Los ronroneos de mi gato se escuchan por toda la habitación, despego la vista de mi computador y veo como se sube a la cama para restregarse sobre la pantalla.
-Salem, no puedo consentirte –Acarició sus orejas con mis dedos -. Debo seguir buscando empleo si no queremos seguir siendo una carga para Jimena.
Llevaba semanas llevando mi hoja de vida a diferentes empresas, tenía más de tres meses sin trabajar y ya me sentía una completa inútil.
Jimena es mi hermana mayor, la cual me ayudaba con los gatos del apartamento; luz, agua e Internet mientras conseguía empleo.
Yo me abastezco de comida con lo poco que había ahorrado este tiempo.
Ya me quedaba poco de aquellos ahorros y mi desespero aumentaba día tras día.
Cierro mi computador al terminar de revisar algunas propuestas laborales; cuando estoy justo por levantarme de la cama, mi teléfono suena a mi lado y rápidamente lo tomó contestando la llamada.
- ¿Bueno?
- ¿Habló con la señorita Catalina Mejía?
- Se comunica con ella ¿en qué le puedo servir?
- Señorita Mejía, la contactamos de la compañía Cabal. Estuvimos revisando su hoja de vida y usted cumple todos los requisitos para ocupar el puesto de jefe administrativa en la presidencia.
- ¿Habla enserio?
- Por supuesto señorita, debe presentarse esta misma tarde a las dos en la compañía Cabal, la sub jefa de Recursos Humanos la estará esperando para darle más detalles sobre su contratación.
-Hay estaré, muchas gracias.
- A usted señorita.
Cuelga la llamada y doy un salto gritando eufórica.
La oportunidad de trabajo que necesitaba había llegado finalmente, justo cuando ya estaba por acabar mis ahorros.
Observó el reloj sobre mi escritorio, son las 1 de la tarde así que tengo los minutos contados para llegar a tiempo a la compañía.
Busco rápidamente en mi armario que colocarme, tomo una blusa de tela lisa en color blanca, una falda de talle alto color negro y me colocó el par de mis tacones negros favoritos.
Me doy una ducha rápida, busco ropa interior y me coloco lo ya escogido. Decido llevar mi cabello recogido en un moño alto haciéndole algunas ondas con las tenazas en las puntas para luego maquillarme.
Al terminar tomó mi bolso, mi portafolio y las llaves de mi auto; salgo del apartamento a toda prisa, tomo el elevador y al bajar voy al sótano por mi auto saliendo a toda marcha.
(...)
Compañía Cabal, ubicado en el centro de la ciudad de Nueva York, uno de los edificios más altos de la ciudad y una de las compañías más grande e importante del país.
Jamás pensé que me podrían considerar para ocupar un puesto en esta empresa, cuando envié mi hoja de vida lo hice por insistencia de Jimena y lo daba por nulo.
Entró a los estacionamientos subterráneos, busco un lugar donde estacionarme libre y lo encuentro justo alado del elevador.
Al bajar de mi auto presionó el botón de este y en escasos segundos abre sus puertas. Al subirme cierra sus puertas y sube abriéndolas en la recepción.
Al llegar observó toda la recepción dónde entran y salen muchas personas. Algunos empleados otros visitantes.
Me acerco al gran escritorio en medio de la recepción donde se encuentran dos chicas y un chico atendiendo llamadas, tecleando en el computador y atendiendo a quienes se acercan.
-Buenos días, bienvenida a la Compañía Cabal –El chico detrás del escritorio me sonríe –. ¿En qué le puedo ayudar?
- Buenos días, mi nombre es Catalina Mejía y...
- La estábamos esperando señorita Mejía –Toma un IPad sobre el escritorio y sale de él –. Por favor sígame, tengo instrucciones de llevarla con la sub jefa de recursos humanos.
Asiento y le sigo el paso, al llegar al elevador se hace a un lado dejándome subir primero. Otras personas suben con nosotros y él se encarga de presiona el botón con el número quince.
Luego de hacer parada en varios pisos se marca en la pequeña pantalla del elevador el número ya presionado por él anunciando nuestra llegada.
Al abrir sus puertas bajo, me sigue el paso, frente a nosotros se encuentra un pasillo y en cada lado puertas con escritorios y chicas frente a él.
Camina hasta acercarse al escritorio de la primera chica de la derecha y le sonríe.
-Fernanda, ella es la señorita Catalina Mejía, la nueva jefa administrativa del área de presidencia – Enciende el iPad y le enseña algo en el –. La señorita Marta la espera.
¿Escuche bien?
-Bienvenida señorita Mejía– De levanta y me extiende la mano con una sonrisa –. Mi jefa la atenderá en un momento.
Levanta su teléfono presiona un botón y luego de unos segundos habla.
- Lamento interrumpir señorita Marta, la señorita Mejía ya se encuentra aquí – Cuelga la llamada –
. Puedes pasar.
-Hasta aquí mi recorrido con usted señorita Mejía, bienvenida y un placer.
El chico me extiende la mano.
-Gracias a ti y solo Catalina – le extiendo la mano y le sonrió.
Se marcha caminando al elevador, la chica se levanta y camina hasta acompañarme a la puerta de la oficina de su jefa; da unos toques y luego de un suave pase, abre la puerta y me deja pasar.
-Buenos días – respondo al ver a una mujer muy joven detrás del escritorio tecleando.
Alza la mirada, me sonríe con amabilidad y se levanta de su puesto caminando hacia mí.
-Señorita Mejía, bienvenida –Me extiende la mano –. Yo soy Marta Wilson sub jefa de recursos humanos.
- Un placer señorita Wilson.
- Sólo Marta –Masculla con una sonrisa y asiento -. Hoy te atenderé yo debido a que la jefa de recursos humanos se encuentra en un viaje de negocios junto al presidente de la empresa y el vicepresidente.
Me extiende la mano en dirección a las sillas frente a su escritorio por favor toma asiento.
