Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Matrimonio en las Vegas
Matrimonio en las Vegas

Matrimonio en las Vegas

Autor: : Hernandez Isabella
Género: Romance
Matrimonio en Las Vegas es una novela romántica y divertida donde la vida de Grace Davis da un giro inesperado tras una noche de fiesta en Las Vegas. Lo que comienza como una celebración de graduación termina en una boda impulsiva con James Clarke, un desconocido y atractivo hombre que necesita desesperadamente permanecer en Estados Unidos. Grace y James tendrán que lidiar con las consecuencias de una boda imprevista y fingir ser una pareja enamorada mientras sortean las sospechas de inmigración. La trama mezcla humor, romance y momentos de tensión en una historia que explora cómo el verdadero amor puede surgir en los momentos más caóticos. Grace, confundida y vulnerable, intenta sobrellevar su inesperada situación mientras descubre su lado romántico con un hombre que parece mezclar lo peor y lo mejor. Perfecto para los amantes del romance con toques de comedia, Matrimonio en Las Vegas promete una historia intensa y entretenida que dejará a los lectores con ganas de saber si esta pareja inesperada logrará convertir una locura en algo real.

Capítulo 1 Episodio 1

Las parpadeantes luces de colores brillantes y el volumen alto de la música que retumbaba en las paredes de aquel club incitaban a todos los que adentro se encontraban a mover sus cuerpos, frotándose, saltando y cantando. Unos más ebrios que otros danzaban sobre la barra, quitándose la ropa, otros estaban en una esquina teniendo relaciones sexuales con ropa como si no hubiese hoteles en esta ciudad. El olor del cigarrillo y otras drogas que no reconocía impregnaba todo el lugar.

Sí, la hermosa y perversa ciudad de Las Vegas.

- Vamos Grace, que hoy es nuestro día.

Seguí a Jane -mi mejor amiga- que se abría camino entre los cuerpos sudorosos, algunos aprovechándose y tocando más de la cuenta pues girarme a encararlos era prácticamente imposible cuando no sabía quién pudo haber sido. Cuando por fin pude llegar a la barra, Jane ya tenía en su poder dos vasos de no sé qué sustancia.

- Brindemos cariño porque por fin nos graduamos y además porque -alzó su vaso- lo que pasa en las Vegas

- Se queda en las Vegas - completé chocando los vasos para luego hacer un fondo limpio-.

El sonido de la ducha llegó a mis oídos, escuchar cada gota caer taladraba mi cabeza a cada segundo. La almohada amortiguó un poco el sonido, sin embargo, aún no era suficiente, me quejé e intenté sentarme en la cama.

Estúpida Jane Hill y sus duchas demasiado tempranas para mi gusto.

Mi mano fue a mi cabeza en el momento en el que el dolor se hizo más intenso.

Prometo nunca más volver a tomar como lo hice ayer.

El ruido se detuvo y esperé encontrar a Jane saliendo envuelta por su bata rosa chillón, pero eso no sucedió. Mis ojos veían algo completamente diferente.

¿Qué mierda me metí anoche? Ya empezaba a ver ángeles caídos.

- Veo que ya despertaste -dijo secándose el cabello con una toalla-.

- ¿Qué rayos haces aquí?

- Es mi departamento, querida. Si alguien está invadiendo propiedad privada, claramente, no soy yo -miré a mi alrededor fijándome que no estaba en mi habitación y lo miré nuevamente-.

Vamos Grace, no bajes tu mirada, no sigas ese camino que las gotas de agua recorren hasta perderse en la perfecta V al final de su abdomen.

- Entonces, ¿Qué rayos hago aquí? -replantée la pregunta-.

- Pues anoche bebiste demasiado, te lanzaste a mis brazos cuando pasé a tu lado y casualmente me pediste que te folle duro contra la pared. Claramente como todo un caballero primero te ofrecí un trago, bailamos un poco, fuimos a una capilla donde realizan matrimonios express y después de dar el "Sí, acepto" frente a ese hombre disfrazado de Elvis Presley, cumplí tu requerimiento y te follé duro contra la pared, exactamente esa que está ahí -señaló la pared a un lado de la puerta del baño-. Ya sabes, algo que pasa normalmente.

