"¡Ni se te ocurra ofender al maestro Ernest con tus tonterías, Ana!, puede ser un feo lisiado, ¡pero aun así es el primogénito de la familia Heinz!"
El padre de Ana, Alan Parvis, le advirtió con frialdad. Por eso Ana, bajo esa severa advertencia, no pudo evitar colocar una expresión irónica, viéndose en el espejo en donde estaba vestida con un vestido de novia champán. Que no le quedaba para nada bien. Pero que aún así, no se pudo quejar y solo sostuvo el ramo descuidado.
Mirando a su padre ladrar.
"Ayer firmé los papeles oficiales para convertirme en la esposa de Ernest Heinz, y hoy me casare por la iglesia con él. Así que no creo que puedas seguir hablándome de manera tan imprudente como ahora, padre"
Le dijo Ana con seriedad. Sin tardar Alan en reírse con absurdo al ver como se le alzaba de manera tan descarada su patética hija solo porque ahora cuenta con el apellido de la familia Heinz.
Era enserio una impertinente a los ojos de Alan. Que le grito más furioso.
"¡Ya te has vuelto tan arrogante tras firmar un papel, y ni siquiera te has casado todavía por la iglesia!, ¡conoce adecuadamente tu posición Ana!"
"¿Cuál posición?, hasta ahora mi padre no me ha dado el derecho de tener una. Usted es el que actúa tan altanero conmigo todos los días"
"¡Porque eres una mera bastarda!"
Alan gritó y reveló el secreto de la familia. Con sus ojos llenos de ira dándole una mirada asesina a Ana. Haciendo que ella apretara su mandíbula.
Porque durante años, a los ojos de todo el mundo solo era la hija menos querida de la familia Parvis, por no ser sobresaliente en nada y tener una mala personalidad según las palabras de su padre y su madre. Cuando en sí, solo era odiada por ser producto de una infidelidad que tuvo Alan con una empleada de la casa.
Algo que tuvo que tapar, agregándola al registro familiar como una hija nacida de la esposa principal para no ser criticado. Viviendo Ana toda su vida siendo despreciada por esa familia.
Cuando ella no tuvo la culpa de nada.
"¿Cómo crees que reaccionará la familia Heiz si se enteran que enviaste a tu mera hija bastarda a casarse con alguien de su familia?, ¿crees que te darán los beneficios que te prometieron por enviar a una de sus hijas?"
Ana lo miro sin emoción. Sin perderse como la expresión de Alan se volvió peor ante la mención de esas palabras, tomándola de su brazo como mucha fuerza que le hizo causar dolor.
"Ni se te ocurra abrir esa maldita boca Ana. Porque si te atreves a anunciar que eres una sucia bastarda, entonces será tu madre la que pagará todo. Y también te destruire tu vida y ya no podrás seguir estudiando la maldita carrera que querías"
"..."
Era una pura amenaza llena de odio. Pero de la que Ana sabía que su padre sería capaz de realizar. Ya que ella no tenía poder en nada. Y si Alan quería destruir a su madre y a ella quienes eran simples personas, entonces sería más que capaz. Por eso se quedó callada y apartó la mirada de él.
Todavía no era momento de revelarse en su totalidad.
"...Vamos a entrar a la iglesia de una vez. No sería bueno hacer esperar a los invitados."
"Bien, así me gusta. Solo termina de casarte por la iglesia y quédate tranquila sin actuar descarada. Porque eso es lo que merezco cuando te he criado todo este tiempo."
'Criado mi trasero.'
Ana quería escupirle en la cara. Porque durante veintitrés años, ella no había sido criada por él, y solo había sido descuidada en un sótano en donde sólo recibía todo tipo de maltratos.
Sin embargo, no podía manifestar lo que pensaba. Y solo salió del salón de preparación sosteniendo el brazo de Alan, para entrar a la iglesia y estar bajo todo tipo de miradas. Y en especial, la mirada de un hombre en silla de ruedas con la mitad de su cara cicatrizada. A quien le generaba mucho desagrado a las personas que lo miraban en el altar.
