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Matrimonio con el alemán multimillonario

Matrimonio con el alemán multimillonario

Autor: : Viviane Hermann
Género: Romance
Soy la señora Schäfer. Esposa de un alemán millonario Alphonse Schäfer, soy hermosa y todos lo saben, el lo sabe, por eso fue que se arregló ese matrimonio, los que me tuvieron no pudieron conmigo, mucho menos complacerme. Las personas que nos rodean creen que somos un matrimonio perfecto y vivimos fingiendo serlo, aunque ambos sabemos que entre nosotros solo hay un acuerdo, un contrato y nada más. El amor no forma parte de esta relación. Lo único que quiero es su dinero y vivir una vida de lujo, aún que eso nos lleve a la mentira diaria, pero eso no me molesta por ahora, aún que sé que él, solo me quiere a mí... No creo que algún día cambie de opinión sobre nuestra relación, sólo quiero vivir y gastar todo lo que pueda, hasta que esa mentira se termine.

Capítulo 1 Leyna

Él se detiene y me

observa mientras que subo los cinco escalones restantes que me quedan para

alcanzarlo. Sonríe y luego los baja rápidamente. Me toma en brazos y me carga

como si fuese una pluma. Sube las escaleras y yo chillo por el vértigo que me

produce, él sonríe y suelta una risita.

-No te preocupes, no

voy a dejar que te caigas. - pronuncia en un murmuro. Permanezco en silencio y

trago el nudo que tengo en la garganta. Acaba de cargarme y debo admitir que

eso fue algo muy dulce.

Llegamos

a la suite para los novios y toma una llave de su bolsillo sin soltarme. Abre

la puerta y camina hacia la inmensa cama que se encuentra en medio de la

habitación. Me deja sobre el colchón con delicadeza y sonríe.

Se parta hacia un lado, es obvio que la situación se ha vuelto algo

incomoda. No quiero ni pensar cuando llegue el momento de dormir juntos o de

compartir la misma casa. Sé que todo será raro.

Me pongo de

pie, aliso mi amplia falda y luego me quito los zapatos. Los arrojo a un lado y

me acerco al espejo. Aun sigo viéndome muy bien. Tal vez solo deba retocar un

poco el rubor de mis mejillas y el brillo labial, pero eso puedo hacerlo yo

sola. Él me observa desde el otro lado de la habitación con detenimiento, de

una manera que logra desconcertarme solo un poco.

-De verdad, eres

hermosa. - emite con los brazos cruzado a la altura del pecho. No debe

intimidarme, pero lo hace. No me imaginaba este tipo de comentarios por mas

verdaderos que sean. No creí que me lo diría tan... frecuentemente.

No respondo a

su halago. No tengo nada que decir. Camino un par de pasos y observo el

perchero con los restantes cuatro vestidos blancos que debo estrenar. Tomo el

de la recepción y lo observo. Es tan hermoso como el primero. Corte sirena con

tul en la parte baja, escote corazón y pedrería en los bordes de él. Es

elegante y perfecto.

Coloco mi brazo

sobre la parte trasera del vestido que llevo puesto e intento quitármelo, pero

sé que no lo lograré. Volteo mi cabeza en dirección a Alphonse y veo como sonríe.

Comprendió mi mensaje sin ninguna palabra. Eso es bueno, no tendré que gastar saliva

en vano. Se acerca rápidamente y corre mi cabello a un lado. Dejo que mi mirada

recorra el suelo y muevo mis manos nerviosamente a la altura de mi abdomen.

Él comienza a desabotonar los delicados botones y cuando percibo que el

vestido comienza a aflojarse suelto un leve suspiro. Sus dedos se mueven sobre

mi espalda y permanezco quieta en todo momento. El cierre comienza a bajar

lentamente. Tomo la parte posterior del corsé para que no se vean mis pechos y

luego me volteo hacia la dirección contraria.

-Gracias. -Digo en un susurro.

-Fue un placer. -Responde

con la mirada cargada de felicidad.

Pierdo todo tipo de vergüenza y me

desvisto delante de él. Es mi esposo, sé que me verá así en cualquier momento,

no estoy segura si sucederá esta noche, pero ahora somos un matrimonio y por

más que no haya amor podemos tener sexo. Aún no me atrevo a hablar de ello,

apenas lo conozco, pero sé que sucederá cuando llegue el momento.

Él me observa de pies a cabeza. Solo

llevo la lencería de abajo blanca de encaje y las medias hasta la mitad del muslo del mismo material.