Tomó asiento como me lo pide, se sienta detrás de su escritorio y apoya sus manos en su escritorio.
-Necesitábamos con suma urgencia una jefa administrativa en el área de presidencia, al revisar tu hoja de vida nos dimos cuenta que encajabas perfectamente para el puesto por esa razón decidimos contratarte sin necesidad de hacerte una entrevista eso claro si aceptas la oferta.
- Por supuesto que la acepto – Sonrió nerviosa -. Pero para ser franca es la oportunidad de trabajo que necesitaba.
-Es bueno saberlo –Me extiende la mano -. Bienvenida oficialmente a la compañía Cabal.
(...)
Luego de darme un recorrido por toda la empresa volvemos al piso donde nos encontrábamos.
-En este piso se encuentra ubicado las oficinas de recursos humanos las cuales como vez son las primeras, luego siguen las de los administrativos de áreas importantes en la cual una de ellas ocupará tú y al final las oficinas de Presidencia y vicepresidencia.
Caminamos hasta pasar las oficinas de recursos humanos y nos detenemos casi justo al final.
- Está es tu oficina –Abre la puerta dejándome ver una oficina tan espaciosa como la suya en tonalidades crema con una excelente vista a la ciudad.
Entramos, observó maravillada toda la oficina hasta acercarme al ventanal y ver la gran vista de la ciudad incluso del mar.
-Bienvenida a la compañía, puedes ir poniéndote cómoda, en un instante te envío a mi asistente para que te ayude a que te pongas un poco al corriente – mira su reloj –. Falta poco para la hora de salida así que tómalo con calma.
- Muchas gracias Marta – le extiendo mi mano contestando el saludo y niega.
- De nada, espero puedas trabajar cómodamente con nosotros.
Sale de la oficina déjame completamente sola, coloco mi bolso y mi portafolio sobre el escritorio.
Unos toques en la puerta me interrumpen, camino a la puerta y la abro encontrándome a su secretaria.
- Señorita Mejía, lamento interrumpirla – me hago a un lado dejándola pasar –. Yo soy Fernanda, la asistente de la señorita Marta como sabe y estoy a su disposición.
- Gracias Fernanda, toma asiento – la invito a sentarse y me siento en mi silla –. Te agradecería que me llamaras solo Catalina.
- Esta bien Catalina– sonríe y levanta el iPad que trae –. Él asistente de la antigua jefa administrativa de esta área era Chad, pero al puesto quedar vacío se le asignó en otra área, no sé si quieres que lo reasigne ¿O quieres que te escoja una nueva asistente?
-Chad es el chico que me acompañó hasta acá ¿cierto? – asiente –. Me quedo con él, necesito a alguien que ya conozca cómo se maneja esto para que me ayude a ponerme al corriente.
- Siendo así mañana mismo lo tendrás a tu disposición –me sonríe y se levanta –. ¿Algo más que se te ofrezca?
-No, gracias por todo – me levanto y le extiendo la mano.
-Gracias a ti – se despide y sale.
Empiezo acomodar las carpetas sobre mi escritorio, abro algunas poniéndome al tanto sobre estrategias, informes de mes y cálculos de la compañía.
Observó el reloj en mi muñeca, ya son las cuatro y diez. Guardo todo acomodando lo en su lugar, tomo mi bolso observó mi portafolio y prefiero dejarlo en la oficina.
Al salir me topo en el elevador a Fernanda
junto a otra chica de su edad o un poco más conversando. Al verme me sonríe.
- ¿Algo en que le pueda servir antes de irse? –Me pregunta amablemente.
- La verdad si –Me mira curiosa –. Qué me dejes de hablar de usted y me hables de tú, créeme me harías sentirme más cómoda.
El elevador abre sus puertas y las tres subimos siendo las únicas en el elevador.
- Lo siento –Me mira apenada –. Se me hace difícil ya que a todos los jefes se les habla de usted -Su acompañante la mira extrañada –. Lo siento, Milagros ella es la señorita Catalina Mejía, jefa administrativa del área presidencia.
La chica me extiende la mano
-Señorita...
Me le adelanto al hablar
–Solo llámame Catalina, te lo agradecería y me harías sentir cómoda.
- Un placer Catalina –Sonríe y en su voz se nota que entró en confianza –. Bienvenida y espero puedas sobrevivir a víbora Black.
-¡Mili! –Suelta Fernanda en manera de reproche -. Te escucha llamarla así y te votarán aun siendo la secretaria del jefe.
-¿Quién es la víbora Black? -Preguntó curiosa y ambas ríen.
-La jefa de recursos humanos -Responde Milagros -. Julia Monte, es una Maldita bruja.
Esto último lo susurra al abrirse las puertas del elevador y llegar a la recepción.
Caminamos por el vestíbulo sin decir más nada, al llegar frente al elevador para bajar al sótano me detengo.
- ¿Chicas a dónde van? -Preguntó curiosa.
- A tomar el autobús antes de que se nos pase – responde Fernanda -. Él siguiente demora mucho en pasar.
-¿Y si las llevó? -Me atrevo a preguntarles.
-Vamos al norte de la ciudad -Está vez responde Milagros -. Queremos molestar.
-No lo hacen -El elevador abre sus puertas -. Me dirijo al norte también, así que vengan les daré un aventón.
Entro al elevador, se miran por unos segundos y luego suben; al cerrar sus puertas y bajar lo hacen en silencio.
Camino sacando de mi bolso la llave de mi camioneta, desactivo la alarma y abro la puerta de esta.
Fernanda toma asiento atrás, mientras que Milagros toma asiento en el puesto de copiloto; puedo notar que ella entra en confianza más rápido que Fernanda la cuál es más reservada.
Enciendo el auto, salgo del sótano colándose al tráfico de la ciudad y decido romper el silencio.
-¿Por qué le dicen víbora a la jefa de recursos humanos? – Fernanda suelta una risilla y Milagros me mira divertida.
