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Memorias de una mujer que ama demasiado

Memorias de una mujer que ama demasiado

Autor: : Robin Sandler
Género: Romance
Después de muchas decepciónes amorosas, con un bebé recién nacido y en quiebra, Miranda Robinson se da cuenta al verse al espejo que no se conoce. Esto la lleva a emprender un viaje dentro de si misma para entender que fue lo que la llevó a su penosa situación.

Capítulo 1 El fondo más profundo

Era una noche del mes de marzo, en la ciudad hacía un poco de frío Miranda salio de la ducha apresurada, solo para ver si su bebé Caleb aún seguía dormido, al comprobar que seguía sumido en un sueño profundo, sonrió y regreso al baño a terminar de secarse.

Soltó una leve risa entre alivio y sorpresa, pues había olvidado lo que era darse un baño tranquilamente.

Tomo una tolla del baño y enredó su cuerpo en ella, y cuando ve al espejo que estaba frente a ella se dio cuenta que estaba empañado por el vapor, así que en un intento de limpiarlo paso su mano torpemente.

Al mirar su reflejo en ese espejo medio empañado miró a una mujer que no conocía, lo cual la dejó perpleja. Era una sensación rara pues es la primera vez después del parto qué tenía la oportunidad de profundizar sobre su reflejo en el espejo. Lo más sorprendente de todo, no eran sus evidentes ojeras debido a la lactancia, ni los 20 kilos que había subido durante el embarazo y que aún no perdía durante el postparto. Lo que más llamó su atención, fue la profunda tristeza que proyectaban sus ojos color marrón,sabía que era ella pero a pesar de ver a esa mujer en el espejo no podía encontrarse en ella. Lo que veía no concordaba con aquella chica de carácter enérgico, llena de ilusiones qué una vez dejo el pueblo donde creció para cumplir uno de tantos sueños.

En cambio encontró ahí, a una mujer, avejentada, triste, vacía. Y lanzó una pregunta que salió desde el fondo de su corazón

¿Realmente valió la pena?

En ese instante escucho proviniente de la cocina el sonido de la cafetera que le anunciaba que su té estaba listo.

Se dirigió con pasos sigilosos, tomó un trapo de la cocina y agarró la cafetera qué estaba sobre la estufa, apago el fuego y se dispuso a servir su té en una pequeña taza. Camino hacia la sala y tomo asiento en el cómodo sofá color blanco impecable.

Le dio un sorbo a su té y se puso a reflexionar sobre su vida, las decisiones que la llevaron hasta esa situación y todos sus desastres amorosos.

Pensó

Algo debe estar mal conmigo, No es posible que a una sola persona puedan pasarle tantas calamidades.

Ella era una mujer hermosa, y muy sensible, era valiente, tenaz, aguerrida, sencilla y con un corazón de oro. Pero sobre todo era fiel partidaria de la justicia.

No podía entender porque le estaba pasando todo esto si ella jamás tomo un solo peso qué no fuera sullo, era cortes y amable con los demás y era una mujer justa.

Habia perdido su trabajo y estaba en banca rota con un recién nacido en brazo,pues fue víctima de su malvado jefe quien la inculpo en un fraude en la compañía para la que trabajaba, siendo este el único culpable.

Ella y sus otros compañeros de trabajo sospechaban de él y a escondidas suyas reunían pruebas en su contra. Pero éste se dio cuenta de lo que planeaban y para safarse la inculpo a ella, de esta manera se desharia de ella y mantendría a raya a sus demás subordinados. Recordaba con dolor el momento en que la sacaron escoltada de la empresa a la que le dio 10 años de trabajo impecable y honrado. Le dolía pensar que los demás trabajadores y el dueño de la cadena hotelera Newton, el señor David Newton, a quien tanto apreciaba, la consideraran una ladrona. Cada vez que pensaba en ello sentía como si un puñal se clavara en su pecho.