No me sorprendería tener la mandíbula dislocada en este momento, no podía creer todo lo que me había dicho. Parpadeé asimilando la situación.

- Esto tiene que ser una broma.

Me levanté tan rápido que un fuerte mareo se apoderó de mí, antes de que pudiera besar el suelo, aquel dios griego me tomó de la cintura, notando en ese momento que me encontraba como Dios me trajo al mundo.

Chillé y corrí al baño, las arcadas se apoderaron de mí y boté todo lo que había comido. Unas manos sostuvieron mi cabello.

- Vamos cariño, debes calmarte.

Jalé de la palanca y temblorosa me puse de pie.

- ¿Cómo demonios quieres que me calme? ¿Acaso eres estúpido? No vas por el mundo entregándole tu virginidad al primero que se te cruce y mucho menos contrayendo matrimonio Eres ¡Eres un oportunista!

- Guao, espera. ¿Oportunista yo? Te recuerdo que tú fuiste la que se lanzó a mis brazos.

- ¡Pero no para casarme contigo, imbécil!

Corrí a la habitación a buscar mi ropa, sólo encontré mi vestido y tacones. Maldije, a este punto no me importaba salir sin ropa interior.

- Relájate, fiera -me tomó del brazo jalándome hacia él-. Que carácter tan explosivo que cargas, sólo estaba bromeando.

Sentí mi cara enrojecer de coraje.

- ¡Eres un idiota! Me largo de aquí.

Con los zapatos en mano salí de aquella estúpida habitación. El enojo se estaba apoderando de mí, sin embargo, por otro lado, estaba la calma de saber que no estoy casada con un imbécil, guapo si, pero imbécil al fin.

Gimoteé al pensar que ya no era virgen ¿Qué opinaría mi mamá sobre esto? Por supuesto, no estaría orgullosa.

En el ascensor pude ponerme los zapatos, sintiéndome muy incómoda por ir sin nada debajo del diminuto vestido. Seguramente llevaba la peor pinta del mundo y por eso todos me miraban como si de un fenómeno se tratase.

¿Acaso nunca vieron a una mujer con resaca saliendo despavorida de un hotel?, creí que en Las Vegas era normal.

No sé si tomarlo como suerte o no, pero este lugar no quedaba muy lejos de donde Jane y yo estábamos hospedadas.

¡Jane!

Sin duda, mejor amiga que ella no existía, había dejado que me fuera con un completo desconocido.

Llegué en cuestión de minutos, toqué la puerta un millón de veces.

- ¡Mierda! ¿Quién jode tanto? ¿no ven que estoy con una puta resa?

- Sal de aquí, perra -la empujé entrando a la habitación-.

- ¿Uhm? Espera un minuto ¿Qué rayos te sucede?

- Y aún tienes el descaro de preguntar -rodé los ojos-. ¿Cómo fuiste capaz de dejarme ir con un desconocido?

- Para ser la que obtuvo el mejor puntaje en el colegio, eres realmente tonta. ¡Hello! Estamos en una ciudad desconocida.

Caminó hacia la mesa de noche y tomó unas aspirinas, le arrebaté una y me la tragué con un poco de agua.

- ¡Jane! A pesar de eso, sabes que no estuvo bien dejarme ir con cualquiera.

- Pero si aquel papasito fue muy amable, hasta nos invitó los siguientes tragos y además su amigo estaba Pero bueno, ¿Cómo fue? ¿Es bueno en la cama?

- ¡Ash! -me acosté en la cama sintiendo mi cabeza dar vueltas, aunque no tanto como antes-. ¡Eso es lo peor de todo! Ni siquiera recuerdo cómo fue.

- ¡Oh! Lo empiezo a entender, tú estás enojada porque no recuerdas cómo fue ver a ese papasito en todo su esplendor.

Me sonrojé un poco, mi amiga era mucho más abierta para este tipo de cosas, pero yo no, así que el tema podía llegar a incomodarme.

