"Acaban de llegar los resultados de tu prueba de embarazo. De hecho, estás embarazada. ¡Felicidades!". La doctora sonrió ligeramente mientras revelaba la noticia.
Eunice no podía creer lo que escuchaba. ¿Cómo era posible?
Sus ojos se abrieron de par en par por la conmoción. Era increíble.
No tenía novio, ni había estado nunca íntimamente con ningún hombre. ¿Cómo podía estarlo? Tenía que haber algún error.
Estrella, la media hermana de Eunice, se cubrió la boca y miró fijamente a la mujer supuestamente embarazada. "Eunice, pensé que solo tenías dolor de estómago. ¡Esto sí que no me lo esperaba! ¿Cómo has podido quedarte embarazada sin estar casada? Es inaceptable. Tengo que decírselo a papá y a mamá".
Tan pronto como terminó de hablar, sacó su celular y llamó a casa.
Eunice, todavía aturdida, no sabía cómo reaccionar ante aquella situación. La doctora se aclaró la garganta y le lanzó una mirada compasiva.
"Los resultados de tu examen médico son muy delicados, y el riesgo de aborto espontáneo es, por desgracia, tan alto que podría provocar infertilidad permanente. Lo mejor sería que siguieras adelante con el embarazo".
Incapaz de asimilar la abrumadora información, Eunice se limitó a mirar a la doctora, sin saber qué decir.
Cuando las hermanas regresaron a casa, Eunice se enfrentó de inmediato a la ira de su padre y su madrastra.
"¡Eres una desvergonzada! ¿Cómo has podido hacernos esto? ¡Estoy profundamente decepcionado de ti!". Leonel señaló con el dedo el rostro de su hija, furioso.
"¡Ay! ¡Has arruinado la reputación de nuestra familia!". Deanna. Moore levantó las manos en el aire por frustración.
Luego se giró hacia su esposo y continuó: "La familia Méndez planeaba fortalecer nuestro vínculo mediante el matrimonio. Tu padre dijo que dejaría que Eunice se casara con alguien de la familia Méndez, pero ahora mira la que se ha armado. Esta pequeña...".
Deanna quiso maldecir y desatar su ira contra Eunice, pero se contuvo al pensarlo mejor.
Leonel negó con la cabeza y dijo: "Eunice no se lo merece. Que sea Estrella quien se case con alguien de la familia Méndez".
Al oír el cambio de planes, Deanna sonrió satisfecha y miró con orgullo a su hija.
El rostro de Estrella se iluminó de inmediato. Apenas conteniendo la emoción, aplaudió y exclamó: "¡Genial! Siempre me ha gustado Rufus".
Leonel asintió con aprobación. Pero su expresión se tornó lívida una vez más mientras reanudaba su sermón hacia Eunice.
A diferencia de su media hermana, a la joven no le importaba en absoluto el compromiso. A pesar de recibir comentarios groseros y graves amenazas de su padre y su madrastra, solo podía pensar en su embarazo.
La única explicación que encontraba a su estado era la reunión de antiguos alumnos de hacía tres meses. Se había emborrachado tras tomar una copa de vino y no recordaba nada de lo que había sucedido después.
Leonel y Deanna continuaron reprendiendo a Eunice, pero ella no respondió ni se defendió. Satisfechos de que por fin pareciera haberse dado cuenta de su error, el matrimonio se sentó a ver la televisión con Estrella, ignorando a su angustiada hija durante las siguientes horas.
Mientras cambiaban de canal, una noticia de última hora captó su atención. "Les ofrecemos las últimas noticias sobre el sucesor de la poderosa familia Lawson. Tras ser supuestamente perseguido por sus enemigos y recibir múltiples puñaladas, sigue sin ser encontrado. Lleva desaparecido más de tres meses. La policía y la familia Lawson han hecho todo lo posible por encontrarlo, pero su paradero sigue siendo desconocido. Si tiene alguna información que pueda ayudar a los investigadores a localizarlo, llame al número que aparece en pantalla".
