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Me Niego a ser la Protagonista

Me Niego a ser la Protagonista

Autor: : Lara Kimblad.
Género: Romance
Una joven ruega a su padre que la deje morir debido al intenso dolor causado por la enfermedad con la que había nacido, piel de cristal, y el cáncer pulmonar recientemente diagnosticado. Cada roce en su piel le provoca un sufrimiento insoportable. Jamás había tenido amigos ni nadie más que su padre y su hermano que la amaran, por lo que ruega por la muerte para acabar con su dolor. "Por favor, padre, ya no puedo más. Duele tanto... Por favor, no más. Solo quiero descansar", rogó la joven a su padre, quien se negaba a permitir su muerte. Su hermano, visiblemente afectado por el estado de su hermana menor de 18 años, detuvo a su padre antes de llamar al médico, y ambos observaron cómo la joven cerraba los ojos, mientras el sonido continuo de las máquinas conectadas a ella anunciaba su muerte. 𝐿𝑢𝑧 Una luz brillante deslumbró a la joven, quien se encontraba en un cuerpo desconocido para ella. "Mi apariencia... no puede ser. Soy la protagonista de esta novela. Me niego a seguir esta historia como estaba escrita".

Capítulo 1 Capitulo 1

-Papá, no quiero esto... Por favor, ya no más, estoy... Cansada de que me duela.

Dijo una joven de diecinueve años recostada en una cama de hospital mientras que su padre la observaba de lejos con lágrimas en los ojos, el hombre miro a su hija mientras que su hijo mayor lo abrazaba traite al ver a su hermana menor en la cama de hospital sufriendo sola.

-Hija mía, por favor solo aguanta un poco más y podrás volver a casa, te aseguro que todo estará mejor, así que sé fuerte, no dejes a tu padre solo mi niña, tú puedes... -Dijo el hombre mientras tomaba con gran cuidado las manos de hija.

-Papá... Estoy cansada, yo... Incluso si el cáncer pulmonar desaparece, no voy a poder tener una vida normal, hah... Quisiera poder correr, caminar, y abrazar a las personas que quiero sin el miedo de salir lastimada, pero... Mi enfermedad no me lo permite, mi piel se lastima en cuanto los toco, y desde que tengo cáncer, hah... Hah... Esta enfermedad se ha agudizado cada vez más, es doloroso, cada día, sufro más y más heridas, hah... incluso por culpa de mi ropa o las sabanas de esta cama, ya... Ya no quiero más...

Dijo la joven mientras que el padre besaba con cuidado la mano de su hija, la cual estaba llena de cicatrices por culpa de su enfermedad epidermolisis bulosa (piel de cristal). La joven llevaba años viviendo con aquel dolor de salir herida por cualquier roce en su piel, y esta enfermedad se había vuelto aún más agresiva en el último año en el cual había sido diagnosticada con cáncer pulmonar, lo cual la tenía al borde de la muerte sufriendo dolor cada día.

-Hija, por favor no, no digas eso, eres mi niña, mi princesa no puedes, no te rindas ahora... -Decía el padre de la joven mientras lloraba.

-Hermanita, no hables, vamos, debes descansar, llamaré al doctor... -Dijo el hermano mayor de la joven, pero este fue detenido por la mano de su hermana que lo sujeto rápidamente.

-No, hah... Hermano, por favor, ya no, no quiero más, siento, siento que me quema, no quiero, me duele, no quiero más... -La joven suplico a su hermano y padre que no llamaran al médico.

Ambos vieron como la joven lloraba con desesperación pidiendo que la dejaran ir, que no quería seguir luchando más, ella era una joven alegre, pero después de que le dieran su diagnóstico de cáncer ella había comenzado a apagarse más y más, el dolor por su enfermedad epidermolisis bulosa se había agudizado haciéndola sufrir cada día dolores inimaginables. El padre de la joven vio como esta comenzaba a respirar con más dificultad, por lo que se decidió a llamar al médico ignorando las palabras de su hija, pero el hermano de ella se interpuso.

