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Mi Baile, Mi Destino

Mi Baile, Mi Destino

Autor: : Beckett Roan
Género: Moderno
El olor a antiséptico y a flores baratas llenaba la habitación del hospital, mientras un reportero hablaba en la televisión sobre un incendio provocado en un viejo tablao del centro. Isabella, mi prima, estaba sentada junto a mi cama, sosteniendo mi mano con una dulzura que me revolvía el estómago, mientras Marco, mi prometido, ponía una máscara de dolor fingido a su lado. Pero no fue una caída. Ella me empujó después de que la confronté por robar el diseño de mi vestido que mi abuela me había inspirado en sueños, y luego, con la influencia de su padre, consiguió que la academia me expulsara y me quitara la beca que era mi único sustento. Luego, en un tablao clandestino donde intenté empezar de cero, un incendio "accidental" me quitó la vida, y entre el humo vi sus sonrisas. La oscuridad fue total, un vacío sin fin. Pero entonces, una pequeña luz cálida, el amuleto de mi abuela, comenzó a arder contra mi pecho, y de repente, un tirón violento. Abrí los ojos de golpe, jadeando. Estaba en mi habitación, en mi cama, y mi celular mostraba la fecha: era el día del concurso. El día en que todo comenzó. Había vuelto. Lágrimas de furia fría y calculadora brotaron de mis ojos, recordando cada palabra de desprecio de Isabella, cada mirada de decepción de Marco, cada puerta que se me cerró. Esta vez, no sería la víctima. Esta vez, yo escribiría el final de la historia. Me vestí rápidamente y fui directamente al taller de vestuario de la academia, donde la encontré a ella, Isabella, con mi vestido en sus manos, sonriendo con el mismo triunfo que vi a través de las llamas. "Ese vestido no te pertenece", dije, mi voz más profunda, más dura de lo que recordaba. Su sonrisa se desvaneció. "¡Sofía! Qué susto me diste. Solo estaba... admirando tu trabajo." "Sé lo que estabas haciendo. Estabas robando mi diseño. Estabas a punto de robar mi futuro. Otra vez." Ella frunció el ceño. "¿Otra vez? ¿De qué hablas?" No le respondí. En lugar de eso, levanté la voz, asegurándome de que cualquiera que pasara por el pasillo pudiera oírme. "¡Ladrona! ¡Isabella de la Fuente está intentando robar mi diseño para el Concurso Anual de Flamenco!" Su rostro palideció mientras otros estudiantes y profesores se asomaban. Este era el escenario, y yo era la directora.

Introducción

El olor a antiséptico y a flores baratas llenaba la habitación del hospital, mientras un reportero hablaba en la televisión sobre un incendio provocado en un viejo tablao del centro.

Isabella, mi prima, estaba sentada junto a mi cama, sosteniendo mi mano con una dulzura que me revolvía el estómago, mientras Marco, mi prometido, ponía una máscara de dolor fingido a su lado.

Pero no fue una caída. Ella me empujó después de que la confronté por robar el diseño de mi vestido que mi abuela me había inspirado en sueños, y luego, con la influencia de su padre, consiguió que la academia me expulsara y me quitara la beca que era mi único sustento.

Luego, en un tablao clandestino donde intenté empezar de cero, un incendio "accidental" me quitó la vida, y entre el humo vi sus sonrisas.

La oscuridad fue total, un vacío sin fin. Pero entonces, una pequeña luz cálida, el amuleto de mi abuela, comenzó a arder contra mi pecho, y de repente, un tirón violento.

Abrí los ojos de golpe, jadeando. Estaba en mi habitación, en mi cama, y mi celular mostraba la fecha: era el día del concurso.

El día en que todo comenzó. Había vuelto.

Lágrimas de furia fría y calculadora brotaron de mis ojos, recordando cada palabra de desprecio de Isabella, cada mirada de decepción de Marco, cada puerta que se me cerró.

Esta vez, no sería la víctima. Esta vez, yo escribiría el final de la historia.

Me vestí rápidamente y fui directamente al taller de vestuario de la academia, donde la encontré a ella, Isabella, con mi vestido en sus manos, sonriendo con el mismo triunfo que vi a través de las llamas.

"Ese vestido no te pertenece", dije, mi voz más profunda, más dura de lo que recordaba.

Su sonrisa se desvaneció. "¡Sofía! Qué susto me diste. Solo estaba... admirando tu trabajo."

"Sé lo que estabas haciendo. Estabas robando mi diseño. Estabas a punto de robar mi futuro. Otra vez."

Ella frunció el ceño. "¿Otra vez? ¿De qué hablas?"

No le respondí. En lugar de eso, levanté la voz, asegurándome de que cualquiera que pasara por el pasillo pudiera oírme. "¡Ladrona! ¡Isabella de la Fuente está intentando robar mi diseño para el Concurso Anual de Flamenco!"

