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Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano

Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano

Autor: Brine Lullaby
Género: Moderno
En un brutal accidente automovilístico, el prometido de Katherine la empujó hacia el peligro para salvar a la hija de la sirvienta. Al despertar en la UCI, se le destrozaron todas las ilusiones que le quedaban. Canceló el compromiso, cortó todo lazo con su familia y dejó de entregarse por completo a personas que jamás la valoraron. Sus hermanos se burlaron de ella. Estaban convencidos de que volvería arrastrándose en menos de una semana. Pero lo que vino después los dejó sin palabras. Su hermano mayor, perplejo: "¿Por qué las finanzas de la empresa son un caos total?". Porque Katherine retiró cada centavo de su inversión. Su segundo hermano, furioso: "¿Por qué acusan de plagio mi obra maestra?". Porque Katherine dejó de permitirle robarle su trabajo. Su hermano menor, aterrado: "¿Por qué todo el circuito de carreras me ha dado la espalda?". Porque Katherine ya no formaba parte del equipo. Cuando se dieron cuenta de todo lo que su hermana había hecho para ellos, ya era demasiado tarde. De pie junto a su nuevo prometido poderoso e implacable, Katherine les dedicó una sonrisa burlona: "Ya no tendrán otra oportunidad".
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Capítulo 1 Nunca me casaré contigo

"Deja de fingir que estás desmayada, Katherine. ¿Acaso crees que todavía quiero casarme contigo? Si no te disculpas con Emily, entonces nunca te aceptaré".

Katherine Holt se llevó una mano a la cabeza que le palpitaba y luchó por abrir los ojos al oír la voz de un hombre.

Miró al tipo que había hablado: su prometido, Preston Barnes estaba de pie junto a la cama.

Él frunció el ceño, con impaciencia en la mirada, mientras Emily Wilson se apoyaba en él, silenciosa y delicada.

Katherine tardó un largo momento en procesar lo que había sucedido.

Así que todavía estaba viva.

Unas horas antes, ella y Emily habían tenido un accidente de auto.

Le había gritado a Preston pidiendo ayuda, pero él había corrido a salvar a Emily, la hija del ama de llaves de la familia Holt.

El conductor del camión frenó bruscamente, hasta detenerlo en seco.

Katherine había quedado debajo del camión, con la pierna atrapada bajo el pesado parachoques. El hueso se le partió en cuanto el peso la aplastó.

El dolor le recorrió el cuerpo. El sudor frío le cubrió la piel mientras luchaba por respirar y miraba por el estrecho espacio bajo el camión.

Vio a Preston sostener a Emily en brazos, con preocupación en el rostro mientras le revisaba las heridas.

Esa mujer solo se había torcido un tobillo y tenía algunos cortes menores.

"Llamen a una ambulancia...". Katherine logró articular las palabras con las últimas fuerzas que le quedaban.

Sin embargo, nadie le respondió.

Poco después, se oyó acercarse la sirena de una ambulancia, y varios paramédicos bajaron con una camilla.

Preston no se separó de Emily mientras la ayudaba a subir a la ambulancia. Luego, les dijo a los médicos que se fueran con ellos.

Katherine quedó abandonada bajo el camión.

Si un transeúnte no se hubiera detenido a pedir ayuda, ella se habría desangrado al borde de la carretera mucho antes de que la policía y los bomberos llegaran a rescatarla.

En la cama del hospital, Katherine miró a Preston y a Emily, ambos en perfecto estado, y sintió cómo se le helaba el corazón.

Tras la muerte accidental de su padre, su madre no pudo soportar el vacío en su hogar. Acogió a tres niños de un orfanato, Preston, Carson Howard y Tyler Clark, y los crió como si fueran suyos.

Además, su madre decidió que, con el tiempo, uno de los tres se casaría con Katherine y heredaría con ella el negocio familiar.

Por absurdo que pareciera, ella, la heredera de la familia Holt, importaba menos para ellos tres que la hija del ama de llaves.

Katherine no dijo nada y solo lo miró. Por alguna razón, su silencio irritó a Preston.

Normalmente, en cuanto él mostraba el más mínimo enojo, ella se ponía nerviosa de inmediato, aferrándose a su brazo y disculpándose con lágrimas en los ojos.

Pero hoy permanecía en completo silencio.

¿Tanto la había asustado el accidente?

A sus ojos, solo había sido un pequeño accidente. El camión ni siquiera la había arrollado. No le parecía nada grave.

"Katherine, ya basta", espetó Preston. "Estás despierta, ¿o no? ¡Discúlpate con Emily ahora mismo!".

