Saravi.
Solo mis pasos y el chillido de las hojas secas son escuchados en este horrible silencio.
Un silencio que desde hace un tiempo se impregnó en el ambiente. No sé cuánto tiempo ha transcurrido desde el momento en que decidí salir corriendo de la casona, el hecho es que corrí tanto como pude, con una mente nublada y con un corazón destrozado.
Aún recordaba las palabras duras de mi madre, aún tenía la voz de ella diciendo: «Este es tu destino, te casarás con el rey de Angkor»
Tengo varios arañazos en mis brazos, y el cabello tan revuelto que, ya ni sé cómo ordenarlo para sacarlo de mi rostro. Sin embargo, no es lo que me preocupa ahora; ahora mismo tengo latente el pánico dentro de mi cuerpo, porque por más que sigo un camino incierto, no logro divisar nada más que árboles y oscuridad.
«Tranquila, volverás a casa, solo debes regresar por el mismo camino», me aliento a mí misma, apoyándome en la dureza de los robles enormes que rodean el bosque.
Trato de acompasar mi respirar, soltando y tomando el aire varias veces y reprimiendo mis ojos, tal vez, para no darme cuenta del error que cometí al dejarme llevar por mis impulsos, otra vez.
Solo quería escapar de mi horrible realidad, una, que para muchos desde otra perspectiva pudiera ser un sueño hecho realidad. Pero no para mí.
Unos silbidos fuertes hacen que abra mis ojos rápidamente y pegue mi espalda de forma brusca al árbol, tomándolo tan fuerte, como si este fuera a protegerme. Cinco hombres, «conté rápidamente», de apariencia desagradable están frente a mí, mirándome de una forma tan repugnante que me da escalofríos.
-¡Vaya! ¡Vaya! ¿Qué hemos hecho para merecer este premio? -dice por fin uno de ellos.
-Quizás algo muy bueno, compañero, por lo que mis ojos pueden observar, mi Lady es de cuna privilegiada.
Mis labios comienzan a temblar. Pero no me dejo amedrentar, así que tomo toda la valentía que puedo y alzo mi rostro hacia ellos.
-Por lo tanto, caballeros, deben tener en cuenta que, si algo me pasa, lo pagaran con sus vidas -digo con total firmeza.
Y no sé cómo pude gesticular ciertas palabras, no con el miedo que siento en este momento. Las risas burlonas del grupo agitan mi respirar, y a pesar de mi nerviosismo, cierta molestia comienza a gestarse en mi interior.
-¡Qué valentía! Una dama muy particular... -dice otro de ellos, intentando dar pasos cortos que no paso desapercibido.
Entonces es hora de ordenar a mis pies que se muevan, es hora de salir de aquí.
-¡Caballeros! -logro pronunciar obteniendo la atención de todos-. La verdad es que, quería respirar un poco de aire fresco, venía en mi caballo junto con mis guardas... Solo que... les dije que quería un espacio sola... Pero creo que volveré... ¡Que tengan buena noche!
Mis pies se mueven ágiles, pero no doy más de dos metros de distancia, cuando uno de ellos me ataja con brusquedad el brazo y me zarandea.
-¿Y piensa que somos tan tontos, mi Lady? ¡Usted no irá a ninguna parte!
-¡Sujétenla! -Ordena otro hombre, que al parecer es el que domina el grupo-. Nos iremos a otro lugar, aquí podemos ser visibles a cualquier hombre.
-¡No! ¡Por favor! -expreso suplicante, mientras los hombres comienzan a desenredar una soga.
¡Estoy perdida!
-¿Cómo te llamas? -pregunta el supuesto líder, mientras que otros dos comienzan a amarrar mis puños detrás de mi espalda.
«No digas nada, Saravi, ¡Será peor!», pienso rápidamente mientras el hombre dominante espera mi respuesta con cierta ansiedad, entonces decido decir la verdad, quizás al escuchar mi nombre sientan mucho pavor, todos en este país conocen mi nombre y saben que seré la futura esposa del rey, aunque eso es lo que menos quiero en mi vida.
-Saravi Eljal -pronuncio casi en susurro.
Los ojos de los hombres se abren de par en par, y seguidamente todos observan a su líder, haciendo que el silencio vuelva apoderarse del ambiente.
-¿Eljal? ¡Estás mintiendo de nuevo! -grita enojado el hombre, viniendo hacia mi furioso.
De forma violenta sacude mi cuerpo, haciendo que resbale y caiga de espalda, perdiendo totalmente el equilibrio con mis manos atadas.
-¡No! ¡Espera! -grita uno de ellos-. Si es cierto lo que dice, estaremos en muchos problemas. Nos costaría la vida misma.
-Ya no importa, ya nos vio... No podemos retroceder en nuestro propósito, además, ¿quién se va a enterar una vez nos deshagamos de ella?
Y con esas palabras sé por ende que yo busqué mi propio fin, lamentablemente antes de salir de la casona mis palabras hacia mis padres fueron cargadas de mucho resentimiento y reproche, y esas serían las últimas, porque después de esto, no los vería más.