Su rostro palideció mientras otros estudiantes y profesores se asomaban. Este era el escenario, y yo era la directora.

Capítulo 1

El olor a antiséptico y a flores baratas llenaba la habitación del hospital, un aroma que quedaría grabado en mi memoria para siempre. La lluvia golpeaba la ventana, cada gota un eco del frío que sentía por dentro. En la televisión, un reportero hablaba de un terrible accidente, de vidas perdidas en un incendio provocado en un viejo tablao del centro.

Mi vida. Mi muerte.

Isabella, mi prima, estaba sentada junto a mi cama, sus ojos llenos de lágrimas de cocodrilo. Sostenía mi mano con una ternura que me revolvía el estómago.

"Ay, primita, qué tragedia. Que te cayeras de las escaleras de la academia justo el día del concurso... El destino es tan cruel."

Marco, mi prometido, estaba a su lado, con la mirada perdida, su rostro una máscara de dolor fingido. Él sabía la verdad. Ambos lo sabían.

No fue una caída. Fue Isabella. Me empujó después de que la confronté por robar el diseño de mi vestido, el que mi abuela me había inspirado en sueños. Luego, usó las conexiones de su padre para acusarme de agresión, para que la academia me expulsara y me quitara la beca que era mi único sustento.

Lo perdí todo: mi carrera, mi honor, mi futuro. Y al final, en un tablao clandestino donde intentaba empezar de cero, un incendio "accidental" me quitó la vida. Vi sus rostros entre el humo, sonriendo, antes de que todo se volviera negro.

La oscuridad era total, un vacío sin fin. Pero entonces, una pequeña luz comenzó a brillar en la distancia, una luz cálida y familiar. El amuleto de mi abuela, el que siempre llevaba al cuello, comenzó a arder con un calor suave contra mi pecho.

De repente, un tirón violento.

Abrí los ojos de golpe, jadeando.

Estaba en mi habitación, en mi cama. La luz del sol entraba por la ventana, iluminando el polvo que flotaba en el aire. Mi corazón latía con una fuerza desbocada.

Miré mis manos. Jóvenes, sin cicatrices de quemaduras. Toqué mi rostro. Liso, vivo.

Tomé mi celular de la mesita de noche. La pantalla se iluminó.

La fecha.

Era el día del concurso. El día en que todo comenzó. Había vuelto.

Una segunda oportunidad.

Las lágrimas brotaron de mis ojos, pero no eran de tristeza. Eran de rabia, de una furia fría y calculadora. Recordé cada detalle de mi vida anterior: cada palabra de desprecio de Isabella, cada mirada de decepción de Marco, cada puerta que se me cerró en la cara.

Recordé el dolor, la humillación, el fuego.

Pero esta vez, no sería la víctima. Esta vez, yo escribiría el final de la historia.

Me levanté de la cama, mis movimientos eran firmes, decididos. Me vestí con rapidez. No había tiempo que perder. Fui directamente al taller de vestuario de la academia.

Y allí estaba ella.

Isabella, de espaldas a la puerta, tenía en sus manos mi vestido. El vestido rojo y negro, con bordados que contaban la historia de mi familia, un diseño que era mi alma entera puesta en tela. Lo sostenía frente a un espejo, admirando cómo le quedaba, como si fuera suyo.

Una sonrisa de triunfo se dibujaba en su rostro. La misma sonrisa que vi a través de las llamas.

En mi vida anterior, entré en pánico, la confronté en privado, le di la oportunidad de manipular la situación.

No esta vez.

Di un paso adelante, mis tacones resonando en el suelo de madera. No dije su nombre. No le di esa satisfacción.

"Ese vestido no te pertenece."

Mi voz sonó extraña, más profunda, más dura de lo que recordaba.

Isabella se sobresaltó y se giró, su rostro palideció al verme. La sonrisa se desvaneció, reemplazada por una máscara de inocencia mal actuada.

"¡Sofía! Qué susto me diste. Solo estaba... admirando tu trabajo. Es precioso."

"Sé lo que estabas haciendo," dije, acercándome lentamente, como un depredador acechando a su presa. "Estabas robando mi diseño. Estabas a punto de robar mi futuro. Otra vez."

Ella frunció el ceño, confundida por mi última palabra. "¿Otra vez? ¿De qué hablas?"

No le respondí. En lugar de eso, levanté la voz, asegurándome de que cualquiera que pasara por el pasillo pudiera oírme.

"¡Ladrona!"

La palabra resonó en la sala, afilada y clara.

"¡Isabella de la Fuente está intentando robar mi diseño para el Concurso Anual de Flamenco!"

Su rostro pasó del blanco al rojo en un instante. Otros estudiantes y algunos profesores comenzaron a asomarse por la puerta, atraídos por el escándalo.

Este era el escenario. Y yo era la directora.

"¡Eso es mentira!" chilló Isabella, su voz temblando. "¡Yo nunca haría eso! ¡Somos primas, somos familia!"