La mirada vacía de Katherine no pasó desapercibida para Emily, quien por dentro estaba encantada.

Si el accidente de verdad le había dañado la cabeza, entonces todo lo que pertenecía a la familia Holt terminaría en sus manos.

Se pegó a Preston y apoyó aún más su peso sobre él, y un suave quejido escapó de sus labios. "Me duele tanto el tobillo. Casi desearía ser yo quien estuviera ahí. Si pudiera cambiar de lugar con Katherine, ella no tendría que sufrir así".

Preston ya estaba irritado por el extraño silencio de su prometida, pero la dulce voz de Emily suavizó su expresión al instante. Inclinó la cabeza y le habló en un tono reconfortante: "Eres demasiado bondadosa. Nada de esto habría ocurrido si Katherine no te hubiera obligado a acompañarla hoy. Todo es culpa suya".

Luego se volvió hacia Katherine, con una evidente repulsión en la mirada, y dijo: "Espera a que Carson y Tyler regresen de su viaje de negocios. Cuando se enteren de que casi provocas la muerte de Emily, no te lo van a perdonar".

En el instante en que Katherine escuchó sus nombres, el último rastro de calidez en su corazón se desvaneció.

De niña, solía seguirlos a los tres a todas partes, llamándolos cariñosamente, como si fuera su pequeña sombra.

Su padre había muerto cuando ella todavía era una niña. Su madre pasaba la mayor parte del tiempo dirigiendo la empresa, por lo que los tres chicos se habían convertido en el centro de su mundo.

Pero todo había cambiado hacía tres años.

Su extraordinario talento para el arte le había valido una recomendación de su mentor para ingresar a una de las academias de arte más prestigiosas del país.

Tres años después, ella regresó a casa llena de ilusión, solo para descubrir que todo era diferente.

De algún modo, Emily se había convertido en el centro de sus vidas.

Ya no la recibían con afecto, ni siquiera les importaba que acabara de volver tras una larga ausencia. Lo único que esperaban de ella ahora era que obedeciera cada uno de los caprichos de Emily.

En los últimos meses, incluso habían llegado a ponerla en peligro con tal de proteger a Emily.

Cuando a esa mujer le diagnosticaron leucemia y necesitó una transfusión de sangre, los tres llevaron a Katherine a rastras al hospital y la obligaron a donar.

El médico les advirtió que extraerle demasiada sangre de golpe podría provocarle un shock. Aun así, le sacaron 800 mililitros.

Katherine perdió el conocimiento en la sala, mientras ellos tres se quedaban al lado de la cama de Emily, colmándola de atenciones.

En otra ocasión, durante un fuerte aguacero, Emily tosió y los tres se apresuraron a llevarla de vuelta a casa. Echaron a Katherine del auto porque su ropa empapada podía mojar los asientos, y la abandonaron sola en medio de la lluvia torrencial.

Después de eso, ella pasó tres días con fiebre alta y estuvo a punto de desarrollar una neumonía.

Luego, hace apenas dos semanas, a pesar de que Emily era alérgica al mango, lo comió a escondidas y terminó con urticaria por todo el cuerpo.

Sin siquiera preguntar, los tres decidieron que Katherine debía haber mezclado a propósito jugo de mango en la comida.

Como castigo, la encerraron en la caseta del patio trasero, con un perro alterado que se puso fuera de sí al verla.

Si uno de los sirvientes no la hubiera encontrado en medio de la noche, el animal le habría desgarrado la garganta.

Los recuerdos pasaron por la mente de Katherine, uno tras otro.

Lentamente, cerró los ojos.

En ese momento, se odió a sí misma por haber permitido que su madre acogiera a esos tres ingratos.

Si Emily era la única que les importaba, perfecto. Les daría exactamente lo que querían.

"Lárguense", dijo con frialdad.

Capítulo 2 ¿Ya hiciste suficiente escándalo

Preston se quedó quieto un instante, creyendo que había escuchado mal a Katherine, pues nunca imaginó que ella le hablaría de esa manera.

"Así que al final estás perfectamente bien", dijo él con una risa fría mientras se acercaba y la señalaba. "De verdad engañaste a todo el mundo con tu actuación de moribunda".

Katherine no respondió, sino que solo lo miró en silencio.

Tenía la cabeza envuelta en una gruesa capa de gasa, y la sangre fresca ya había traspasado los vendajes.

Una de sus piernas estaba inmovilizada en un yeso.

Un monitor cardíaco junto a la cama sonaba a intervalos regulares, mientras una cánula de oxígeno descansaba bajo su nariz.

Aun viéndola así, Preston seguía creyendo que fingía.

