla? -Me había olvidado de ese pequeño detalle: mi familia todavía no conoce la casa.
El hecho es que quería tener las habitaciones decoradas y terminadas a mi gusto primero; es una casa muy linda, casi a mi gusto y el lugar es genial y muy tranquilo, sin vecinos molestos y entrometidos, ya que todas las casas están un poco aisladas por enormes patios y jardines.
-Eh... Sí, este fin de semana, por eso te llamaba -Mentirosa-. Por eso y porque tengo que pedirte un favor muy grande -suspiro, cruzando los dedos; ojalá que me diga que sí.
-A ver, ¿qué es lo que me quieres pedir? -azuza, con ese tono de "a ver con qué me sales ahora".
-Bueno, necesito que me cuides a Aye un par de semanas. -Espero el grito.
-¿Qué? -Y ahí está mi grito, ja-. Ni loca -chilla como si le hubiera pedido que asesinara al Presidente.
-¿Por qué no? Ni siquiera me preguntas porqué te estoy pidiendo que la cuides tanto tiempo, ni nada me preguntaste; por favor -le suplico, odio hacerlo.
-¿Por qué quieres que la cuide tanto tiempo? -cuestiona con tono aburrido, como diciendo que no importa el porqué, la repuesta sigue siendo "no".
-Porque me quiero ir a Alemania -le lanzo, sin más.
-¡¿Qué?! -vuelve a gritar, haciendo que corra el tubo de mi oído. Por Dios, qué exagerada.
-Lo que escuchaste. Quiero ir a Alemania y no la puedo llevar a Aye hasta que no termine con los documentos de ella y toda esa berenjena. ¿Puedes hacerme ese favor?
-¿Y por qué quieres ir a Alemania?
-Porque quiero conocer ese país y ahora puedo -le respondo.
-¿Te vas a ir sola? -me interroga. Con eso quiere decir que la lleve conmigo, pero si la llevo conmigo no me puede cuidar a Aye. Buena jugada, mamá.
-Voy a ir con Sole.
-¿Por cuánto tiempo? -pregunta, analizando el campo.
-No sé, dos o tres semanas. ¿Me la vas a cuidar o no? Dime que sí, no puedes hacerme perder esta oportunidad -soné muy victima sufrida. Un Oscar para mí.
-Pero Lina, yo tengo que trabajar y ella tiene escuela... -la detengo.
-No hay problema con eso -tengo que pensar rápido-. Escucha... -Sin detener mi parloteo, le explico todo lo que se me había ocurrido y, con respecto a su trabajo, bueno, ella es enfermera, lleva veinte años trabajando en el mismo lugar; aunque sé que es algo que le apasiona, también sé que merece unos días fuera del hospital, así que debe reclamar sus vacaciones-. No debes preocuparte por nada, en absoluto -tomo aire para llenar mis pulmones después de esa perorata.
-¿Cuándo te irías? -pregunta, al fin.
-La semana que viene, o a mediados de la otra, en cuanto tenga los papeles en regla.
-Bueno, está bien -me regala un sonoro suspiro-. La cuido. -Yo grito de la alegría -. ¿El fin de semana vamos a conocer tu casa? -indaga.
-Sí, sí... El domingo al mediodía los voy a buscar... No se preocupen por nada, yo me encargo de todo. -Estoy tan contenta, que hasta les lavaría la ropa... Ok, no, tampoco hay que ser extremistas.
-Bueno, el domingo te esperamos y hablamos bien... Besitos -dice.
-¡Besos! -grito emocionada, para luego cortar la llamada.
Tengo que llamar a Sole y convencerla para que viaje conmigo; no quiero hacerlo sola. No creo poder hacerlo sin compañía, no me sentiría cómoda.
-Hola, chica, ¿qué pasa? -saluda, del otro lado de la línea.
-Hola, Sole, eh... tengo una propuesta para hacerte -suelto.
-¿Qué propuesta?
-Bueno... ¿Quieres ir a Alemania conmigo? -suelto sin más, cerrando los ojos.