Sintiendo Ana mucha compasión por él mientras caminaba al altar con Alan. Dándose cuenta que la posición de su esposo no era mejor que la de ella.
Al ser fríamente juzgado por su condición y su apariencia.
"Tome maestro Ernest"
Alan le entrego la mano de Ana a Ernets tan pronto como llegaron al altar, para después huir rápidamente por todo el asco que le produjo ver su cara con cicatrices. Empezando Ana en su mente a maldecir su actitud inapropiada.
Pero solo un momento, porque su atención se concentro después en el hombre frente a ella. Que la miraba fijamente sin decir nada. Sonriendo Ana apenada detrás del velo.
"Es la primera vez que nos conocemos. A pesar de que nos convertiremos en esposos en esta ceremonia"
Le dijo en voz baja mientras se inclinaba un poco todavía sosteniendo su mano para romper la tensión entre los dos. Recibiendo una sonrisa torcida de Ernets, por la actitud que le mostraba ella sin nada de temor ni repulsión.
Cosa que le hizo tener una ligera extraña impresión.
"Quiero que esta ceremonia termine rápido. Es molesto estar bajo la mirada de todas estas personas..."
Ernest habló despues de un momento bajando la cabeza con una expresión que denotaba incomodidad. Haciendo sentir a Ana mal.
'Ciertamente debe de ser molesto ¿verdad?'
Lo miro en silencio apretando su mano. Para luego mirar al frente parándose erguida, indicándole al pastor que podía iniciar la ceremonia.
Comenzando asi la ceremonia, bajo muchas risas disimuladas y miradas despectivas. Cosa que Ana ignoró todo el tiempo.
Incluso cuando el pastor se dirigió a ella con la pregunta más importante de la ceremonia de bodas tras intercambiar los anillos.
"¿Acepta usted, estar en la salud, en la enfermedad, en la pobreza, y en la riqueza, con el hombre Ernets Heinz, hasta que la muerte los separe?"
El pastor la miró. Con compasión de ver que se casará con un hombre que no contaba con la capacidad de hacerla su mujer. Pero eso, a Ana no le importó. Y solo respondió sin un momento de duda en su expresión.
"Si, acepto"
Ganándose nuevamente la sorpresa de su futuro esposo, quien sostenía su mano analizando toda su expresión. Hasta que el pastor se dirigió a él, con la misma pregunta, solo que con una mirada de desagrado.
"¿Acepta usted, estar en la salud, en la enfermedad, en la pobreza, y en la riqueza con la mujer Ana Parvis hasta que la muerte los separe?"
Mostro desgana al final. Pero Ernets respondió con una mirada que detonaba timidez. Logrando verse más repulsivo para la gente que lo miraba. Y en especial la gente que tenía una vista absoluta de la mitad de su cara fea.
"Si, acepto"
Aunque honestamente solo estaba concentrado en Ana. Quien le sonrió ampliamente debajo del velo en cuanto acepto.
"Entonces, los declaro marido y mujer, puede besar a la novia"
El pastor alzó sus manos y dijo en voz alta. Oyendose después, las risas no disimuladas de los invitados, porque no había forma de que Ernest pudiera ponerse de pie y hacer tal cosa como besar a la novia.
Ya que era un patético lisiado con una cara monstruosa.
Por eso el pastor entró en si y estaba por decir que no era necesario que lo hiciera. Sin embargo, Ana se inclinó ante Ernest apoyándose en su silla de ruedas antes de que pudiera, viendo como él la mirada con un ligero destello insinuante en su mirada. Por lo que veía que estaba a punto de hacer.
Hablándole de una manera en la que solo ellos dos pudieran escuchar el contenido de sus palabras.
"Esta será mi primera vez...pero ahora que somos esposos es mi deber apoyarte en todo. Así que espero que nos llevemos bien"
"..."
Dejo de apoyarse con una de sus manos en la silla de ruedas y alzo su velo para cubrirlos a los dos debajo de él. Estando nerviosa con su rostro sonrojado, porque esa sería la primera vez que besaba alguien. Así que tomar tanta iniciativa para dar un beso, hacia que las palmas de sus manos sudaran.
