Bianca se puso un ajustado vestido rojo de algodón sin mangas que le cubría hasta debajo de las rodillas, que dejaba ver su delgado cuerpo, sus senos perfectos proporcionales a su estatura, su cintura estrecha, sus piernas largas y uniformes, observó su trasero y pensó que era lo suficientemente grande y firme para llamar la atención pero no tanto como para hacerla ver vulgar, se veía hermosa, el rojo realmente hacía juego con su pálida y suave piel y su largo cabello rojo, se miró en el espejo dudosa.
Sus pensamientos la llevaron a distraerse frente al espejo. Solía distraerse fácilmente, la gente la percibía distraída y despistada por ese detalle, ciertamente podía estar en una conversación y perderse gran parte por estar metida en su cabeza.
La mañana estaba fría.
-Estoy pensando seriamente en usar algo más atrevido a pesar del frío, hoy quiero hacerlo -pensó.
Finalmente optó por llevar el vestido y completarlo con tacones rojos, un suéter blanco y un sobretodo largo blanco también, podría quitarse todo eso y verse sensual si así lo decidía en cualquier momento del día. Eran las 8 y media de la mañana e iba rumbo a la oficina de abogados para la que trabajaba, comenzaba a las 9 am en punto así que iba con el tiempo justo.
La ciudad, Isla Verde, aunque pequeña tenía algo de tráfico, era una ciudad hermosa, tranquila, sin ajetreos mayores, el sol siempre era intenso, había humedad, y de vez en cuando se sentía el olor a mar, que llega desde la bahía e inundaba la ciudad, al pasar por una calle se podía ver el mar al fondo de los modestos edificios cerca del puerto.
La firma de abogados estaba en el distrito más céntrico de todos, a Bianca le agradaba ver los comercios y edificios de oficina contrastando con la imagen de la bahía, la gente salía y entraba apresurada de los edificios, inundaban los locales de comida que estaban cerca, antes de comenzar el día de trabajo, muchos tomaban su desayuno cerca de los edificios.
Bianca, entró al edificio donde estaba la oficina de la firma para la que trabajaba, Yores & Smith, era una firma de abogados, no tan grande para ser la más cotizada pero tampoco tan pequeña como para que no sintiera que su carrera de abogada no iba a avanzar. Está en un buen lugar, al menos profesionalmente.
Entró a su oficina, al rato se acercó alguien a la puerta.
-¡Buenos días Bia! -parado en la puerta con una media sonrisa, estaba Ignacio.
Ignacio era un apuesto abogado que entró junto con ella a la firma dos años atrás. Moreno delgado, alto y definido. Él siempre le coqueteaba, pero Bianca estaba segura de que era gay, o al menos lo sospechaba.
-Buenos días Ignacio, ¿A dónde me llevarás hoy a almorzar? -le preguntó ella coqueta.
-¿Quieres que te lleve a almorzar? -dijo con cara de sorprendido a la vez que decidió entrar a la oficina y tomar asiento frente a ella.
-Hoy lo merezco, hoy estoy de cumpleaños, tienes permiso de consentirme -le reveló sonriéndole ampliamente.
-No sabía, felicitaciones, que mal trabajo el de recursos humanos, ¿Por qué esta oficina no está llena de flores?, ¿Por qué toda la oficina no está llena de flores? -le preguntó divertido-. Estoy seguro de que tienes más de un admirador, ¡Despistados todos tus admiradores!
Ella se rió con sinceridad.
-¡No exageres Ignacio!, Recursos Humanos hace su trabajo bien, un error en mi registro de nacimiento da cuenta de una fecha distinta: en 15 días, para efectos del público uso ese, para mi círculo más íntimo y familiares tomó en cuenta mi fecha original de nacimiento -le confesó ella.
-¡Pilla! ¡Te asegura dos celebraciones! -le dijo el acusadoramente, sonriéndole.
-Hoy me prepararán una cena en casa de uno de mis hermanos, puedes venir conmigo, tú y quien sea con quien estés saliendo -le dijo ella expectante.
-No salgo con nadie, estoy esperando por ti -le dijo mientras se inclinaba un poco sobre su escritorio con un gesto como quisiera contarle algo más -Y gracias por contarme en tu círculo más íntimo-le dijo sinceramente.
-¡Buenísimo! Ven conmigo esta noche y le dirás eso a mi familia, que esperas por mí -le dijo con tono de complicidad.
Ignacio era la persona con la que Bianca tenía más confianza en la firma, el resto de los hombres querían llevársela a la cama, y los que eran lo suficientemente decentes como para no acosarla, la querían sacar siempre del juego, era gente muy competitiva, había pocas chicas en la oficina, una de las jefas y su asistente, las 2 recepcionistas, 4 en áreas administrativas recursos humanos y par de abogadas más, Nía y Luisa.
-¡Bianca! Cariño, te esperan en la sala de juntas -le dijo con tono calmo la asistente de la socia Yores.
-Gracias, Alicia, ¿Quién? -le preguntó amablemente.
-La Sra. Yores y los Sres. Martin y Smith -respondió de forma robótica.
-¿Tenía alguna reunión que olvidé? -preguntó preocupada Bianca, a veces olvidaba asuntos importantes.
-No querida, te están requiriendo ahora -dijo la mujer con tono sarcástico. - ¿No estás ocupada ahora o sí? -completó en el mismo tono.
-No, te sigo, voy enseguida -dijo -. Odio como aquí todo es tan formal y todos son medio antipáticos, pensó.
Bianca se levantó y siguió a Alicia, estaba por cumplir los 30 años pero parecía mucho más joven, era rubia, delgada de facciones muy finas, era seria y un poco pedante pero muy eficiente en su trabajo.
Alicia le tenía algo de envidia a Bianca, había escuchado más de una vez en las conversaciones de la oficina que todos los hombres de la firma decían que ella era la más bella, que tenía el mejor cuerpo de todas, en la firma y se motivaban entre ellos a ver quién se animaba a hacerla caer. Alicia era fanática de la atención. Bianca se la quitaba.
Entró a la sala de juntas y los socios la miraron sonriendo, la invitaron a pasar.
-¿Ignacio les contó? ¡Qué tonta! No soy tan importante como para que me inviten a la sala de juntas a felicitarme por mi otro cumpleaños -pensó Bianca.
-¡Bianca! - habló Yores, morena, alta elegante con su cabello recogido y tenue maquillaje -. Tenemos excelentes noticias, la firma acaba de conseguir un cliente importante, Bianca, es grande, ¡Será el más grande que hayamos tenido jamás! -le dijo con solemnidad.
-¡Es una gran corporación! -Habló Smith- ¡Nos han contratado para algo puntual pero esto de verdad puede ser el inicio de una relación más larga y muy provechosa para nosotros, nada más que entrar en el círculo de este cliente es ya bastante positivo para nuestra imagen -continuó.
-¡Ya veo! -alcanzó a decir Bianca, sin saber exactamente a dónde iba todo.
-¿Cómo puedo ayudarlos? ¿Para qué me han llamado? -dijo torpemente.
Yores, la miró con su expresión amable pero fulminante, como queriendo comprenderla.
-Me escuche ruda o desinteresada, de los tres, ella me intimida más, es fuerte y decidida, muy inteligente, con mucha experiencia, es exigente sin piedad, es del tipo de jefes que si viviéramos en la época medieval, te mandaría a colgar si te equivocas, le estoy causando mala impresión -pensó Bianca angustiada.
-Nada querida -le dijo con tranquilidad- queremos que formes parte del equipo de abogados que asistirá a este cliente.