- ¡No seas tarada! Es sólo que fue mi primera vez, no recordarla me decepciona mucho, no era exactamente cómo quería hacerlo.

Si bien es cierto que no era de aquellas chicas que esperaban al matrimonio para tener relaciones sexuales y tampoco me imaginaba algo como un cuento de hadas, con pétalos de rosas en la cama y velas, al menos, me hubiera conformado con recordarlo.

Y sí, secretamente me decepcionaba no recordar a ese hombre encima de mí.

- ¡Pero para eso tenías toda la mañana! nunca debes salir sin un buen mañanero querida -giré los ojos recordando la pequeña escena-. Al parecer no lo aprovechaste, todos estos años enseñándote para nada -se golpeó la frente-. Que decepción.

Reí y me giré poniendo mi cara en mi almohada, sólo quería dormir y olvidar.

- Mi dulce y ya no virgen Grace, recuérdalo Lo que pasa en las Vegas

- Se queda en las Vegas.

Capítulo 2 Episodio 2

Un mes después, todo había regresado a la normalidad en lo que cabía, obviamente. Jane y yo nos mudamos a Westwood para estudiar arquitectura en la Universidad de California, y alquilamos un departamento pequeño pero no muy lejos de la universidad.

Tratábamos de conseguir trabajos de medio tiempo pero ningún lugar nos aceptaba, sin embargo las cosas iban relativamente bien, no había vuelto a saber sobre el "imbécil rompe himen" cómo decidí llamarlo y esperaba que así fuera por un muy largo rato.

"Booty" empezó a sonar trayéndome a la realidad nuevamente, reconociendo ante mis ojos el campus de la universidad.

Jane miró mi celular curiosa.

- ¿Hola? -contesté-.

- Buenas tardes ¿Hablo con la señorita Grace Davis?

- Sí, soy yo

- Reciba un saludo cordial del departamento de inmigración de los Estados Unidos de Norteamérica, el motivo de nuestra llamada es para informarle que necesitamos que se haga presente en las oficinas de Los Ángeles el día viernes a las tres de la tarde.

- ¿Qué? Pero, ¿Por qué? -pregunté confundida-. Nací en Estados Unidos, creo que se están confundiendo.

- No lo creo señorita Grace, usted consta dentro del sistema por lo cual necesitamos validar datos de su matrimonio -unos ruidos a través de la línea se hicieron presentes y la chica que hablaba por la línea intentó tapar la bocina para que no la oyera-. Sí, ya tenía hambre, espera a que termine con esta llamada.

» Entonces, contamos con su puntualidad. Gracias por su atención

- ¡Espere! -colgó dejándome más confundida y con la palabra en la boca-.

¿Qué rayos había pasado? Unas arrugas aparecieron en mi frente ante la confusión, en primer lugar yo no estaba casada, ni siquiera tenía novio ¡Ni uno imaginario!

- ¿Quién era? -preguntó Jane-.

- Te cuento de camino a clases -miré mi reloj-.

Faltaban diez minutos para la siguiente clase, me paré y ayudé a Jane a levantarse del pasto empezando a contarle la situación.

- Que loco, lo más seguro es que todo sea un error.

- Probablemente, de todas formas tengo que ir a averiguar qué sucede pero me preocupa tener que faltar a clases.

- Uhm sí, ¡que mala suerte! -rodó los ojos-. Sólo tú podrías preocuparte por faltar un día a la universidad.

Alcé los hombros, odiaba atrasarme en las materias y tener que revisarlas en casa. Saqué los materiales de mi casillero con una mueca al notar que la siguiente clase era de historia, enserio detestaba esa materia.

- Sé que no es el momento pero tengo que confesarte algo -Jane unió sus dedos índices como siempre lo hacía cuando se ponía nerviosa-. Me gusta alguien.

Giré los ojos.

- Avísame cuando no te guste nadie, eso sí me sorprendería -la aparté del camino-.

Comencé a caminar antes de ganarme un buen golpe, aunque no fui tan rápida ya que no pude librarme.