Aunque no era tiempo de que dudara. Y bajo la mirada penetrante de los invitados y de Ernerst, tomo la iniciativa de acercar más su rostro y besarlo al cerrar sus ojos. Moviendo nerviosamente sus labios en los de él.
Oficializando su unión como marido y mujer, aunque fuera un matrimonio arreglado.
Ese beso lento, que Ana le dio a Ernest, hizo que la multitud que observaba se exaltara asqueada.
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"¿Cómo es qué-?"
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Queriendo saber cómo fue que la novia se atrevió a tanto para besar a un hombre con una apariencia tan repugnante.
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Y lo mismo se preguntaba Alan y su esposa en sus asientos, pero a fin de todo su asco, estaban satisfechos de ver que la bastarda de Ana era complaciente con ese lisiado. Ya que no seria malo que se ganara el favor de él, por más que sea solo un hombre sin poder.
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Sin embargo, Ana sin saber esas cosas, dejó de besar a Enerst tras abrir sus ojos. Estando tan avergonzada que apartó la mirada en cuanto vio que él la miraba fijamente aturdido.
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Por ver que lo había besado sin asco alguno durante un buen tiempo.
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'¿Quien diría que me casaría con esta clase de mujer?'
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Ernest sintió una buena emoción. Al ver que por primera vez la mala intención de su familia, resultó en algo bueno. Por haberle dado una esposa que se veía que seguiría siendo muy interesante.
Tan solo por ver como después tomo su mano nuevamente con un aire de timidez.
(...)
Después de eso no hubo una fiesta de bodas ni nada por la situación de Ernest, así que la pareja de esposos solo se despidió hacia la mansión de Ernest, con la conducción del viejo Paul, el mayordomo de él.
Aprovechando Ana, la oportunidad de presentarse bien mientras estaba sentada en los asientos de atrás con su ahora esposo.
"No he tenido la oportunidad de decirlo, pero espero nos llevemos bien. Soy Ana, la segunda hija de la familia Parvis, aunque eso es de lo que usted debe de estar al tanto..."
Ana se rió con torpeza mientras se quitaba el velo de novia. Empezando Ernest, a dedicarle una mirada indiferente, con los rayos del sol acentuándose en la mitad de su cara cicatrizada, haciendo que se vea muy mal, pero por parte de Ana no hubo reacción. Y solo lo miro con una hermosa sonrisa esperando que él hablara.
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"¿No sientes desagrado de casarte con alguien lisiado y feo como yo?"
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"¿Eh?"
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Lo cual fue una pregunta directa que no esperaba. Haciendo enojar un poco a Ana frunciendo sus delgadas cejas.
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"No tiene porque referirse a usted de esa forma. Que no pueda caminar y que tenga esas cicatrices, no es algo por lo que me debería incomodar. Además..."
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"¿Qué..?"
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Ernest se asombró de sus palabras y su repentino acercamiento. Abriendo los ojos por ver como Ana acariciaba la mitad de su rostro que estaba feo, mirándolo con un destello muy serio al volver a hablar.
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"Puede estar herido...pero incluso así no puede ocultar las bonitas facciones que tiene. Usted tiene un rostro muy bonito con unos ojos tan brillantes"
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"..."
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No parecía mentir al decirlo al mostrar una cálida sonrisa. Por eso Ernest, y el viejo Paul que conducía el auto, se quedaron asombrados. Pensando que en verdad era una extraña mujer.
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Diferente a lo que habían investigado.
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Tardando Ernest en reaccionar, para después sostener la muñeca de la mano que lo acariciaba. Sonriendo traviesamente.
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"¿Entonces fue por eso que no te molesto besarme tan descaradamente?"
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"¡E-era para no dejarlo colgado a usted y porque se requería!"
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Ana reprochó, dejando de acariciarlo para después separarse con su rostro rojo mirando al frente. Escuchando una clara risa después, de parte de Ernest.
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Riéndose tan alegremente que los ojos verdes de Ana se abrieron. Por ver que ya no emitía la misma timidez que emitía en el altar.