Bianca solía causar dos reacciones en la gente de la firma, o les agradaba su sencillez y humildad y reconocían su capacidad profesional o la encontraban torpe, despistada y que seguro por ser bonita estaba allí. Yores tenía la última impresión de ella, pero siempre que hablaba con ella pensaba cada vez más que era agradable y humilde.
-¡Excelente! muy bien, gracias por considerarme, si lo creen tan importante ¿Cuál es el cliente? -preguntó fingiendo interés.
-Corporación de la O, el mismo Maximiliano de la O nos ha contratado -dijo el Sr. Smith -¿Solo nosotros pensamos que es importante? ¿O estás de acuerdo? -le preguntó con complicidad.
-De acuerdo, es impresionante, ¿Y para qué nos ha contratado específicamente? -preguntó ella.
-Una adquisición -dijo Yores con más seriedad.
-Bien, pero esa no es mi área de especialidad, no comprendo -contestó confundida.
-El Sr. De la O, ha mostrado interés en una compañía que está en una región asiática, Asia Sur, tu hablas su idioma.
-Si, bueno, lo domino de una forma avanzada pero no sé si técnica -dijo mientras notaba la mirada atrevida que le dirigía el Sr. Smith, prácticamente no dejaba de mirarle los pechos.
-Le dijimos al Sr de la O que en el equipo uno de los abogados expertos hablaba el idioma y esa eres tú, tienes trabajo por delante, ¡Mucho! -le dijo el Sr. Martin.
-León estará a cargo de la cuenta, reúnete con él hoy mismo para que te de detalles de tu trabajo y del resto del equipo -le dijo Yores sonriéndole.
-Gracias por tomarme en cuenta, por la oportunidad -se vio obligada a decir.
-Seguro querida, tendrás la oportunidad incluso de conocer a Maximiliano, imagínate, ¿no es emocionante? -dijo la Sra. Yores.
-Sí, seguro, lo será - dijo mientras se levantaba tratando de no mostrar lo incómoda que estaba por la mirada descarada del Sr. Smith.
-¡Traductora!, seré traductora de papeles, seguro, ¿Qué es esto? Y, ¿Por qué no he dicho que no?, Maximiliano de la O es uno de los hombres más ricos del país, del planeta, su familia es poderosa, él junto con sus hermanos tienen un imperio, es un hombre atractivo. Sé que está casado eso se, con una mujer increíblemente hermosa, lo que es lógico para un hombre increíblemente hermoso y rico, poderoso con el mundo a sus pies, pero dicen que Maximiliano es un patán, así que -Genial no puedo esperar para conocerlo y contarle a mis amigos y a mi familia -dijo para sí Bianca.
Fue a la oficina de León, mientras se acercaba vio que estaba solo, lucía algo ajetreado con los papeles que tenía sobre el escritorio.
-¡Buenos días León!, me han dicho que formare parte de tu equipo, aqui estoy reportándome -dijo ella con formalidad.
León levantó la mirada con una sonrisa pícara.
-¡Adelante Bianca! -le dijo amable.
León era uno de los abogados más experimentados, pronto sería socio, habiendo conseguido la cuenta con los de La O, su ascenso sería más rápido aún.
Bianca pensaba que él era de los pocos decentes de la oficina, aunque lo había pillado mirándola inapropiadamente, a ella le causaba gracia porque se ponía nervioso y desviaba la mirada torpemente, todas las veces; si no hubiese sido porque estaba casado; felizmente casado y con hijos, ella se habría ilusionado por él, era simpático sin ser un galán, educado y bastante decente.
-Dime, ¿cómo te voy a ayudar? -le pregunto Bianca.
-Bianca, como habrás oído, este es un cliente muy importante para la firma, aunque tenemos clientes grandes, pues nunca habíamos tenido uno de la talla de esta corporación, ni habíamos accedido a una personalidad como la de Maximiliano de la O, estarás de acuerdo que es un personaje importante -le explicó el.
-Si claro, es uno de los hombres más ricos y poderosos del país, quizás del planeta.
-¡Exacto!, ve a dónde esto nos puede llevar.
-Sí, veo que todos están impresionados con trabajar para él, pero porque nosotros en este caso particular -preguntó ella.
-Conocí a Maximiliano en una fiesta para una organización sin fines de lucro, mi esposa me hizo ir y no sabes ahora como se lo agradezco, fue de pura casualidad, ahí estaba Maximiliano de la O, nada más y nada menos que sentado solo en una mesa y no pude resistirme, fui a presentarme, lo salude, dicen que el hombre es antipatiquísimo, pues es verdad, apenas me miro, pero me respondió el saludo -le explicó él.
-¡Que valiente! -le dijo Bianca.
-Pues si, al salir, nos volvimos a cruzar, me miró, se acercó y me dijo, ¿Me dijiste que eras abogado y trabajas para una firma? Y me quedé helado y le dije que si, me dio una tarjeta y me dijo que me contactara al día siguiente con su abogado, pues estaban convocando algunas firmas para una asesoría sobre un asunto que ya me explicarían. Y fue todo, llame a su abogado, nos reunimos, me explico que Maximiliano estaba interesado en la adquisición de un grupo de empresas en Asia, que nunca habían hecho eso, que él no estaba muy de acuerdo y propuso buscar asesores que le dijeran los pro y los contra de la adquisición, participamos varios, al parecer fuimos los únicos que dimos más puntos positivos posibles que el resto, o nos contrató para molestar a su abogado, ¡Quién sabe! -sentenció
-¡Ya veo! Y parece algo importante -dijo ella.
-Sí, básicamente harás las traducciones, llamadas, etc., igual contrataremos a un intérprete para cuando estemos con Maximiliano y los dueños de la compañía, pero hay trabajo de escritorio que sí nos gustaría que hiciera uno de los nuestros, es decir, tú.
-No es necesario siempre un intérprete, una persona que hable el idioma -dijo Bianca.
-Queremos impresionar, queremos ir más allá -le dijo León.
-Entiendo - afirmó.
-En el equipo estará Nia, Luis, John, Marcos, Martin, y tú -informó León.
-¡Tanta gente! -se sorprendió Bianca.
-¡Queremos impresionar!
-Y facturar en grande -pensó ella para sí.
León conocía la verdadera motivación de Maximiliano de la O, tras las adquisiciones pero se lo guardaba para sí.
Bianca salió de la oficina de León un poco mareada, ¡Que novela!, ya casi eran las 12 del mediodía y ella podía ver desde el pasillo a Ignacio sentado en su escritorio esperándola. Todos estaban entusiasmados con conocer al multimillonario Maximiliano de la O.
-Esta oficina es un poco claustrofóbica, es como una pequeña celda, tu tan hermosa mereces estar donde todos te vean -le dijo coqueto Ignacio.
-No me hagas reír, es lo último que quiero en este lugar -dijo ella.
Ignacio se levantó, se le acercó, la tomó por la cintura, la acercó hacia él, y le dio un beso en la mejilla cerca del labio que la deja mareada, su perfume la embriago.
-¡Vamos! Tenemos una reservación para un almuerzo para una cierta cumpleañera.
Salieron tomados de las manos y todos los miraban, Bianca trataba de contener las risas, no podía esperar a que la puerta del ascensor se abriera los tragara y los arrojará hasta la plata baja.
El restaurant era nuevo para ella, Lit Or se llamaba, era elegante pequeño pero muy lindo y acogedor, todas las mesas estaban cubiertas con un mantel blanco y las sillas eran blancas, al igual que las paredes.
