La melodía era mía, de mi alma, pero una vez más, en la pantalla Diego Solís, "El Prodigio", la cantaba como suya.
Mi teléfono vibraba sin parar, "Rico Mendoza, el ladrón de música, ataca de nuevo" , decían los mensajes que destrozaban mi nombre.
Mi novia, la famosa actriz Sofía Navarro, entró fingiendo preocupación: "Rico, ¿qué pasó? Diego acaba de lanzar una canción... es idéntica a la tuya" .
La disquera me exigía respuestas, mi voz sonaba desesperada, pero nadie me creía.
Los fanáticos de Diego, los "Prodigiosos", me gritaban ladrón en la calle, y pronto, Sofía empezó a distanciarse, diciendo que yo afectaba su carrera.
Mis padres, queriendo proteger mi nombre, gastaron una fortuna en abogados, pero Diego era un fantasma, no dejaba rastro.
Una noche, el odio se desbordó: los "Prodigiosos" incendiaron la casa de mis padres.
Recibí la llamada: "Sus padres... no lograron salir".
El mundo se derrumbó, perdí la conciencia, perdí la voluntad de vivir y, en mi desesperación, me entregué al vacío.
Pero entonces, una luz me cegó, un ruido ensordecedor, y abrí los ojos, jadeando.
Estaba en mi cama, en mi departamento, vivo.
Fue ese día, el mismo día en que Diego lanzó mi canción "Espejismo Eterno" en mi vida pasada.
El "Jefe" me llamó, su voz llena de anticipación por el lanzamiento, pero yo solo pude decir: "Tenemos que cancelar el lanzamiento".
Mi estómago se revolvió al ver la notificación en mi pantalla: "¡EXCLUSIVA! Diego 'El Prodigio' sorprende al mundo con su nuevo sencillo 'Espejismo Eterno' " .
Esta vez, con el conocimiento de mi vida pasada, sabía quiénes eran mis verdaderos enemigos y que esta vez, el juego cambiaría.
La canción era mía, yo la había escrito, cada nota, cada palabra, salió de mi alma, pero una vez más, no importaba.
En la pantalla del televisor, Diego Solís, "El Prodigio", sonreía a las cámaras, cantando mi canción como si fuera suya.
La lanzó hace diez minutos.
Mi propio lanzamiento estaba programado para dentro de una hora.
Mi teléfono empezó a vibrar sin parar sobre la mesa de centro, sabía que eran notificaciones, mensajes de odio, acusaciones.
"Rico Mendoza, el ladrón de música, ataca de nuevo" .
"¿Este tipo no tiene vergüenza? Le roba a un genio como Diego" .
"Es un parásito, vive de la creatividad de otros" .
Leí los primeros tres comentarios y sentí un nudo en el estómago, el mismo nudo que sentía cada vez que esto pasaba, era un ciclo infernal que se repetía sin fin.
Mi novia, la famosa actriz Sofía Navarro, entró en la sala, su rostro mostraba una preocupación perfectamente actuada.
"Rico, mi amor, ¿qué pasó? Diego acaba de lanzar una canción... es idéntica a la tuya" .
La miré, buscando cualquier señal de traición, pero no encontré nada, ella era demasiado buena actriz.
"No lo sé, Sofía, no lo sé" .
Ella me abrazó, su perfume caro llenando mis sentidos, su abrazo se sentía frío, vacío.
"No te preocupes, cariño, todo el mundo sabe que eres un genio, resolveremos esto" .
Pero yo sabía que no lo resolveríamos, Diego era su amigo de la infancia, "El Prodigio" que había surgido de la nada, el mismo prodigio que, curiosamente, solo componía obras maestras cuando yo estaba a punto de lanzar algo.
La disquera me llamó, "El Jefe", mi manager, sonaba tenso.
"Rico, tenemos un problema, un gran problema, la gente te está destrozando en línea, dicen que le copiaste a Diego... otra vez" .
"Yo no le copié, él me copió a mí, ¡siempre lo hace!" .
Mi voz sonaba desesperada, incluso para mis propios oídos.
"Lo sé, Rico, te creo, pero el público no, él siempre se adelanta, por minutos, es imposible de probar" .
El acoso no se detuvo en línea, los fanáticos de Diego, los "Prodigiosos", como se hacían llamar, eran implacables, me esperaban fuera del estudio, de mi casa, me gritaban "ladrón" en la calle.
Sofía, mi "apoyo" , empezó a distanciarse, sus llamadas se hicieron menos frecuentes, sus visitas más cortas.
"Rico, la prensa me está presionando, esto está afectando mi carrera, dicen que soy la novia de un plagiador" .
"¿Y tú qué les dices?" .
"Les digo que te amo, pero que necesito espacio, que esta situación es muy difícil" .
Mis padres, Don Fernando y Doña Elena, intentaron ayudar, mi padre, un magnate inmobiliario que siempre había querido que dejara la "música de vagos" y me uniera al negocio familiar, contrató a los mejores abogados del país.
Gastaron una fortuna intentando limpiar mi nombre, presentando demandas por difamación, buscando pruebas de espionaje industrial, pero no encontraron nada.
Diego era un fantasma, no dejaba rastro.
Una noche, el odio se desbordó, un grupo de "Prodigiosos" extremistas rodeó la casa de mis padres, lanzaron piedras, rompieron ventanas.
Yo no estaba allí, estaba en el estudio, ahogando mis penas en alcohol y música que nunca vería la luz.
Recibí una llamada, era un número desconocido, la voz al otro lado era fría, oficial.
"¿Hablo con Ricardo Mendoza?" .
"Sí, soy yo" .