No era solo que fuera insensible, sino que se negaba a reconocer su sufrimiento.

De pie a su lado, Emily dejó que los ojos se le llenaran de lágrimas en el momento justo y tiró ligeramente de la manga de su novio. "Katherine, todo esto es por mi culpa. No debí molestarte. Quizá debería pedirte disculpas", dijo, dando un paso adelante.

Preston la rodeó con un brazo por la cintura y la atrajo hacia sí, con el rostro lleno de preocupación. "Emily, ¿qué haces? No hiciste nada malo. Ella no merece que te disculpes".

Lanzó una mirada sombría a Katherine, y su voz se endureció con cada palabra. "Katherine, solo te lo diré una vez más. ¡Discúlpate con Emily ahora mismo o no me casaré contigo!".

La habitación quedó en completo silencio.

Solo el rítmico pitido del monitor cardíaco rompía el silencio.

Preston levantó la barbilla y esperó confiado a que Katherine entrara en pánico, rompiera a llorar y le suplicara que no la dejara, como siempre hacía.

Cada vez que él amenazaba con no casarse con ella, Katherine se desesperaba tanto que tiraba por la borda todo su orgullo.

"De acuerdo", dijo Katherine, manteniendo los ojos fijos en el techo y respirando despacio.

Preston se quedó mirándola fijamente. "¿Qué dijiste?", preguntó.

Desde niña, Katherine había seguido a los tres chicos a todas partes, haciendo lo que ellos querían sin dudarlo. Sin embargo, ahora que él decía que no se casaría con ella, ¿estaba de acuerdo?

"¿Así que dices que ya no quieres casarte conmigo?", preguntó.

"Eso es exactamente lo que estoy diciendo".

Preston se quedó completamente quieto, e incluso Emily se puso rígida en sus brazos.

Katherine yacía inmóvil en la cama del hospital, mirando el techo pálido.

Su corazón ya había quedado vacío por todo lo que esos tres hombres le habían hecho.

La obligaron a donar sangre, la encerraron en una jaula para perros e incluso la empujaron hacia el camión sin dudarlo.

¿Cuántas veces tendría que rozar la muerte antes de que su crueldad terminara por fin?

A partir de ahora, solo quería vivir para sí misma.

Preston por fin volvió en sí. Agitado, se pasó una mano por el pelo y volvió a señalarla. "¡Deja ya de actuar! Aunque intentes hacerme enojar, ¿y qué hay de Carson y Tyler? La última vez que tuviste fiebre, no dejabas de murmurar entre sueños que querías casarte con uno de nosotros. ¿A qué viene ahora esta actitud?".

"No me casaré con ninguno de ustedes". Katherine cerró los ojos con fuerza, pues sintió asco en cuanto lo miró.

A esos tres solo les importaba Emily. Cualquiera que se casara con ellos pasaría el resto de su vida sirviendo a Emily y reducida a una simple donante de sangre.

Preston abrió la boca para seguir discutiendo, pero la puerta se abrió de repente.

La enfermera entró con una bandeja de medicamentos y los miró con el ceño fruncido. "¿Por qué hacen tanto ruido? Esta es la UCI. Si quieren pelear, háganlo fuera".

Los ojos de Emily se enrojecieron por las lágrimas. "Pero yo también estoy herida. Todavía me duele mucho el tobillo...".

"¿Ahora un esguince de tobillo basta para acabar en la UCI?". La enfermera puso los ojos en blanco mientras ajustaba con cuidado el suero de Katherine. "Con una lesión tan leve, deberían haberle dado el alta hace rato. ¿Por qué sigue aquí? Si tiene algún problema en la cabeza, Neurología está en el tercer piso, a la izquierda. Váyase".

Las duras palabras dejaron atónita a Emily. Su rostro se puso rojo intenso mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas de vergüenza.

La expresión de Preston se ensombreció. Rodeó a Emily con un brazo y la llevó hacia la puerta.

"¡Bien! Katherine, por mí puedes quedarte aquí para siempre. ¡No esperes que nadie venga a recogerte hasta que estés dispuesta a disculparte con Emily como es debido!".

Dos semanas más tarde, el auto de la familia Holt se detuvo frente al edificio de hospitalización.

Katherine aún tenía la pierna enyesada, y el chofer, Ricky Chapman, la empujaba por el vestíbulo en una silla de ruedas.

En cuanto llegaron al auto, vieron a Preston y Emily.

Emily juntó las manos nerviosa y miró a Katherine con expresión inquieta. "Katherine, lo siento mucho. Preston no sabía que hoy también te darían el alta. El auto está demasiado lleno, así que tendrán que llevarme a mí primero".