- Porque es una maldita víbora –Milagros rueda los ojos -. Es una maldita, egocéntrica, que se cree mejor que las demás mujeres de la oficina y es capaz de deshacerse de cualquier mujer que ella crea es competencia y le pueda quitar al señor Cabal.
- ¿Al jefe de la compañía? -Preguntó confundida y asiente -. ¿Él señor Cabal no es un hombre casado?
Según lo que había escuchado y leído en algunas revistas él y su esposa asistían a cada evento juntos y llevaban muchos años de matrimonio feliz.
-Milagros se refiere a Bastián Cabal, él hijo mayor del señor Cabal -Responde Fernanda -. Desde hace un año es quien está a cargo de la empresa y según los rumores la señorita Julia tiene una relación con él.
-No son rumores Fernanda -Responde Milagros a mi lado quien se gira sentándose de lado en el asiento -. Yo he tenido que escuchar sus gemidos mientras el señor Cabal se la folla en la oficina.
-¿Enserio? – Espetó asombrada y ella asiente -. Eso es asqueroso.
-Asqueroso es escuchar los gemidos de esa víbora -Responde Milagros a mí lado -. Pero él señor Cabal, eso sí no es asqueroso, es un adonis -Muerde sus labios -. Daría lo que fuera por ser yo a la que él hiciera gemir en su oficina.
-¡Mili! -Le reprende Fernanda y yo río.
Las chicas cambian de tema de conversación, contándome un poco del tiempo que llevan en la empresa.
La primera en bajarse es Fernanda quien se despide para entrar a su residencia y por última Milagros que para mi sorpresa vive a dos manzanas de mi departamento y con la cual quedó en recoger mañana para ir juntas al trabajo.
Al llegar a mi edificio saludo al seguridad, subo al elevador hacia mi piso, al llegar introduzco la llave en la cerradura y abro.
Al entrar Salen me recibe frotándose entre mis pies y ronroneando; me agacho tomándolo en mis brazos y besando su hermosa carita.
- Yo también te extrañe mi vida -Acarició sus orejas -. ¿Cómo te portaste hoy?
- sabes que él es un amor -. Escucho la voz de Jimena, levanto la vista y la encuentro en el umbral de la puerta de la cocina recostada.
Jimena es mi hermana mayor, es idéntica a nuestra madre. Cabellera castaña larga, ojos color avellana y pecas en sus mejillas que la hacen ver dulcemente atractiva.
Ella es quien ha cuidado de mi desde que tenía dieciséis años, ha sido mi confidente, mi amiga y mi madre todo este tiempo.
Cuando mamá y papá murieron fue ella quien quedó a cargo de mí y quien se dedicó a trabajar fuertemente para que no me faltar absolutamente nada.
Ella costeo mis estudios, mi universidad y quien me regalo este departamento cuando cumplí veinte años.
Cuando me gradué a los veintidós de la universidad empecé a trabajar y ya costaba mis propios gastos, pero entonces luego de haber estado trabajando por dos años en una empresa fui despedida por el siempre hecho de haber rechazado el casarme con mi ex pareja quien era hijo de mi jefe.
No quise tener más relación con él y con su familia, así que decidí dejar todo por la paz y marcharme; sobreviví algunos meses con mi liquidación mientras Jimena me ayudaba cubriendo otros gastos.
-Jime – Dejó a Salen en el sofá y me acerco abrazándola -. Pensé que estabas fuera de la ciudad aún.
- Regresé antes y decidí pasar por aquí para llenar tu alacena que por cierto ya estaba vacía -Se separa de mí y me mira de arriba abajo -. ¿Dónde estabas?
-En mi trabajo -Me mira sin entender y beso su mejilla.
- Aguarda -. Escucho sus pasos seguirme a mi habitación -. ¿Desde cuando trabajas? Apenas y me fui cinco días.
-Empecé ayer -Tiro mi bolso sobre mi cama y me siento en ella a deshacerme de mis zapatos -. Me dieron el puesto de jefe administrativa en el área de presidencia.
-¿En qué empresa? -Pregunta con curiosidad.
-Compañía Cabal.
-¡TE LO DIJE! -Grita emocionada -. Te dije que te darían el puesto, lo sabía.
Empieza a dar saltos de felicidad en mi cuarto, Jimena es muy optimista en todo y siempre se alegra de todos mis logros.
Pasamos el resto de la tarde conversando mientras cocinamos y cenamos, luego de un rato se despide ya que debe regresar a su apartamento junto a su novio.
Tomó una ducha rápida, me acuesto en mi cama junto a Salen a descansar, hoy fue un buen día y debo estar lista para mañana.
(...)
Veo a Mili en la cera de su casa texteando en su teléfono, me estacionó frente a ella y se sube con una gran sonrisa.
-Buenos días -Se coloca el cinturón y colocó la camioneta en marcha -. ¿Lista para conocer a la víbora negra hoy?
-Creo que sí -Reímos -. Espero poder durar en mi puesto.
-Tranquila, la última decisión la toma el señor Cabal –Saca de su bolso un estuche de maquillaje -. ¿Puedo terminar de maquillarme?
- Claro –Observó el reloj en mi muñeca –. ¿Fernanda no querrá que la llevemos?
-Ella ya está en la oficina – responde rápidamente –. Tenía que preparar todo para la llegada de la víbora y mi jefe, aparte hoy hay junta.
- ¿Junta de qué? –Preguntó curiosa mientras entramos al sótano de la empresa.
- Junta de jefes, gerentes y administradores – apago el auto y tomó mi bolso al igual que ella -. Eso quiere decir que tu estarás en ella.
¿Yo?
Cierro mi camioneta, caminamos hacia el elevador. Al llegar a la recepción Milagros saluda a todos y me toma del brazo llevándome con ella al elevador.
Guardamos silencio al ir demás personas con nosotras en el elevador; al llegar a nuestro piso nos bajamos y nos encontramos a Fernanda junto al chico en su escritorio.
