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Mi CEO Dominador

Mi CEO Dominador

Autor: : Zana Kheiron
Género: Romance
Libro 1.1: Cuando surge la oportunidad de un trabajo temporal, Vasti, no pierde tiempo en postularse. Todo parece maravilloso, pero espera... "¡Mañana llevarás bragas lilas!" Adonis MacGyver es impresionante, pero este CEO esconde un secreto que cambiará la vida de Vasti para siempre. Libro 1.2: ¡Apollo, el hermano de Adonis, experimenta un conflicto después de ser traicionado por su esposa en la boda de su hermano mayor! Ahora, se encuentra solo con su hijo de 6 años, Ares, y sabe que necesita encontrar una madre para el niño. Erin Dixon parece la candidata perfecta, salvo por el pequeño detalle de que tiene un exmarido más que problemático. Milo Lancaster, uno de los mejores amigos de Adonis, está siendo presionado por su familia para casarse y tener un hijo. ¡Pero él no quiere eso! ¡Un matrimonio de conveniencia parece una buena opción! ¿Pero qué pasa si quiere más que eso una vez que conoce mejor a Heidi Williams? Libro 1.3: Gustav nunca imaginó que cuando volviera a ver a Artemisa, después de años, se sentiría atraído por ella de esa manera. Sin embargo, ella lo rechazó. Ella tenia otro ¿Pero realmente lo habia olvidado? ¿O este romance todavía tiene posibilidades de funcionar? Libro 2 = "Te quiero de vuelta": ¡Aprendamos más sobre Ícaro y Ariel! Libro 3 = "El Arte de Renacer": Freya, John, Athena.

Capítulo 1 No me gustan los retrasos

Vasti estaba un poco mareada, ya que no acostumbraba beber mucho. Fue al baño, pero estaba ocupado.

-¡Qué porquería! -murmuró bajito y esperó. Después de unos minutos, decidió que tendría que tocar. -¿Hola? ¿Vas a tardar mucho?

No hubo respuesta, no con palabras, pero Vasti podría jurar que había escuchado un gemido. Acercó el oído a la puerta y de nuevo, aunque esta vez era masculino.

-¡Pero qué mierda...! ¡Por favor! ¡Gente, me estoy haciendo!

Vasti no era idiota y sabía muy bien que algunas parejas decidían aliviar otras necesidades en los baños de las discotecas; por lo tanto, ese debía ser el caso.

"¡Qué falta de consideración tan cabrona!", pensó Vasti.

Se escuchó ruido de ropa, un cierre y, finalmente, la puerta se abrió. Una rubia alta, bonita y con el labial corrido salió de ahí, pasándose los dedos por la comisura de los labios. Vasti sabía lo que la mujer había estado haciendo.

-Aguafiestas -dijo la mujer y pasó junto a Vasti, golpeándole el hombro.

"¡Ay, por favor!", pensó Vasti, haciendo una mueca.

-Ah, pues sí -alcanzó a decir mientras se giraba hacia el baño, cuando se topó de frente con aquellos ojos verdes que reconocería al instante.

"Pero... ¡No es posible!"

Él la miraba penetrante, con las manos en los bolsillos del pantalón y una sonrisa ladeada.

-No te rindes, ¿verdad? -preguntó el hombre, observándola de arriba abajo con una sonrisa descarada, aunque sus ojos mostraban desprecio.

Eso trajo a Vasti, que lo miraba con la boca levemente abierta, de vuelta a la realidad. Frunció el ceño, mirándolo de manera incrédula.

-No entendí lo que estás insinuando -ella le devolvió la mirada de desdén.

Él bufó, mirando alrededor rápidamente antes de volver a fijar los ojos en los de ella.

-Detesto a las mujeres que se hacen las tontas. Si quieres tanto coger, basta con decirlo. No tienes que estar con jueguitos y mucho menos persiguiéndome.

Vasti abrió la boca, esta vez sin poder creer lo que escuchaba.

-¿¡Cómo dices!? -estalló. -¿Estás loco? Debes estarlo. Porque por tu culpa me despidieron, ¡y ni siquiera sé por qué! ¿Fue porque choqué contigo?

