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Maximiliano Fisterra

Maximiliano Fisterra

Autor: : Evelyn Zap
Género: Romance
Merlí Fernand fue entregada a un burdel para pagar una millonaria deuda de su padre. Sin embargo, lo que nunca imaginó es que el más grande e imponente capo de la mafia europea la salvaría de aquel nefasto destino. Maximiliano Fisterra es u verdadero nombre, pero todos lo conocen como "Bayá", el hombre más frío y calculador que pudiera existir y el cual, después de haber sido abandonado en el altar por la mujer que quería, decide dejar de creer en el amor. No obstante, la incómoda y molesta condición que le pone su padre para heredar la mafia, lo lleva a buscar una esposa por contrato. Pero lo que nunca imaginó fue que aquella fuese una astuta y testaruda mujer; además de hermosa y dominante como él. ¿Qué pasará entre dos polos que se detestan a morir? ¿Será que con ellos sí se podrá decir que "del odio al amor, hay un solo paso"? Descúbrelo en la candente y apasionada historia de Merlí y... Maximiliano Fisterra.

Capítulo 1 Subasta

* * * * * * * * *Merlí * * * * * * * * * *

-Pues hoy sí terminé muerta, exhausta, como trapo, ¡es más! -exclama Cassandra- ¡mírame! -me pides-. ¿Crees que parezco de 26? Me siento como de 50 después de tanto trabajo -bromea; y yo río-. ¡Dios! No entiendo cómo es que tú has resistido tanto. Si se te ve muy delicada.

-Estoy acostumbrada al trabajo -es lo único que le digo mientras seguimos caminando juntas hasta el barrio en el que vivíamos.

-¡Venga! Pero Enrique me va a tener que escuchar mañana. Él solo nos paga para trabajar hasta las cinco. ¡Mira qué hora es! -articula indignada-. ¡Ocho de la noche, Merlí! ¡OCHO DE LA NOCHE! -indica al mostrarme la pantalla de su celular-. ¡¿Lo ves?! ¡¿Eh?! ¡Pero es que ese tipo me va a oír! O nos sube el sueldo o nos largamos de ese mugroso bar. Ya no puedo aguantar a tanto tío viendo lo que no debería -señala; y yo sonrío.

-Ya, Cassandra, relájate

-P...pe... pero ¡¿cómo es que quieres que me relaje, Merlí?! ¡Ese tipo está abusando! ¡está abusando! -exclama mucho más indignada-. Claro, se aprovecha porque tenemos nuestras necesidades. Yo tengo un hijo al que mantener y tú tienes a tu abuela y al ebrio de tu padre -precisa; y yo sonrío algo triste-. ¡Ay, Merlí! Perdóname, perdóname, perdóname. No debí decir lo de tu padre...

-No, no. Tranquila -le digo al girarme a verla y sonreírle-. Está bien. No es que sea la primera vez que alguien me lo diga y, aparte... -suspiro cansinamente- aparte es verdad -acepto algo decepcionada.

-Yo no logro entender cómo es que sigues haciéndote cargo de tu padre. Entiendo que lo hagas de tu abuela, pero de tu padre no.

-Tú lo has dicho, Cassandra. Es mi padre. No lo dejaría -expreso totalmente sincera-. Yo... lo quiero mucho

-¡Venga! ¡Que tú sí que eres una santa, eh! ¡Después de todo lo que te ha hecho! ¡Y nada es secreto en el barrio! ¡Todo el mundo lo sabe! A ti nada más falta encenderte una velita y llamarte "Santa Merlí" -precisa; y yo sonrío divertida-. Dios santo... ¡Que te admiro, Merlí! ¡Que te admiro! ¡Te admiro mucho! -exclama con su exagerado tono de voz y a mí no me toca más que reír divertida, al tiempo en que decido dejar de patear las pequeñas piedritas que golpeaba, durante todo el comino, como si fuera un balón, para poder concentrarme en la mejor de las amigas.

Cuando lo hago, puedo notar que Cassandra ha detenido su andar y está con la boca entre abierta, con un rostro que reflejo sorpresa, mucha curiosidad, así como también... temor.

-¿Cassandra? -cuestiono extrañada al observarla con mi ceño fruncido-. ¿Estás bien? ¿Qué te pas...?

-Pero venga, ¿qué hacen esos dos autos negros estacionados frente a tu casa, Merlí?

-¿Qué dices? -articulo extrañada al desviar mi vista en dirección a mi casa (la cual ya estaba un poco cerca).

Cuando mi mirada recae sobre aquella, confirmo lo que Cassandra ha dicho.

-¿Visita de algún familiar?

-¿Qué? No... - susurro muy confusa y extrañada cuando, de repente, se hace escuchar un disparo, el cual, precisamente, venía de mi casa.

Seguido a ello, se escucha también vidrios quebrarse y eso logra espantarme y preocuparme. Así que, sin pensarlo dos veces, comienzo a caminar apresurada y luego, correr hasta mi casa.

Al llegar a esta y cuando estoy a punto de entrar, unos tipos salen de aquella y me empujan contra el césped de mi pequeño jardín.

-Mierda -me quejo y, de inmediato, procedo a ponerme de pie y entrar a mi hogar.

No entendía lo que pasaba, pero ahora no me importaba saber quiénes eran esos tipos vestidos de traje (como si fueran guardaespaldas), sino que lo único que me interesaba eran...

–Abuela, papá -musito al llegar a la puerta y, otra vez, un hombre se interpone en mi camino y, de manera sorpresiva, toma mi brazo-. ¡¿Qué le pasa?! ¡Suélteme! -grito algo asustada; y el hombre se queda observándome unos segundos.

-Mmmmm... menudo padre... -es lo único que articula el hombre para luego sonreír con diversión y negar con su cabeza.

Finalmente, me suelta de manera adusta y continúa con su camino; sin embargo, no sin antes pronunciar unas palabras que me dejan confundida-. ¡Esperamos nuestro pago pronto, Fernand¡ ¡Tienes 24 horas! -concluye y, por fin, se va.

Cuando ha desaparecido, yo me apresuro en ir a ver a mi familia.

-¡Papá! -exclamo asustada, al verlo tirado en la sala y con un disparo en su muslo-. Papá, papá, llamaré a emergencias -susurro nerviosa, pero el me detiene.

-No, no lo hagas.

-¡Estás herido, papá!

-¡No lo hagas, Merlí!

-Papá...

-¡Eres un bastardo! -escucho, de pronto, la voz de mi abuela; y me giro hacia ella.

-Abuela, ¿estás bien?