Luce extremadamente guapo al llevar pantalones ajustados negro, una camisa manga larga con la insignia de la corporación y su cabello negro perfectamente peinado.
- Buenos días -Me acerco con una sonrisa.
-Buenos días -Responden al unísono.
-Los veo luego, debo arreglar todo antes de que llegue el señor Cabal.
Corre hacia su escritorio dejándonos los tres solos.
-Catalina, aquí tienes a Chad en calidad de tu asistente -Él chico me entiende la mano -. Chad ya sabe en todo lo que te tiene que ayudar.
-Un placer de servirte Catalina –Me sonríe – Ya Fernanda me puso un poco al tanto de cómo son las cosas contigo.
-Gracias Chad, créeme necesito toda tu ayuda para sobrevivir y poder adaptarme.
La puerta de la oficina de Marta se abre y me sonríe al salir con varias carpetas en manos.
- Buenos días Catalina – Fernanda le ayuda con las carpetas -. En unos minutos tendremos una reunión de rutina para discutir algunos temas y tu estarás para ser presentada oficialmente en la empresa.
- Algo de ello me mencionó Milagros -Observó mi reloj -. Estaré allí con Chad en unos minutos.
-Bien, entonces los esperamos.
Marta se marcha junto a Fernanda, observó a Milagros en su escritorio algo loca con algunas carpetas y respondiendo el teléfono.
Camino a mi oficina con Chad detrás mío y entró dejando mi bolso sobre el escritorio.
- Confieso que tengo nervios -Me siento y él hace lo mismo riendo.
-Tranquila, las reuniones son de rutinas, además hay que presentarla oficialmente ante los dejas jefes de departamento y al presidente de la corporación.
- Yo solo espero hacer mi trabajo bien y poder conservarlo.
- Y lo harás –Me sonríe -. La señorita Marta te contrato porque llenabas todo para ocupar el puesto.
-¿Por qué la vacante quedo libre?
- Porque el señor Jack, se jubiló luego de casi veinte años trabajar en la empresa, ya necesitaba descansar.
En la oficina suena el pitido de un teléfono, Chad levanta el iPad frente al observando su pantalla.
- Ya están todos en la sala de juntas, debemos ir -Se levanta del asiento y toma unas carpetas de mi escritorio.
-Bien, andando.
Salimos de la oficina tomando el elevador y marcando el siguiente piso de arriba, al abrir sus puertas caminamos por un pasillo hacia la izquierda.
Mis nervios aumentan, al ver la puerta con la señalización de los baños me detengo sujetando su brazo y haciéndolo detenerse.
-Chad, necesito ir al baño –Trato de tranquilizarme.
-Está bien, la sala de reuniones está al final iré adelantándome.
-De acuerdo.
Sigue su rumbo mientras yo entro al baño lavando mis manos, observó que mi maquillaje siga intacto y miro detenidamente mi ropa viendo que todo siga igual.
Hoy opte por una blusa de cuello alta manga larga en color negro, blazer gris, unos pantalones en color gris con cuadros negro y blanco y unos zapatos de puntas negros.
Peinó mi cabello con mis manos dejando caer una parte sobre la parte delantera de mi hombro acomodando las ondas.
Respiro hondo, calmo mis nervios y camino hacia la puerta abriéndola para salir.
Voy con la mirada en el suelo, cuando la alzó y salir chocó abruptamente con el pecho de alguien quien me sujeta por la cintura para no dejarme caer.
Levanto la mirada encontrándome con unos bellos ojos color cielo, los cuales me miran curiosamente...
Mis ojos examinan cada parte de su rostro en total silencio, sus perfectos ojos, su nariz, sus labios carnosos y la bella ladina sonrisa que se dibuja en su rostro.
-¿Ya terminó de inspeccionarme o aún le falta? -Susurra con cierta arrogancia.
-¿Qué diablos le pasa?- Me separó de él rápidamente -. ¿Acaso no se fija por dónde va?.
Sus ojos me inspeccionan de arriba abajo e introduce sus manos en los bolsillos de su pantalón.
-Señorita, creo que la que no se fija es usted –Da un paso adelante acercándose un poco –. Usted venía distraída y con la vista en el suelo.
-Yo venía saliendo del baño de damas, usted iba entrando -Guardo silencio unos segundos -. Ni siquiera se que iba hacer dentro del baño de niñas, en tal caso usted es el culpable.
-Señorita...
-Hay estás –Es interrumpido por la voz de una mujer.
Observó acercarse a una mujer pelirroja quien trae un traje negro señido a su cuerpo, tacones negro, un labial carmesí y su pelo perfectamente peinado el cual se mueve al son de su taconeo.
-¿Tú quién eres? -Me pregunta mirándome de arriba abajo.
Observo el reloj en el pasillo el cuál ya marca las ocho, sin decir más nada me doy la vuelta y camino rápidamente por el pasillo para llegar al salón de reuniones.
Al llegar, abro la puerta con cuidado y me encuentro una gran mesa cuadrada la ovalada la cuál ya se encuentra ocupada casi a totalidad habiendo solo tres puestos vacíos.
Varias son las miradas que recaen en mi, algunos con curiosidad y otros con sorpresa.
-Buenos días -Digo amablemente recibiendo un buenos días de todos.
Observó a Chad al final de la mesa,me acerco tomando asiento a su lado, frente a mi hay una carpeta al igual que en los lugares de los demás.
Observó que el puesto de alado de Mily sigue vacío y el que le sigue igual, imagino que se trata del puesto de su jefe y la jefa de recursos humanos.
Trató de tomar el bolígrafo sobre mi carpeta, pero este resvala y cae.
Observó la intención de Chad de agacharse y lo detengo.
-No te preocupes, yo me encargo.
Corro la silla hacia atrás cuidadosamente, me inclino tomando el bolígrafo y escucho como la puerta se abre.
-Buenos días, lamentamos la tardanza.