Tres años después, Eunice bajó del tren y entró en la estación de Orley. Vestía una elegante gabardina que realzaba su esbelta figura. Con el cabello hasta los hombros y un ligero maquillaje, lucía un aspecto delicado y hermoso. Llevaba una gran maleta blanca en una mano y con la otra le daba la mano a un niño pequeño.
El pequeño llevaba una gorra de béisbol y una moderna chaqueta vaquera. Miró a su madre y preguntó con voz dulce: "¿Mami, vamos a buscar a mi madrina ahora?".
"Aún no. Primero vamos al hotel a descansar un poco. La veremos esta noche", respondió la mujer con una ligera sonrisa.
Había algunos asuntos importantes de los que tenía que ocuparse primero. Tan pronto como llegaran al hotel y dejaran el equipaje, tendría que ponerse manos a la obra. Además, había quedado con su amiga, Delia Cortez. Iban a reunirse para cenar esa misma noche. Le esperaba un día muy ajetreado.
"¡Oh, de acuerdo!", respondió el niño con una sonrisa de oreja a oreja.
Eunice se dirigió con su hijo hacia la parada de taxis. Cuando se acercaron a un taxista para que los llevara a su hotel, no se dieron cuenta de que dos hombres los observaban desde lejos.
Junto a una valla publicitaria había dos hombres con traje. Uno de ellos era alto y tenía un aura imponente, y la mayor parte de su rostro estaba cubierto por unas gafas de sol. Al posar su mirada en Eunice y el niño, sintió que el corazón se le aceleraba.
"La señorita Moore y su hijo lo más probable es que se dirijan al hotel", susurró el otro hombre. Era Julius Nelson, el asistente del hombre alto.
Acababa de confirmar esa información el día anterior. Eunice había reservado un hotel en Orley dos días antes.
El hombre alto no respondió. En lugar de eso, mantuvo la mirada fija en las figuras de la madre y el hijo mientras se alejaban.
Una vez que el taxi se marchó, el hombre se giró hacia Julius y le ordenó: "Síganlos".
Dentro del vehículo, Eunice miraba por la ventanilla con su hijo durmiendo en su regazo. Mientras observaba el ajetreo de la gran ciudad, se vio asaltada por los recuerdos.
Aquel fatídico día, tres años atrás, cuando descubrió su embarazo, su amargado padre y su madrastra la echaron de casa. Debido a su delicada condición física, el aborto no era una opción, así que huyó al campo para pedirle ayuda a su tía.
Cuando Eunice se sometió a otro examen médico en el hospital general del pueblo, se sorprendió al descubrir que estaba embarazada de trillizos. El día del parto, dos de sus bebés sufrieron complicaciones y fallecieron nada más nacer. Solo el último nació sano y fuerte. Después del nacimiento de su hijo, siguió llorando todos los días, lamentando la pérdida de sus otros dos pequeños. Con su único hijo a su lado, tuvo que convertirse en una madre cariñosa y responsable, y luchar por salir de la depresión.
Eunice había pasado por muchas dificultades en los últimos tres años, pero, afortunadamente, su tía siempre fue buena con ella y con el niño. El pequeño era obediente y sensato, lo que facilitó un poco la vida de Eunice como madre. Estaba agradecida a su tía y orgullosa de su hijo. Gracias a su perseverancia, su vida fue mejorando poco a poco.
Ahora, mientras abrazaba con fuerza al pequeño, solo deseaba que su hijo creciera sano y bueno, y que tuviera una vida tranquila.
Tan pronto como llegaron al Hotel Klein, Eunice despertó con cuidado a su hijo. Salieron del taxi y estaban a punto de entrar en el vestíbulo cuando de repente sonó su celular.
Era una llamada de Delia. Eunice se apartó con su hijo y le dijo: "Brent, mamá tiene que atender esta llamada. Puedes jugar por aquí cerca, pero no te alejes ni corras, ¿de acuerdo?".