De un tirón, un hombre me levanta del suelo, mientras que yo me quejo en silencio ante el dolor que tengo en mis muñecas, como también en mi cuerpo magullado. Siempre he sido tratada con la mayor delicadeza a lo largo de mi vida, por lo tanto, esto es uno de los peores dolores físicos que he podido experimentar.
-¡Camina! -me grita el hombre furioso.
Yo comienzo a dar unos pasos, a la vez que las lágrimas comienzan a derramarse lentamente. Caminamos un tiempo largo, así que, no sabía dónde estaba ni a dónde me llevarían, quería morir antes de saber qué harían conmigo, mi cuerpo temblaba ante esa idea y me agotaba en extremo. A lo largo de unos minutos llegamos a una especie de chozas mal elaboradas, con una iluminación muy pobre, por una fogata que estaba a punto de apagarse.
El olor en el lugar era tan desagradable que golpeó de inmediato mis fosas nasales.
Parecía que permanecían aquí desde hace un tiempo porque había ropa por todas partes, utensilios de comida y muchos desperdicios que hacían repugnante el lugar.
-¡Llegamos! -anuncia el vagabundo tan cerca de mí, que las náuseas amenazan con desestabilizarme por completo.
-¡Dumas! ¿Qué dices? ¿Vamos preparándola?
Mis ojos se abren por completo, mientras que el cuerpo me titila ante la amenaza inminente. Dios... ayúdame.
-¡Idiota! ¡No debes decir mi nombre! ¡Tendremos que matarla más rápido de lo que pensé! -dice el líder, mientras que le gesta varios golpes en la cara a su compañero.
Matarla...
Varios sollozos salen de mi boca, y en realidad solo quiero gritar, quiero llorar... ¿Por qué fui tan estúpida? ¿Cómo pude buscarme este mal yo misma?
Los hombres comienzan a hacer un círculo sobre mi cuerpo mientras ríen entre ellos, su líder se acerca hacia mí a la vez que toma mi mejilla y restriega sus dedos asquerosos sobre mi boca.
-Esto será tan excitante...
Comienzo por temblar del puro miedo, sus manos intentan en tomar mi cabello mientras lo junta hacia su nariz.
-Yo seré el primero -dice mientras aparta a los demás.
Y cuando los sollozos se me escapan de la boca y giro quitando la cara de su horrible presencia, un movimiento detrás de ellos llama mi atención...
Tres enormes caballos pura sangre están tan regios junto con sus jinetes, detrás de los hombres que desconocen el movimiento. Aún no logro ver sus rostros, lo único que puedo divisar es como el dedo índice se junta en la boca del hombre que monta el caballo, él me hace señas para que no haga ningún ruido.
Paso un trago forzoso y afirmo, aparentemente aliviando la tensión de mi cuerpo, dando gracias de cierta manera por esta oportunidad, por supuesto sin saber si estos nuevos hombres serán mi ayuda, o definitivamente mi desesperanza.
-¡Parece que hay una celebración aquí! -dice el caballero asomando su rostro a la luz del fuego, y quitándose la capucha que hacía esconder su rostro.
Un rostro que llama mucho mi atención.
Los tres hombres que aparecieron no se parecen en nada a los vagabundos que me tienen atada, tampoco podría decir que son de la realeza, ellos, más bien parecen combatientes del ejército, pero con otras ropas y otras insignias. Algo que me parece muy particular en ellas, es una cinta de color verde alrededor de sus brazos.
¿Acaso serán guardas ocultos del palacio? Si es así, estoy más que pérdida.
-¿Qué dices, Mishaal? ¿Debemos unirnos a la celebración? -pregunta uno de sus acompañantes.
«¿Mishaal?, Así se llama.»
-No lo sé, Borja, preguntemos primero si ellos quieren dejarnos entrar -su voz pone en alerta todos mis sentidos, sé por consecuencia que sus palabras fueron lanzadas con doble sentido, y algo me dice que estos hombres, especialmente este me ayudará.
Mis secuestradores están pálidos y estáticos, sin pronunciar palabra, sin siquiera hacerse señas. Nada.
-Creo que les han cortado la lengua -dice un tercero.
-O quizás vieron a algún fantasma, Esmail -responde de nuevo el hombre a quien llaman Mishaal.
«OK. Esmail, Borja y... Y Mishaal.»
Ellos salvarán mi vida.
-¡Señor! ¡Por favor! Déjeme explicarle -por fin el líder de los vagabundos abre su boca, aterrado-. Usted comprenderá cuando sepa quién es ella.
Mis ojos se abren y nuevamente comienzo a tener miedo.
-¡No importa! Ustedes morirán hoy mismo por este acto tan aberrante.
Los hombres bajan de sus caballos aterrando a todos los presentes, desenfundan sus espadas, mientras que los demás se echan al piso suplicando por sus vidas.
Deben ser muy temerarios, porque ellos son solo tres y los vagabundos son cinco.
Justo cuando los tres van a asesinar a los vagabundos, algo dentro de mí se remueve, porque no quiero ver esto. No quiero.
-¡Por favor! No quiero ver algo como esto -imploro, mientras que Mishaal me observa detenidamente.