Sabía que tenía que limpiar su nombre y sus compañeros y amigos querían ayudarla, pero las aguas aún estaban muy revueltas y no podían hacer nada por el momento. Sin embargo tenían la firme convicción de que ayudar a un inocente a recobrar su buen nombre era lo justo, por lo tanto no quitarían el dedo del renglón, qué ese malvado cayera sólo era cuestión de tiempo. Recordaba con cariño una frase que su abuelita le decía "Mijita, cosechamos lo que sembramos, la siembra es opcional pero la cosecha es obligatoria".

Apelaba a la justicia divina, pues sabía que Dios es justo y a El nada se le escapa.

Bueno, pensó, el problema de mi trabajo no puedo solucionarlo, no puedo hacer nada para demostrar mi inocencia por el momento, pero, ¿Que hay de todo lo demás que está mal en mi vida?

¿Que puedo hacer para remediarlo? ¡Claro! contesto con ironía, ¡Hacerme cargo de mi misma!.

Sabía que era una decisión muy difícil, ya que estaba acostumbrada a hacerse cargo de los demás, era una protectora innata, pero ¿Quien se hacía responsable de ella? Y no me refiero a hacerse cargo económicamente, ya que era una mujer financieramente independiente y tenía su casa propia, si no, a tomar acción y comenzar a trabajar en todos los baches que había en su vida, tomar acción y comenzar a trabajar en lo que hay en su cuerpo, mente y espíritu. Sabía que la clave para que Caleb fuera un niño feliz era tener una mamá emocionalmente sana, y para eso había mucho trabajo que hacer.

Así que pronunció con valentía lo siguiente:

Es hora de tomar las riendas de mi vida y cambiar a la única persona que sé que puedo cambiar, a mi misma.

Sabía que lo que le esperaba no era nada fácil, tenía que enfrentar su pasado y combatir varios demonios ocultos de los que no hablaba con nadie, ¿Cual era el reto de todo esto?

Que tenía que hacerlo sola, estaba en bancarrota, así que no podía darse el lujo de pagarse un terapeuta qué la orientara. Lo que si tenía es valentía y mucho amor por su hijo, lo que la llevaría a tomar la decisión más importante en su vida. Sanar un pasado tan doloroso y tantos fracasos amorosos sería una misión difícil pero eso no la detenía. Era una mujer valiente y tenaz qué jamás se daba por vencida, su espíritu inquebrantable la hiso superar cosas que nunca ubiera imaginado, pero no se lamentaba por ello, pues estaba convencida de que su pasado tan escabroso la había ayuda a convertirse en la mujer que es hoy.

Así que lo primero que se le ocurrió fue escribir sus memorias, pensaba que leyendo en un papel su tormentoso pasado le ayudaría a reflexionar y encontrar el por que "le había tocado tan mala suerte en el amor". No podía entender porque de 3 relaciones pasadas no ubo una sola de la que saliera ilesa, conocía buenos hombres casados con malas mujeres.

¡Es injusto!! Pensaba, ¿porque a mi no me tocó uno así?

Es por eso que estaba convencida de que algo estaba mal con ella, y ahora, estaba a punto de descubrirlo.

Capítulo 2 El recuento de los daños. Ceo de una compañía de alimentos

Realmente no sabia como comenzar un diario, jamás había escrito uno, así que lo que le dictaba su criterio es comenzar a trabajar en lo que ella consideraba lo más urgente.

Sería bueno para refrescar sus ideas, escribir su vida a partir de cuando todo empezó a ponerse "interesante".

Sus amigas siempre le decían que si vida era digna de una telenovela.

Llena de drama y cosas que solamente podrían ocurrir en la televisión.

Pero nadie mejor que ella para dar testimonio de que la realidad a menudo supera la ficción.

Al recordar todos los capítulos de su vida, los dulces y los amargos, tenía muchos sentimientos encontrados.