-¿Te gusta? -pregunto Ignacio.
-Sí, gracias, es hermoso, nunca había venido aquí.
-No me agradezcas hasta que pruebes la comida, y bueno hoy es un día doblemente especial, ya me entere de que formaras parte del equipo que atenderá a la corporación de la O.
-Sí, todos están haciendo algo de escándalo por eso, están extasiados por trabajar con ellos -dijo con fastidio ella.
-¿Ordenamos?, la especialidad de la casa es salmón con especias ajo y cebolla -reveló Ignacio.
-Está bien, ordena tú -dijo con desdén, que él ni notó.
-¡Es normal!, es un gran cliente -dijo mientras hacía señas al mesonero.
-¡Supongo!
-¿Cuántos años cumples?
-No puedo creerlo, me dejas asombrada, eso no se pregunta -dijo ella con evidente asombro.
-¡Cumples 26! , te estaba dando una oportunidad, eres muy joven para esas tonterías.
El mesonero se acercó iba directamente viendo los pechos de Bianca, ella lo notó.
-¡Dios! No debí sacarme el suéter blanco, ya me di cuenta que no debí hacerlo -pensó para sí pero lo ignoro mientras Ignacio ordenaba con diligencia para ambos.
-¿Cómo sabes mi edad? -le preguntó intrigada a Ignacio.
-Cuando comenzamos juntos en la firma, me dijiste tu edad, ¿No lo recuerdas?
-Sí, seguro lo hice, estaba impresionada por tu verbo y tu físico y te habría dicho cualquier cosa.
-Así que te tenía impresionada-le dijo Ignacio con asombro-. Te lo iba a preguntar camino a casa de tu hermano, pero ¿Por qué quieres que vaya contigo a esa cena? -preguntó él evaluando la reacción de ella.
-Porque eres hermoso y quiero darle celos a mis cuñadas.
-Ah eso está muy bien, me usas por mi irresistible físico, pero ¿Para qué? -insistió.
-Sabes que termine con Alberto hacer 4 meses, para mí todo bien pero no quiero llegar hoy a una celebración familiar sola, no quiero que me pregunten por él, ni sentirme incomoda, lo siento, no debí pedírtelo -le confesó ella avergonzada.
-Cariño, sabes que hago cualquier cosa por ti, eres la única alma pura ese infierno donde trabajamos, cuenta conmigo. Aunque ahora que conocerás a Maximiliano de la O, podrás presumir de eso, es más guapo y rico que yo, quién sabe puede hasta que quede prendado de ti y puedas llevarlo a cenar con tu familia el próximo año. -le dijo Ignacio para animarla. Bianca soltó una carcajada
-Me haces reír mucho, eres una compañía muy agradable, eso es lo que me falta, andar con un hombre casado, y porque me miraría ese hombre, has visto a su esposa es despampanante.
-Cari, ese hombre se divorció hace un rato, la mujer lo dejo creo.
-¿En serio? No sabía, creí que aún estaba casado.
-Se dice que él no quería hijos y ella si, por ahí parece que se quebró su matrimonio -especuló Ignacio.
-Admito que si me da curiosidad conocerlo, va a ser intimidante -dijo Bianca mientras veía como le servían la comida.
-No te envidio ni un segundo, presiento la presión que habrá en ese equipo, no será nada fácil -dijo él.
-Gracias por los ánimos, eres muy bueno apoyándome, pero solo haré de traductora -le anunció ella con gesto de desilusión.
-¿En serio?, ¿Solo eso?
-Si básicamente, ¿Qué tanta presión puedo sufrir por eso?, aprovechare el tiempo para andar de curiosa.
-Y ve a ver si pillas arte de los grandes y aprendes algo al fin -bromeo.
-¡Bobo! Déjame -le dijo ella echándose a reír -. Gracias por el almuerzo, te forcé y en la noche te usaré, yo pagaré esta cuenta.
-Puedes forzarme todas las veces que quieras y usarme como gustes Bianca -le dijo él en tono sugerente.
Bianca se sonrojo y no supo si responder o ignorar el comentario así que solo le sonrió.
-Está bien paga tú la cuenta Ignacio, pero no intentes cobrármela después.
-¡Jamás Cari! -le dijo entre carcajadas.
-La comida ha estado deliciosa, y tu compañía como siempre agradable. ¡Gracias! -le dijo ella.
-No parece, dejaste bastante, disculpa que me fijara, y por nada, para mí es un placer también estar en tu compañía, espero que no hayas dejado casi todo el plato porque estuvo mal la comida.
-Ha estado bien -le dijo ella.
Ignacio le tomó la mano y se la besó con delicadeza mientras cerraba los ojos, un corrientazo le recorre el cuerpo a ella.
-¡Oh Ignacio!, ¡Qué calor!, juraría en este momento que me desea, pero también juraría que se iría con el mesonero si se le da la oportunidad -pensaba ella confundida.
-¡Estoy tan confundida y algo excitada por su contacto físico, debo admitir!, esta noche será interesante e incómoda, incómodamente interesante, interesantemente incomoda -divagó un rato más en su mente.
Al subir al auto Bianca se quitó todas las piezas que llevaba encima, el clima de la ciudad era fresco pero ella sintió calor, entre el contacto de Ignacio y la comida y el vino se le subió algo la temperatura corporal. Quedó solo en su vestido rojo.
Ignacio entró al auto y cerró la puerta, giró a ver a Bianca.
-Te ves despampanante, hermosa de verdad, como estrella de cine.
-Como estrella de cine arreglada para parecer estrella de cine, supongo. -respondió ella.
-Hermosa y punto -se inclinó sobre ella y le depositó un cálido beso en la frente, húmedo y tibio fraternal beso en la frente y la ha dejado helada, de pronto ella sintió frío de nuevo, eso si que es ir de caliente a frío en instantes.
Ya en su oficina Bianca pensó que estaba tan necesitada de contacto físico y tan falta de cariño que hubiese querido que ese beso que Ignacio le dio en la frente se lo hubiese dado en la boca.
-Nos hubiésemos besado apasionadamente en su carro, me habría apretado contra él, lo que hubiese sido sentirlo tocarme entre mis piernas ¡oh Dios, a los lugares que va mi cabeza! -pensó para sí sonrojándose y agradeció que no hubiese nadie con ella en su oficina para notarlo.
-Que patética me siento, ¡Dios! ¡Ayuda!, ¡Universo!, ¡Alguien!, ¡Qué patética soy! ¡Es Ignacio!. Quiero morirme de vergüenza, ahora que lo vea más tarde debo olvidarme de estos pensamientos porque la verdad no voy a prescindir de él, ni loca llegó a esa cena sola e Ignacio resulta justo la compañía perfecta -dijo para ella en voz baja en su oficina.
-¡Hola! -saludó Nia que pasó y se sentó de una vez frente a ella, llegó con cara de querer preguntar alguna impertinencia y Bianca lo notó.
-Hola, Nia -respondió con una sonrisa, fingió que le alegró verla, entre aliada o enemiga, la prefería amiga.
-Cariño, Ignacio y tú de la mano, saliendo a almorzar, ¿me perdí de algo? -preguntó con una sonrisa pícara.
-¡No te perdiste de nada!, hoy tengo una cena donde mis padres y quería llevar a alguien, se lo he pedido a él, así que al menos le debía el almuerzo -mintió ella para no dar detalles.
-Entiendo. Imagino que por tu ex novio, querrán saber si lo superaste y esas cosas.