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Y solo se veía lleno de confianza. Algo que la dejo cautiva durante unos segundos.
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"D-de todas maneras, es necesario que pregunte esto. ¿pero qué papel quiere que haga como su esposa?. Este matrimonio fue arreglado y ninguno de los dos se ama...así que quiero saber, ¿que quiere que haga al ser la esposa de usted?"
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Ana lo volvió a mirar, pero con seriedad. Enserio con la intención de saber como quería que actuara a partir de ahora.
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Debido a que el día anterior de la boda ya había firmado los papeles que validaban su unión con un abogado, volviéndose legalmente Ana Heinz, la esposa de Ernest Heinz fuera de la ceremonia de bodas.
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Sin embargo, Ernest solo siguió con un aire más tranquilo fuera de la seriedad de ella. Mirándola con una expresión ligeramente ladeada. Queriendo decirle que no necesitaba nada de ella, pero se arrepintió y dijo otra cosa.
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"¿Qué es lo que me puedes ofrecer como mi esposa?" Le preguntó. La verdad con una ligera curiosidad.
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Dudando Ana unos momentos antes de responder con evidente tristeza, debido a que no tenía nada que ofrecer más que ella misma al final.
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"Yo no soy querida en la familia Parvis, así que no le puedo garantizar su favor. Y todavía me falta un año para graduarme de la universidad como profesora, por eso lo único que le puedo ofrecer como su esposa, es mi lealtad y compañía. Asegurando de que lo cuidaré apropiadamente"
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"Entonces eso es suficiente. Ese es el papel que quiero que cumplas fielmente, y lo mismo yo haré."
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Dijo Ernest, volviéndose la expresión de Ana bastante conmovida. Al ver que su esposo, era un hombre de muy buen corazón. Y podía ver que se llevarían bien.
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Aún cuando él no podía complacerla como su esposo en su totalidad debido a su discapacidad, aún así, podía tener una vida feliz y tranquila.
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"Me encargaré de cuidarlo bien"
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Por eso le dedico una sonrisa llena de sinceridad tomando su mano, algo que no desaprovecho Ernest sonriendo languidamente.
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Para después actuar lamentable desviando su mirada a sus piernas inmóviles.
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"A pesar de que no pueda complacerte, Ana, aún así me gustaría tener un poco de relación marital contigo dentro de mi capacidad...pero por supuesto si no te desagrada que te bese y acaricie alguien como yo..."
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"¡De ninguna manera me puede molestar que lo haga!"
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Ana alzó la voz y declaro con seguridad sosteniendo con más fuerza su mano. Lamentando la poca confianza que tenía Ernest debido a su estado, aunque era evidente. Porque tan solo por ver las miradas despectivas y escuchar los comentarios en el altar llenos de desprecio hacia él, era normal que pensara mal de si mismo.
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Pero ella no pensaba eso de él, mejor dicho, no tenía derecho alguno de hacerlo al ser solo una hija bastarda. Una existencia que también era despreciada. Y que por eso también creció escuchando todo tipo de cosas malas.
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Así que nunca denigraria a una persona de esa forma. Y menos a alguien de tan buen corazón. Que no se merecía bajar la cabeza como si fuera una repulsión solo por como lo han tratado.
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"Nos convertimos en esposos, si quiere besarme y tocarme no me molestare de ninguna manera. Seria feliz de que lo hiciera"
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Le dijo Ana.
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Con honestidad porque enserio no le disgustaba. Además, de que sabia que esa era su obligación marital. Y podía imaginar la tristeza de Ernest al saber que no la puede complacer como hombre en su totalidad.
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Por eso Ernest, al escuchar sus palabras serias sin una pizca de vacilación. Sus ojos no pudieron evitar brillar por un momento peligrosamente, por la gran esposa de buen corazón con la se casó.
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Que no tardó en volver a mirarla para ver su hermoso rostro. Llena de una gran mirada tan apasionada que su deseo aumento un poco más.
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"Entonces...¿me podrías besar ahora Ana?"