-¡¡¿Qué?!! -grita.
-Lo que escuchaste, Sole. ¿Me acompañas a Alemania? Quiero ir la semana que viene -hablo con velocidad.
-No puedo ir a Alemania; tengo que trabajar, no tengo dinero, no tengo ropa... No puedo -intervengo, antes que siga con más patéticas excusas.
-¡Basta! -digo, a casi un grito -. La puedes cortar con los no... No esto, no lo otro; eres "doña negativa". El lunes tengo que ir a hacer los papeles, y tú me vas a acompañar para hacer los tuyos. Por el trabajo no te preocupes; cualquier cosa, trabajas conmigo -aseguro con complicidad.
-Si no estás trabajando, Lina -me recuerda con desdén, como si le estuviera haciendo una broma.
Es verdad, desde que cobré el dinero del casino dejé de trabajar para ocuparme de la casa, y porque la verdad quiero hacer otra cosa y dejar de trabajar en los eventos.
-No, no lo estoy; pero cuando volvamos voy a buscar un sitio para abrir ese restó o café que tanto quiero. Eso ya voy a ver en cuanto encuentre el lugar, y vas a trabajar conmigo en el arte culinario, eso que tanto te gusta; vas a poder usar la cocina como laboratorio. Ahora ya no tienes excusas- le aseguro con arrogancia.
-Bien, suena como una buena idea -dice dudosa.
-¿Qué? Suena como una estupenda idea, unas de las mejores que he tenido te podría decir.
-Bien, es una de las más grandes ideas que has tenido -se toma unos segundos -. ¿Entonces, nos vamos la semana que viene? -termina su pregunta soltando un grito.
-¡¡Sí!! -chillo, igualándola y saltando arriba del sofá.
¿Les dije que odio hacer trámites? Pues, así es. Perdí todo el maldito día, estoy cansada, con hambre y de muy mal humor; lo peor, es que tengo que pasar a buscar a Ayelen por la casa de mi madre y me va a retener lo suficiente para hacerme todas las preguntas que no voy a poder responder. Y todo eso sin contar que no pegué un ojo en toda la noche; mi euforia y mi adrenalina fueron las causantes de mi insomnio.
-Hola, mamá -la saludo entrando a la casa.
-Hola, Lina. ¿Cómo te fue?
-Bien, solo hay que esperar a que llegue el pasaporte -contesto, sentándome en una silla, bastante cansada-. ¿Cómo te portaste? -le pregunto a Aye, dándole un beso en la mejilla y sentándola en mi regazo.
-Bien, como siempre -responde, sin un ápice de inocencia. Pequeña demonia.
-¿Y para cuándo los vas a tener? -es oficial: empezaron las preguntas.
Solo quiero irme a dormir... lloriqueo por dentro.
Después de contestar preguntas «de las cuales no sabía las respuestas», salí de ahí. Ya estando en mi casa, tenía la intención de echarme en la cama como una morsa varada y así lo hice, aunque no puedo decir que dormí como era debido, pero al menos estoy un poco menos cansada que ayer. Me apresuro con el desayuno y apremio a mi hija también.
-Aye, vamos a llegar tarde, ¿puedes terminar la chocolatada de una vez?
-¡Ya terminé! -grita, saltando para agarrar su mochila.
Esta chica está loca por la escuela; diría que es una mininerd, si no fuera porque no es muy buena con las tareas y que simplemente le gusta jugar con sus amiguitas. Subimos al auto, Aye en el asiento de atrás; le abrocho el cinturón de seguridad y me dispongo a subir en el asiento del piloto. Después de dejar a Aye en la escuela, prendo el estéreo y dejo que Jason Mraz invada el silencio dentro del vehículo, con la canción "Mr. Curiosity" mientras me dirijo rumbo a la casa de Sole. Hoy, día de shopping, y como amo esos días -mentira, los odio-; no soy amante de eso y menos con ella, que se pierde en todas las tiendas y se prueba todo una y otra vez, hasta que por fin decide qué llevar.