-Bastardo... no entiendo cómo es que pude criar tan mal a mi único hijo -precisa llorosa al tiempo en que se sujeta el brazo izquierdo y se queja.

-¿Abuela? ¿Estás bien?

-Merlí, vete de...

-¡No digas una sola palabra, mamá! -grita papá.

-¡Cállate! ¡Cállate! Ah... aaa... -se queja de dolor.

-¿Abuela? -articulo muy preocupada al acercarme a ella.

-Merlí, hija, vete...

-¿Qué?

-Merlí, mi amor...

-¿Abuela? -la llamo muy preocupada cuando aquella se ha desestabilizado.

-Merlí... -es lo único que dice y después, se desvanece por completo.

* * * * * * EN EL HOSPITAL * * * * * *

-Doctor, doctor, ¿puedo ver a mi abuela o a mi padre? -le pregunto al hombre que los estaba atendiendo, ni bien sale.

-Su padre y su abuela están bien, pero ambos necesitan descansar; sin embargo, ella insiste en verla.

-¿Y puedo hacerlo?

-Sí, claro que sí. Sígame, por favor, pero le recuerdo que solo podrá estar con ella 5 minutos.

-Sí, doctor. Lo que usted diga -respondo y, luego de eso, aquel me lleva hasta la habitación de mi abuela.

Yo entro al cuarto rápidamente, me acerco a su lado y tomo su mano.

-Abuela... -susurro; y ella abre sus ojos.

-Mer... lí -pronuncia mi nombre con dificultad y luego, llora.

-Abuela, tranquila, estarás bien...

-Merlí, vete...

-Abuela, no entiendo de qué hablas.

-Te vendió...

-¿Qué?

-Él te vendió -articula y luego, se echa a llorar-. Corre, Merlí, escóndete.

-No entiendo de qué me estás hablando, abuela -expreso extrañada.

-Tu... tu padre, mi hijo... -empieza a llorar- te vendió -completa y, cuando dice ello, me quedo completamente absorta y desconcertada-. Vete, Merlí, vete... me suplica y, de repente, empieza a sonar un fuerte pitido de la máquina que estaba a un lado de su cama.

En ese instante, llegan médicos, enfermeras y me sacan de ahí. Lo único que me dijeron era que esperara afuera, pero no podía hacerlo; solo había una cosa que necesitaba hacer: confrontar a mi padre.

Sabía que no me dejarían verlo, así que me escabullí como sea en su habitación.

-Vete de aquí o mando a que te saquen...

-Mi abuela me acaba de decir algo...

-¡Vete de aquí! Dije que no quería visitas...

-¿Me vendiste? -pregunto de pronto; él se queda callado-. ¡Responde carajo! ¡¿Me vendiste?! -exclamo exaltada, pero él no responde, ni si quiera me pone un mínimo de atención.

Ante ello, decido acercarme a su cama y tomarlo de los pies, logrando así que él se quejara del dolor, debido a su pierna recién operada-¡¿Me vendiste?! ¡Responde! ¡Te lo exijo!

-¡Sí, sí! ¡Te vendí! -acepta sin descaro o remordimiento-. ¡Y ni se te ocurra escapar! -me amenaza-. Ellos fueron claros. Si tú no estás en su burdel, dentro de 24 horas, vendrían por mí... y por tu abuela -señala sin culpa; y aquello me hace sentir muy triste, pues poco parecía importarle el cómo me sentía con tamaña noticia.

Sabía que mi padre era capaz de muchas cosas, pero jamás de algo tan ruin. De pronto, siento las lágrimas rodar por mis mejillas; no obstante, las limpió muy rápido, pues no tenía tiempo para eso.

-¿Dónde está ese burdel? ¿Con quién debo negociar?

-No se puede negociar con ellos porque yo ya lo hice...

-¡¿Ah sí?! ¡¿Y cuál fue tu negocio?! ¡¿Venderme?! -increpo furiosa-. ¡Dame la dirección del maldito lugar y el nombre de la persona con la que debo negociar!

-Black Subway... y el nombre del tipo es Rashad.

-¿Dónde está? -exijo

-Vieja entrada, calle 2, puerta azul... -termina de decir y, rápidamente, me doy media vuelta para salir del lugar.

-¡No vayas a arruinar mi negociación, Merlí!

-¡Cierra la boca, viejo ebrio! -lo insulto y, después de eso, voy en dirección de aquel lugar.

* * * * * * EN EL BURDEL * * * * * *

Entro al extraño y recóndito lugar; y un hombre de negro me recibe.

-Nombre -exige.

-Vengo a buscar a Rashad -digo muy seria; y él se ríe en mi cara.

-Rashad es de una noche. No creas que se ha enamorado de ti.

-¡Debo hablar con Rashad! ¡Dónde está Rashad!

-Hey... ya vete de aquí; no molestes, niña -me empuja y eso me hace perder el equilibrio hasta el punto de sentir caerme hacia atrás; sin embargo, alguien no lo permite.

-¿Está bien? -me pregunta un serio, alto, atractivo, imponente y sexi hombre de traje muy elegante y a la medida (quien, extrañamente, traía gafas oscuras).

-Busco a Rashad -es lo único que digo; y él asiente para luego ir hacia el hombre que me había empujado y tirarle una bofetada-. ¿Recuerdas la regla? ¿eh? -le tira otra bofetada-. ¿RECUERDAS LA REGLA?

-Sí, señor, perdón.

-Perdón nada. No admito otro error -parece amenazarlo-. Uno más y te vas -señala muy autoritario-. Y sabes lo que eso significa -le dice; y el hombre palidece-. Llévala con Rashad -ordena y, luego de eso, ingresa al interior del lugar y desaparece.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

* * * * * * * * * Bayá * * * * * * * * * *

-Quiero resultados -es lo primero que digo, al ingresar a la oficina principal del burdel.

-Tenemos mercancía nueva, en menos de 24 horas.

-¿Quién?

-Una joven de 25 años.

-¿Ella decidió pagar así? -cuestiono divertido.

-Señor...

-No digas nada. Ya sé la respuesta. Todas las mujeres son iguales. ¿Cuál es el monto de deuda?

-La chica lo compensará con creces.

-¿Por qué la seguridad?

-Es muy guapa. Aparte ya la mandé a investigar y solo ha tenido un novio; es probable que sea virgen. Sabe que la mercancía nueva vale muchísima pasta.

-¿Virgen a los 25? No lo creo -menciono seguro-. Solo espero que el monto de la deuda sea cubierto.