Auch.

- Eres demasiado cruel conmigo, en esta ocasión lo estoy diciendo de verdad.

- Si, es como la enésima vez que dices eso.

Jane era de las chicas que se enamoraban rápidamente, tenía millones de crushes.

Sus manos se posaron en mis hombros parando mi caminata. Me miró a los ojos decidida.

- Grace, esta vez es enserio -dijo-. Él. Realmente. Me. Gusta.

- Probablemente te estoy creyendo -crucé los brazos-. Cuéntamelo todo con lujo de detalles para poder entenderte -empecé a caminar nuevamente- ¿Quién es?

- Es el chico que conocimos en Las Vegas.

- Corrección, que tú conociste, yo simplemente no recuerdo nada.

- Ya, y si no te acuerdas no pasó.

- Pero a ver si entendí, ¿Qué pasó con lo de "Si pisi in Lis Vigis si quidi in Lis Vigis"?-dije haciendo comillas con los dedos-.

- Grace a veces hay que aceptar que para cada regla existe una excepción, y él es la mía. Simplemente me encanta.

Le dí una sonrisa en la que no fui realmente sincera, no me malinterpreten, enserio me alegraba mucho la idea de que mi amiga "siente cabeza" pero aquel chico era amigo del imbécil que me quitó la virginidad, y lo que menos quería era encontrarme con él, al menos no en los próximos uno, dos o cincuenta años siguientes.

Que cobarde era.

- Pero, ¿dónde vive él?

- ¡En nuestra ciudad! ¿No es maravilloso? Creo que es el destino.

Y es que cuando ella se enamoraba Lo hacía con todas las letras de esa palabra. Era algo así como una romántica empedernida.

- Estoy feliz por ti, pero hay algo que me preocupa

- ¿El misterioso hombre con el que amaneciste desnuda?

- Bueno -dije incómoda por como algunos nos quedaron mirando-.

- No creo que deberías preocuparte por eso, además ¿Es guapo, no? No creo que esté mal otra ronda de -la golpeé haciendo que se calle-.

- ¡Jane! Eres tan imprudente

- Hablas como una virgen -dijo después de rodar los ojos-.

Comenzó a reírse y corrió a su siguiente clase.

Estúpida mejor amiga.

Abroché el botón superior de mi camisa por milésima vez en el día al notar como el hombre de la entrada se detenía a ver mis senos sobre el encaje negro del sostén que llevaba aquel día.

Estúpido botón, siempre pasaba eso con esta camisa. Pero no tenía nada más formal para venir aquí.

Mis ojos pasaron por el recibidor del gran edificio, tratando de distraerme al notar los detalles de cada zona sin evitar pensar en los cambios que le haría al lugar si yo hubiera sido la encargada del diseño, se veía bien pero podía ser mejor.

Me acerqué a una mujer rubia que estaba detrás de un mesón de granito negro bastante elegante.

- Buenas tardes ¿En qué la puedo ayudar?

- Soy Grace Davis, recibí una llamada de inmigración.

- Oh sí, el señor Schmidt la está esperando en su despacho, es en el tercer piso, la segunda puerta de lado izquierdo.

- Gracias.

Entré al ascensor con tres personas más. Durante un silencio incómodo subí hasta el tercer piso, cuando encontré la puerta toqué un poco indecisa, debía arreglar este problema ahora.

- Pase por favor -la puerta se abrió-.

Ingresé al amplio lugar encontrándome de frente con un señor de no más de cincuenta años.

- Bienvenida señorita Davis, el señor Clarke, su esposo, ya está aquí.

Tomé su mano saludándolo.

- Creo que se está confun -al hacerse a un lado para dejarme pasar me encontré con unos ojos miel mirándome fijamente-.

Un poco más y mis ojos casi abandonan mi cara.

No.

Dios, no.

No podía ser el imbécil rompe himen.

Mentalmente comencé a golpear mi cabeza contra la pared.

¡Que suerte la mía! Entre tantos hombres, tenía que encontrarme con él.