Su mirada se detiene en mis pechos y luego de unos segundos asciende hacia mi

rostro. No dice nada, parece perplejo. Intento reprimir todo tipo de deseos

extraños y me volteo hacia el perchero. Tomo el vestido de recepción y luego él

se acerca para ayudarme en completo silencio. Ya estoy lista. La celebración de

la boda está a punto de comenzar.

Tres semanas, hace exactamente tres semanas que no me toca. Y no me

importa. Jamás lo hemos hecho de la manera correcta. Ambos somos muy diferentes

en ese aspecto y eso me ha ayudado a entender que tal vez no somos lo

suficientemente compatibles. La relación no funciona. Siempre acabamos rápido y no disfrutamos de

lo que debemos como es debido. Sus besos son fríos, los míos también lo son y

eso no ayuda a que la situación mejore. Todo es fingido y de mala manera. Es

una obligación. Estoy completamente insatisfecha. Y aunque jamás hemos hablado

del tema, sé que él también lo está.

No le dirijo la palabra desde hace

varias semanas, porque no me interesa hacerlo. Ya no tenemos ningún tema de

conversación, lo poco que podíamos hablar en un año se fue consumiendo

lentamente. Incluso sobrevivir al desayuno se hace difícil. Oírlo es aburrido,

verlo no me genera nada especial y pensar en él y en lo poco que nos conocemos

me hace sentir deplorable, vacía...

Aún no sé por qué me necesita tanto,

solo comprendo que debo guardar las apariencias y conformarme con lo mucho que

tengo y con lo poco que él me da. Todos creen que somos un matrimonio perfecto,

aunque ambos sabemos que entre nosotros solo hay un acuerdo y sexo casual de

vez en cuando.

Sexo casual... eso no es suficiente. La

primera vez que lo hicimos creí que funcionaría, pero ambos nos equivocamos.

Me miro al espejo. Estoy

perfectamente vestida, como casi todas las mañanas. Si fuese una persona

corriente, seguramente estaría desayunando a las corridas y tomando mi bolso de

camino a la oficina, pero por suerte, mi vida no es así. No trabajo, él no me deja hacerlo.

Eres mi esposa, no tienes

necesidad de trabajar.

Me alegro, porque tampoco quiero

trabajar. Es mejor vivir mi vida llena de goces y gastos que estar encerrada en

una aburrida oficina firmando contratos con españoles, italianos y rusos como

él lo hace. Vivo la vida de una reina y me la paso de compras y citas en el spa

y salón de belleza. No tengo un límite en mis tarjetas de crédito, pero aun

así, con todo lo que el dinero puede comprar, me siento vacía...

No dejo de ver mi reflejo. Hay algo

diferente en mí, no soy la misma mujer de un año atrás, no me siento feliz, no

me siento especial, no me siento viva.

Soy consciente de que poseo una

belleza pocas veces vista. Suena egocéntrico y engreído, pero es la verdad. Si

no fuera hermosa, no tendría lo que tengo. Muchos me desean y de todos esos

hombres que quieren tenerme saben que solo uno puede aprovecharme al máximo y

la ironía de la situación es que él no lo hace.

No hablo de sentimientos, amor o

cariño. No es necesario, pero si al menos mi esposo y yo tuviéramos sexo

divertido de vez en cuando, todo sería diferente.

Recorro el extenso y lujoso pasillo

de la mansión y bajo las escaleras de mármol blanco. Vivo en un palacio, tengo

dos o tres empleados a mi disposición, cambio el modelo de mi coche cada tres

meses, obtengo lo que quiero, cuando quiero y como quiero, pero sigo

sintiéndome vacía.

No tengo vida. No una vida real.

Llego al elegante comedor y las

muchachas del servicio se mueven en sincronía para zarandear mi silla a un lado

y servir el zumo de naranja en el vaso de vidrio.

-Buenos días, señora. -Murmuran con

algo de miedo una de mis mucamas.

-Buenos días. -Digo sin ánimo alguno.

Ellas tal vez deben pensar que soy una bruja,

una despiadada, pero así me siento. No suelo tratar bien al personal, no se me

apetece hacerlo. Y más si me llaman "señora".

Me hacen sentir como una vieja. Solo tengo veinticinco, soy toda una

adolescente aún y no me siento como una adolescente. A veces creo que llevo la

aburrida vida de mi madre. No debo quejarme, no debo quejarme, es el título que

me toca.