-Totalmente, estoy seguro de que será una favorita. Mire su foto -me pide uno de los hombres que trabajaba para mí, al poner unos papeles sobre la mesa y... una curiosa foto (la cual tomo para observarla).

-Ya la vi; no es muy guapa... -preciso al tirar la imagen sobre el escritorio, con cierto desprecio.

-¿Cómo que no? Es nuestro mejor ingreso -señala y, de repente, suena el teléfono.

-Atiende la llamada -le ordeno y él lo hace.

Mientras tanto, yo me quedo pensativo, al recordar la estúpida cláusula que mi padre había puesto como único requisito para que yo heredara la organización por completo.

-Venga, señor Bayá. Le mostraré que la mujer vale mucha pasta.

-¿Ahora? -pregunto aburrido.

-La mercancía llegó antes de lo esperado. Justo para el evento principal de la noche.

-Bueno, más vale que sea como digas, sino ya sabes las consecuencias -advierto.

Después, solo salgo de la oficina y voy al salón de ventas sin esperar respuesta alguna. No la necesitaba.

Ya en el salón, puedo observar cómo están nuestros mejores clientes ahí.

-Señor, por favor, tome asiento -me pide uno de mis sirvientes; y lo hago.

Luego de eso, el evento de la noche empieza. Pasan los minutos y muchas mujeres desfilan por la pasarela. Mujeres que decidieron entrar al negocio por su propia voluntad, mujeres que solo buscaban dinero fácil para darse los lujos que deseaban; SOLAS, sin amedrentamiento alguno.

"Así son todas", es lo único que me repito en silencio.

-Y con ustedes, nuestro nuevo ingreso -anuncia el anfitrión y, de pronto, sale esa mujer que decidió venderse por pagar una deuda y, muy seguramente, por ganar más dinero.

-¡SUÉLTENME! ¡SUÉLTENME! -grita demandante mientras dos hombres la traían del brazo, a la fuerza, para pararse en el centro de la pasarela-. ¡SUÉLTENME! ¡LES DIGO QUE ME SUELTEN! -ordena con mucho carácter, pero miedo también.

-¿POR QUÉ GRITA? -pregunto molesto y desconcertado.

-Señor...

-¡CERDOS! ¡ESO ES LO QUE SON! -acusa-. ¡SUCIOS CERDOS! ¡SUÉLTENME! ¡SÁQUENME DE AQUÍ! ¡YO VINE A NEGOCIAR EN NOMBRE DE MI PADRE! ¡NO A QUE ME PUSIERAN COMO UN PEDAZO DE CARNE FRENTE A UNOS VIEJOS COMO USTEDES! -articula entre llanto.

-¿QUÉ ES LO QUE HA DICHO? -pregunto molesto al levantarme de mi asiento y confrontar al administrador del lugar.

-Señor -me mira asustado.

-¡¿Cómo que a nombre de su padre?! ¡¿La deuda no es de ella?!

-Señor...

-¡RESPONDE!

-Su padre nos la ofreció. ¿Cuál es la diferen...? OU... -se retuerce de dolor.

-Aquí, cada mujer ofrece sus servicios a voluntad, ¡No obligadas, idiota! ¡Quítate de mi vista y detengan la venta!

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

* * * * * * * * *Merlí * * * * * * * * * *

Ya no pude más y me quebré. Después, solo escuché cómo los hombres ofrecían cantidades de dinero por mí. Vine a este lugar a negociar, pero solo se limitaron a burlarse de mí y luego, luego solo me vistieron y me trajeron hasta esta pasarela.

-Vendida -escucho y levanto mi cabeza para así encontrarme con la imagen de un asqueroso hombre venir hacia mí.

-Hola, preciosura -me sonríe y trata de acariciar mi rostro, pero no se lo permito, sino que, por el contrato, me alejó y me atrevo a escupirle en su rostro.

-Rebelde, como me gustan -señala-, pero me temo que tendré que enseñarte a respetar a tu amo, preciosa -me informa y, luego de eso, eleva muy alto su mano y veo cómo tiene la intención de estamparla contra mi cara; sin embargo, cuando estaba a punto de hacerlo, alguien lo detiene, lo golpea y, finalmente, lo empuja a un rincón del salón.

-Pero ¡¿qué es esto?! ¡La acabo de comprar! ¡Su primera vez es mía! -señala el cerdo.

-¿Me contradice? -pregunta el hombre que no permitió que me golpearan y el cual resulta ser el mismo que vi en la entrada de este lugar.

-Ah... no..., no, señor, perdón, perdone usted -le responde el otro.

-Tú, sígueme -me pide el hombre alto y atractivo de ojos grisáceos.

-¿Cómo sé que no me hará daño?

-Tú decides. Vienes conmigo o te quedas aquí, esperando a que cualquiera te compre. Esas son tus opciones -manifiesta muy serio.

-¿Cómo sé que usted no quiere lo mismo?

-Porque me pareces poco atractiva, no te tocaría por ese motivo y porque no obligo a mujeres a estar conmigo; no tengo la necesidad -menciona autosuficiente-. Bueno, si quiere, me sigue -es lo único que dice y, luego de eso, sale del lugar por el mismo pasillo por el que entré.

"Mierda, no tengo otra opción", señalo al ver a mi alrededor, así que sin pensarlo mucho, me pongo de pie y empiezo a seguir al hombre que, de algún modo, me había salvado.

Aunque tenía que ser sincera conmigo. No confiaba ni podía confiar, en lo más mínimo, en él, así que sabía que tenía que cuidarme... y mucho.

Capítulo 2 Una sorpresiva fecha de boda

** * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

* * * * * * * * *Merlí * * * * * * * * * *

Después de salir de ese escalofriante lugar, me vi obligada a subir a un vehículo de color negro y lunas polarizadas que me generaba bastante desconfianza (sobre todo, por la cantidad de hombres que se subieron en él). Yo no hubiese deseado tomarlo, pero el tipo que, de alguna manera me salvó, me recordó mis opciones: subir a su vehículo o regresar al burdel para que mi compra sea concretada.

En realidad, no sabía qué era peor; sin embargo, mi mejor opción, en ese instante, fue obedecerlo, ya que no concebía la idea de regresar con aquel cerdo que me había dicho que era mi amo.

-Sözleşmeyi bitir ve geri dön. Üç gün içinde sana ihtiyacım var -decía.

Y debo confesar que yo no entendía, ni un palo, alguna palabra que pronunciaba por su celular, pero ahí estaba yo, siendo llevada a no sé dónde.

Quería gritar, pero sabía que cualquiera de los hombres que estaban a mi alrededor me callarían al instante, aparte, el camino que se había tomado era algo (por no decir "muy") desolado.