"Señor Mendoza, lamentamos informarle que ha habido un incendio en la residencia de sus padres" .
Mi corazón se detuvo.
"¿Están bien? ¿Mis padres están bien?" .
Hubo un silencio al otro lado de la línea, un silencio que lo decía todo.
"El incendio fue provocado, señor, lo siento mucho, sus padres... no lograron salir" .
El mundo se derrumbó a mi alrededor, el teléfono se resbaló de mis manos, el sonido del plástico golpeando el suelo fue lo último que escuché antes de que todo se volviera negro.
Perdí la conciencia, perdí la voluntad de vivir, en la oscuridad, solo había dolor, un dolor tan profundo que consumía todo lo demás.
Ya no quería luchar, no quería justicia, solo quería que terminara.
En medio de esa nada, tomé una decisión, encontré la paz en la idea del final.
Cerré los ojos, listo para entregarme al vacío.
Pero entonces, algo cambió.
Una luz brillante me cegó, un ruido ensordecedor llenó mis oídos, y de repente, abrí los ojos de golpe, jadeando, bañado en sudor frío.
Estaba en mi cama, en mi departamento, el sol de la mañana se filtraba por las persianas.
Mi corazón latía con fuerza, desbocado, miré mis manos, estaban temblando.
Estaba vivo.
El olor a café recién hecho llenaba el aire, un olor que no había percibido en lo que pareció una eternidad, me levanté de la cama, mis piernas se sentían débiles, como si no las hubiera usado en mucho tiempo.
Caminé hacia la sala, todo estaba como lo recordaba, antes del incendio, antes del infierno.
Mi teléfono estaba sobre la mesa, lo tomé con manos temblorosas y miré la fecha.
Mi sangre se heló.
Era el día, el día en que todo se fue al diablo en mi vida anterior.
El día en que Diego lanzó "Espejismo Eterno", mi canción, y el mundo me etiquetó como un ladrón para siempre.
Un sudor frío recorrió mi espalda, ¿era esto un sueño? ¿Una alucinación antes de la muerte?
El teléfono sonó, el nombre en la pantalla hizo que mi corazón diera un vuelco.
"El Jefe" .
Dudé un segundo antes de contestar.
"Rico, ¿estás despierto? ¡Tenemos que prepararnos para el lanzamiento!" .
Su voz sonaba emocionada, llena de anticipación, la misma voz que horas después estaría llena de pánico y decepción.
"Jefe..." , mi voz era un susurro ronco.
"¿Qué pasa, Rico? ¿Estás bien? Suenas raro" .
"Escucha, tenemos que cancelar el lanzamiento" .
Hubo un silencio del otro lado.
"¿Qué? ¿Cancelar? ¿Estás bromeando? Rico, hemos invertido una fortuna en la promoción, ¡esta canción va a ser un éxito!" .
Cerré los ojos, las imágenes de mi vida pasada destellaron en mi mente: los titulares, los rostros llenos de odio, el fuego, el rostro sin vida de mis padres.
"No, no lo entiendes, tienes que confiar en mí, cancela todo, ahora mismo" .
"Rico, explícame qué está pasando, la disquera me va a matar" .
Justo en ese momento, una notificación apareció en mi pantalla, era de una revista de música.
"¡EXCLUSIVA! Diego 'El Prodigio' sorprende al mundo con su nuevo sencillo 'Espejismo Eterno' , una obra maestra que redefine el pop latino" .
Mi estómago se revolvió, estaba sucediendo de nuevo, exactamente de la misma manera.
Le envié la captura de pantalla a mi manager.
Segundos después, su voz regresó al teléfono, esta vez llena de incredulidad y furia.
"¡No puede ser! ¡Es idéntica! ¡La misma letra, la misma melodía! ¿Cómo es posible? ¡Nadie tenía acceso a esa canción excepto tú y yo!" .
"Te lo dije, Jefe, este tipo es un fantasma, o algo peor" .
"Voy a llamar a los abogados, vamos a demandarlo hasta que no le quede ni un centavo, ¡esto es un robo descarado!" .
"No" , dije con una calma que me sorprendió a mí mismo, "no hagas nada, solo cancela nuestro lanzamiento, di que hubo problemas técnicos, cualquier cosa" .
"Pero Rico... ¡es tu canción! ¡Tenemos que luchar!" .
"Ya luché antes, y perdí todo" , pensé para mis adentros.
Recordé la humillación, la desesperación, recordé a mi padre, un hombre orgulloso y fuerte, vendiendo propiedades para pagar a abogados que no podían hacer nada.
Recordé a mi madre, su rostro envejeciendo años en solo unos meses por el estrés y la tristeza.
Recordé a mis amigos en la industria dándome la espalda, a los artistas que admiraba mirándome con desprecio.
"Jefe, por favor, solo haz lo que te pido, confía en mí esta vez" .
Colgué el teléfono antes de que pudiera protestar más, me senté en el sofá, mi cabeza daba vueltas, había renacido, tenía una segunda oportunidad.
Esta vez, no iba a jugar su juego.
Si no podía ganar, entonces no jugaría, me retiraría del tablero.
Pero mientras tomaba esa decisión, un pensamiento oscuro se abrió paso en mi mente.
Si yo no lanzaba la canción, ¿cómo podría el mundo saber que Diego era un ladrón?
Parecía que estaba atrapado en una paradoja horrible, si lanzaba mi música, me destruían por ser un "plagiador".
Si no la lanzaba, Diego se salía con la suya y yo desaparecía en la irrelevancia.
No, tenía que haber otra manera, una forma de romper el ciclo.
Y esta vez, con el conocimiento de mi vida pasada, tenía una ventaja.
Sabía quiénes eran mis verdaderos enemigos.