Sacudió la cabeza y el hombre alzó las cejas. Vasti continuó:

-Y ahora, ¿no contento con eso, me estás acusando de perseguirte a TI? -soltó una risa burlona y lo miró de arriba abajo. -Para tu información, vine con mi amiga, que conoce a gente que trabaja aquí. ¡Esta es la discoteca que solemos visitar! Y solo vine porque necesitaba despejarme después de que cierto idiota prepotente y creído me despidiera sin razón. ¡Así que es más fácil que TÚ seas el que me está siguiendo!

Ella sabía que no debía hablar así de su jefe, aún que él no estuviera allí.

"No, no, EXJEFE", se recordó. Sí, ex. Eso significaba que no tenía por qué morderse la lengua. Él había sido un completo idiota y todavía armó lío para que Vasti perdiera el empleo. Podía apostar que había sido él. "¡Como si no fuera suficiente con mi familia, todavía aparece este enviado del demonio!"

El hombre inhaló profundamente antes de moverse rápido. Sujetó el brazo de Vasti y la jaló hacia dentro del baño, cerrando la puerta. Ella sintió su espalda chocar contra la madera y, antes de que pudiera reaccionar, unos labios cálidos y suaves tomaron los suyos.

-¡Oh! -soltó por reflejo. El hombre le sujetó las manos por encima de la cabeza con una sola, que era enorme, mientras con la otra la sostenía firme por la cintura.

Ella abrió los labios por sorpresa y él aprovechó para besarla más profundamente, arrancándole suspiros a la mujer que le había atormentado el juicio todo el día. La rodilla del hombre quedó entre las piernas de Vasti, abriéndolas y dándole más acceso a su cuerpo. Vasti no era de besar desconocidos, pero se estaba sintiendo tan bien...

-¡Ey! ¿Vasti? -un golpe en la puerta hizo que ella diera un respingo. El hombre no la soltó de inmediato, sino poco a poco, permitiendo que las manos de ella descendieran. Tomó una de ellas y la colocó en su pecho. Con la mano libre, tocó el rostro de Vasti.

-¡Y-ya voy! -balbuceó Vasti. Sus labios estaban levemente hinchados y su respiración entrecortada. -¡Dame un minuto! ¡Ya salgo!

-Ok... -y se escuchó el sonido de los tacones de Fernanda alejándose. Vasti miró al hombre. Él tenía el cabello impecable, el rostro cerca del de ella y los labios entreabiertos. Sonrió.

-Es mejor que te vayas a casa, o vas a terminar llegando tarde mañana -dijo con voz ronca.

-¿Tarde? -preguntó Vasti, temiendo que su cerebro no hubiera vuelto a funcionar todavía.

-Claro. Eres mi secretaria suplente -dijo y le dio un beso rápido en el cuello, haciendo que Vasti suspirara. -No me gustan los retrasos.

Fue entonces cuando cayó en cuenta: el hombre que había arruinado su día no era un chismoso. ¡Era su propio jefe! Vasti lo empujó con ambas manos y lo encaró, molesta.

-¿De qué estás hablando? ¡Yo fui despedida! ¡Por ti!

Él dio un paso atrás y, tomándola de la cintura, la movió a un lado para poder abrir la puerta.

-Pues estás readmitida. Recuerda: nada de retrasos -el hombre, tan atractivo, le guiñó un ojo y salió, dejando a Vasti aún aturdida.

Sus piernas parecían de gelatina, pero logró salir del baño y dirigirse a la mesa donde Fernanda y Will estaban.

-¡Caray! ¿Qué pasó? -preguntó Fernanda, hasta que notó el estado de la amiga. Las luces del lugar disimulaban, pero cuando Vasti se acercó, lo vio. Los labios hinchados y rojos, sin labial, el cabello despeinado y la ropa desalineada.

Will también lo notó y contuvo la risa.

-¡Eres una traviesa! -dijo Fernanda, dándole un golpecito en el brazo, pero Vasti no respondió. Parecía asustada. La sonrisa de Fernanda se apagó. -Espera... ¿Alguien te forzó a algo?

Fernanda se levantó de inmediato, como una leona lista para proteger a su cría, y miró alrededor.

-Ah, no. Yo... Tengo que irme.

-¿Qué? ¿Por qué? -Fernanda no estaba acostumbrada a ver a Vasti comportarse así. -Amiga, dime la verdad, ¿alguien te acorraló, te intentó hacer algo?

La latina de cabello sedoso hasta la cintura la miraba preocupada.

-No puedo llegar tarde mañana.

Fernanda miró a Will.