-Hoşçakal -pronuncia y después, guarda su celular.

-¿A dónde vamos? -me atrevo a preguntar, pero nadie me responde-. Necesito saber a dón...

-Cállate... -ordena frío

-¿A dónde vamos? -insisto, pero él no me hace caso.

Pretendo preguntar otra vez, hasta que me doy cuenta de que el vehículo se estaciona frente a lo parece ser una gran mansión y, luego de unos segundos, ingresa en ella.

Ya dentro de la enorme casa, me quedo anonadada ante la belleza de esta. Nunca antes había visto una igual, ni siquiera en las revistas. Esta era... muy muy grande y...

-Qué bello jardín -susurro de manera inconsciente al sonreír y apegarme a la ventana para observarlo mejor

De pronto, el vehículo se vuelve a detener y todos empiezan a bajar (yo también lo hago).

-Tú, mujer, sígueme -exige para después darme la espalda y entrar en la casa principal-. Apúrate, no voy a esperarte -pronuncia desde adentro.

Ante ello, yo me muestro temerosa sobre ingresar o no, pero, otra vez, no tenía más opción, así que lo sigo detrás. Entramos a la casa y llegamos hasta una habitación muy escondida con una puerta gigante (la cual él abre) y, sin más, entra.

-Siéntate...

-Das muchas órdenes...

-Te salvé -me recuerda adusto al tomar asiento detrás de su enorme escritorio.

-Y me estás secuestrando ahora -le respondo muy seria; y él esboza una burlona sonrisa.

Luego, solo se limita a sacar unos papeles de uno de sus cajones y los coloca frente a mí.

-¿Qué es esto?

-Tu pago de deuda...

-Yo no tengo ninguna deuda -aclaro muy seria.

-¿Entonces qué hacías en ese lugar? -cuestiona muy autosuficiente, al arquear una de sus cejas.

-Solo fui a renegociar el trato de mi padre...

-Rashad no renegocia...

-Eso es porque es un idiota -insulto; y el hombre frente a mí sonríe.

-Eso no lo discuto...

-¿Cómo? ¿Lo conoces?

-Cállate y lee -recompone su gesto adusto.

-No entiendo qué es esto -me sincero al comenzar a leer lo que había puesto delante de mí-. ¿Matrimonio? ¿Qué es esto? ¿Una broma?

-Debes pagar tu deuda...

-¡¿Qué deuda?! ¡Yo no tengo ninguna deuda! -me altero.

-¡Siéntate!

-¡No! ¡No me voy a sentar! ¡Solo quiero largarme de aquí! -exclamo al comenzar a caminar hasta la puerta para abrirla; sin embargo, cuando lo intento, no puedo-. Pero... ¡qué mierda es esto! ¿Una mala broma?

-Siéntate; no podrás abrirla.

-¡Abra la puerta de una vez!

-¡A mí nadie me da órdenes! -grita de pronto, paralizándome en el acto-. Ven aquí y siéntate -articula frívolo y, ante mi temor, lo hago-. Tu padre tuvo una deuda...

-¿Cómo que tuvo?

-Rashad...

-Eso lo sé, pero nadie me compró.

-Rashad te vendió, aunque no respetó nuestro trato de socios, pero no te preocupes -me mira fijamente-, recibirá lo que merece.

-No estoy entendiendo.

-Eras de Rashad...

-Yo no soy de nadie... -aclaro; y él sonríe.

-Eres mía ahora...

-Eso no es cierto ¡Ya déjeme volver a mi casa!

-Esta es tu casa -pronuncia algo exasperado.

-No. esta no es mi casa.

-Ni se te ocurra levantarte de esa silla

-¿Me está amenazando?

-Es un contrato de matrimonio; solo es por 12 meses. Después de eso, te podrás ir

-Sigo sin entender.

-Tu padre tiene una deuda. Hay dos maneras de pagarla. Uno -alza su dedo índice-. Paga todo lo que debe con los intereses correspondientes Y dos -añade su dedo medio-. Te casas conmigo y eres mi esposa por 12 meses. Luego, desapareces de mi vista. Te daré una buena recompensa por ello al finalizar el contrato. Te daré lo suficiente como para que puedas irte a vivir a donde quieras con tu familia y te aseguro que no tendrás la necesidad de trabajar nunca más.

-¿Qué? -musito extrañada.

-Lo que escuchaste...

-Yo no pienso aceptar algo así.

-Mmm... pues yo creo que sí... -afirma muy seguro-. Solo piénsalo bien Tendrías todo lo que una mujer quiere. Te daré dinero, tarjetas, mucha ropa, una buena habitación, un depósito mensual de un...

-¡A mí no me interesa nada de esas cosas! ¡No quiero casarme! ¡Nunca me casaría solo por un estúpido contrato!

-Ya no hay opción uno... -menciona de pronto.

-¿Qué dices?

-La deuda de tu pare quedará saldada solo si te casas conmigo...

-¡Yo no me casaré contigo!

-Eso no está en discusión

-¡Claro que no! Porque el casarme es mi decisión y no pienso hacerlo.

-Tus funciones serán sencillas. Solo deberás mostrarte feliz a mi lado; sobre todo, delante de mi padre y toda mi familia -enfatiza muy serio-. Debes serme incondicional y tendrás que desempeñar toda labor de una esposa.

-Estás demente...

-Guarda tus insultos, Reacciona y date cuenta de a quién te estás dirigiendo -ordena frívolo.

-Yo no me pienso casar.

-Lo harás

-¡No! ¡No lo haré! ¡No me pienso casar! -me paro nuevamente y regreso a la puerta para patearla y golpearla con mis puños, como un pobre intento de querer abrirla a la fuerza; sin embargo, como ya me había imaginado, nada funcionó-. Por favor, abre la puerta -suplico de pronto, cuando la desesperación se ha apoderado por completo de mí-. Por favor, ábrela -suplico nuevamente, al golpear esta con mis puños, pero, en esta ocasión, con mucho menos fuerza.

-Regresa y siéntate

-No, no quiero regresar -respondo entre sollozos al negar con mi cabeza-. ¡Abre la puerta! ¡Ayuda! -me desespero y comienzo a gritar muy, muy fuerte- ¡Ayuda! ¡Alguien que me ayude!

-¡Nadie te escuchará! ¡Ven! ¡Regresa y siéntate!

-¡Ayuda por favor! ¡Alguien! ¡me tienen secuestrada! ¡No quiero! Por favor, alguien que me ayude.

-¡Deja de gritar!