"De acuerdo, mami. Iré al jardín a ver las flores". Después de que Eunice asintiera con aprobación, Brent trotó hacia el jardín que había a poca distancia.
Al ver que su hijo estaba a un tiro de piedra, Eunice contestó la llamada.
"¡Hola, Eunice! ¿Llegaron Brent y tú sanos y salvos a Orley?", preguntó Delia con preocupación.
"Sí. Estamos a punto de entrar en el hotel. Después de registrarnos, tengo una reunión con el Grupo Frazier. Tengo que solucionar este asunto de una vez por todas", respondió la joven con voz seria.
La madre de Eunice había heredado el Grupo Frazier de su abuelo. Quería que Eunice se hiciera cargo de la empresa cuando fuera mayor. Pero falleció inesperadamente, dejando el cargo de presidenta en funciones a su esposo, Leonel.
Según las últimas noticias, Leonel tenía planes de vender el Grupo Frazier y registrar una nueva empresa en la que Deanna sería la representante legal. Esta impactante información no le sentó nada bien a Eunice, así que tenía que detener a su padre a toda costa.
No podía permitir que la empresa de su abuelo se vendiera a otro grupo empresarial. Además, nunca dejaría que Deanna se llevara una parte de los beneficios.
"Ve y recupera todo lo que te pertenece. Ten por seguro que cuentas con mi apoyo. ¡Te deseo mucha suerte!", exclamó Delia con voz decidida.
"Lo haré y haré que te sientas orgullosa. Gracias". Al oír las palabras de aliento de Delia, Eunice se sintió más segura. Luego las dos siguieron charlando, planeando sus actividades para los días siguientes.
Paseando por el jardín, Brent quiso recoger algunas flores para dárselas a su madre más tarde. Pero un anciano que vendía globos de dibujos animados al otro lado de la calle captó su atención. Estaba tan emocionado que quiso correr a verlo de cerca.
Justo cuando Brent echó a correr, vio a un motociclista que se dirigía directamente hacia él. El choque parecía inminente, y daba la impresión de que nada podría evitar el accidente. De repente, una voz preocupada sonó en los oídos del pequeño.
"¡Cuidado, niño!".
En el último instante, dos brazos robustos rodearon a Brent y lo pusieron a salvo.
El ciclista adolescente, tras un volantazo, apenas rozó la espalda del hombre y se perdió a toda velocidad en la intersección.
Tras una larga pausa, la tensión en el ambiente se disipó. El desconocido soltó lentamente a Brent una vez que se aseguró de que el peligro había pasado.
"Oye, chico. ¿Estás bien?", preguntó el hombre en voz baja.
Fue entonces cuando Brent pudo ver con claridad el rostro de su salvador. Era increíblemente guapo.
Hacía solo unos momentos, el pequeño había estado en peligro, pero ahora estaba sano y salvo, todo gracias a este amable desconocido.
Agradecido, Brent le dedicó una sonrisa y respondió con voz suave: "Estoy bien, señor. Gracias por ayudarme".
El hombre asintió y dijo en tono serio: "No deberías andar corriendo así. Aquí, en la gran ciudad, ocurren muchos accidentes. Vuelve con tu mamá y no te separes de ella".
"Está bien, señor".
Tras evitar el desastre por los pelos, Brent seguía muy asustado. Se dio la vuelta rápidamente y corrió hacia su madre.
Satisfecho al ver que el pequeño seguía sus indicaciones, el desconocido se dio la vuelta y se perdió entre el gentío de la concurrida calle.
Eunice seguía charlando por teléfono, ajena a que su hijo casi había sufrido un accidente. Cuando terminó la llamada, un silencioso Brent estaba a su lado. Supuso que estaría cansado de jugar y querría descansar, así que, acariciándole la cabeza con cariño, le dijo: "Vamos al vestíbulo del hotel para registrarnos".
"De acuerdo, mamá".
