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Me casé con el hombre al que llamaban indeseable

Me casé con el hombre al que llamaban indeseable

Autor: : Lila Rivers
Género: Moderno
Sophie asumió el lugar de su hermana y se casó con un hombre conocido por su aspecto desfigurado y su pasado temerario. El día de la boda, su familia le dio la espalda y el pueblo se reía de ella, pues estaban seguros de que su matrimonio colapsaría. Pero la carrera de Sophie despegó, y su amor solo se profundizó. Más tarde, durante un evento de alto perfil, el jefe de un gran consorcio se quitó la máscara, revelando que el esposo de Sophie era una sensación mundial. *** Adrian no tenía interés en la esposa que le habían asignado y se había disfrazado con la esperanza de que ella lo dejara. Pero cuando Sophie intentó hacerlo, Adrian se derrumbó emocionalmente y susurró: "Por favor, no te vayas. Si me besas, y te daré el mundo".

Capítulo 1 Me casaré con Adrian Knight

Hoy era la boda de la prima de Sophie Barnes, Alice Barnes. Sophie estuvo corriendo toda la mañana, ayudando a preparar el lugar y asegurándose de que todo fuera perfecto.

Con el ramo en las manos, fue hacia la suite nupcial, lista para ponerlo en el lugar designado. Pero, justo afuera de la puerta, se quedó paralizada y su corazón se aceleró al oír gemidos que salían por la rendija.

"Cariño, ¿quién es mejor? ¿Yo o Sophie?", dijo una mujer con voz juguetona y melosa.

Un hombre respondió en voz baja y áspera por el deseo: "Nadie se compara contigo. No puedo creer que me hayas seducido mientras te casas con ese bicho raro".

Sophie sintió un vacío en el estómago. Conocía esas voces. Con las manos temblorosas, empujó la puerta y vio a Alice sobre el tocador, completamente desnuda y enredada con un tipo. Su vestido de novia estaba tirado en el suelo.

El hombre era David Lloyd, el novio de Sophie desde hacía tres años.

Al instante, recordó las palabras que él le había dicho apenas unos días antes. "Quiero ver la boda de tu prima. Nos servirá para planear la nuestra".

Alice se aferraba a él, gimiendo más fuerte. "¡David, te amo! ¡Huyamos juntos!".

Hirviendo de rabia, Sophie lanzó el ramo directamente hacia ellos con todas sus fuerzas. El ataque repentino los hizo gritar de sorpresa.

David se subió los pantalones rápidamente y se puso pálido al encontrarse con la mirada furiosa de su novia. "Sophie, ¡espera! ¡Estás malinterpretando las cosas! ¡Ella fue la que me sedujo!".

Sophie soltó una risa llena de amargura. Luego le dio una fuerte bofetada, diciendo: "¿Ah, sí? ¿Acaso te obligo?".

David se quedó helado, completamente paralizado. Alice se puso algo de ropa y se apresuró a defenderlo. "Sophie, ¿qué crees que estás haciendo?".

Sin embargo, su prima la miró con frialdad y le dio una bofetada.

"Tú... ¿Cómo te atreves a golpearme?", soltó Alice entre dientes mientras su sorpresa se transformaba en pura furia.

Era la primera vez que Sophie le ponía una mano encima a su prima. La infancia de la primera no había sido fácil. Nunca conoció a su padre, y su madre desapareció sin explicación cuando ella tenía solo cinco años.

Kolton Barnes, el hermano de su madre, y su esposa, Michelle Barnes, la acogieron y le dieron un hogar. Alice, su hija, era una joven consentida y arrogante, convencida de que todos y todo estaba a su disposición. De hecho, siempre vio a su prima como una intrusa, alguien inferior a ella.

Durante años, Sophie toleró los insultos de Alice, sus pequeños robos y sus constantes provocaciones, todo por gratitud y respeto hacia Kolton. Pero al ver esa traición, justo frente a sus ojos, se negó a contenerse.