El hombre mira a sus dos compañeros haciéndoles una seña, entonces los hombres comienzan a desarmar a los vagabundos para luego amarrarlos a sus caballos.
-¿Mishaal? -pregunta Borja, mientras que él sigue observándome.
-Vayan, ya saben lo que deben hacer... Yo iré luego -contesta este sin siquiera quitarme la mirada de encima. Como si estuviese pensando miles de cosas en estos momentos.
Los hombres asienten un poco dudosos y comienzan a abandonar el lugar, dejando el caballo de dicho hombre junto con nosotros dos.
-¿Quién eres? -se dirige a mí por fin.
-Quite la soga de mis manos por favor -Le pido ignorando su pregunta.
-¿Me está dando órdenes? ¿Acaso ignora en qué situación se encuentra? -responde un poco malhumorado.
-¡Yo no me puse en esta situación! -digo un poco altanera.
-A, ¿no? ¿Y qué hace una señorita como usted en medio del bosque a esta hora de la noche? ¿Nunca escuchó de los peligros que este conlleva?
-¿Esto es un interrogatorio? -pregunto.
-Entonces... Me iré.
El hombre da media vuelta y comienza a caminar en dirección a su caballo.
¿Pero qué estoy haciendo? ¿Acaso me he vuelto loca? Definitivamente quiero morir.
-¡Espere! -grito en tono de súplica.
El hombre gira colocando nuevamente su mirada en mí mientras que el corazón comienza a latirme con fuerza.
-Saravi Eljal... Ese es mi nombre -pronuncio, mientras que su cara se impresiona al instante.
-¿Alguien sabe que está aquí, mi lady? -pregunta acercándose.
-No.
El caballero desata mis manos, y un alivio recorre la piel de mis muñecas maltratadas. Las masajeo lentamente para luego sacudir mi vestido y arreglar un poco mi cabello.
-Gracias... -digo sin mirarle.
-Entonces mi lady...
-Solo dígame Saravi... Por favor.
-De acuerdo... Saravi, nos iremos, yo la escoltaré.
-¡No!... quiero decir, todavía no, señor -pido sutilmente. Él asiente despacio, sin quitarme su intensa mirada.
-Mishaal... -corrige-. ¿Por qué está aquí?
-Es una historia larga...
-Bueno, ya que no quiere regresar... Aun, tenemos tiempo para que me cuente...
Asiento lentamente, asomando una sonrisa, combinando mi mirada junto con la Mishaal, que desde que la descubrí hizo un estruendo en mi corazón.
Quizás, este encuentro haya sido planeado por el cielo, y quizás, él pueda ser más que mi liberación...
6 meses después...
Saravi.
-¡Saravi! ¡Estoy hablando contigo!
Por tercera vez consecutiva escucho la voz de mi madre; esta última, con un tono exaltado, haciendo que todo mi conflicto mental sea disipado al instante.
-Perdón, madre, no te escuché -agrego de inmediato alejándome del balcón de mi habitación.
-Últimamente estás muy distraída, niña -rezonga ella sin tacto, mientras ojeo a Nadia quien mantiene una postura rígida ante la intromisión de mi madre.
Nadia Arafat, es mi dama de compañía, la persona que me sirve en mis quehaceres personales, y la que me acompaña a todas partes como un cortejo. Ella es el servicio para todos los que la ven a mi lado, pero para mí, es como una hermana.
Parpadeé varias veces al ver su inseguridad, ella siempre había sido un poco temerosa, y la presencia de mi madre, siempre la colocaba tensa. En un trago duro levanté mi rostro haciéndole una seña para que se tranquilizara, y luego me volví hacia Jemina, mi madre.
-¿Necesitabas decirme algo? -pregunté con delicadeza, entre tanto ella achicó sus ojos.
-Sal de la habitación -Jemina dictaminó en respuesta dirigiéndose a Nadia, por lo cual en cuestión de segundos se marchó dejando el lugar.
La presión de estar con mi madre a solas se hacía evidente. Nadia de cierta forma es un apoyo enorme para mí, a pesar de que sea unos tres años menor que yo.
Por otra parte, sé cuál es el tema de conversación que se iba a entablar entre mi madre y yo, sé exactamente cuál es su retahíla desde hace unos meses, que ahora ya se me hace monótono escuchar.
-¡Estoy muy preocupada! He estado escuchando rumores... unos, que cada día aumentan su intensidad.
Mi ceño se frunce, porque al contrario de lo que pensé, parece que va a tratar otro asunto diferente de la boda real.
-¿A qué te refieres, madre?
-¡Hay otra candidata para el reino, Saravi! Literalmente estás compitiendo con otra doncella... ella tiene un duque como padre, así mismo como tú.
El corazón me salta en rápidos latidos, unos que reflejan esperanza para mí. Aquellos que solo me gritan, libertad.
Giro rápidamente dándole la espalda, en estos momentos lo que menos quiero es encender motivos de alerta para ella, y darle preavisos.
-¿Estás segura? -logro preguntar a la vez que los latidos golpean mi pecho.