"Esa Voz"
Me levanto volviendo a mi posición y quedó paralizada al ver al hombre de hace un momento parado frente a la mesa junto a la despampanante mujer.
-Señor Cabal, Señorita Monte, bienvenidos –Mily se levanta recibiendolos con una sonrisa.
Ambos toman asiento en sus puestos, agachó la cabeza y niego nerviosa.
-¡Maldición!, hoy me despiden -Mascullo apretando el bolígrafo en mi mano.
-¿Qué dijiste? -Pregunta a mí lado Chad.
-Chad,estoy muerta -Susurro tomando su mano.
Se gira y coloca su mano sobre mí rostro levantandolo notando mi nerviosismo.
-¿Qué sucede? -Me mira preocupado –. ¿Por qué estas así?
-Bien, empezamos -Escucho su voz, levantó la vista y lo encuentro mirándome fijamente -. Quisiera saber todo lo que a sucedido en mi ausencia.
-Señor Cabal, se contrato a un nuevo jefe administrativo en el área de presidencia como pidió -Marta empieza hablar y le pasa un portafolio -. En este caso se trata de una nueva jefa administrativa.
La mirada de todos caen en mi, menos la de la señorita Monte quién se encuentra distraída viendo su teléfono.
-Ella es Catalina Mejía.
Marta señala a mi dirección y es hay, justo hay cuando la mirada de la señorita Monte cae en mi junto a la de todos los demás quienes aplauden.
Ella me mira asombrada, pero su rostro no luce nada contento con la noticia; observo al señor Cabal levantarse de su puesto y acercarse a mi.
Chad suelta mi mano, toma asiento rectamente, se para frente a mi y vuelve a mirarme como si me inspeccionara.
-Señorita Mejía, bienvenida.
Me levanto de mi puesto, le extiendo la mano y me la recibe dejando un beso sobre ella.
Los presentes nos observan asombrados, incluso Fernanda y Milagros lo hacen.
-Es un placer señor Cabal –Retiro mi mano -. Estoy aquí para hacer mi trabajo lo mejor posible.
-Espero que así sea –Giro al escuchar la voz de la señorita Monte –. Aquí no dejamos que cometan errores, porque donde cometas uno, te marchas.
- Señorita Monte, es muy precipitado para hablar de ello –Responde el señor Cabal quien me da una última mirada y vuelve a su puesto -. Mejor sigamos con la junta.
La junta sigue hablando sobre los balances semanales, nuevas técnicas de mercadeo y los eventos que están por venir.
En toda la reunión he sentido las miradas del señor Cabal en mi, al igual que la de la señorita Monte.
La reunión termina y agradezco grandemente, los presentes se empiezan a levantar y a despedir saliendo de la sala de reuniones.
Me levantó, tomó del brazo a Chad y salgo con él de esa misma manera hasta llegar al elevador.
- ¿Estás nerviosa? –Me susurra al llegar al elevador.
Cuando estoy por responder siento la presencia de más personas, al girarme me encuentro a Marta, Fernanda, Milagros , el señor Cabal y la señorita Monte detrás nuestro.
Al abrir las puertas del elevador somos nosotros los primeros en subir quedando detrás, a nuestro lado se hace Fernanda y Mily quedando al frente lo otros tres mencionados ya.
Las puertas se cierran, y elevador empieza a bajar todo en total silencio.
-Catalina ¿Dónde iras almorzar? -Susurra Mily a nuestro lado.
-Aún no lo sé, no he pensado en ello.
- Puedes venir con nosotros – responde Chad -. Siempre lo hacemos en un restaurante que está a dos manzanas de aquí.
-Señorita De Leon, creo que usted sabe que a sus superiores se les trata de usted -Masculla la señorita Monte -. Qué no se vuelva a repetir.
¿Qué?
-Lo lamento señorita Monte, no se volverá a...
-Milagros, no tienes de que disculparte -La interrumpo y los tres frente a mi se giran a verme -. Yo misma le pedí a ella, Fernanda y Chad e incluso a Marta que me tratarán de tú porque detesto que me llamen por mi apellido.
-No es correcto que los empleados se refieran a sus superiores de usted –Ataca ella nuevamente -. Eso la hace perder su autoridad.
La puerta del elevador se abre saliendo todos.
-Señorita Monte –Se detiene girandose a verme -. Disculpe que la contradiga, pero el que los empleados se refieran a sus jefes de usted no acredita que tendrá autoridad sobre ellos, además es muy distinto autoridad y respeto y mientras ellos me tengan respeto no tengo problemas con que me llamen por mi nombre –Todos me miran en silencio -. Con su permiso, que tengan buen día.
Camino a mi oficina con Chad detrás mío, me detengo justo antes de entrar a ella.
-Mily, Fernanda, las veo al mediodía para ir almorzar con ustedes chicas.
Le sonrió y me marcho.
Entró a la oficina y Chad cierra la puerta detrás mío con cuidado.
-Eso que acabas de hacer, fue peligroso -Me siento en mi escritorio -. Acabas de ganarltela de enemiga, te lo aseguro.
-Lo siento Chad,pero odio ese tipo de cosas y no voy a dejar que las chicas o tu me dejen de llamar por mi nombre solo porque a ella y a los demás le gusta que los llamen por si apellido solo por sentirse superiores.
Unos toques en la puerta nos interrupe, Chad camina a la puerta abriéndo y se hace a un lado rápidamente.
-Señor Cabal.
-Chad -Palmea su hombro.
Entra a mi oficina acercándose a mi escritorio, me levanto y lo miro nerviosa.
-Señor Cabal–Me extiende su mano y se la recibo -. ¿En qué le puedo servir?
-Me retiró, con su permiso, estaré afuera por cualquier cosa que me necesiten.
Chad sale de mi oficina dejándonos completamente solos, mis nervios aumentan y no es para menos luego de lo sucedido fuera del baño.
-Señor Cabal yo... –Titubeó nerviosa –. Yo lamento lo sucedido esta mañana, no sabia que usted era él presidente de la corporación.