Sujetándose la cara con indignación, Alice intentó devolver el golpe, pero su prima le atrapó la mano y le dio otra bofetada con fuerza.

"¿Acaso no es mi responsabilidad darle una lección a mi prima menor cuando veo que se está comportando como una sinvergüenza?", soltó Sophie.

En ese momento, se oyeron pasos apresurados fuera de la puerta.

"¿Qué está pasando aquí?".

Kolton y Michelle entraron al instante. Bastó una mirada a la bata medio atada de Alice y al cuello de David manchado de labial para entenderlo todo.

Kolton se puso rojo de furia y gritó: "¡Esto es increíble! ¿En serio, Alice? ¿En tu boda? ¿Cómo les voy a explicar esto a los Knight?".

Hirviendo de ira, levantó el brazo para abofetear a su hija, pero Michelle la jaló rápidamente, protegiéndola del golpe. Entre sollozos, la joven gritó: "¡No quiero casarme con Adrian Knight! ¡Está lleno de cicatrices, se esconde detrás de una máscara, y todos dicen que es un mujeriego! ¡Me están obligando a vivir una pesadilla!".

Cuando su madre oyó esas palabras, las lágrimas le brotaron de los ojos.

La mandíbula de Kolton se tensó. "Cuando arreglamos el compromiso, él no tenía esas cicatrices. Los Knight son la familia más rica de la ciudad, así que no podemos enemistarnos con ellos".

"Sophie también es una Barnes, ¿o no?", soltó Alice, señalando a su prima. "¡Que se case con él en mi lugar!".

Sophie, quien había estado observando el arrebato de su prima con calma, se sorprendió por esas últimas palabras. Luego sonrió con ironía y soltó: "¿Y por qué haría algo así?".

Michelle, quien había permanecido en silencio, soltó a su hija y tomó la mano de su sobrina. Sus ojos brillaban con lágrimas mientras suplicaba: "Sophie, después de todo lo que hemos hecho por ti, de criarte... solo hazlo. Cásate con él en lugar de Alice".

Sophie sintió el peso de la culpa presionándole el pecho. 'Después de todo lo que hemos hecho por ti...'. Esas palabras la habían perseguido toda su vida. Siempre las usaban para controlarla, para hacerla renunciar a sus propios deseos una y otra vez.

Desde pequeña, lo había sacrificado todo: sus juguetes, su primer amor, el dinero que había ganado con tanto esfuerzo. Y ahora querían que también entregara su felicidad.

Sin embargo, esta vez no lo iba a hacer. Decidida, Sophie se enderezó y respondió con firmeza: "No. No me casaré con él. Trabajaré duro para pagarles, pero no voy a entregar mi vida por Alice, y no me casaré con alguien a quien no amo".

La expresión de Michelle se endureció. No esperaba que la joven la desafiara tan abiertamente.

Pero como aún le quedaba un as bajo la manga, se acercó y le susurró: "Sé dónde está tu madre".

Sophie se quedó helada, con la boca seca. Miró a su tía con incredulidad y una pequeña chispa de esperanza luchando dentro de ella. Michelle se apartó, dejando que las palabras flotaran en el aire, y le lanzó una mirada que lo decía todo.

Sophie comprendió de inmediato. Era casarse con Adrian o no volver a ver a su madre nunca jamás. No había punto medio.

Pensando en eso, miró a David, quien se veía incómodo; todavía tenía el cuello manchado del labial de Alice. Una risa amarga se le escapó. Una vez soñó con casarse con alguien a quien amara, pero, después de la traición de David, podía ver lo que realmente era el amor: una broma, una mentira.

Pensó en las manos suaves de su madre, y decidió que, si el matrimonio no era más que una transacción, al menos lo haría valer por algo real. Entonces se agachó, recogió el ramo, ahora cubierto de polvo y con pétalos aplastados, y levantó la barbilla. "Está bien", dijo finalmente. "Me casaré con Adrian Knight".