-Exacto, de hecho no quiero ni que toquen el tema, por eso le he pedido a Ignacio que me acompañe. Me he sentido un poco mal luego de pedírselo, pero se que me sentiré peor si llego sola -admitió sinceramente, se sentía un poco patética y sentía que usaba a Ignacio.
-¡Amiga!, espero que esto sea así de difícil para ellos también -le dijo Nia tratando de mostrarle solidaridad. Bianca le agradaba y sabía de las pequeñas conspiraciones en su contra en la oficina, la quería apoyar sinceramente.
-Si, en estos días el me pidió que lo acompañara a la boda de su prima, imagino que para lo mismo, evitar hablar de mí, estuvimos 3 años y medio juntos, todos preguntan -le dijo ella, puso una expresión triste.
-¿Y fuiste?
-¡No! Me lo pidió por mensaje de texto, por mensaje de texto le dije que no, ni me preguntó cómo estaba -esta vez Bianca se dio cuenta de que estaba decepcionada de Alberto y era la primera vez que lo decía.
-Creí que me habías dicho que habían terminado muy bien -le preguntó intrigada Nía.
-Bueno eso creí, el día siguiente que terminamos me escribió, un texto agradeciendo el tiempo que pasamos juntos, dijo cosas bonitas sobre nuestros futuros como nos podíamos conectar como amigos más adelante, pero nunca mas me escribió, y es incómodo porque mi familia pregunta por él, como si yo tuviera que saber -dijo.
-¡Ya! Bueno no hablemos más de ese hombre, hablemos del futuro, de este hombre -le dijo y le mostró en su celular una foto de Maximiliano de la O.
-Es guapo y ya se que soltero otra vez -dijo Bianca.
-¡Si! Soltero, rico, poderoso, lo que necesitamos nosotras -dijo Nia haciendo un gesto coqueto.
-Yo por ahora necesito salir airosa de una reunión familiar, no digamos ya conseguir pareja. Si quisiera aunque sea un anoche de sexo. Extraño el sexo -confesó a Nia.
-Bueno querida, no creo que se case con alguna de nosotras pero podremos verlo de cerca y quien sabe si algo más y te resuelve lo del sexo -le dijo soltando una carcajada a la que se le unió Bianca.
-Nia, debo terminar de poner en orden estos papeles de estas compañías para dedicarme a mi nuevo trabajo de traductora a partir de mañana -se disculpó Bianca.
-¡Si! Te dejo, espero que no te amargue eso de las traducciones, haberte incluido en el equipo ya fue bastante bueno para ti.
-¡Supongo!
-¡Chao! -se despidió Nia.
La cena a la que debía ir Bianca por su cumpleaños iniciaría a las 7 y media de la noche, sería en casa de su hermano mayor Dionisio, él y su esposa Gema vivían en un hermoso conjunto cerca de la playa.
Gema era muy educada, aunque distante siempre era cordial y respetuosa con Bianca, le llevaba 15 años a Dionisio, tenían ya 5 años de casados, hacían buena pareja, aunque no tenían hijos juntos, ella tenía un hijo de 10, marco y Dionisio tenía un chico de 7, Moisés.
Gema lucía siempre genial, a sus 49 años lucía mejor que cualquier chica en sus 20, además era muy elegante.
No era ella la que le preocupaba a Bianca, era Cintia, la esposa de su hermano Augusto, Cintia tenía la misma edad de Bianca, era hermosa y tenía su propia línea de ropa, estudió marketing así que hacía mucho del trabajo de su negocio con eficiencia, tenía empleados y le estaba yendo muy bien, su hermano tenía 31 años y estaba embobado por ella, no veía lo malvada que ella podía ser, siempre queriendo hacer sentir menos a Bianca, hacerla sentir inferior con todas su sutilezas y lograba desequilibrarla.
Para empeorar todo, su hermano menor Leo estaba saliendo con una odiosa chica de 21 años, Ana, que estaba embobada con Cintia, porque le daba ropa, y modelaba para su línea de vez en cuando, la hacían sentir miserables las dos. Amaba a sus hermanos pero no podía estar más incómoda con ellos, era imposible, al menos estaría su prima Gedalía, se crió con ella prácticamente, tenía 28 años, y como 7 años con su novio Arturo que era como un hermano más, ella contaba con ellos dos y Ignacio para pasar bien la noche, porque sus padres estaban bastante decepcionados por su reciente soltería, ellos querían que se casara con Alberto.
Se apresuró hacia la oficina de Ignacio, estaba absorto en su portátil, miraba de soslayo los papeles que tenía sobre el escritorio, regresó la mirada a la computadora, parecía ocupado y preocupado.
-¡Ignacio! Pronto serán las 6, le dije a Gema que estaríamos cerca de las 7 pm. -le recordó ella.
-Cari, ¡lo siento! Ha surgido algo, no podré acompañarte, aunque deseo hacerlo no puedo -le informó.
-¿Queeee? Me dejarás sola, no puede ser, me voy a morir, prefiero no ir, me voy a morir -gritó ella desesperada.
Soltó una carcajada sonora
-Solo bromeaba, no continuo solo para que no se haga tarde, pero podría disfrutar tu sufrimiento un rato más -se burló él.
-¡Gracias a Dios!, pero te odio, no me hagas eso -lo regañó.
-Ni loco me pierdo esa cena, estoy ansioso por conocer a las mujeres que te ponen asi de nerviosa -le dijo riendo.
-No te agradaran -sentenció Bianca.
-Veremos si yo les agrado -dijo Ignacio.
7 y 15 pm, el tráfico estuvo ligero pero Ignacio insistió en detenerse a comprar unas botellas de vino para llevar a casa del hermano de Bianca.
Gema abrió la puerta dijo un inaudible hola mientras saludaba a Bianca y no dejaba de mirar a Ignacio, el moreno alto hermoso y elegante que la acompañaba, sonrío y le miró con cara de tonta, Gema pensó que Bianca si que se los conseguía guapos, era bella no le sería difícil, especuló.
-Gema, él es mi amigo Ignacio. -lo presentó en voz alta y con algo de picardía- Ignacio querido, esta es Gema mi cuñada -dijo tratando de proyectar mucha seguridad.
-Encantado Gema, Bianca me ha dicho que prepararon la cena por su cumpleaños -saludó él.
-¡Si claro! -dijo Gema apenada como si de pronto hubiese olvidado porque estaban ahí.
Gema se giró hacia Bianca y la abrazó.
-¡Feliz cumpleaños Bianca! espero que te hayan consentido hoy y bueno ahora nos toca a nosotros consentirte -le felicitó sinceramente.
-¡Gracias Gema! -respondió
Todos estaban en el área del comedor reunidos mirando hacia ellos con caras de asombro, Bianca pensó que lo había logrado, dejaría secas de envidia a sus cuñadas.
Todos gritaron al verla, ¡Feliz cumpleaños! Le gritaban y decían la cumpleañera llego, y no llego sola. Bianca no cabía en ella.
Cintia estaba parada junto a Ana, las dos veían a la pareja recién llegada con sus sonrisas hipócritas, Cintia sonrió al ver a Ignacio, se le acercó corriendo.
-¡Oh no! ¿Qué pasa aquí? Le preguntará si es mi novio seguro -pensó Bianca.
Cintia abordó sin más a Ignacio.
-¡Dino! -le dijo a Ignacio.
-¡No! Cintia querida se llama Ignacio -le dijo Bianca con tono petulante.
Ignacio puso una expresión de extrañeza en su rostro.
-¡Él quería ver este circo! -pensó Bianca.
