La oficina en el piso 40 del rascacielos de cristal era el epítome del éxito. Minimalista, moderna, con vistas que se extendían más allá del horizonte. Alexander Blake, el poderoso CEO de Blake Enterprises, se encontraba de pie frente al ventanal, sosteniendo un vaso de whisky que no había probado. Sus ojos estaban fijos en el skyline, pero su mente estaba atrapada en el testamento de su difunto abuelo, el hombre cuya sombra aún gobernaba su vida.
-¿Entonces es esto? -preguntó con voz grave, volviéndose hacia su abogado, Henry Blackwood, quien estaba sentado al otro lado de su amplio escritorio.
Henry asintió con incomodidad. -Sí. El plazo vence en tres meses, Alex. Si no te casas antes de tu cumpleaños número 35, pierdes el 51% de las acciones de la empresa. Pasarán automáticamente a manos del consejo directivo.
Alexander apretó la mandíbula. No tenía intención de permitir que un grupo de tiburones corporativos tomara el control de su imperio. Pero casarse... era un concepto que le resultaba tan extraño como absurdo. Su vida estaba planificada al milímetro, y en ningún momento había considerado abrir espacio para el amor, o incluso para un matrimonio de conveniencia.
-No puedo simplemente ignorar esto, ¿verdad? -preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
-No. -Henry cerró el grueso expediente sobre la mesa con un gesto decidido-. La cláusula es clara.
Alexander se dejó caer en su silla de cuero, pasándose una mano por el cabello oscuro. Necesitaba una solución, y rápido. Pero encontrar a alguien dispuesta a casarse con él en tres meses, sin complicaciones, sin dramas... era casi imposible.
-Investigaré posibles candidatas, -dijo al fin Henry, tratando de aliviar la tensión.
Alexander negó con la cabeza. -No quiero que esto se filtre. La prensa lo destruiría. Necesito... a alguien fuera de este mundo. Alguien sin conexiones con los negocios o el espectáculo. Alguien que necesite algo tanto como yo necesito esto.
***
En otro rincón de la ciudad, Emily Hartley contemplaba el lienzo blanco frente a ella con frustración. Estaba en su pequeño estudio, lleno de obras inacabadas y pinceles manchados de pintura. La galería de su familia, un espacio que había sido su hogar y refugio desde niña, estaba al borde de la quiebra. Necesitaba 150,000 dólares para cubrir las deudas acumuladas, pero cada puerta que tocaba se cerraba de golpe.
-Emily, ¿cómo vamos a salir de esta? -preguntó su mejor amiga, Clara, entrando con un par de tazas de café.
-No lo sé, Clara. -Emily dejó caer el pincel, derrotada-. Pero no puedo rendirme. Mi madre trabajó toda su vida para mantener la galería abierta. No voy a perderla ahora.
Clara la observó con preocupación antes de hablar. -¿Has pensado en vender alguna de tus pinturas? Podrías conseguir algo de dinero rápido.
Emily negó con la cabeza. -Eso cubriría solo una fracción de la deuda. Además, esas pinturas son lo único que tengo.
Un silencio incómodo cayó entre ellas, roto solo por el tintineo de las cucharas contra las tazas de café.
De repente, Clara sonrió con picardía. -Siempre podrías casarte con un millonario. ¿No es eso lo que hacen en las películas?
Emily soltó una carcajada seca. -Claro, porque los millonarios están haciendo fila afuera de mi puerta.
Sin saberlo, las vidas de Emily y Alexander estaban a punto de cruzarse de manera inesperada.
***
Ese mismo día, el destino -o quizá una mezcla de desesperación y oportunidad- intervino. Un amigo en común, un abogado que había trabajado con la familia Hartley en el pasado, mencionó casualmente a Alexander la situación de Emily. Una artista talentosa, pero ahogada en deudas. Independiente, sin interés en el mundo corporativo, y, lo más importante, accesible.
Alexander frunció el ceño mientras consideraba la posibilidad.
-¿Estás diciendo que podría estar dispuesta a un arreglo? -preguntó.
-No puedo garantizarlo, pero si necesitas a alguien que no haga preguntas, tal vez deberías hablar con ella.
Alexander terminó su whisky de un trago. -Consígueme una reunión.
Por primera vez en semanas, sentía que el control estaba nuevamente en sus manos.