Pero no había espacio para la amargura, su maleta estaba tan llena, que no había espacio para nada mas,ni bueno ni malo.

Por eso era necesaria una purga, deshacerse de todos los resentimientos, enojos, decepciones y todo lo que estuviera ocupando espacio y no sirviera, para así poderle hacer espacio a lo nuevo en su vida.

Había tantas cosas inconclusas, tantas que se fue creando una bola de nieve de la que fue imposible salir después.

Así que, llegó la hora de tomar valentía y comenzar a escribir absolutamente todo, sin poner más ni menos de lo que realmente vivió.

Tenía que relatar uno a uno sus desastres amorosos,todos y cada uno de ellos dejaron marcas profundas en su corazón, eran cicatrices de guerra, después de todo era una sobreviviente y esas cicatrices eran el símbolo de que alguna vez casi muere, pero logró salir con vida.

Fue así que comenzaría a escribir sobre el primer hombre que le robo el corazón a los 18 años.

Siempre había sido una romántica empedernida, pasaba las horas libres que tenía después de trabajar en el campo con su padre e ir a la escuela, leyendo novelitas románticas.

Su padre era un buen hombre, excepto cuando estaba bebido, al parecer la bebida lo transformaba, no podía culparlo tuvo una infancia difícil, y eligió beber para olvidar.

El le llamaba la atención constantemente porque consideraba que leer novelas románticas era perjudicial para ella, pues solo se la pasaba soñando con él caballero romántico qué sería la recompensa a su dura vida en el campo.

¿Como no soñar con un señor Darcy?

Cada que leía un capítulo más de orgullo y prejuicio estaba convencida de que el señor Darcy no era producto de la imaginación de Jane Austen.

Y así pasaba sus días soñando con ese caballero galante,con encontrarlo, con que el la rescatara.

Hasta que un buen día, miró llegar a los plantios al hombre más hermoso que alguna vez sus ojos habían visto.

Era un joven de algunos 22 años.

Altivo, gallardo, con una presencia que se hacía notar desde que pisaba un lugar.

Con unos enormes ojos color café obscuro, una piel morena impecable, un cabello rebelde, con unos rizos recortados qué amanezaban con brotar como el germinado del alfalfa del suelo húmedo y fértil.

Mientras se acercaba más hacia ellos la luz del sol iluminaba su piel bronceada y el viento parecía estar en complicidad con el, sincronizando sus pasos con él movimiento de su camisa color carmesí.

Casi podía escuchar una música de fondo, que lo acompañaba mientras caminaba.

Con los ojitos muy abiertos observaba tan impactante escena, digna de una película,era hipnotizante, casi magnético. Era una fuerza que la jalaba hacia el, y que no le permitía quitarle los ojos de encima.

Cuando de repente fue interrumpida por alguien que la llamaba de forma insistente.

¡Miranda! ¡Miranda!

Confundida respondió:

¿Eh?

Te quedaste lela. Anda ¡tenemos que irnos!

Comento su padre en tono de regaño.

Nunca fue a la escuela, un mucha dificultad terminó la primaria pero, era viejo, con una inmensa sabiduría, de esa que te da la vida, y la escena que acaba de presenciar hiso ruido en su corazón de padre, pues sabía que su pequeña, podía correr peligro.

Tenía una intuición muy atinada, pocas veces le había fallado, y aunque sabía que no podía defender a Miranda de todos los peligros que podría enfrentar, pero si haría todo lo posible por evitar que su pie tropezara.

El joven Allister Corner era el heredero universal del señor Elias Corner, el dueño de la fabrica de alimentos más grande de la región, dueño de los plantios donde Miranda y su padre trabajaban.

Era un joven enérgico, con muchas ideas frescas sencillo, simpático y muy justo.