-¡No! Dino, es uno de los modelos que trabajó para mi colección, es andrógino, todo hermoso, Ignacio es su novio, ¿No me recuerdas? -le preguntó Cintia a Ignacio.
Bianca sintió que su mundo colapsaba, que el suelo se abría y ella caía en espiral hacia el vacío y quería que fuera cierto y perderse en el medio de la tierra.
-Siento que estoy mareada y me voy a desmayar, todos están a la expectativa y yo solo quiero entender que dijo, Ignacio, Dino, novio en la misma frase, Ignacio estará apenado - pensaba Bianca
Ignacio soltó una carcajada dulce e hizo un gesto tierno juntando sus dos manos en su pecho.
-Ya no salimos, no te recuerdo pero el me hablaba mucho de ti, no recordaba tu nombre, disculpa. -le respondió él sonriente.
-¡No! Claro él me dice Cici, no Cintia, será por eso -le dijo ella poniéndole una mano en el brazo.
-¡Ah ya, por eso, ¿Cómo me reconociste o recordaste? -preguntó intrigado Ignacio.
-Nos presentó una vez, claro estábamos ajetreados puesto que ni notaste a quien te señalaba pero en ti si me fije, todos queríamos saber quién era el novio de Dino, el hermoso novio de Dino -respondió Cintia mientras miraba a Bianca.
-Tengo tiempo que no lo veo, si lo ves envíale mis saludos por favor -le pidió el.
-Claro, por supuesto, se va a morir, cuando le diga que eras la cita de mi cuñada -dijo irónicamente mientras no le quitaba la vista a Bianca, tenía una expresión de burla en su rostro.
-¡Maldita! -Pensó Bianca sin atreverse a abrir la boca aún.
Cintia le tenía mucha envidia a Bianca, porque era profesional, bonita, porque su ex novio era un corredor de autos con algo de fama, porque la prensa llegó a escribir sobre ella por eso, porque era amable y todos la querían. Vivía en constante competencia con ella. Cuando Bianca terminó con Alberto, Cintia concluyó que ella iba ganando.
-Bianca me ha traído a su cena en agradecimiento a que la lleve a almorzar hoy fuera de la oficina, tan despampanante como se veía hoy debía ponerla a salvo de los acechadores de la oficina -se apresuró Ignacio a salvar la situación.
-Si, hermosa ella, como siempre -le dijo Cintia riendo con una risa falsa.
-Ignacio eso estuvo más o menos aceptable, más o menos -pensó Bianca que aún no articulaba palabra.
-Pero es gay, definitivamente si es gay, no tengo oportunidad con él, ¿gay? Y la confirmación la tengo nada más y nada menos que de Cintia, la estúpida de Cintia, quiero morirme ya -continuó divagando en su mente Bianca.
Augusto notó la expresión de incredulidad de Bianca y salió a saludar a Ignacio.
-Hola, soy Augusto, el esposo de Cintia, ya me estaba poniendo celoso del hombre que traía del brazo a mi hermana y que llamó la atención de mi esposa, bienvenido -le dijo amable y ambos rieron.
-Gracias por acompañar a mi hermana hoy en su día -le agradeció Augusto.
-¿Sabías que tenemos la misma edad? Bueno ya hoy no, ahora ella es mayor pero por unos meses -dijo dirigiéndose a Ignacio. -En cinco meses te alcanzo querida. -le dijo a Bianca.
-¡Te odio! -pensó Bianca pero se limitó a sonreír levemente sin decir nada.
-¡Vengan a la mesa ya por favor! -dijo Dionisio que obviamente fue él quien se encargó de la cocina.
La mesa estaba impecable había doce puestos, Bianca suposo que hicieron uno para Ignacio a último minuto, ella nunca avisó que iría acompañada y dudaba que lo supusieron.
La mesa rectangular estaba cubierta por un mantel blanco que lleva uno más estrecho color rosa en el centro, a lo largo de la mesa, todo bajo un candelabro de apariencia antigua con, con 26 velas rosas encendidas, A Bianca se le salió una lágrima, la mesa estaba hermosa, el detalle del candelabro la dejó extasiada.
-Gracias a Dios soy cursi y me entretienen esas cosas, porque el ridículo que intente con Ignacio me ha dejado avergonzada -pensó Bianca.
Gedalia la miró desde el otro lado de la habitación, le sonreía abrazada a Arturo, él le guiña un ojo.
-¡No estoy sola! -se dijo Bianca.
-Bueno, todos tomen sus asientos, dijo Gema, ¡Bianca por acá con Ignacio por favor! -dio órdenes Gema.
Se sentó junto al padre y la madre a Bianca y por cosas de la vida ella quedó frente a Cintia e Ignacio frente a Augusto.
-¡Feliz cumpleaños Bianca!, dijo Dionisio -Hoy quisimos preparar un plato especial, no todos lo van a amar pero a ti te encantará, Sopa de cebolla, Envolturas de repollo a la parrilla y una cazuela de papas al horno con tomate y albahaca y muchas especias -explicó con orgullo.
Todos rieron.
-Por ti hermanita me lo como todo, vegetariano por una noche, feliz cumpleanos hermosa -le dijo Leo.
¡Feliz cumpleaños! Dijeron todos.
Ignacio volteó a mirar a Bianca contrariado.
-¿Eres vegetariana? ¿Por qué no me lo dijiste? En el almuerzo casi no comiste, claro, ahora se porque -le dijo al oído.
-¡Tú tampoco me dijiste cosas! -le respondió Bianca al oído con una sonrisa falsa.
-¿Qué debería decirte cariño? Nada debía decirte -le dijo mirándola con picardía, le tomó la mano y se la beso.
Cintia no se perdió la escena, y no perdió oportunidad de comentar algo.
-¡Que lindos!, ¿Son muy buenos amigos ustedes? Que lindo se ven juntos, lástima que Ignacio no esté interesado en mujeres, son hermosos los dos, deben ser la envida de la oficina -dijo con mala intención.
-Si, de hecho si los somos, todos quieren ser nosotros o coger con nosotros -le espetó Ignacio.
Leo, Ana, Augusto, Dionisio y Arturo soltaron una carcajada, los padres de Bianca se quedaron atónitos e Ignacio se dio cuenta.
-¡Lo siento! No debí decir eso, lo siento tanto -se disculpó Ignacio, visiblemente apenado.
-Tranquilo, Cintia tampoco debió hacer ciertos comentarios -dijo el padre de Bianca.
-¿Ah? ¿No? -preguntó Cintia con fingida inocencia.
-No. - le repitió el padre de Bianca.
Ella le lanzó un beso al aire y él le sonrió pero le hizo un gesto de reprobación.
-Mi padre también adora a esta arpía, solo Gedalia, Arturo y yo sabemos lo bruja que es -pensó Bianca.
-Yo creí que era tu nuevo novio porque entraste toda orgullosa con él, ¿Si sabias que era gay no? -preguntó Ana, la novia de Leo.
-¡Que maldita tan grosera! -pensó Bianca que le lanzó una mirada fría pero no respondió.
-¡Ana! No seas impertinente -la regañó Leo, ella hizo un gesto como si entendiera porque la regañaba.
-No está bien que la celebración del cumpleaños de Bia lo convirtamos en un foro sobre la orientación sexual de su amigo, quien tan amablemente la ha acompañado hoy y ella entusiasmada lo ha traido con su familia -dijo con firmeza Don Lucrecio -Lo siento Ignacio, siento mucho este circo.