-No, papá, no lo hagas... Sé que es complicado, yo tampoco quiero esto, yo amo a mi hermanita, pero, no quiero verla sufrir más así, por favor, ya dejémosla descansar, ella nos está rogando que la dejemos ir, papá por favor piensa en ella, piensa en el dolor que está sufriendo... -Dijo el hermano.

El hermano de la joven soltó el brazo de su padre mientras que se acercaba a su hermana y comenzaba a llorar sentado en la silla al lado de la cama "Hermano, lamento hacerte pasar por esto, fuiste el mejor hermano del mundo... Papá, siempre me apoyaste y trataste de cuidarme lo mejor que pudiste, gracias" reflexionó la niña mientras sentía como comenzaba a faltarle el aire, fue entonces que miro a su familia y mostrándoles una sonrisa satisfecha se despidió.

-Los... Los amo, gracias... -Se despidió la joven.

Mientras que el padre al escuchar sus palabras corrió hacia ella y miro el rostro de su hija completamente inmóvil con una sonrisa dibujada en su rostro.

- ¡Hija, mi niña...! ¡No! ¡Doctor! ¡Doctor! ¡Llamen a un médico! -Grito el padre de la joven abriendo la puerta del cuarto.

El hermano de la joven se acercó a su hermana y por primera vez en su vida acaricio la mejilla de ella y sonrió al ver que su hermana se había ido de ese mundo, feliz por saber que ya no tendría que sufrir más dolor. "Descansa, hermana, ya no dolerá más" pensó el hermano mayor de la joven viendo un libro entre las sabanas de la cama.

-Bajo la corona Imperial, este es el libro que le regale en su decimoctavo cumpleaños, ¿lo estaba leyendo de nuevo? - Se preguntó en voz alta el hermano de la joven mirando el libro en su mano.

-Tú se lo regalaste, así que ella lo leía seguido-Respondió el padre.

Mientras veía a los médicos entrar en la habitación y revisar a la joven anunciando la hora de su muerte.

*Luz*

-Hmm... que, hermano, cierra las cortinas, por favor... -Dijo una joven hermosa con cabello blanco y ojos azules abriendo los ojos con dificultad.

- ¡De qué hermano estás hablando! ¡Vamos levántate de una vez Lidia, debes prepararte para la misa de hoy! -La joven abrió los ojos viendo a una mujer joven parada frente a ella hablándole.

La mujer miró a Lidia que seguía acostada y le lanzo una túnica blanca para que esta se vistiera mientras la observaba con el ceño fruncido. La joven que seguía sentada en la cama vio a la otra mujer salir del cuarto, por lo que aún confundida se miró las manos y vio que estas no parecían tener ni una sola herida y el roce de las cobijas de la cama no la lastimaban.

- ¿Qué?... ¿Por qué no duele? -Se preguntó la joven mientras tomaba la túnica y se levantaba de la cama.

Capítulo 2 Capitulo 2

- ¿Qué?... ¿Por qué no duele? -Se preguntó la joven mientras tomaba la túnica y se levantaba de la cama.

Lidia camino hacía un pequeño espejo sobre un escritorio en la habitación y pudo ver su hermoso rostro reflejado en este "Mi... Mi cara, ¿Qué? ¿Qué es esto? ¿Esta soy yo? Imposible". La joven que había sido llamada Lidia anteriormente miro su rostro, sus manos y su cuerpo y se sorprendió al ver que en él no se encontraba ni la más mínima cicatriz, ella frotó una mano sobre su brazo con miedo a sentir dolor, pero nada sucedió, solo sintiendo en ella la calidez de su mano sin salir herida. "No, no duele" las lágrimas en el rostro de Lidia comenzaron a brotar incontrolablemente al darse cuenta de que se encontraba en un cuerpo diferente, pero que al parecer su enfermedad ya no estaba con ella, fue entonces que se escuchó la puerta nuevamente y se abrió apareciendo frente a Lidia nuevamente la joven que había estado allí anteriormente.

-Lidia, vamos por favor, no me metas en problemas, apresúrate, la misa está por comenzar. - Dijo la joven que camino hacia una cama dentro de la habitación y saco una cinta para afirmar su cabello.

- ¿Misa? -Pregunto Lidia confundida.

