Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Mi Caliente Caliente Esconde Algo
Mi Caliente Caliente Esconde Algo

Mi Caliente Caliente Esconde Algo

Autor: : KarlaFloresM
Género: Romance
René Duque solo es un beisbolista sexy, caliente, adinerado, filántropo, y con una personalidad deslumbrante; tan perfecto que no parece completamente real. Por otro lado, Marina, su fisioterapeuta y masajista, es demasiado curiosa y desconfiada como para creer que tanta perfección sea cierta. En el transcurso de esta historia Marina intentará no perder la cordura y sus bragas en el proceso. Mientras él hará lo posible para no enamorarse de ella y esconder su secreto. Es una historia de amor, ambición y redención, que explora las consecuencias de nuestras decisiones y el poder del amor verdadero para superar cualquier obstáculo.

Capítulo 1 Prólogo.

FUTURO.

Narra René.

Mi cuerpo arde de una forma en que jamás pensé podría hacerlo. Es extremo, como si desde que mi cuerpo supo que estaría visitando de nuevo este lugar, se estuviese preparando para adherirse al suelo, acompañado de azufre, vapor y maldad.

Cuando vine por vez primera no pude ver nada de lo que veo ahora. No me importaba nada. Era egoísta, narcisista y bastante ciego como para no darme cuenta de que poner un pie dentro de este lugar y dejarse envolver por él era como tener el alma en el infierno incluso antes de la muerte.

Caigo al suelo de rodillas, sudando a más no poder. Esta vez no tengo agua, y tampoco las manos angelicales de Marina curándome. Ya nada me ayude.

Ya no lo soporto más.

-¡No quiero esto! ¡Ya no lo quiero! ¡Debe haber una manera de solucionarlo sin que nadie salga herido!

La garganta me arde al igual que la planta de los pies.

Alzo mi cabeza viendo la mesa en donde se encuentran los dos libros; la luz tenue de las velas y velones me marea, al igual que el olor a incienso y coneciervo.

Intento llegar a ellos arrastrándome en el caliente suelo pero mis antebrazos pierden fuerzas.

-Sabía que esto iba a pasar.

Están aquí de pie frente a mí, escucho solo una voz pero son varios en cuerpo; con sus turbantes negros y trajes blancos, casi sin rostro, casi sin sentido alguno.

-Ayúdame por favor...

Mis labios están más que secos, mi respiración se dificulta. Siento por primera vez en todo este tiempo de sufrimiento, y al mismo tiempo felicidad, que no lo soportaré.

-Ya viniste por ayuda una vez, René. Aquí no ayudamos dos veces.

-Les daré lo que quieran...

-Ya nos diste algo bastante valioso. No te preocupes.

-No pueden... no...

Mis lágrimas salen quemándome el rostro.

-Hiciste un trato con nosotros... -Desde este momento comienzo a escucharlos a distancia -No vas a poder cambiarlo... -Escucho un sonido bastante agudo junto tambores -Al menos que tomes la decisión.

-No voy a dejarla morir.

-Tú, o ella.

Siento mis párpados caer de repente, pesados. El cuerpo boca abajo se me extiende por completo en el suelo. Estoy consciente pero no puedo moverme.

Así no esperé que fuese mi muerte.

Escucho las palabras repitiéndose, los tambores, diferentes olores, mi piel quema, la cabeza me da vueltas.

-¡Deténganse!

-¡No! ¡Vete!

A ella ya le he hecho suficiente daño. A ella, mi familia, mi equipo.

-¡Que se detengan ya! -Escucho otra voz, masculina.

No puedo creer que estén aquí. Sigo sin poder moverme. Y sé que por más que grite no podrán escucharme.

-¡Por favor déjenlo! -Ella grita con dolor y desespero mientras siento mis órganos resolverse por dentro y mi corazón apretarse cada vez más hasta hacerme sentir que estoy vacío -¡Él no puede morir! ¡Él no! ¡Él no quiere morir!

La música se detiene.

Mi cuerpo tiembla al extremo, todas las extremidades me duelen.

Abro los ojos.

Todo lo que había a nuestro alrededor desaparece; el olor, los libros, el vapor, ellos...

No.

-¡¿Qué hicieron?! -Les grito, molesto.

-¿Qué? ¡René! ¡Estamos intentando ayudar!