Ana se hizo la desentendida y Cintia la miró y se sonrieron.
Doña Luz se giró a mirar a Bianca y le sonrió con ternura, entendió todo, se dio cuenta de todo, Bianca quiso llegar acompañada y era obvio que no sabía lo de Ignacio al llevarlo.
-Ignacio es mi buen amigo de la oficina y hoy he querido que conozca cual es mi verdadero cumpleaños y a mi familia -explicó Bianca con tono de víctima.
-Y yo estoy feliz con la invitación y la hospitalidad de todos -agradeció Ignacio.
-No se hagan los locos y terminen de comer, es mucho y son vegetales, se pudren rápido -dijo Dionisio -. Bia, hermosa, siento si no es sofisticado, fue lo que Gema y yo pudimos cocinar que nos quedara medianamente bien. Se justificó.
-Está todo delicioso, gracias a los dos, valoro mucho que quisieran cocinarlo ustedes mismos y no lo pidieran a un restaurante, de hecho estos enrollados de repollo están deliciosos, supongo que el calabacín y el arroz se te salieron un poco de control pero está todo muy rico, con muy buen sabor -agradeció ella.
-Él estuvo a punto de rendirse -dijo Gema.
-Pero no lo hice, menos mal que te gusto -se defendió Dionisio.
-¡Gracias! -repitió Bianca.
Después de la cena comieron un postre elaborado con leche de almendras. Un invento de Gema que no quedó muy bueno pero nadie criticó.
-¿No vamos? -le preguntó Ignacio a Bianca.
-Si, por favor -le dijo ella y lo anunció al grupo.
Gedalia se le acercó y la abrazó, le dijo muy en silencio: -No tenias que traer a nadie hoy, eres suficiente tú, tú sola eres suficiente.
Bianca lloró en su hombro.
-Odio que me conozca, que sepa mis inseguridades, es la hermana que no tuve. -pensó Bianca.
-¡Sécate esas lágrimas! Ve y descansa -la animó Gedalia.
-Según mi plan, me iba a ir diciendo algo así como, y ahora él y yo seguiremos la fiesta en mi apartamento hasta mañana -le respondió ella y rieron.
-Hasta yo te habría envidiado -le dijo.
-¿Se van tan temprano? Somos muy jóvenes para solo una cena de cumpleaños -protestó Arturo.
-De acuerdo con eso, pero hoy es martes y la señorita aquí esta en el equipo de abogados que atenderá a Maximiliano de la O desde mañana, créeme es mejor que se vaya ahora y descanse -le explicó Ignacio.
Todos quedaron con la boca abierta. Sus caras reflejaban la impresión de que Bianca trabajaría con el millonario de La O.
-¡Maximiliano de la O!, lo había olvidado, la cara de Cintia es un poema, no oculta su asombro o su disgusto me cuesta descifrarla, Ausgusto y mi papa están con la boca abierta. ¡Ahora si los asombre! -pensó Bianca.
-¿El millonario? -preguntó Leo.
-Si, el dueño de las más importantes casas de moda del país, y unas cuantas del mundo -dijo Ignacio.
Bianca se encogió de hombres y fingió humildad, como si a eso estuviera acostumbrada, a atender a ricos y famosos.
-¡Bien Ignacio!, me salvaste la noche con esto. Quizás te perdone y te quiera de nuevo -pensó Bianca.
¿Pero ya lo conociste? -le preguntó Ana.
-No aún no, mañana comenzamos -afirmó Bianca. No pudo mentir.
-Esas son palabras mayores, me avisas si conoces a sus hermanos trillizos. -le dijo Ana.
-Gemelo, él tiene un gemelo -le corrigió ella.
-Trillizos, como de mi edad, o menores, creo que tienen 20 años. Son músicos y super hot, están siempre en los sitios más de moda -le explicó Ana.
-Oh, interesante, no sabía -le respondió Bianca, y debió ser la primera vez que conversaba con Ana más de dos frases sin que la atacara o se burlara de ella.
Cintia no dijo palabra, estaba seria.
-¡Buenas noches! Gracias por todo -dijo Ignacio.
Bianca salió sonriendo y se sentía como una estrella de cine, importante, Cintia se quedó callada y decreto que fue un quién ríe de último ríe mejor.
-¿Te sientes mejor solo porque los impresionastes con lo de Maximiliano de la O? -la increpó Ignacio con expresión seria.
-¡Si! Y gracias por eso, al menos -respondió ella.
-No necesitas impresionar a nadie con esas boberías, ni conmigo -la regañó molesto.
-¡Ignacio! ¿Por qué no me dijiste que eras gay? -aprovechó ella para preguntar.
-¿Por qué tendría que decírtelo?, no te debo explicaciones, ni a ti ni a nadie. -le replicó.
-Pero en la oficina... -comenzó ella y el la interrumpió.
-En la oficina, no ventilamos nuestra vida privada. -sentenció Ignacio.
-¡Solo estás molesto porque crees que te quería usar! -se justificó ella.
-¡Me querías usar! Pero te salió el tiro por la culata. Me alegro mucho, a ver si aprendes y maduras -le gritó el mientras subía al auto tirando la puerta.
-Debes llevarme a la oficina a recoger mi auto. -le recordó ella.
-¡Lo sé! Te escoltare luego a tu casa. -le dijo Ignacio.
Bianca pensó en lo egoísta e infantil que fue, mientras se preparaba para darse un baño antes de meterse a la cama. Decidió escribirle a Ignacio.
10:05 PM <
Bia.
10:35 PM <<¿70%?, espero que los enrollados de repollo de tu hermano completen el otro 30%. >>
Ignacio
10:35 PM <
Bia.
Bianca se metió en su cama sin analizar mucho todo, estaba cansada y el día siguiente sería interesante.
Era media mañana, el sol caía pesado sobre el puente empedrado que daba justo frente al mar, el olor era embriagante, olía a sol, a mañana, a óleo sobre lienzo, a margaritas, el olor era dulce, Bianca estaba apoyada sobre el muro de piedra, los rayos de sol le dan en su espalda, sobre sus pechos blancos y redondos, en el rostro, mantenía los ojos cerrados, mientras disfrutaba de todas estas sensaciones.
Sonó la alarma. Bianca despertó.
-¡Oh Dios! La alarma, mi sueño, quería quedarme en ese sueño, son las 6 am, aún tengo tiempo pero mejor me apuro, hoy debo estar súper temprano en la oficina para tratar de hablar con Ignacio antes de ir a Corporación de la O -dijo Bianca para ella voz alta.
-Hoy llevaré algo lindo definitivamente -dijo mientras miraba al espejo su cuerpo desnudo.
Hacia 4 meses que había terminado con Alberto, Bianca pensó al principio que lo extrañaría más, pero solo extrañaba tener sexo con alguien de forma regular. Sentía que cada vez tenía más ganas y nadie con quién hacerlo, que ella quisiera, cualquiera en la oficina estaría dispuesto, algunos de sus amigos quizás pero ninguno era opción viable para ella.
Pensaba que necesitaba conocer gente, pero por el momento se arriesgaría a abrir una cuenta en una aplicación de citas rápidas donde la gente se encuentra solo para tener sexo, se sintió una chica mala y le gustó esa imagen de sí misma.
Se puso un vestido sin mangas vinotinto de lino, bastante ajustado, le llegaba hasta por debajo de las rodillas, se pondría un sobretodo del mismo color luego, stilettos vinotinto y llevaba el cabello recogido en una cola de caballo alta.
Una vez en la firma se dirigió a la oficina de Ignacio.