- Hola, cariño.

Capítulo 3 Episodio 3

- A ver si entendí Tú Eres un inmigrante ilegal

- ¡No!

- ¿Entonces?

Recosté mi cabeza sobre la fría mesa tratando de ubicarme en tiempo y espacio.

Luego de verlo había colapsado, sin duda la situación era un poco exagerada pero gracias al cielo el señor Schmidt pudo sostenerme a tiempo, en sus brazos pude abrir mis ojos pero aún la debilidad amenazaba con llevarme, así que decidieron que sería mejor que el imbécil guapo me llevara a la cafetería para que pudiera ingerir algo dulce y me recupere.

- Escucha, tienes que ayudarme.

- ¿Y yo por qué? -dije acomodándome en mi lugar y fijando mis ojos en los suyos-.

Su mirada bajó a mi pecho y se relamió los labios.

- Porque eres mi esposa.

- No soy tu esposa -fruncí mis cejas y me di cuenta qué era lo que observaba con tanto deleite-. ¡Y deja de verme los senos, maldito pervertido! -abroché nuevamente el botón-.

- ¡Si lo eres! -gritó en susurros, como si eso fuese posible-. Te lo dije aquel día cuando saliste corriendo de mi habitación; y es difícil no fijarme en ellos, están tan

- ¡Basta! -lo interrumpí antes de tener un colapso nervioso-. Dijiste que era un broma.

- No me dejaste terminar, iba a decir que era mentira que te follé duro contra

- Cállate -volví a cortar su discurso- . O sea que tú y yo nunca -negó-.

¿Entonces sigo siendo virgen?

- Imposible -dije recordando-. Estaba desnuda.

- Estar desnuda en mi cama no significa nada.

-¡¿Qué clase de pervertido eres que?!

- ¡Sh! -abrió los ojos al darse cuenta que llamé la atención de algunos clientes-. Esto es algo delicado así que trata de bajar un poco la voz, no todos tienen que enterarse.

Abrí la boca indignada.

¡A mí qué mierda me importaba que todos supieran que ese hombre es un enfermo pervertido!

- ¡Tú! -iba a insultarlo pero de nuevo me interrumpió-.

- Si quieres respuestas te las daré, estabas desnuda porque al llegar a mi departamento, me besaste y luego vomitaste ensuciando todo tu vestido. Por cierto, increíble manera de aumentar mi ego después de un beso -comentó de manera sarcástica-.

Me sonrojé de inmediato.

Que vergüenza Tal vez por eso no quiso acostarse conmigo.

¡Pero qué mierda pienso!

Debería estar feliz de no haber perdido mi virginidad de esa manera. Miré los brazos forrados en aquella camisa de vestir blanca y no pude evitar morder mis labios.

Que bien se hubiera sentido estar entre esos brazos

Recordé el día en su habitación y como pude apreciar todo su cuerpo, aquella V que

¡Basta!

- ¿Te encuentras bien? -su voz ronca me sacó de mí ensoñación-. Te veo un poco agitada -alzó una ceja-.

- Olvídalo.

- Lo que quiero decir -aclaró su garganta-. Es que sí nos casamos esa noche.

Cerré mis ojos con fuerza. Esto no podía estarme pasando, es decir, no sé qué es peor. Una cosa es perder la virginidad ebria pero ¿casarme?

- No puedo creer que hiciera eso ¿Ahora qué haré? ¿Qué pasará? -quise levantarme y huir de ahí pero una mano se apoderó de la mía evitando que eso pasara-.

- Grace, lo siento, sé que no debió ser así pero ahora debes ayudarme. Mi visa expiró y no aceptaron mi solicitud de actualización, estoy a punto de ser deportado. Tengo un trabajo aquí, mi vida entera, y no puedo permitir que eso suceda, puedo darte lo que quieras a cambio de tu ayuda.

Me solté de su agarre.

- ¿Quieres que finjamos ser esposos?

- Técnicamente ya lo somos pero podemos decir que sí.

- No.

- ¿Qué? -preguntó confundido-.

