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Me Enamoré de mi Jefe Italiano

Me Enamoré de mi Jefe Italiano

Autor: : Librosromanticos
Género: Romance
Sarah Stenfield persigue su sueño de convertirse en diseñadora de moda, y al unirse a la empresa Styles Mengoni, su vida da un giro inesperado. No solo está en el apogeo de alcanzar sus metas, sino que su jefe, un atractivo italiano, despierta en ella una fuerte atracción. Sin embargo, en un mundo como ese, los conflictos y enredos amorosos no tardarán en surgir. La llegada de Sarah desencadena tensiones entre dos hermanos, los Mengoni, complicando aún más su situación.

Capítulo 1 01

Entrevista con el Jefe

Ella aparece sin haber sido invitada, está presente en mi vida a pesar de mis esfuerzos por evitarlo. Simplemente quiero que se vaya, todo se vuelve oscuro y mis intentos por encontrar de nuevo los colores son en vano.

La depresión es un trastorno emocional que causa un sentimiento de tristeza constante. He perdido el interés en hacer lo que solía apasionarme, como dibujar. Afecta nuestros sentimientos, pensamientos y comportamiento y puede causarnos una variedad de problemas físicos y emocionales. A veces nos resulta difícil realizar las actividades diarias y sentimos que no vale la pena vivir.

Más que solo una tristeza pasajera, la depresión no es una debilidad y no se puede superar de la noche a la mañana de manera sencilla.

Me enrollo en la cama, intento conciliar el sueño pero no encuentro descanso. Pienso en muchas cosas, si tan solo mamá y papá estuvieran aquí conmigo, todo sería diferente. Los extraño tanto.

Algunas lágrimas recorren mis mejillas y caen sobre la almohada. Poco a poco mis ojos se cierran y caigo en un profundo sueño.

***

Los rayos del sol molestan mi rostro, giro en la cama hasta quedar boca arriba y observar el techo. Veo estrellas danzando en direcciones opuestas, haciendo que viejos recuerdos invadan mi mente.

Han pasado dos años desde que vivo en este lugar, el tiempo ha pasado rápido. Observo las paredes lilas, decoradas con bocetos de vestidos que diseñé en el pasado. Esas creaciones que solían inspirarme y ahora solo adornan las paredes de mi apartamento.

Con pereza me levanto y froto mis ojos, aún sintiendo las lágrimas secas en mi rostro. Ignorando los recuerdos de la noche anterior, camino hacia el baño para ducharme y cepillarme los dientes.

Lo hago rápidamente, ya que estoy llegando tarde. Compruebo la hora en mi móvil para estar segura de llegar a tiempo a la entrevista de trabajo. Me dirijo al armario, donde veo los vestidos que cosí. Elijo uno de tirantes hasta los muslos de color melón y unas zapatillas blancas.

Mi cabello cae sobre mi espalda en ondas de color claro, que resaltan las puntas. Me observo en el espejo y, satisfecha con mi aspecto, tomo mi bolso.

Desayuno en la pequeña cocina, con una tostada untada con Nutella y una taza de café. No puedo salir sin tomar al menos un sorbo de café, así que me lo bebo de un trago y salgo apresurada del apartamento. Muerdo la tostada mientras corro por las escaleras del edificio.

El miedo a lastimarme un pie desaparece, ya que todos los días hago lo mismo. Soy experta en bajar corriendo las escaleras.

Una vez fuera del edificio, camino rápido para coger un taxi. Le digo al conductor a dónde me dirijo.

El trayecto es corto, pero logro apreciar la belleza de la ciudad en la que vivo. Italia siempre ha sido conocida como el país de la moda, especialmente las ciudades de Roma y Milán. El arte, la cultura, la gastronomía y la historia forman parte de la vida diaria en Italia, pero la moda es algo que destaca en todas las calles italianas. Este fue uno de los motivos por los que me mudé aquí, con el sueño de convertirme en una reconocida diseñadora de moda.

El clima en Roma es generalmente mediterráneo, suave y templado. Por lo tanto, cualquier época del año es ideal para visitar la ciudad, pero la primavera y el otoño son especialmente recomendables debido a la menor afluencia de turistas. Las calles están llenas de gente madrugadora yendo a sus labores diarias.

Cinco minutos después, estoy en la empresa, admirando ese majestuoso edificio de vidrio azul. Es enorme, con diez pisos y la oficina del señor Mengoni en el penúltimo piso.

-Buenos días -saludo cortésmente a la secretaria de recepción, quien me mira por encima de sus gafas. Probablemente se esté preguntando quién soy, así que me presento de nuevo.