Señora Schäfer, soy la señora Schäfer.

Esposa de un alemán millonario que vive en Londres.

Miro mi plato y frunzo el ceño al ver

los huevos revueltos. No tengo ánimos de comer eso, ni siquiera deseo comer.

Bebo un poco de jugo y mi "perfecto y amado" esposo aparece en el salón.

Luce su traje gris, típico de todos

los días. Cabello castaño claro muy usual en un alemán, ojos color azul y una

mala cara, que es la misma de todos los días. Es lo de siempre.

Se acerca a mí y me da un casto beso

en los labios. Es frío, seco y para nada cariñoso.

-¿Cómo has amanecido? -Pregunta

intentando parecer dulce, pero advierto como fracasa en cada una de sus

palabras. Mueve su mano y acaricia mi mejilla en un vago intento por parecer

amoroso. Dejo que lo haga, hay gente observando.

Sonrío.

-Muy bien, cariño. -Respondo acorde a

su tono. -¿Cómo has amanecido tu? -Lo interrogo para parecer amable. No tolero

ser amable todo el tiempo, pero tengo que hacerlo. Los empelados nos observan,

¿Por qué siguen ahí?

Ambos somos conscientes de que

el personal del servicio está presente y por más que no sea de su incumbencia,

estoy segura de que las paredes de la cocina oyen barbaridades con respecto a

nuestro falso matrimonio.

Él responde vagamente como suele

hacerlo todas las malditas mañanas. Yo finjo que oigo lo que dice y las mucamas

recargan mi vaso con más zumo unas dos veces. Es aburrido, deplorable,

insoportable.

Me siento más vacía que nunca.

-Recuerda que a medio día, mi tío

vendrá a visitarnos.

Me advierte con tono amargado.

Asiento con la cabeza. No hay nada que decir con respecto a eso. Solo debo

aceptar lo que sucederá. No puedo quejarme, no aún.

Nada mejor que tener que soportar a

un tío viejo, gordo y seguramente desagradable como él. Es lo único malo de

todas las familias adineradas que trabajan juntas. Las reuniones no suelen ser

en oficinas normales y al parecer las anfitrionas deben ser las esposas. Es

decir yo.

Maldigo a Alphonse en silencio.

Se pone de pie una vez finalizado el

desayuno. Me besa otra vez en los labios, acaricia mi mejilla con su dedo

índice levemente y se marcha por la puerta principal de la mansión. Sonrío para

mis adentros. Tengo todo el día para mi sola, lo veré en el almuerzo y será la

media hora más frustrante de mi vida, pero me reconforta saber que aún me queda

todo el día para disfrutar de mi soledad.

-Recojan todo esto de prisa y luego

preparen la habitación de invitados. -Ordeno inmutable en dirección a las

mucamas que me ven como si fuese a morderlas.

-Sí, señora Schäfer. -Responden ambas

al mismo tiempo.

Me pongo de pie y salgo de la

habitación. Es un día lluvioso de jueves por la mañana y no hay nada mejor que

salir en mi coche a hacer algún paseo hasta el medio día. No quiero ni pensar

en las visitas. Al menos me reconforto al saber que solo será poco tiempo.

Capítulo 2 Leyna: La visita

Salgo del centro comercial con ocho

bolsas en mis manos. Mi celular suena y sé que es él.

Lo tomo como puedo y leo el corto,

frío e inexpresivo mensaje.

Alphonse:

¿Dónde estás?

Tecleo rápidamente la respuesta con

desinterés.

Leyna:

Centro comercial

Oprimo la tecla de enviar y así sin

más sigo caminando hasta el estacionamiento. Visualizo mi coche a lo lejos y mi

celular suena de nuevo.

Alphonse:

Almuerzo en media hora.

Pongo los ojos en blanco. Es tan

demandante, amargado y serio. Es aburrido.

Sé que si mi plan funciona, puedo

hacer que muchas cosas cambien.

Leyna:

Ok

Respondo vagamente.

Alphonse:

SE PUNTUAL

Suelto las bolsas con enfado al hacia

el asiento trasero de mi coche. Siempre encuentra la manera de arruinar mi

mañana, mi tarde o mi noche. Siempre hay algo... no logro tolerarlo por mucho

tiempo. Quiero que tenga un maldito viaje de negocios y que me deje sola por

toda una semana. Merezco vacaciones.

Doce y unos minutos.