Siempre había sido amable con sus trabajadores y al estar a la cabeza de la compañía después de la repentina muerte del señor Corner, había cambiado favorablemente las condiciones laborales de los trabajadores, además de inyectarle ideas frescas y novedosas a la empresa.

Al llegar al lugar donde estaban todos reunidos saludo con un tono familiar y cálido.

Buen día chicos, ¿Como va la cosecha?

¡Necesitamos los tomates más grandes y bonitos! Este embarque va directo a Japón.

Mientras decía todo esto, lo hacía con una franca sonrisa en su rostro, les hablaba con tanta familiaridad y cercanía, que Miranda estaba confundida, nunca lo había visto en los plantios, pero a juzgar por sus palabras parecía ser un trabajador de la fábrica, pero no se atrevió a soltar una sola palabra.

De repente Allister dirigió su mirada hacia donde estaba Miranda y el flechazo fue inevitable.

Para el, era la criatura más hermosa que él hubiera visto, y eso era mucho decir, ya que había viajado por incontables países y jamás había visto unos ojos tan hermosos, no solo por su color y forma, si no por la dulzura e inocencia que proyectaban.

Era curioso, como alguien con el cabello despeinado, ropa sucia y un sombrero de paja desgastado, podía lucir tan bella

¿Y tu quien eres? Le Pregunto con un tono de sorpresa.

Miranda entreabrio los labios con un poco de sorpresa y antes de que pudiera emitir una sola palabra fue interrumpida por su padre.

Es mi hija señor, viene después de la escuela a trabajar, espero que no le moleste, ella no dará problemas.

¿Molestarme?

¡Para nada! Los jóvenes estudiantes siempre son bien recibidos, dijo mientras sonreía.

¡Muchas gracias señor!

Comento satisfecho el padre de Miranda, mientras tomaba un cesto con una mano y con la otra el brazo de su hija para sacarla de ahí.

Ya estuvo bueno de platicas mijita, debemos irnos a trabajar,que tenga un buen día Joven Corner.

Igual para usted, señor.

Dijo Allister, mientras se daba un notorio cruce de miradas entre ambos.

Miranda conocía a su padre y sabía que su comportamiento hostil se debía a la obvia impresión qué Allister Corner causó en ella.

Allister visitaba con frecuencia los plantios, le gustaba asegurarse de que los vegetales y frutas qué llegaban a su empresa fueran los mejores.

Tenía una buena relación con los trabajadores del campo, los respetaba y admiraba, era conciente de que su empresa marchaba tan bien gracias al capital humano, por eso los apreciaba tanto.

Además también disfrutaba reír y bromear con ellos, escuchar sus consejos y hazañas con su padre.

Escuchaba sus necesidades, y los ayudaba en todo lo que estuviera a su alcance, mientras que contemplaba los campos y llenaba sus pulmones con el aire limpio, normalmente iva por las mañanas y no tardaba mucho en su recorrido, ya que tenía que regresar a la empresa.

Es por eso que Miranda jamás lo había visto, ni el a ella. Ella iva solo por las tardes al salir de la escuela.

Por algún motivo el decidió ir por la tarde ese día, probablemente fue el destino que ya tenia planeada una cita para ellos.

Ella paso todo el día pensando en el,soñando con hablarle, preguntarle sobre su vida y repasando su nombre para no olvídarlo.

Mientras tanto Allister hacia tiempo, para buscar la manera de encontrarse con ella de nuevo.

Estaba nervioso y algo confundido, era una chica hermosa sin duda, ¿pero que la hacía tan especial?

¿Por que estaba tan desesperado por hablar con ella?

Al terminar la jornada, Miranda caminaba hacia la salida de los plantios, cuando una voz familiar trataba de llamar su atención.

¡Señorita! ¡Espere un momento, no se vaya espere!

Se detuvo en seco y al darse media vuelta, vio al hombre de sus sueños corriendo detrás para tratar de alcanzarla.