-¡Por favor, ayuda!

-¡Deja de gritar o te regreso con Rashad! ¡¿Eso quieres?! -amenaza de pronto; y, en ese instante, no aguanto más y me quiebro.

Me dejo caer de rodillas frente a la puerta y comienzo a llorar mucho más fuerte, maldiciéndome por haberme subido a aquella camioneta.

-Por favor, abran...

-Ven, levántate -escucho su voz detrás de mí, al tiempo en que siento una de sus fuertes y grandes manos tomar mi brazo.

-No, no me toques -pido temerosa; y él se aleja.

-Que nos casemos no significa que te tocaré -señala de pronto-. Solo es fingir -precisa-, pero fingir bien -parece advertir.

-¿Por qué? ¿Por qué tú interés en casarte con una desconocida?

-Ese no es asunto tuyo.

-No quiero casarme.

-No hay otra salida.

-Por favor, déjame ir -le pido suplicante al mirarlo a sus ojos, pero él desvía su mirada de mí, se aleja y vuelve a su lugar a tomar asiento-. Por favor...

-Alguien vendrá, te llevará a tu habitación. Espero que te calmes.

-Por favor, déjame salir de aquí. Prometo pagar la deuda de mi padre -digo al limpiarme las lágrimas para empezar a negociar con él.

-Te darán de cenar y luego, dormirás.

-Puedo pagarte todo, incluso los intereses.

-No sigas...

-En el tiempo que usted quiera; se lo prometo. Solo déjeme salir de aquí y lo hago...

-Está afuera -anuncia de repente y, de forma sorpresiva, la puerta se abre y entra una mujer de unos 50 años-. Llévala a su habitación, denle de cenar y luego apagan las luces.

-Sí, señor -es lo único que responde a la mujer y, luego de ello, me toma del brazo para sacarme del lugar.

-Por favor, déjeme negociar con usted -suplico al tipo.

-Haz lo que te ordeno -me dice frío al mirarme a los ojos, muy serio.

-Por favor...

-Ve a tu habitación -exige y, ante ello, decido obedecer, ya que, por ahora, aquel parecía no querer escuchar más.

Luego de eso, la mujer me lleva a la habitación, me dan de cenar y, al terminar de comer, apagan las luces.

«Debo hacer algo», pienso en silencio, mientras estoy acostada sobre mi cama.

«Él no negociará»

«Y yo debo ir a ver a mi abuela», me recuerdo; y una lágrima rueda por mi mejilla.

-Abuela -susurro-. Debo ir a verte -determino firme y, sin más, me levanto de la cama y me dirijo hacia el balcón que había en mi habitación.

Al llegar a aquel, me doy cuenta de que la casa es muy vigilada...; sin embargo...

-No hay imposibles -sentencio al observar la entrada y sonreír, ya que noté que esta estaba libre-. Sí puedo; lo lograré. Pude entrar a un área restringida del hospital, puedo escapar de aquí -señalo al dirigirme a la puerta de mi habitación, muy sigilosamente y abrirla.

«Bien, sin llave», pienso y salgo en cuanto puedo, pero sin hacer el menor ruido posible (incluso me quité mis zapatos).

Así, cuidadosamente y con la oscuridad de mi lado, llego a salir de la casa.

-Para tener muchos guardaespaldas, no parecen tan inteligentes -susurro algo divertida.

Después continúo caminando entre los arbustos del jardín. De pronto, no veo a nadie en la entrada, así que sin pensarlo más, me levanto y comienzo a correr con todas mis fuerzas para trepar las enorme rejas.

-Vamos, Merlí, lo lograrás -me animo al correr como una loca desquiciada por salvar su vida.

Sonrío cuando me veo cerca del enorme portón; no obstante, aquella sonrisa se me borra cuando, de manera sorpresiva, se aparece él y se coloca frente a la puerta.

** * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

* * * * * * * * * Bayá * * * * * * * * * *

«Tiene valor», pienso cuando la veo, por las cámaras, huyendo de la casa.

-Y yo tengo a unos ineptos como seguridad -musito al levantarme de mi asiento y salir de la casa para ir a la puerta principal, sin ser visto por ella.

Al llegar a la entrada, la espero escondido. Quiero saber cuán ineptos son los hombres que trabajan para mí. De pronto, la veo y, segundos, después, empieza correr. Al notar su acción, decido ponerme de pie y aparecerme frente a ella.

Cuando nota mi presencia, puedo observar su mirada cargada de furia y frustración; sin embargo, por extraño que parezca, no deja de correr, viene contra mí y... se estampa contra mi cuerpo para empezar a golpearme.

-¡Eres malo! ¡Eres un hombre muy malo! -me golpea con sus puños-. ¡Malo! ¡Eres malo! -se empieza a descontrolar y llama la atención de los idiotas de mi personal.

-Tranquilízate -le ordeno, pero no me hace caso-. Tranquilízate ya -empiezo a perder la paciencia.

-¡Déjame salir! ¡Auxilio!

-Me vas a hacer perder la cordura.

-¡Eres un hombre vil! ¡Déjame salir! ¡Déjame volver a casa!

-Esta es tu casa. Te casarás conmigo -le recuerdo muy molesto.

-¡Esta no es mi casa! ¡Es una prisión! ¡No me casaré contigo! ¡Porque no te amo! ¡Déjame ir!

-Eres muy ilusa -pronuncio al tomar sus muñecas para que dejara de golpearme-. El amor no existe -le digo al mirarla fijamente-, así que deja de soñar y regresa a tu habitación porque estás llamando la atención.

-No voy a regresar.

-Es una orden...

-Tú no eres nadie para dármelas. Yo soy una mujer libre, hago lo que me plazca y lo que quiero. ¡Y lo que quiero ahora es salir! -manifiesta con mucho carácter.

-Mírame, niña, no estoy para aguantar tus berrin...

-¡No soy ninguna niña! ¡Tengo veintiséis años!

-Pues como si tuvieras cinco eh

-Déjame ir -parece amenazarme, pero no le hago caso.

-Tú y tú, par de ineptos -me dirijo a dos de mis hombres-. Asegúrense de llevarla hasta su habitación y que la niñera la acueste.

-¡Yo no me voy a ningún lugar! ¡Y no necesito ni una niñera! ¡No soy una niña! ¡No tengo cinco!

-¡Pues como si lo parecieras! ¡Ya lo dije! -exclamo al soltarla para que mis hombres hicieran lo suyo.

-¡Suéltenme, suéltenme! -les ordena.

-Venga...Que para estar encerrada tienes muchas agallas en golpear a mi gente.