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La miraba fijamente. Apretando la mano que por un momento sintió que tembló. Antes de verla asentir seriamente con su rostro rojo. Actuando tímidamente.
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"Como dije en el altar...no tengo experiencia en esta clase de cosas. Así que puede no ser una experiencia tan agradable"
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"Eso no es algo que me importa"
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Ernest insistió. Todavía esperando ansiosamente un beso de ella. Que ante tanta expectativa, Ana soltó su mano y tomó su rostro con sus dos manos. Teniendo más facilidad de besarlo tras acercar su rostro.
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Por eso, los ojos de Ernest brillaron más. Al sentir como su pequeña esposa lo besaba cada vez más nerviosamente con mucha torpeza acercándose a él tocando el feo lado de su rostro.
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Volviéndose el viaje a su mansión más agradable de lo que esperaba en verdad.
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(...)
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"Déjeme empujar la silla de ruedas por usted"
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Ana tomo la iniciativa de empujarlo, tan pronto cono Paul lo ayudo a bajar del auto frente a la mansión. La cual estaba acondicionada para que él entrara sin problemas con una rampa.
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Aprovechando Ana la oportunidad de demostrar que si podía cuidar de él, al empujarlo sobre la rampa sin ninguna dificultad. Logrando que Ernest sonriera dejando que ella hiciera lo que quiera.
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Viendo Paul esa escena.
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"Esta mansión ahora es tu hogar Ana"
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Ernest le declaro, haciéndole una seña a los guardias de seguridad para que abrieran la puerta. Empujándolo Ana, con la silla de ruedas hacia dentro, con una cara maravillada.
"Es una mansión muy hermosa...usted vive en un agradable lugar"
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Alabo sincera. Pensando que ni siquiera podía compararse con la mansión de la familia Parvis, la cual a pesar de ser una familia bastante adinerada con ligera influencia, aún así, veía que no podía compararse con la mansión de un miembro de la familia Heinz.
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Sin embargo, algo de lo que dijo en su oración, no le agradó a Ernest.
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"Sigues dirigiéndote a mi con demasiada formalidad, Ana. Quisiera que me tutearas con libertad. Después de todo somos esposos ¿no?"
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Le cuestiono girando un poco la cabeza hacia arriba para mirarla. Admitiendo Ana que lo que decía Ernest era cierto en gran medida.
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"Entonces, te llamaré con más comodidad, Ernest..."
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Dijo su nombre con una sonrisa. Pero aún así no era suficiente para él. Pidiéndole que se detuviera de empujar la silla de ruedas.
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"Quisiera que me llamaras por un apodo cariñoso, que de a entender que tenemos una unión especial, Ana"
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"Ah..."
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Le señalo el anillo de bodas que era a juego con el que tenía ella. Por eso Ana se rió bastante gustosa. Admitiendo que definitivamente Ernest era diferente a lo mostro en la ceremonia de bodas. Teniendo una personalidad bastante autoritaria a lo que mostraba.
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Que la hizo inclinarse mientras besaba suavemente el lado de su frente cicatrizada. Sin ningún indicio de molestia. Lo cual conmovió al viejo Paul, quien estaba satisfecho de ver que Ana era una buena mujer.
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"Si quieres que te llame de manera cariñosa, entonces te diré cariño, ¿que te parece cariño?" Se rió al final.
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Sin desaprovechar Ernest la oportunidad de verla inclinada, para atraerla del cuello y besarla fogosamente.
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Haciendo sonrojar una vez más a Ana. Viendo como Ernest acariciaba sus labios con suavidad después de ese beso. Con un brillo peligroso en sus ojos que parecían como si una bestia estuviera deseando comer a su presa.
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"Me agrada como se escucha cuando me llamas de esa manera"
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"E-entonces te llamaré cariño a partir de ahora"
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"Seria feliz de que lo hicieras"
La puerta de la oficina se cerró. Y no tardo en escucharse unas palabras llenas de admiración de parte de Paul.
"Señor, la señora Ana terminó siendo muy diferente a lo que se investigó. Resulto ser una buena mujer que no lo discriminó, e incluso no tuvo miedo de verlo con su piel falsa."