No pudo evitar esbosar una risita nerviosa, le hiso mucha gracia ver a Allister corriendo sin aliento para poder alcanzarla.

Además pensó que el siendo tan guapo, no se interesaría en una chica tan sencilla como ella.

¡Ah! ¿Te ríes de mi?

No, no, por favor no me malentienda, es solo que usted es la última persona que esperaba ver cuando me di la vuelta.

Por favor, háblame de tu, sonrió, soy casi de tu edad. Caminas muy rápido tuve que correr para alcanzarte, no podía irme sin saber tu nombre, hace rato no me lo dijiste.

Si, claro. Me llamo Miranda, dijo mientras le ofrecía su mano.

Allister tomó su mano mientras la miraba a los ojos sonriendo.

¡Miranda! Suspiró Allister, que bonito nombre.

Me llamo Allister, mucho gusto en conocerte.

Sus miradas se encontraron, se fusionaron en una como el agua de los ríos qué tiene memoria y recuerda muy bien cual fue su cause.

Dime algo Miranda, ¿cuantos años tienes?

Cumplí 18 en abril. Y ¿Tu?

Tengo 23

¿Te puedo invitar algo?

Estoy bien gracias

¡Vamos! Te invito lo que tu quieras, un helado, un café, una cerveza. Lo que tu digas

No me dan permiso joven, lo siento.

No me digas joven, por favor llámame por mi nombre.

Ella era un poco esquiva, debido al miedo que sentía por la posición de su padre, mientras que el trataba desesperadamente de aminorar la distancia entre ellos.

Miranda lo miraba fijamente y entre suspiros repasaba su nombre en su mente ¡Allister! ¿No es ese él nombre de un príncipe?

Necesito,volver a verte, dijo Allister.

Sacó su celular y le dijo dame tu número.

Yo, no tengo celular, dijo Miranda con voz triste.

¿Donde vives? ¿Como puedo volverte a ver?

Vivo a 5 casas de la iglesia del pueblo

Los sábados por la tarde mamá se va a misa y papá esta trabajando, supongo que puedo salir un rato a platicar.

Pero por favor ya váyase, si mi papá nos ve hablando a solas se molestará muchísimo.

No te preocupes ya me voy, no es mi intención causarte problemas.

No pienses mal de mi por favor, no creas que salgo corriendo detrás de cada mujer bonita que conozco.

Se rascó la cabeza confundido, de hecho es la primera vez que lo hago.

Pero te juro que me has impresionado, por eso no podía dejarte ir así nada más.

Entonces, ¿Sigue en pie lo de platicar en tu casa?

Ella asintió con las mejillas sonrojadas.

Allister sonrió aliviado, y dijo : El sábado será entonces.

Capítulo 3 Primera cita

El sol se colaba por la venta y daba diréctamente en sus ojos.

Miranda despertó antes de que sonara el viejo despertador qué estába sobre su mesita de noche.

Con el pelo alborotado y una enorme sonrisa, salió de la cama de un salto mientras gritaba en sus adentros como una niña pequeña que acababa de recibir un caramelo, ¡Es hoy!.

Estaba disfrutando de la dulzura del primer amor.

De esa sensación de felicidad, de pasar todo el día soñando con ver a la persona amada, imaginando mil y una escena de ellos juntos.

Su cerebro secrataba cantidades enormes de dopamina, hecho que la hacia sentir en las nubes.

Las labores del hogar le parecieron nada, pues había pasado la mayor parte del día pensando en el momento que volviera a ver a su príncipe.

Sentía un poco de remordimiento, porque había acordado con Allister encontrarse a escondidas, ella siempre había sido una buena hija y jamás le había escondido nada a sus padres, por eso confiaban tanto en ella.

Se llegó el momento tan esperado y Miranda se asomaba con desespero por la ventana,estaba ansiosa por volver a ver a Allister, platicar con el, conocerlo más.