La cafetería donde Alexander Blake había decidido reunirse con Emily Hartley no era el lugar que cualquiera esperaría para un multimillonario. Era pequeña, acogedora, y decorada con un toque bohemio que probablemente habría resultado atractivo para Emily. Alexander sabía que no podía invitarla a su oficina; eso habría dejado muy claro el abismo que los separaba.
Emily llegó cinco minutos tarde, un gesto que Alexander no estaba acostumbrado a tolerar, pero cuando la vio entrar, entendió por qué el abogado había insistido en que ella era la candidata ideal. Era todo lo opuesto a las mujeres que solían rodearlo. Con su cabello castaño recogido de manera descuidada y un bolso de tela colgado al hombro, parecía más cómoda en aquel entorno que él. Llevaba unos jeans gastados y una chaqueta de cuero, con manchas de pintura en las mangas que probablemente no había notado.
Ella recorrió el lugar con la mirada, y al identificarlo, se detuvo. Sus ojos verdes se estrecharon en una mezcla de curiosidad y desconfianza antes de caminar hacia él.
-Alexander Blake, supongo -dijo Emily, sentándose frente a él sin esperar a que la invitara.
-Señorita Hartley -respondió Alexander, inclinando ligeramente la cabeza. A pesar de su incomodidad evidente, mantenía su expresión impasible. Era un hombre acostumbrado a negociar, pero esta vez era diferente. Esta no era una reunión de negocios ordinaria.
Emily apoyó los codos en la mesa y lo miró directamente. -Me dijeron que querías hablar de una propuesta. Así que, adelante, sorpréndeme.
Alexander no era hombre de rodeos, pero incluso para él, la situación era delicada. Inspiró profundamente antes de responder.
-Es una propuesta de matrimonio -dijo con calma, observándola cuidadosamente para captar su reacción.
Emily parpadeó. Luego soltó una risa nerviosa, como si pensara que era una broma. Pero cuando vio la seriedad en el rostro de Alexander, su risa se apagó.
-¿Qué? -preguntó, inclinándose hacia atrás. Su expresión era una mezcla de incredulidad y alarma.
-Sé que suena extraño, pero permíteme explicarlo. Es un acuerdo estrictamente profesional. Un matrimonio de conveniencia. Nada más.
Emily cruzó los brazos, todavía procesando lo que acababa de escuchar. -¿Por qué yo? -preguntó, con una nota de desafío en la voz.
Alexander apreciaba la franqueza, aunque no estaba acostumbrado a que lo cuestionaran. -Porque, según tengo entendido, tú también necesitas algo. Mi abogado me habló de la situación financiera de la galería de tu familia.
Emily lo miró con los ojos entrecerrados, claramente molesta. -¿Qué derecho tenías a husmear en mi vida?
Alexander no apartó la mirada. -El mismo derecho que tienes tú para escuchar esta propuesta. No vine aquí a menospreciarte, señorita Hartley. Vine porque creo que esto podría beneficiarnos a ambos.
Emily lo estudió por un momento, y luego, con un suspiro, relajó ligeramente su postura. -Bien. Hablemos de beneficios, entonces. Si me caso contigo, ¿qué gano yo?
-Dinero -respondió Alexander sin rodeos-. Pagaré las deudas de tu galería y te proporcionaré una cantidad adicional suficiente para asegurar que no tengas problemas financieros en el futuro.
Emily arqueó una ceja. -¿Y tú? ¿Qué ganas tú de todo esto?
-Mantengo mi empresa -dijo, tan frío como si estuviera discutiendo un balance financiero-. Hay una cláusula en el testamento de mi abuelo que exige que me case antes de cumplir 35 años. De no hacerlo, perderé el control de mi empresa.
-Así que, básicamente, buscas una esposa temporal para cumplir con esa cláusula. -Emily negó con la cabeza, como si todavía no pudiera creer lo que estaba escuchando.
-Exactamente. -Alexander se inclinó ligeramente hacia adelante-. Sería un contrato por un año. Cumpliríamos con los requisitos legales y, después, cada uno seguiría su camino.
Hubo un silencio incómodo mientras Emily procesaba sus palabras. Finalmente, se inclinó hacia él, con una expresión desafiante.
-¿Y qué pasa con las condiciones? Porque estoy segura de que un hombre como tú debe tener reglas para todo.