Me bajo de mi coche. Acabo de

regresar de unas horas de salón de belleza, sesiones de masajes y compras. Me

siento renovada, pero aún así sigo sintiéndome vacía, como casi todos los días

del último maldito año.

Un año... llevo un año casada con ese

hombre y ni siquiera lo conozco. Jamás pretendí hacerlo, pero esto no era lo

que siempre quise para mí.

Solo sé que adora comer pastel de

chocolate como un niño de cinco años, puede estar todo el día viendo el canal

de noticias y... ¿Qué más? Ah, sí. Le encanta regalarme flores. Lo hace

todo el tiempo, pero jamás hay un

motivo, ni una tarjeta, son solo flores para adornar la casa.

Entro a la mansión y rápidamente

busco a mis empeladas en la cocina. Ambas preparan el almuerzo y hablan

distraídamente entre sí. Me hago presente debido al ruido de mis tacones en el

suelo y ellas se callan de inmediato. Examino su menú del día y luego de

asegurarme que todo está en su debido lugar, corro a mi habitación a cambiarme.

Mi esposo llegará en minutos y seguramente que con él, la visita.

No conozco a ese tipo, no estuvo

presente en nuestra boda que fue muy inmensa y para nada intima, por cierto,

pero a mi marido le entusiasma la idea de acumular mas millones en el banco,

así que debo prepararme y fingir que soy la esposa perfecta. Soy perfecta, pero

no la esposa perfecta, ambas son diferentes.

Llego a mi habitación y me desvisto

rápidamente quedando solo en ropa interior negra de encaje. Elevo mi mirada

hacia la mesita de madera del un rincón y veo un nuevo ramo de flores rojas.

Ignoro el aburrido detalle y enciendo la televisión para que haga algo de

ruido, pero el canal de noticias remplaza a mi canal favorito de música.

Rebusco el control y cuando lo encuentro comienzo a pasar los canales.

Mi dedo se detiene cuando veo el

canal para adultos. Oh, esto es interesante. No puedo evitar cambiarlo. Una

película llama mi atención por completo. Me excito rápidamente, mi temperatura

corporal comienza ascender. No puedo evitarlo.

Calor, comienzo a sentir mucho calor.

Calor, calor, calor...

La escena se encuentra en el punto

máximo de fogosidad. Dos mujeres y un hombre. Oh, mierda. Las chicas juguetean

entre ellas con sus senos mientras que el hombre viril y musculoso besa el

clítoris de la rubia, con goce, deseo y desesperación.

Comienzo a excitarme, siento una

pequeña punzada en mi sexo. Estoy caliente, quiero tener sexo en este mismo

momento, con quien sea, pero ya.

Los gemidos ahogan mi

habitación y bajo el volumen a la pantalla de plasma. Mis pezones se endurecen

al ver como el tipo... Oh, mi dios.

Si yo tuviera toda esa atención y ese

placer... Estoy caliente, muy caliente. Me acaricio uno de mis senos

inconscientemente. Es mi parte preferida de jugar sola. Mis tetas me encantan y

aunque Alphonse nunca me lo ha dicho, sé que también le gustan. Debo admitir

que no son del todo mías, pero aún así, no son de tamaño exagerado y tampoco

pequeñas. Siempre lo digo, son más que perfectas. Prefiero solucionar mis

problemas con un doctor cuando lo necesito y no verme atractiva. Ser delgada a veces trae sus consecuencias.

Hace tres semanas que nada de nada, estoy

desesperada. Quiero que Alphonse ingrese a la maldita habitación y me folle

como vengo anhelándolo desde hace un maldito año.

Sigo acariciando mis pechos y de vez

en cuando estrujo mis pezones para que se pongan más duros. Mi otra mano se

desliza dentro de mi ropa interior, siento mi monte de Venus depilado y suave.

Deseo, eso es lo que siento, tengo deseos de follar a lo bestia, tengo deseos

de tener un orgasmo detrás de otro y quiero algo grande dentro de mí.

-¿Leyna? -Pregunta mi esposo al otro lado de

la puerta.

¡Mierda!

Quito mi mano de mi zona íntima y

cambio el canal rápidamente. Agradezco su educación al golpear antes. Sería

vergonzoso que me viera así, aunque todo esto es su culpa.

Corro hacia la puerta y la abro. Él

entra a la habitación y me observa por unos segundos.

-Hola. -Digo besándolo secamente-.

Estaba a punto de vestirme, ¿Ya llegaron tus invitados?