Capítulo 2 Puede besar a la novia

La ceremonia nupcial comenzó. Al final del pasillo, Adrian esperaba con su traje hecho a la medida, que se ajustaba a la perfección a su imponente figura. Tenía hombros anchos, una cintura esbelta: parecía el hombre del momento.

Una elegante máscara negra cubría su rostro, dejando al descubierto solo una mandíbula esculpida. Los invitados pensaban que, de no ser por las cicatrices que ocultaba, Adrian debía de ser increíblemente guapo.

Entre los invitados, Alice se sentó en su silla. Al instante, su amiga se inclinó hacia ella, con los ojos abiertos de emoción, y le dijo: "¿Por qué no me pediste que te sustituyera en el altar? ¡Ese hombre tiene el cuerpo de un modelo de pasarela! Daría cualquier cosa solo por una noche con él!".

Alice le lanzó una mirada a Adrian, quien esperaba en el altar. Al ver lo alto y atlético que era, la envidia brilló en sus ojos, pero lo ocultó con desdén. "¿De qué sirve un cuerpo perfecto si su rostro está lleno de cicatrices? ¿Acaso no viste esa máscara? La usa porque el accidente lo dejó tan desfigurado que no puede mostrar su cara. Imagina despertar junto a alguien así, ¿no te daría miedo?".

Su amiga frunció el ceño y se quedó sin palabras por un instante, aunque no pudo evitar lanzarle otra mirada a Adrian. Justo en ese momento, las notas dulces de un violín llenaron la sala y Sophie entró con elegancia, del brazo de Kolton. Avanzaba por el pasillo con una confianza serena.

Desde la multitud, David la observaba. Una oleada de arrepentimiento lo invadió al verla tan resplandeciente. Si no le hubiera sido infiel, quizás sería él quien la estuviera esperando en el altar en ese momento. Lo que había pasado con Alice ya no significaba nada. Sophie era la que realmente quería: hermosa, amable, la mujer que debió haber sido suya.

En ese momento, Alice notó la forma en que David miraba a Sophie, y sintió que la envidia se retorcía en su interior. Entonces se inclinó de nuevo hacia su amiga y le dijo con la voz cargada de veneno: "Sophie actuaba como si no quisiera casarse con Adrian, pero en realidad estaba encantada. Seguro se enteró de que la familia Knight es extremadamente rica".

Oculta detrás del velo, Sophie observó al hombre enmascarado que la esperaba en el altar, e inconscientemente apretó la mano con más fuerza. Kolton le estrechó los dedos suavemente mientras le decía: "Lo estás haciendo genial. Sé que esto no es fácil".

Pero ella no dijo nada, solo negó con la cabeza. La decisión ya estaba tomada; no había vuelta atrás.

Como era una persona optimista por naturaleza, no iba a dejar que la tristeza se apoderara de ella. Esa era su forma de pagarle a la familia de su tío por todo, así que no se iba a echar para atrás. Además, después de ese día, su vida por fin sería suya.

Al llegar al altar, Kolton puso la mano de Sophie en la de Adrian con suavidad. Un estremecimiento recorrió a la joven apenas sintió la inesperada calidez de aquella palma. El novio enmascarado le acarició el dorso de la mano con el pulgar, como si la estuviera tranquilizándola en silencio.

La ternura del gesto la sorprendió. Quizás el hombre al que todos llamaban mujeriego no se parecía en nada a lo que decían los rumores. Sus facciones seguían ocultas, pero había una gracia firme en su forma de comportarse, una confianza tranquila que pareció calmar sus nervios sin necesidad de palabras.

Adrian se inclinó hasta que su aliento cálido le rozó el oído. "¿Lista para comenzar nuestra historia, esposa mía?".

El sonido de su voz, grave y profunda, hizo que Sophie sintiera un escalofrío. De repente comprendió cómo ese hombre podía cautivar tantos corazones, con o sin cicatrices.