-No se preocupe señorita Mejía– toma asiento frente a mi –. Ese tema ya está olvidado.
-Entonces ¿A que debo su visita? –Me mira con pequeña sonrisa que rápidamente borra.
-Es la visita que le hago a cada uno de mis nuevos empleados –Se levanta de su silla –. ¿Tiene algún problema con ello?
-En lo absoluto –Me mira fijamente y desvío la mirada –. Es su empresa, pero yo tengo trabajo el cuál debo ponerme al día.
-Yo la ayudaré a ponerse al día, nadie mejor que yo para conocer todo –Se acerca, toma el teléfono de mi lado pulsa un botón y habla –. Chad, que nadie nos interrumpa al menos que sea importante.
Cuelga la llamada, me mira, toma las carpetas de mi escritorio y se sienta frente a mi abriendolas.
-Esto es lo que tiene que saber para poder manejar...
Empieza a mostrarme todo los balances y estrategias que utilizan para los futuros inversionistas. Me muestra cada uno de los patrones que se utilizan y los sistema con el que se maneja la empresa.
Cuando termina observó el reloj y es casi mediodía, hemos pasado prácticamente tres horas aquí sin darnos cuenta de lo rápido que a pasado el tiempo.
Mi teléfono suena y veo que se trata de Mily, había olvidado que le había dado mi numero, se trata de un mensaje preguntándome, si sigue en pie ir a almorzar con ellos.
-¿Sucede algo? –Su voz me saca de mis pensamientos.
-No señor Cabal –Cierra las carpetas y las acomoda en mi escritorio –. Ya es hora del almuerzo, así que iré con las chicas antes de que se nos haga tarde.
-¿Me deja invitarla almorzar como bienvenida? – Su pregunta me deja totalmente asombrada.
Cuando estoy por contestar, unos toques en la puerta llaman nuestra atención.
-Adelante –Mascullo mientras sus ojos no dejan de mirarme.
-Lamento interrumpir... – Chad es interrumpido rápidamente .
-Bastian, llevo buscándote toda la mañana –La señorita Julia entra a mi oficina -. Quedamos en almorzar juntos, ¿se te olvidó?
La observó completamente asombrada , luego observó al señor Cabal quién no pasa por desapercibida mi reacción.
Empieza a golpear mi escritorio con el bolígrafo que sostiene.
-Pedí no ser interrumpido a menos que no fuera importante –Dice enérgico -. Estoy ocupado en estos momentos y no te puedo atender.
-Bastian...
-Julia, ¿No fui lo demasiado claro?
Observó como rueda los ojos,sale de mi oficina ella furia, Chad me mira asombrado y sale de la oficina en total silencio volviendo a cerrar la puerta.
-Señorita Mejía como le dije...
-Señor Cabal, no quiero sonar grosera pero no puedo aceptar su invitación –Tomo mi bolso y me levanto –. Quedé en almorzar con las chicas.
Tomó mi teléfono del escritorio y las llaves de mi camioneta, se levanta y me mira con una sonrisa.
- Además usted ya tiene con quien almorzar, con su permiso.
Salgo de la oficina dejándolo dentro de ella sin siquiera esperar una respuesta. Veo a las chicas subir al elevador con Chad y al verme detienen el elevador logrando subir a el.
-Gracias chicos –Sonrió alivianada –. Pensé que se irían sin mi.
-Nos dimos cuenta que estabas reunida con el señor Cabal cuando pidió que no molestaran –Responde Fernanda -. A la que no le gustó nadita cuando se entero fue a la víbora negra.
-Fernanda, no se vale que llames a tu jefa de esa manera –Se burla Chad.
- ¿Ella es tu jefa? –Preguntó confundida y asiente – . Pensé que tú jefa era Marta.
- En realidad soy secretaria de ambas.
-La víbora llevaba toda la mañana buscando a mi jefe, pero ninguna le quisimos decir que estaba en tu oficina, cuándo se entero debiste de ver su cara -Mily ríe -. Era obvio que no le gustó para nada saber que el señor Bastian estaba a solas contigo, se sintió remplazada.
-Están locas –Niego.
Cuándo el elevador abre sus puertas, salimos a la recepción.
-¿El restaurante está lejos? –Preguntó curiosa.
-Cómo a cinco minutos –Responde Chad.
-Mejor vamos en mi auto, no pienso caminar con estos zapatos.
Tomamos el elevador hacia el sótano, para ir en mi auto al dichoso restaurante...
En mi cabeza no dejaba de dar vueltas, lo sucedido esta mañana.
Su mirada me había atrapado por completo, eran tan intensa que no podía dejar de mirarla.
Admito que me hizo enojar un poco el haber chocado con ella, pero cuando la vi sus ojos me dejó paralizado, pero aún más su manera de responderme.
Sonrió negando al acordarme de mirada, la cual me inspeccionaba descaradamente, incluso su mirada de vergüenza al verme en la sala de juntas.
Me levanto de la silla, acomodo mi saco, salgo de su oficina en la cual me dejó solo y rechazándome la invitación a comer.
«Vaya Mujercita» Cuando salgo todo mi buen ánimo se esfuma al ver a Julia parada a un lado del ascensor tecleando en su teléfono.
Sujeto el puente de mi nariz y suspiro con pesadez tratando de comportarme lo más sereno con ella.
Levanta su mirada un momento sé su teléfono, me observa y por cómo lo hace sé que está molesta, pero a estas alturas me importa un carajo.
-Bastian... -Camina hasta quedar frente a mí.
-Julia...- Musito cortante.
-¿Qué fue todo eso allá dentro? -Se cruza de brazos -. Primero la escena está mañana y ahora esto, ¿Acaso te interesa esa tipa?
-Ese no es tu problema Julia, recuerda que solo eres la jefa de recursos humanos, no te tomes atribuciones que no te corresponden.
Camino hacia el elevador, escucho sus tacones resonar en el suelo detrás de mí.