-¡Muy segura! Así que tu padre y yo iremos lo más pronto posible al palacio. Él llevará algunos asuntos de interés, allí trataremos de acercarnos un poco para resolver este asunto. Sé que nuestra Alteza Real meterá las manos por nosotros.
«Si hubiese una posibilidad, tan solo una, por remota que sea.»
-Madre... -suelto casi en susurro, tomando con sutileza su mano y temblando un poco ante mi nerviosismo-. Yo... Tal vez no sea una mala noticia, tal vez...
-Pero... ¡¡¿qué dices niña?!! -su voz altanera y dura, me deja claro que No. Jamás podré contar con su apoyo.
La brusca sacudida ha hecho que retroceda varios pasos, y solo me queda observarla con rabia y con mucha impotencia.
-¡Tú naciste para esto Saravi! Tu padre y yo planificamos desde el primer día tu existencia. Serás una reina y junto con el futuro rey, gobernarán Angkor y hasta el último centímetro su territorio.
Las palabras de mi madre solo me hacen sentir una cosa... ¡Náuseas! ¿Planificar mi existencia? ¡Vaya arrogancia!
¿Cómo era posible hablar de esa manera? ¿Cómo se tiene el corazón tan duro para poner sus propios intereses antes que tu hija? Sinceramente cuando trataba de conectar a mi madre conmigo, me era imposible destacar, aunque sea una sola cualidad parecida.
Luego de dar una larga mirada, finalmente decido por no gastar mi energía.
-¡Así será, querida madre!, tal y como tú lo has planeado -digo con una pizca de sarcasmo, y a la vez retractándome ante mi posible falta de respeto.
-Espero que así sea, Saravi, ¡Espero que así sea!
Ante su gesto despectivo, gira sobre su propio cuerpo y se dispone a salir de la habitación dejándome con el corazón en la mano.
Luego pienso y llego a la conclusión de que el tiempo está en mi contra, si quiero actuar debo hacerlo lo más pronto posible; y el primer paso será en hablar con Mishaal.
En el momento vi que Nadia entró tan nerviosa como lo estoy yo, cerrando con seguro y acercándose lo más rápido que puede.
-¡Mi lady!, ¡por favor! No debe salir hoy, la señora Jemina está algo insegura ante su comportamiento.
-¡Nadia, por Dios!, deja de hablar conmigo con etiquetas, sabes muy bien que entre nosotras es diferente, y estamos solas -digo reprochando, mientras que ella se aprieta duramente la parte delantera de su vestido.
-No salga...
-Debo hacerlo, debo hablar con Mishaal, Nadia, ¡Ya no puedo más! ¡Necesito irme de aquí!
Las manos de mi dama de compañía tapan su boca de una forma poco elegante, negando ante mis palabras.
-¿Se fugarán esta noche? -pregunta aterrada.
-Los duques saldrán mañana al palacio a primera hora... Entonces yo me iré luego de su partida, necesito hablar con él.
El fuego que siento en mi pecho no es más que euforia. Una sensación de temor, pero también de furor me quema lentamente; y no quiero postergar más los días, no con la visión de horror ante el futuro que me aguarda, así que solo esperaré la partida de mis padres de la casona.
No sé si esta salida sea definitiva, quizás no vuelva a regresar a esta forma de vida, pero una parte de mí, esa que anhela quitarse todas las etiquetas de encima, desea probar una vida en libertad.
Seis meses habían pasado, justo el día en que no resistí después de una discusión con mi madre. Ese día decidí salir por la noche, quería respirar aire puro y quizás perderme en el camino. Entre pensamiento y pensamiento me dejé llevar, tanto, que cuando entré en razón, todo lo que me rodeaba era desconocido para mí. Y entre miedo, emoción y encuentro, todo sucedió.
No pude jamás imaginar que ese día me encontraría frente a frente con Mishaal Rezhac...
El amor de mi vida. Del que estaba completamente enamorada.
-¡Entonces déjeme acompañarla! -Nadia interrumpió mis pensamientos volviéndome al presente.
-Por supuesto que no, jamás pondría tu vida en peligro, ¿te imaginas lo que podrían hacerte por ser mi cómplice?
-¿Ha pensado en que podrían hacerles a todos?
Las palabras de Nadia llegan a mí como un balde de agua helada, y paso el trago de forma complicada.
-Nadia... -consigo pronunciar.
-¡Es una traición a la corona! A la monarquía Al-Asad -dice ella aterrada, provocando un escalofrío en mi cuerpo.
-No les harán nada a mis padres, si eso es lo que quieres decir, ellos inventarán alguna cosa como suelen hacerlo, además hay otra candidata para la corona -digo tomándola por los hombros-. Pero... ¿Y yo Nadia? ¡Mi vida será una desgracia!, no quiero casarme con ese hombre.
Varias lágrimas bajan por mi mejilla, y al instante mi dama me abraza.
-¡Perdóname, Saravi! No quiero que vivas infeliz, solo temo por ti.
Rápidamente me despegó de ella, limpio mi rostro y acomodo mi vestido.
-Me iré, Nadia... Estaré preparada al amanecer, esta es mi oportunidad... Mi única oportunidad, así que reza por mí.