-Tenemos que comprar ropa para invierno, un invierno muy frío -le hago saber a mi amiga mientras veo como mira una pollera de tubo.
-Ya lo sé, no soy tonta -apostilla, ladeando la cabeza investigando más su objetivo.
-Es bueno saberlo -azuzo.
-¿No podrías haber elegido un lugar más cálido? -Ahí vamos-. No sé... ¿Como Brasil?
Ella solo quiere ir allí por una sola razón, y su cromosoma es Y.
-Solo quieres ir a Brasil para babearte con los brazucas -le acuso, haciéndole muecas divertidas cuyo propósito es hacerla reír.
-¿Y eso que tiene de malo? ¿Me vas a decir que no quieres un morocho bien grandote para abanicarte? -pregunta sonriendo.
-Obvio que sí, y otro para que me haga caipirosca. Pero primero quiero ir a Alemania y después, en el verano, nos vamos a Brasil. ¿Dale? -Le dedico mi mirada más tierna.
-Bien, bien; pero más te vale que me lleves a Brasil y bailemos axé con tres "morochios" cada una -entona, medio en serio, medio en broma. Y por supuesto que lo íbamos a hacer, aunque ir en el verano no iba a ser buena idea, nos cocinaríamos en Brasil y no soy muy partidaria del calor.
-Tenemos un trato. Ahora deja de quejarte y compremos de una vez -le digo apurándola.
Después de comprar mucha ropa, muy abrigada, fuimos a buscar a Aye a la escuela para ir al cine; a ella también le compré ropa y cosas que sé le van a gustar. Es decir, ponis; varios, de hecho.
-¿Puede ser que te comportes? No puedes andar coqueteando con el chico de los pochoclos -le reprendo.
-Ahora eres una hipócrita, tu si puedes coquetear con el barman de la otra noche y yo no con ese chico -apostilla, señalando al chico sin ningún problema de que él la vea.
-Pero no estaba con mi hija adelante mientras coqueteaba -respondo, enojándome por su desfachatez.
-Cómo sea, ¿lo llamaste? -pregunta, como quien no quiere la cosa.
-¿A quién? -Ya le perdí el hilo.
-Al barman, Lina, ¿a quién va a ser? -entona, divertida por mi reacción cuando lo nombró.
-¿Y por qué lo voy a llamar? -indago, obviamente evadiéndola.
-Porque para algo te dio su número -contesta la muy descarada.
-¿Cómo sabes que me dio su número? -Entrecierro los ojos, escrutándola con la mirada.
-Ay Dios, deja de hacerte la desentendida... Me lo dijo él; cuando fui por más tragos, me dijo -se aclara la garganta e imita la voz del barman-: Dile a tu amiga que el número que le di es mío, que me llame cuando quiera -recita sonriendo.
Genial; el barman ya abrió su linda boquita, y como si fuera poco lo hizo con Sole, que es la peor para mantener la boca cerrada.
-No lo voy a llamar -declaro.
-¿Por qué no? -pregunta, con voz chillona.
-Porque ahora no tengo ganas de llamarlo. Además, pasó hace semanas y seguro ni se acuerda de mí, y sin contar que ya nos vamos a Alemania y no va a tener sentido llamarlo. Capaz cuando volvamos -explico, encogiéndome de hombros.
-Bien, como quieras -expresa-. Aunque pienso que deberías llamarlo.
-Sole -advierto.
-Alguien debe darte la despedida -se excusa.
-Quizás cuando vuelva lo llamo así me da la bienvenida.
-Esa idea me encanta -canturrea moviendo las cejas.
Al fin, el gran día llegó. Me duele mucho el estómago, tengo los nervios de punta; nunca volé, y creo que tengo pavor a volar. -No, Lina, no empieces con la paranoia; déjale ese papel a Sole, que a ella le sienta bien-. Ok, respira, solo respira... No está funcionando. Miro a la salida y luego hacia donde se embarca, y vuelvo a mirar hacia la salida; en cualquier momento salgo corriendo. Tengo pánico de subir al avión, justo ahora me tengo que dar cuenta que me da miedo volar, qué idiota; tengo que ser más valiente, no puedo comportarme como una cobarde en este momento.