-Te recuerdo que desde hace un año no soy solo la jefa de recursos humanos -Entra al elevador conmigo -. Tenemos una relación, así que si me incumbe Bastian.
-Julia, -Introduzco la mano en mis bolsillos -. Creo haber sido muy claro cuando te dije que esto terminaba, además nunca fue una relación, solo te follaba para calmar mis ganas, no confundas las cosas, así que te pido que mantengas tu lugar y yo el mío.
Cuando el elevador abre sus puertas en recepción, bajo sin esperar respuesta de ella, camino a la salida donde saludo a uno de los seguridad a cargo de la empresa.
Al salir me encuentro a mi chofer, quien me abre la puerta trasera de la camioneta, subo a ella y la rodea subiendo y poniéndola en marcha.
- ¿A dónde vamos jefe?
-Restaurante Rolling, a dos manzanas.
-Enseguida jefe.
Al llegar al restaurante me encuentro con Alfredo en la entrada, al verme me sonríe ampliamente.
-¡Hermano!, hasta que sacas tiempo para tu mejor amigo -Me extiende la mano saludándome y palmea mi hombro -. Tu llamada, me preocupo, ¿Qué sucede?
-Necesito desahogarme con alguien o voy a explotar del coraje.
Caminamos entrando al restaurante, la chica de recepción nos da la bienvenida con una sonrisa y nos lleva a nuestra mesa.
-Por la cara que traes, veo que es grave -Masculla mientras toma asiento frente a mí -. Explícame, ¿Qué sucede?
-Pues, que prácticamente estoy obligado a casarme.
-¿A qué te refieres? -Ríe y al ver que no lo hago su sonrisa se desmorona -. ¿Hablas en serio?
-Muy en serio hermano -Levantó la mano llamando al mesero -. Dos whiskys dobles, por favor.
- Me puedes hacer el favor de explicarme que locura dices -Me mira exasperado -. No estoy entendiendo nada.
-La condición de mi abuelo se agrava, los médicos solo le dan unos meses de vida y la condición de mi abuelo para dejarme heredero de todo es que me case en los próximos meses o dejará todo a organizaciones benéficas que lo necesiten.
-No me jodas Bastian -Masculla asombrado -. Tu abuelo sí que está loco.
- Se trata de muchos millones y empresas, Alfredo, no puedo dejar que mi abuelo se deshaga de ellas así por sí solo por un capricho.
Amo mucho a mi abuelo, pero esto que ha decidido es una completa locura, ni siquiera puedo pensar en casarme con alguien.
«El matrimonio no está en mis planes»
-Bueno hermano, aquí lo importante es de dónde sacarás una prometida - Me mira asombrado.
-Ni me lo digas, no sé en que carajos me metí.
Froto mi rostro con ambas manos en forma de frustración y es que siento que la cabeza me va a estallar de tanto reflexionar.
-Puedes decirle a Julia -Me mira burlón -. Ella más que encantada de ser tu prometida y esposa.
-¿Te has vuelto loco? -Lo miro serio -. A la hora de divorciarme no querrá hacerlo, además ella quiere involucrar sentimientos, por eso preferí dejarlo.
-¿Terminaste con ella?
-No termine con ella porque no éramos nada -Niega -. Simplemente, le di fin a lo ocasional que teníamos.
-¿Entonces que supones hacer hermano? Porque no le veo solución a tu gran problema. -Se echa hacia atrás y se pasa la mano por la cara.
-Yo si -Digo pensativo y me mira confundido -. Pienso conseguir a una mujer que se convierta en mi esposa y acepté un contrato matrimonial por un tiempo premeditado.
-¿Que vas a hacer qué? -Levanta la voz-. ¿Estás loco hermano?, nadie se prestaría a gran locura.
- No estés tan seguro -Me inclino hacia adelante -. Además, ya tengo en mente que hacer.
Observó pensativo todo el lugar hasta que un instante mi mirada se detiene en una de las mesas apartadas, en ella se encuentra la señorita Mejía almorzando entre risas con mi asistente y la de recursos humanos, pero lo que más llama mi atención es el coqueteo de brazos que tiene con su asistente.
Ninguno se ha dado cuenta de mi presencia y agradezco por ello, la observó sonreír por algo que mi asistente dice y sonrió inconscientemente.
Observo cómo él sujeta su mejilla, una sensación de enojo me invade y aprieto mis puños tratando de controlarme ¿Por qué me enoja tanto verla con él?
Esa mujer tiene algo que me hace perder el control cuando la tengo cerca, me hace ser impulsivo y es como si fuera otra persona.
¿Le gustará él? Tendré que averiguarlo yo mismo.
-¡Bastian! ¿Me estás escuchando? – Alfredo agita sus manos frente a mí -. Hermano ¿En qué piensas?
-En nada -Me acomodo en mi asiento y sonrío -. Ya tengo a la persona que me va a ayudar.
Sonrió ladinamente.
-¿Quién amigo? -Me pregunta confundido.
- Ya lo sabrás pronto...
(...)
Mientras almorzamos, Alfredo me cuenta sobre sus negocios, mientras observó hacia la mesa dónde está la señorita Mejía. La veo levantarse con su bolso y caminar hacia el baño.
Antes de pensar razonablemente, mi cuerpo ha tomado ventaja y me levanto de mi puesto.
- ¿Qué haces?, ¿Qué sucede?
-Necesito ir al baño -Me mira extrañado -. No me tardó.
Camino, observó hacia su mesa y me alivio al saber que no se han dado cuenta de mi presencia al pasar casi la frente de ellos.
Me detengo en el pasillo del baño, observó unos segundos la puerta del baño de mujeres.
Sale una señora ya un poco mayor y la detengo.
- Disculpe bella dama -Le sonrió de manera seductora -. Estoy buscando a mi novia, ¿Sabe si hay una castaña allí dentro?
- No he visto ninguna castaña, hay dentro cariño-Me sonríe amablemente-. La única muchacha que he visto es una peli negra.