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"Para mí también fue una sorpresa Paul"
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Ernest se levantó de la silla de ruedas y admitió ante las palabras de su mayordomo. Quitándose la máscara de piel cicatrizada, que era difícil de detectar que fuera falsa incluso con el mejor ojo, y ahora mostrando un rostro puramente limpio y atractivo. Que los que lo apodaron como un monstruo feo se quedarían sin palabras.
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"Mi pequeño hermano quiso que me casara con una mujer para que me intimidara y me hiciera pasar humillaciones. Pero resultó darme todo lo contrario, Ana es una mujer demasiado interesante. Tuvo una gran recompensa el matrimonio"
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"Estoy de acuerdo señor"
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Paul asintió con una reverencia. Caminando Ernest hacia su escritorio, y sentándose con sus piernas largas. Un poco cansado, de tener que fingir no poder caminar hoy.
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Aunque llevaba diez años fingiendo no hacerlo luego de estar involucrado en un accidente cuando tenía dieciocho años, y ahora que estaba casado con Ana, tendría que cuidar aún más su disfraz. Ya que todavía, a pesar de que le dio una buena impresión a Ernest, aún así no era suficiente para confiarle un secreto tan importante a ella.
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Primero tenía que seguir conociéndola. Porque no iba a arruinar su plan de muchos años por un sentimiento fugaz. De nada habría valido la pena fingir ser débil durante diez años con un disfraz.
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"¿Ordenaste las cosas que llegaron de la mansión Parvis en su habitación?"
Ernest preguntó. Contestando con seriedad el mayordomo viéndolo leer unos documentos con una expresión seria.
"Si señor, pedí que ordenaran todo lo que fue enviado de la mansión Parvis. Solo fueron pocas cosas..."
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"Bien, pero ahora quiero que trasladen sus cosas a mi habitación. Cambie de idea al no dormir con ella"
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Eso sorprendió a Paul. Mirando a su joven maestro con los ojos bien abiertos. Dudando de aceptar su petición.
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"Señor...¿no será difícil mantener su disfraz?, será complicado e incómodo en la noche si tiene que fingir ser lisiado y dormir con la máscara puesta. Le recomiendo que mejor deje a la señora Ana en una habitación diferente para que tenga comodidad y-"
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"No"
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Ernest lo interrumpió y mantuvo una negativa, dedicándole una mirada cortante a su mayordomo.
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Antes, no quería compartir habitación con Ana porque ya había leído la información de como era ella, y estaba dispuesto a mantener su distancia tras casarse para que no se relacione en sus asuntos. Sin embargo, ese pensamiento se desvaneció un poco.
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Aún sino confiaba en ella en su totalidad para decirle su secreto, la idea de estar más íntimo con ella no le desagradaba, al contrario, sería bastante satisfactorio para él ser más íntimos. Después de todo, ya se han besado varias veces cuando eso no estaba en sus planes al momento en que llego al altar.
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Y sobretodo...Ana era una mujer muy hermosa sin igual. Con una cabellera rubia y unos ojos verdes muy brillantes. Además, de que tenía un carácter y una personalidad que le gustaba bastante.
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Llegando a sorprenderlo a él mismo de eso.
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"No dejaré que descubra que no estoy lisiado y que estoy usando una máscara de piel. Así que no preocupes Paul, y traslada las cosas de ella a mi habitación. Yo mismo le informaré de ese cambio una vez que termine de cambiarse"
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"...Entendido señor"
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Ante eso Paul, ya no pudo decir nada más. Y solo se dio la vuelta para salir de la oficina y cumplir la orden que le dio Ernest. Dejándolo solo, pero con el pensamiento de que la verdad, la mala intención de su familia enserio resulto muy agradable en esta ocasión.
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(...)
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"...Dije que cuidaría de él, ¿así que esta bien que me encargue de sus comidas verdad?"
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Ahora mismo, Ana debatía para si misma en la cocina. Había logrado saber dónde quedaba después de cambiarse su vestido de novia a una muda casual, gracias a una empleada que pasó por el pasillo que la guió con amabilidad. Y ahora, había pedido que le den la oportunidad de cocinar.