-Están llamando a su embarque, chicas -anuncia Lucas.
-Sí, es mejor que se vayan ya -habla Gaby, y se mueve a abrazar a Sole.
-Dios, chica, estas temblando y casi no respiras -nota Lucas, estirando sus brazos hacia mí.
Mierda, es verdad; estoy a punto de morir por asfixia involuntaria. Esto me está superando.
-Estoy bien -murmuro, tratando de ser convincente y fracasando hábilmente. No estaba nada bien.
-Hey, cálmate; inhala y exhala. ¿Cómo era ese dicho? -me pregunta frotando mis brazos con la intención de relajarme, pero sin fruto alguno.
-Inhala paz, exhala amor -contesto en voz baja tratando de parecer fuerte, sin lograrlo.
-Esa es mi chica -admira, abrazándome.
-Bien, será mejor que se apuren -demanda Gaby, haciendo a un lado a Lucas para abrazarme-. Te voy a decir dos cosas: La primera, estoy muy enojado contigo por preferir llevar de viaje a esta desprolija antes que a mí -bromea señalando a Sole, ganándose que ella le sacase la lengua como una niña malcriada-. La segunda, es que te voy a perdonar si me traes un gran recuerdo de allá -habla dedicándome una gran sonrisa.
-Sí, definitivamente te voy a traer un gran recuerdo. Mi virginidad envuelta en papel celofán rojo y un moño enorme -le contesto mostrando mi más hermosa sonrisa, fingida claro está, ya que estoy muriendo de los nervios. Y fue una carcajada colectiva.
-No hay regresión, Lina -suelta con desdén.
-Bien -suspiro y simulo resignación-, te traeré una alemana sado... ¿Qué te parece? -le sonrío.
-Eso sería una buena idea, suena mucho mejor -concuerda, ladeando su cabeza como si se lo imaginara-. Auch -chilla cuando le propino un roscazo en el brazo, por atrevido.
-Dejas volar mucho esa imaginación tuya -lo acuso, mientras se frota el brazo.
-Lu, soy un hombre golpeado -lloriquea, apoyándole la cabeza en su hombro-. Ella me maltrata -sigue hablando y haciendo una escena sobre el hombro de Lucas.
-Ya, ya- dice el rubio palmeándole la cabeza-. No llores, ya se van y seremos libres -le sigue el juego, ganando que Sole se ponga más colorada de lo que es.
-Están haciéndome pasar vergüenza, la gente nos mira -masculla, mirando para todos lados, acalorada por la situación.
- ¿Por qué no me quieren, Lu? -lloriquea más fuerte, causando que más gente se dé vuelta a mirarnos.
Yo no puedo parar de reír, siempre tiene que hacer algunas de las suyas.
-Vámonos ya -me apura Sole, tirando de mi brazo para salir de la escena que están dando los chicos.
-Fuera -le ordeno a Gaby, corriéndolo para luego abrazar de nuevo a Lucas.
-Te voy a extrañar, mi amor -murmura en mi oído.
-Yo también, me gustaría que pudieran venir con nosotras -declaro, abrazándolo con más fuerza.
-No podemos...
-Sí, sí, ya sé -intervengo-. Ese maldito caso que tienen -trato de ser más comprensiva, aunque odio que no podamos viajar los cuatro juntos.
-Te quiero -me susurra.
-Yo también -le correspondo, separándome un poco para verlo a los ojos.
Me besa la frente y me insta a que me vaya de una vez.
Ya en el avión con mi malestar bien presente. Mierda, quiero vomitar. Inhala paz, exhala amor... Inhala paz exhala amor... No funciona; ahora quiero fumar. Necesito un cigarrillo con urgencia. Ojalá las pastillas que me dio Lucas hagan efecto en cuanto las tome, no sé cómo voy a reaccionar cuando se empiece a mover este bendito bicho.