-Claro, es la misa de las cuatro, debemos apresurarnos, vamos tarde. -Respondió la muchacha mientras ponía un velo en el cabello de Lidia.

Lidia se miró en el espejo mientras se veía vestida de una manera tan inusual. Fue entonces que ella le tomó mayor atención a su entorno, dándose cuenta de que el lugar parecía bastante humilde, solo había tres camas, una mesa de escritorio de madera bastante antigua, papeles sobre esta, tres baúles, uno debajo de cada cama, cobijas de cama bastante ásperas y gruesas. Al salir de la habitación, Lidia miro su alrededor siendo llevada por su compañera de cuarto a un gran salón donde se encontraba un sacerdote frente a varias personas que hacían una fila frente a él vestidos con la misma ropa que llevaba ella "¿Qué es todo esto?" Se preguntó Lidia sin entender nada, fue entonces que la fila comenzaba a avanzar más y más, y cuando apenas quedaban dos personas frente a ella escucho lo que el sacerdote les decía a las personas frente a ella.

-Que la diosa ilumine tu camino y ponga en tus manos su favor para hacer el bien y guiar a cada alma del imperio con sus enseñanzas...- Dijo el sacerdote mientras vertía con un cuenco de oro agua sobre las jóvenes frente a él.

-Juro no defraudar las enseñanzas que se me han dado, viviré con humildad y brindaré mi cuerpo y alma al futuro de los más necesitados, juro en nombre de la Diosa del imperio, quien brilla más allá del sol. -Concluyeron las dos personas delante de Lidia, mientras que el sacerdote vertía agua en las cabezas.

Fue entonces que el turno de Lidia llego quien nerviosa, dio un paso al frente mirando al sacerdote, quien comenzó diciendo las mismas palabras que le había dicho a los anteriores dos personas, pero Lidia no contesto e hizo que el sacerdote repitiera lo que acababa de decir.

-Que la diosa Ilumine tu camino y ponga en tus manos su favor para...- El sacerdote siguió hablando sin escuchar respuesta.

Lidia miró sus manos mientras que el sacerdote seguía hablando "Esas palabras, las... sé que las escuché o leí en alguna parte antes, ¿Dónde? ¿Dónde las...? ¡Claro! Estaban escritas en ese libro, fueron las palabras que le decían a la protagonista el día que se le declaró santa" Lidia levanto su cabeza y miro al sacerdote directamente a los ojos "Cabello blanco largo y ondulado, piel blanca y ojos azules, cuerpo esbelto y saludable, una apariencia completamente hermosa era lo que representaba a Lidia, la Santa de la novela {Bajo la corona imperial}" Lidia dio un paso atrás mientras miraba al sacerdote al darse cuenta de lo que estaba sucediendo.

-Esto es imposible... -Dijo Lidia en voz alta dejando sorprendido al sacerdote.

-Lidia, ¿de qué estás hablando? Vamos, debes terminar tu proceso de bautismo para convertirte en sacerdote del templo, aparte esto es obligatorio para todo quien quiere pertenecer al templo... Vamos debemos terminar esto. -Dijo El sacerdote dando un paso adelante.

Lidia, asustada, dio un paso atrás haciendo que el sacerdote la sujetara por la muñeca, botando unas cuantas gotas de aquella agua sobre el brazo de Lidia, sorprendiendo a todos cuando el agua tomo el color del oro al tocar su piel.

- ¡Ella, mira! -Gritaron algunos sacerdotes que allí se encontraban.

-Lidia tú... -El sacerdote sorprendido sonrió al ver lo que sucedía.

-No, no es así... -Lidia negó lo que sucedía y se soltó de la mano del sacerdote saliendo del gran templo.