Cuando de pronto observo a lo lejos la silueta de un hombre que viajaba a caballo, ella, era amante de tan noble animal, por lo tanto no le fue difícil identificar a aquél ejemplar árabe de un color negro azabache, con un pelaje qué brillaba bajo la luz del sol.

Observaba sorprendida a tan bello equino, cuando de repente pudo identificar con claridad al jinete que lo montaba.

Era ni más ni menos que el mismísimo Allister Corner, se miraba altivo, gallardo, tan seguro de si mismo, con una seguridad y elegancia que lo hacía lucir aun más atractivo de lo que era.

Con la boca entre abierta del asombro y la felicidad, miró a Allister acercarse cada vez más hasta quedar frente al pequeño porche de su casa.

Hola bonita. ¿Como estas hoy?

¿Bonita? Nadie la llamaba así, no podía evitar sonrojarse, además sin duda en sus labios sonaba hermoso, era como música para sus oídos.

Miranda reacciono y entre risas le dice

¿En serio un caballo? ¿No se te ocurrió una mejor forma de llamar la atención?

Allister sonrío y con un tono de sinismo le responde

Soy un Corner llamar la atención es mi especialidad.

Pase señor Corner, tome asiento por favor.

Ambos se sentaron en la banca blanca de madera qué estaba en el porche.

Era la hora de la misa de la tarde, su casa estaba a unos cuantos metros de la iglesia. Así que era imposible que las chismosas del pueblo no notaran la presencia de Allister en la casa de Miranda.

Comenzaron a secretearse de forma maliciosa como era su costumbre, gesto que hiso sentir incomoda a Miranda,mientras que su guapo acompañante permanecía ageno a lo que sucedía a su alrededor, estaba tan concentrado contemplando a Miranda qué era imposible que prestara atención a chismes mal intencionados.

¿Que pasa?¿ porque estas tan nerviosa?

Lo que pasa es que el periódico del pueblo nos miró hablando.

¿El periódico?

Así les digo a las chismosas del pueblo.

Jajaja muy ingeniosa

No las conoces,Para la hora de la cena medio pueblo sabrá que estuviste aquí, y quien sabe que más le agregaran.

Mira, creo que es muy poco tiempo el que vamos a pasar juntos para desperdiciarlo poniendo cuidado en que dirán de nosotros.

¿Que es lo que te preocupa?

Que mi papá se entere de que estuviste aquí sin su consentimiento.

No estamos haciendo nada malo, estamos en el porche de tu casa, sentados hablando. ¿Porque abría de molestarle a tu papá? El me parece un hombre razonable.

Y lo es, es un buen hombre y un buen padre. Es sólo que me cuida mucho, no quiere que nada malo me pase y tampoco le gustaría que le gente esté hablando de mi cosas que no son ciertas.

Miranda agacho la mirada y dijo con un tono decepcionante, nunca había hecho esto. De hecho es la primera vez que un chico me visita y a escondidas.

No te preocupes, le encontraremos una solución.

Dime algo Miranda ¿estudias?

Si, estudio la preparatoria, estoy por terminarla.

Ya me preincribi en la universidad.

¿Que carrera estudiarás?

Finanzas, siempre eh soñado con estudiar eso, el único inconveniente es que tendría que mudarme a la ciudad, siento un poco de pena dejar a mi familia.

Mmm musito Allister decepcionado. Supongo que tendré que ir a verte hasta allá.

No perdía la oportunidad de demostrarle interés, así que a la menor provocación externaba de forma franca sus sentimientos.

Sabía que estaba frente a una chica poco convencional y no podía dejarla ir. Estaba convencido de que tenía que hacer lo que fuera para hacerla su novia, no importaba si para eso tenía que apegarse a las reglas un tanto rígidas de su padre, sabía que ella valía completamete la pena.