-Vine para la entrevista de trabajo -informo, sintiendo nerviosismo repentino. No es algo positivo, pienso.

La secretaria se levanta y me indica que la siga. Abre una puerta y me dice que pase. Entro con cautela y varios pares de ojos se posan en mí.

Unas chicas jóvenes están sentadas, esperando su turno. Mi atención se enfoca en una mujer con un porte serio, llevando un vestido ceñido al cuerpo con un adorno de volantes en la cintura que realza su figura. Es alta, de piel bronceada y cabello ondulado castaño claro. Sus ojos almendra están perfectamente delineados y una sonrisa adorna sus labios rojos.

-Buenos días, preciosa -me saluda, acercándose hacia mí.

-Buenos días -respondo con una sonrisa nerviosa.

-Toma asiento, las llamaremos a cada una en unos minutos. Voy a buscar al señor Mengoni.

Dicho esto, sale a paso rápido y cierra la puerta tras de sí. Las chicas comienzan a murmurar sobre el jefe, describiéndolo como un hombre guapo y adinerado. A temprana edad se hizo cargo de la empresa de su padre, siendo ahora responsable de todo. Tiene un hermano menor que aún estudia en la universidad. Eso es lo que logro escuchar antes de que la mujer regrese acompañada de un joven elegante, cuyos rasgos destacan sin duda alguna. La simetría de su rostro lo hace atractivo, con una barba cuidada, ojos azules celestes y cabello negro azabache peinado con un corte undercut.

-Buenos días- dice con voz profunda y grave, un extraño pero sensual acento extranjero hace que las chicas suspiren al verlo y no me quedo atrás. La verdad es que es muy guapo.

-Chicas, el señor Luca Mengoni, su jefe. Él hará las entrevistas, les deseo suerte- dice la mujer que según escuché se llama Camile.

Se marcha en cuanto lo dice, dejándonos solo con el jefe, quien detalla a cada una de las chicas hasta posar su mirada en mi presencia y apartarla sin más.

Rayos, eso sí que fue incómodo, no estoy acostumbrada a que me miren, prefiero pasar desapercibida.

La mañana pasó lenta, soy una de las últimas en ser llamada. Me dirijo con pasos cautelosos hacia la oficina del jefe, mi nerviosismo incrementa y mis manos están sudorosas. Al entrar, mis ojos recorren todo el lugar: paredes pintadas de gris y blanco es lo que veo. Una enorme ventana está ubicada a la izquierda, altos edificios pueden verse desde allí.

El señor Mengoni se da cuenta de mi presencia, deja los papeles a un lado y señala la silla frente a él.

-Toma asiento- ordena con tono amable. Hago lo que me pide, calmando mis nervios. Su presencia intimida un poco.

-Señorita Sarah Steinfeld, tiene veintiún años, estudió diseños de moda y no lo culminó. Aún así dice tener el potencial que se necesita- informa esto rápidamente leyendo mi currículum en la carpeta, para luego colocarlo en el escritorio y posar su mirada azul en mí.

-¿Por qué crees que deberías quedarte con el puesto?- pregunta con su mirada puesta en mí.

-Bueno, realmente porque diseñar es lo que me apasiona, y cuando hacemos lo que queremos las posibilidades de obtener empleo son más positivas. Y la verdad necesito este empleo, sé que eso es lo que menos importa, pero me comprometo a dar todo de mí, todo mi potencial en esta empresa.

Mientras digo todo esto, me sorprende no haber tartamudeado. El señor Mengoni me mira con interés, creo que no esperaba esa respuesta, ¿Será que dije disparates? O ¿No estuvo tan mal?

Sólo escucho el tic tac de las manecillas del reloj, que es interrumpido por la voz ronca del señor Mengoni.

-Tienes mucha pasión por lo que veo, eso es bueno. Se necesita empleados que se dediquen a su trabajo, que lo vean como algo importante. Gracias por todo, señorita Steinfeld- expresa mientras se levanta de su silla para luego tender su mano hacia mí.

¿Es todo? Pienso confundida. Sin más, me levanto de la silla y estrecho mi mano con el señor Mengoni, sintiendo cosquilleos en mi palma. ¡Cálmate Sarah! me ordena mi voz interna.

Ya estando en el piso donde están las demás chicas, tomo asiento. La incertidumbre de saber quién se queda con la vacante me llena de nervios.

Capítulo 2 02

Un Día en la Empresa 'Styles Mengoni'

El despertador suena, marcando las 6:00 de la mañana, lo apago y me dirijo con prisa al baño para ducharme y hacer mis necesidades.