-¿René? ¿Qué está pasando? ¡Mírate! Logramos detener lo que sea que...

-¡No! no, no.

Con la fuerza que me queda me levanto, con el corazón en la boca, las lágrimas saliendo y la desesperación en el centro del estómago causándome ganas de vomitar, corro por toda la selva; las hojas se adhieren a mi piel, el sonido de los animales salvajes atormentan mi cabeza.

Pero hay algo mucho más grande que todo esto.

Todo se interrumpió, y ahora ellos irán por el amor de mi vida.

-¡Detente! -Karen me grita.

Le hago caso solo porque necesito dejarle algo claro.

-No te pedí que vinieras.

Su rostro confuso y con lágrimas se acerca mucho a mi, me empuja dos veces con fuerza.

-¿Qué carajos te ocurre, René? ¿Cómo no iba a venir a ayudarte? ¿Estás idiota o qué?

De un paso molesto consigo que ella retroceda.

Veo a mi amigo a la distancia, cansado, viéndome mientras niega con la cabeza.

-¡Tenían que mantenerse lejos!

-¿Y dejar que murieras? ¡Eres nuestro amigo! -Él me grita.

-¡Pero ella es la mujer de mi vida! -Les confieso, Karen se abraza a sí misma y mi amigo llega pronto para abrazarla -Así que no es decisión de ustedes ¡Es mi decisión! Así que ahora mismo voy a buscar a Marina para contarle toda la puta verdad, y ustedes van a mantenerse lo más lejos que puedan de esta situación ¿me entendieron?

Ambos lucen bastante decepcionados con esto, y eso me decepciona a mí.

-Debiste pensarlo dos veces antes de involucrarnos en esto entonces René Duque -Karen me mira furiosa -Pero si esto es lo que quieres, está bien.

En el fondo agradezco que estén aquí porque de no ser por ello no tendría cómo regresar a Chicago. Ellos han venido con un equipo especial, así que en el camino, en total silencio y muchas cosas que decir sin poder soltarlas, unas horas después termino llegando al apartamento, contando los segundos como un loco para llegar a nuestro piso, sintiendo que no tengo fuerza y que probablemente mi último suspiro será cuando le diga mi verdad. La verdad que siempre la involucró a ella.

Mi corazón se hunde en mi pecho débil cuando veo la puerta del apartamento abierta.

Esta no es buena señal.

Con las fuerzas que tengo que sacar llego rápido, me adentro y veo a Hillary levantando un par de cajas.

-¿Qué pasa?

-¡René! -A ella se le caen las cajas cuando me ve, seguramente por lo mal que luzco ahora, pero rápido se agacha para tomar las cosas y hablarme -Marina no está.

-¿Cómo que no...?

Los latidos de mi corazón aumentan.

-Se fue. Ella sabía que vendrías así que me mandó a buscar sus cosas.

-¿Pero de qué...?

-René...

La voz de mi chica me hace cerrar los ojos mientras las lágrimas caen a más no poder, me doy vuelta y por saber que está bien la abrazo. Marina al principio se sorprende dándome ventaja pero cuando reacciona se separa de mí, lo cual no puedo evitar porque en este momento ella tiene más poder que yo.

-Ya tomé la decisión -Me entrega el objeto de nuestro pacto sin poder verme realmente a la cara, y ello termina de romperme el corazón -Se acabó, René. No tienes que darme algún monólogo, no tienes que intentar convencerme. Sea lo que sea que tengas para decir, no lo acepto -Sus ojos impactan dolorosamente con los míos -No hay vuelta atrás.

Vuelta atrás...

Pues cuando miro hacia el pasado lo único que veo es que eso fue lo que hice desde el momento en que tomé la decisión de ser feliz con ella sabiendo que la infelicidad al final nos encontraría; pero la cuestión es, que no estoy dispuesto a aceptar esa respuesta como el final de todo lo que hemos pasado juntos.

-Marina... no puedes irte sin saber qué es lo que todo este tiempo te he escondido.

Capítulo 2 01: Mi caliente cliente.

PRESENTE.

Narra Marina.

René Duque es más que sensual. Y entre tanto cuando lo ves así como lo vi desde el primer día, u ahora, parece una persona normal.

Pero no, no lo es.