-¡Buenos días Ignacio! -le saludó tímidamente
-Cariño, ¿A qué hora sales hacia la corporación de la O? -pregunto cariñoso.
-A las 10 am, me dijo León, y quizás no vuelva hoy a la oficina -respondió ella.
-¡Que mal!, quería que habláramos durante el almuerzo -dijo él con decepción.
-¡Búscame a la hora del almuerzo!, yo te espero y hablamos -le ofreció Bianca.
-No sé y si salen a almorzar con él y ya luego me embarcas -dudó.
-No, diré que no puedo, búscame a las 12:30 m.
-¿Le dirás que no a Maximiliano de la O, por mi? -la retó él divertido.
-Sí claro, él me va a estar esperando para llevarme a almorzar, que se espere, ya tendrá tiempo para eso -dijo ella en tono de burla y los dos rieron.
-Me alegra estar bien con Ignacio, aunque no podamos terminar de hablar, ya hablaremos más tarde, estaré ansiosa hasta entonces -pensó Bianca de camino al edificio de La O.
El equipo de abogados de la firma llegó al edificio de los de la O, era impresionante, grande, lujoso y había mucha gente en la recepción, iban 5 abogados, la Sra Yores, León, Marcos, Nia, Sr. Martin, los demás se incorporarán al equipo el día siguiente.
Se abrió el ascensor y los dejó en una planta donde todo estaba en un ambiente abierto, la gente lucía ropa informal, León los dirigió hacia un escritorio que estaba al fondo, se anunció y una señora mayor y elegante los miró y los mandó a pasar a una sala grande que estaba desocupada.
Las paredes eran rojas, la mesa era amplia de madera, brillaba y habían televisores encendidos sin sonido alrededor de la sala, que era oval. El concepto de diseño era extraño, por fuera parecía súper moderno pero las oficinas, a parte de que ningún diseño tenía que ver con otro, parecía estancado en épocas diferentes, de los parlantes salía música, era una canción de Sam Smith.
"You say I'm crazy
'Cause you don't think I know what you've done"...
Bianca recordó a Alberto, no le gustaba pensar en eso, pero él la engañó, la engaño por mucho tiempo y por eso terminaron. Ella prefirió fingir que no le importaba, lo perdono para terminar en buenos términos con él.
Pasados 15 minutos, regresó la dama elegante con las identificaciones de visitantes, aunque el método parecía descuidado, las tarjetas eran modernas y ya traían los datos personales de cada uno, incluidos los biométricos. Bianca pensó que se veía candente en la foto de la tarjeta de identificación, no era difícil, era muy blanca, cabellos largos rojos cobrizo y labios sensuales, ojos grises. Parecía una muñeca pintada a mano.
Salieron de la sala y se dirigieron de nuevo a los ascensores, piso 20, se abrió el ascensor, y los recibió un hombre moreno guapo y elegante con una amplia sonrisa.
-Hola, Bienvenidos -se saludó afectuosamente con León, Yores y Martin, se dirigió a Marcos, Nia y a Bianca.
-Soy Thiago Oliveira, soy el abogado de Maximiliano, yo los voy a recibir hoy, tendremos la reunión en media hora, por ahora quiero mostrarles dónde se instalarán siempre que vengan -dijo.
Thiago Oliveira era más que el abogado de Maximiliano de la O, era su amigo, su mano derecha, su padrino. Thiago fue amigo de su padre y cuando murió, no se separó de junto a Maximiliano que rondaba los 20 y algo y lo acompañó desde entonces.
Los dirigió a una amplia oficina con cubículos, y dos oficinas privadas, tenía una sala de junta como para 10 personas, todo era de vidrio y lucía todo muy moderno.
Mientras se instalaban Bianca notó que la observaban insistentemente, levantó la mirada, era Thiago.
Él le sonrió y se le acercó, le estira la mano.
-¡Hola!, ya sabes que soy Thiago, no escuché tu nombre -le preguntó a Bianca.
-¡Bianca!, Migues, Bianca Migues -le respondió tímidamente.
-¡Bien Bianca!, bienvenida, tú asistirás con la traducción, ¿No?-le dijo él.
-Si, así es -respondió ella intimidada.
-Bien, bienvenida, y lo que necesites o dudas que tengas con las traducciones avísame a mi primero, yo me ocuparé de que tengas todo lo que necesitas -le dijo él con amabilidad.
-Gracias, está bien -alcanzó a decir ella.
-Eso fue raro, pero está bien, es un tipo amable y agradable -pensó Bianca.
-Parece que hoy no conoceremos a Maximiliano -le dijo Nia, con fastidio-. Y yo me vestí toda elegante para él y ya ves, pero Thiago no está nada mal y me encantó que me llamara Gardenia -confesó ella.
-¡Eres terrible! y odias tu nombre Gardenia, ¿cómo sabes que no lo veremos? -Se interesó Bianca.
-Para Thiago, soy Gardenia, para ti, soy Nia. Y supe porque Thiago lo insinuó, así que supongo que no tendremos contacto con él, al menos no por ahora -explicó Nia.
-¡Bien! dicen que él es pesado, ahora no estoy de humor para aguantar a nadie pesado por muy millonario y bello que sea -soltó Bianca.
-¡Qué carácter! ¿Qué te pasó? -preguntó intrigada Nia.
-Nada, a las 12 y media debo salir de aquí, me voy a ir a almorzar con Ignacio, por favor tendrás que ayudarme a salir de este laberinto, intenté recordar cómo hacerlo pero estoy segura que me perderé -le pidió.
-¿Ignacio? Almorzaste con el ayer, almorzamos con el hoy, y se que cenaste ayer con él en la noche también, ¿Están saliendo? ¿Estás solo durmiendo con él? ¿Son novios cursis y babosos? ¡Cuéntame! -demandó Nia.
-¡Dios! no debí mencionarlo a esta pequeña Diabla -se arrepintió Bianca.
-¡No!, sólo somos amigos, ya te dije, él me está ayudando con una situación familiar, la cena de anoche con mi familia, eso, y quizás se sintió, si, un poco usado y hoy sólo quiero aclarar las cosas, no quiero parecer una perra insensible.
-¡No amiga! por favor, que te vean así, basta de esa cara de niña buena, todos te odian por eso, sé la mala por una vez. -le dijo Nia divertida.
-¿Todos me odian? ¿Quiénes? ¿Por qué? -preguntó contrariada Bianca.
-¡Es un decir! Te voy a ayudar a salir de aquí pero de regreso te las arreglas tú sola.
A las 12 y 10 comenzaron a salir del edificio.
Al frente del edificio, estaba Ignacio, elegante con un traje azul marino, recostado de su auto, Nia miró con suspicacia a Bianca.
-No Nia, ni tienes idea, ni lo pienses, no está a nuestro alcance -pensó Bianca.
Cruzó la calle, lo saludo con un beso y un abrazo, y se giró enseguida a ver a Nia, se arrepintió del gesto.
-Si Nia nos ve, sé hará ideas -pensó Bianca mientras Ignacio saludaba con la mano a Nia desde la distancia.
-¿Vamos? -preguntó Bianca e intentó abrir la puerta del auto de Ignacio, un Audi Sedan rojo.
-¡No! caminemos, el restaurante al que iremos no queda lejos de acá, y el estacionamiento es incómodo, ¿Qué tal te ha ido allá con don Maximiliano de la O?
-Pues ni lo he conocido, nos recibió su abogado, un tipo bien amigable y simpático -respondió.
Entraron al restaurante, Ignacio ordenó por los dos.