Alexander permitió que una leve sonrisa cruzara su rostro. -Eres perspicaz, señorita Hartley. Sí, hay algunas condiciones. Este matrimonio sería estrictamente profesional. No habría intimidad, ni expectativas emocionales. Sólo tendríamos que aparecer juntos en algunos eventos públicos y asegurarnos de que la relación parezca real.
Emily dejó escapar una risa seca. -¿Ni siquiera puedo pintarte como mi musa?
Por primera vez en toda la reunión, Alexander se permitió una ligera carcajada. -No soy un hombre de artes, pero si eso ayuda a convencer a la gente, no tengo objeciones.
Emily lo observó por un momento, tratando de leerlo. Finalmente, dejó escapar un suspiro.
-No voy a decir que esto no suena tentador. Pero aún tengo preguntas. ¿Qué pasa si alguien descubre la verdad? ¿Qué pasa si deciden investigarnos?
-Nadie lo hará. -La voz de Alexander era firme-. Tengo los recursos para asegurarme de que este acuerdo sea completamente discreto. Y si alguien sospechara, ambos seremos lo suficientemente convincentes para disipar cualquier duda.
Emily apoyó los codos en la mesa, frotándose las sienes. Estaba claro que la oferta la intrigaba, pero también era un riesgo. Finalmente, levantó la mirada y habló.
-Dame tiempo para pensarlo.
Alexander asintió. Había esperado esa respuesta. -Tómate el tiempo que necesites. Pero recuerda que el plazo se agota. Si decides aceptar, haremos un contrato detallado para proteger a ambas partes.
Emily se levantó, agarrando su bolso. -Gracias por el café. Fue... interesante, por decir lo menos.
Alexander la observó mientras se alejaba. Había algo en ella que lo desconcertaba. Era directa, honesta, y no parecía impresionada por su estatus. Tal vez, pensó, ella sería exactamente lo que necesitaba.
***
Esa noche, Emily no podía dejar de pensar en la propuesta. Estaba en su pequeño apartamento, rodeada de lienzos inacabados, con un té olvidado enfriándose en la mesa. Clara, su mejor amiga, había venido a visitarla y ahora la miraba con la boca abierta después de escuchar lo que había ocurrido.
-¡Es una locura! -exclamó Clara, tirándose en el sofá-. ¿De verdad estás considerando casarte con un multimillonario que ni siquiera conoces?
Emily se encogió de hombros. -¿Qué otra opción tengo? Si no consigo el dinero, la galería cerrará. Esto podría ser la solución.
Clara frunció el ceño. -Sí, pero un matrimonio falso... ¿No te parece un poco... extremo?
-No es como si fuera un matrimonio de verdad. Es un contrato. -Emily suspiró, enterrando la cara entre las manos-. Y si funciona, podría salvar la galería y empezar de nuevo.
Clara la miró en silencio, y luego, con un tono más suave, dijo: -Tienes razón, Em. Pero asegúrate de que no te estés metiendo en algo que no puedas manejar.
Emily asintió. Sabía que Clara tenía razón. Esto no era sólo una solución fácil. Era un compromiso que cambiaría su vida, aunque fuera por un año.
***
Al otro lado de la ciudad, Alexander estaba en su estudio, revisando los detalles del contrato que había solicitado a sus abogados. Mientras leía, no podía dejar de pensar en Emily. Había algo en ella que lo hacía dudar de su decisión, aunque no entendía por qué. Tal vez era su autenticidad, o la manera en que no parecía intimidada por él.
Por primera vez en años, Alexander sintió algo que no podía describir del todo. Tal vez era anticipación. O tal vez, pensó mientras apagaba la luz, era el comienzo de algo que ni siquiera él podía controlar.
Emily Hartley había pasado los últimos tres días sumida en una tormenta de pensamientos. La propuesta de Alexander Blake no dejaba de rondarle la cabeza. Por un lado, la solución a todos sus problemas estaba servida en bandeja de plata. Por otro, el acuerdo la arrastraría a un mundo que le era completamente ajeno y que siempre había despreciado: el de las apariencias y el poder. ¿Estaba dispuesta a dejar de lado su independencia, aunque fuera temporalmente?