El mayor de los Duque, hermano de siete más, es tan perfectamente perfecto que, incluso cuando lo he visto prácticamente desnudo, es notorio que no posee alguna mancha, arruga, celulitis, mondonguito, hueco, vello ¡si quiera un rasguño! Que pudiese atentar con su piel. Y sí, para mí es incorrecto que un hombre como él exista.

Va mucho más allá de su perfección física; es el hecho de que es rico de cuna, que es filántropo por demasiada naturaleza, que todo el mundo lo ama y que ha terminado sus relaciones en buenos términos, hasta el punto en donde sus ex's lo tratan como un amigo.

No... imposible que sea homosexual. Sé que le gustan mucho las mujeres; y confirmo ello porque algunas veces cuando tengo esta hora a solas con él para prestarle mis servicios lo he escuchado hablar por llamada sobre lo mucho que le ha gustado alguna mujer; al expresarse él es respetuoso, al actuar es caballeroso. Quizás noto que suele ser poco demandante, y ello a veces lo hace lucir algo tímido; pero aun así es perfecto.

Imposible que en el planeta exista un ser humano como él, quien a sus 35 años posee una carrera exitosa, una fama impecable, personalidad arrasadora y un cuerpo tan caliente...

No puedo negar que es mi cliente favorito.

Paso mis manos por sus pantorrillas, con cautela, y cuando mis manos fluyen solas al ritmo de las frotaciones con mis palmas y dedos, inesperadamente gracias al aceite me he deslizado muy cerca de su coxis.

Él tiene su cara sobre la almohadilla con los ojos cerrados y algún tipo de música sonando en sus oídos a través de los auriculares inalámbricos. Y yo no puedo como siempre controlar mis ganas para masajear sus nalgas por encima de su ropa interior mucho más tiempo del necesario.

Son tan redondas y llenas de carne que parecen obra de un perfecto arquitecto, escultor o pintor.

Mentiría si dijese que con solo saber que tiene una cita de masajes conmigo no emociona partes de mi cuerpo que prefiero no describir.

Es cruel, muy cruel. Y va por la vida como si fuese una persona más, como si ninguna mujer u hombre que pasa por su lado no quiere correr hasta él al menos para oler más de cerca su perfume.

Quizás el ser cruel o no estar consciente es lo que lo hace imperfecto.

¿Pero para qué mentir?

Si hasta la textura de su piel es como la de un bebé recién nacido.

Comprimo mi suspiro.

Coloco las bases de mis manos sobre esa parte de su espalda baja mientras las yemas de mis dedos giran en sentido de las agujas del reloj, y lo siento removerse un poco; pero es normal, ya que la razón por la cual solicitó mis servicios como fisioterapeuta y masajista profesional es porque tuvo un pequeño accidente y esa zona ha sido afectada; sin embargo, últimamente sólo estamos trabajando con mantenimiento de sus músculos porque la temporada casi empieza y le ha tocado entrenar muy fuerte en casa.

Nadie de su equipo sabe que fue lo suficientemente preocupante para su desenvolvimiento en el campo ese incidente que tuvo, y el estar casi dos semanas sin hacer ejercicio alguno; excepto por su manager y su entrenador personal.

Pretendo echar más aceite, así que separo mis manos de su espalda, por lo que lo escucho gruñir, profundo, sin embargo no dice nada.

Yo estoy... normal, sí, creo que después de dos meses tras ocho masajes y terapias ya me he acostumbrado a esto, incluso puedo saber qué parte le tensa mucho más que cualquier otra.

Mis manos entran de nuevo en contacto con su espalda baja, lentamente masajeando técnica tras técnica su zona afectada, pero mis dedos de nuevo no pueden evitar formar pequeños círculos alrededor de aquellos dos hoyuelos con los que cuenta allí.

Una vez mi mejor amiga me comentó que se llamaban Hoyuelos de Venus, que cualquiera no los tenía y que, lo que se sabía con seguridad, era que las personas que contaban con ellos eran naturalmente pasionales, llenos de encanto y... nada que no pudiese notar alguien a simple vista de este hombre.

Repito, es que no parece cierto. De no ser porque cuando esto termina, él simplemente me paga, me voy y me deja con miles de preguntas en la cabeza, pensaría que es así, que es solo un Ángel caído del cielo para matarme de dudas en un mundo en donde yo no soy nada más que su masajista y él mi caliente cliente.