Lidia corrió hasta la habitación donde había despertado, al llegar allí escucho la llamada de uno de los sacerdotes de alto rango llamando a la puerta, ella asustada, bloqueo la entrada mientras revisaba el baúl que estaba bajo su cama encontrando en este solo un vestido para cambiarse de ropa. "Esto debería ser suficiente, si esto es como yo creo significa que estoy en el cuerpo de la protagonista de la novela que leía en el hospital, no, no puedo, no puedo ser la protagonista, no estoy dispuesta a pasar por todo los obstáculos que protagonista debe afrontar para un final feliz, por primera vez tengo un cuerpo sano, por primera vez no siento dolor con solo respirar, no estoy dispuesta a seguir un camino que no fue escrito para mí, me niego, esta es una segunda oportunidad para mí así que haré todo lo que siempre desee, seré feliz" se dijo Lidia mientras se colocaba el vestido rápidamente mientras escuchaba al sacerdote gritar fuera de la puerta, Lidia miro cada rincón de la habitación viendo una ventana pequeña en lo alto del cuarto, por lo que arrastro una mesa hasta donde se encontraba la ventana y subiéndose sobre esta salto por la ventana para salir del lugar.

-No dejaré que me atrapen, no pienso seguir el camino que fue escrito para alguien que no soy yo, esta vida es mía...- Dijo Lidia corriendo lejos del templo.

[Tres días después]

Lidia había estado caminando en dirección contraria del palacio para así poder estar lo más lejos posible de los conflictos que se presentarían en la novela origina, "Debo alejarme del palacio, espero no encontrarme con el arrogante príncipe heredero Ryan, se supone que él es el protagonista de la novela, pero jamás pudo gustarme, era muy obsesivo y arrogante, con una personalidad terrible, tenía gran habilidad con la espada y el maná, pero eso lo hacía ver aún peor, siempre tenía todo tan fácil al tener tanto talento, también esta Irene quien es la villana, hija del duque, ella tenía una apariencia hermosa, cabello rojo intenso y un cuerpo voluptuoso, ella jamás bajo su cabeza y murió a manos del príncipe heredero cuando ella intenta matar a Lidia, la protagonista, ¿Por qué debo ser la protagonista? ¿Sería posible llevarme bien con Irene si me alejo del príncipe?" Se preguntó Lidia mientras caminaba por el bosque, al llegar un poco más lejos está respiro profundamente y miro su alrededor viendo lo hermoso que se veía la naturaleza a su alrededor.

-Antes siempre deseaba poder hacer esto, sentarme en el suelo y poder respirar el aire puro de la naturaleza sin sentir dolor alguno... Esto es hermoso. -Dijo en voz alta Lidia mientras cerraba los ojos apoyándose en un árbol.

Mientras Lidia se relajaba escucho un extraño sonido acercarse mientras que el suelo temblaba "¿Qué?" Lidia abrió los ojos y se levantó rápidamente del suelo viendo como unas fuertes pisadas se escuchaban acercarse más y más, hasta que un fuerte gruñido se hizo escuchar en todo el bosque haciendo que las aves salieran volando de los árboles alejándose del lugar, Lidia entendiendo que podría ser peligroso comenzó a ir en dirección contraria al sonido y se esforzó en subir a uno de los árboles que allí se encontraban, viendo claramente como dos grandes bestias que parecían lobos negros dejaban un rastro de sangre con sus patas y varios caballeros en caballos los seguían.

- ¡El primer grupo vayan con su majestad el príncipe, el segundo vayan por los lobos! -Grito un hombre el cual parecía bastante serio.

- ¡Sí, capitán! -Respondieron varios caballeros.

Fue entonces que Lidia, que había subido a las ramas del árbol y se aferraba a ellas, observo y escucho lo que sucedía abajo, viendo a uno de los caballeros que allí se encontraban completamente distraído "Ese tipo... Él no parece prestar atención a lo que está diciendo el capitán..." pensaba Lidia cuando vio que aquel hombre volteaba a mirar hacia arriba, viéndola a ella directamente a los ojos.

-¡!

Lidia se sorprendió abriendo los ojos, asustada al ver que aquel hombre la miraba fijamente para luego sonreírle de manera divertida "¿Qué?" Lidia vio como el capitán se acercaba a aquel hombre, por lo que su nerviosismo comenzaba a aumentar al pensar que sería delatada.

- ¿Qué haces aquí parado? Vamos Cion, deja de andar de vago... -Dijo el capitán.