-¿De qué hablas?

-Al parecer, recuperé mi empleo -esa respuesta hizo que Fernanda alzara las cejas.

-Ok... Me alegro por ti. Creo... -Fernanda observó cómo Vasti sacaba un billete de su bolso, lo dejaba sobre la mesa y se inclinaba para darle un beso en la mejilla. Saludó con la mano a Will y se fue.

-Tu amiga está loquita -dijo el novio de Fernanda entre risas.

-Voy a averiguar qué pasó -dijo Fernanda. -Mañana. Ahora, tú y yo vamos a divertirnos un ratito.

Vasti salió de la discoteca y solo entonces se dio cuenta de que ni siquiera había usado el sanitario.

"Excelente. Espero que el taxi no tarde...", se dijo a sí misma.

-Una mujer como tú, a estas horas y sola... Es un tanto peligroso, ¿no crees? -la voz profunda del hombre la tomó por sorpresa, pero ella se giró despacio para encararlo.

Capítulo 2 Peligroso

-¿Qué quiere? -la voz de ella salió seca, dejando claro que Vasti estaba sin paciencia.

-¿Es esa la manera de hablarle a su jefe? -él sonrió de lado y abrió la puerta del auto. -Suba.

Primero, Vasti miró el auto, luego al hombre, y soltó una risa de burla.

-Ah, sí. Claro -dijo, sacando su celular para pedir un taxi, ignorando lo que él había dicho sobre ser su jefe.

-Suba -repitió él, más firme esta vez. -Hablo en serio cuando digo que aquí es peligroso.

-Muchas gracias, pero eso no es asunto suyo. Además, usted también me parece peligroso. No lo conozco.

Vasti torció la boca al hablar. ¿Ese hombre era realmente el Sr. MacGyver? ¿Cómo podía ser? Y además un descarado, por haberla besado después de hacer sabe Dios qué con la rubia en el baño. Eso hizo que Vasti se sintiera aún más disgustada.

-Señorita...

-¡No! Después de lo que pasó en el baño, subirme a su auto no me parece la mejor opción -Vasti le ofreció una sonrisa forzada.

Ella no negaría que el beso había sido increíble, dejando su cuerpo en llamas, pero él no necesitaba saberlo, y darle oportunidad a que eso se repitiera sería una tontería.

Él se acercó y cubrió la mano de ella -la que sostenía el celular-, pero de forma delicada.

-Por favor -pidió, mirándola con el rostro serio-. Prometo comportarme.

Vasti lo miró, luego miró el auto, después la calle. El lugar era muy concurrido durante el día, pero no por la noche. Y ella lo sabía. El sitio estaba, en efecto, medio vacío. Sería una estupidez quedarse sola ahí. Además, había cámaras... Él no haría nada malo, ¿cierto? Se sabría que había sido él.

-Ok -finalmente aceptó.

Vasti pasó junto a él y se sentó en el asiento del pasajero. Él cerró la puerta por ella y Vasti se colocó el cinturón de seguridad, esperando a que él entrara al vehículo. Ella no entendía de autos, pero ese definitivamente era un auto de gente rica. Los asientos de piel, el tablero lleno de botones táctiles y una pantalla integrada.

Él entró, cumplió con los requisitos antes de iniciar el trayecto y encendió el auto.

Después de unos minutos, sin mirarla, él dijo:

-Eres bastante rebelde, ¿no es así?

-¿Cómo? ¿Por qué dice eso? -preguntó ella, curiosa.

-Por la manera en que me respondiste. No solo ahora, al negarte, sino también más temprano, en el baño.

Al oír la mención del baño de la discoteca, ella se sonrojó y miró sus manos, pero enseguida volvió a mirar hacia adelante. No demostraría debilidad.

-Eso no fue rebeldía -respondió tranquilamente-. Solo me defendí. Y, sobre mi negativa, no fui rebelde. No es como si tuviera que obedecerle.

-Al señor -él la corrigió.

-No estamos en el trabajo. "A ti".

Él rió.

-Como dije, rebelde.

Vasti miró por la ventana y vio que estaban cerca de su vecindario, y solo entonces cayó en cuenta de algo.

-Ah... Yo no dije dónde vivo.

-No hace falta -él respondió él rápidamente, como si no fuera nada importante.

-¿Cómo que no? ¿Va a estar dando vueltas sin rumbo?