-Marina, me encantó, como siempre.

El "como siempre" es nuevo. Así que tras limpiar mis manos con una toalla algo tibia levanto la mirada para sonreírle.

Él aparta la suya, como siempre, y tras envolver su cuerpo en aquella toalla mientras yo guardo el aceite, él va por su cartera y me extiende mis preciados 40$.

Con eso pago la renta del WiFi, y diez kilos de helado, amén.

-Gracias, señor Duque.

Me doy vuelta para comenzar a recoger mis pertenencias porque sé que esto será todo hasta dentro de una semana.

-Marina.

-Dígame, señor.

-¿Cómo me sientes allí?

¿Ah? ¿Allí en...?

¡Ay por favor! Ni que tuviese su majes... su... pa... Dios mío, basta.

-¿En la espalda baja...?

Él hace un sonido en afirmación. Se está vistiendo detrás de mí y me parece ridículo que yo permanezca de espaldas cuando es demasiado normal que hasta haya tocado alguna vez sus pelotas, claro, por encima de la tela.

-Es que aún molesta, como una pequeña astilla.

-¿Se ha hecho alguna placa recientemente?

-Nope.

Que haya respondido así me hace sonreír mientras intento recoger todo lo más rápido posible.

-Creo que debería.

-Yo también, pero quería tu opinión primero.

En cuanto ya he metido mis cosas en mi bolso y me doy vuelta, me detengo en seco porque está justo delante de mí aunque mirando su teléfono, muy cerca. Vestido con esa bata negra que lo hace lucir más impropio.

Retrocedo dos pasos.

-Podrá llegar a la pretemporada sin molestia, ya verá.

-Eso espero, Marina -Sonríe enormemente manteniendo su mirada verde oscura -Porque no creo que el equipo se crea otra mentira más del por qué no voy a las practicas.

El castaño oscuro vuelve a sonreír.

¿Este señor no come siquiera un bendito caramelo? ¿Cómo puede tener los dientes tan blancos? ¡Es insólito! Hasta me da vergüenza hablar porque los míos no van al odontólogo desde hace dos años.

-Que tenga feliz tarde, señor Duque -Le paso por un lado tras bajar mi mirada.

Tenerlo acostado y cerca es completamente diferente a tenerlo de pie, llevándome al menos unos siete centímetros de más, con esa sonrisa y esa mirada para mí, así que no me culpo por sentirme intimidada.

-Igualmente, Marina...

Su teléfono suena cuando al parecer iba a pronunciar algo más, por lo que me da otra de sus sonrisas y me despide agitando su mano. Yo le devuelvo el gesto, y a paso lento comienzo a retirarme de lo que debería ser considerado el mejor Spa de Chicago, que está en su casa por supuesto.

Sin embargo, uno de mis guantes cae al suelo por lo que, agachándome ya sin ser vista por él, puedo escuchar una pequeña conversación.

-¿Qué pasó? ¿Lo hiciste?

-No lo he hecho y tampoco quiero que estés detrás de mí recordándomelo, Karen.

-Eres tan cobarde.

Hay silencio y luego René exhala con frustración.

-¿Qué es lo que debo hacer?

-Confesarle el maldito secreto de una vez.

Y ello basta para que mi mente y mi corazón me impulse a llegar a una conclusión: definitivamente René, uno de los beisbolistas más codiciados de la liga americana, esconde algo.

Capítulo 3 02: Voluntaria.

Narra Marina.

Conozco a la familia Duque mucho antes de que pudiese tener frente a frente a René. Y la razón es porque fui compañera de cuarto de Rodrigo, uno de sus hermanos.

Rodrigo Duque siempre ha sido un chico demasiado tímido y callado. No compartimos mucho durante el tiempo en que estuvimos en la misma habitación - un año académico - pero un día, tras haber sido golpeado algo brutalmente, siendo lo más afectado su pierna, fui yo quien se encargó de cuidarlo, entre pocas palabras, silencio y música latina; así que luego de que sanara me invitó a la inauguración del centro comercial de sus padres.

Allí conocí a todos los integrantes, a excepción de René, quien estaba en ese momento siendo uno de los jugadores en la serie del Caribe, representando a su país. También puedo decir que comí mucha comida latina y bailé algo llamado Merengue por vez primera, con otro de los hermanos Duque.