Después de recoger la llave de su habitación en recepción, Eunice llevó a su hijo a la guardería del hotel. Luego subió a su cuarto, dejó el equipaje y se aseguró de que todas sus pertenencias estuvieran en orden. Antes de salir a ocuparse de sus asuntos, confió a Brent al cuidado de la niñera, se despidió de él con un beso y se marchó a toda prisa.
En la sala de reuniones del edificio del Grupo Frazier, Leonel y Deanna estaban sentados junto a sus abogados, negociando con el comprador que pretendía adquirir la compañía.
En la recepción del edificio, Eunice mostró su identificación a la empleada. "Soy la hija mayor de la familia Moore. Vengo a ver a mi padre. ¿Sabe dónde está ahora?".
Tras confirmar su identidad, la recepcionista le dijo la verdad. "El señor y la señora Moore están en la sala de reuniones de la última planta. La conferencia de negocios con el posible comprador ya ha comenzado".
Al oír aquello, una chispa de resentimiento brilló en los ojos de Eunice. Se guardó la identificación en el bolsillo y se dirigió directamente al ascensor.
De vuelta en la sala de reuniones, Leonel y el comprador habían llegado por fin a un acuerdo. Sus respectivos abogados habían revisado los documentos legales y comprobado que no había ningún problema. Solo quedaba hacerlo oficial.
"Señor Reed, me alegro de que por fin hayamos llegado a un buen acuerdo. Tenga la seguridad de que nuestra relación comercial no hará más que fortalecerse a partir de ahora. Así que, sin más preámbulos, firmemos el contrato". Leonel estaba impaciente por vender el Grupo Frazier para poder recibir el dinero y empezar una nueva empresa con su esposa.
"De acuerdo, señor Moore. Estoy deseando incorporar el Grupo Frazier a mi corporación. Brindemos por ello".
En cuanto Jayson Reed terminó de hablar, la puerta de la sala de reuniones se abrió de golpe.
"¡Alto ahí! ¡Este trato no puede seguir adelante!". Con gesto decidido, Eunice entró y fulminó con la mirada a la pareja, que se quedó de piedra.
Al oír desde la puerta que estaban a punto de firmar el contrato, se sintió aliviada por haber llegado justo a tiempo.
Al otro lado de la larga mesa, Leonel y Deanna montaron en cólera.
"¿Eunice? ¿Qué haces aquí?", preguntó Leonel incrédulo mientras se levantaba.
La familia Moore no había vuelto a saber de ella desde que la echaron de casa. Leonel, que había llegado a pensar que la vergüenza la había llevado a quitarse la vida, no esperaba volver a verla, y mucho menos en las oficinas de la compañía en un momento tan decisivo.
Mientras tanto, Deanna se levantó y se puso al lado de su esposo. Apretó los dientes y señaló con el dedo a su hijastra. "¿Qué demonios crees que haces?".
"¿No es obvio? Vengo a impedir que vendan el Grupo Frazier", respondió Eunice con firmeza, mirando fijamente a su padre y a su madrastra.
Consciente de la urgencia, se volvió hacia el sorprendido grupo que estaba frente a ellos, saludó al posible comprador y expuso su argumento. "Hola, soy Eunice Moore. Vengo a recuperar lo que es mío por derecho. Mi abuelo legó esta empresa a mi madre, y ella estipuló que yo sería la sucesora del Grupo Frazier. Hay un documento escrito al respecto que fue notariado por sus abogados. Por lo tanto, mi padre y mi madrastra no tienen derecho a vender esta compañía. Ahora, yo estoy al mando".
Jayson y su equipo se sorprendieron ante esta impactante revelación, y de inmediato se volvieron para susurrar entre ellos.
Temiendo lo peor, Leonel y Deanna sintieron cómo la ansiedad se apoderaba de ellos. Millones de dólares estaban a punto de escapárseles de las manos.
"¡Eso es una tontería! Desde la muerte de tu madre, esta empresa me pertenece. Tengo derecho a decidir qué es lo mejor para el negocio", exclamó Leonel con fiereza, mirándola con desprecio.