"La familia no traiciona," respondí, mi voz gélida. "Y tú no eres más que una traidora. Exijo que el director de la academia venga ahora mismo y revise las cámaras de seguridad. Para que todos vean cómo entraste a escondidas a robar lo que no es tuyo."

Isabella abrió la boca para protestar, pero no salieron palabras. Estaba atrapada. El pánico en sus ojos era el plato más delicioso que había probado en dos vidas.

Capítulo 1 había comenzado. Pero esta vez, la protagonista no iba a morir. Iba a luchar.

Capítulo 2

Isabella, acorralada, cambió de táctica al instante. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, grandes y lastimeras, recorriendo sus mejillas perfectamente maquilladas. Su cuerpo se encogió, adoptando la postura de una víctima indefensa.

"Sofía, por favor, no digas esas cosas," sollozó, su voz un susurro roto que buscaba la compasión de la audiencia que se había congregado en la puerta. "Solo quería verlo de cerca. Te admiro tanto, tu talento es... es inmenso. Quería inspirarme, nada más."

Era una actuación magistral. Casi podía aplaudirle. En mi vida anterior, esa falsa vulnerabilidad me había desarmado y la había hecho parecer la agredida.

Pero yo ya había visto esa obra y conocía el final.

"¿Inspirarte?" repetí con una risa seca y carente de humor. "Inspirarte a calcar cada puntada, a robar cada detalle. ¿Crees que soy estúpida, Isabella? ¿Crees que después de tantos años no conozco tu envidia, tu forma de tomar lo que es mío y llamarlo tuyo?"

Me acerqué a ella y señalé un pequeño detalle en el bordado del vestido, un hilo dorado casi imperceptible que formaba las iniciales de mi abuela: 'A.R.' .

"Dime, Isabella, ¿qué significa esto? Si tanto lo admiras, si te 'inspira' , seguro que sabes el significado de cada elemento."

Ella se quedó en blanco. Sus ojos se movieron nerviosamente, buscando una respuesta que no tenía. El silencio se hizo pesado, y las miradas de los curiosos comenzaron a cambiar de la pena a la sospecha.

"No lo sabes, ¿verdad?" continué, mi voz implacable. "Porque no te importa el arte, no te importa el legado. Solo te importa ganar, no importa cómo ni a costa de quién. Este vestido es la historia de mi abuela, una bailaora legendaria. Y tú, al ponértelo, no solo me robas a mí, la insultas a ella. Insultas su memoria."

La acusación de profanar el legado de nuestra abuela, una figura respetada por todos, caló hondo en los presentes. Los murmullos aumentaron.

"¡Ya basta!" dije, perdiendo la paciencia de forma deliberada. "Quítate mi vestido. Ahora mismo."

Avancé y tiré de la tela. No con violencia, pero con una firmeza que no dejaba lugar a la negociación. Isabella se tambaleó hacia atrás, aferrándose al vestido como si fuera un salvavidas.

"¡No me toques! ¡Estás loca!" gritó, volviendo a su papel de víctima.

Y justo en ese momento, como un mal chiste del destino, apareció él.

Marco.

Entró en el taller con el ceño fruncido, su mirada pasando de mí a Isabella, que ahora lloraba desconsoladamente.

"Sofía, ¿qué demonios está pasando aquí? ¿Por qué siempre tienes que armar un escándalo?"

Su voz, la misma voz que me había susurrado promesas de amor eterno, ahora goteaba decepción y reproche. Se dirigió directamente hacia Isabella, poniéndole una mano protectora en el hombro.

"¿Estás bien, Isa? No le hagas caso, ya sabes cómo se pone cuando está bajo presión."

Sentí una punzada en el pecho, el eco de un dolor antiguo. La traición, fresca y viva, se sentía igual de mal la segunda vez. Pero esta vez, el dolor no me paralizó. Me alimentó.

"Marco," dije, mi voz peligrosamente tranquila. "Quita tu mano de ella. Y no te atrevas a hablarme como si yo fuera la del problema."

Él me miró, sorprendido por mi tono. "Sofía, cálmate. Estás haciendo una escena. La gente nos está mirando. ¿Es esto lo que quieres? ¿Que todos piensen que mi futura esposa es una mujer celosa y descontrolada?"

Ahí estaba. La amenaza. La misma que usó en mi vida pasada. Usar nuestra relación, nuestro compromiso, como un arma para silenciarme y proteger a la verdadera culpable.

"Nuestra boda no te da derecho a defend_er a una ladrona," respondí, mirándolo directamente a los ojos, desafiándolo. "Y si para ti es más importante lo que 'piensen los demás' que la verdad, entonces quizás deberías reconsiderar con quién te casas."

El aire se cargó de una tensión insoportable. Marco me miraba con incredulidad, Isabella sollozaba falsamente bajo su protección y una multitud de espectadores esperaba el siguiente acto de nuestro drama familiar.

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