-Sé dónde vive, Señorita Vasti Phillips.

Él lanzó una mirada rápida hacia ella antes de estacionar cerca del edificio.

Ella lo miró, sorprendida. Él la había llamado por su nombre y ella aun no sabía el de él. Solo, talvez, Sr. MacGyver.

-¿Por qué sabe mi dirección? -preguntó, pausada, sintiendo el pánico instalarse en su pecho.

-Es mi empleada. Sus datos están en Recursos Humanos.

Ella lo miró incrédula y entrecerró los ojos.

-Entonces, ¿me está diciendo que sabe la dirección de todos los empleados bajo su mando? Qué impresionante -por supuesto estaba siendo sarcástica.

El hombre se soltó el cinturón y se giró hacia ella.

-Solo de los que me interesan.

La mirada de él era, otra vez, muy profunda. No apartaba los ojos de los de ella, pero era como si la desnudara ahí mismo.

-Gracias por el aventón, Sr....? -dijo ella, dejando abierta la invitación.

-Buenas noches, señorita Phillips -repitió él con seriedad.

Él entendió perfectamente lo que ella pedía, pero decidió ignorarlo. Ella debería saber su nombre. Él era su jefe. Era, incluso, ofensivo para él que su empleada desconociera ese dato.

-¿Su nombre? Por favor -insistió ella.

Vasti sabía que el dueño de la empresa era el Sr. MacGyver. Pero no sabía el nombre de ese hombre, aunque trabajara en el mismo piso que ella y, aparentemente, fuera uno de los superiores. No podría ser EL Sr. MacGyver, si?

-¿Sabe cuál es mi cargo en la empresa?

-En realidad, no. No sé quién es usted, además de ser el hombre que me despidió y luego me dijo que tendría mi empleo de vuelta. Por cierto, ¿cómo hará eso? ¿Habló con el Señor MacGyver tan rápido a estas horas?

Él se inclinó hacia ella y le susurró al oído.

-Adonis -la miró y guiñó un ojo-. Adonis MacGyver, el Presidente de la empresa.

El aliento cálido de él, la respiración, hicieron que ella cerrara los ojos y suspirara. Se recriminó por eso.

"Dios mío... ¡El mismísimo diablo! Cálmate, Vasti, cálmate."

-Buenas noches -susurró ella, colocando la mano en la manija de la puerta, pero él la detuvo, sujetándola.

-Voy a enseñarte modales, jovencita. Es "Buenas noches, señor" -él apartó el rostro y la encaró- Vas a aprender.

Dándole un beso corto en los labios, permitió que ella abriera la puerta. Vasti salió del vehículo con las piernas temblorosas.

-¿Y señorita Phillips? -la llamó él, haciendo que ella se volviera-. ¡Lila!

Lo dijo, subió la ventana del auto y se fue.

Ella se quedó ahí, mirando la calle, incluso después de que el auto desapareciera.

-¡Loco! ¿Qué quiso decir con "Lila"?

Dentro del auto, Adonis sonreía.

"Muy bien, ¿quiere jugar? Juguemos", se dijo a sí mismo. "¡Es demasiado hermosa! Tal vez..."

De regreso a casa, Vasti estaba frustrada. Recordó cómo había sido despedida por culpa de ese mismo hombre.

*MÁS TEMPRANO ESE DÍA*

Vasti estaba más que feliz con el nuevo empleo, aunque fuera temporal. Necesitaba cuidar de su abuela enferma, y ese dinero sería la salvación de ambas.

Había chocado con un hombre muy guapo camino a Recursos Humanos, y él había sido grosero. No pensó mucho en eso, pero, cuando decidió tomar agua, ni siquiera había terminado de girarse con el vaso en la mano cuando alguien la empujó hacia atrás. El agua, claro, se derramó sobre ella.

-¿Tú otra vez? -la voz irritada del hombre hizo que Vasti levantara la vista. ¡Era el mismo hombre de más temprano!

Él miró la blusa de ella y luego volvió a mirarla al rostro. Alzó una ceja y pasó junto a ella, con una expresión que Vasti solo pudo interpretar como asco.

Vasti cubrió su pecho con la mano y fue al baño. El hombre que le había parecido tan atractivo no era más que un asqueroso.

"¡De todos los lugares, ese hombre tenía que trabajar en el mismo piso que yo!", se lamentó mentalmente.