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No sabia que le gustaba a Ernest, ni que clase de comidas no podría comer. Por eso se puso un delantal y se ató su cabello, examinando la dispensa y el refrigerador con seriedad, viendo que solo había ingredientes saludables que eran bastantes caros. Algo que ella nunca tuvo la oportunidad de comer.
"...Creo, que hay cinco mil en esta parte de la nevera"
Trago grueso al mirar las etiquetas de precios de algunas cosas. En tan solo la comida, ya superaba por mucho sus gastos de vida en dos años. Así que le daba dolor usar esos ingredientes.
Pero al final, dejó el remordimiento y lo hizo. Empezando a preparar una cena ligera para Ernest. Pensando que más tarde le preguntaría que le gustaba en profundidad.
Sin embargo, cuando estaba terminando, él mismo apareció en la cocina siendo empujado en su silla de ruedas por Paul, con una mirada tan desconcertante al encontrarse con la vista de ver a Ana cocinar.
"¡Ah, cariño!"
"..."
Ana, lo saludo en el momento en que se percató de su presencia. Se acercó a él apresuradamente y se agachó cerca de sus piernas con una hermosa sonrisa. Haciéndolo sentir aún más extraño.
Con cada segundo admitiendo que tenerla de esposa no era para nada malo. Y que la decisión de compartir habitación con ella, estaba justificada con seriedad.
"Cariño, fui a buscarte a donde estabas cambiandote. Y resultó que estabas aquí"
Ernest empezó a mencionar. Sin tardar Ana en tomar sus manos asintiendo.
"Antes dije que cuidaría de ti cariño, así que pensé en encargarme de tus comidas"
"...Eso no es-"
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Ernest estaba a punto de decir que no era necesario que ella se encargara de eso cuando tenían uno de los mejores chef del país. Pero rápidamente cambió de opinión. Si quiere mimarlo y cuidarlo de esa manera, no era algo a lo que negarse. Deja que haga lo que quiera.
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"¿Qué fue lo que preparaste cariño?"
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Así que al final cambió su oración. Volviendo Ana a ponerse de pie, mientras le decía a Paul que ella empujaría su silla de ruedas para acercarlo a lo que había cocinado. Encontrándose Ernest, nuevamente una vista sorprendente al ver la comida.
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La cual se veía con una buena presentación.
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"Se ve bastante bien cariño"
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Reconoció agradablemente. Causando que una gran sonrisa apareciera de parte de Ana, mostrándose muy abiertamente en su rostro mientras se inclinaba un poco.
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"Entonces pruébalo ahora cariño" le sugirió expectante.
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Desconcertado a Ernest que la miro dos veces, esperando que lo empujara al comedor lujoso de su mansión para probarla. Pero al final solo lo guió a un mesón bajo, poniendo su comida delante. Teniendo una mirada plana.
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Debido a que hoy fue la primera vez en que entró a la cocina solo para buscar a Ana, ya que no le gustaba que su ropa absorbiera el olor del lugar. Pero ahora tener que comer en ese lugar, era un poco incapaz de manejar.
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"Vamos cariño"
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"..."
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Sin embargo, al ver la expresión brillante de la esposa que tenía frente a él, esperando que probara lo que hizo. No pudo seguir manteniéndose receloso, y solo empezó a comer como los empleados de la mansión lo hacen usualmente.
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Sorprendiendo a el viejo Paul. Abriendo los ojos ante la imagen de ver a su joven maestro comiendo sin quejas en un lugar como la cocina junto a Ana.
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Definitivamente era una imagen rara.
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"...Estuvo muy delicioso. Si mi esposa me cuidará así, entonces seré muy feliz todos los días"
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Ernest vació el plato de comida y alabó. Mostrándose Ana bastante contenta con una sonrisa tan brillante.
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Si era capaz de hacerlo sentir bien al preparar sus comidas, entonces lo haría todos los días. Aunque recordó su realidad.