-No soy tonta, me necesitas...

-Puedo conseguir cualquier esposa.

-Sí, se nota -comenta sarcástica; y eso me molesta.

-Llévensela de una vez -ordeno; y ellos hacen lo suyo.

-Señor -se acerca el jefe de seguridad.

-Me encargaré de ti y tu gente mañana. Ahora no estoy de humor -señalo y, luego de eso, me voy.

** * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

* * * * * * * * *Merlí * * * * * * * * * *

-¡Infelices! ¡Viles! -grito cuando me han encerrado-. ¡Todos! ¡Incluso tú, niñera que no sé su nombre! La otra señora fue más amable -reclamo frustrada al renegar conmigo y desquitarme con la puerta hasta cansarme.

Luego de casi una hora haciendo ruido, me callo.

-Es imposible -susurro al tiempo que me siento en el piso y me recuesto sobre la puerta para empezar a pensar en mi familia-. Abuela.... -susurro y me pongo a llorar-. Te prometo que pronto iré a verte. Así tenga que hacer lo que sea-sentencio y, después de eso, solo me levanto, me dirijo a la cama y decido dormir para recuperar fuerzas.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

MAÑANA SIGUIENTE

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Me despierto muy temprano y espero a que alguien se aparezca, pero eso no sucede hasta las diez de la mañana.

-Señorita -es la mujer que me atendió primero-, buenos días -saluda, pero no le hago caso-. El señor me dijo que tenía que bañarse, cambiarse y bajar a desayunar.

-Váyase de aquí -ordeno-. Si él quiere que haga lo que dice, entonces que venga él mismo a pedírmelo.

-Por favor, señorita...

-Retírese. Usted es su cómplice; no la quiero aquí.

-Retírese -escucho de pronto, su frívola voz.

La mujer sale, dejándonos a solas, mientras que yo me mantengo en silencio para esperar a escuchar lo que venía a decirme.

-Te bañarás, te cambiarás de ropa por una más decente...

-Mi ropa es tan decente como el ridículo traje que traes puesto. ¿La diferencia? Los miles de euros que has de haber pagado por aquel.

-Como sea -responde desinteresado-. Haz lo que te digo; necesito decirte un par de cosas.

-No las haré...

-Como quieras. Igual que tendrás que salir de esta habitación para casarnos.

-¡Yo no me casaré contigo!

-No me importa escucharte. Las indicaciones te los diré ahora o el día de la boda, como prefieras.

-Estás sordo o qué. Y te dije que no me casaré conti...

-La boda será en tres días. Trata de estar bien para entonces. Tienes muchas ojeras -señala y después, sin decir más, sale de la habitación, dejándome a mí... ESTUPEFACTA.

Capítulo 3 La boda

** * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

* * * * * * * * *Bayá * * * * * * * * * *

-Sabes las reglas, ¿por qué las quebrantaste?

-Por la chica. Ya sabía quién era; valía mucho más que la deuda que tenía su padre.

-Repito mi pregunta. ¿Por qué las quebrantaste?

-Valía muchísimo más dinero, Bayá...

-Escúchame bien, Rashad -lo confronto-. No se te ocurra volver a llevar otra mujer igual.

-Solo fue un caso especial, Ba

-Ningún caso especial, Rashad. En el negocio y las reglas no existen casos especiales, ¿entendiste? ¿o quieres que me tome la molestia de hacerte entender de manera definitiva? -amenazo; y él niega con su cabeza.

-¿Dónde tienes a la chica?

-Ese no es asunto tuyo. Lo que te debían ya fue saldado.

-Eso me informaron -precisa al mirarme.

-Vete de aquí -ordeno de pronto-. Considerando que eres el mejor de mis socios y nunca antes me has dado problemas, no haré nada más que quitarte el ingreso del mes.

-Bayá...

-Sabes las reglas, Rashad, ¿o quieres que me tome la molestia de recordártelas ahora?

-No, Bayá...

-LÁRGATE, ¡largo de aquí! ¡Ya no quiero seguir viendo tu cara!

-Entendido, Bayá -responde y se levanta para ir hacia la puerta, cuando la abre, puedo ver a la niñera de la mujer.

-PASA

-Buen día, señor...

-¿Qué pasó ahora?

-Señor, no quiere probar bocado...

«Mierda», pienso al tiempo en que formo un puño con mi mano.

«Esa niña me quiere sacar de quicio», agrego.

-Pero no lo logrará..., no lo logrará -susurro- ¿Y agua?

-No ha probado nada, señor

-¡¿Cómo que nada?! ¡¿No han podido lograr darle ni un poco de agua?!

-Señor, no ha querido atendernos

-¡¿Cómo que no ha querido atenderlos?! -me sobresalto al ponerme de pie y golpear mi escritorio con uno de mis puños.

Definitivamente, la paciencia no era una de mis virtudes; y mucho menos si se trataba de tener aquella con una mujer.

-Que no tienen ustedes las llaves, ¡¿o qué?! -grito; y la mujer se sobresalta.

-Sí, sí... se... señor -titubea; y eso me exaspera más-, pe... pe... pero

-Pero ¡¿qué?!

-Pero ella ha puesto algo; no podemos abrir.

-¡Mierda! Todo lo tengo que hacer yo en esta casa. ¡Vivo rodeado de inútiles! -exclamo al empezar a caminar hacia su habitación en el segundo piso.

Al llegar, me acerco a la puerta y giro la perilla.

-LLAVE, DENME LA BENDITA LLAVE.

-A... aquí está, señor -responde una de mis sirvientes al dármela y, luego de eso, la coloco en la cerradura y procedo a abrirla.

La llave gira con normalidad, pero cuando pretendo empujar la puerta, esta no se puede, solo se abre apenas.

-¡Venga! ¡Que no estoy para estos juegos infantiles! ¡Abre ya! -ordeno, pero nadie responde-. ¡No me gusta hablar solo, contesta! -sigo sin respuesta-. ¡Tiraré la puerta si no abres ahora! ¡Créeme que eso no te gustará!

-¡¿Me estás amenazando otra vez?!

-¡Abrid la puerta!

-¡Yo no te abro nada! ¡Si quieres entrar, tendrás que tirarla!

-¡Venga! ¡Que no me hagas perder la paciencia!

-¡¿Si no qué, señor mafioso?! -responde altanera.

-¡DEJA DE RESPONDERME!

-¿POR QUÉ? ¿SE SINTIÓ OFENDIDO, SEÑOR MAFIOSO?

-¿Cómo estás tan segura de que soy...?