Pregunto moviéndome de manera sexy

hacia el armario. Quiero provocar algo en él, al menos algo rápido antes del

almuerzo, ya no puedo contenerme más.

-Sí, ya llegaron. Vístete rápido, por

favor. -Expresa y luego se quita la corbata. No dejo de verlo de manera

depredadora, Alphonse tiene lo suyo, me gusta su cuerpo, con eso basta, al

menos por ahora.

Él está parado en medio de la

habitación sin saber qué hacer. Me observa detenidamente. Camino dos pasos y

quedo a solo unos centímetros de su cuerpo. Coloco mis manos en mi espalda y

desengancho mi sostén, me lo quito y les enseño mis perfectos senos.

Acaricio su pecho. Me observa dudoso

y desconcertado. No me importa. Quiero follar.

Desprendo los botones de su camisa y

me acerco a besarlo. Él me acepta rápidamente, pero su beso no me produce nada.

Muevo los labios y él intenta seguirme aunque fracasa. No lleva mi ritmo

desesperado e impaciente. Quiere algo más.

Miro la cama King en el centro de

nuestra habitación, esa cama que fue testigo de las noches más decepcionantes

de mi vida en el último año, solo arriba y abajo con frialdad por parte de

ambos, sé que es el momento de cambiar eso.

Lo empujo hacia ella y cae sobre el

colchón, me subo a horcajadas sobre él y termino por abrir su camisa de par en

par. Toco su pecho. Está caliente y firme, luego sonrío con malicia y paso mis

manos por encima de su pantalón. Su erección me dice que me apresure.

-Fóllame. -Digo con la voz ronca-.

Quiero que me folles, Alphonse.

Capítulo 3 Leyna: Tío Adler

Me muevo sobre su erección y veo una

luz verde en sus ojos. Lo quiere tanto como yo, más que yo inclusive. Me toma

los glúteos con ambas manos, los aprieta y luego me baja las bragas.

Rápidamente y muy excitada le bajo los pantalones y los calzoncillos. Él libera

su miembro y lo acaricio con los dedos, lentamente, lo oigo jadear y maldecir,

al fin tengo el efecto que deseo en

él.

-Leyna... -Murmura-.¿Qué te sucede?

-Pregunta debido a mi extraño e irracional comportamiento.

Nunca creí que imploraría por sexo, pero

sinceramente estoy desesperada. Necesito atención, necesito que me toque, que

me bese, necesito calmar el fuego que me consume lentamente.

Sonrío cínicamente. Él sabe que

sucede.

-Quiero que me folles duro, muy duro, rápido... -Repito desesperada.

Quiero que lo haga.

Tocan a la puerta y él se aparta

rápidamente. Maldigo a medio mundo en mis pensamientos. Alphonse se pone de pie y acomoda su miembro

dentro de sus pantalones, se coloca la camisa apresuradamente y luego camina

hacia la salida de nuestra amplia habitación.

-¿Señor Schäfer? -Pregunta una de mis estúpidas mucamas. La odio.

-¿Qué ocurre, Andy? –Pregunta abrochándose los botones.

-El almuerzo está listo y su invitado

lo espera. -Grita al otro lado de la dura madera blanca. La detesto.

¡Estúpida!

-Gracias, Andy. Bajaremos enseguida. -Responde

a la mendiga mucama como si tuviera que darle explicaciones. Eso me molesta.

-Terminemos lo que empezamos. -Digo

parada frente a él con la respiración agitada. Él parece pensarlo, pero su

respuesta es rápida.

-Nunca empezamos nada, Leyna. -Murmura

secamente.

-No puedes hacerme algo así.

-Esto es solo un acuerdo. No lo

olvides. -Me dice con dureza-. Vístete acorde a la ocasión.

Me lanza una mirada extraña y luego

sale de la habitación como si nada hubiese sucedido.

-¡Imbécil! -Grito golpeando una almohada.

Lo odio, es un maldito idiota.

No me preocupo en escoger un vestido.

Simplemente tomo el primero a mi alcance. Me miro y sonrió por el resultado.

Frustrada, excitada y sobre todo muy, pero muy molesta, bajo las escaleras de

mármol.

Mi vestido completamente nuevo y

costoso hará que Alphonse se moleste y se excite al mismo tempo. Tengo la

espalda al descubierto y todo mi cuerpo se ve perfectamente marcado por el

vestido negro con apliques de encaje. Alcé mi cabello en un moño y me puse los

tacones más altos y caros de mi armario.