Opto por colocarme una falda de corte tubo color blanca y camisa de tela tafetán. Combino mi vestimenta con unos zapatos de tacón promedio color negro.

No me dará tiempo para desayunar si quiero llegar temprano, compraré algo por el camino.

Salgo del apartamento con mi cartera en mano. La mañana está fresca, el viento sopla con fuerza mis cabellos castaños. Las hojas caen convertidas en cáducos. Los otoños en Roma son suaves y breves, con un promedio de 15ºC durante octubre y noviembre, donde llega por debajo de los 12ºC. Las lluvias en esta época son las más fuertes del año.

Camino un poco más de lo habitual para poder tomar un taxi, logro detener un auto y subo a él a pesar de que no fue nada fácil con toda esa gente malhumorada por conseguir llegar a tiempo a sus oficios. Así son todas mis mañanas desde que trabajo en la empresa 'Styles Mengoni'. Ya llevo tres días y aún así no puedo creer que haya obtenido el trabajo, solo quedamos cinco chicas, las cuales ni conozco por nombre. Mi timidez no ayuda a la hora de hacer amigos nuevos.

Llegué a buena hora, digo mirando mi reloj de mano. Bajo del taxi y me dirijo al imponente edificio.

La empresa está abarrotada de personas que caminan a toda prisa de aquí para allá. Me dirijo al piso seis, pulso el botón del elevador antes de que se llene de empleados.

Al llegar a mi pequeño cubículo, compuesto por una silla giratoria y un largo escritorio color caoba, me tomo el tiempo de probar bocado de mi rico desayuno, ese que logré comprar antes de llegar a la empresa. Engullo mi sándwich de pollo hasta terminarlo y bebo mi capuchino.

Voy al baño a lavar mis manos y ver si quedó rastro de comida entre mis dientes, lo hago rápido antes de que sea la hora de trabajar.

Entre bocetos, lápiz, colores, marcadores y todo tipo de materiales se encuentra mi escritorio. Ya he diseñado diez vestidos de primavera, me siento contenta con los resultados. Quedaron muy lindos, a decir verdad, todos llenos de distintos colores y diseños. Echo un vistazo hacia mis demás compañeras, por lo que veo soy la primera en terminar.

Guardo los diseños en la carpeta y me dirijo hacia la oficina de la señorita Camile, quien es la encargada de revisar los diseños y aprobarlos. Toco suavemente la puerta de su oficina, recibo como respuesta un "adelante", así que lo hago. Camile se encuentra firmando unos papeles, cuando me nota deja aun lado lo que está haciendo.

- Que rápidas eres Sarah, a ver, ¡sorpréndeme! - expresa con curiosidad en su voz. Alza su mano para que le entregue los bocetos, los revisa y detalla uno por uno, por su expresión creo que le ha gustado.

- Excelente, lograste diseñar lo que al cliente le gusta llevar y quieren tener en sus guardarropas. Los colores que utilizaste son muy cautivadores y van acorde con la primavera. Me ha gustado tu trabajo, señorita Steinfeld, se lo mostraré al señor Mengoni.

Felicita mi trabajo. Contenta con eso, me retiro a mi puesto a seguir trabajando.

Capítulo 3 03

Encuentro Inesperado

Ya es hora del almuerzo, así que camino hacia la cafetería de la empresa. Mi estómago pide a gritos comida, diviso en el vidrio las delicias que hay, como pretzels, quesadillas, pizza y un montón de postres.

Decido comprar una pizza mediana y de bebida una gaseosa. Mi estómago agradece todo lo que le doy, no siempre me doy el lujo de comer así.

Sentada en una mesa con vista a la calle, disfruto de mi almuerzo.

Al terminar, voto la caja de pizza en la canasta de basura. Voy al baño a vaciar mi vejiga y aprovecho para darme un vistazo en el espejo, arreglar mi ropa y cabello. Varias compañeras entran donde estoy y no se han dado cuenta de mi presencia. Una de ellas habla con voz chillona.

-Mis diseños van a impresionar al bombón de Mengoni, eso lo tengo por seguro - expresa muy convencida, sin modestia alguna.

-Yo que tú no estaría tan segura, Giovanna. La tal Sarah terminó muy rápido y según escuché hablar a Camile y el señor Mengoni, sus diseños son uno de los favoritos por ahora – Escucho que dice la pelirroja de ojos azules, llamada Estela.