Aunque traté, no pude conciliar el sueño. La preocupación y el martirio en mi pecho han provocado un revuelo de emociones dentro de mí.
Tengo miedo, miedo a dar este paso fundamental en mi vida. Mishaal me ha advertido de todo lo que me podría encontrar en el palacio y sencillamente no quiero poner un pie allí.
Nadie en mi corta vida me ha preguntado jamás: ¿Qué quieres Saravi? Nadie me ha dicho: ¡Está bien! ¡Tú puedes escoger como será tu futuro! Desde que tengo conocimiento he seguido un sin fin de normas y protocolos agotadores, junto a una niñez bastante limitada y solo para cumplir un objetivo... Casarme a mis diecinueve años, con un hombre que ni siquiera conozco.
Kalil Sabagh es el heredero de la monarquía Al-Asad... Y no, no he investigado nada con respecto al futuro rey, desde que tengo conocimiento esa información se me ha impuesto, tanto, que nada más escuchar su nombre solo me provoca una cosa.
Odio.
Él es el primero de los tres hijos del rey Umar Sabagh, un tirano, un hombre que desconoce totalmente la compasión, uno que se ha aferrado tanto al poder, sin importar a quien lleva por delante, así que, no puedo esperar menos de su descendencia.
Toda la familia monarca es de total desagrado para mí, y más ahora que sé muchas cosas que antes pasaba desapercibidas; eso gracias a Mishaal.
Cuando pienso en él, y en todo lo que hemos vivido, mi corazón vuelve a inundarse en alegría. Conocer a Mishaal fue uno de los milagros que ocurrieron en mi vida. Luego de haber sido rescatada por él, nuestros encuentros comenzaron a suscitarse a menudo; algunas veces iba al bosque como la primera vez, y otras, al caer la noche él llegaba a los alrededores de la casona sin ser visto, por supuesto.
Mi admiración por Mishaal cada día iba en aumento, nuestras largas conversaciones, y el nacimiento de nuevos sueños hicieron que definitivamente dejara a un lado mis temores, y decidiera querer un futuro diferente para mi vida.
Sin embargo, algunas cosas trataban de asustarme, de desajustar la fantasía que desde hace un tiempo se gestó en mi mente. Y aunque en muchas ocasiones traté de disuadir a Mishaal de su objetivo, él jamás se rendirá al propósito fundamental en su vida; derrocar la monarquía Al-Asad.
La verdad no es que no quisiera que pasara, lo que me preocupaba en gran manera, era su propia vida y en todos los riesgos que pudieran ocurrir en el objetivo. Ya había un campamento bastante grande formándose en la incógnita del reino; Mishaal era líder de aquella revuelta y cada día se sumaban más combatientes a la causa Ayatolá.
Pero, aun así, el reino multiplicaba el grupo, el rey Umar era un zorro viejo, muy astuto, y muy poderoso, increíblemente varios países aún apoyaban su imperio.
Por lo tanto, mi escapatoria con Mishaal sería una traición terrible para la corona, no sé hasta qué punto pudiera esto ser un desastre, pero no me iba a detener a pensarlo. Ya no.
Los toques delicados de la puerta me despabilan por completo, así que sentándome en la cama decido que es hora de preparar todo.
-Adelante -anuncio.
Nadia aparece en mi campo de visión con ojeras sobresalientes, así que sé por ende que quizás ella tuvo peor noche que yo. Mi dama de compañía se ha convertido en una leal hermana, una señorita que desde niña solo supo hacer oficios para servirle a otros, no tuvo otra opción. De cierta forma y aunque nuestras condiciones económicas sean diferentes, me identifico mucho con ella, por ello, hemos hecho lazos irrevocables.
Por supuesto delante de mis padres y de nadie más puedo tratarla a mi gusto, ya que la etiqueta no me lo permite.
-¿Cómo amaneces? -pregunta mientras se sienta a los pies de la cama.
-Tengo el estómago revuelto... ¿Dónde están mis padres?
-Ya se fueron... Me dijeron que no se despidieron, porque...
-Lo de siempre -concluyo en reproche-. Más bien ayúdame, necesito ganar tiempo.
-Saravi... ¿Esta es la última vez que podré verla? -pregunta Nadia oprimiendo mi corazón.
-Si Mishaal huye conmigo, sí, sin embargo, Nadia, te buscaré, por favor te pido que me puedas esperar.
Ella niega lentamente y varias lágrimas comienzan a surcar su rostro enrojecido.
-No...
-Pero... ¿Qué dices? ¡Por supuesto que vendré por ti! Solo dame tiempo -digo acercándome a ella.
-No mire atrás señorita, no piense en nadie... Yo solo soy una simple servidora de mis señores, no merezco que usted haga tal cosa por mí.
Acorto nuestra distancia para abalanzarme bruscamente hacia ella abrazándola, demostrándole que sus palabras no tienen ningún sentido para mí.
-No será así, Nadia, ¡ya verás que no!
-Es hora de que se vaya... No pierda más tiempo -ella se afana entre tanto me despego de ella.
Asiento en respuesta y junto con ella prosigo asearme rápidamente para disponerme a salir...