No estoy segura del porque, pero

quiero impresionar. Su tío me importa un comino, pero quiero que al menos mi

esposo me vea, se moleste y me folle como tengo deseos de que lo haga. Sé que

es pedir demasiado. Inconscientemente sé que no será del todo como lo deseo,

pero al menos podré sentir algo dentro de mí luego de tres semanas.

Oigo voces a lo lejos, en la sala de

estar. Cruzo todo el amplio salón recibidor y cuando abro las puertas un hombre

extraño y mi marido se voltean a verme.

-Al fin llegas, mi cielo. -Musita mi

esposo, tomándome de la mano. Veo como observa mi vestido y frunce el ceño sin

que su tío lo note. Me toma de la mano y me acerca a él. Beso sus labios, como

todas las típicas veces en las que debemos actuar y luego sonrío.

-Lamento

la demora. -Me disculpo intentando parecer amable-. No sabía que vestido debía

elegir.

-¡La espera ha valido la pena! -Exclama

una voz que desconozco. Elevo la mirada y veo al tío de Alphonse. Tal y como lo

dije. Viejo, gordo y su rostro un poco inexpresivo. Sonrío y me acerco más al hombre sentados en

mi precioso sillón de valor incalculable.

-Cielo, él es mi tío Adler, tío ella

es mi preciosa y amada esposa, Leyna. -Dice intentando sonar orgullo. Le tiendo

la mano al tipo y se la estrecho con firmeza. No es un placer, pero soy muy

buena mentirosa.

-Soy Leyna. -Musito con un delicado

hilo de voz-. Es todo un placer.

-El placer es mío, querida. -Me

sonríe y luego se sienta una vez más en el sillón-. Al fin tengo el gusto de

conocerte, todos me han hablado mucho de ti.

-Espero que sean buenos comentarios. -Espeto

con una falsa sonrisa. Me siento yo también y a mi lado Alphonse, quién sostiene

mi mano con firmeza sobre su muslo derecho.

-Claro que sí, todos hablan

maravillas de ti, estimada Leyna.

-Me alegro. -Respondo

rápidamente.

Es un alivio oír eso. Quiere decir

que mi plan funciona a la perfección, significa que todo este acuerdo marcha

bien. Todo indica que tendré más dinero si sigo siendo la esposa perfecta.

Cuando olvido el porqué de todo esto, recuerdo que hay millones esperando por

mí y eso me

relaja.

-Me llena de ilusión saber que haces

feliz a mi querido sobrino.

Miro a Alphonse de reojo y luego

dirijo mi mirada a su tío. Mi esposo está molesto y eso lo hace todo más

divertido.

-Y su sobrino me hace muy feliz a mí.

-Expreso acariciando levemente la mano de mi esposo-. ¿verdad, cariño?

Él se acerca a mi rostro y falsamente

sonríe mientras me besa con "dulzura".

-Lo haré siempre, cariño. -Concluye

finalmente. Veo a su tío que derrama miel por los ojos ante el estupendo

teatrito y me decido por cambiar el tema de conversación.

Prefiero hablar sobre negocios, empresas y lo

que me importa; dinero. En mi interior siento rabia. Quiero acabar con todo

esto de una buena vez por todas.

Las mucamas ingresan a la habitación

e interrumpen la conversación sobre los últimos ingresos de la empresa. Fulmino

a la tal Andy con la mirada y lo hago durante varios segundos para que ella lo

note. Yo no le caigo bien y ella a mi tampoco. Juro que en la próxima la

despido por incompetente.

-El almuerzo ya se encuentra en el

salón comedor. -Comenta la otra chica, cuyo nombre aún desconozco por

completo...

Me pongo de pie y como toda buena

anfitriona hago que el tío de mi "querido" esposo pase hacia la otra habitación

primero. Intento avanzar, pero Alphonse me detiene.

-¿No tenías un vestido algo más

apropiado para esta ocasión? -Me cuestiona observando con desprecio mi hermoso

y caro vestido.

-Jamás te importó como me visto, ¿Por

qué lo haces ahora? -Pregunto para callar sus estúpidos cuestionamientos sin

sentido.

-Has excedido el límite, Leyna. Sabes

que hay mucho en juego.

-En la habitación también había mucho

en juego y te acobardaste. -Respondo y luego sigo mi camino dejándolo

sorprendido y con la palabra en la boca.

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