Preston se cruzó de brazos y miró a Katherine, sentada en su silla de ruedas, y habló con el mismo tono arrogante de siempre. "Que esto te sirva de lección. Katherine, cuando estés dispuesta a disculparte con Emily, enviaré a alguien a buscarte".

Katherine apoyó los dedos ligeramente en el reposabrazos de la silla de ruedas.

Tres años atrás, había vuelto a casa llena de ilusión, creyendo que por fin se reuniría con la familia que tanto echaba de menos. En cambio, descubrió que otra persona ya había ocupado su lugar.

La heredera de la familia Holt ahora era la villana que todo el mundo odiaba, mientras que la hija del ama de llaves se había convertido en la niña de sus ojos.

Ricky estaba cerca, inquieto, frotándose las manos.

Hoy venía a recoger a Katherine, pero Preston y Emily insistían en llevarse el auto.

En el pasado, Katherine se habría apartado en silencio y habría pedido otro taxi para volver a casa con tal de no molestarlos.

Al ver dudar a Ricky, Preston perdió la paciencia. "¿A qué esperas? ¡Conduce ya! Emily aún tiene que llegar a casa y tomar su medicina".

Ricky bajó la cabeza, incómodo. "Pero la señorita Holt aún no ha subido al auto...".

"¿Y qué si no ha subido?", espetó Preston antes de volverse hacia Katherine. "¿Ya armaste suficiente escándalo? ¿De verdad vas a dejar a Emily aquí de pie, esperándote?".

Katherine levantó despacio los ojos y miró detrás de él, hacia Ricky. "Ricky, ayúdame a subir al auto".

Ricky se apresuró a empujar la silla de ruedas hasta la puerta.

Ayudó con cuidado a Katherine a subir al asiento trasero y la acomodó.

"Señorita Holt, ¿nos vamos ya?", preguntó Ricky mientras se dirigía al asiento del conductor.

Katherine miró a Preston y Emily, que ya se habían sentado dentro.

"Aún no", respondió con calma.

Capítulo 3 Entregar los borradores del diseño

"Katherine, ¿a qué esperas? No pongas a prueba mi paciencia", soltó Preston, con la voz más aguda por la irritación.

Katherine se recostó en silencio en el asiento de cuero y miró detrás de él, hacia Emily.

Emily se aferró a la camisa de Preston, ocultándose aún más tras su figura.

La madre de Katherine había acogido a los tres chicos, incluido Preston, y los había criado con todas las ventajas posibles, les había dado las mejores escuelas, acciones en la empresa y un futuro con el que la mayoría de la gente solo podía soñar. Todo eso había sido por una sola razón: los tres debían estar al lado de Katherine y protegerla.

Pero ahora, todo ese cuidado y privilegio se había volcado sobre Emily, quien no era más que la hija del ama de llaves.

Ella vivía la vida que le correspondía a Katherine, pues la recogían en un auto de lujo a donde fuera, e incluso la propia Katherine tenía que cederle su asiento.

Katherine volvió la mirada lentamente hacia Preston. "Es obvio que estoy esperando algo", respondió con serenidad.

Preston levantó una mano para proteger a Emily del sol, con la impaciencia reflejada en el rostro. "Katherine, dejarte subir al auto ya es bastante generoso de mi parte. ¿De qué más te quejas?".

Sin decir nada más, Katherine extendió la mano y pulsó el interruptor de la ventanilla.

La ventanilla del auto subió y atrapó con fuerza el brazo de Preston contra el marco de la puerta.

Preston soltó un grito agudo y apartó la mano de inmediato.

"Porque ustedes dos siguen en mi auto", soltó Katherine con frialdad, y luego miró hacia el asiento delantero y ordenó: "Ricky, sácalos".

Ricky se desabrochó el cinturón de seguridad, salió del auto y se dirigió a la puerta trasera.

Sin vacilar, tomó a Preston por el brazo y lo apartó del vehículo.

Preston no estaba preparado para ello. Perdió el equilibrio y se golpeó con fuerza contra la barandilla de la carretera.

Emily soltó un grito ahogado y corrió hacia él, pero se le dobló el tacón y cayó sobre el pavimento.

Ricky volvió al auto, abrió la otra puerta, recogió el bolso de diseñador que Emily había dejado atrás y lo tiró al suelo junto a ella.

Luego cerró las puertas, regresó corriendo al asiento del conductor, cambió de marcha y pisó el acelerador.

El motor rugió con fuerza mientras el auto avanzaba. Una nube de humo blanco grisáceo le dio de lleno en la cara a Preston.