*Ayatolá (ejército en contra del gobierno Al-Asad)
*Al-Asad (gobierno monárquico de todo el territorio de Angkor)
*Angkor (país creado para la historia, aunque hay un lugar, un sitio histórico que tiene ese nombre.)
Saravi.
En una maniobra elaborada y planificada, logro salir ilesa de la casona. Llegar al campamento me tomará al menos veinte minutos, pero el paso que llevo no solo es rápido; es más bien lleno de adrenalina, con una emoción tan tangible, que las mejillas me duelen de tanto sonreír.
Para Mishaal será una sorpresa mi llegada, pues nuestra visita sería en dos días más, pero, ante la premura, es casi necesario este encuentro.
Cuando llego al territorio Ayatolá, noto un revuelo en el lugar, sin duda alguna algo no anda bien. Por un instinto propio me adentro más, tomando la precaución de no ser vista aún. Así que, junto a un arbusto bastante tupido, hago un espacio para observar más de cerca lo que está sucediendo.
-Mi señor, ¡por favor!, déjeme explicarle... -súplica un hombre, bastante herido.
-No toleramos ese tipo de acuerdos Guda, o estás con ellos, o estás con nosotros -le dice Borja en tono cruel.
Su manera de hablar es totalmente diferente al Borja que yo conozco, en su rostro no hay ni un ápice de expresión.
-Tengo muchos hijos, yo debía tener cuidado de mi familia mi señor, mi hijo solo sucumbió a un arrebato de necesidad... ¡Por favor!
-Ya es muy tarde, Guda, quien hace tratos con la monarquía, está en contra de nosotros -dictamina Borja sin un gesto de compasión por el hombre.
En un segundo lo arrastran de forma despiadada, y si no es porque Mishaal entra en mi campo de visión, hubiese yo gritado del espanto para intervenir por el hombre.
-¿Mishaal? -pregunta Borja sosteniendo al hombre moribundo en el suelo, esperando una indicación de su líder.
-¡Mátenlo! ¡Los traidores deben morir! -contesta él sin siquiera titubear.
Mi corazón se rompe al escuchar a un hombre totalmente desconocido para mí gesticulando esas palabras. Entonces niego varias veces.
¡No puede ser! ¡Esto no es verdad!
-Mi señor, se lo suplico, no lo haga... Es mi familia, es...
De una estocada Mishaal saca su espada y la clava en el estómago del hombre, cortando sus palabras, produciendo bocanadas de sangre en ese moribundo casi muerto. El silencio cubre pesadamente el lugar, y mientras que él sigue con su acto, yo tapo mi rostro desesperado, porque es inevitable que varios sollozos salgan de mi boca.
Este acto solo hace que el grupo de hombres gire en mi dirección, y trato rápidamente de ocultarme un poco más, pero una mano se posiciona sobre mi hombro, haciéndome salir de un brinco.
-¿Saravi? -Pregunta Ismail asombrado detrás de mí llamando la atención del resto-. Pero, ¿qué haces aquí?
Mishaal observa pálido desde su sitio, y en unos segundos se acerca a nuestro lugar dando órdenes de que limpien todo.
-¿Por qué estás aquí? -él llega agitado, haciéndole señal a Ismail para que se retire-. Ven... vayamos a la cabaña.
Su mano toca sutilmente mi brazo para que avance junto con él. No obstante, yo no digo nada, ni siquiera le puedo mirar.
Al ingresar a la cabaña comienza a lavar sus manos rápidamente, a la vez que me es imposible dejar de observar el líquido rojo que se entremezcla con el agua. Ese hombre allá afuera nunca más llegará a su hogar, aquellas personas se quedaron sin padre y sin un esposo.
-¿Por qué no me avisaste que venías? El bosque es peligroso, quedamos en un acuerdo -Su tono es otro, uno muy diferente al de hace un rato cuando asesinaba al hombre.
-Los duques fueron al palacio hoy -consigo decir sin expresión-. Quería plantearte... Algunas cosas... Yo...
-Cariño... Eso que viste allá, no lo entenderías.
-¿A no? ¿Y qué es lo difícil de entender? ¿Qué mataste a un hombre que suplicó por ser escuchado, uno que tiene una familia que mantener...? ¡Corrijo! ... Uno que tenía una familia...
Mis palabras salen hirientes, con toda la intensión de hacerlo sentir miserable por sus hechos.
-¡No! ¡Escúchame! Por ese hombre murieron varios de nuestro equipo, Saravi, otros que también tenían familia, y solo porque él vio las cosas fáciles y quiso jugar a los dos bandos...
-¿Te estás escuchando? Estás siendo igual a ellos... ¡Lo asesinaste, Mishaal...! Lo mataste... Todos deberían tener el derecho de elegir, y estás siendo un dictador igual que la monarquía al obligar a alguien a quedarse de tu lado.
Su mandíbula se tensa en respuesta, mientras que su mirada se vuelve oscura.
-Si lo quieres ver de esa forma, no puedo hacer otra cosa... Aunque tus palabras me duelen profundamente -dice con un rostro desencajado-. Las consecuencias de ese hombre fueron terribles... Saravi... tú no tienes idea de lo que la gente pasa fuera de las riquezas en donde vives.