Antes de que pudiera sentarse en su silla, Heidi, la mujer responsable del sector y quien la estaba entrenando, le pidió que fuera a su oficina.

-Sí, ¿qué ocurrió? -preguntó Vasti, después de tocar la puerta para anunciar su llegada.

Heidi se frotó las manos, nerviosa, y mordió su labio. Vasti sintió un vacío en el pecho.

-Ah, ni siquiera sé cómo decir esto. Pero... yo solo sigo órdenes, ¿ok? Estás despedida.

Capítulo 3 Como te lo mereces

Vasti, negando con la cabeza, se quitó la ropa y entró a la ducha. Puso la alarma para que sonara temprano, porque lo último que quería era llegar tarde. Aunque el nuevo jefe era guapísimo y, ella no lo negaría, un verdadero bombón, parecía ser el tipo de persona que se fija en todo, y Vasti no quería convertirse en el blanco de su furia. Esa fue una noche llena de sueños húmedos.

Después de unos diez minutos de que la alarma estuviera sonando y ella activando el modo de repetición, Vasti finalmente la apagó, se estiró y se levantó de la cama.

Pensó en dejar que su mal genio tomara el control, haciendo que no se presentara en la empresa. Sin embargo, recordó que necesitaba ese trabajo, no solo por ella, sino por su abuela. Si no fuera por eso, realmente habría fingido que no le importaba el empleo y habría buscado otro.

"Voy a buscar otro... pero mientras no encuentre nada, ¡tengo que seguir en este!", se dijo a sí misma mientras iba al baño a cepillarse los dientes. Le dolía la cabeza a rabiar y Vasti se arrepintió de haber bebido. "Si hubiera sabido que tendría trabajo, no lo habría hecho. Todo es culpa de ese hombre malvado."

Tomó una aspirina, abrió el cajón de las bragas, metió la mano y agarró la primera que salió. No solía combinar sostenes y bragas, sobre todo porque normalmente usaba negro, blanco y beige. No es como si hiciera mucha diferencia. No para ella. Lo único que le importaba era no andar con ropa interior rota, deshilachada o, peor aún, sucia. Por lo menos, si se desmayaba muerta en la calle, no hablarían mal de ella en ese aspecto. Algo que su abuela le había enseñado. El honor de una mujer lo era todo. Y Vasti no sería recordada como una mujer descuidada.

La ropa elegida fue un vestido entubado negro, con un cinturón que formaba parte del vestido en la cintura, lo que hacía que su cuerpo se viera maravilloso y, aun así, adecuado para el ambiente de trabajo. El maquillaje solía ser ligero, pero esa mañana abusaría un poco más del corrector para cubrir las ojeras que había ganado de souvenir por la noche de fiesta. El cabello terminó recogido en un chongo, en ese estilo despeinado-pero-arreglado. Vasti suspiró hondo, tomó su bolso y se fue directo al metro. Iba con tiempo de sobra, no necesitaría tomar ningún taxi.

En menos de una hora llegó al edificio, fue al elevador y esperó pacientemente mientras todos se bajaban, hasta que llegó a su piso.

Heidi había sido avisada de que no necesitaría contratar a otra persona, pues la señorita Phillips había sido reintegrada al cuadro de empleados. A pesar de la curiosidad, Heidi no le preguntó nada al jefe. Temía que él se sintiera desafiado y la tomara contra la pobre chica. No, Heidi decidió que, en cuanto pudiera, le preguntaría a la propia Vasti qué había pasado para que el jefe cambiara de opinión.

-¡Vasti! -la llamó Heidi-. Digo, ¡señorita Phillips!

-Ah, puede llamarme Vasti, señorita Williams.

-Entonces llámame Heidi -la mujer sonrió a Vasti, sinceramente-. Ven, vamos a tu escritorio, que ya te está esperando.

Vasti abrió una sonrisa enorme y la siguió. Nada fuera de lo normal le ocurrió durante el resto del día. Trabajó, aprendió muchas cosas y, cuando ya casi eran las seis de la tarde, Heidi la llamó.

-Vasti, entonces, ¿me puedes hacer un favor?

-Claro -Vasti ya no iría a visitar a su abuela ese día, solo al siguiente.

-Necesito revisar este documento, pero sucedió una pequeña emergencia en mi casa. ¿Puedes hacerlo por mí? -Heidi la miró con cara de perrito regañado.