Esa mañana, finalmente decidió que necesitaba respuestas antes de tomar una decisión. Había enviado un mensaje breve a Alexander aceptando una segunda reunión. Su respuesta había llegado en menos de un minuto: **"Nos vemos mañana a las 10. Mi oficina. Blake Enterprises."**
***
El edificio de Blake Enterprises era intimidante. Una torre de cristal y acero que se alzaba desafiante en medio del distrito financiero. Emily no pudo evitar sentir un nudo en el estómago mientras entraba por las puertas giratorias y caminaba hacia la recepción. Vestía un sencillo conjunto de falda y blusa que Clara le había insistido en usar, pero aún así, sentía que no encajaba. Todo a su alrededor parecía diseñado para gritar **éxito**.
-Señorita Hartley, pase por aquí, por favor -dijo una recepcionista impecablemente vestida, indicándole un ascensor privado.
El viaje hasta el piso 40 fue silencioso y rápido. Cuando las puertas se abrieron, Emily se encontró frente a una oficina que parecía sacada de una revista de diseño. Alexander estaba de pie junto a una mesa de reuniones de vidrio, revisando unos papeles. Al verla, levantó la mirada y le dedicó una breve inclinación de cabeza.
-Emily. Gracias por venir.
Ella avanzó con cautela, dejando su bolso sobre una de las sillas. -Dijiste que habría un contrato. Quiero verlo antes de decidir nada.
-Por supuesto. -Alexander le entregó una carpeta negra. Ella la abrió, y lo primero que notó fue el encabezado: **"Acuerdo de Matrimonio Temporal"**.
-Bueno, al menos son honestos con el título -murmuró, ganándose una leve sonrisa de Alexander.
Mientras leía, Emily encontró términos y condiciones detallados:
1. El matrimonio tendría una duración mínima de un año.
2. Ambos debían mantener las apariencias públicas de una relación real.
3. Alexander cubriría todas las deudas de Emily y le otorgaría una suma adicional al finalizar el acuerdo.
4. No habría relaciones íntimas a menos que ambas partes lo desearan explícitamente (esa cláusula la hizo sonrojarse).
5. En caso de que cualquiera rompiera el acuerdo antes del plazo, habría consecuencias legales y financieras.
Emily cerró la carpeta y levantó la mirada hacia Alexander. -¿Qué pasa si alguien descubre la verdad?
Alexander apoyó las manos sobre la mesa, mirándola con seriedad. -Eso no sucederá. He tomado precauciones para garantizar que todo quede entre nosotros. Además, ambos actuaremos como si fuera real. La gente creerá lo que les mostremos.
Emily tamborileó los dedos sobre la carpeta. -Esto es... mucho. ¿Qué pasa si una revista decide investigarnos? ¿Qué pasa si alguien hace demasiadas preguntas?
-Tengo experiencia manejando a la prensa, Emily. Nadie pondrá en peligro este acuerdo.
Ella lo miró fijamente, intentando descifrarlo. Había algo inquietantemente controlado en Alexander, como si estuviera acostumbrado a salirse con la suya. Pero no podía negar que era convincente.
-Hay algo que no entiendo -dijo finalmente. -¿Por qué no eliges a alguien de tu mundo? Una de esas mujeres perfectamente arregladas y entrenadas para lidiar con tu estilo de vida. Yo no encajo.
Alexander la observó en silencio durante unos segundos antes de responder. -Precisamente por eso. Las personas de mi entorno siempre tienen sus propias agendas. Contigo, sé que esto será un trato justo. Además... -dudó por un instante-, no busco complicaciones emocionales. Tú tampoco las buscas, ¿verdad?
Emily no respondió de inmediato. En cierto sentido, él tenía razón. Estaba demasiado centrada en salvar la galería como para pensar en el amor. Finalmente, asintió.
-Está bien. Supongamos que acepto. Quiero que añadamos una cláusula al contrato.
-¿Cuál? -preguntó Alexander, arqueando una ceja.
-Que no interfieras en mi vida más de lo necesario. Mi trabajo, mi galería, mis amigos... todo sigue siendo mío. No quiero que uses esto como excusa para controlar lo que hago.
Alexander se cruzó de brazos, considerándolo. Finalmente, asintió. -De acuerdo. Siempre que cumplas con tu parte del trato en público, no tengo problemas con eso.
Emily soltó un suspiro de alivio. -Bien. ¿Cuándo comenzamos?
Alexander sonrió ligeramente, aunque había algo en su mirada que la hizo sentir como si acabara de sellar un pacto con el diablo. -Lo antes posible. Hay mucho que organizar.