Por un buen tiempo se mantuvo el rumor de que Rodrigo y yo salíamos, pero eso se desmintió pronto, pues él sabía que fuera de mi vida rutinariamente estudiantil tenía una especie de "aventura seria" con un chico de último año en mi carrera, por lo que, cuando Rodrigo fue cambiado de habitación me hizo saber que su familia estaba muy decepcionada de que yo no hubiese sido su novia.

-¿Y tú? -Curioseé -¿También estás decepcionado?

Rodrigo inmediatamente se sonrojó, yo no quise reír pero se me escapó una pequeña risa.

-No. Yo también tengo una "aventura seria".

Tras guiñarme el ojo, con una sonrisa se fue, dejándome bastante sorprendida.

Ni siquiera hice el intento de seguir en contacto con él aunque estuviésemos en la misma universidad, así que no lo volví a ver hasta la primera vez que pisé su casa, acompañada del manager de su hermano.

-¿Hace cuánto que no vas?

-¿Ah? -Volteo hacia Hillary, mi mejor amiga -¿A la casa de los Duque?

-¿Ahora ves que sí se te nota demasiado que cuentas las horas para volver a tocarlo? Eres una pervertida -Me lanza el cojín y se lo devuelvo, ella ríe -Sabes que sí.

-Hillary, yo no estoy tan deses...

Mi teléfono se enciende mostrándome el nombre de René Duque y rápido lo contesto.

Mi mejor amiga me mira con los ojos casi cerrados.

-Señor Duque.

Mi acompañante me vuelve a tirar el cojín.

-Marina, feliz tarde, ¿cómo estás?

-Bien... Feliz... -Hilla y yo comenzamos una guerra mientras nos correteamos por toda la casa y yo pretendo responder bien -¡Feliz tarde!

-¿Estás... ocupada?

Le tiro el cojín dándole en su pecho y ella cae dramáticamente en el sofá.

-No...

Me doy vuelta pero recibo otro cojinazo en la cabeza, haciéndome gemir adolorida.

-...Sí estás ocupada de verdad puedo...

-No, señor Duque -Señalo a la castaña con seriedad -Solo es la celosa de mi mejor amiga que no comparte ni su oxígeno.

Ella abre la boca haciéndose la ofendida.

-Ah...

Y me sonrojo porque siento que me he escuchado demasiado infantil.

-Dígame.

-Va a ver una jornada de vacunación, exámenes especiales y... ehm mis padres quieren saber si tú puedes ayudarnos con consultas para los niños porque...

-De acuerdo.

Han pasado solo unos días desde la última vez que lo vi. No me ha dado tiempo de investigar casi nada sobre él más de los googleado porque, la verdad me mantengo bastante ocupada, a excepción de los sábados como hoy, o los domingos.

-Oh, perfecto. Te lo agradecemos mucho, Marina. La cita está pautada para mañana a las nueve ¿te parece bien?

-Sí, a las nueve entonces.

-Vale, Marina, que tengas feliz tarde.

-Igualmente, señor Duque.

-Gracias, bye.

-Bye...

Tras colgar doy un brinco al tener cerca a mi mejor amiga.

-¿Decías...?

-Quiere que sea voluntaria en una jornada.

Salgo de la cocina dándole la espalda.

-¿Te pagará?

-Seré voluntariaaaa.

-Pero debe pagarte, ¿no? Al menos con cuerp..

Le tapo la boca mientras la arrastro fuera de mi apartamento.

-Gracias por tu visita, cariño, ¡chaooo!

La escucho reír detrás de la puerta y yo también lo hago. Sé que no ha hecho el comentario en serio, pues ella siempre ha sido un poco sobreprotectora conmigo, por lo que no le gusta que me tome las cosas tan a la ligera ya que sabe que he tenido malas experiencias por ello.

Suspiro. Mañana es mi momento para mantener una conversación con René de verdad. Solo espero no echarlo a perder.

...

La cantidad de personas que veo apenas piso el campo de béisbol infantil, perteneciente a la familia Duque, me hace respirar profundo.

No soy naturalmente sociable, pero siempre sobrepaso mi fuerza de voluntad en momentos como estos.