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"Puedo hacerte el desayuno y la cena a partir de ahora cariño, pero no puedo hacerte el almuerzo debido a que estaré en la universidad. Mañana tengo que asistir nuevamente"
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Lo miro con pena. Ayer y hoy no había ido por todo el asunto del matrimonio, así que tenía que ir mañana sin falta porque quería conseguir una beca en este próximo semestre. Por eso Ernest, bajo la cabeza un poco entristecido. Ganándose más la compasión de Ana que se acercó a él. Acariciando con suavidad su rostro.
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"Se me olvidó un momento que eras una estudiante universitaria..."
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Dijo Ernest en voz baja, bajo la caricia de Ana que llegó a su máscara de piel falsa. Efectivamente, sin poder notar que eran cicatrices que no eran de él. Ya que se veía y se sentía como una misma herida.
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Por eso Ernest la miró, nuevamente sin notar ningún cambio en su expresión que denotara incomodidad por él y su rostro. Algo que le llegó a agradar, pero que era tan sospechoso que le generaba mucha curiosidad. Olvidándose del tema de la universidad por ahora.
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"Cariño...¿enserio no sientes disgusto al tocarme de esa manera?, la mitad de mi cara está llena de feas cicatrices debido a mi accidente. Y se por mí mismo el aspecto desagradable que me da..."
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La miro con pena, queriendo saber.
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Bien sea compasión o lastima lo que sienta Ana para tratarlo así, aún así, era imposible que no mostrara molestia. Aunque la disimule bien, como algunas mujeres que conoció en el pasado luego de su accidente. Que solo bastaba empujarlas más para que mostraran sus verdaderos colores. Y revelarán que solo aguantaban su apariencia monstruosa por el dinero que tenía él, al ser miembro de la familia Heinz.
Sin embargo, su comentario con una intención sutil. Solo hizo que Ana se enojara una vez más como en el auto, con sus cejas tan fruncidas que Ernest quiso retroceder por primera vez.
"¡Ya te dicho que no te expreses de ti de manera tan despectiva!. El hecho de que tengas esas cicatrices no quiere decir que tengas un aspecto repulsivo que me genere disgusto al tocarte, al contrario, me alegra de tener esa cercanía contigo. Estamos casados por un matrimonio arreglado, así que soy feliz de comenzar nuestra relación de esa manera..."
"..."
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Lo miro con seriedad acariciando más la parte de su rostro feo. Con sus ojos verdes brillando tan intensamente, mostrando su clara honestidad. Por eso Ernest la miro en silencio. Al ver que no podía sentir ninguna mentira. Ni un intento de convencerse a sí misma de que actuara así para ganarse más su favor.
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La verdad no sabia que decir. Salvo aprovechar la situación y actuar con más pena, con una actitud tan vergonzosa que hizo que Ana dejara su molestia y lo mimara.
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"Lo siento cariño...es que no estoy acostumbrado a que alguien no sienta molestia y repulsión por mi. Por eso es inevitable decir cosas así cuando alguien es bueno conmigo..."
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"Esta bien...perdona por gritarte enojada. Debí responder con más calma a tu pregunta cariño"
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Ana, se disculpó y lo besó nuevamente en el lado cicatrizado de su cara. Por eso Ernest hizo un puchero, actuando mimado con absoluto descaro. Llegando a indignar a Paul, de ver como su joven maestro actuaba solo para ser consentido por su esposa.
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"Quisiera que me besaras en mis labios en lugar de mi frente"
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Le pidió, sostenido la muñeca de la mano que todavía estaba puesta en su rostro, sin perderse el segundo en que el rostro de Ana enrojeció con timidez, antes de fruncir su boca y decidir besarlo en sus labios con suavidad.
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Encontrado Ernest esa reacción bastante encantadora.
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'Puede ser tan atrevida en varias oportunidades, pero si le ordenó directamente que me dé una muestra de afecto, su rostro puramente blanco pasa a ser rojo"
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Lo encontró gracioso.
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Aunque aún así, siguió disfrutando de los besos que le daba con tan poca experiencia. Olvidándose de mencionar que dormirian juntos en la misma habitación.