Sin decir nada, asintió y dejó que él la guiara suavemente hacia el sacerdote que los esperaba. Después de pronunciar sus votos con solemnidad y firmeza, el encargado de llevar los anillos avanzó con una bandeja. Cuando el sacerdote levantó la tela que la cubría, un murmullo de asombro recorrió la capilla y todos abrieron los ojos de golpe al ver la legendaria gema.

"¿Esa es la Llama del atardecer? ¡El famoso diamante rosa! ¡Es idéntico al que lleva la princesa de Yharta!".

Alice apretó los puños mientras veía cómo la enorme joya rosa de diez quilates se deslizaba en el dedo de Sophie. Ese anillo debió haber sido suyo.

Siempre había despreciado a Adrian, como si fuera un don nadie. Para ella, no era más que el hijo olvidado del primer matrimonio de Mike Knight. Un hombre desfigurado, rechazado por toda su familia y con casi nada a su nombre. ¿Quién se habría imaginado que la familia Knight le concedería tal tesoro al hijo que supuestamente habían menospreciado?

Alice intentó convencerse de que el ostentoso gesto de la familia Knight no era más que una forma de hacer que Adrian quedara bien el día de su boda. Se animó al recordar a David, quien tenía encanto y dinero, y que sin duda era mucho mejor que cualquier hombre feo. Ese pensamiento la tranquilizó, aunque solo un poco.

La suave voz del sacerdote se extendió por la sala. "Puede besar a la novia".

Sophie se puso rígida, preparándose. La idea de besar a un completo desconocido, especialmente a uno que acababa de conocer ese mismo día, le parecía irreal.

Frente a ella, Adrian parecía igual de inseguro. Sophie no pudo evitar mirarlo fijamente. ¿De verdad el famoso rompecorazones que supuestamente ponía a las mujeres a sus pies estaba nervioso en ese momento?

Capítulo 3 Se me resbaló la copa

Mientras los invitados aplaudían con entusiasmo, Sophie Knight sintió el aliento de Adrian cerca de ella. Su corazón dio un vuelco, y cerró los ojos instintivamente. Sus pestañas temblaron, revelando lo nerviosa que estaba.

Un momento después, un toque cálido y breve rozó su frente. Abrió los ojos, sorprendida. Antes de que pudiera asimilarlo, la ceremonia había terminado.

Más tarde, en la recepción de la boda en el hotel, un hombre con una copa de vino se acercó a los recién casados y dijo en tono juguetón: "Eres afortunado de casarte con una mujer tan bella, Adrian".

Aunque el sujeto era bastante atractivo, tenía unas enormes ojeras. Al verlo, Sophie se echó hacia atrás instintivamente, y Adrian se movió rápido para ponerse frente a ella.

El otro sonrió y dijo: "No te pongas nerviosa. Soy Rory Knight, el medio hermano de tu esposo. En realidad siento un poco de lástima por ti. ¿Sabías que tuvo un grave accidente automovilístico cuando era niño? Ni siquiera se quitó esa máscara para la boda. Supongo que probablemente le da miedo que salgas corriendo".

Ante la burla, Sophie frunció el ceño y miró a Adrian, esperando alguna reacción, pero él permaneció completamente inmóvil, como si no le afectara para nada.

Ahora entendía los rumores de que su familia no lo quería. Incluso su medio hermano lo estaba ridiculizando abiertamente el día de su boda. Pero Adrian era su esposo ahora. Si él no iba a defenderse, ella lo haría.

Con decisión, apartó el brazo de Adrian y enfrentó a Rory con una mirada firme. "No elijo a un esposo por su cara, sino por su carácter. La apariencia no importa si ni siquiera puedes tratar decentemente a tu propio hermano. Esa es la verdadera fealdad".

Al escuchar esas palabras, Adrian levantó una ceja, sorprendido por la audacia de su esposa.