"Así es", secundó Deanna. Incapaz de contener su impulso, se adelantó para enfrentarse a Eunice. "¡Maldita zorra, te voy a dar una paliza y te echaré de aquí a patadas!".
Furiosa, la mujer levantó la mano para abofetearla y se abalanzó sobre ella con la intención de sacarla de la sala.
Pero Eunice no pensaba rendirse sin luchar. Bloqueó la bofetada con facilidad y se mantuvo firme, sin ceder un ápice.
"¡Zorra, ¿cómo te atreves a resistirte?!". Tras no conseguir apartarla, Deanna rechinó los dientes, frustrada. "Es evidente que no sabes de lo que soy capaz. ¡Hoy pondré fin a tu miserable existencia!".
Deanna, fuera de sí, se abalanzó sobre Eunice, decidida a hacerle daño por cualquier medio.
Manteniendo la compostura, la joven siguió conteniendo a la mujer enloquecida e hizo todo lo posible por no salir herida.
Al ver que su esposa no podía asestarle ni un solo golpe, Leonel se apresuró a ayudarla.
Ante la creciente presión, Eunice ya no pudo defenderse. Justo cuando la palma de Deanna estaba a punto de golpearle la cara, un fuerte estruendo interrumpió la pelea.
Con cara de decepción, Jayson golpeó la mesa y se levantó. Mirando a Leonel, dijo con desagrado: "Señor Moore, ya que su compañía tiene una disputa interna, será mejor que se ocupe de ella primero. Podemos reanudar nuestro trato comercial después de que resuelva el problema".
Leonel y Deanna estaban demasiado aturdidos para hablar. Dejaron de acosar a Eunice y bajaron las manos.
Al darse cuenta de que habían actuado de forma imprudente delante del comprador, se pusieron nerviosos. La transacción estaba a solo un par de firmas de cerrarse. Cuando estaban a punto de disculparse y persuadir a Jayson para que se quedara, la voz del hombre resonó en la sala.
"Vámonos. Aquí hemos terminado". Jayson se dirigió hacia la puerta e hizo un gesto a su gente para que lo siguiera.
"De acuerdo, jefe".
Sus abogados salieron rápidamente de la sala detrás de él. En cuestión de segundos, todos se habían marchado.
"Pero señor Reed, le aseguro que todo está bajo control. ¿Podemos reanudar la reunión?", gritó Leonel, desesperado por que el trato se llevara a cabo.
Pero ya era demasiado tarde. La sala de reuniones se quedó en silencio; ya no quedaba ningún extraño. Eunice se alisó la blusa, se aclaró la garganta y miró a su padre. "Quiero recuperar el Grupo Frazier".
"¡Ni hablar!", objetó Deanna. "Tu padre y yo hemos gestionado el Grupo Frazier todo este tiempo. Nos pertenece. Nunca te lo daremos".
Aparentemente imperturbable, Eunice ignoró su arrebato y esperó la respuesta de su padre.
Al ver la expresión decidida en el rostro de su hija, Leonel suspiró y chasqueó la lengua. Tras dudar un momento, expuso su condición.
"En efecto, el Grupo Frazier pertenece a tu madre. Ella estipuló que podías heredar la empresa y dirigirla, pero solo después de casarte. No veo ningún anillo de boda en tu dedo, así que aún no tienes derecho a hacer valer tu reclamación. Hasta que encuentres un esposo, el Grupo Frazier sigue siendo mío", dijo Leonel con firmeza. Era definitivo.
Eunice tardó unos segundos en asimilar las palabras de su padre. Se quedó estupefacta.
¿Así que solo podría hacerse cargo de la empresa después de casarse? Nunca había oído hablar de ese requisito.
Cuando su madre le habló del acuerdo, ella aún era una niña. Su madre solo mencionó que podría dirigir el Grupo Frazier una vez alcanzada la mayoría de edad. Había un documento escrito al respecto, pero al parecer su madre no le contó todos los detalles.
Se vio sorprendida por esta cláusula inesperada. Aquello la tomó completamente por sorpresa.