Agitó la mano para apartar el humo mientras tosía, y su expresión se ensombreció al ver las luces traseras perderse en la distancia.

¿Qué le pasaba hoy a Katherine?

Normalmente, se habría quedado callada en cuanto él se molestaba.

Hoy le había ordenado al conductor que lo echara del auto.

¿Acaso creía que con esa actitud conseguiría que él le prestara más atención?

Emily se frotó suavemente el tobillo y miró a Preston con los ojos llenos de lágrimas. "Katherine no está realmente enojada conmigo, ¿verdad?".

Preston bajó la mirada hacia su rostro bañado en lágrimas y la ayudó a ponerse de pie.

"No se atrevería", respondió con una risa despectiva. "Solo está haciendo drama. Dale un par de días y vendrá a rogarnos que la perdonemos".

Se sacudió el polvo de las mangas de la camisa antes de tomar a Emily de la mano.

El hospital era un centro privado construido a media montaña, y los taxis nunca llegaban tan lejos. Para marcharse, no tenían más remedio que caminar hasta la carretera principal, al pie de la colina.

Además, la finca de la familia Holt no permitía la entrada de vehículos ajenos, así que todavía les quedaba un largo camino por recorrer.

De regreso en la residencia Holt, Katherine se sentó en silencio en el porche y observó cómo las dos figuras agotadas subían lentamente la pendiente hacia la casa, con la camisa de Preston empapada en sudor y pegada a su espalda.

Emily se veía aún más miserable. Llevaba los tacones rotos en una mano y caminaba descalza por el pavimento, haciendo una mueca con cada paso que daba.

"Katherine, ¿acaso tienes conciencia?", gritó Preston antes incluso de llegar a la puerta principal.

Subió los escalones con furia, y su figura alta bloqueó la luz del sol frente a Katherine.

"¿Conciencia?". Katherine alzó los ojos hacia él. "Ese auto es de la familia Holt, y yo soy la única heredera. ¿Por qué debería sentirme culpable por viajar en mi propio auto?".

Preston se quedó atónito por un instante. Luego tiró de Emily para ponerla frente a él y señaló los raspones en los dedos de sus pies.

"Mira lo que le pasó a Emily por tu culpa. Y tú estás sentada aquí mirando como si nada de esto tuviera que ver contigo. Entrega los borradores de diseño que preparaste para el concurso y deja que Emily los use como compensación. Si lo haces, dejaremos pasar lo de hoy".

Katherine casi se rio ante lo ridículo que sonaba. "¿Por qué debería dárselos?".

Preston se quedó en silencio de nuevo.

Katherine nunca le había hablado en ese tono.

Según recordaba, sin importar lo que él le pidiera, ella siempre se lo entregaba por voluntad propia, incluso si era algo valioso para ella.

"Porque...", tartamudeó Preston durante un largo momento antes de forzar por fin una respuesta. "Si de verdad te importáramos, se los darías a Emily".

Katherine entendía muy bien por qué actuaban así.

Siete años atrás, los tres alcanzaron la mayoría de edad. Pasaron casi seis meses buscando a Emily y a su madre, Judith Wilson.

Katherine solo tenía quince años entonces. Ella creyó ingenuamente que estaban ayudando a alguien necesitado, por lo que se unió con entusiasmo a la búsqueda.

Más tarde, se enteró de que Judith había trabajado como cuidadora en el orfanato donde los tres habían crecido.

Un incendio provocado por un cortocircuito eléctrico había estallado allí años atrás. Judith se había lanzado a las llamas y los había sacado a los tres a un lugar seguro; en el proceso, se quemó gravemente las manos y le quedaron cicatrices permanentes.

Los tres habían cargado con esa gratitud desde entonces.

Una vez que finalmente encontraron a Judith y Emily, las llevaron a ambas a la casa de los Holt.

Se les dio todo lo que necesitaban según los estándares de la familia, mientras que la responsabilidad de saldar esa deuda fue recayendo poco a poco sobre los hombros de Katherine.

Era verdad que Judith había salvado a los tres chicos en aquel momento.

Pero también era la familia Holt la que los crio, pagó por su educación de élite y les dio acciones en la empresa.

Katherine había creído alguna vez que entendían la diferencia entre gratitud y obligación. Ahora se daba cuenta de que o no sabían distinguirla... o simplemente no les importaba.

"Dije que no", respondió Katherine con firmeza.

Preston se quedó mirándola, sintiendo de pronto que la persona que tenía delante era una extraña. La irritación que crecía en su interior se hizo aún más fuerte.

Por primera vez, se dio cuenta de que Katherine había cambiado de verdad.

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