-Lina, estas pálida -me hace saber Sole, observándome. Como si no lo supiera, me mofo mentalmente.
-Ya lo sé, creo que voy a tomar un calmante para dormir todo el viaje -entono, muy descompuesta.
-Bien, trata de descansar -me insta palmeando mi rodilla.
El despegue fue un suplicio, esta cosa empezó a moverse «a sacudirse mejor dicho», y las pastillas todavía no hacían efecto, si es que llegan a hacerlo en algún momento.
Luego de más de catorce horas de vuelo, salimos del avión y mi estómago dio un vuelco nuevamente, pero esta vez por los nervios; Sole me agarra fuerte del brazo, está igual de nerviosa que yo, pero se contiene para no chillar por la cantidad de gente «ella lo sabe y yo lo sé»; no íbamos a dar un espectáculo en medio del tumulto de personas desconocidas, que seguramente nos tildarán de locas histéricas si lo hacemos, así que, a contenerse, al menos hasta que estemos en la protección de la habitación.
-Tenemos que conseguir un auto para llegar al hotel -anuncio, agarrando por fin las maletas.
Mientras caminábamos a la salida me puse a buscar el celular en mi bolso -cuando llegue, voy a tener que tirar toda la basura que tengo aquí dentro-; estoy llena de papeles y cosas sin valor, esto es la caja de pandora. Para mi suerte, se me caen las llaves; me paró en seco y retrocedo... PUM, me llevo puesto de lleno a un hombre. Para variar, se me cae el bolso, haciendo que todo lo que estaba dentro se desparramase en el suelo. Mierda.
-Perdón -me disculpo con el hombre que había atropellado, mientras me agacho a levantar mis cosas sin siquiera mirarlo, ya que estaba rojísima por haberlo increpado tan brutalmente-. Mierda, mierda, mierda -refunfuño levantando mi Tablet, que se le había rajado la pantalla. Qué suerte la mía.
Creo que bajé del avión con el pie izquierdo.
El hombre me alcanza los papeles del hotel, que también estaban desparramados en el suelo, y es ahí cuando levanto la mirada y lo veo por primera vez. Creo que morí muerta; no podía moverme, ¡qué hombre! Alto, rubio, ojos azules e intensos, mandíbula cuadrada. Ay, esos hombros grandes, ese pecho. Escucho que se aclara la garganta y es entonces cuando vuelvo a la vida, le acepto los papeles del hotel que me extendía con su mano; su mano grande, esos dedos largos. Dejo de desvariar y lo miro de nuevo. ¿Está sonriendo? ¿De qué se ríe? ¿De que se me rompió mi Tablet? ¿De que se me cayó todo lo del bolso, o de que me quedé muda? Creo que la tercera, que idiota soy.
-Disculpa... Eh, Sorry -hablo casi susurrando.
Él no dice absolutamente nada, solo me ve con una media sonrisa, manteniendo sus ojos fijos en los míos, escrutándome con ellos, cosa que provocó que mi cuerpo sienta un calor repentino.
Tengo que moverme e irme, me hace sentir desnuda viéndome de esa manera.
Me doy la vuelta con todo en mano y busco a Sole, que ya estaba en la fila para el alquiler del auto.
-¿Quién era ese rubio sexy? -A esta mujer no se le escapa nada.
-Se me cayó el bolso y lo choqué sin querer -respondo sin mirarla, todavía arreglando un poco el desastre de mi cartera.
-¿Lo chocaste? Así que sabes si está durito; parece que sí lo está. -Empieza la entrevista, clavándole los ojos.
-Ya Sole, no lo toqué. Por favor, que ya se me está yendo el humor a la mierda -espeto, frunciendo el ceño.
-Que no lo tocaste... ¿Tu, Lina Rinaldi, que no hay bombonazo que se te escape? No te creo nada -declara, negándose a creerme. Hacía bien, porque no solo lo toqué, sino que le saqué una radiografía con la mirada; pero ella no tenía por qué saber eso.