El joven que había visto a Lidia se comenzó a reír mientras pasaba su brazo por los hombros del capitán y comenzaba a caminar en dirección contraria de donde estaba ella, está confundida miro al joven dándose cuenta de que él volteaba para mirarla y le levantaba el pulgar mientras le guiñaba el ojo divertido "¿Qué fue eso?... Pensé que me iba a delatar" reflexionó Lidia confundida viendo como el joven se subía a su caballo y se marchaba con el resto de los caballeros.

Capítulo 3 Capitulo 3

El joven que había visto a Lidia se comenzó a reír mientras pasaba su brazo por los hombros del capitán y comenzaba a caminar en dirección contraria de donde estaba ella, está confundida miro al joven dándose cuenta de que él volteaba para mirarla y le levantaba el pulgar mientras le guiñaba el ojo divertido "¿Qué fue eso?... Pensé que me iba a delatar" pensó Lidia confundida viendo como el joven se subía a su caballo y se marchaba con el resto de los caballeros.

-Él... ¿Por qué no me delato? -Se preguntó en voz alta Lidia al quedar sola en el bosque.

Durante las siguientes horas, Lidia encontró algunas frutas en el bosque para poder comer y luego salió de él para volver a la ciudad. Al llegar allí, ella se decidió en aprender a usar la habilidad de curación que debía de tener la protagonista para poder hacer algo de dinero, así fue como se dirigió a una pequeña posada para pedir un cuarto a cambio de entregar sus servicios de curandera o mesera. A la mañana siguiente Lidia fue despertada temprano por la anciana dueña del lugar, quien necesita de los servicios de sanación de Lidia para su esposo, quien estaba en cama.

-Él lleva enfermo algunos días, ¿crees que podrías ayudarlo? -Pregunto la anciana mientras Lidia se acercaba a la cama del hombre.

Lidia miró al hombre detenidamente y se sentó a su lado mientras tomaba la mano del este, la anciana que observaba lo que sucedía quedo sorprendida al ver una luz dorada desprenderse de las manos de Lidia mientras ella tomaba la mano del hombre para curarlo. "Esto debe funcionar, lo he practicado algunas veces con plantas, así que debe estar bien" se repetía Lidia para sí misma mientras curaba al anciano, lo cual le tomo alrededor de dos horas poder dejar al hombre completamente sano.

-Hmm... Mar... Marta, cariño... -Dijo el hombre mientras la anciana corría hacia él y tomaba su mano.

-Alfred, amor, al fin estás bien, me tenías preocupada, es increíble que una simple gripe pudiera afectarte tanto, te lo dije, ya no somos jóvenes, cariño, ya no puedes estar trabajando tanto fuera de casa. -Dijo la anciana mientras besaba la frente de su esposo.

Lidia, que observaba la escena de cariño del matrimonio, se sintió aliviada al darse cuenta de que su habilidad había funcionado como debía, y que gracias a eso había podido hacer feliz a aquella pareja. Durante los siguientes días Lidia pudo quedarse en aquella posada sin tener que pagar su estadía, ya que la dueña del lugar con su marido se sentía agradecidos con Lidia y esta ofrecía su ayuda en la atención a los clientes del lugar.

-Lidia, tenemos un problema con una de las habitaciones, podrías atender tú al señor mientras tanto por favor. - Dijo la señora Marta mientras corría al segundo piso a ver la habitación.

-He... Si yo me encargo. -Respondió Lidia viendo que la señora ya corría al segundo piso.

El hombre frente a Lidia entro al sitio con un pequeño niño en sus brazos, ella comenzó a registrarlo en el libro y le dio las llaves del cuarto para luego guiarlo hasta su habitación.

-Señor, venga por aquí, por favor, lo guiaré a su cuarto. -Dijo Lidia mientras miraba curiosa al hombre quien tenía el rostro oculto bajo una capa.

-Señorita, ¿sería posible conseguir un médico en este lugar? -Pregunto el hombre.

Lidia al escuchar la voz del hombre sintió que la conocía, por lo que frunció el ceño y se acercó un poco más a él para intentar ver su rostro, encontrándose así con un cabello azul verdoso y ojos grises "Es el joven del otro día, pero... ¿Por qué parece tan cansado?" Se preguntó Lidia viendo al pequeño que este aún tenía en sus brazos.