***
Los días siguientes fueron un torbellino. Emily fue introducida al equipo personal de Alexander, que se encargó de transformar su imagen. Aunque se resistió al principio, finalmente aceptó algunas sugerencias: un guardarropa más elegante y algunas lecciones rápidas sobre etiqueta. La primera vez que se vio en el espejo con un vestido negro ajustado y tacones altos, apenas se reconoció.
-Te ves increíble, Emily -dijo Clara, emocionada, cuando Emily le mostró el resultado. -Es como si fueras una actriz de una película.
-O una impostora -murmuró Emily, ajustándose el collar. -Todavía no sé cómo terminé aceptando esto.
Clara la abrazó por los hombros. -Porque eres valiente. Y porque sabes que no hay otra opción.
Mientras tanto, Alexander se encargaba de los preparativos legales y mediáticos. Su equipo de relaciones públicas estaba preparando un comunicado sobre su compromiso, y habían programado una cena con algunos socios importantes para presentar oficialmente a Emily como su prometida.
***
La noche de la cena llegó rápidamente. Emily estaba de pie frente a la entrada de un salón de eventos exclusivo, vestida con un vestido rojo que había costado más de lo que ella ganaba en un mes. Alexander, a su lado, estaba impecable con un traje negro. Parecía tan relajado que Emily sintió una punzada de envidia.
-¿Estás lista? -le preguntó, ofreciéndole su brazo.
Emily tomó aire profundamente y lo aceptó. -No, pero aquí vamos.
El salón estaba lleno de personas influyentes. Empresarios, políticos, socialités. Alexander y Emily caminaron entre ellos, recibiendo felicitaciones y miradas curiosas. Aunque él parecía perfectamente en su elemento, Emily sentía cada par de ojos sobre ella, evaluándola.
En un momento, una mujer rubia alta y elegantemente vestida se acercó a ellos. Sus ojos se posaron en Emily con una sonrisa que no llegó a sus labios.
-Alexander. Qué sorpresa verte aquí. -Luego miró a Emily-. ¿Y tú debes ser Emily, la famosa prometida?
-Así es. -Alexander puso una mano en la espalda de Emily, guiándola hacia adelante. -Emily, esta es Victoria Hayes, una vieja amiga de la familia.
Emily estrechó la mano de Victoria, sintiendo de inmediato una tensión en el aire. -Un placer conocerte.
Victoria sonrió, pero había algo depredador en su expresión. -Igualmente. Aunque debo admitir que fue una sorpresa enterarme de su compromiso. Alexander nunca mencionó que estuviera saliendo con alguien.
Emily sintió un escalofrío, pero mantuvo la compostura. -Bueno, supongo que a veces las mejores cosas llegan sin previo aviso.
Alexander intervino rápidamente. -Victoria, ¿me disculpas? Hay alguien que quiero que Emily conozca.
Mientras se alejaban, Emily susurró: -¿Quién demonios es ella?
-Alguien que disfruta husmeando donde no debe -respondió Alexander, con un tono más tenso de lo habitual. -No te preocupes por ella.
Emily no estaba tan segura. Algo en la mirada de Victoria le decía que no iba a dejar el asunto ahí.
***
Esa noche, cuando finalmente regresaron al apartamento que Alexander había acondicionado para ella, Emily lo confrontó.
-Alexander, esto no va a ser tan simple como dijiste. Las personas como Victoria van a investigar, y si encuentran algo...
-No lo harán -dijo él, quitándose la chaqueta y dejándola sobre una silla. -Confía en mí. Todo está bajo control.
Emily lo miró con frustración. -Eso es fácil de decir cuando tienes experiencia lidiando con esto. Pero yo no estoy acostumbrada a mentirle a todo el mundo.
Alexander se detuvo y la miró con más atención. -¿Estás diciendo que te arrepientes?
Emily apretó los labios, sin responder de inmediato. Finalmente, suspiró. -No. Sólo digo que no será tan fácil como pensaba.
Alexander se acercó y, para su sorpresa, suavizó el tono. -Emily, sé que no es sencillo. Pero confía en mí. Lo superaremos. Esto es sólo el principio.
Ella lo miró, buscando alguna señal de vulnerabilidad. Pero Alexander Blake seguía siendo un enigma, una mezcla de confianza in
quebrantable y secretos bien guardados. Emily no sabía si podía confiar en él, pero ya estaba demasiado involucrada como para retroceder.