Mientras su mente trabajaba a toda velocidad en busca de una solución, una idea surgió de repente.
¿Así que lo único que le impedía recuperar lo que era suyo por derecho era que aún no estaba casada?
Asintiendo lentamente, la joven miró a su padre a los ojos y preguntó: "Si me caso pronto, ¿me entregarás el Grupo Frazier?".
Esta contundente pregunta hizo que Leonel se diera cuenta de repente de la crisis inminente y cerrara la boca. No podía permitirse perderlo todo, y menos ante su hija, de la que se había distanciado.
Un abogado del Grupo Frazier que estaba sentado cerca intervino: "Sí. De hecho, esta condición específica está estipulada en el documento que su madre firmó hace tantos años. Los documentos están notariados, lo que significa que sus deseos y declaraciones deben cumplirse ante la ley. Mientras cumpla los requisitos del testamento de su madre, podrá proceder con los trámites de la herencia". El amable abogado respondió a su pregunta con sinceridad y le aclaró todo lo que Eunice necesitaba saber.
Al oír su explicación, Eunice se sintió aliviada, mientras que a Leonel y Deanna se les ensombreció el rostro por la rabia.
Tras asentir hacia el abogado, Eunice se sintió más tranquila y dijo: "En ese caso, me casaré lo antes posible y me haré cargo del Grupo Frazier".
Después de haber interrumpido la reunión, ya no había vuelta atrás. Eunice dejó claras sus intenciones y solo tenía que llevarlas a cabo. El Grupo Frazier pronto estaría a su nombre.
"Será un placer ayudarla a llevar el caso y a realizar los trámites pertinentes". El abogado asintió.
Eunice sonrió en respuesta.
Al ver el breve intercambio entre Eunice y el abogado, Leonel y Deanna montaron en cólera. ¡Ellos estaban al mando de la empresa, no ella!
"¡Hmph! No lo conseguirás. ¿Quién se casaría con una mujer que tuvo un hijo con otro hombre? ¿Qué tonto amaría a una perra tan patética con un hijo a cuestas?", se burló Deanna. No creía que Eunice fuera capaz de encontrar marido.
Al oír las palabras de su esposa, a Leonel se le ocurrió una idea. Se volvió hacia su hija y le dijo en tono serio: "Te doy un día. Si no estás casada antes del mediodía de mañana, perderás el derecho a heredar la empresa. Cuando eso ocurra, yo seré el siguiente en la línea de sucesión. El Grupo Frazier me pertenecerá y no tendrá nada que ver contigo".
Leonel estaba tan seguro de que Eunice sería incapaz de cumplir con un plazo tan corto, y de que ningún hombre estaría dispuesto a casarse con una mujer que ya tenía un hijo. Así, el Grupo Frazier sería suyo para siempre.
Tras enterarse del límite de tiempo, Eunice se dio cuenta de que era casi imposible casarse en menos de un día, así que se opuso de inmediato y comenzó a discutir con su padre y la esposa de este.
Pero por mucho que intentó razonar con ellos, no pudo hacer nada para que cambiaran de opinión. Al final, aceptó a regañadientes las condiciones.
Tras salir de la sala de reuniones, Eunice se sentó en la sala de espera y pensó detenidamente en el asunto.
Lo más importante ahora era encontrar un futuro esposo. No debería ser tan difícil, ya que no tenía demasiados requisitos para una pareja. Mientras el hombre fuera una buena persona y estuviera dispuesto a casarse, sería suficiente. Después de todo, ella ya tenía un hijo propio, aunque aún no conocía la identidad del padre.
Pero por si acaso su plan fracasaba y se le acababa el tiempo, ¿qué haría entonces?
Preocupada e irritable, no dejaba de darles vueltas a las cosas, buscando una forma de encontrar una solución milagrosa. Pero su mente pronto se agotó y se quedó sin ideas. Para calmarse, decidió relajarse un rato en la cafetería que había junto al edificio de oficinas.