Bianca pensó que tendría prisa y que conocía el lugar, conocería todos los lugares, y no le sorprendía, este en particular estaba fuera del distrito y no lo frecuentaba nadie de la oficina, acá debe haber traído a Dino, pensó ella.
-¿En qué piensas? -preguntó Ignacio.
-¡En Dino! -respondió ella automáticamente.
-¿Por qué dije eso? -se reprendió a sí misma en su cabeza.
Ignacio sonrió.
-Yo ordené un plato vegetariano para ti, y ahora tú piensas en mi vida amorosa, vamos bien, tenemos futuro, nos estamos conociendo, estamos conectándonos -bromeó.
-Quedé impresionada -confesó ella.
-Bianca, no sabía que tu cuñada me conocería de algún lado, nunca la nombraste, ni una foto con ella en tus redes sociales, nada, ella es algo importante en la escena de la moda de la ciudad, si alguien la conociera lo diría, no me malinterpretes, estoy abierto, mis padres lo sabe, mis amigos lo sabes, las que han sido mis novias y mis novios, lo saben pero la oficina es otra cosa.
-¿Novias, dijiste? -preguntó confundida ella.
-Si, algunas mujeres me atraen, pero sobre todo prefiero a los chicos, te lo juro Bianca que tú me intentarías de esa forma, pero sé que tener que explicárselo a tus padres, hermanos y a tus dulces cuñadas, no sería fácil, nada más que verte con tu familia ayer me convenció de que ni remotamente podría hacerte eso -confesó el.
-¿Te gusto? ¿Entonces si me coqueteabas? -preguntó ella.
-Me atraes físicamente, te encuentro atractiva, pero me gustas más como amiga, y para mi una cosa excluye a la otra, y prefiero ser tu amigo, quiero ser tu amigo -le explicó amablemente.
-Está bien, yo quiero que seas mi amigo, quiero que seamos amigos, aunque me desees por lo irresistible que soy -respondió bromeando.
-Si, sueña con eso. Sobre anoche, ayer me moleste contigo porque eres muy insegura Bianca, no había necesidad de ponerte en esa situación, y yo lo sabía, te acompañe solo porque sé lo que se siente estar sentado con familiares en una mesa y que te pregunten por el estatus de tus relaciones y si te casarás y tendrás hijos, pero no estuvo bien. Si, tus cuñadas son horribles, ignorarlas o enfrentarlas pero no les hagas el juego de entrar en una guerra sin sentido e infantil -le dijo.
-Lo siento, tienes razón, lo hice solo por cobarde. No merecías eso -se disculpó sinceramente arrepentida.
-Yo estoy bien, la bocona de tu cuñada le hablo a Dino de mí, me volvió a escribir, no habíamos terminado bien, él es un adicto al trabajo, y me harté, pero realmente me gusta mucho. Así que quizás lo vuelva a ver. No todo fue malo -le dijo sonriendo Ignacio.
-¡Me alegro por ti! -le dijo ella.
Ignacio la tomó de la mano y se la besó, la mantuvo entre las suyas y Bianca fué feliz sabía que había encontrado a alguien especial para ella.
-Te estoy empezando a querer -le dijo ella.
-Eres cursi -le dijo él mientras ponía los ojos en blanco y luego río. Rieron ambos
-Siempre has coqueteado conmigo -afirmó ella.
-Quizá al principio un poco, había justo terminado con alguien, creí que no lo habías notado, te deje tranquila. Eres muy despistada -le dijo Ignacio sonriendo.
-¿Alguien de la oficina?, ¿hombre o mujer? -preguntó Bianca
-Nia -respondió
-¿Qué? ¡Oh por Dios! -se sorprendió ella.
-Ella sabe, llegue a salir con ella y Dino, llegamos a estar los tres juntos. Fue un error, pero ya aprendí -confesó.
-¡Por Dios Santo! Ahora mismo cree que me acuesto contigo, y la oficina es cosa aparte, ¿Qué pasó con eso? -continuo sorprendida Bianca.
-Ahora estamos bien, pero no salimos bien del trío, ella quería más y pues mi más era para Dino, ella se sintió dolida, creo que no entendió el juego, pero ahora estamos bien, lo juro. Y fue un error como dije, hacerlo con alguien de la oficina. Ella me consoló cuando termine con Dino, supimos que lo superamos porque no tuvimos sexo, solo fue una mano amiga -contó con paciencia Ignacio.
-¡Si tu lo dices! -comentó ella sin saber qué decir. Bianca aún estaba sorprendida.
-Deberías confiar más en ella, no es mala persona -le recomendó.
-Seguro, sé que sí. Jamás me contó nada. Debo regresar a la corporación de la O.
Ignacio la ayudó a salir del restaurante, ella iba colgada de su brazo, se apoyó en su hombro e iba contándole las maldades que le hacían sus cuñadas tan malditas, Ignacio le confirmó que Cintia, tenía fama de petulante, odiosa y de tratar mal a la gente según le contaba Dino.
Una vez de regreso en el edificio de la O, Bianca se encontró a Thiago, así que no se perdió, pero estaba en shock, en piloto automático, ¿Cómo miraré a Nia a la cara ahora? Se preguntaba.
-¿Qué tal el almuerzo con nuestro galán? -le preguntó Nía a su regreso a la oficina.
-Bien, aclaramos las cosas, me llamo insegura y eso, que me acompañó por lástima pero que no estuve bien, queriendo darle celos a las brujas de mis cuñadas -le contó
-Hombre hermoso y sabio, ¿Amigos? -preguntó intrigada Nia.
Bianca tomó el riesgo.
-Si, ¡Sólo amigos! De hecho creo que seremos súper buenos amigos, resulta que mi cuñada conoce a su ex novio, Dino, y bueno los conecto -le contó
Nia se sorprendió pero intentó disimular.
-¿En serio? Qué bueno, porque él parecía realmente enamorado de ese pendejito, es un crío, hermoso, medio divo, pero Ignacio es otro cuando está cerca de él -le contó ella.
-Que bonito, que alguien se enamore así de uno, ¿no? Y más alguien como Ignacio -le dijo Bianca.
-¡Supongo!
Rieron las dos juntas.
Ya compartían un secreto, confiaban la una en la otra con la vida de alguien más pero era un secreto igual.
Bianca le comentó a Ignacio por teléfono y estuvo encantado.
-¿Tú cuñada sabía que él era gay? Que humillación amiga, y tú miren a mi nueva conquista -bromeaba Nia mientras reía a carcajadas.
-Si, fue horrible. Yo queriendo figurar como una diva irresistible y ella, no me engañas con este -le confirmó riendo.
Antes de salir de la oficina Augusto llamó a Bianca para preguntar si le había gustado su regalo.
-Hola hermosa, espero que hayas terminado de pasar un lindo dia ayer, ¿te gusto mi regalo? -le preguntó Augusto a través del teléfono.
-Si, me encanto, gracias llegué a descansar anoche -respondió.
-Siento si Cintia se puso pesada ayer, a veces el estrés de su trabajo le afecta de más. -la disculpó él.
-No te preocupes, fue la de siempre, ya estoy acostumbrada -mintió ella.
-No sé porque le dije eso, he debido decir, es una maldita bruja que me odia y me hace la vida gris y no te la mereces, pero bueno es mi hermano no quiero conflictos, tienen apenas un año de casados, aún tengo esperanzas de que se divorcien -pensó para ella.
Al llegar a su casa, pensó que al fin podía relajarse. Todo estaba saliendo bien.