-Sole, se me rompió la Tablet cuando cayó; por favor, deja de divagar hasta que lleguemos al hotel.
-Bien, como sea; pero igual está como para atarlo en la cama hasta año bisiesto. -Estaba prácticamente babeando.
-Sí, está como para embardunarlo con chocolate fundido y todo lo que quieras; pero creo que es un idiota. Le pedí disculpas en dos idiomas y no dijo nada, solo se sonrió, mientras yo puteaba por mi Tablet rota -demando ofendida.
-Bueno, tal vez no habla tu idioma, o lo hablaste mal -aclara, querien-do defenderlo.
-Dije perdón y Sorry. No son tan difíciles esas dos palabras, como para hablarlas mal, o entenderlas mal -aseguro, frunciendo el ceño.
-Bueno, a mí me parece sexy, y si me lo cruzo con la guardia baja lo voy a hacer suplicar por más -demanda pestañando. Ella me entrega las llaves del auto que le había pasado la chica del otro lado del mostrador.
-Como sea, igual es rubio y a mí me gustan los "morochios" -mascullo al tiempo que nos guían hacia donde se encuentra el auto.
-Sí, "morochio" el barman, ¿no? -habla ya subiendo al auto.
-El barman no es morocho.
-Pero tampoco rubio, ¿no es así? -canturrea, cuando ya hice varias calles arriba retomando la conversación; una conversación que me está molestando. Qué bien, no se va a callar nunca, así que la voy a ignorar.
Varios minutos pasaron en donde creo que ya estoy pérdida, y Sole que sigue babeando; estoy haciendo un esfuerzo enorme para concentrarme en el lugar, en ver los nombres de las calles, lo que me está costando mucho, y más con el parloteo de Sole.
-Sole, necesito que cierres la maldita boca por un momento, que esto se me está complicando -chillo, ya irritada.
-Bien, me callo -farfulla, recostándose sobre su asiento.
Después de media hora logré encontrar el hotel, el cual había reservado por Internet el mismo día que saqué los pasajes. El lobby es hermoso, muy iluminado, mucha cristalería, es más de lo que esperaba; estoy rezando en silencio para que Sole siga aguantando un poco más, hasta llegar a la habitación, para que pueda largar ese grito que está peleando por no dejar salir. Nos acercamos a la recepción y una hermosa chica rubia, con una gran sonrisa, nos entrega la tarjeta de la habitación y con pasos temblorosos y apresurados nos dirigimos al ascensor.
Al entrar, vemos que es hermosa, grande, mucho espacio, muebles de madera de cerezo. Voy hacia uno de los cuartos y me encuentro con una cama con dosel, enorme, y una mesita de noche en cada lado de esta. Dejo las maletas a un lado y salgo con destino a la terraza; una vista espectacular, mucho más linda de lo que se veía en las fotos de internet. Esto es increíble.
-Wow... ¡Lina, esta habitación es impresionante! -grita, desde del cuarto que ya eligió, así que para no estar gritando me acerco a ella, parándome en el quicio de la puerta.
-Sí, la verdad que sí... Así es como yo hago las cosas -fanfarroneo.
-Ay... ya está la señorita "miss ego" -azuza, saltando en la cama.
-¿Ya viste el jacuzzi? -curioseo, elevando una ceja y ladeando la cabeza.
-¡No! ¿En serio? -salta de la cama y sale disparada al baño, en donde empezó a gritar como si nunca hubiera visto uno.
-Bien, ¿ahora qué hacemos? -cuestiono, un poco emocionada y otro poco cansada por el viaje, por más que haya dormido.
-Ya casi es mediodía; podríamos bajar a comer algo, ¿no? -propone, tocándose el estómago.
-Sí, hagamos eso. Me cambio y bajamos.
Cuando me acerco a Sole, ya cambiada para irnos, ella me esperaba en la puerta ya preparada; me observa por unos segundos y se queda con la boca abierta, mirando mis botas.
-¿De dónde sacaste esas botas? -indaga, con ojos enamorados. Puedo jurar que le vi los corazoncitos latiendo en sus pupilas. Es muy graciosa cuando se trata de ropa.