- No voy a hacerlo, ni siquiera te soporto, no.

Tomé mis cosas y huí de él otra vez.

Ésta vez sí llevaba mi ropa interior.

Cerré los ojos al sentir como el líquido caía en mi rostro, Jane había escupido toda su coca cola luego de escuchar lo que pasó.

- ¡Que asco!

- ¡Paren el mundo! -se limpió con el dorso de la mano-. Ese día te casaste ¡Vaya! Superaste todas mis expectativas, ven acá -me abrazó-. Sabía que algo de lo que te enseñé daría sus frutos, estoy muy orgullosa de ti.

- ¡Jane! ¿Puedes por favor darle importancia a lo que te digo?

Mientras yo estaba muriendo en vida debido a la preocupación, ella estaba feliz.

- Yo creo que te hacía falta una buena aventura.

- Dime, ¿Qué hiciste con tu cerebro? -dije golpeando levemente su cabeza-. ¿Hay algo allí dentro?

- Lo arrojé por ahí, querida. No quería gobernar el mundo.

Rodé los ojos.

- Jane

- Estaba tratando de romper la tensión del momento -se sentó en el sofá-. La situación es mala, muy mala.

- Dime algo que no sepa.

- No. Mira, se casaron hace un mes, y el tiempo reglamentario para que acepten un divorcio es tres meses luego del matrimonio, así que esa solución está descartada.

Los padres de Jane y su hermano son abogados, razón por la cual ella sabe mucho de leyes. Sus padres querían que ella estudiara derecho pero no lo habían conseguido, ella se empeñó mucho en estudiar arquitectura porque amaba diseñar. Claro que sus padres no pudieron quedarse de brazos cruzados y la desheredaron completamente hasta que pudiera demostrar que no iba a fracasar.

- Lo que significa dos meses más amarrada a un hombre que no amo.

- Un hombre que es inmigrante ilegal.

- No sé qué hacer.

Frunció sus cejas pensando en algo.

- ¿Sabes su nombre? Podemos investigarlo.

- No, aunque -dije recordando-. Tengo su apellido.

- Déjame ir por mi laptop.

Cuando regresó entramos al buscador e ingresamos "Clarke". Mil páginas aparecieron de repente. Sería difícil encontrarlo entre tantos con aquel apellido.

- Creo que mejor será ir a imágenes.

Asentí y dimos click, de repente muchas fotos de él aparecieron, abrí los ojos.

Se veía tan apuesto en traje.

- ¿Es él? -casi escuché a mi amiga tragar saliva-. No lo recordaba tan malditamente ardiente.

- Sí.

Ingresamos a la primera foto y entramos al link que estaba a un lado.

"Uno de los emprendedores más jóvenes Y sexys del pais"

El título de la editorial de una revista online llamó nuestra atención.

"Joven, trabajador, inteligente ¿y por qué no? Sexy, son las palabras que definen a James Clarke.

Con sólo veinticinco años de edad, el ingeniero civil James Clarke ha logrado crear desde cero una de las empresas de construcción más prometedoras del país, sin duda, ha logrado llamar la atención de todos."

Jane y yo nos miramos incrédulas.

- Este chico es una caja de sorpresas Pero ¿Cómo es que no ha logrado mover influencias para conseguir su visa?

- No tengo la menor idea.

Unos toques en la puerta nos hicieron sobresaltar. Nos miramos pensando quién sería la indicada para abrir la puerta, al final Jane lo hizo.

El señor Peterson apareció en el salón segundos después, suspiré aliviada, por un momento creí que era el imbécil que no me rompió el himen.

Bill Peterson era un hombre de al menos cincuenta años muy amable y cuyas canas empezaban a blanquear su cabello, él es el dueño del edificio donde vivimos.

- Señorita Grace -me dió un abrazo luego de saludar a Jane-.

- ¿Cómo está señor Peterson?

- Llámame Bill cariño -sonrió bastante triste-. Tengo que informarles algo importante.

- ¿Qué sucedió? -preguntó Jane-.

- Van a demoler el edificio.

Oh no.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022