Cuando Eunice llegó a la pintoresca cafetería, pidió un café con leche. Con la bebida en la mano, recorrió la sala con la mirada en busca de un asiento libre. Pero, para su decepción, todas las mesas estaban ocupadas.
Sin otra opción, decidió acercarse a una mesa en la que había un hombre sentado solo.
Era perfectamente normal que los desconocidos compartieran mesa en la cafetería, así que Eunice se acercó con una sonrisa amistosa.
Mientras se dirigía al asiento vacío, miró directamente al hombre, que estaba ocupado tecleando en su portátil. Agitando la mano delante de él, lo saludó cortésmente. "Hola, disculpe".
Eunice quería esperar la respuesta del desconocido antes de preguntarle si podía compartir la mesa con él.
Pero cuando el hombre oyó su voz, la miró con una expresión fría.
Sus ojos parpadearon con indiferencia. "Toma asiento". Eunice se quedó sorprendida ante su respuesta.
¿Eh? ¿Acaso él ya sabía que quería compartir la mesa con él?
Eunice pensó que podría ser así, así que ignoró su extraño comportamiento y se sentó aliviada en el asiento vacío.
En el momento en que se acomodó y puso la bebida sobre la mesa, el hombre cerró de golpe el portátil y la miró.
"Ya que estamos en una cita a ciegas, déjame presentarme primero. Me llamo Rodney Lawson y tengo veintiocho años. Trabajo como programador para una conocida empresa informática. Tengo casa, coche y algunos ahorros. Pareces atractiva y encantadora. En general, estoy satisfecho con tu aspecto. Estoy dispuesto a casarme contigo si estás de acuerdo. La principal razón por la que acepté esta cita a ciegas es que mi familia me presiona constantemente para que encuentre una esposa y siente la cabeza. Si quieres, podemos casarnos lo antes posible". Tras resumir su información personal y sus intenciones, Rodney permaneció inexpresivo y esperó la respuesta de la joven.
Al oír su discurso, los ojos de Eunice se abrieron como platos por la sorpresa.
De todas las personas con las que podría haber compartido mesa, se había topado con un hombre serio que buscaba pareja. Incluso la trató como si fuera su cita a ciegas desde el principio.
Como un regalo caído del cielo, se encontró con un hombre que quería casarse de inmediato.
Era el escenario perfecto para los dos. Ambos estaban solteros y compartían las mismas necesidades y objetivos. Ahora que se le presentaba la oportunidad, su plan de casarse antes del mediodía del día siguiente podría funcionar, al fin y al cabo.
Esta vez, prestando mucha atención, Eunice observó el aspecto de Rodney mientras sorbía su café.
Era apuesto y de rasgos bien definidos. Además, su ropa profesional y su aura de confianza hacían que pareciera ocupar un puesto muy respetado en su empresa. A pesar de su actitud fría, tenía cierto encanto. Eunice volvió a mirarlo a la cara y notó que sus ojos y labios se parecían a los de su hijo, Brent. No se podía negar que este hombre era, desde luego, guapo.
Tras unos segundos estudiándolo, la joven tuvo una buena impresión de él y pronto lo consideró un hombre adecuado para casarse. Con esto en mente, decidió seguirle el juego y presentarse.
Tras prepararse mentalmente, se enderezó y dijo con voz agradable: "Hola, me llamo Eunice Moore y tengo veinticinco años. Antes trabajaba como traductora en línea y puedo hablar tres idiomas. Ahora mismo no tengo trabajo, pero pronto empezaré a trabajar después de resolver un asunto familiar. Volviendo a tu propuesta, primero tengo que aclarar algunas cosas. La verdad es que me gusta tu aspecto. Sí, puedo considerar casarme contigo, pero debes saber que ya tengo un hijo".
Eunice no pretendía ocultarle nada, así que fue sincera. "Me quedé embarazada hace tres años, sin estar casada. Si tienes algún problema...".
Antes de que terminara de hablar, Rodney levantó la mano para interrumpirla.
"No me importa en absoluto", respondió Rodney con calma. "Acepto tu pasado y a tu hijo".