-Las compré en el shopping mientras estabas haciendo ojitos al hombre del café.
La verdad es que son unas botas rojas que están mortales, llegan hasta por encima de mis rodillas; me las puse con una falda negra y una camisa de color rojo oscuro. Amo estos colores.
-Bueno, después me las vas a prestar. -No me lo sugería; sino que, prácticamente, me lo estaba ordenando.
-Bien. ¿Ya estas lista? De verdad que tengo hambre -le hago saber, acercándome a la puerta.
-Sip.
Salimos de la habitación, ella tomada de mi brazo e inspeccionando todo el lugar; subimos al ascensor y bajamos hacia donde se sitúa el comedor del hotel; cruzamos unas puertas dobles de vidrio, que nos dejan dentro de un gran y lujoso espacio. Esto es más de lo que había visualizado por internet. Sole se encargó de buscarnos unas mesas, ya que yo estaba metida con la cabeza dentro del celular; el pesado de Lucas me estaba escribiendo para saber si habíamos llegado, cómo habíamos llegado, cómo estábamos, si encontramos el hotel. En fin, todas esas preguntas que puede llegar a hacer una madre, un padre, un hermano mayor. Así se comporta Lucas con nosotras. Después de que ordenamos «con un poco de dificultad, cabe destacar», como era de esperar, Sole empezó a inspeccionar mejor el lugar con la mirada.
-Ay, Lina -entona en voz baja, toda nerviosa.
-¿Qué te pasa ahora?
-Ese que está ahí, ¿no es el chico del aeropuerto? -me pregunta, señalando en diagonal de donde estaba sentada.
Me giro un poco con disimulo y "sep", era el mismo al que choqué y que solo sonrió; me da mucha intriga ese hombre.
-No sé, se parece a él -contesto, restándole importancia.
Debo admitir que estaba que se prendía fuego, con un traje gris humo y una camisa azul cobalto que resaltaba más sus ojos azules, que ahora parecían más oscuros, no tan claros como cuando lo choqué en el aeropuerto. Mierda, me vio; vio que lo estaba mirando. Estúpida Sole que me hace mirarlo, y estúpida yo que tengo que sacarle radiografía.
-Parece que te vio -acota sonriendo.
-¿Por qué dices eso?
-Porque te sonrió -responde, demasiado contenta para mi gusto.
-Seguro que le sonríe a todas, debe ser su carta de presentación.
-Puede que tengas razón; le sonrió a la camarera -exclama riendo.
Genial, ahora se burlaba de mí; y después se dice mi amiga.
-Muy graciosa. Mejor cortala, que ahí vienen los carbohidratos que pedimos -indico acomodándome en mi silla.
Ya no quería hablar del señor "ojitos de hotel". Agradecimos al camarero con un "gracias" en alemán «fue lo único que aprendimos en ese idioma»; nos dejó nuestra comida y empezamos a comer.
-¿A dónde vamos después? -indago.
-Ni idea, fuiste tú la que investigo este país -manifiesta, señalándome. Puta costumbre de señalar que tiene.
-¿No te dijeron que es de mala educación apuntar con el dedo? -ironizo, haciéndole saber que no son buenos modales hacer eso, y me dispongo a cortar un trozo de la carne que había pedido.
-Sí, muchas veces, y la mayoría fuiste tú -declara, nuevamente señalan-dome con el dedo.
Ruedo los ojos y sigo con mi comida, porque sí tengo hambre. Cuando llamamos al camarero por la cuenta nos dice «en inglés, gracias a Dios que algo entiendo» que ya está paga, que la saldó un hombre, y nos señala la dirección donde se encontraba ese supuesto señor; las dos giramos a ver y, por el martillo de Thor, nos señaló al chico "ojitos de hotel". Creo que se me subió toda la sangre a la cabeza, porque me puse roja, más roja de lo que se ponía Tinkerbell cuando se enojaba, y para peor nos sonríe con suficiencia. A este me lo cargo, dije, y creo que lo hice en voz alta. Me levanté con toda la furia y fui a encararlo. Sole estaba diciendo que no vaya, que me comporte, pero la ignoré y fui a mi meta, posicionándome frente a él con los brazos cruzados sobre mi pecho.