- ¿El médico es para este pequeño? -Pregunto Lidia al joven.

-Sí, él es mi hermano menor, tiene ocho años... No, no sé cuánto tiempo lleva así, pero parece grave, él siempre se enferma con facilidad, pero es primera vez que lo veo en este estado, no despierta y tiene una fiebre muy alta. -Respondió el joven acariciando el cabello de su hermano menor.

El joven camino hacia la cama que estaba en el cuarto en el que se hospedaría y recostó a su hermano para que descansara "¿Cómo puede no saber cuánto lleva en ese estado? Qué irresponsable" se dijo Lidia caminando hacia el pequeño para colocar su mano sobre la frente del niño.

- ¿Dónde están los padres del niño? -Pregunto Lidia con un rostro molesto.

-Ellos... Mi padre murió hace unos meses y mi madre dijo que cuidaría a mi hermano, pero ayer cuando volví a casa después de días de estar fuera, ni ella ni sus cosas estaban y solo, solo estaba mi hermano en este estado... -Dijo el joven mientras se frotaba los ojos tristes.

Lidia sintiéndose culpable por haberlo juzgado apresuradamente camino hacia él y froto su espalda con cuidado "Él me ayudó aquel día, él no me delató cuando me vio sobre el árbol y aunque ahora no parece reconocerme es mi deber ayudarlo al tratarse de un niño tan pequeño, aparte, se lo debo" pensó Lidia saliendo del cuarto para volver a los pocos minutos después.

-Fui a preguntarle a la dueña si hay algún médico cerca y me dice que no, así que... Le traje esta fuente, puede ir a buscar agua en la primera planta, le dije a la dueña que lo guie para que pueda traer agua para bajarle la temperatura al niño, vaya no se preocupe, yo me quedaré para cuidar de su hermano. -Dijo Lidia dando a entender que sería complicado para ella llevar el agua por el peso.

-Está bien, entonces yo iré por el agua, le encargo a Javier unos minutos. -Respondió el joven saliendo a toda prisa en busca de agua.

Lidia, que se quedó sola con el pequeño, se acercó a él y arrodillándose a un costado de la cama, tomo su mano. "Déjame ayudarte" Lidia envolvió con su maná el cuerpo del niño, dándose cuenta de que este tenía un flujo de maná demasiado alto, el cual no era consistente con aquel pequeño cuerpo. "Es como llenar una copa ya desbordada, su alma se está rompiendo al no poder contener tanto poder, tengo que hacer algo" pensó Lidia parándose del suelo e inclinándose hacia el pequeño para colocar su frente pegada a la del niño.

-Está bien, todo estará bien, puedes estar tranquilo... Tu hermano vendrá pronto. -Dijo Lidia intentando calmar al pequeño.

Mientras Lidia pegaba su frente a la del pequeño, una calidez los envolvió a ambos, haciendo que la agitada respiración del niño se volviera más regular minuto a minuto "Hah... Esto es, agotador, tuve que absorber mucha mana del pequeño para poder estabilizarlo, tendré que seguir haciéndolo durante un mes, por lo menos para que pueda estar completamente curado" pensó Lidia mientras veía que la fiebre del niño bajaba rápidamente en tan solo minutos.

-Ya he traído el agua, gracias por cuidarlo. -Dijo el joven mientras se acercaba al niño y veía a este dormir plácidamente.

Lidia, preocupada en que se descubriera que ella había intervenido en ayudar al pequeño, decidió alejarse, ya que sabía que este era caballero del palacio y no quería verse involucrada con nadie que pudiera acercarla al príncipe heredero y ponerla a ella a la vista de él.

-Señorita usted... ¿Cómo hizo? Mi hermano, él ya, no tiene fiebre, parece mucho mejor. - Dijo el joven.

Este miro a Lidia por primera vez con interés, dándose cuenta quién era ella.

-Tú... Eres la joven que estaba abrazando a ese árbol el otro día. -El joven dio una pequeña sonrisa al recordar aquella escena.

Lidia avergonzada volteo tratando de salir del cuarto, pero este corrió para interponerse entre ella y la puerta y con una sonrisa en sus labios se inclinó hacia ella.

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