-¡Por favor! ¡Tú y tus amigos gritan mafia! ¡Ridículos todos! ¡Más tú con ese anillo!

-¡Hey! ¡Que tienes que respetarme! -exijo; y la escucho reír (lo cual logra molestarme), así que decido no esperar más y, de una patada, tiro la puerta.

-¡Mierda! Me asustaste -reclama.

-LA COMIDA ¡TRAIGAN LA COMIDA!

-A... aquí... es... está, señor...

-Dame eso, dejo de titubear y vete -le ordeno a la mujer; y ella desaparece al instante.

-¿Te gusta gritar a las mujeres ¿no? -pregunta, pero yo no le respondo, solo camino hasta ella y dejo la bandeja a un lado de su cama.

-COME ESO...

-No comeré nada...

-No te estoy dando opciones, niña -increpo-. ¡Te estoy dando una orden!

-Si no te obedezco, ¿qué? -me reta.

-Si no me obedeces, me encargaré de que tu padre pague su deuda de la manera que más me gusta -decido amenazarla; y ella parece asustarse.

-ERES UN...

-¡Hey, niña! A mí no me levantas la voz -señalo adusto al elevar una mano y alzar mi dedo índice para llevarlo hasta su boca-. A MÍ NO ME LEVANTAN LA VOZ, ¿ENTENDISTE?

-No vuelvas a tocarme -responde al apartarse de mí-. No probaré ni el agua...

-¡Vas a comer!

-¡¿Me vas a obligar?!

-NO -respondo tajante-. Eso sería rogar y no es mi método.

-Claro que no; el tuyo es amenazar

-Guarda silencio que te irá mal...

-¿Lo ves? Amenazando otra vez -señala divertida-. No comeré. Estoy en huelga de hambre -precisa de repente; y yo río irónico.

-No seas infantil...

-Me necesitas ¿no es así? -menciona autosuficiente; y eso me incomoda mucho, así que me acerco a ella y tomo su mandíbula, pero tratando de no lastimarla. No hacía eso y solo por una razón: mi madre.

A ella no le hubiera gustado tener un hijo así; y yo respetaba eso.

-Yo no necesito a nadie y mucho menos a una mujer, ¿entendiste?

-¡Suéltame! ¡Suéltame! -la suelto.

-Haz lo que quieras; no me importa. Igual te casarás conmigo.

-No si muero de hambre o de otra cosa -amenaza de pronto.

-No si yo no lo permito -respondo en el acto-. Ni se te ocurra intentar nada porque no lograrás más que te encierre en otro lado.

-No me amenaces.

-Entonces obedece -respondo y, después, solo empiezo a caminar a la salida cuando mi celular suena.

«Un mensaje», preciso al abrirlo para leerlo.

Es un documento de parte de Rashad con una pequeña nota que dice "Te puede servir".

Lo abro y veo que es toda la información de la mujer, incluido un detalle muy importante, el cual me hace regresar a ella.

-Come...

-No lo pienso hacer...

-Si no lo haces, puede costarte mucho.

-¿Otra vez amenazando? -increpa; y yo sonrío.

-Tu abuela está enferma y en un hospital en el que, estoy seguro, no lo atenderán bien. Aparte, los detalles de los gastos de recuperación son muy elevados...

-¿Qué dices? -me pregunta muy preocupada-. ¿Mi abuela qué?

-Come y tu abue...

-¡Cómo está mi abuela! ¡DÍMELO! -demanda al acercarse a mí.

-Estable, según su último reporte, pero... quién sabe por cuánto tiempo...

-¿No me estarás amenazando con...?

-NO -respondo en el acto-. Te daré algo más... -miro mi celular-, Merlí...

-Vaya... para querer que sea tu esposa, ni siquiera sabes mi nombre.

-Come, te casas conmigo y me haré cargo de tu abuela y de su recuperación.

-No puedo creerte...

-¿En serio crees que tienes la opción de no creerme? -pregunto divertido; y ella parece molestarse.

-Quiero verla y quiero asegurarme de que estará bien.

-No sin antes casarnos...

-NECESITO VERLA -señal muy seria.

-Imposible antes de la boda.

-Por favor, no seas así -me pide muy seria y con los ojos llorosos (otra vez, estaba a punto de llorar).

-NO. Primero la boda, después la ves.

-Es mi abuela...

-Y se recuperará si haces lo que debes... -señalo muy serio; y ella aprieta, muy fuerte su mandíbula hasta que se da media vuelta y...

-Okey, okey, pero tienes que jurarme que ella estará bien -precisa al volver a mirarme...

-Te doy mi palabra.

-¿Eres un hombre de...?

-Soy un hombre de palabra -la interrumpo muy serio; y ella se queda observándome unos segundos hasta que, finalmente, asiente.

-Confiaré en ti...

-No me estás haciendo ningún favor. Que eso te quede claro.

-Me voy a casar contigo. Si ese no es un favor, no sé qué cosa sea -me contesta; y ello me hace perder la paciencia otra vez; sin embargo, decido no seguirle el juego y retirarme de su habitación.

Ya iba a casarse conmigo; eso era suficiente. Era lo único que necesitaba: una esposa falsa para heredar toda la organización.

-Señor... -me habla una sirviente cuando he llegado al primer piso.

-Verifiquen que cene. No se irá a dormir sin antes hacerlo. Yo me voy -señalo y, luego de eso, salgo de mi casa.

** * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

DÍA DE LA BODA

* * * * * * * * *Merlí * * * * * * * * * *

No había podido dormir durante toda la noche. Hoy era ese día y... tenía que cumplir con casarme con él, si lo que quería era que mi abuela se recuperara y tuviese la mejor atención. Tomo la pequeña cadenita que ella me obsequió en mi cumpleaños 18 y la beso. Nunca me la retiraba, así que por eso es que la tengo hoy aquí.

-Algo de mi familia -susurro al levantarme de la cama, al oír que la puerta era abierta y, de repente, entran muchas personas-. Pero, ¿qué es esto?

-Son las personas que la ayudarán a vestirla y maquillarla, señorita -me avisa la "niñera" que el hombre había dejado a mi cargo.

-Aún es muy temprano. Aparte, quién sabe si habrá boda. ¿No que tu jefe se fue a divertirse con cuanta mujer se encontrara durante estas tress últimas noches? -inquiero fastidiada; y la mujer palidece en el acto-. Tranquila, no diré nada acerca de los chismes que ustedes lanzan. Pero eso sí...deben ser más cuidadosos -recomiendo muy seria.

-Gracias, señorita.

-Ningunas gracias. Tú no me agradas y me debes un favor -señalo; y ella asiente.