Mientras tanto a ella no parecía incomodarle en lo absoluto su galanteria. Era una romántica empedernida, era lo que había leído en sus novelas románticas. Además era el primer hombre que no le tenía miedo a su padre, no sabía a ciencia cierta que su osadía se debía a que conciente se su posición o porque no conocía realmente a su padre.

Comensaron a hablar como si se conocieran de toda la vida. Miranda estaba encantada escuchando a Allister hablar sobre caballos, el era tan sencillo y tan agradable, nunca pensó que un joven millonario pudiera ser de esa manera. Pues pensaba que todos los ricos eran unos estirados.

Por su parte Allister pensaba que Miranda era la chica más inteligente y hermosa que había conocido. Compartía su amor por los caballos y por el campo. Era una joven romántica y soñadora, tan dulce como un postre de fresas con crema.

Pegado a la fábrica de alimentos, tenemos un rancho, y tenemos muchos ejemplares de caballos finos. Cuando quieras puedo llevarte.

Es más, te dejaré montar a mi caballo El lucero. Dijo mientras señalaba con su dedo índice al caballo amarrado en la cerca.

De verdad me gustaría mucho, pero no creo que mi papá me de permiso. El tiene sus ideas sobre la amistad o relaciónes amorosas entre personas de diferentes clases sociales.

No entiendo porque dijo Allister con un tono de disgusto, creo que solo se dejan llevar por tontos prejuicios y limitantes que solo existen en su cabeza.

La respuesta de Allister alentó más sus ilusiones, pues le dio un poco de esperanza.

Entonces, ¿Tú no piensas igual?

Por supuesto que no.

Creo que el hecho de que algunos hayamos tenido más suerte , no le resta valor como persona a los que no la tuvieron.

Creo que las personas valen por lo que hay aquí y aquí. Dijo mientras señalaba con un dedo el pecho y la cien de Miranda.

El tiempo pasaba y ellos parecían no darse cuenta, estaban en envueltos en una atmósfera embriagante qué los hacía permanecer ajenos a lo que sucedía fuera de ella, hasta que Miranda regreso a la realidad y recordó que sus padres estaban a punto de regresar.

Allister, tienes que irte, le dijo con un poco de desespero.

Se levantó rápidamente y tomó del brazo a Allister en un débil intento de ponerlo de pie.

Vamos, tienes que irte le decía mientras continuaba forcejeando para ponerlo en pie.

Allister un poco desconcertado se pone de pie y la observa con los los ojos entreaviertos. Tenía la sensación de haver despertado de un hermoso sueño y que aun estaba despabilandose.

Le parecía gracioso ver como Miranda temblaba como un animalito asustado mientras intetentaba sacarlo a jalones hacia la calle.

Esta bien, contesto resignado, mientras tomaba el fuete de su caballo.

Pero te diré algo Miranda, me gustas y me gustas demasiado. Y no me gusta nada estarme escondiendo como si estuviera haciendo algo malo. Así que prepárate porque la próxima vez que venga hablaré con tus padres para solicitar permiso para pretenderte.

Miranda lo miraba atónita, no podía creer lo que escuchaba, nadie se había atrevido a hacer algo igual. Pues su padre aunque era buena persona tenía un carácter muy fuerte, por eso los chicos del pueblo lo miraban con respeto y tambien con algo de miedo.

Tenía sentimientos encontrados, por una parte sentía mucha emoción al pensar que Allister estuviera tratando de apegarse a las condiciones de su padre y que tuviera la valentía de hablar con él, pero por otro lado tenía miedo de la reacción de su padre. Temia que el se molestara y no le permitiera verlo más.

Si embargo sabía que tratar de detenerlo era una perdida de tiempo y también que era la única manera de acabar con esta sosobra.

Así que ya lo sabes preciosa, ese será mi siguiente paso.

Estaré aquí pasado mañana para la hora de la cena.

Allister subió a su caballo y mientras halaba la rienda, se despidió de ella con una enorme sonrisa.

Arribederchi bella donna.

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