-No hay problema. Solo dime bien qué es lo que se necesita.

Heidi dio un pequeño brinco de alegría.

-¡Gracias! -y entonces le explicó todo a Vasti, avisándole que, si necesitaba ayuda, podía llamarla.

Vasti volvió a su escritorio y se puso a trabajar. Esperaba que, para las ocho, ya hubiera terminado todo. Y entonces, por fin, se iría a casa y podría dormir cuanto quisiera. Al día siguiente planeaba visitar a su abuela en el hospital, lo que significaba que necesitaría acostarse lo más temprano posible para levantarse bien descansada y no llegar tarde al trabajo.

No se dio cuenta de que la gente a su alrededor se iba, y cuando se levantó para prepararse una taza de café, finalmente se dio cuenta de que el piso parecía abandonado.

-Qué creepy... -murmuró, y fue a la cocineta.

Vasti se apoyó en la encimera mientras esperaba a que el café estuviera listo. Cerró los ojos y respiró hondo. Entonces sintió que alguien la sujetaba por la cintura, lo que la asustó.

-Calma... -la voz seductora del hombre con el que había estado soñando despierta sonó justo en su oído. Ronca, causándole escalofríos a la morena.

-Se-señor MacGyver -dijo, colocando las manos sobre las de él para quitarlas de su cuerpo. Sin embargo, él tomó eso como un incentivo y la jaló aún más hacia él.

-Tan deliciosa -rozó con la punta de la nariz el cuello de Vasti e inhaló profundamente antes de besarle la piel.

Adonis normalmente no se involucraba con las empleadas, no cuando quería conservarlas. Pero esa mujer, Vasti, lo estaba volviendo loco al punto de hacerlo actuar sin pensar. No había logrado sacarla de su cabeza desde el momento en que puso los ojos en ella. Y, después de la noche anterior, solo podía imaginar cómo sería tener más de ella.

-¡No! ¿Qué crees que estás haciendo? -preguntó Vasti y giró el rostro para mirarlo, pero fue un movimiento poco inteligente. Sus caras quedaron muy cerca. Abrió la boca para hablar, pero no salió ningún sonido. Adonis la giró hacia él y la besó. Cuando Vasti reaccionó, él ya le había pasado las manos por detrás de las rodillas y la había sentado sobre la encimera de la cocineta.

-Ahora, deja que vea si fuiste una niña obediente -dijo él, subiendo las manos por los muslos de Vasti, sonriendo de lado y tomando sus labios de nuevo, pero pronto dio un paso atrás y miró hacia abajo-. ¿Beige? -preguntó, decepcionado.

Vasti estaba tan intoxicada por él que no se dio cuenta de que la falda de su vestido ya estaba subida hasta la cintura y su ropa interior, expuesta. Intentó cerrar las piernas, pero él no se lo permitió, quedándose entre ellas.

-¡Esto es muy inapropiado! Usted es mi superior, no puede hacer esto -dijo, colocando las manos en el pecho de él para empujarlo y apoyarse para bajar de la encimera.

-Dije lila, ¿no es cierto? -preguntó él, ignorando lo que Vasti había dicho. La escuchó y sabía que ella tenía razón, pero no quería pensar en eso en ese momento. Adonis alzó una ceja, ahora con una expresión un poco más seria.

-Ah, "lila" era el color de la braga que usted esperaba que yo trajera puesta, ¿es eso? -preguntó Vasti, riendo de nervios-. ¿Y por qué haría eso? ¿Por qué le obedecería en algo tan íntimo? Usted es mi jefe, pero no manda en mi vida personal.

-Porque lo ordené -respondió sin rodeos, como si fuera obvio.

Ella lo miró por unos segundos antes de bufar con desdén.

-Soy su empleada, pero no soy su esclava. ¿Qué se cree?

Él se acercó aún más, mirándola directamente a los ojos, lo que hizo que la boca de Vasti se secara por completo, de inmediato. Sin embargo, otra parte de su cuerpo se humedeció más, le gustara o no la forma en que su cuerpo reaccionaba a él.

-Sé que quieres que te dominen, Señorita Phillips -dijo él, tirando de su cintura para pegarla por completo a él. Vasti podía sentir el bulto en los pantalones de él rozando sus partes, a través de la braga, algo que nunca había experimentado con ningún hombre-. Y voy a dominarte como te lo mereces.

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