-Está bien, señorita.

-¿Ya llegó?

-Sí, el señor ya llegó.

-¿A qué hora es la dichosa boda?

-Al mediodía, señorita.

-Falta muy poco. ¿Acaso es necesario tantas cosas? -interrogo molesta; y la mujer asiente.

-Son órdenes del señor.

-Ha... -sonrío irónica- el señor -articulo del mismo modo-. ¿Y qué ordenó, específicamente..., el señor?

-Yo tengo su agenda, señorita -interviene un hombre que, al parecer, era uno de los maquilladores.

-Agenda... vaya -susurro desanimada-. Bueno, cuanto antes empiece esta farsa, más rápido terminará -sentencio al tiempo en que me dirijo al bño para ducharme y así... empezar con mi preparación para "mi gran día" (nótese el sarcasmo).

** * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

EN LA BODA

* * * * * * * * *Bayá * * * * * * * * * *

-Hoy, empieza una nueva vida para ti, hijo. Formarás una nueva familia, la cual será tu pilar.

-Lo sé, padre -respondo serio-. Debo ir a mi lugar; ella ya debe estar por ingresar -detallo a la vez que me giro y voy al altar... otra vez.

«Tal y como hace dos años», pienso al tiempo en que me es inevitable no enfurecerme en mi interior.

De pronto, la música suena. Mi madre había elegido el clásico "Ave María" para la entrada de la mujer que sería mi esposa falsa.

«Aunque, en el papel, todo sería real», me recuerdo.

La veo aparecer y todas las cámaras se enfocan en ella. Los flashes de las cámaras de los reporteros parecen incomodarla; y ella no lo disimula.

«Bien, eso hace una buena esposa», me digo sarcástico, en silencio, al mirarla con cierta molestia (la cual oculto cuando veo que los reporteros posan su atención a mí).

-No me dijiste que habría eso... -me regaña al llegar a mí.

-¿Acaso no sabes quién soy? -pregunto entre dientes y disimulando mi molestia.

-NO -responde tajante y fastidiada al girarse en dirección del juez que nos casaría.

-Cambia esa cara -le digo a regañadientes.

-¿Cuál? ¿Esta? -me provoca al ponerse más seria y mirarme fijamente.

-Disimula un poco, ¿quieres?

-No se me antoja -susurra al retarme.

-¿Recuerdas nuestro trato? -pregunto serio

-Claro que lo recuerdo y, en ninguna parte, estaba esa ridícula canción. Ni que nos estuviéramos casando por religioso -musita molesta.

-Ten respeto por la canción-exijo-. La eligió mi madre -señala; y ella bufa.

-Solo lo hago por esa mujer a la cual no conozco.

-Cambia ese gesto. Muéstrate contenta.

-Pides imposibles.

-Es parte de nuestro trato -le recuerdo al mirarla a sus pupilas.

-El trato era que nos casemos.

-El trato es casarnos y que tú seas buen esposa -señalo tratando de ser lo más discreto posible y fingiendo ser un hombre contento, intercambiando un par de palabras con su futura esposa antes de la boda, pero ella no colaboraba.

-Y según tú, ¿qué debo hacer?

-Para iniciar, mostrarte feliz.

-Pues déjame aclararte algo: pides imposibles.

-No , no es imposible.

-Te equivocas, sí lo es...

-No, no lo es -refuto al instante.

-Claro que sí...

-¿Recuerdas que tu abuela está enferma y que el salvarse depende de la atención que reciba?

-¿No la has trasladado aún? -reclama.

-Ya lo hice, pero si no cambias de cara, la regreso a donde estaba.

-Eres un...

-Deja de pretender insultarme, si no quieres que incluya, en mis amenazas, a tu alborotada amiga -precisa; y yo me sorprendo.

-Patán; no te atreverías. Ella no tiene nada que ver aquí -se pone mucho más seria.

-Cuida el cómo te muestras. Hay cámaras aquí, no solo ls contratadas por mi familia, sino prensa nacional e internacional...

-¿Quién eres?

-Eso no te importa.

-Estoy segura de que ninguno de esos reporteros sabe la calaña de persona que eres -increpa; y yo, en ese instante, estando a punto de perder los papeles, decido tomarla de la cintura y acercarla a mí.

-Ni se te ocurra hacer algo de lo que te puedas arrepentir, porque sabes que no lo pagarás tú, sino tu abuela o tu mejor amiga.

-Eres un...

-Cuidado con cada palabra, niña...

-Patán...

-Cuidado, no juegues con fuego -demando muy molesto, entre dientes (continuando ser discreto)-. Ahora, las cosas son claras: actúas y finges bien o... tu abuela o tu amiga sufren las consecuencias. Tú decides..., amada novia mía -murmuro divertido al tiempo en que empiezo a alejarme de ella.

-Te arrepentirás de esto algún día... -parece prometer.

-Estaré ansioso esperando a que ese día llegue -contesto jocoso; y ella parece molestarse mucho más, pero no me interesaba lo que sentía.

-Infeliz... -susurra para sí; no obstante, logro escucharla.

-Espero que ese sea el último insulto que me digas como novia y como esposa. Ya no pienso pasar por alto tus altanerías -amenazo al acercarme nuevamente.

-Aléjate de mí, no es necesario que estés tan cerca.

-Nos vamos a casar; es normal la cercanía -preciso muy serio; y ella parece molestarse mucho, pero mucho más-. Cambia esa cara; es una orden.

-Te advierto, Santiago Costantini, que este será el peor error de tu vida -amenaza; y yo solo atino a sonreír.

-Eso espero. Tu amenaza, de algún modo, hace divertido el juego.

-No es un juego.

-Como quieras; solo cambia de cara de una vez que muchos ya se están dando cuenta de...

-Ya cállate. Lo hare. Solo te diré algo; esta sonrisa, jamás será real para ti...

-¿Y crees que eso me importa?

-Idiota...

-Ya cállate y sonríe -exijo y, ante ello, la mujer se gira hacia mí, me mira fijamente, con el rostro muy serio, y, de pronto, esboza una natural sonrisa para luego lanzarse sobre mí y abrazarme..

-¿Qué haces? -pregunto muy molesto.

-¿Crees que lo disfruto? Solo me comporto como una novia feliz, infeliz.

-Esto no es necesario.

-Pues esto es lo que viene en el paquete y a lo que te tendrás que acostumbrar -sentencia muy molesta-. Idiota; te haré pagar; te lo prometo.

-Eso ya lo veremos -es lo único que respondo y luego, la boda inicia.

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