Rory entrecerró los ojos por un momento, pero rápidamente fingió una sonrisa. "¡Guau! ¡Qué lengua!". Luego levantó su copa de vino y continuó: "Está bien, tranquila. Me disculpo por mi error. Acepta esta copa a modo de disculpa".

Sophie dudó, insegura, y luego extendió la mano. Pero antes de que pudiera tocar el borde, el hombre inclinó la copa y derramó el vino tinto sobre el pecho de ella.

El líquido empapó su vestido de novia, deslizándose en pegajosas líneas por su escote. Rory la miró con lascivia, sin mostrar ni una pizca de arrepentimiento.

"¡Ah!", exclamó Sophie, tapándose el pecho empapado.

Rory chasqueó la lengua, ligeramente decepcionado de que ella se hubiera cubierto tan rápido. "Ups", dijo, fingiendo inocencia. "Se me resbaló la copa. Perdón por eso".

Sonrió con burla hacia Adrian, como retándolo a intervenir. Sin embargo, este no dijo nada, solo se quitó su chaqueta con calma y la puso sobre los hombros de su esposa.

Rory soltó un bufido y comenzó a alejarse, murmurando: "¡Ups! ¿Cómo me pudo fallar la mano así?".

Sin embargo, una voz tranquila cortó el aire detrás de él.

"Si ni siquiera puedes sostener una copa, tal vez no necesites esa mano para nada".

Antes de que Rory pudiera girarse, se oyó un crujido agudo y seco. Sintió un terrible dolor cuando Adrian le torció la muñeca con precisión. El sudor frío brotó en su frente y su rostro se puso pálido.

"¿Qué demonios crees que estás haciendo?", soltó Rory entre dientes.

Sin responder nada, Adrian le dio una patada en la rodilla. El otro cayó al suelo, gimiendo de dolor. De inmediato, Adrian tomó una copa de vino que estaba por ahí cerca y luego jaló la cabeza de su hermano hacia atrás, agarrándolo del pelo.

"Esta es de parte de mi esposa", dijo, derramando el vino sobre el rostro de Rory. El vino empapó su pelo, se deslizó por su ropa y lo dejó completamente humillado.

Todo ocurrió tan rápido que los invitados quedaron atónitos, congelados. Justo en ese momento, Mike, el padre de Adrian, avanzó furioso. "¡Idiota! ¿Qué crees que estás haciendo con tu hermano?".

Adrian se ajustó los puños de la camisa con una calma inquietante y respondió: "Si no va a aprender modales, entonces yo mismo se los voy a enseñar".

Antes de que alguien pudiera intervenir, otra patada rápida aterrizó en el rostro de Rory. Un diente voló por la alfombra, y el joven gimió, indefenso.

"¡Has ido demasiado lejos, Adrian! ¡Discúlpate ahora mismo, o te juro que te echaré de esta familia!", gritó Mike, temblando de ira.

Los ojos de Adrian eran fríos, pero una leve sonrisa curvó sus labios. "Como desees", respondió.

Luego agarró a Sophie de la muñeca y la llevó hacia afuera, sin mirar atrás ni una sola vez. Los gritos llenos de furia de Mike resonaban detrás de ellos. "¡Cancelen todas sus cuentas! ¡Recuperen cada propiedad que esté a su nombre! ¡Cuando toque fondo, vendrá arrastrándose a pedir perdón!".

El salón volvió a quedar en silencio, y luego los murmullos se extendieron entre los invitados, quienes seguían igual de conmocionados.

Mientras tanto, Alice se reía en una esquina. Cualquier rastro de celos que hubiera sentido hacia Sophie desapareció al instante.

Al parecer, Adrian no era tan intocable. Solo era un niño rico y mimado que ahora lo había perdido todo y se había convertido en un don nadie sin un céntimo y lleno de cicatrices. La idea de que su prima estuviera atada a un hombre así la emocionó.

Tomó un sorbo lento de champaña y sonrió con malicia, pensando que el sufrimiento de Sophie apenas comenzaba.

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