«Bingo»
-Entonces ya debió salir -Sonrió levemente -. Gracias.
La señora asiente y se retira; sonrió, observó a mi alrededor y al no ver a nadie proceso hacer la mayor locura de mi vida.
Abro la puerta rápidamente entrando y observó como su cuerpo se estremece al entrar tan bruscamente.
-¿Qué diablos? -Me mira asombrada -. Señor Cabal, ¿Qué hace usted aquí?
Su cara derrocha nerviosismo, observó cómo me mira nuevamente y es justo como lo hizo esta mañana.
Como si me devorara con la mirada, introduzco la mano en mis bolsillos y sonrió acercándome.
- Veo que la está pasando muy bien, señorita Mejía -Observó un mechón de su cabello caer frente a su rostro y lo tomó acomodándoselo detrás de la oreja -. ¿Son ideas mías o le gusta su asistente?
Parpadea mirándome completamente perpleja, para luego arrugar las hermosas facciones de su rostro.
-¿A qué viene esa pregunta? -Retrocede -. ¿Está usted vigilándome?
-La estuve viendo mientras almorzaba y no pude evitar darme cuenta de sus toqueteos.
-Señor Cabal, usted se encuentra... -Se calla abruptamente y luego achina sus ojos -. ¿Desde cuándo es eso de su incumbencia?
Se cruza de brazos frente a mí y sonrió al ver la actitud tan retadora que ha tomado.
«Definitivamente, esta mujer me hace sonreír»
-Es una simple curiosidad, señorita Mejía -Me acerco y vuelve a retroceder -. ¿Puede responder mi pregunta?
- ¿Hay alguna regla que prohíba las relaciones entre compañeros en la empresa? -Niego y sonríe -. Entonces no responderé su pregunta, no me lo tome a mal, pero no es de su incumbencia.
Sonrió negando por su actitud tan retadora, es como si me provocará a propósito.
Doy un paso adelante y vuelve a retroceder, camino hasta acorralarla contra la pared fría, observó su respiración agitada y sus ojos asustadizos me observan fijamente.
- Señor Bastian, ¿Qué hace? – dice con dificultad y me gusta como suena mi nombre en su boca -. Alguien puede entrar y verlo aquí.
- No se preocupe, le coloque seguro a la puerta -Acercó mi rostro más a ella y veo su labio temblar -. Dígame ¿Que siente al tenerme tan cerca?
Se queda callada unos segundos, cierra los ojos y muerde la comisura de sus labios al abrir nuevamente los ojos.
-Señor Cabal -Coloca sus manos sobre mis hombros -. ¿Quiere que le diga que siento?
«Oh nena»
-Por favor -Susurro.
- Pues, verá...
-¡Maldición! -Susurro y me inclino al sentir como su pierna golpea mis testículos haciéndome doblarme de dolor.
-Yo no soy una de esas mujeres que caen tan rápidamente en sus encantos -Se aleja de mí -. No se vuelva acercar a mí de esa manera, señor Cabal, no quiero tener problemas con su novia o perder mi trabajo por su culpa.
-¿De qué novia habla?-Musito con dolor sobando el lugar afectado.
- La señorita Monte, habló de la señorita Julia, señor Cabal -Toma su bolso -. No soy tonta, es mucho lo que se habla de usted y ella en la empresa y no quiero problemas, así que por favor no se acerque a mí al menos que sea estrictamente laboral.
Sale del baño rápidamente dejándome aún con mis partes nobles adoloridas, golpeó la pared totalmente frustrado.
Me levanto, salgo del baño rápidamente, observó el pasillo y veo su mesa vacía, al mirar a la salida los veo marcharse y ella mirar hacia atrás hasta encontrarme.
Me sonríe, se despide tirándome un beso y guiñándome un ojo coquetamente.
«¿Qué diablos?»
Niego caminando de regreso a mi mesa, al llegar ya Alfredo ha pagado la cuenta y se encuentra terminando una llamada.
-Te demoraste amigo y me adelanté pidiendo la cuenta -Se levanta de su silla -. Debo regresar a la oficina, me necesitan con urgencia.
-No te preocupes, yo también debo regresar a la oficina-Mascullo entre dientes -. Necesito solucionar un asunto.
-Tenemos que reunirnos una de estas noches a tomarnos unos tragos -Palmea mi hombro -. Necesito que me digas que diablos piensas hacer.
-Luego te llamo amigo.
Sale del restaurante rápidamente, niego, lo sigo hasta la salida. Lo veo subir a su auto y sale en cuestión de segundos.
Frente a mí se estaciona mi chofer, se baja de la camioneta y me abre la puerta ayudándome a subir.
-¿Disfruto su almuerzo señor?
-Más de lo que esperaba Luck -Me mira por el retrovisor y sonrió -. Pero tengo prisa de que lleguemos a la empresa.
(...)
Al salir del elevador observó a mi asistente en su escritorio con papeles en manos y el teléfono pegado a su oreja, Chad, se encuentra en la computadora y la secretaria de recursos humanos está por caminar a la oficina de Julia.
-Fernanda-Mascullo -. Puedes venir un momento.
-Dígame, Señor Cabal - Se para frente a mí -. ¿En qué le puedo servir?
-Dígale a Marta que la necesito en mi oficina dentro de un rato y por favor pídale al abogado principal de la compañía que lo necesito ya en mi oficina.
-Enseguida señor.
-Bien.
Regresa de nuevo a su puesto y toca la puerta de la oficina de Marta. Camino hacia mi oficina, antes de entrar me detengo en la entrada y observó la oficina de Catalina.
Me debato entre ir o no, finalmente me decido hacerlo luego. Necesito descombrarme la que me ha hecho en el baño del restaurante.
- Señor, ¿Necesita algo? – Me pregunta mi asistente extrañada.
-No Mily, no pasa nada.
Entró a mi oficina y sonrió triunfante al pensar en su reacción por lo que pienso hacer...