-¡Ay por favor! que haya terminado primero no significa que sea la mejor – alardea de forma despectiva, mientras pinta sus labios gruesos de color rojo carmesí. Además, el señor Mengoni dijo que los mejores diseños serán presentados en exclusiva en las pasarelas de la magnífica Milán. Y seré yo la que esté allí – finaliza de manera mordaz.

Espero a que se vayan y salgo del cubículo. Qué minutos más incómodos, escuchar cómo hablan a las espaldas de otros nunca me ha gustado para nada. No quiero ser la mejor, ni menos ser la favorita del señor Mengoni, solo hago mi trabajo. No le daré importancia a esto, prefiero ignorarlas.

Así termina mi hora laboral, recojo mis cosas y me coloco la gabardina que descansa sobre la silla.

La tarde está fría por las calles de Roma, camino sin prisa observando el hermoso atardecer. El sol poco a poco se va ocultando. Los gritos de los niños saliendo de la escuela, parejas tomadas de la mano que comparten juntos tal vez luego de un día tan ajetreado, es todo lo que veo hasta tropezar con alguien.

-¡Rayos!– grito al caer. Mi trasero cae sobre la acera, ocasionando que mi teléfono y cosas personales salgan de mi cartera.

Por un momento quedo mareada de lo rápido que fue, no lo vi venir. El extraño me tiende su mano, haciendo que mi mirada se dirija a esta. Mis ojos recorren desde su torso hasta quedar posada en unos pares de ojos azules tan claros como el cielo, adornados por unas espesas pestañas. Su cabello ondulado color negro azabache cae por su frente. Es un chico de mi edad, aunque su cuerpo lo hace lucir un poco mayor. ¡Qué músculos! dice mi voz interior anonadada por lo que ve.

Con su ayuda logro levantarme del suelo, hasta quedar frente a él. Es muy alto, le llego al pecho y eso que llevo zapatos de tacón.

-Disculpe señorita, no fue mi intención tropezarla – dice con voz profunda, mientras que muestra una sonrisa que hace que se dibujen unos lindos y adorables hoyuelos.

-N-no no pasa nada– mi voz flaquea.

Su sonrisa se ensancha, sabe lo que su presencia puede ocasionar en las chicas. Acomodo mi ropa y voy por mi cartera, algunas cosas se salieron. Veo mi teléfono, llaves de la casa y mi bolso donde guardo mis cosas personales. Las recojo apresurada, ya suficiente pena he sufrido por hoy.

Las personas a mi alrededor me observan sin darle mayor importancia.

El chico ayuda a recoger mis cosas, es lo mínimo que debe hacer luego de tirarme.

Con las cosas de vuelta en la cartera, estoy por irme, cuando el chico aparece obstaculizando mi andar.

- Creo que esto es tuyo – dice entre apenado y gracioso, tendiéndome una toalla femenina, esa que siempre cargo conmigo por si ocurre una emergencia.

¡Qué vergüenza! Grito internamente.

- Gracias – le agradezco, tomando mi toalla. Su mano roza mis dedos, incrementando el rubor de mis mejillas.

Aparto mis dedos y continúo por mi camino, sintiendo su mirada furtiva.

Su rostro me es familiar, lo he visto en otra parte. Me marcho pensativa.

***

Luego de llegar a casa, me duché con agua caliente y lavé mi cabello. Cené tostadas con un delicioso omelette y jugo de naranja.

Ahora me encuentro recostada en el sillón de la sala, con mis pies descansando en el mueble donde se encuentra la televisión. Veo una película de Netflix llamada 'The Kissing Booth', me encanta la trama, sobre todo por Noah, el protagonista. Las películas de romance siempre han sido mis favoritas. Libros, canciones y películas que traten de amor. Si tan solo así fuera la vida real, encontrar un príncipe azul, casarnos, tener hijos y ser felices por siempre.

- Y justo cuando él apareció, ella dejó de creer en cuentos – digo recitando las palabras que leí en un libro.

Mi teléfono suena notificando que llegó un mensaje, lo tomo para desbloquearlo y ver de qué se trata. Es de la empresa, curiosa leo lo que dice.

El señor Mengoni me felicita por mi trabajo de hoy, dice que está a gusto con mis diseños y necesita que pase el lunes temprano por su oficina. Después de responder, apago el celular y me dirijo a la habitación, por fin podré descansar.

Cepillo mis dientes y desenredo el enredado cabello con los dedos, bostezando me voy hacia la cama. Apago la lámpara de noche y acomodo mi cabeza en la almohada, logro conciliar el sueño rápido hasta quedarme dormida.

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