-Señor Duque -Hago un asentimiento de cabeza en saludo hacia el padre de René -Es un placer estar aquí.

-Y un gusto para todos que estés aquí, señorita Grimaldi.

Caminamos uno del lado del otro y de inmediato recibo la mirada de algunas personas, como de la mayoría de sus hijos.

-¡Marina! -Su esposa Natalia me da un cálido abrazo que recibo con gusto. Cada que mi camino se cruza con el de ella hace lo mismo. No sé qué tanto he hecho para merecerlo -Qué bueno que estés aquí, ven conmigo.

Siendo arrastrada por el medio del campo por la señora Duque veo en la distancia a tres hermanos saludarme con las manos alzadas; no obstante, para cuando todos se dan cuenta, se ven de forma extraña. Yo prefiero ignorar eso.

Entramos a una de las carpas, es azul y tiene en lo que sería él techo estrellas de colores colgando, ideal ambiente para un niño.

-Hay una gran cola allá afuera, la mayoría son de los equipos de béisbol pero otros también son del vecindario, ¿crees que puedes con ellos?

-Claro que sí -Le sonrío, aunque realmente pienso que es demasiado.

-De todos modos Roxana y Rodrigo vendrán a darte una mano.

Asiento cuando ella se va, y detallo la mesa plástica igual que la silla; forradas de vestidos de color azul pastel, un bol lleno de chicles y caramelos, así como una libreta y lapiceros. Mientras que del otro lado, al frente mejor dicho, hay una costosa camilla equipada con todo lo que pueda necesitar.

-Hay demasiados niños allá afuera -Escucho una voz femenina por lo que me giro hasta ella -Hola, aquí Roxana.

El carisma en su voz me hace sonreírle.

-Sí te reconozco. Aunque no lo creas eres muy diferente físicamente de tu gemela.

Ahora que lo pienso, con tantos hijos, no sé cómo es que han podido criarlos.

-Ohh Rafaela -Ella toma un caramelo y lo mete a su boca -Todo lo que hago ella lo hace. No me sorprende que sienta que como algo dulce ahora y quiera comerlo también. Es casi igual de seguro como que todo el mundo prefiere a las hermanas Duque que los hermanos Duque...

Lo dice en tono bromista, así que rio un poco.

-Eso es mentira -La voz masculina me hace sentir nerviosa de repente.

Cuando mi mirada de cruza con la de René por alguna razón sus músculos se tensan, pero su mirada brilla de forma extraña hacia mí.

Que sea así de extraño también lo hace bastante atractivo. Es más, es una tortura.

Carajos.

Veo a Roxana cruzarse de brazos.

-Esperábamos a Rodri.

-Pues estoy yo -El castaño le hace un levantamiento de ceja y luego me ve con una sonrisa rápida -¿Lista?

-Sí.

Roxana nos ve a ambos de forma extraña y caminando hacia afuera dice;

-Yo me encargo de ellos desde afuera.

Cuando sale me veo en la penosa desesperación de no saber qué hacer con exactitud; por lo que después de dar unas dos vueltas en mi sitio termino por sentarme rápido en la silla y fingir que estoy concentrada en la libreta porque René tiene puesta una bermuda color marrón que le queda demasiado bien y no sé si pueda controlar mucho el no verlo demasiado.

Me siento bastante ridícula ahora mismo. Y es que a veces olvido que he tenido acceso a él en estos dos meses de forma... íntima.

¡Profesional, Marina! Sí, profesional.

Siento que mis mejillas se van a poner rojas y tomo un caramelo como escape.

Yo solo vengo a ser voluntaria.

Aunque sé que darle ayuda a los niños no es la única razón de mi presencia aquí, sentada, siendo profundamente inspeccionada por el guapo del beisbolista de Chicago.

-¿Para qué soy bueno?

Suspiro con pesadez, ¿cómo le digo que no es necesario que haga ese tipo de preguntas porque siempre hace todo a la perfección? No me sorprendería si tiene conocimientos de medicina, de fisioterapia, de psicología, o si tiene Masters en ser bueno en la... cosas que no puedo pensar ahora mismo porque me harían decir Aló, en lugar de Hola.