-No necesitamos que ningún desconocido "ojitos de hotel" nos pague nuestro almuerzo; no somos unas mochileras, y vinimos con el dinero suficiente como para poder mantenernos el tiempo que estemos en este bendito país. Además, ¿qué? ¿Nos está siguiendo?
Bien, linda incomodidad; no dice nada, solo me mira con su media sonrisa. Hasta parece... ¿divertido?
Toma una servilleta y se limpia la boca, la vuelve a dejar sobre la mesa, y cuando creí que estaba a punto de decir algo, no lo hizo; solo empezó a recorrer mi cuerpo con sus ojos, arqueando una ceja, ladeando la cabeza, con su media sonrisa provocadora que, para ser justos, no me había dado cuenta hasta este momento de lo hermosa y sexy que es. Me muerdo el labio inferior y pongo las manos en las caderas, esperando a que termine con su inspección visual y que al menos se disculpe; pero él solo sigue mirándome desde abajo hacia arriba hasta llegar a mis ojos, no sin antes detenerse unos segundos «unos incómodos segundos» en mis botas. Me tiene bajo su escrutinio, tiene una mirada realmente profunda; me mira fijo, casi sin pestañear; me observa entre curioso y divertido. Dios, que difícil va a ser sostenerle la mirada a este hombre.
-¿No va a decir nada, o no entiende mi idioma? -espeto; luego espero y... nada. Él sigue con la mirada fija en mis ojos -. Aparte de mal aprendido, es un maldito idiota -digo.
Al seguir sin ninguna repuesta, suelto un grito ahogado y me giro, busco a Sole y la hago caminar hacia fuera del hotel. Estaba enojada; no, estaba furiosa, quería volver y obligarlo a pedir disculpas en cinco idiomas diferentes.
-¿Me puedes explicar qué fue todo eso? -inquiere Sole, haciéndome parar en medio de la acera.
-Nada; me enojé, y para peor hablé sola, porque otra vez solo sonreía y me observaba de arriba abajo, haciendo que me enfurezca cada vez más -suelto, más furiosa por recordar esa estúpida escena.
-Te estoy preguntando qué pasó, como para que vayas a atacarlo como una psicópata.
-Nos pagó la comida, y eso me molestó -farfullo, bajando la mirada mientras Sole me observa con incredulidad.
-¿Esa exaltación tuya fue solo porque nos pagó el almuerzo? -cuestiona, todavía sin creerlo.
-Sí, toda esa exaltación es por eso -suspiro-. Vamos, Sole, no sabemos quién es. Mira si solo se hace el amable para raptarnos, o algo por el estilo. ¿No viste la película "Búsqueda implacable"? Mira si trabaja en eso de la trata de personas -explico, muy segura de lo que estaba diciendo. Comenzó a reír, con muchas ganas, y terminé riéndome con ella; no podíamos parar, estábamos dobladas, agarrándonos el estómago muertas de risas, en medio de la acera, provocando que varios transeúntes se giren a mirarnos. Sí, ya sé, exageré un poquito... bien, un poquito mucho-. Es estúpido, ¿no?
-Sí -afirma, carcajeándose.
-Qué estupidez.
-Vaya, chica, no sé quién eres; creo que la verdadera Lina quedó en Argentina -bromea, tratando de reponerse de la risa.
-Sí, ya sé; exageré...pero ese hombre me pone nerviosa, y no lo quiero cerca -expreso, un poco más calmada.
-Yo creo que le gustas, y te gusta también, pero lo vas a negar hasta la muerte -declara, agarrándome del brazo instándome a caminar.
-No digas bobadas -me quejo, dejándome guiar por ella.
-No lo hago -asegura.
-Alucinas -azuzo.
-Ya veremos. -demanda.