¿Está hablando con desprecio? Eso parece. Parte de mi enojo se va disipando, aunque el sin sabor y la impresión aún están caladas de mi piel. Doy vuelta dándole la espalda, acercándome a la pequeña ventana que da mira a un paisaje ameno del bosque, mientras que trato de aspirar el aire puro y relajar mis nervios.
-Hay otra candidata para casarse con el futuro rey...
Un silencio bastante incómodo procede en el espacio, mi ceño se frunce y doy la vuelta para saber por qué mi noticia no ha hecho el impacto que yo esperaba de él.
Su rostro está más relajado de lo normal.
-¿Lo sabías? -pregunto con interés.
-Sí, sabes que tengo personas de confianza en la monarquía.
-Y... ¿No te parece una buena noticia? ¿Sabes lo que eso significa? ¡Mishaal! He pensado hasta reunirme con el príncipe, yo... Yo podría explicarle muchas cosas... Yo...
-Es una pérdida de tiempo, Saravi. Ese rumor de que hay otra candidata solo es noticia impuesta por la familia de Alina Menen... Así se llama tal candidata.
-Pero, mis padres... Ellos están en el palacio, piensan que hay esa posibilidad, mi madre me lo dijo -explico algo agitada.
-No hay cambios -termina por decir con una rabia aparente-. Kalil Sabagh, seguirá los planes, justo como se había acordado tu casamiento.
La rabia y las ganas de llorar comienzan a aumentar, el desequilibrio emocional está llegando a mi límite.
-¡Entonces huyamos! -digo entre llanto y enojo.
El rostro de Mishaal decae al instante tratando de acercarse hacia mí. Sus brazos me envuelven delicadamente haciendo que mi cuerpo se relaje ante su tacto, uno, que extrañé muchísimo, y que al mismo tiempo desespera. Besos cortos son impartidos por su parte en mi rostro, para luego acentuar un beso suave en mis labios dejando a un lado las espinas que se crearon entre nosotros hace un momento.
-Yo haría cualquier cosa por ti, lo sabes. Por eso debo luchar y estar al frente de Ayatolá.
-¿Qué dices? -digo despegándome de su cuerpo lentamente.
Sus ojos no se conectan con los míos, su rostro está decaído sin querer siquiera dirigirse a mí.
-Debes irte...
-¡Mishaal! -grito en desespero.
-Saravi.
-¡¡¡No!!!
-¿Crees que esto no me duele? ¿Piensas que duermo tranquilo sabiendo que estarás con otro hombre?, ¿con mi enemigo? ¡Estás muy equivocada! Cada segundo es una tortura para mí... Pero no puedo declinar, no ahora que todos colocan sus esperanzas en mí. ¡Cariño! Ten la certeza que no será por mucho tiempo... Sé que te sientes decepcionada de mí y me odio por no hacer nada más por ahora; pero luego de dar el toque final, podremos vivir libres, sin huir de nadie y darte la vida que mereces.
-Sabes que eso no me importa... Sabes que...
-No sabes cómo es la vida afuera, Saravi -corta sin dejarme continuar-. No tienes idea de lo que es pasar necesidad.
Sus crudas palabras me dejan en silencio, un silencio doloroso, y por más que quiera ver algo bueno de esta situación, sencillamente ahora mismo no puedo conciliar el estar casada con ese hombre.
-Te lo juro, Saravi ¡Lo juro con mi vida!, que de ahora en adelante viviré cada segundo reclutando los hombres que más pueda, armando nuestro ejército, uno suficiente, uno poderoso para llevar a cabo el plan de derrocar a los tiranos; y con ello, cariño, liberarte de esta pesadilla.
Sus palabras me abruman en gran manera, sé que él sufre como yo, sería muy egoísta en exigir ante su postura, y aunque sé que hace muchas cosas por mí, en un rincón de mi corazón hay cierta decepción ante su decisión.
Tendré que acostumbrarme a la idea, tendré que armarme de un valor sobre humano para unirme a esa familia, para tener charlas animosas sin despertar alguna sospecha, y de esta forma, colocar mi grano de arena, porque desde lo más íntimo del reino voy a contribuir para la destrucción de la monarquía. Ahora mismo no logro imaginar cómo será la magnitud de todo esto, ahora mismo, el solo pensamiento me genera repugnancia de congeniar con tales personas, de compartir una mesa, de compartir una cama, e incluso la intimidad con el rey...
***
-¿Llevará estos libros? -escucho preguntar muy en el fondo a Nadia.
Hace prácticamente una hora ella se ha instalado en mi habitación recogiendo mis pertenencias; o alguna de las cosas que podré llevarme. Pues mañana por la mañana partiré junto con los duques, mis padres, y por supuesto con mi dama de compañía al palacio; así que solo faltan escasos tres días para ejecutarse la boda real, y yo tendré que estar al menos dos días con anticipación en el lugar para mi preparación... o eso es lo que me han dicho.