Cuando su hermana hace pasar al primer niño, le hago un chequeo normal, le pregunto si ha tenido alguna caída, el niño responde que la semana pasada se golpeó con su mismo bate en la nalga derecha pero que su doctor le dijo que estaría bien; delante de su madre lo reviso, mientras le narro a René lo que debe anotar en la libreta, le hago saber lo que necesita para que la marca desaparezca con más eficiencia, y el castaño no se tarda en conseguir la crema entre una caja que no sabía que estaba aquí.

Rápido pasa un niño tras otro, y a decir verdad, casi ni tengo tiempo en dirigirme hacia el beisbolista sobre algo que no sean los niños, por lo que, cuando Roxana entra con comida, me doy cuenta que ya es medio día y que tal vez he visto más caras de niños en estas horas que en toda mi vida.

Tomo bastante agua porque estoy demasiado seca y de reojo veo a René observarme, luego a su hermana quien lo ve a él.

-Muchas gracias -Me limpio la boca cuando por los nervios se me chorrea un poco -¿Cómo va todo allá afuera?

-Solo te diré que comas, porque no han llegado a la mitad. Hay más niños -Ella nos dice con una sonrisa para irse.

Me dejo caer en la silla mientras veo al castaño sentarse encima de la camilla con la comida envasada en manos.

Es comida latina y amo que así sea.

-Marina -Cuando me llama respiro profundo para verlo -¿Hiciste algún técnico en enfermería o algo así?

Asiento.

-Tengo tres títulos; fisioterapia, enfermería y técnico en masajes anti-estrés.

-Oh vaya, perdón -Alza las cejas con una sonrisa algo asombrada -Eso no lo sabía, me hace sentir...

-¿Cómo? -Quiero saber cuando se tarda bastante en completar la frase.

-Algo inútil, la verdad.

Ambos reímos.

-Eso es una completa mentira -Le digo después de tragar -Eres un beisbolista profesional, eres en parte empresario, filántropo. No son cosas por las cuales debas sentirte inútil.

-Bueno -Él mastica y me siento ansiosa cuando veo las venas de su cuello estirarse -Solo tengo un título universitario, el de administración, sabes.

-Sí -Tomo más agua, como si eso pueda calmar el hecho de que tengo mucho calor ahora mismo y no solo porque es medio día y el sol pega de frente; sino porque ahora afinca sus codos de sus fuertes piernas, encorvandose y dirigiendo su atención completa en mí -Pero con un solo título universitario haz hecho más que otros con cinco así que... -Le sonrío -La que me siento inútil soy yo ahora.

-No, no, no -Me mira con reproche -No quiero que vuelvas a decir eso, Marina. Te lo prohíbo.

Ha usado un tono diferente, algo demandante.

-¿Me lo prohíbes?

René justo ahora tiene una mirada que me causa escalofríos. Es oscura, al punto en que parece irreal por lo profunda que es.

-Sí, bueno... -Mira hacia otro lado mientras yo me concentro en comer porque me siento rara -A simple vista se nota que trabajas mucho para conseguir lo que quieres, así que... no creo que sea un sentimiento coherente o justo para ti. Cada quien tiene su tiempo, Marina. Quizá piensas que no le has dado al mundo lo que quieres, pero cuando estás en tu labor, como hace un momento, las personas se dan cuenta que lo das todo; paciencia, dedicación, amor por ello, y una sonrisa. Eso es todo lo que necesita el mundo en estos tiempos, ¿no lo crees?

¿Ah? ¿Las personas o él?

Comienzo a masticar rápido cuando me doy cuenta que no lo he hecho por quedarme mirándolo con fijeza mientras hablaba.

-Ajá, sí -Vuelvo a tomar agua -Todo eso, por supuesto.

Él ríe, y finjo que ello no le hace algo a mi sistema nervioso.

-¿De qué te ríes?

¿En qué momento comencé a sentir que hemos cruzado alguna línea?

-Nada, Marina -Veo su manzana de Adán bajar y subir de repente mientras toma el envase de comida en sus manos -Voy a esperar afuera.

De un salto cae de pie a la grama, se va, y me deja respirando agitadamente porque cada que lo he visto partir no puedo evitar pensar en lo mucho que gusta su estúpido trasero.

Además de todo lo que ya he descrito antes de él, también es bueno con las palabras, se escucha humilde y sin maldad alguna.

Pero es precisamente su aura de chico perfecto lo que me hace querer descubrir qué hay de malo en él.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022