Ahora mismo observo más de diez cartas sin abrir de personas importantes en mi mesa de noche. Por lo que mi madre me ha expresado, contienen palabras de felicitación y bienvenida a la realeza. Cartas con algunos puntos a seguir y recomendaciones. No las he leído, y por ahora creo que esa no será mi prioridad.
-Este es uno de sus favoritos -vuelve a decir Nadia señalándome un empastado rojo de tapa dura-. ¿Quiere llevarlo?
Niego varias veces.
-No será necesario, imagino que allá habrá miles de libros.
Su ceño se frunce, deja el libro en la mesa y se dirige hacia mi lugar en la cama. Sus dedos comienzan a peinar mi largo cabello mientras da un suspiro.
-Todo pasará muy rápido...
-Espero que sí. Espero que el tiempo juegue a mi favor. Lo que más me da ánimo es que al menos te tendré a ti, Nadia.
-Aún no sabemos si acepten que me quede a su lado -dice sentándose frente a mí demostrando preocupación-. Habrá muchas damas que quieran servirle, y mucho más entrenadas que yo.
¡Por nada del mundo!
-Tendrán que aceptarte, quieran o no -digo decidida-. Y no quiero que comentemos nada a mis padres, ellos creen que solo nos acompañarás. Pero nada más lleguemos al palacio, pediré hablar con quién sea para que te quedes conmigo.
Nadia afirma sumisa ante mis palabras, pero, por su gesto entiendo qué quiere preguntarme algo y me adelanto a su duda.
-Sé que quieres saber... y sí, hoy lo veré por última vez... porque no sé cuánto tiempo pasará hasta que volvamos a encontrarnos -digo refiriéndome a Mishaal y un dolor se asoma en mi pecho de solo pensarlo.
-¿Vendrá?, ¿aquí?
-Sí, mientras todos duermen, sería muy arriesgado a estas alturas volver al bosque... -mi voz se rompe desestabilizándome por completo-. A veces... quisiera no sentir esto, Nadia, a veces me arrepiento de haberlo conocido.
-¿Por qué dice eso? -pregunta tomando mis manos.
-Tengo miedo y mucha exasperación, de cierta forma nuestro amor nos hace daño, nos hace tener una esperanza, y a la vez nos mantiene fuertes. Pero, ¿y si no se logra lo que soñamos, Nadia? Mishaal podría morir en el intento... Y eso, eso no me lo perdonaría nunca.
Un abrazo cálido rodea mi cuerpo al instante, mi dama no pronuncia ninguna palabra, y la verdad no es necesario que lo haga, aunque quisiera soltar el nudo que se forma de vez en vez en mi garganta, no puedo; me ha sido imposible derramar una lágrima desde el día en que Mishaal me confirmó que debía seguir adelante con la boda.
Parece ser que ese mismo día una conmoción y un fuerte estrés se adentraron en mi cuerpo, junto con la tensión permanente que se arraigó en todo mi ser para martirizarme día y noche, para recordarme mi desdicha y el horrible futuro que me espera.
Los toques suaves en la puerta nos hacen despegar de inmediato de nuestro abrazo, Nadia arregla su vestido y se dirige a abrir y al otro instante veo el rostro asomado de mi padre. De cierta forma él alivia un poco mi desastre, y una sonrisa se dibuja en mi rostro ante su presencia.
-¿Podemos hablar antes de que me la roben, su alteza? -su galantería, hace que se me ensanche un poco más la sonrisa.
-Iré un momento afuera -anuncia Nadia, y yo asiento en respuesta.
-Tienes un rostro cansado -indica mi padre tomando mi barbilla.
«Más bien uno de muerte»
-Tengo... Nervios -digo finalmente como una excusa tonta.
-Sabes que siempre me tendrás, siempre contarás con mi apoyo cariño.
«No, no es así, no cuento con el apoyo de nadie»
-Gracias, Padre...
-Saravi, sé que hay mucha reticencia por tu parte, y es entendible, eres joven y hay muchas cosas que desconoces. Lo único que sé es que vas a acoplarte muy bien, el príncipe es...
-¡Padre! -mi tono aumenta ante la euforia que empieza a consumirme. Él abre sus ojos impresionados, mientras tomo aire para controlar mi arrebato-. Lo siento... No quiero hablar de eso ahora, estoy algo cansada.
-Mi niña, yo realmente deseo tu felicidad, créeme que Angkor jamás pudo tener una reina como tú.
De repente las palabras de mi padre crean algo confuso en mi mente, jamás me había detenido a pensar que en algunos casos el rumbo de Angkor también estaría en mis manos.
Miles de familias, un país... En mis manos.
-Creo que ahora sí me has asustado -digo aterrada.
Las carcajadas un poco disimuladas de mi padre vuelven a liberar mi tensión.
-Serás una buena reina...
Abro mi boca para persuadir su idea, hasta que su rostro y la forma en que me observa me dice que no... dañaré a muchas personas, pero no comenzaré con mi padre.
-Gracias, papá -sin pensarlo mucho le abrazo necesitando por unos instantes su apoyo y su fortaleza, respirando su agradable olor para llevarlo conmigo de ahora en adelante...